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JOQUIVESA

Encontrado en la "red" (Mateo 13:47-50)

26 marzo 2026

El Papa León XIV a la nueva arzobispa de Canterbury: “Sigamos dialogando en la verdad y el amor”

Exaudi Redacción

El Pontífice envía un mensaje de felicitación a Sarah Mullally con motivo de su toma de posesión como primada de la Iglesia de Inglaterra y líder de la Comunión Anglicana.

El 26 de marzo de 2026, el Papa León XIV dirigió un mensaje escrito a la arzobispa Sarah Mullally, quien asumió oficialmente su ministerio el día anterior en una ceremonia en la Catedral de Canterbury. El cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y enviado especial del Papa, entregó la misiva al concluir una oración ecuménica conjunta celebrada en la misma catedral para conmemorar los 60 años del histórico encuentro entre san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey en Roma, en marzo de 1966.

En su carta, el Papa León XIV ofrece “saludos, buenos deseos y palabras de aliento para un ministerio sin duda ‘arduo’”, al tiempo que invita a “seguir dialogando en la verdad y el amor” para poder ofrecer al mundo “los dones de Dios” en medio de las diversas tragedias que lo azotan.

El mensaje subraya la amplitud de la responsabilidad que asume Mullally, no solo sobre la Diócesis de Canterbury, sino sobre toda la Iglesia de Inglaterra y la Comunión Anglicana en su conjunto. El Pontífice pide al Señor que la fortalezca con el don de la sabiduría y que sea guiada por el Espíritu Santo en el servicio a sus comunidades, inspirándose en el ejemplo de María, Madre de Dios.

Un diálogo ecuménico con frutos y desafíos

El Papa recuerda el gesto de hace sesenta años, cuando Pablo VI y Michael Ramsey se estrecharon la mano en Roma, comprometiendo a católicos y anglicanos en una nueva etapa de relaciones fraternas basadas en la caridad cristiana. Aquel encuentro abrió “una nueva página de respetuosa apertura” que, según León XIV, “ha dado muchos frutos en las últimas seis décadas y sigue haciéndolo aún hoy”.

De aquel momento surgió también el acuerdo para iniciar un diálogo teológico formal, que dio lugar a la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC). El Pontífice destaca que los frutos de este trabajo han permitido a ambas tradiciones “dar testimonio juntos de manera más eficaz”, algo especialmente valioso ante los múltiples desafíos que enfrenta la familia humana.

Aunque reconoce que el camino ecuménico “no siempre ha estado exento de obstáculos” y que “nuevas circunstancias han traído nuevos desacuerdos”, el Papa afirma que las divergencias no impiden reconocerse como “hermanos y hermanas en Cristo” gracias al Bautismo común. Cita el ejemplo de la relación entre el papa Francisco y el anterior arzobispo Justin Welby, incluyendo su visita conjunta a Sudán del Sur en 2023.

“Por mi parte, creo firmemente que debemos seguir dialogando en la verdad y el amor”, escribe León XIV, “porque solo en la verdad y el amor llegamos a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios y, por lo tanto, a poder ofrecer estos preciosos dones al mundo”.

La unidad al servicio del Evangelio

El mensaje concluye recordando que la unidad que buscan los cristianos “nunca es un fin en sí misma”. Citando unas palabras del papa Francisco dirigidas a los primados anglicanos en 2024, León XIV advierte que sería un escándalo que, a causa de las divisiones, los cristianos no cumplieran su vocación común de dar a conocer a Cristo.

“Solo a través del testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida resonará con mayor claridad el anuncio del Evangelio”, subraya el Papa.

La nueva arzobispa Sarah Mullally, de 63 años, es la primera mujer en ocupar este cargo. En su sermón durante la ceremonia de toma de posesión, habló de las mujeres de la Biblia que confiaron en Dios ante un futuro incierto y reiteró la urgencia de la verdad y la justicia en la Iglesia. La oración ecuménica en la que se entregó el mensaje papal utilizó el mismo reclinatorio del encuentro entre san Juan Pablo II y el arzobispo Robert Runcie en 1982, reforzando así el simbolismo de continuidad en las relaciones entre católicos y anglicanos.

Fuente: exaudi.org

Publicado por JOQUIVESA en 17:51

El hijo que no tenemos

Javier Vidal-Quadras


Educar no consiste en defender siempre al hijo frente al mundo, sino en ayudarle a situarse responsablemente en él.

El viernes y sábado de la semana pasada estuve en Roma, impartiendo unas sesiones sobre matrimonio y sexualidad a un grupo de diáconos que se van a ordenar sacerdotes este mes de mayo. El viaje tenía un diseño perfecto para mí: llegaba con cuatro horas de antelación, con tiempo para preparar las sesiones tranquilamente y hasta de jugar un partido de pádel y ganarlo, que es la contraprestación que les pido por mis servicios. Pero la compañía aérea tenía otros planes, y me pasé las cuatro horas encerrado en el avión, de un lado a otro del aeropuerto, para que revisarán algo del ala que se había estropeado por las fuertes rachas de viento: ¡muy tranquilizador!

Casualmente, entre las lecturas que me acompañaron este tiempo de anquilosamiento corporal, bien comprimido en el generoso espacio de un asiento de avión, leí un artículo publicado en Aceprensa titulado “El duelo de abrazar al hijo real” y escrito por María Paz Montero que me ayudó a comprender mi experiencia de ese día: “El duelo de abrazar el viaje real”.

Pero el artículo decía mucho más. Me trajo a la memoria las palabras del tutor de uno de nuestros hijos cuando este se dio de bruces con la adolescencia de un día para otro. En nuestra experiencia familiar, hay una semana en que los hijos varones se levantan el lunes siendo niños y se acuestan el viernes siendo adolescentes. Nuestras hijas han sido más consideradas y fueron lanzando señales de aviso. El tutor en cuestión nos dijo: “os informo de que vuestro hijo ha decidido dejar de ser bueno”.

También con los nietos pasa algo parecido: algunas señoritas se empeñan en decir que muerden y hasta pegan a los demás; pero aquí no hay discusión: la culpa es siempre de los otros y los nuestros actúan siempre en legítima defensa…, ¡y bien legítima!

Hay un instante —del que habla con acierto el artículo mencionado— en que los padres atraviesan una especie de pequeño duelo. No es una enfermedad ni un fracaso escolar. Es algo más discreto y más íntimo: el descubrimiento de que el hijo real no coincide exactamente con el hijo que habíamos imaginado.

A veces ocurre tras una conversación con un profesor. Las frases no suelen ser tan explícitas como las de nuestro tutor: “Su hijo ha mentido”, “su hija encabezó unas burlas”, “la pillaron copiando en un examen”. No son grandes tragedias, pero el impacto es real. Porque el hijo al que queremos tanto deja de ser el pequeño ángel que habíamos diseñado mentalmente.

En realidad, esto es bastante comprensible. El amor de los padres tiende a idealizar. Desde que nace un hijo proyectamos sobre él una versión luminosa: será noble, generoso, justo, valiente. Durante los primeros años esa imagen funciona bien. Las torpezas se interpretan con ternura, las rabietas como cansancio, y las pequeñas mentiras como fantasías infantiles.

Pero llega un momento —normalmente en la preadolescencia— en que la dimensión moral aparece con más claridad. Ya no hablamos solo de impulsos ingenuos, sino de decisiones que afectan a otros. Y entonces aparece la sorpresa: ese hijo tan querido también es capaz de mentir, excluir o humillar.

Es ahí donde surge el pequeño duelo del que habla el artículo. En el fondo, no es tanto una decepción con el hijo como con nuestra propia mirada. La estatua que cae del pedestal es la que nosotros mismos habíamos esculpido.

Sin embargo, ese momento puede ser profundamente educativo. Educar no consiste en defender siempre al hijo frente al mundo, sino en ayudarle a situarse responsablemente en él. Negar sus errores para proteger su imagen puede parecer un gesto de cariño, pero en realidad lo desorienta. Le transmite que importa más la apariencia que la conducta.

Por eso el colegio suele desempeñar un papel tan importante. Es el primer lugar donde el niño deja de ser el centro del universo familiar y pasa a convivir con otros en igualdad. Allí sus actos tienen consecuencias reales. Cuando un profesor señala una falta, no está atacando a la familia: simplemente está devolviendo una imagen más objetiva de la realidad.

Un chico que se burla de otro no está condenado a ser cruel, pero necesita comprender el daño que provoca. Una niña que copia no está marcada para siempre, pero necesita experimentar que la verdad vale más que la nota.

Cuando los padres corrigen con serenidad y siguen queriendo al hijo con la misma firmeza, están transmitiendo una verdad decisiva: “No te queremos porque seas perfecto. Te queremos porque eres nuestro hijo. Y precisamente por eso queremos que aprendas a ser mejor”.

Quizá ese pequeño duelo —aceptar que el hijo real no coincide con el hijo ideal— no sea una derrota educativa. Tal vez sea, como sugiere el artículo, el comienzo de una educación más honesta. Porque el hijo real, con sus sombras y sus posibilidades, siempre es más educable que el hijo imaginado.

Fuente: javiervidalquadras.com

Publicado por JOQUIVESA en 11:51

25 marzo 2026

-Los Documentos del Concilio Vaticano II

El Papa en la Audiencia General

Catequesis - II. Constitución dogmática Lumen gentium. 5. Sobre el fundamento de los Apóstoles. La Iglesia en su dimensión jerárquica

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuamos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, comentando la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia (LG). Después de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy consideraremos su forma jerárquica.

La Iglesia Católica encuentra su fundamento en los apóstoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico; y posee una dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de la santificación de todos sus miembros. Este Orden sacro está permanentemente fundado sobre los apóstoles (cfr. Ef 2,20; Ap 21,14) en cuanto testigos autorizados de la resurrección de Jesús (cfr At 1,22; 1Cor 15,7) y enviados por el Señor mismo en misión al mundo (cfr. Mc 16,15; Mt 28,19). Como los apóstoles están llamados a custodiar fielmente las enseñanzas salvíficas del Maestro (cfr. 2Tm 1,13-14), transmiten su ministerio a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e instruyendo la Iglesia «gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral» (CIC, n. 857).

El capítulo III de la Lumen Gentium, titulado Constitución jerárquica de la Iglesia, y particularmente del episcopado, profundiza en esta sucesión apostólica fundada en el Evangelio y en la Tradición. El Concilio enseña que la estructura jerárquica no es una construcción humana que sirve para la organización interna de la Iglesia como cuerpo social (cfr. LG, 8), sino que es una institución divina que tiene como finalidad perpetuar hasta el final de los tiempos la misión que Cristo dio a los apóstoles.

El hecho de que esta temática se afronte en el capítulo III, después de que en los dos primeros se ha contemplado la esencia verdadera y propia de la Iglesia (cfr. Acta Synodalia III/1, 209-210), no implica que la constitución jerárquica sea un elemento sucesivo respecto al pueblo de Dios: como afirma el Decreto Ad gentes, «los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada Jerarquía» (n. 5), en cuanto comunidad de los redimidos por la Pascua de Cristo, establecida como medio de salvación para el mundo.

A fin de captar la intención del Concilio, es oportuno leer bien el título del capítulo III de Lumen Gentium, que explicita la estructura fundamental de la Iglesia, recibida de Dios Padre mediante el Hijo y llevada a cumplimiento con la efusión del Espíritu Santo. Los Padres conciliares no quisieron presentar los elementos institucionales de la Iglesia, como podría dar a entender el sustantivo “constitución” si se entiende en el sentido moderno. El documento se concentra, en cambio, en el «sacerdocio ministerial o jerárquico», que difiere «esencialmente y no sólo en grado» del sacerdocio común de los fieles, y recuerda que «se ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo» (LG, 10). Así, el Concilio trata el ministerio que se transmite a hombres que son investidos de sacra potestas (cfr. LG, 18) para el servicio en la Iglesia: se detiene, especialmente, en el episcopado (LG, 18-27), y luego en el presbiterado (LG, 28) y el diaconado (LG, 29) como grados del único sacramento del Orden.

Con el adjetivo “jerárquica”, por tanto, el Concilio quiere indicar el origen sacro del ministerio apostólico en la acción de Jesús, Buen Pastor, así como sus relaciones internas. Los obispos, ante todo, y, a través de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en latín, munera) que los llevan a estar al servicio de «todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios» para que «tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación» (LG, 18).

La Lumen Gentium recuerda varias veces y de manera eficaz el carácter colegial y de comunión de esta misión apostólica, reafirmando que «el encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía, o sea ministerio» (LG, 24). Se comprende entonces por qué San Pablo VI presentó la jerarquía como realidad «nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia» (Disc. 14 de sept. de 1964, en Acta Synodalia III/1, 147).

Queridas hermanas, queridos hermanos, pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evangélica, entregados al bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del mundo.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a Cristo, Buen Pastor, que suscite en la Iglesia pastores dispuestos a dar la vida por la grey a ellos confiada; que sean ardientes en la caridad, disponibles en la misión y valientes en el anuncio del Evangelio. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy, abordamos el tercer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la dimensión jerárquica de la Iglesia. Cristo eligió como columnas vivas de su Cuerpo místico a los apóstoles, llamados a custodiar y a transmitir sus enseñanzas, a fin de seguir santificando, instruyendo y guiando al Pueblo de Dios.

La estructura jerárquica no es una invención meramente humana, sino una institución divina, dirigida a perpetuar la misión dada por Cristo a los apóstoles hasta el fin de los tiempos. El documento conciliar menciona particularmente a los obispos, los presbíteros y los diáconos, que poseen distintos grados del mismo sacramento del Orden, esencialmente distinto del sacerdocio común de los fieles, y cuya misión apostólica se ejerce colegialmente y en comunión. Dichos ministros, que poseen la sacra potestad, están al servicio de todos los bautizados, para que vivan en Cristo y alcancen la salvación.

Fuente: vatican.va

Publicado por JOQUIVESA en 11:52

A todos los obispos del mundo

Rosa Corazón

El matrimonio es un invento divino Y la unión sexual matrimonial es también invento divino.

El 19 de marzo de 2026, el Santo Padre León XIV nos envía un mensaje, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación Apostólica postsinodal “Amoris Laetitia” del Papa Francisco y nos comenta que, hace 10 años, con “Amoris Laetitia”, el Papa Francisco transmitió, a toda la Iglesia universal, un luminoso mensaje de esperanza sobre el amor conyugal y familiar. Ahora, el Papa actual nos pide, a toda la Iglesia universal, el valor para continuar este camino, por un sendero sinodal.

MI APORTACIÓN DE LO QUE PUEDEN SER PRINCIPIOS UNIVERSALES:

  1. Dios es el inventor del Matrimonio y Dios es el inventor de la unión sexual matrimonial.
  2. El Matrimonio es un bien, tanto para cada uno individualmente, como para los dos juntos en su unión indisoluble.
  3. Un hijo es el mayor bien que un matrimonio, de acuerdo con el designio de Dios, puede dejar en este mundo.
  4. La evangelización sobre el matrimonio es necesario que sea gradual, progresiva, que ponga, a cada uno de los cónyuges y a los dos juntos -como unidad indisoluble que son- cara a cara con Dios para discernir y decidir qué hacer y cómo hacerlo, para potenciar su unión indisoluble, para buscar el bien individual y conjunto, para procrear y custodiar y criar a la prole -decisión personalísima de ambos- y para intentar vivir, del mejor modo posible, todos y cada uno de los derechos y deberes que les incumben como matrimonio y llegar a la santidad.
  5. Esta progresiva evangelización, que incumbe a toda la Iglesia universal, habrá de acomodarse al país, a la cultura, a las costumbres, a la historia personal y familiar, a las circunstancias particulares y al modo de vida actual con todos los cambios antropológicos y culturales de hoy, en día.

El matrimonio no puede ser ajeno y prescindir de situaciones reales actuales, tales como la homosexualidad, la ideología de género, los vientres de alquiler, la fecundación in vitro, los embriones congelados, la venta de óvulos bajo el falso amparo de donaciones por cuestión de solidaridad, venderse y prostituirse por dinero. Pues todo ello es realidad, actual y con bastante facilidad. Y son -en palabras del Papa- “cambios antropológicos y culturales”.

  1. Esa unión indisoluble, que es el matrimonio, debe llevar, en la progresiva evangelización, a fomentar la unidad en los cónyuges en todos los campos. De ahí, que pudieran ser reglas generales:
  2. DIOS NO ES INHUMANO. Incluso, nos dice la Sagrada Escritura, llegada la plenitud de los tiempos SE ENCARNÓ. Lo que supone que no haya nada, ni de cada uno, ni de cada matrimonio, que no le importe a Dios.

Y si Dios no es inhumano, es seguro que no nos pide nada, ni a cada uno ni a cada matrimonio, que sea inhumano.

El Papa nos señala que, el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios nos debe estimular a buscar “el crecimiento, la consolidación y la profundización en el amor conyugal y familiar y a redescubrir que el amor en el matrimonio siempre da vida y es real, precisamente en su modo limitado y terreno (…) Puesto que la fragilidad forma parte de la maravilla que somos nosotros.

Nadie se casa con alguien tan magnífico, que es irreal.

  1. El Matrimonio, claro que atrae a los jóvenes de hoy. Un amor para siempre atrae, hoy y siempre… Aunque es verdad que han disminuido los matrimonios y los matrimonios por la Iglesia.

Por eso, aunque el Matrimonio atrae a los jóvenes de hoy, hay que mejorar toda la evangelización acerca de él, en el niño, en el joven, y sobre todo en los novios y en todo previo a contraerlo. Sin olvidar que los ministros son ellos mismos, que la Iglesia no casa, se casan ellos.

¿Cómo es posible que, algunos que dicen que se quieren casar por la Iglesia, en su despedida de solteros se vayan de fulanas?

  1. Aunque no sea algo aplicable siempre y en todo caso, sí puede tenerlo en cuenta el evangelizador, a modo de regla general para sus consejos a cada Matrimonio, teniendo en cuenta sus particularidades: Que lo que sirve para unir a los dos, ¡adelante! y lo que los separa, muy posiblemente ¡no es lo que Dios quiere!

Dado que EL MATRIMONIO ES UN INVENTO DIVINO y LA UNIÓN SEXUAL MATRIMONIAL ES TAMBIÉN INVENTO DIVINO.

Comentaba un ponente a los asistentes, colgado también por You Tube, que era un hombre con un buen matrimonio, dentro del curso que impartimos sobre “La belleza de la sexualidad”. ¿A Dios le importa mi placer en la unión sexual con mi mujer? ¡Por supuesto que le importa!

  1. TANTO CON EL MATRIMONIO COMO CON LA UNIÓN SEXUAL MATRIMONIAL, DIOS QUIERE EL BIEN INDIVIDUAL DE CADA UNO Y DE LOS JUNTOS, EN ESA UNIÓN PARTICULARÍSIMA, Y QUE SEA EL MEDIO PARA PROCREAR. El Papa nos invita a descubrir que “el amor en el matrimonio siempre da vida”.
  2. Los gravísimos desastres matrimoniales, a los que me dedico, son fruto de una evangelización inadecuada, que no ha puesto, desde la infancia, en la adolescencia y en el proceso hacia la madurez de esas dos personas, la mira adecuada hacía la verdad, el bien, y la belleza de la propia vida, contando con sus deficiencias y el de los dos juntos, el de la otra persona con la que me caso. Nadie se puede casar con un misterio, con un enigma, sin un proyecto para toda la vida.
  3. Con esa progresiva evangelización habrá que ayudar a tomar decisiones libres, maduras, responsable, sopesando ventajas e inconvenientes de una u otra opción, acudiendo al auxilio divino pidiendo ayuda al Espíritu Santo para acertar, asumiendo las consecuencias de nuestros actos, y no dejándose llevar por impulsos, por “casarse es lo que toca”… Esto evitaría, como sucede tantas y tantas veces, que jóvenes que van bien en el terreno profesional sean un desastre en el tema matrimonial, con una grave falta de madurez afectiva y sentimental.
  4. Pueden existir vicios y adiciones: Al alcohol, a las drogas, a la pornografía, al sexo, a la masturbación, trastornos alimentarios: anorexia, bulimia y vicios por atracón, a la compra compulsiva para ahogar el sufrimiento.

¿Lo cura el matrimonio? No, el matrimonio no cura nada; hay que ir curado al matrimonio.

¿Cómo se cura? Reconociéndolo, queriendo curarse y dejándose acompañar en el camino hacia la sanación y dejándose ayudar.

  1. Ante las crisis matrimoniales:
  2. ¿Qué me enamoró de ti? Porque eso está ahí, es presente y hay que volver a los inicios…
  3. ¿Vicios? ¿Adicciones? ¿Incapacidades? ¿Problemas sexuales?

¿Qué se puede hacer? Habrá que ver qué se puede hacer, hasta dónde hay que llegar y si se puede o no conseguir algo de éxito duradero en cada caso.

  1. Mi matrimonio va como van nuestras relaciones sexuales, me dijo una buena mujer. Si van bien, estamos estupendamente. Si van mal, estamos a la gresca. ¿Qué es causa? ¿Qué es efecto? No hay tal, pues ambos se interseccionan.

En el mensaje, el Papa León nos insta a “seguir profundizando en la esperanza bíblica de la presencia amorosa y misericordiosa de Dios, que permite vivir historias de amor, incluso atravesando crisis familiares.

Y nos afirma que “hemos sido hechos para una existencia se regenera constantemente en el don, en el amor”.

  1. PROBLEMAS:
  2. Problema sexual en la mujer:
  3. Si no siente satisfacción, existe el peligro de que caiga en la neurosis, nos decía Carlos Wojtyla en su libro “Amor y responsabilidad”
  4. A la mujer no le sale de modo natural el manifestarle a él, a las claras, lo que siente, lo que quiere, lo que desea, el camino a través de ella para lograrla.
  5. Y, como me decía una buena mujer: El hombre, de adivino no tiene nada.
  6. En la sexualidad hay una felicidad insuperable. Decía una mujer experimentada: La sexualidad es amor y premio del matrimonio.
  7. Considerar la gravísima condena a la mujer cuando fueron expulsados del Paraiso a Adán y Eva, como segundo anatema: ansiarás a tu marido y él te dominará.

El problema de la sexualidad más que en el hombre está en la mujer.

  1. La realidad es que el mayor éxito en este mundo es el ÉXITO EN MI MATRIMONIO.

Por eso, mis dos últimos libros los dedico: “A los valientes que se casan por la Iglesia y… a los que se han equivocado. Dios deja siempre una puerta abierta para poder enderezar la vida. ¡Siempre!

León XIV anima a descubrir la belleza de la vocación al matrimonio, reconociendo la fragilidad humana y confiando en la gracia y deseando llegar a ser santos a través del Matrimonio y de la Familia. La espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos cada día.

El Papa León XIV, en su mensaje, convoca para octubre de 206 a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo entero para, juntos, discernir sinodalmente los pasos que se deben dar para el buen anuncio del Evangelio a las Familias de hoy. Camino sinodal a la luz de “Amoris laetitia”.

  1. ¿POR QUÉ ESTE ARTÍCULO?

Porque Iglesia somos todos y… ¡todos en camino sinodal!

Fuente: rosacorazon.com


Publicado por JOQUIVESA en 11:16

«La tumba de Antígona», de María Zambrano: una ética para nuestro tiempo

Alicia Nila Martínez

La filósofa actualizó la tragedia de Sófocles, desde su vivencia del exilio, y extrajo una lección universal: no hay comunidad sin duelo, ni justicia sin piedad.

María Zambrano. (Vélez-Málaga 1904-Madrid, 1991). Filósofa y escritora. Discípula de Ortega y Gasset, fue profesora auxiliar de Zubiri en la Universidad de Madrid. Tras la Guerra Civil, vivió un exilio de casi medio siglo en Cuba, Puerto Rico, Italia y Suiza. Obtuvo los premios Príncipe de Asturias y Cervantes. De su extensa obra, entre la reflexión filosófica, la razón poética y el compromiso cívico, destacan El hombre y lo divino, Los intelectuales en el drama de España, Delirio y destino y La tumba de Antígona.

Avance

La Antígona de Sófocles obsesionó durante años a María Zambrano por su eco universal y por su significado ético y político. «No podemos dejar de oírla, porque la tumba de Antígona es nuestra propia conciencia oscurecida. Antígona está enterrada viva en nosotros, en cada uno de nosotros», llegó a decir. Durante veinte años, la filósofa pensó y elaboró una obra que se publicó en 1967, a caballo entre la representación teatral, la razón poética y el ensayo, en la que se sirve del trágico personaje para meditar sobre el duelo, la dignidad humana, la libertad y la justicia. A nadie se le escapan los acentos autobiográficos de la obra, dada la trayectoria de una autora que vivió en el exilio durante 40 años, por ser coherente con sus ideas y desafiar al autoritarismo.

Hija y nieta de maestros, alumna de Ortega, Besteiro y García Morente en la Universidad Central, María Zambrano se formó en la Residencia de Señoritas, donde compartió aula con Victoria Kent, Rosa Chacel y Clara Campoamor, oyendo a ilustres conferenciantes como Unamuno y Marie Curie, y allí aprendió que educar es invitar a despertar. Se trataba de ensanchar la conciencia y preparar al ser humano para la libertad y el juicio moral y, en consecuencia, para saber decir No a lo injusto, aun pagando el precio del ostracismo. La filósofa abandona España al término de la Guerra Civil y vive un largo exilio entre Francia, México, Cuba, Puerto Rico, Suiza e Italia, atravesado por dificultades económicas e inestabilidad política. Será, sin embargo, fecundo en ensayos que desarrollan su pensamiento, como La confesión: género literario; El hombre y lo divino; Hacia un saber sobre el alma; y Persona y democracia.

Una de las obras más representativas del ethos de Zambrano es, sin duda, La tumba de Antígona que, aunque publicada en los años 60, cobra singular vigencia en nuestros días. Se puede decir que es un texto para todas las épocas, como ya lo era la tragedia de Sófocles, que la autora actualiza y universaliza al mostrar un dilema eterno: obedecer una norma injusta o mantenerse fiel a la verdad. El gesto de Antígona es la afirmación de una ley anterior a la política, la que protege la dignidad del ser humano y sostiene el recuerdo de quienes han sido relegados al silencio. Al restituir la voz a los vencidos de la historia, Zambrano ofrece una lectura alternativa de la figura femenina. Su Antígona no es mártir política ni heroína trágica, es una conciencia que despierta.

La tumba de Antígona no solo reescribe un mito antiguo. Nos propone una ética para nuestro tiempo. Allí donde la memoria se debilita y el vínculo humano se quebranta, Zambrano apunta hacia una lección íntima y universal: no hay comunidad sin duelo, ni justicia sin piedad.

Artículo

Seis décadas después de su publicación, La tumba de Antígona (1967) sigue siendo uno de los textos en los que María Zambrano pensó con mayor hondura la relación entre memoria, piedad y justicia. Lejos de una mera reescritura del mito clásico [1] la filósofa hace de Antígona un lugar de meditación sobre el duelo y la dignidad humana. En tiempos de ruido y desmemoria, su lectura del mito de Sófocles continúa interpelándonos porque nos recuerda que toda justicia comienza con la custodia del vínculo frágil que nos une.

Zambrano se había formado intelectualmente en el Madrid de las primeras décadas de 1930, cuando la ciudad fue mucho más que la capital administrativa de España. Las reformas educativas y culturales emprendidas entonces convirtieron a la ciudad en un laboratorio ético y cultural. Las resonancias krausistas de la Institución Libre de Enseñanza, la vitalidad intelectual de tertulias y cafés, así como la cercanía de la vida política, avivaron la conciencia de una ciudadanía femenina que comenzaba a reclamar voz plena en el espacio público.

Residencia de Señoritas, el despertar de la conciencia

La ciudad fue entonces el campo de pruebas necesario para el nacimiento de la Residencia de Señoritas. Fundada en 1915 bajo la dirección de María de Maeztu, fue una de las iniciativas de mayor alcance propuesta por la Junta para Ampliación de Estudios. En sus aulas, jóvenes españolas y extranjeras compartían un proyecto cultural que aunaba estudio, humanismo y compromiso cívico. Las primeras treinta residentes tomaron posesión de las instalaciones cuando sus ocupantes masculinos se mudaron al edificio que hoy ocupa la Residencia de Estudiantes.

Aunque haya gozado de una menor visibilidad pública que la afamada colina de los chopos, los pequeños hotelitos ubicados entre Fortuny y Miguel Ángel fueron escenario de una intensa actividad intelectual de marcado acento femenino. Por las aulas y estancias de la Residencia pasaron alumnas como Victoria Kent, Maruja Mallo, Rosa Chacel y Clara Campoamor, así como conferenciantes de la talla de Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset y Marie Curie.

María Zambrano será primero alumna y después profesora de esta institución. Tras estudiar filosofía en la Universidad Central bajo la tutela de Ortega, se incorporará en 1935 al claustro de la Residencia. Desde aquellas aulas transmitió a sus alumnas la importancia del pensamiento crítico y de los valores éticos, integrando así su ideal de la razón poética en la práctica pedagógica. El modelo educativo de la Residencia rechazaba la disociación entre conocimiento y vida, un planteamiento que no podía estar más en consonancia con la visión formativa de Zambrano. Hija y nieta de maestros, creía firmemente que la educación podía transformar la sociedad, convicción que marcaría para siempre su compromiso intelectual y cívico.

La Residencia aspiraba a formar conciencia, no solo inteligencia. En ese rico contexto cultural, Zambrano comprendió que el pensamiento debía brotar del trato íntimo con la experiencia humana: el dolor, la belleza y la historia vivida. La institución le brindará el entorno profesional y cultural adecuado para desarrollar la sensibilidad trágica y compasiva que, años más tarde, cristalizará en las páginas de La tumba de Antígona. Allí comenzaba a gestarse la forma de pensamiento que convertiría la pedagogía en ética y, finalmente, en mito.

El umbral entre el aula y la polis

Aunque la estancia en la Residencia pueda parecer un capítulo inicial en la vida de María Zambrano, su trascendencia en el desarrollo intelectual de la escritora es incontestable. Allí comenzó a explorar la relación entre razón y piedad, entre política y destino personal, entre libertad y responsabilidad histórica. La Residencia fue, en sentido estricto, la matriz donde Zambrano forjó su singular forma de entender pensamiento y vida.

Su paso por esta institución le mostró, con meridiana claridad, que educar no es transmitir saber, sino invitar a despertar. En ese laboratorio pedagógico —tan moderno como íntimo— se anticipa ya la ética trágica que sustentará la forma mentis de La tumba de Antígona: la libertad no se concede, se conquista desde dentro o, como diría su compañera Clara Campoamor, «se aprende ejerciéndola».

Para Zambrano, enseñar equivalía a ensanchar la conciencia y preparar al ser humano para la libertad y el juicio moral. De ahí que su filosofía se oriente siempre hacia la formación integral del sujeto, entendida como un camino de autoconocimiento y de encuentro con el otro. Este vínculo entre formación, libertad y conciencia moral se hará especialmente visible en obras como La confesión: género literario (1943), Hacia un saber sobre el alma (1950) y Persona y democracia (1958).

La Residencia fue para Zambrano un auténtico umbral —y pocas nociones le fueron tan propias—, la brecha necesaria entre el aula y la polis que le permitió vincular aprendizaje y responsabilidad moral. Allí aprendería que educar significa dar futuro, pero también exigir memoria; que la fidelidad a la verdad puede costar la expulsión o incluso el sacrificio.

No es casual que cuando Antígona clama ante la Harpía que «hay otra Ley, la Ley que está por encima de los hombres y de la niña que llora, como yo lloré» (p. 205), su palabra abandone la esfera del mito para convertirse en logos que interpela nuestro tiempo. Esa palabra es tanto la herencia de una maestra que creyó en que enseñar es preparar para decir No a lo injusto, aun pagando el precio del exilio o del silencio impuesto.

‘La tumba de Antígona’, la escritura del exilio

Ese impulso formativo se concretará en La tumba de Antígona, donde Zambrano retoma el mito clásico para desplazarlo hacia el terreno de la conciencia. La tragedia pasa de centrarse en el enfrentamiento entre leyes para convertirse en la historia de una decisión interior: la elección entre obedecer una norma injusta o mantenerse fiel a la propia verdad.

El gesto de Antígona no es una simple protesta, es la afirmación de una ley anterior a la política, la que protege la dignidad del ser humano y sostiene el recuerdo de quienes han sido relegados al silencio. El conflicto trágico se interioriza y se convierte en una experiencia ética que resuena claramente en la trayectoria vital de Zambrano.

La filósofa abandona España al término de la guerra civil y no regresa para quedarse hasta los últimos años de su vida. Empieza entonces un largo viaje, entre Francia, México, Cuba y Puerto Rico, atravesado por dificultades económicas e inestabilidad política. Tras más de cuarenta años lejos de España, el exilio dejó de ser una circunstancia histórica para convertirse en una forma de vida. Un lugar geográfico y espiritual desde el que escribió buena parte de su obra.

Entre 1964 y 1972, Zambrano reside en Roma y allí toma su forma definitiva La tumba de Antígona. El texto se publica en México en 1967 por Siglo XXI Editores y es el fruto de esa vida nómada y desplazada que su autora había vivido hasta entonces. Inicialmente, no se concibió como pieza destinada a la representación, sino como una obra a medio camino entre el drama y la reflexión filosófica.

Quizás porque la figura mítica de Antígona le permitió a la propia Zambrano repensar cuestiones que atravesaban su propia biografía: la pérdida, el desarraigo, la memoria y la fidelidad a una verdad interior cuando la historia se vuelve inhóspita. Como escribiría en El hombre y lo divino, «la piedad se manifiesta en lenguaje sagrado, que es acción» (p. 206).

Una voz que vuelve, la vigencia de Antígona

En un siglo atravesado por totalitarismos, destierros y genocidios, Zambrano ofrece una Antígona que elige enterrarse en vida con la certeza de que la tumba no es el final del camino. Si la versión sofoclea presenta la grandeza del gesto trágico, la de Zambrano desplaza la mirada hacia el acto íntimo que sostiene nuestra humanidad: enterrar al hermano, preservar la memoria del inocente, sostener la dignidad allí donde la violencia amenaza con borrarla.

En La tumba de Antígona, María Zambrano convierte el mito en una reflexión sobre la reparación, modificando el destino trágico fijado por la tradición clásica. En la tragedia ática, Antígona descendía al límite para dar sepultura al hermano proscrito; en la versión zambraniana, ese descenso es un umbral. La tumba deja de ser clausura y se convierte en el lugar desde el que puede repensarse la historia.

En su reescritura, la protagonista accede a un espacio donde la historia y la voz humana se quiebran, pero también donde la palabra puede renacer. Desde la piedad y el rito, Antígona afirma una ley no escrita que antecede a toda norma política.

Una ética para nuestro tiempo

Al restituir la voz a los vencidos de la historia, Zambrano ofrece una lectura alternativa de la figura femenina. Su Antígona no es mártir política ni heroína trágica, es una conciencia que despierta. Poco importa que ese silencio sea fruto del destierro o de la propia fragilidad humana; el pensamiento zambraniano insiste en que Antígona no muere solo por el hermano; muere por el derecho a la memoria, por la convicción de que toda justicia comienza en la piedad hacia los desposeídos.

La tumba de Antígona no solo reescribe un mito antiguo. Nos propone una ética para nuestro tiempo. Allí donde la memoria se debilita y el vínculo humano se quebranta, Zambrano apunta hacia una lección íntima y universal: no hay comunidad sin duelo, ni justicia sin piedad. Su obra se convierte así en una forma de hospitalidad para los muertos y para los vivos que todavía buscan su lugar en el mundo.

Fuente: nuevarevista.net

Nota:

1      Según el mito clásico, recreado entre otros por Sófocles, la joven Antígona desafía las leyes humanas apelando a las divinas. Durante el asedio a Tebas, había quedado insepulto y sin honras fúnebres el cadáver de su hermano Polinices, por orden de Creonte, rey de Tebas; pero Antígona le dio sepultura, desafiando la prohibición. En castigo, Creonte ordenó enterrar viva en una tumba a la joven, que una vez allí se quitó la vida. 

Publicado por JOQUIVESA en 11:12

23 marzo 2026

Aquilino Polaino: «Nadie puede vivir bien consigo mismo si rechaza a su padre»

Javier García Herrería

En el fondo del discurso de Polaino late una verdad incómoda: buscar una vida cómoda es contraproducente para la felicidad del ser humano.


Cincuenta años de práctica clínica y docencia dan para observar el alma humana en todas sus luces y sus sombras. Aquilino Polaino, referente de la psiquiatría en España y coautor de El arte de casarse y no arrepentirse, reflexiona sobre lo aprendido en estos años sobre la persona, los vínculos y la estructura de la familia en una sociedad que parece haber olvidado el manual de instrucciones del compromiso.

¿Cuáles son los cambios que más le han sorprendido en las cinco décadas en las que ha ejercido su profesión?

ーEn primer lugar, el cambio radical, y casi diría contrario, de lo que era la familia. Me parece que la familia, tal como la conocimos, se nos ha deshecho. En segundo lugar, la inmadurez de la generación de los padres. Me parece un cambio muy sustantivo, casi paradigmático. 

Y, en tercer lugar –aunque ya a más distancia– pondría la situación de la gente joven a partir de la adolescencia: la cantidad de problemas que tienen y la casi absoluta carencia de recursos personales para hacerles frente. Eso hace que se desplomen más todavía y se conviertan en objeto de una enorme incertidumbre, en un contexto donde además faltan políticas juveniles ilusionantes y entusiasmantes, pensadas de verdad para ellos.

A alguien podría parecerle que su diagnóstico se centra sobre todo en lo perdido.

ーNo todo tiempo pasado fue mejor. Yo, por lo menos, en las relaciones sociales que mantengo –con antiguos alumnos, con pacientes que tuve en su día– sigo encontrando puntos aislados, pero que son de un valor enorme. Si comparo a esos jóvenes con los de mi generación, en algunas cosas nos superan claramente.

No me gusta llamarlos “núcleos de resistencia”, pero en el fondo lo son. Abren una esperanza muy real de que el cambio se producirá antes o después. Puede tardar quince o veinte años, pero estoy convencido de que van a acertar. ¿Por qué? Porque son gente muy preparada, muy seria, que participa de valores antiguos, que ha sufrido mucho. Han descubierto un mundo en el que el joven estorba y se le relega al final de la fila ante unos depredadores económicos: mal pagados, con problemas de vivienda, con relaciones hombre–mujer que no funcionan. Y, sin embargo, son fuertes, tienen ilusiones y saben lo que quieren en la vida. Eso, antes o después, tiene que dar la vuelta a la tortilla.

¿Cómo interpreta el fenómeno del   “giro católico” en España?

ーHay muchos factores que han preparado este “giro” que ahora vemos. Uno de ellos es muy humano: la capacidad de hartarse. Llega un momento en que uno se harta, y entonces entra en crisis. El malestar es tan grande que ya no se puede tolerar.

Si a ese hartazgo le añadimos una mínima idea de justicia, la persona empieza a cambiar por sí misma. Ahí se produce el cambio radical. La vuelta a la fe y a los valores religiosos contribuye muy fuertemente a ese cambio, siempre que se cumpla una condición necesaria –aunque no suficiente–: distinguir entre religión y emotividad.

Si se confunden, el resultado será insatisfactorio, un tanto explosivo y lamentable para muchos jóvenes. Porque la religión no puede reducirse a un sentimiento. La fe necesita de la afectividad, la transforma y tiene mucho que ver con ella, pero no se puede identificar con mera afectividad.

¿Lo dice por situaciones concretas, por movimientos recientes, por documentos de la Iglesia?

No lo digo por un texto concreto sino por una dinámica de fondo. Muchos jóvenes que ahora se abren a lo religioso han visto y padecido cómo sus padres pasaban de ser creyentes a una postura agnóstica y de no práctica religiosa. En casos extremos, han visto a sus padres convertirse en apóstatas.

Cuando en ellos reverdece en lo religioso, se encuentran con que aquello que debió serles transmitido como ejemplo y educación no lo fue. Y ahí surge un problema de amor–odio hacia los padres. A veces está justificado, y hay que resolverlo acudiendo al perdón. Otras veces no está justificado, pero también hay que resolverlo, porque si no se cronifica la herida.

Hoy se ve, por ejemplo, en muchas chicas jóvenes: todo lo positivo que encuentran en sí mismas –inteligencia, deportividad, buen corazón– se lo atribuyen a ellas mismas. Lo negativo –pereza, consumismo, falta de laboriosidad– se lo cargan a los padres. Los padres se convierten en chivo expiatorio de todo lo malo. Lo bueno, en cambio, sería un fruto exclusivo del propio mérito. Es un error tremendo.

¿Qué consecuencias psicológicas tiene esa manera de leer la propia biografía?

ーLos padres aceptan a los hijos tal como vienen, sin saber quién va a ser su hijo. El padre no elige al hijo, ni el hijo elige a los padres. Ahí hay una aceptación recíproca apoyada en la psicobiología y en la naturaleza de la condición humana.

Sobre esa base, los padres deben volcarse en la educación humana y religiosa de los hijos, pasar tiempo con ellos y dar ejemplo en cien mil detalles. Y los hijos, por su parte, han de observar sus propios defectos y no proyectarlos en un chivo expiatorio falso que son los padres. Si no, muchos problemas psicológicos se cronifican.

Si una persona no acepta a su padre tal como es y solo lo ve rodeado de defectos que proyecta en sí mismo, cree que daña solo a su padre, pero el que más se daña es él mismo, porque procede de su padre. Si detesta a su padre o vive en una atracción–rechazo permanente hacia él, esa misma dinámica la reproduce consigo mismo. Y nadie puede vivir bien consigo mismo si, al mismo tiempo, se rechaza. 

Al escucharle hablar de heridas juveniles, de cómo se reelabora el pasado familiar, es inevitable recordar a Jordan Peterson. ¿Qué le parecen sus aportaciones y su influencia?

ーCualquiera que tenga experiencia profesional con jóvenes en psicología o psiquiatría habrá percibido fenómenos muy similares a los que describe Peterson. En sociedades donde aproximadamente la mitad de los jóvenes no ha tenido un buen apego con sus padres, crece una generación que nunca se ha sentido verdaderamente segura.

Muchos cuentan que su padre los corregía siempre en público, los humillaba, nunca les daba un gran abrazo, subrayaba solo lo negativo. Esa imagen no reconocida como valiosa genera resentimiento. Y una persona resentida es una persona amargada que busca el desquite mediante la agresividad.

Esa agresividad la emplea contra sí mismo y contra los demás. Puede insultarse a sí mismo y no pasa nada, pero cualquier cosa que le diga otro la vive como una agresión que obliga a pelear. De ahí se pasa a algo muy de moda, alimentado también por ciertas corrientes ideológicas: la victimología. Muchos chavales han descubierto que, si se presentan como víctimas, la política les ofrece subvenciones. Se ha construido una vía de escape a través de la victimización subsidiada.

¿Qué consecuencias sociales tiene esa lógica de la victimización y la subvención?

ーSi yo me declaro víctima –con razón o sin ella– concluyo que la sociedad me debe justicia, y que debe compensar mi dolor con una subvención. Eso forma parte de un gran materialismo ambiental. Pero el victimista no saldrá nunca de esta falsa actitud extendiendo la mano y pidiendo subsidios.

Cuando la relación del ciudadano con la política se reduce a ser una clase subsidiada, dependiente del Estado, la libertad personal se erosiona gravemente. Cada vez hay más víctimas, más subvenciones y más resentimiento y amargura. La gente lo que quiere, en el fondo, es ser libre, y esta dependencia económica permanente no hace a las personas más libres sino más vulnerables a la manipulación.

Por primera vez en décadas, ciertos cambios antropológicos ligados a la transexualidad han encontrado frenos claros en el debate público –en cárceles, baños o deporte mixto–, con un choque entre activismo trans y feminismo. ¿Cree que estamos ante un “hasta aquí hemos llegado” o es solo un paréntesis?

ーCreo que todo estos son frenos lentos, todavía no pueden considerarse una tendencia consolidada. Estamos en una fase de autoconciencia: de darse cuenta de la realidad, de cómo muchas personas han sido manipuladas y llevadas por un camino equivocado, lleno de errores y de gran sufrimiento.

Las señales de cambio existen y vienen, en buena medida, de gente muy capacitada que ha sabido verlas. Eso significa que hemos salido del hermetismo ideológico y dogmático en que vivía casi toda la sociedad. Hay puntos de luz, más espíritu crítico, y lo que hoy son signos incipientes pueden convertirse en tendencia en unos años.

En el campo médico esto es muy claro: el tratamiento hormonal de adolescentes con disforia de género se ha restringido o prohibido en bastantes países, tras constatar que no estaba ayudando realmente a los pacientes.

¿Qué hechos concretos le parecen más significativos en ese cambio de rumbo médico?

ーMuchos equipos médicos han observado que quienes se sometieron a hormonación y cambios quirúrgicos de sexo seguían teniendo, obviamente, el mismo sexo celular biológica, y que sus problemas de fondo no se resolvían. Los seguimientos longitudinales han mostrado tasas elevadas de sufrimiento psíquico grave, incluidos esquizofrenia y el suicidio.

Esto ha actuado como un freno muy fuerte entre los propios profesionales. Un caso paradigmático es la Tavistock Clinic de Londres, durante años referencia mundial en el tratamiento de jóvenes con disforia de género, que ha tenido que cerrar su servicio tras las denuncias de padres de pacientes.

Que una clínica con más de siglo y medio de historia, pionera e influyente incluso para la psiquiatría infantil y juvenil norteamericana, haya dado ese paso, es un aldabonazo para toda la sociedad inglesa y más allá. El hecho de que la hormonización de menores esté hoy prohibida o muy restringida en Inglaterra y en numerosos estados de Estados Unidos indica que la cuestión está empezando a cambiar de fondo. Confío en que, con el tiempo, los colegas que se equivocaron pidan perdón por una mala práctica que muchas veces se ejerció con buena intención, pero con escasa conciencia de sus consecuencias.

Antes de terminar me sugería añadir un tema: el invierno demográfico. ¿Por qué le parece tan importante?

ーPorque es tremendo, y está estrechamente relacionado con mi último libro, El arte de casarse y no arrepentirse, escrito con un chico muy joven. Yo siempre he sostenido que los jóvenes pueden mucho más de lo que creen, y lo he visto empíricamente. El problema es que, como no se conocen, viven en una situación muy extraña.

Se sobreestiman en lo que valen poco y se subestiman en lo que vale mucho. Una chica puede considerarse guapísima (sobrestimación) y, sin embargo, esconder o no valorar que es muy inteligente (subestimación) porque teme ser etiquetada de “empollona”. El chico pone todo el acento en los músculos, cuando jamás será jugador del Real Madrid. Y al mismo tiempo se considera mediocre, estúpido, incapaz de alcanzar grandes metas. Infraestiman su capacidad de audacia, de valentía, de liderazgo, de orientar bien su vida, de tener un proyecto biográfico alto y luchar cada día por él.

¿Los padres comparten esa mirada distorsionada sobre sus hijos adolescentes?

ーMuchas veces sí. También ellos se dejan llevar por clichés y miedos. Creen que tener un hijo adolescente es casi una misión imposible, algo cercano a la supervivencia heroica. Y no es verdad.

La adolescencia es un periodo de transición difícil, porque se estrena la libertad y se multiplican las pulsiones, pero también es una etapa donde el joven se plantea cuestiones humanas y antropológicas que rozan la metafísica. Es un acelerador del cambio radical hacia la madurez.

Eso hay que aprovecharlo. Ni los padres pueden subestimar o despreciar a sus hijos adolescentes, ni los hijos descalificar a sus padres. Sin embargo, se ha extendido un estado de opinión muy erróneo que presenta al hijo adolescente casi exclusivamente como un problema.

¿Cómo conecta esto con el descenso de la natalidad y el miedo a la paternidad?

ーHoy muchos padres potenciales creen que tener un hijo es dejar de vivir bien para vivir mal. Solo ponen en la balanza el esfuerzo, la dedicación, el coste económico. No sitúan en el otro platillo todo lo que un hijo aporta a la familia.

Así, la balanza nunca se estabiliza y crece el temor a la filiación, que en el fondo es temor a la paternidad. Sin hijos no se puede ser padre. Y la paternidad tiene una dimensión biológica y humana, pero también una dimensión espiritual: es hacerse responsable de otra persona que no eres tú. Es precisamente esa responsabilidad la que hace que la gente se “estire”, que mejore, que madure mucho más.

En vez de ver a los hijos como una amenaza para la “buena vida”, habría que verlos como lo mejor que puede ocurrirle a una pareja: un don que se les regala para que lo eduquen, lo quieran, lo protejan, lo avalen y lo formen, sacando de él la mejor persona posible. Y, de paso, para que no se sientan solos nunca más. Cambiar este relato es esencial si queremos revertir el invierno demográfico.

Podría preguntárseles a los progenitores ¿qué sería de los padres sin los hijos? Pues, sencillamente, que trabajarían menos, consumirían más, retrasarían y obstaculizarían su desarrollo personal, entregados a un estilo de vida adolescente e individualista. Iniciarían un sendero hacia el individualismo, a cuyo final está el frío de la soledad y la perplejidad del aburrimiento.

Fuente: omnesmag.com

Publicado por JOQUIVESA en 12:13
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