14 mayo 2026

Ascención del Señor

Solemnidad de la Ascensión. 

Evangelio (Mt 28,16-20)

Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo:

—Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Comentario

Como broche final a su evangelio, san Mateo incluye el “mandato misionero” con el que Jesús envía a los discípulos a evangelizar y bautizar a todas las gentes, porque todos pueden ya beneficiarse de los frutos de la redención. Y en su última aparición, el Señor, “a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de sus ojos” (Hch 1,9), como narra la primera lectura en la liturgia de la solemnidad de hoy.

El mandato misionero del resucitado no va dirigido solo a los primeros discípulos, sino que es tarea y misión para todos: “A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio”, recordaba san Josemaría.

Y decía también que la mayoría de los cristianos debemos “llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y los senderos de montaña”. San Josemaría invitaba por eso a sentir el mandato misionero en primera persona: “Id, predicad el Evangelio… Yo estaré con vosotros…” —Esto ha dicho Jesús… y te lo ha dicho a ti”.

La fiesta de la Ascensión es una buena ocasión para renovar nuestro afán apostólico y el deseo de llevar almas al cielo, donde Jesús glorioso nos espera y que aprendemos de los primeros discípulos. Ellos se enfrentaban a la difícil tarea de cristianizar el mundo entero, plagado de civilizaciones que aún no conocían el evangelio y de ideologías y obstáculos de todo tipo. Pero lejos de desalentarse, los apóstoles estaban llenos de confianza en Jesús resucitado y victorioso, quien les dijo claramente: “se me ha dado toda potestad en el cielo y la tierra” (v. 18), “y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (v. 20).

Como decía el Papa Francisco, “la Ascensión nos recuerda esta asistencia de Jesús y de su Espíritu que da confianza, da seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Nos desvela por qué existe la Iglesia: la Iglesia existe para anunciar el Evangelio. ¡Solo para eso! Y también, la alegría de la Iglesia es anunciar el Evangelio. La Iglesia somos todos nosotros bautizados. Hoy somos invitados a comprender mejor que Dios nos ha dado la gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de hacerlo accesible a la humanidad. Esta es nuestra dignidad, este es el honor más grande para cada uno de nosotros, ¡de todos los bautizados!”.

Por otro lado, nos dice el evangelio que cuando el Resucitado se mostró a los discípulos, “en cuanto le vieron, lo adoraron” (v. 17). Esta actitud reverencial ante el Señor será también nuestra fuerza en la tarea de la evangelización. Dice santo Tomás de Aquino que “lo que admiran mucho los hombres lo divulgan luego, porque de la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12,34)”. Si sabemos adorar al Señor con devoción y agradecimiento, si le damos al Resucitado el homenaje que merece, nuestro testimonio ante los hombres será más auténtico y eficaz, porque brotará de un corazón lleno de Dios, como el de los primeros discípulos y las santas mujeres.

Fuente: opusdei.org


Afrontar la incertidumbre

 Luis Gutiérrez Rojas

Gestionar las emociones y el autocuidado ante lo desconocido.


En primer lugar, Luis Gutiérrez Rojas nos propone un cierto control emocional. Es importante escuchar al corazón, pero no permitir que esa válvula emocional me domine. Cada uno de nosotros tiene que llevar las riendas. Lo importante es que hoy sabemos, que la cognición y los sentimientos van de la mano, de tal forma que nuestros pensamientos están muy unidos a lo que sentimos.

Negar la realidad es absurdo, pero si podemos tener un cierto control emocional para enfrentarnos a esta difícil situación.

Como docentes, nos dice que es importante tener cierta distancia emocional para poder afrontar y ayudar al alumnado. Además, practicar la escucha activa más que hablar. Siendo nosotros quienes llevamos las riendas de la situación.

En segundo lugar, tomar conciencia sobre nuestros pensamientos y distorsiones cognitivas. En este sentido, Luis Gutiérrez nos propone quitar los pensamientos que nos angustien y poner pensamientos que nos ayudan. La clave para esto es, pensar en los demás. Quien está preocupado en los demás, deja de preocuparse por sus problemas.  Por ello es importante controlar lo que viene de fuera, toda la información que nos genera esa emoción negativa nos va a lleva a pensamientos negativos y eso, en ocasiones, a distorsiones cognitivas que nos hacen convertirnos en profetas del malestar. Tenemos que intentar cambiar esta dinámica y pronosticar el bien.

Para ello nos preguntamos ¿de qué hablamos? ¿en qué pensamos ¿qué decimos? Lo que yo tengo dentro, es lo que yo transmito por ello tenemos que poner el foco en lo positivo.

“Si uno está consumiendo todo el tiempo cosas que le angustian, es imposible que tenga paz”

Las personas con cierto equilibrio emocional se centran en el aquí y el ahora, es imposible predecir el futuro y por ello lo ideal es centrarnos en tener un presente creativo y que se base en ayudar a los demás.


Por último, Gutiérrez Rojas nos da algunas ideas sobre la voluntad y la necesidad de cuidarnos a nosotros mismos para poder cuidar a otros.

Es importante cuidarse sobre todo en momentos de estrés o angustia. Esto pasa por tener un horario donde incluyamos tiempo para todo (trabajo, descanso, ocio, deporte…). De esta manera evitaremos entrar en bucle y estar pensando todo el rato en lo mismo, de ahí la importancia de desconectar.

Otro aspecto esencial es distanciarse, no llevarse los problemas del trabajo a casa para tener un buen descanso y desconexión.

Además, aprovechar esta situación para hacer cosas que nos gusten con los nuestros, la situación es mala, pero intentemos ver algo bueno, como, por ejemplo, mejorar la relación con los demás, pasar más tiempo en familia, hacer cosas que nos gusten o jugar, descansar y desconectar a través del juego.

Aprovechemos esta oportunidad, cuidando nuestros pensamientos, regulando nuestras emociones y centrándonos en cuidar y querer a los demás.

Puede ver su intervención en la II Reunión de Red de Centros Educación Responsable del Curso 2020/21 aquí.

Fuente: educacionresponsable.org

Jesús Higueras: cómo rezar en los malos momentos

Francisco Otamendi

Parece fácil rezar cuando todo va bien. Pero la experiencia dice que nos acordamos más de Dios cuando las cosas van mal. ¿Cómo rezar en estos momentos? El párroco de Caná, Jesús Higueras, lo explica con frases gráficas: “Dios no ha bajado a la Tierra de turista”, o “el sufrimiento no es una maldición”.

“Me acuerdo que en la puerta de una iglesia, preguntaba a una mujer: tú a qué vienes, y ella contestaba: a pedir, a pedir. Que apruebe mi hijo, que se cure esta persona. Casi nadie dijo: vengo a dar gracias”. “Cuando nos visita el misterio del dolor, cuando vienen el sufrimiento y el dolor, uno se pregunta muchas cosas”. 

Así comienza el párroco de Santa María de Caná, Jesús Higueras (Madrid, 1963), una reflexión sobre el sufrimiento, la enfermedad, la contradicción, en una conversación con Mater Mundi TV

.No es de ahora, pero la hemos rescatado, porque estamos ante un asunto capital, del que se hizo eco, por ejemplo, san Juan Pablo II, en el libro ‘Cruzando el umbral de la esperanza’. El Papa polaco respondía a una pregunta del periodista y escritor italiano Vittorio Messori, recién fallecido, que tiene gran similitud a lo que comenta don Jesús Higueras.

Messori ponía sobre la mesa cómo se puede seguir confiando en “Dios, que se supone Padre misericordioso, (…), a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte”. Y san Juan Pablo II decía que “el escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento”. 

¿”Por qué Dios permite este sufrimiento?”

Reflexiona el párroco Jesús Higueras: “¿Por qué Dios siendo Padre y siendo bueno permite este sufrimiento? ¿Por qué si dice que está pendiente de mí, cómo es que a mi hija le ha pasado esto, mi familia se ha roto, o yo me estoy muriendo?”.

“Son momentos en los que te entra miedo e inseguridad, porque has perdido el control de tu vida. Es un momento, además, en el que no eres capaz de soportar el dolor, y es un dolor que te supera con mucho”.

Jesucristo en la cruz se hizo tan solidario de nuestro dolor que llegó a decir: ‘Dios mío, por qué me has abandonado’, como diciendo: me identifico con todos aquellos que en su cruz y en su dolor no sienten cercano a Dios. 

Es la prueba: “eres mi Amigo también en los momentos malos”

Jesús Higueras prosigue: “Hay mucha gente que cuando está sufriendo, dice: es que no sé si rezar me ayuda, porque siento a Dios muy lejos. Es el momento de la prueba. Es el momento de decir: bueno, Señor, no eras mi amigo solo para los momentos buenos, eres mi amigo también para los momentos malos”.

Y pone el ejemplo de una mala temporada, en la que llamamos a un amigo, me desahogo con él, me apoyo en él… “Si yo realmente lo tengo como un amigo, me quiero apoyar en él”.

Jesús experimenta cada gota de dolor humano

Entonces, ¿cómo se reza cuando tú lo estás pasando muy mal en la vida?, pregunta Jesús Higueras, ordenado sacerdote en 1990. 

“A mí, lo que me ha ayudado, y lo que he visto es esto: Jesús lo que hace en la cruz es experimentar en su corazón cada gota de dolor que cada ser humano ha experimentado en la historia de la humanidad. La cruz de Cristo somos nosotros. Si yo sufro, Cristo sufre, si a mí me pegan, a Cristo le pegan…” 

Lo dice el Evangelio: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo, estuve en la cárcel, estuve enfermo…¿Cuándo, Señor? Cada vez que le pasaba esto a…., me estaba pasando a Mí”.

“Jesús, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas”

“La cruz de Jesús somos nosotros”, añade el párroco Higueras. “Por tanto, cuando yo estoy sufriendo…, si yo tengo un tumor, le digo a Jesús, Jesús, este tumor lo tienes tú también, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas.  Sólo me puede comprender aquél que ha pasado por lo mismo que yo. A una madre que ha perdido un hijo sólo le puede comprender otra madre que ha perdido un hijo, a una persona que le deja el amor de su vida.., una persona que tiene una enfermedad que te da mucha sed, sólo te puede comprender otra persona que haya pasado por lo mismo…”.

Quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos

“Porque Dios es amor y porque Dios comprende, para comprendernos se hizo humano, y quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos. Y claro, cuando sufrimos y miramos a la Cruz, Jesús nos dice, pero vamos a ver, si estoy sufriendo contigo, si lo que te duele a ti, me duele a Mí, lo que te pasa a ti me pasa a Mí, tu dolor es mi dolor, y no es ni más ni menos”. Así reflexiona, reza, Jesús Higueras.

“Dios no ha bajado a la Tierra de turista”

Efectivamente, “te encuentras con un Dios que no ha bajado a la Tierra de turista, para decir, chicos, que os quiero mucho, que cuando vengáis al cielo ya os lo arreglaré todo. Sino que, porque os quiero mucho, bajo a la arena por vosotros, me hago solidario de vuestro destino. 

Si pasas hambre, el hambre que pasas, Yo lo pasaré; si duermes en el suelo, yo dormiré; la comida que te den, la tomaré yo; el dolor que tengas lo tendré yo; tu disgusto será mi disgusto…, “porque todo eso, lo transforma en la Cruz en un espacio de redención y de salvación”.

Amargados por el dolor, algunos se alejan de Dios

Hay personas que el dolor les destruye, les amarga, son personas que la vida se les rompe en mil pedazos, y no saben cómo recogerlos. Y el dolor se convierte en una causa de escándalo y de alejamiento de Dios.

Pero hay otros que “miran al Crucificado, y se ponen a los pies de la Cruz, y miran a Jesucristo, con sangre, con espinas, pero no solamente el dolor del cuerpo de Cristo, sino el dolor del alma de Cristo… Y Cristo experimenta en su corazón cada instante de dolor de cada criatura humana”.

“Si quieres, te puedes convertir en corredentor”

“Entonces encuentras un consuelo, una fortaleza, una razón para tu sufrimiento”, subraya don Jesús. “Porque si quieres, te puedes convertir en corredentor, y por tanto tu sufrimiento ya no es un absurdo, un Dios que se ha olvidado de ti, que se te deja ahí sufriendo porque te ha tocado en la lotería de la vida la bola negra…, sino que Dios te está pidiendo que subas la Cruz con Él, y que ofrezcas ese dolor tuyo unido al suyo. Porque entonces, si lo unes al suyo –esto es un don del Espíritu Santo, no es tan fácil–, pero si te acuerdas de unir tu dolor al suyo, entonces tu dolor se convierte en redentor”.

Cuando uno está con un disgustazo, cuando uno está enfermo, cuando uno está solo, cuando uno no saber qué hacer, va concluyendo el párroco de Çaná, “hay que ir al pie de la Cruz, y decir: Señor, Tú estás ahí por mí, Tú estás pasando lo que paso yo, Tú saliste adelante, y yo, apoyado en Ti, también pienso salir.”.

“No todo termina en la Cruz”. “El sufrimiento no es una maldición”

Las palabras finales de Jesús Higueras resuelven todas las incógnitas. 

“Lo decimos en el Credo: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y fue crucificado por nuestros pecados. ¡Y resucitado! La esperanza es que no todo termina en la Cruz.

Decía san Pablo, es doctrina segura. ‘Si con Él sufrimos, reinaremos con Él’.

Si Dios permite que en mi vida me golpee el sufrimiento, concluye don Jesús, “es que Dios de algún modo, quiere que ese sufrimiento se convierta en gloria, para mí, y para los que amo: para tus hijos, para tus padres, para tu familia…

“Por tanto, desde que Cristo subió a la Cruz, el sufrimiento no es una maldición. El sufrimiento es un espacio para encontrarse con Dios, y para crecer en el amor”.

Fuente: omnesmag.com


La humildad en la dirección de empresas

Antonio Argandoña

El liderazgo silencioso: por qué la virtud es la clave del éxito directivo

La humildad nos lleva a conocernos como somos (“humildad es andar en verdad”, decía Santa Teresa de Ávila). No deja que nos engañemos resaltando nuestras capacidades y realizaciones, ni subrayando nuestras deficiencias. Nos ayuda a valorar a los demás por lo que son, sin rebajarlos ni ensalzarlos, porque no planteamos las relaciones como una competición que afecta a nuestro ego. Nos abre a la opinión de los otros, que nos ayuda a conocernos mejor. Pensemos en el comportamiento de un directivo humilde en un equipo de trabajo: cómo escucha a los demás (que deben tener algo bueno que decir, ¿no?), cómo sopesa sus opiniones, cómo les anima a aportar, cómo delega, cómo admite sus errores y cómo asume los errores de su equipo, cómo reconoce los méritos de su equipo cuando llegan los éxitos…

Sí, un directivo humilde será, probablemente, un buen directivo. Claro que las vías por las que esto se pone de manifiesto son demasiado personales, de modo que, por ejemplo, no me parece correcto decir que un directivo humilde tendrá mayores beneficios; esto puede ser asi, o no, y la calidad profesional, humana y moral del directivo no depende de la cuenta de resultados. Ni de la opinión de los demás.

En el articulo ofrezco algunas ideas para desarrollar la capacidad de ser humilde. Y llego a una conclusión que siempre me ha parecido importante al tratar de las virtudes: solo el que se atreve a lanzarse a practicarlas entenderá por qué son buenas para él, para los demás, para la empresa y para la sociedad. Mientras uno siga mirando las cotizaciones de la bolsa como criterio de éxito, o mientras uno siga pensando en cómo le valoran los demás como lo más importante para su carrera, más difícil le resultará entender por qué ha de ser humilde. A lo más, buscará aparentar ser humilde… y el fracaso está servido.

Fuente: Blog de Economía, Ética y RSE

13 mayo 2026

Los documentos del Concilio Vaticano II

  El Papa en la Audiencia General

 II. Constitución dogmática Lumen gentium. 9. La Virgen María, modelo de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

El Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cfr Lumen gentium, 52-69). Ella «proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad» (n. 53). Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la comunidad eclesial.

Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo. En cuanto que, además, es la creyente por antonomasia, donde se nos ofrece la forma perfecta de la apertura incondicional al misterio divino en la comunión del pueblo santo de Dios, María es miembro excelente de la comunidad eclesial. En cuanto que, finalmente, genera hijos en el Hijo, amados en el eterno Amado venido entre nosotros, María es madre de toda la Iglesia, que a Ella puede dirigirse con filial confianza, en la certeza de ser escuchada, custodiada y amada.

Se podría expresar el conjunto de estas características de la Virgen María hablando de Ella como de la mujer icono del Misterio. Con el término mujer se evidencia la concreción histórica de esta joven hija de Israel, a quien se le ha dado la extraordinaria experiencia de convertirse en madre del Mesías. Con la expresión icono se subraya que en Ella se cumple el doble movimiento de descenso y ascenso: en Ella resplandecen tanto la elección gratuita por parte de Dios, como el libre consentimiento de la fe en Él. María es por tanto la mujer icono del Misterio, es decir del diseño divino de salvación, en una época oculto y revelado en plenitud en Jesucristo.

El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen gentium, 60-62). Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cfr 1 Tm 2,5-6) y que su Madre Santísima «no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder» (LG, 60). Al mismo tiempo, «la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia» (ibid., 61).

En la Virgen María se refleja también el misterio de la Iglesia: en Ella el pueblo de Dios encuentra representado su origen, su modelo y su patria. En la Madre del Señor la Iglesia contempla el propio misterio, no solo porque se reencuentra el modelo de la fe virginal, de la caridad materna y de la alianza esponsal, a la que está llamada, sino también y sobre todo porque reconoce en ella el propio arquetipo, la figura ideal de lo que está llamada a ser.

Como se puede ver, las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia y a servir en ella al cumplimiento del Reino de Dios que está por venir y que se realizará plenamente en la gloria.

Dejémonos pues interpelar por tal modelo sublime que es María, Virgen y Madre, y pidámosle a Ella que nos ayude con su intercesión a responder a cuanto se nos pide a través de su ejemplo: ¿vivo con fe humilde y activa mi pertenencia a la Iglesia? ¿Reconozco la comunidad de la alianza que Dios me ha donado para corresponder a su amor infinito? ¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?

Hermanas y hermanos, el Espíritu Santo, que descendió sobre María e invocado por nosotros con humildad y confianza, nos done vivir plenamente estas realidades maravillosas. Y, después de haber profundizado en la Constitución Lumen gentium, pidamos a la Virgen que nos conceda este don: crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia. ¡Así sea!
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Saludo del Santo Padre

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a nuestra Madre Santísima que interceda por nosotros para que, como ella, vivamos con fe humilde, obediente y operante nuestra pertenencia a la Iglesia. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído en español por el Santo Padre 

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy la dedicaremos a meditar en la particular relación que existe entre la Virgen María y la Iglesia, expresada en el último capítulo de la Constitución conciliar Lumen gentium. En efecto, María, dócil a la acción del Espíritu Santo, es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser; ella, con su incondicional apertura al misterio divino, es también miembro excelente de la Iglesia, porque es la creyente por antonomasia; y en cuanto a que genera hijos en el Hijo, María es madre de toda la Iglesia, la cual se puede dirigir a ella con confianza filial, y con la certeza de ser escuchada y amada.

La Iglesia, consciente de que el único Mediador del misterio de la salvación es Jesucristo, reconoce que la figura de su Madre Santísima, lejos de oscurecer este misterio, lo ilumina; pues es la Virgen María quien, por un designio divino, con obediencia y con fe cooperó de manera singular en la obra del Salvador (cf. LG 60-61).

Fuente: vatican.va

El ingeniero de la sonrisa eterna: Álvaro del Portillo y su 'receta' de tres palabras para alcanzar el cielo

María Rabell García

Como ingeniero, sabía que un puente solo se sostiene si sus apoyos son firmes. Como hombre de Dios, Álvaro del Portillo (1914-1994) comprendió además que una de las mayores infraestructuras que podía construir en su vida era tender puentes entre el hombre y Dios, apoyándose en un componente invisible pero esencial: la gracia.

En el mundo de la ingeniería, un error de cálculo puede ser fatal; en la vida de don Álvaro, el cálculo siempre daba el mismo resultado: fidelidad. Bajo su apariencia de hombre 'esquemático', latía un corazón que nunca tuvo una queja o una crítica, ni siquiera en los momentos de mayor dificultad. Su secreto no estaba en su brillante currículum, sino en su confianza total en la gracia, sabiendo que Dios podía hacer en él mucho más de lo que su mente de ingeniero era capaz de imaginar.

La alegría de recibir la gracia de Dios

Todo comenzó un 12 de mayo, el día de su Primera Comunión. Aquel niño que salió del confesionario con una «paz y una alegría muy grandes» no sabía entonces que esa sería la tónica de toda su existencia. Esa piedad ingenua y sencilla se convirtió en su motor: durante más de 60 años no faltó ni un solo día a su cita con la Eucaristía, describiéndola siempre como una «caricia de Dios».

De hecho, muchos años después, al ser preguntado por cuáles habían sido las mayores alegrías de su vida, respondió con que su mayor felicidad era «recibir la gracia de Dios»: «Cada vez que el Señor me perdona en la Confesión, cada vez que viene a mí en la Comunión».

Tras cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar de Madrid, Álvaro del Portillo ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, donde concluyó sus estudios en 1941. Durante esos años desarrolló también una intensa actividad profesional en distintas entidades estatales. Su inquietud intelectual le llevó, además, a ampliar su formación académica estudiando Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia.

Un código de vida: «Gracias, perdón, ayúdame más»

El 7 de julio de 1935 fue el día en que el ingeniero decidió dar el salto definitivo. Tras un retiro espiritual, se entregó a Dios en el Opus Dei. No fue un camino de rosas, pero sí de una «fidelidad indiscutible». Álvaro se convirtió en la roca en la que se apoyó san Josemaría Escrivá. De hecho, el fundador de la Obra decía de él que su heroísmo era de esos que parecen «cosa ordinaria» y destacaba, por encima de todo, su «lealtad incomparable», siempre acompañada de una sonrisa.

A pesar de sus inmensas capacidades intelectuales y su papel como primer sucesor del fundador y primer prelado del Opus Dei, don Álvaro mantenía el corazón de un niño. Su secreto para no perder el norte en medio de sus responsabilidades en la Iglesia —que incluyeron ser perito en los trabajos de varias comisiones del Concilio Vaticano II, obispo y pastor de miles de personas— era una jaculatoria que repetía siempre: «Gracias, perdón, ayúdame más».

Para él, estas palabras eran el resumen perfecto de la existencia humana: gratitud por lo que recibimos sin merecerlo, reconocimiento de nuestra debilidad y la petición de fuerza para seguir adelante. Era el manual de instrucciones de un ingeniero que sabía que, sin la ayuda del Padre, cualquier estructura en la vida de un hombre acaba por derrumbarse. «Son palabras que están entre las primeras que enseñan las madres a sus hijos pequeños. Pidamos a Dios ese corazón de niños que se saben realmente incapacitados sin la ayuda de su padre», decía.

El pastor que no sabía quejarse

Quienes le conocieron coinciden en que su presencia transmitía una serenidad contagiosa. Como prelado, fue un «siervo fiel y prudente» que buscó siempre lo que une y construye. En un mundo dado a la crítica fácil, don Álvaro destacaba por su ausencia de quejas: incluso en los momentos más difíciles, su respuesta era siempre el perdón y la caridad sincera.

Hasta el final, su único deseo fue crecer en ese amor, como expresó con sencillez en una de sus peregrinaciones: «Te amamos, pero queremos amarte más». Fue el epílogo perfecto para una vida que demostró que la madurez de un hombre se mide por su capacidad de seguir siendo un niño ante Dios, repitiendo con sencillez y amor: «Gracias, perdón, ayúdame más».

Fuente: eldebate.com

12 mayo 2026

«Sin verdad no se puede vivir en democracia»

Pedro Silverio

Javier Cremades (Ceuta, 1965) es Doctor en Derecho Constitucional y dirige el despacho Cremades & Calvo Sotelo, uno de los más prestigiosos de España. En tiempos en los que la legalidad internacional y nacional tantas veces se ve violentada desde los poderes políticos y económicos, ha publicado ‘Sobre el Imperio de la Ley’ (Galaxia Gutemberg, 2025), un alegato de la primacía de la justicia y el derecho para conservar las democracias y el Estado de Derecho que tantas satisfacciones nos han garantizado. Y lo hace de manera didáctica y sencilla, porque como señala, «el objetivo no es la democracia, sino la dignidad de las personas».

Sacar un libro reivindicando el Imperio de la ley con un prólogo de un magistrado del Supremo norteamericano suena casi a provocación en estos tiempos. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué busca transmitir con ella?

Este libro nace de un proceso de escucha de seis años como presidente de la World Jurist Association, lo que me ha permitido entender las preocupaciones y la sensibilidad de personas que lideran instituciones jurídicas clave en todo el mundo. El libro se nutre de conversaciones con líderes mundiales que han promovido el estado de derecho desde la ejemplaridad. Respecto al prólogo, es obra de una de las personas que más me ha inspirado, considerado uno de los juristas vivos más significativos del mundo. Aunque admiro profundamente la cultura jurídica norteamericana, mi formación es de tradición alemana, por lo que también ha sido un orgullo que el presidente del Tribunal Constitucional alemán haya querido participar en la provocación que supone este libro. He aprendido mucho de estas figuras que ven en el estado de derecho el pilar fundamental de la convivencia.

El Imperio de la ley es la base del estado de derecho, pero a menudo vemos que las democracias liberales actúan de forma cuestionable en el plano internacional. ¿Se puede defender la ley con actuaciones como la detención de Maduro o los ataques a Irán? ¿Eso ayuda a defender el imperio de la ley o lo menoscaba?

Ese es un gran dilema ético y jurídico que implica vivir dentro del imperio de la ley. Las democracias quieren defender y exportar su sistema porque es el ideal, pero cuando se utilizan procedimientos que no son propios del estado de derecho, como se ha visto en algunos intentos de solución a la tiranía venezolana, surge una inquietud legítima. Por un lado, tenemos el debate jurídico interno en Estados Unidos sobre la licitud de estas acciones, que probablemente llegará al Tribunal Supremo. Por otro lado, está el derecho internacional, donde claramente se han vulnerado normas. Sin embargo, también existe un debate de derecho natural: muchos venezolanos, de todas las ideologías, ven reconocidas sus aspiraciones de justicia con la detención de Maduro. Aunque millones de personas puedan estar satisfechas con resultados que parecen un «tiranicidio», debemos intentar solucionar los problemas dentro del respeto a las reglas internacionales. No es la fórmula ideal recurrir a la intervención militar para crear nuevas dinámicas políticas.

«Debemos intentar solucionar los problemas dentro del respeto a las reglas internacionales»

En su libro comenta que la arbitrariedad es una señal de alarma. Si un estado se vuelve arbitrario, ¿podemos dar por muerta su democracia?

La arbitrariedad es lo contrario del gobierno de las leyes. El imperio de la ley nos ofrece la certeza de la aplicación de la Constitución, mientras que la arbitrariedad es propia de quien ejerce el poder a su antojo y sin límites. Cuando un estado se vuelve arbitrario, la democracia se resiente profundamente y ya está tocada de muerte.

Estamos viendo ataques constantes al estado de derecho en Cataluña, el Asalto al Capitolio, Brasil o las guerras actuales. ¿Por qué estos ataques vienen muchas veces de los propios actores democráticos?

Este libro intenta concienciar de que los ataques a veces no vienen de fuera, sino de dentro. Podemos ser los propios ciudadanos los que, sin pretenderlo, estemos socavando y deteriorando el estado de derecho que nos protege. Para protegerlo, hay que entender cómo funciona este organismo vivo y fomentar la adhesión de toda la comunidad. Debemos luchar contra la polarización, el ataque a la verdad y a la independencia judicial. Se requiere una actitud cívica responsable y una adhesión moral a las reglas del juego.

«Cuando un estado se vuelve arbitrario, la democracia ya está tocada de muerte»

Usted señala al populismo como una gran amenaza, pero este suele surgir del cansancio por las promesas incumplidas de la propia democracia. ¿Qué podemos hacer ante este escenario?

Como decía Hannah Arendt, las masas neutrales que parecen no pertenecer a nadie pueden ser seducidas por el populista. Si las democracias se vuelven disfuncionales, la gente optará por otros sistemas y perderemos las grandes conquistas de la libertad. Estamos en un mundo donde parece que las autocracias, como China o Rusia, funcionan mejor y sus ciudadanos se muestran orgullosos de ellas. Necesitamos recuperar el orgullo, la conexión y la adhesión entusiasta a nuestro propio sistema.

Respecto a la ley como garante, en España se pasó «de la ley a la ley» para demoler el franquismo. ¿Existe el riesgo de que se use ese mismo camino legal para vaciar la democracia, como hizo Chávez o la Alemania de 1933?

Ese es el gran peligro contemporáneo. La destrucción de la democracia ya no viene por revoluciones o golpes militares, sino por una transición lenta y una mutación silenciosa. Se van vaciando de contenido el control del poder, la división de poderes y la independencia judicial sin que salten las alarmas. Se saquea el sistema por dentro manteniendo una «túnica democrática» y una apariencia de estado de derecho cuando, en el fondo, este ha dejado de existir porque el poder se ha impuesto al derecho y se ha olvidado la dignidad de la persona.

«Necesitamos recuperar el orgullo, la conexión y la adhesión entusiasta a nuestro propio sistema»

Habla del poder de las instituciones, pero estas están formadas por personas. En el asalto al Capitolio, la actitud de Mike Pence fue determinante. ¿Depende todo de la heroicidad individual?

La actitud personal de cada uno es fundamental, pero no solo la de los que mandan. Mike Pence se la jugó ante un presidente muy agresivo y su papel fue decisivo, pero esa actitud debe ser compartida por la mayoría social. En España, por ejemplo, tenemos la tradición de incumplir los plazos en la renovación de órganos como el Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial. Si los ciudadanos fuéramos más exigentes e intolerantes ante estos incumplimientos, ninguna fuerza política se atrevería a hacerlo. Necesitamos un civismo democrático donde el incumplimiento de las reglas sea inaceptable.

¿Qué posibilidades reales tienen los ciudadanos de penalizar esos comportamientos más allá del voto cada cuatro años?

Tienen el poder de la opinión pública. El ciudadano influye con su participación en el debate colectivo y con su capacidad de crear una conciencia colectiva. Los ciudadanos son la pieza clave para que el sistema funcione correctamente.

«El ciudadano influye con su participación en el debate colectivo y con su capacidad de crear una conciencia colectiva»

En el libro afirma que no existe el «derecho a la mentira». Sin embargo, la desinformación parece una batalla perdida que socava la credibilidad institucional. ¿Cómo luchar contra esto?

Así es. No se puede vivir en común, ni en libertad, ni en democracia sin acceso a la verdad y a los hechos. La manipulación de los hechos está destruyendo la convivencia. Hay tres «agujeros negros» donde se pierde el sistema de libertades: la pérdida de la verdad, el ataque a los jueces —que son frágiles para defenderse de campañas orquestadas— y la altísima polarización. La polarización nos impide ver el bien común o la inteligencia en quien piensa diferente; la democracia siempre fue compartir el espacio público de manera inclusiva.

¿Cree que las plataformas digitales deberían ser responsables del contenido que publican, especialmente cuando sus algoritmos premian la confrontación?

Es un tema muy controvertido. Los algoritmos de estas plataformas potencian la confrontación porque genera más tráfico y, por tanto, mayor valor para la compañía. Generan beneficios en un mundo donde se potencia la confusión. Por ahora, el Tribunal Supremo —en una decisión que creo que debería revisarse— ha dicho que no pueden ser considerados editores tradicionales y que no son responsables de los contenidos si cumplen con ciertas obligaciones de moderación. Esta situación impide que se entienda la verdad y fomenta un sistema de relativización peligroso.

«La Constitución es la frontera que protege contra el abuso de poder»

Usted señala la tríada de Democracia, Constitución y Libertad como la base de nuestros sistemas. ¿Cuál es el eslabón más vulnerable hoy en día?

El eslabón más débil y, a la vez, el más importante es la Constitución. A veces parece una simple norma, pero es el gran instrumento protector y la pieza clave. La democracia es solo un procedimiento, una fórmula que respeta la soberanía popular, pero el fin último es la dignidad de la persona y la libertad. La Constitución es la frontera que protege contra el abuso de poder.

Para proteger la Constitución, ¿debería ser un objeto intocable o debe adaptarse?

Si la Constitución se petrifica, se vuelve inservible. Debe adaptarse a las necesidades sociales y a la evolución del derecho para servir a las generaciones futuras, siempre respetando sus contenidos esenciales. La Constitución española es poco flexible y requiere grandes consensos para ser reformada, lo cual me parece bien porque exige un acuerdo similar al que le dio origen. No es una roca, pero el proceso para cambiarla es muy garantista, exigiendo mayorías parlamentarias y referéndum. Creo que hay cuestiones que deben ser reformadas, pero siempre a través de ese consenso.

Fuente: ethic.es


11 mayo 2026

Cuando seguir a Cristo se convierte en una fiesta

Juan Luis Selma

 Hace poco estuve en la ceremonia de los votos perpetuos de un amigo. Comentando lo bien que lo había pasado y lo feliz que le veía junto a todos sus jóvenes hermanos, me preguntaron qué caracterizaba a esos frailes. Me salió del corazón decir que su fidelidad y entrega, unidas a una gran alegría. Uno podría pensar que seguir a Jesús es un poco “rollo”, pero la realidad es justo la contraria.

Mientras esperaba, escuché a un chico hablar por teléfono con un amigo. Estaban planeando salir, y el otro le dijo que antes quedarían en su casa para beber, así gastaban menos y se “entonaban” mejor. Por una parte, bien por la economía; pero no deja de ser triste que unos jóvenes necesiten beber para alegrarse.

El salmo de la misa de hoy dice: "Venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo". Cuando uno se encuentra con Dios, la vida cambia: es pasar de las tinieblas a la luz, del blanco y negro al color. Como decía Benedicto XVI, Dios no quita nada y lo da todo. La tónica general de los conversos, de quienes han visto la luz, es siempre la alegría y el agradecimiento.

¿Qué caracteriza el seguimiento de Cristo? Hace poco escuché en Diez minutos con Jesús una poesía de Madeleine Delbrêl que lo expresa magistralmente:

"Señor, haznos vivir nuestra vida,

no como un juego de ajedrez

donde todo está calculado;

no como un partido donde todo es difícil;

no como un teorema que nos rompe la cabeza.

Sino como una fiesta sin fin

donde se renueva tu encuentro,

como un baile, como una danza,

entre los brazos de tu Gracia,

con la música universal del amor.

Señor, ven a invitarnos".

Seguir a Cristo no es cumplir normas por cumplir, ni hacer cálculos para ver qué ganamos, ni un “más difícil todavía”. Es un deslumbramiento, un enamoramiento que da alas, que renueva la energía, que eleva. Es un baile en manos de la gracia: no una danza reglada, medida paso a paso, sino pura espontaneidad, dejar que la melodía interior —el Espíritu— marque el ritmo.

Por eso entristecen tanto las rigideces que a veces acompañan un mal seguimiento de Cristo, igual que entristece la superficialidad de quedarse solo en los sentimientos. Hace poco pude ver los daños del último temporal en el campo: muchos pinos arrancados —algunos casi centenarios—. Junto a ellos, altas palmeras y otros árboles seguían en pie: los que tenían raíces profundas y, a la vez, flexibilidad.

"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos", dice Jesús. No se trata de cumplir por cumplir, sino de amar a una Persona, a alguien concreto: a Él. Cuando nos cansamos de ir a misa, cuando los mandamientos nos parecen pesados, cuando pensamos que la Iglesia está anticuada… quizá es señal de que aún no hemos descubierto quién es Cristo.

A veces tenemos una imagen prefabricada de Dios, muchos prejuicios y bastante ignorancia. Como dice la canción: "Es imposible conocerte y no amarte; es imposible amarte y no seguirte. Me has seducido, Señor". Un paso necesario es formarnos bien: estudiar la Palabra de Dios, la doctrina de la Iglesia, el sentido de la liturgia, la moral católica. ¿Qué nota sacaríamos si nos examinaran de estas cuestiones?

Hoy corremos el riesgo de la superficialidad, de conocer las cosas de oídas. La ignorancia es uno de los mayores enemigos de la fe. Dicen que los pinos son vulnerables a las tormentas porque tienen raíces superficiales. El conocimiento profundo, el estudio, no están reñidos con la fe: la teología es, precisamente, la fe que busca comprender.

La rigidez y la cosificación de la vida cristiana, igual que el sentimentalismo o el interés, nos apartan de la Verdad, que es Jesús.

Decía san Juan Pablo II: "En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis en la felicidad; es Él quien os espera cuando nada de lo que encontráis os satisface; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar por el conformismo; es Él quien os empuja a quitaros las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar".

Fuente: eldiadecordoba.es