03 noviembre 2010

Una santa actual, Margarita d'Oingt


El Papa hoy en la audiencia general


Queridos hermanos y hermanas:

Con Margarita d'Oingt, de la que quisiera hablaros hoy, nos introducimos en la espiritualidad cartujana, que se inspira en la síntesis evangélica vivida y propuesta por san Bruno. No conocemos su fecha de nacimiento, aunque alguno la coloca en torno a 1240. Margarita proviene de una poderosa familia de nobleza antigua del Lyonnais, los Oingt. Sabemos que la madre se llamaba también Margarita, que tenía dos hermanos – Guiscardo y Luis – y tres hermanas: Catalina, Isabel e Inés. Esta última la seguirá al monasterio, en la Cartuja, sucediéndole después como priora.
No tenemos noticias sobre su infancia, pero por sus escritos podemos intuir que transcurrió tranquila, en un ambiente familiar afectuoso. De hecho, para expresar el amor sin límites de Dios, ella valora mucho imágenes ligadas a la familia, con particular referencia a las figuras del padre y de la madre. En una meditación suya reza así: “Muy dulce Señor, cuando pienso en las especiales gracias que me has hecho por tu solicitud: ante todo, cómo me custodiaste desde mi infancia y cómo me sustrajiste del peligro y me llamaste a dedicarme a tu santo servicio, y como proveíste en todas las cosas que me eran necesarias para comer, beber, vestir y calzar, (y lo hiciste) de tal forma que no tuve ocasión de pensar en todas estas cosas sino en tu gran misericordia” (Margherita d’Oingt, Scritti spirituali, Meditazione V, 100, Cinisello Balsamo 1997, p. 74).
Siempre en sus meditaciones, intuimos que entró en la Cartuja de Poleteins en respuesta a la llamada del Señor, dejando todo y aceptando la severa regla cartujana, para ser totalmente del Señor, para estar siempre con Él. Ella escribe: “Dulce Señor, yo dejé a mi padre y a mi madre y a mis hermanos y todas las cosas de este mundo por tu amor; pero esto es poquísimo, porque las riquezas de este mundo no son sino espinas que pinchan; y cuantas más se poseen más se es infortunado. Y por esto me parece no haber dejado otra cosa que miseria y pobreza; pero tu sabes, dulce Señor, que si yo poseyera mil mundos y pudiese disponer de ellos a mi placer, lo abandonaría todo por amor tuyo; e incluso si tu me dieses todo lo que posees en el cielo y en la tierra, no me consideraría saciada hasta que no te tuviese a ti, porque tu eres la vida de mi alma, no tengo ni quiero tener padre y madre fuera de ti” (ibid., Meditazione II, 32, p. 59).
También de su vida en la Cartuja tenemos pocos datos. Sabemos que en 1288 se convirtió en su cuarta priora, cargo que mantuvo hasta su muerte, que tuvo lugar el 11 de febrero de 1310. De sus escritos, con todo, no se desprenden giros particulares en su itinerario espiritual. Ella concibe toda la vida como un camino de purificación hasta la configuración plena a Cristo. Él es el libro que se escribe, que incide diariamente en el propio corazón y en la propia vida, en particular su pasión salvadora. En la obra Speculum, Margarita, refiriéndose a sí misma en tercera persona, subraya que por gracia del Señor “había grabado en su corazón la santa vida que Dios Jesucristo llevó en la tierra, sus buenos ejemplos y su buena doctrina. Ella había puesto tan bien al dulce Jesucristo en su corazón que le parecía incluso que éste le estuviese presente y que tuviese un libro cerrado en su mano, para instruirla” (ibid., I, 2-3, p. 81). “En este libro ella encontraba escrita la vida que Jesucristo llevó en la tierra, desde su nacimiento hasta su ascensión al cielo” (ibid., I, 12, p. 83).
Cada día, desde la mañana, Margarita se dedica al estudio de este libro. Y, cuando lo ha mirado bien, comienza a leer el libro en su propia conciencia, que muestra las falsedades y las mentiras de su propia vida (cfr ibid., I, 6-7, p. 82); escribe de sí misma para ayudar a los demás y para fijar más profundamente en su propio corazón la gracia de la presencia de Dios, es decir, para hacer que cada día su existencia esté marcada por la confrontación con las palabras y las acciones de Jesús, con el Libro de la vida de Él. Y esto para que a vida de Cristo sea impresa en su alma de forma estable y profunda, hasta poder ver el Libro en su interior, es decir, hasta contemplar el misterio de Dios Trinidad (cfr ibid., II, 14-22; III, 23-40, p. 84-90).
A través de sus escritos, Margarita nos ofrece algunos resquicios sobre su espiritualidad, permitiéndonos captar algunos rasgos de su personalidad y de sus dotes de gobierno. Es una mujer muy culta; escribe habitualmente en latín, la lengua de los eruditos, pero escribe también en franco-provenzal y también esto es una rareza: sus escritos son, así, los primeros, de los que se tiene memoria, redactados en esta lengua. Vive una existencia rica en experiencias místicas, descritas con sencillez, dejando intuir el inefable misterio de Dios, subrayando los límites de la mente para aprehenderlo y la inadecuación de la lengua humana para expresarlo. Tiene una personalidad lineal, sencilla, abierta, de dulce carga afectiva, de gran equilibrio y agudo discernimiento, capaz de entrar en las profundidades del espíritu humano, de descubrir sus límites, sus ambigüedades, pero también sus aspiraciones, la tensión del alma hacia Dios. Muestra una destacada aptitud para el gobierno, conjugando su profunda vida espiritual mística con el servicio a las hermanas y a la comunidad. En este sentido, es significativo un pasaje de una carta a su padre. Escribe: “Mi dulce padre, os comunico que me encuentro tan ocupada a causa de las necesidades de nuestra casa, que no me es posible aplicar el espíritu en buenos pensamientos; de hecho, tengo tanto que hacer que no sé de qué lado volverme. No hemos recogido trigo en el séptimo mes del año y nuestras viñas han sido destruidas por la tempestad. Además, nuestra iglesia se encuentra en tan malas condiciones que nos vemos obligados a reconstruirla en parte” (ibid., Lettere, III, 14, p. 127).
Una monja cartuja dibuja así la figura de Margarita: “A través de su obra se revela una personalidad fascinante, de inteligencia viva, orientada hacia la especulación y, al mismo tiempo, favorecida por gracias místicas: en una palabra, una mujer santa y sabia que sabe expresar con un cierto humorismo una afectividad del todo espiritual” (Una Monaca Certosina, Certosine, en Dizionario degli Istituti di Perfezione, Roma 1975, col. 777). En el dinamismo de la vida mística, Margarita valora la experiencia de los afectos naturales, purificados por la gracia, como medio privilegiado para comprender más profundamente y secundar con más prontitud y ardor la acción divina. L motivo reside en el hecho de que la persona humana es creada a imagen de Dios, y por ello es llamada a construir con Dios una maravillosa historia de amor, dejándose implicar totalmente por su iniciativa.
El Dios Trinidad, el Dios amor que se revela en Cristo le fascina, y Margarita vive una relación de amor profundo hacia el Señor y, por contraste, ve la ingratitud humana hasta la vileza, hasta la paradoja de la cruz. Ella afirma que la cruz de Cristo es parecida a la mesa del parto. El dolor de Jesús es comparado con el de una madre. Escribe: “La madre que me llevó en el seno sufrió fuertemente, al darme a luz, durante un día o una noche, pero tu, dulcísimo Señor, por mi fuiste atormentado no una noche o un día, sino durante más de treinta años […]; ¡cuán amargamente sufriste por causa mía durante toda la vida! Y cuando llegó el momento del parto, tu trabajo fue tan doloroso que tu santo sudor se convirtió como en gotas de sangre que se derramaban por todo tu cuerpo hasta el suelo” (ibid., Meditazione I, 33, p. 59). Margarita, evocando los relatos de la pasión, contempla estos dolores con profunda compasión. Dice: “Tu fuiste depositado en el duro lecho de la cruz, de forma que no podías moverte o girarte o agitar tus miembros como suele hacer un hombre que sufre un gran dolor, porque fuiste completamente extendido y te fueron clavados los clavos […] y […] fueron lacerados todos tus músculos y tus venas. […] Pero todos estos dolores […] aún no te bastaban, tanto que quisiste que tu costado fuese abierto por la lanza tan cruelmente que tu dócil cuerpo fuese totalmente arado y desgarrado; y tu sangra brotaba con tanta violencia que formaba un largo camino, casi como si fuese una gran corriente”. Refiriéndose a María afirma: “No era de maravillarse que la espada que te deshizo el cuerpo penetrara también en el corazón de tu gloriosa madre que tanto quería sostenerte […] porque tu amor fue superior a todos los demás amores” (ibid., Meditazione II, 36-39.42, p 60s).
Queridos amigos, Margarita d’Oingt nos invita a meditar diariamente la vida de dolor y de amor de Jesús y de su Madre, María. Aquí está nuestra esperanza, el sentido de nuestro existir. De la contemplación del amor de Cristo por nosotros nacen la fuerza y la alegría de responder con el mismo amor, poniendo nuestra vida al servicio de Dios y d los demás. Con Margarita decimos también nosotros: “Dulce Señor, todo lo que realizaste, por amor mío y de todo el género humano, me lleva a amarte, pero el recuerdo de tu santísima pasión da un vigor sin igual a mi potencia de afecto para amarte. Por eso me parece […] haber encontrado lo que tanto he deseado: no amar otra cosa que a ti o en ti o por amor a ti” (ibid., Meditazione II, 46, p. 62).
A primera vista esta figura de cartuja medieval, como toda su vida, su pensamiento, parecen muy lejanos de nosotros, de nuestra vida, de nuestra forma de pensar y actuar. Pero se miramos a lo esencial de esta vida, vemos que nos afecta también a nosotros y que debería ser esencial también en nuestra propia existencia.
Hemos escuchado que Margarita consideró al Señor como un libro, fijó la mirada en el Señor, lo consideró como un espejo en el que aparece también su propia conciencia. Y de este espejo entró luz en su alma: dejó entrar a la palabra, la vida de Cristo en su propio ser y así fue transformada; su conciencia fue iluminada, encontró criterios, luz y fue limpiada. Precisamente de esto necesitamos también nosotros: dejar entrar las palabras, la vida, la luz de Cristo en nuestra conciencia para que sea iluminada, comprenda lo que es verdadero y bueno y lo que está mal; que sea iluminada y limpiada nuestra conciencia. La basura no está sólo en distintas calles del mundo. Hay basura también en nuestras conciencias y en nuestras almas. Sólo la luz del Señor, su fuerza y su amor es el que nos limpia, nos purifica y nos da el camino recto. Por tanto sigamos a santa Margarita en esta mirada hacia Jesús. Leamos en el libro de su vida, dejémonos iluminar y limpiar, para aprender la vida verdadera. Gracias.
La Sagrada Familia, un monumento a la fe
 
 
Álvaro Lucas
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Cada año visitan la Sagrada Familia casi tres millones de personas y la mayoría queda embelesada por la capacidad expresiva de la iglesia aún inacabada, diseñada y construida por Antonio Gaudí. El próximo 7 de noviembre el Papa Benedicto XVI viajará a Barcelona para celebrar la liturgia de la dedicación de este templo que supuso una revolución artística desde que el arquitecto barcelonés se hiciera cargo de su construcción a finales del siglo XIX.

"Catequesis de piedra"

El papel de la belleza artística como medio de expresión de la fe convierte la Sagrada Familia en un símbolo de las raíces espirituales de la sociedad catalana y española a pesar de la extensión de la secularización y el intento de confinar las prácticas religiosas al ámbito privado. El templo es una "gran catequesis de piedra" o "una gran cartografía de lo sagrado" –términos utilizados por el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach–, que se alza en medio de la calle, de lo cotidiano, sin complejos y con los brazos abiertos en un gesto de acogida al hombre en su búsqueda del sentido de la vida a través de la expresión artística. Gaudí imaginó una iglesia de cruz latina sobre la cripta inicial en la que el altar mayor está rodeado por siete capillas absidales, dedicadas a los siete dolores y a los siete gozos de San José. Las torres de la Sagrada Familia serán 18 al final de su construcción. Encima de cada puerta hay cuatro que forman en total las doce dedicadas a los Apóstoles. En el centro está la torre cimborrio dedicada a Jesucristo, con 167 metros de altura y detrás la torre dedicada a la Virgen. Alrededor de la torre central están las de los cuatro Evangelistas. El propio Martínez Sistach recuerda en su mensaje de preparación de la visita de Benedicto XVI que "una de las innovaciones geniales de Gaudí consistió en sacar el contenido de los retablos interiores, pasándolo al exterior, a las fachadas. Por eso cada una de ellas ofrece al visitante o al fiel la contemplación de los misterios de la infancia, pasión y resurrección del Señor, su mensaje de vida en las bienaventuranzas y los sacramentos, la profesión de fe, la creación y la glorificación de la humanidad, puerta principal del templo". Parece como si el arquitecto intuyera el papel clave que podría desempeñar su obra en el futuro, cuando muchas personas, sin entrar en la iglesia, la recorrieran con su mirada desde fuera.

Antoni Gaudí, un cristiano ejemplar

En la construcción de una obra de la magnitud de la Sagrada Familia se puede afirmar que la fe del artista ha desempeñado un papel crucial. "Se dice que Gaudí construía el templo más bello del mundo. Pero en realidad es al revés: la Iglesia le construía a él. La belleza más grande no es la del templo, es la del espíritu", escribe Etsuro Sotoo, japonés converso escultor de la Sagrada Familia de Gaudí. Si bien eclipsada por las dimensiones de su obra, la figura de Antoni Gaudí se alza en cambio como un modelo de entrega en cuerpo y alma a una obra cuyo motor es la propia fe del artista. En sus comienzos, recuerda Josep María Tarragona, uno de sus biógrafos, tuvo incluso que pasar multitud de penalidades económicas y soportar las burlas del establishment catalán de la época que veía con recelos tan revolucionario proyecto. Gaudí fue por tanto un cristiano ejemplar comprometido con la cultura y la sociedad de su tiempo. Por sus virtudes heroicas se inició su proceso de beatificación que culminó su etapa diocesana y actualmente sigue su curso en la Congregación para las Causas de los santos. Los trabajos de la Sagrada Familia comenzaron en 1882 sobre un diseño neogótico del arquitecto Francisco de Paula. Gaudí se incorporó a la obra un año después pero se planteó el proyecto desde el principio y a partir de 1915 se dedicará exclusivamente a la Sagrada Familia hasta su muerte en 1926. Su genio y creatividad se materializaron a lo largo del tiempo en formas originales nunca utilizadas anteriormente y enfrentadas a un racionalismo imperante que reivindicaba lo simple. "En su aparente complejidad, Gaudí es mucho más sencillo –explica en la revista Nuestro Tiempo el presidente de la asociación Amigos de Gaudí, Juan Bassegoda–. Las formas geométricas que emplea no tienen de complicado más que el nombre. Un paraboloide hiperbólico es algo más simple y natural que un cubo. El único secreto de la arquitectura gaudiniana es el de ser hija de una detenida e inteligente observación de la naturaleza".

Vocación universal

La Sagrada Familia ha sido denominada como la catedral de Europa, acepción que entronca con el carácter universal que el propio Gaudí quería imprimir a un templo en el que mediante un bosque de palmeras de piedra están representadas todas las diócesis del mundo. "Gaudí pensó en un templo de verdad católico y universal, por ello simbolizó en él los cinco continentes del mundo y tiene sentido que sea el Papa quien presida su dedicación", señala Sistach. Su inspiración expiatoria también se integra en ese carácter universal porque el proyecto no ha recibido ninguna aportación oficial y los gastos del mismo han sido sufragados con las colectas, donaciones, y el dinero correspondiente al coste de las entradas. Se ha avanzado conforme se tenían recursos para hacer los trabajos, una de las principales razones por las que la construcción se ha dilatado en el tiempo, aunque los expertos implicados actualmente en el proyecto adelantan que la fecha prevista para su finalización gira en torno al año 2015.

Los retos de la Iglesia en Cataluña

El viaje de Benedicto XVI supone sin duda un impulso a la misión apostólica de la Iglesia en Cataluña, precisamente una de las regiones en las que la práctica religiosa ha disminuido en mayor medida en los últimos años en España. Este declive, representado en gran medida por el reducido número de jóvenes que se declaran católicos (un 3% en 2007), según Josep Miró y Ardèvol, responsable del Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abat Oliba CEU, no se debe tanto a la secularización sino a un proceso de desvinculación del que son víctimas las nuevas generaciones pero que afecta también a toda la sociedad catalana.

Esta desvinculación social no solo afecta a la Iglesia en Cataluña.

Según la última encuesta del CEU sobre capital social, solo el 1% de la población adulta es miembro activo de un sindicato, y sólo el 8% está afiliado. El 90% de los trabajadores pasa de ellos. Algo parecido sucede con los partidos políticos; el 1,5% está afiliado y participa, y un escaso 3,5% se declara miembro. El conjunto de asociados a todas las organizaciones de ayuda humanitaria y ONG, alcanzan el 9% de la población. La idea de una sociedad catalana pletórica de vida asociativa es irreal. "A pesar de ello –según el propio Miró i Ardèvol–, la Iglesia católica en Cataluña presenta socialmente mucho más que la adscripción personal a una fe. Más de un millón de personas se declaran practicantes con el compromiso que eso supone de asistir a Misa y recibir los Sacramentos. Además, Caritas recolectó casi 30 millones de euros solo en Cataluña en 2008 por encima de Madrid (24 millones) y Andalucía (22 millones)".

02 noviembre 2010

Sobre el Amor y la Muerte


Reflexión de Enrique Bonete Perales


A nadie se le escapa un dato antropológico básico: las personas vivimos para amar y ser amadas. Los humanos podríamos ser definidos como aquellos seres que no pueden prescindir del amor en ninguna etapa de la existencia. Mi vida –y la de cualquiera- en su mayor hondura consiste en desarrollar tal condición amorosa. Uno de los rasgos más relevantes de lo que significa ser persona se encuentra en la capacidad de amar. Desarrollamos nuestra existencia viviendo con otros y adquiriendo la propia identidad del yo en relación íntima con los demás. Llegar a ser persona es imposible sin amar y ser amado. Pero, el amor ¿qué es? En su núcleo implica necesitar radicalmente a alguien. Y la muerte, ¿qué consigue? Arrebatarnos con brusquedad el contacto físico con los seres amados. Mas, ¿es el morir, nuestra esencial finitud, el final del amor? No, en absoluto.
En primer lugar, porque la misma muerte, al provocar la ruptura del afecto con gran sufrimiento para los que permanecen vivos, nos está “enseñando” –si cabe hablar así- que lo principal y más valioso de la existencia humana es la relación interpersonal, la experiencia del amor, considerar al otro portador de dignidad intrínseca. De ahí que la soledad venga a ser el núcleo del impacto que produce en los vivos la desaparición del ser querido. La muerte, al ser el mayor enemigo del amor, al “matar” al otro, me transmite, aunque con dolor, cuál ha sido, es y será el sentido de mi global existencia: amar y ser amado. Y, aunque resulte un tanto extraño, en esto consiste lo que podría denominarse “valor educativo” del morir. Por ello, no es raro que la muerte sea percibida, en un primer momento, como la manifestación más clara del absurdo de la vida: destruye físicamente el amor entre las personas, origen de toda humana felicidad.
En segundo lugar, se puede constatar que la experiencia de amor se madura y perfecciona no sólo durante el proceso de morir del ser querido, sino incluso tras la separación definitiva que la muerte ocasiona. Lo cual puede constituir un foco de meditación que fomenta, de modo indirecto, serenidad de espíritu. Cuando muere el ser querido, el “amor físico”, la comunión corporal, no son ya posibles; sin embargo, se alcanza una nueva dimensión y experiencia humana inusitada: el “amor espiritual”. Éste, aunque penoso en no pocas ocasiones, expresa una fuerza psíquica y moral de plenitud. El morir no apaga el fuego del amor, sino que lo acrecienta, regenera y culmina.
En tercer lugar, el fallecimiento del ser querido puede abrir el corazón humano a la esperanza razonable de una pervivencia allende la muerte. Tiene sentido afirmar que definir a Dios como Amor implica sostener que las personas, en tanto que amadas por Dios, tal como la tradición cristiana sostiene, no serán destruidas por el poder corrosivo de la muerte. Nos resulta intolerable, como reacción emotiva e incluso racional, que dejen de existir para siempre las personas que hemos amado (también que deje de existir “yo” en cuanto amado por otros). Si inaceptable es la aniquilación total de los seres queridos, igualmente resulta impensable la desaparición absoluta de mi ser. Señalar, desde un punto de vista antropológico, que en la experiencia del amor interpersonal se encuentra la raíz del anhelo de inmortalidad, equivale a afirmar, en el plano teológico, una concepción de Dios como “ser amante”, como garante fiel de que la tumba no será la última etapa del destino humano, el vacío infinito de la nada, ni la torturante frustración de quienes vivamente se amaron… Miremos de frente, pues, nuestro ineludible morir, perenne amenaza, con la certeza revelada en el Cantar de los Cantares de que “el amor es más fuerte que la muerte”…
El Papa cumplirá dos deseos profundos con su visita a España


Información de la Conferencia Episcopal Española


Con su visita del próximo fin de semana a España, Benedicto XVI verá cumplidos dos deseos que albergaba desde hacía tiempo: peregrinar a Santiago de Compostela y poder contemplar in situ el templo de la Sagrada Familia de Gaudí.
Lo explicó el responsable de la estructura informativa para el viaje y director de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Española, Isidro Catela, este martes en un desayuno de prensa informativo en Madrid.
Benedicto XVI visitará por primera vez estas dos ciudades españolas. El Papa había querido ir anteriormente tanto a Santiago de Compostela, con su hermano, como a la Sagrada Familia de Barcelona, pero finalmente no le había sido posible hasta ahora.
Por otra parte, Catela destacó que el Pontífice admira a Gaudí y su obra, y explicó que tras la dedicación del templo de este arquitecto, el 7 de noviembre, ya podrá celebrarse culto público en la nave central de la Sagrada Familia.
En Barcelona, además, Benedicto XVI quiere transmitir también un mensaje de amor y de defensa de la dignidad de toda vida humana, con su visita a la sede central de la obra benéfico-social del Niño Dios, destacó.
Sobre esta obra, Catela explicó que en un principio se dedicaba a la atención de personas con síndrome de down, pero “actualmente el número de estas personas ha disminuido notablemente debido a que buena parte de ellas son eliminadas antes de nacer”.
“Así lo han propiciado las legislaciones que contemplan el aborto como un 'derecho' y lo incluyen entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud”, lamentó.
“Si como sucede, por ejemplo, en la actual legislación española, la salud es “completo bienestar físico, mental y social”, y tal bienestar se considera amenazado por el que va a nacer, éste puede ser tratado como un obstáculo para la calidad de vida, cuya eliminación pasa entonces a ser tenida por lícita”, añadió.
Durante la visita del Papa a la sede central de esa institución del arzobispado de Barcelona, el domingo por la tarde, “se pondrá de relieve el gran trabajo que realiza la Iglesia y su defensa de la dignidad de toda la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, así como de la vida de todos, independientemente de sus capacidades físicas, psíquicas o intelectuales”.
En el desayuno de trabajo en la sede de la Conferencia Episcopal Española, se repasó el intenso programa de la visita del Papa a España, que está previsto que dure 32 horas.
Incluirá encuentros con los Reyes de España en la Sala Museo de la Sagrada Familia, y con los Príncipes de Asturias, en la Sala de Autoridades del aeropuerto de Santiago.
También breves encuentros con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el aeropuerto de Barcelona antes de la ceremonia de despedida, y con el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, en la sacristía instalada en la plaza del Obradoiro, después de la misa del sábado.
Para esta visita papal se han acreditado 3.250 periodistas de 327 medios de comunicación, de los que 646 seguirán in situ todo el viaje, 931 estarán sólo en Santiago y 1.673 sólo en Barcelona.
Y se calcula una audiencia de las transmisiones televisivas de la visita de 150 millones de espectadores.
Según la Conferencia Episcopal Española, existen tres claves para comprender esta visita del Papa a España: Europa y el Camino de Santiago; Gaudí y la Sagrada Familia; y la dignidad de toda la vida y de la vida de todos.
En este sentido, se recordaron las visitas de Juan Pablo II a Santiago de Compostela en 1989 para la Jornada Mundial de la Juventud, cuando exhortó a Europa a encontrarse de nuevo, a ser ella misma y a descubrir sus orígenes y avivar sus raíces cristianas.
Y la que el papa polaco realizó a Barcelona, también un 7 de noviembre, pero del año 1982, en que invitó a ver la familia como una auténtica Iglesia doméstica, un lugar consagrado al diálogo con Dios y una escuela de seguimiento a Cristo por los caminos indicados en el Evangelio, fermento de convivencia y de virtudes sociales.
Oración por el Santo Padre en su visita a Barcelona el 7/11/10

Dios y Padre nuestro,
dirige tu bondadosa mirada
sobre la Iglesia de Barcelona:
bendícela con el rocío
de tu gracia
para que se prepare espiritualmente
para acoger la visita apostólica
del Papa Benedicto XVI.
Esto nos mueve
a rezar por él con afecto filial.
Permanece siempre con él, Señor.
Así como María, la Madre de tu Hijo.
Guarda siempre
su vida y su salud.
Concédele la firmeza
que diste al apóstol Pedro
para que confirme en todos nosotros
la fe que nos salva.
Con nuestro Santo Padre,
concédenos saborear
la novedad constante del Evangelio.
Con él, amar a la santa Madre Iglesia,
hogar de comunión,
misericordia y perdón.
Como él, también nosotros
reconozcamos la voz de Cristo
por encima de cualquier otra voz,
ya que sólo tu Hijo
tiene palabras de vida eterna.
Él, que vive y reina
por los siglos de los siglos. Amén.
Regresa el debate sobre la relación entre fe y política


Por el padre John Flynn
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Con las elecciones norteamericanas cada vez más cerca, vuelve a estallar el debate sobre las relaciones Iglesia-Estado y las creencias religiosas de los candidatos.
Los expertos han especulado sobre el modo en que la afiliación religiosa afectará a los votantes, especialmente con asuntos tan controvertidos como la reforma sanitaria y los cambios de las leyes de inmigración todavía frescos.
A principios de este mes los siete obispos católicos del Estado de Nueva York publicaban una declaración para ayudar a la gente a valorar a qué candidatos convenía votar. Los católicos, afirmaban, deben juzgar los temas políticos a través de la lente de la fe y no guiarse sólo por el propio interés o la lealtad a un partido.
Los obispos mencionaban algunos temas, desde los relacionados con la vida a la guerra y a la paz y la educación. Es raro, admitían, encontrar un candidato que esté de acuerdo con la Iglesia en todas las materias, pero no todas tienen el mismo peso.
Tras recomendar el documento del 2008 "Formar las Conciencias de los Ciudadanos Creyentes", publicado por los obispos de Estados Unidos, los prelados de Nueva York indicaban: "El derecho inalienable a vivir de toda persona humana inocente pesa más que otros preocupaciones en las que los católicos pueden usar su juicio prudente, tales como afrontar mejor las necesidades de los pobres o aumentar el acceso para todos a la sanidad".
Animaban a los católicos a tomarse tiempo para estudiar las posiciones de los candidatos y concluían con una lista de preguntas que la gente debería hacerse antes de decidir a quién votar.
La cuestión del impacto de la fe en la política ha sido un tema al que ha hecho alusión en varias ocasiones recientes Benedicto XVI. En un mensaje el 12 de octubre al cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el Papa afirmaba que es necesario que la política y la sociedad se guíen por la consideración del bien común.
Los valores cristianos son útiles no sólo para determina aquello que abarca este bien común, hacen una aportación indispensable, añadía.

Una nueva generación de políticos

En el mensaje enviado con motivo de la Semana Católica Social Italiana, Benedicto XVI pedía una nueva generación de católicos que se presentara y se mostrara activa en política. Esta participación debería basarse en una sólida formación intelectual y moral que permitiera la formación de principios éticos basados en verdades fundamentales, de manera que las decisiones no se basaran en el egoísmo, la avaricia o la ambición personal.
En un momento en que los políticos suelen caer en el desprecio o en el ridículo, el Pontífice indicaba que: "el comportamiento socio político, con los recursos y actitudes espirituales que exige, sigue siendo una alta vocación, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinación".
En cuanto al papel de la Iglesia, el Papa afirmaba que: "la Iglesia católica tiene un legado de valores que no son cosas del pasado, sino que constituyen una realidad muy viva y actual, capaz de ofrecer una pauta creativa para el futuro de una nación".
Este mensaje lo escribía el Papa tras su importante discurso sobre las relaciones Iglesia Estado durante su reciente visita a Escocia e Inglaterra. Dirigiéndose a los políticos y líderes en el Westminster Hall de Londres, el Papa mantenía que la religión no es un problema que tengan que resolver los legisladores, sino que tiene una aportación vital que hacer a la política.
El Santo Padre señalaba lo inadecuado de basar el futuro de una nación en consideración a corto plazo de mera naturaleza política y animaba a sus oyentes a considerar la importancia de la dimensión ética de hacer política.
Esta dimensión ética no tiene que depender de una fe particular, sino que puede basarse en la formulación de la razón de los principios morales objetivos. No es como si la religión impusiera sus creencias, sino que ayuda a guiar la razón hacia el descubrimiento de los principios éticos. Por tanto, observaba el Papa, la religión necesita la asistencia de la razón para guardarse de formas distorsionadas de religión, como el sectarismo y el fundamentalismo.
La religión tiene un papel legítimo en la vida pública, indicaba el Pontífice, y no debería ser marginada.
"Este es el porqué sugeriría que el mundo de la razón y el mundo de la fe - el mundo de la racionalidad secular y el mundo de la creencia religiosa - necesita uno del otro y no deben temer entrar en un profundo y constante diálogo, para el bien de nuestra civilización", concluía.
Sólo unos días después, Benedicto XVI había expresado puntos de vista similares al nuevo embajador alemán. En su discurso del 13 de septiembre, el Papa observaba que, si se abandona la fe en un Dios personal, la diferencia entre el bien y el mal se oscurece. Esto conduce a que las acciones se dirijan por consideraciones de interés personal y poder político.

Fundamentos de la relación fe cristiana y política

Los cristianos convencidos dan testimonio a la sociedad de que es legítimo un orden de valores. En este sentido, el cristianismo tiene un papel fundamental, "al poner los fundamentos y formar las estructuras de nuestra cultura", explicaba el Papa.
Lamentaba la creciente tendencia a eliminar los conceptos cristianos de matrimonio y de familia de la conciencia de la sociedad. El Papa señalaba que la Iglesia no puede dar su aprobación a iniciativas legislativas que aprueben modelos alternativos a la vida matrimonial y familiar.
Haciendo referencia al campo de la biotecnología y la medicina, afirmaba que lo que se necesita es una cultura de la persona fundada en la ley natural que proteja y defienda contra las violaciones de la dignidad humana.
Este sólido fundamento proporciona una defensa contra la tendencia al relativismo, un peligro contra el que el Papa ha advertido en numerosas ocasiones. Volvía a hablar sobre esto en un discurso el 8 de septiembre a los miembros de la Mesa de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.
Es imprescindible, declaraba, defender la validez universal del derecho a la libertad religiosa. Si los valores, derechos y deberes no tienen un fundamento objetivo racional, no pueden ofrecer una guía a las instituciones internacionales.
La fe cristiana es una fuerza positiva en la búsqueda de una fundamentación para estos derechos en la dignidad natural de la persona, ayudando a la razón a buscar una base para esta dignidad, comentaba el Papa.
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La contribución de la religión

En estas últimas declaraciones sobre el papel de la religión en la política el Papa ha hecho referencia a su encíclica de 2009 "Caritas in veritate". En aquel documento rechazaba que la afirmación de que la Iglesia interfiere en la política: "Tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia a favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación" (número 9).
Refiriéndose al desarrollo de las naciones, Benedicto XVI denigraba la promoción de la indiferencia religiosa o el ateísmo como algo que obstaculiza nuestro verdadero desarrollo, porque hace imposible que los países se beneficien de vitales recursos espirituales y humanos. Los países desarrollados económicamente exportan en ocasiones su visión reductiva de la persona humana a los países pobres, señalaba.
Si la sociedad prescinde de la aportación de la religión, puede caer en el error de prestar demasiada atención a las preguntas sobre "cómo", y no el suficiente a las muchas cuestiones del "por qué" que subyacen a la actividad humana, advertía el Papa. "Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos" (número 71).
Para evitar esto es necesario que el cristianismo tenga un lugar en la vida pública y que se unan razón y fe, purificándose una a la otra, explicaba el Papa (número 56). Si no tiene lugar este diálogo la humanidad pagará un enorme precio. Algo digno de recordar la próxima vez que alguien diga que la religión debe quedarse fuera de la política.
Benedicto XVI va a Santiago y Barcelona para recordar el amor de Dios


Entrevista a monseñor Celso Morga



Por un lado va a impulsar el sentido de la peregrinación a la tumba de Santiago el Mayor --la penitencia, la conversión y la importancia que representa este santuario para la evangelización de Europa--, por otro, admirará y presentará los innumerables símbolos litúrgicos de las columnas, las torres y los cientos de detalles que componen la arquitectura de la Sagrada Familia.
Sobre ambos temas, ZENIT ha entrevistado a monseñor Celso Morga Iruzubieta, subsecretario de la Congregación para el Clero, nacido en Huércanos, en La Rioja, el 28 de enero de 1948 y fue ordenado sacerdote en 1972.
--¿Por qué el Papa va expresamente a consagrar el templo de la Sagrada Familia?
--Monseñor Celso Morga: En sus cinco naves centrales la Sagrada Familia está prácticamente terminada y el Papa está muy contento de hacer esta consagración. Para él es muy importante que la liturgia se haga bien, darle todo el esplendor, que sea el culto a Dios y además que ésta sea un vehículo por excelencia de la catequesis. Gaudí fue un hombre litúrgico, autodidacta, no estudió en ningún seminario, en ninguna casa de formación. Sus fuentes de conocimiento y de vida cristiana eran la liturgia y la misa que todos los días oía. Todo el simbolismo de la liturgia y todo el sentido de la liturgia está plasmado en la arquitectura del templo de la Sagrada Familia.
--El siglo XIX fue un siglo de mucha santidad en Cataluña. ¿Cree que esto influyó en la espiritualidad de Gaudí?
--Monseñor Celso Morga: Sí. Está por ejemplo el padre san Jose Manyanet, canonizado por Juan Pablo II, uno de los promotores de la construcción de la Sagrada Familia y el fundador de la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Él tenía su congregación religiosa como norte. A ambos los unía el tema de la Sagrada Familia como un modo de reencontrar las raíces cristianas y re evangelizar y de ahí nació esa iniciativa de construir ese templo. La vida de Gaudí es la Sagrada Familia. Todo lo que vivió esta expresado ahí. Ese florecimiento de santidad influyó en Gaudí. La Sagrada Familia no es casualidad. Responde a este florecimiento que hubo en Cataluña en la segunda mitad del siglo XIX.
--¿Cree que la atención especial que da Benedicto XVI a los temas litúrgicos es lo que hace que le llame tanto la atención de la figura de Gaudí?
--Monseñor Celso Morga: Para el Papa es muy importante que en estas grandes ciudades, en medio de nuestra civilización secularizada, haya espacio para los templos, para los grandes templos. Las catedrales no son algo de la Edad Media sino también de nuestros días. En España quizás se dé ese cliché de que antes era muy católica y que ahora es muy atea y creo que no es verdad ni lo primero ni lo segundo. La inmensa mayoría se reconoce católica y hay una minoría que no lo es. Quizás se ha dado un proceso que se produce también en todos los países del área occidental: vivir como si Dios no existiera. Eso lo lleva también el progreso material, una vida fácil, el que los domingos uno se va de fin de semana, de vacaciones, sale de la ciudad, a respirar, a no frecuentar la Iglesia. Determinadas dificultades de la vida social te pueden llevar a no educar a los hijos cristianamente: los niños tienen que hacer gimnasia y lenguas pero a veces no frecuentan la catequesis. En fin, son dificultades que traen en esta vida moderna tantas dificultades. También está el descenso en las tasas de natalidad. La sociedad busca cada vez más vivir en apartamentos muy pequeñitos. Las circunstancias influyen en este proceso de distanciamiento espiritual.
--¿Por qué ha querido el Papa ir a celebrar el Año Xacobeo a Santiago de Compostela?
--Monseñor Celso Morga: Él tiene en su escudo episcopal la concha del peregrino. Cuando un obispo escoge su escudo lo hace para ponerlo en línea con lo que guiará su misión episcopal. Ha querido aprovechar este año santo, que no se repetirá hasta 2021, para venerar la tumba del apóstol Santiago, para recordarnos que tenemos que recobrar nuestras raíces. Europa ha sido un continente cristiano, que ha llevado su civilización, su cultura y su religión a todo el mundo, pero sobre todo a partir del proceso de la Ilustración y del proceso de imponer a la razón humana como única guía de la humanidad, ese sentido de Dios se ha escondido y a Dios la cultura occidental y europea le ha considerado a partir de entonces como algo indiferente y como un enemigo de la autonomía, como si el ser humano no se pudiera realizar humanamente si Dios está presente. El Papa insiste mucho en lo contrario: en Dios, como amigo, el hombre encuentra su plenitud y, cuando Dios falta, el hombre se empobrece. En la Edad Media, los pecadores recorrían ese camino como penitencia para encontrar de nuevo la gracia de Dios, pero eran personas que tenían a Dios. Una cosa es querer buscar a Dios y otra es ignorarlo y negar su existencia. Cuando uno tiene a Dios, aunque tenga caídas, puede encontrar el perdón de Dios, pero el problema surge cuando uno no lo tiene. El Papa lo que quiere es que Europa y el mundo recuperen a Dios como amigo, como quien da sentido y plenitud al hombre. Lo que busca es que no vean a Dios como un problema para que puedan realizarse. Me parece que es particularmente oportuno que el Papa vaya a España en dos ocasiones en el mismo año escolar, porque España está viviendo este proceso de secularización acelerado, quizás con un poquito de retraso con respecto a los países de Europa central. Creo que es un momento en el que el Papa quiere volverle a decir a los españoles una frase que ha repetido varias veces durante su pontificado: "El Señor no quita nada y lo da todo".

01 noviembre 2010

“La santidad, imprimir a Cristo en uno mismo”

El Papa hoy en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

La solemnidad de todos los santos, que hoy celebramos, nos invita a elevar la mirada al Cielo y a meditar en la plenitud de la vida divina que nos espera.  "Somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía" (1Juan 3, 2): con estas palabras el apóstol Juan nos asegura la realidad de nuestra futura relación con Dios, así como la certeza de nuestro destino futuro. Como hijos amados, por este motivo, recibimos también la gracia para soportar las pruebas de esta existencia terrena, el hambre y la sed de justicia, las incomprensiones, las persecuciones (Cf. Mateo 5, 3-11), y al mismo tiempo heredamos ya desde ahora lo que se promete en las bienaventuranzas evangélicas, "en las cuales resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que inaugura Jesús" (Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, Milán 2007, 95; Jesús de Nazaret). La santidad, imprimir a Cristo en uno mismo, es el objetivo de la vida del cristiano. El beato Antonio Rosmini escribe: "El Verbo se había impreso a sí mismo en las almas de sus discípulos con su aspecto sensible... y con sus palabras... había dado a los suyos esa gracia... con la que el alma percibe inmediatamente al Verbo" (Antropologia soprannaturale, Roma 1983, 265-266, Antropología sobrenatural). Y nosotros experimentamos con antelación el don de la belleza de la santidad cada vez que participamos en la Liturgia eucarística, en comunión con la "multitud inmensa" de los bienaventurados, que en el Cielo aclaman eternamente la salvación de Dios y del Cordero (Cf. Apocalipsis 7, 9-10). "La vida de los Santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos" (encíclica Deus caritas est, 42).

Consolados por esta comunión de la gran familia de los santos, mañana conmemoraremos todos los fieles difuntos. La liturgia del 2 de noviembre y el piadoso ejercicio de visitar los cementerios nos recuerdan que la muerte cristiana forma parte del camino de asimilación a Dios y que desaparecerá cuando Dios será todo en todos. Si bien la separación de los afectos terrenales es ciertamente dolorosa, no debemos tener miedo de ella, porque cuando está acompañada por la oración de sufragio de la Iglesia, no puede quebrar los profundos lazos que nos unen en Cristo. En este sentido, san Gregorio de Niza afirmaba: "Quien ha creado todo con la sabiduría, ha dado esta disposición dolorosa como instrumento de liberación del mal y posibilidad para participar en los bienes esperados (De mortuis oratio, IX, 1, Leiden 1967, 68).

Queridos amigos, la eternidad no es "un continuo sucederse de días del calendario, sino algo así como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad" (encíclica Spe Salvi, 12) del ser, de la verdad, del amor. Encomendemos a la virgen María, guía segura hacia la santidad, nuestra peregrinación hacia la patria celestial, mientras invocamos su maternal intercesión por el descanso eterno de todos nuestros hermanos y hermanas, que se han dormido en la esperanza de la resurrección.