18 junio 2026

Por la belleza hacia Dios

Benigno Blanco Rodríguez

FotoRuta interesante proyecto editorial de JdeJ Editores (cfr. foto ruta.com), ha puesto en el mercado en 2026 un libro que me ha ayudado mucho a educar mi mirada, me ha conmovido y me ha llevado a encontrar las huellas de la mirada de Dios en situaciones de lo más cotidianas y normales. Se trata de Escritas en luz. Espiritualidad en blanco y negro, de Bert Daelemans, jesuita, pianista, ingeniero-arquitecto y teólogo, director de la cátedra de Arte y Trascendencia en la Universidad Pontificia de Comillas. Esta obra consiste en una publicación (de alta calidad) de 30 fotografías a doble página y en blanco y negro, de profesionales de reconocido prestigio, que reflejan situaciones cotidianas; fotos comentadas por Daelemans una a una en texto breve, de cuatro a siete páginas. Como escribe el editor (pág. 15) esta obra “es una invitación a mirar de nuevo, mejor, más hondo”, pues cada fotografía comentada por el autor permite “sugerir sentido, rozar lo invisible, levantar el velo de los sentidos, hacernos presentir que, en lo mundano, se esconde algo que nos apela” (pág. 14).

Hay un gran amor al ser humano en la mirada de Daelemans y, creo, una manifiesta confianza en que la belleza -también la fotográfica- es camino hacia Dios. Al engolfarme en esta obra han resonado en mi alma las palabras de San Josemaría oídas en mi juventud y muchas veces meditadas: “Hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno descubrir”.

El autor califica su obra como “ensayo fotográfico” (pág. 21); es una invitación a tomarse un tiempo ante cada fotografía, siendo la pretensión del autor que sus palabras no sean más, ni menos, que “meras notas a pie de página”. Pero esas notas son de un gran valor pues invitan a mirar una vez y otra la fotografía que comentan para descubrir en ella todo aquello que Daelemans ve y el lector -al menos yo- no había visto hasta que nuestro autor me ha obligado a volver a mirar, a contemplar de nuevo, la fotografía. De la mano del autor he vuelto una vez y otra a cada fotografía para abrir mis ojos a lo que mi torpe mirada había pasado por alto en mi primera ojeada. Por eso puedo decir que este libro me ha educado la mirada; y confío en que al mirar la realidad sepa también mirar lo cotidiano que me rodea con la misma mirada contemplativa que Daelemans manifiesta en sus “notas a pie de página”. Este libro es una obra de arte y una ayuda para saber mirar no solo el arte que cada fotografía supone, sino también la realidad que reproduce; y, de paso, la realidad con la que me encuentro a diario, preñada de sentido espiritual.

Ya desde la primera de las 30 fotografías, Saltando al agua, de Peter Keetman, aprendemos con el autor a mirar viendo más que el hecho físico que el fotógrafo refleja primariamente, para fijarnos en luces y sombras y en detalles significativos que a la primera mirada superficial pueden pasar inadvertidos. Y también desde esta primera foto y el correspondiente comentario del autor, aparece esa apertura a lo sobrenatural a la que Daelemans nos invita con frecuencia y naturalidad una vez y otra. Así al desgranar la imagen de una mujer saltando al agua, nuestro autor desliza este comentario: “la vida es como esta agua: esconde, fascina, atrae. Saltar es dejar la orilla. El ser humano es aquel que se lanza a lo desconocido. No se queda inmóvil en la orilla de sus seguridades …” (pág. 26).

Las 30 instantáneas que el autor y los editores han seleccionado para componer esta obra “son otras tantas variaciones sobre la vida humana” (pág. 29). Algunas me han impresionado especialmente, como, por ejemplo, Madre e hija de Elliot Erwitt, Reflejo de San Marco de Herbert List, Madre migrante de D. Lange, Charla de la tarde de Fan Ho, Escalera a Santa María Aracoeli de List, Refugiados kosovares de García Rodero, Tory Island de M. Franck, Sevilla de Cartier-Bresson, etc, etc. Es imposible que yo intente aquí transmitir lo que solo mirando las fotografías con la guía de los comentarios de nuestro autor puede apreciarse. Solo puedo invitar a quien me lea a acercarse a esta colección de obras de arte y dejarse acunar por las observaciones de Daelemans para aprender a mirar y a descubrir la dimensión trascendente, espiritual, de lo más cotidiano. Las atinadas y oportunas referencias del autor a imágenes y personajes bíblicos -traídas a colación con oportuna naturalidad al anotar cada fotografía- ayudan a esta mirada abierta a la trascendencia.

Cada fotografía viene acompañada de una breve reseña biográfica de su autor y de las oportunas indicaciones sobre su fecha y la ocasión en que fue tomada. Estas referencias ayudan al lector, pues se trata de 30 fotografías de 25 fotógrafos y tomadas a lo largo de casi un siglo.

La lectura de este libro me ha permitido conocer el proyecto editorial FotoRuta de JdeJ Editores, de claro interés para aficionados/profesionales de la fotografía y amantes del arte.

Fuente: religionenlibertad.com

17 junio 2026

Catequesis - El Viaje apostólico a España

El Papa en la Audiencia General

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.

Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.

En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!
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Llamamiento

Acojo con satisfacción el acuerdo alcanzado entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, que se firmará el viernes, como resultado alentador de un paciente trabajo de diálogo y de negociación. Expreso mi gratitud a los países que se han esforzado por favorecer el encuentro entre las partes y hacer posible dicho entendimiento. Espero que este acuerdo contribuya a reforzar la confianza recíproca, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, y promueva caminos de diálogo y cooperación entre los pueblos.

Por otro lado, llegan noticias dolorosas sobre la guerra en Ucrania, que sigue extendiéndose: numerosas víctimas inocentes, rescatistas muertos, iglesias y lugares del patrimonio cultural devastados por las llamas. Expreso mi cercanía a cuantos lloran la pérdida de sus seres queridos, a los heridos y a quienes, en medio de la violencia, siguen sirviendo a la vida con valentía. Invito a todos a rezar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra vías de diálogo, que apague el odio y que haga posible una paz justa y duradera.
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Tal como indicó Jesús a sus discípulos, los invito a alzar la mirada para aprender a ver en las personas su deseo de vida, de verdad y de plenitud (cf. Jn 4,35). Que Él nos enseñe también a nosotros a mirar a los demás con los ojos de Dios, es decir, con amor, respeto y compasión. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestra catequesis de hoy deseo compartir algunas reflexiones sobre el viaje apostólico que realicé la semana pasada en España. Agradezco a Dios y a todo el pueblo español; particularmente al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales. Durante mi visita pude experimentar con gran alegría la fe y el afecto de la gente, así como la sed profunda de congregarse unidos en Cristo. Los diferentes encuentros revelaron el deseo de escuchar el Evangelio y la inquietud por hacerlo vida en el mundo de hoy.

La última etapa del viaje ha afianzado un aspecto muy importante: estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor.

Fuente: vatican.va

16 junio 2026

La “casa común”

José Luis Velayos

 Cuidar la salud corporal y mental y espiritual es un deber ineludible.

El término “casa común” hace referencia al hábitat y a aquellos con quienes compartimos esa casa. Es un término que usaba con cierta frecuencia el Papa Francisco (“Laudato si”, “Laudate Deum”), que alertaba del peligro de su destrucción, que puede ser de origen humano o antropogénico.      

 Es casa común, para los españoles, España (y Europa). Para todo católico, la Iglesia es su casa. El hogar es la casa común de la familia (en gran medida es también casa común la casa de los abuelos). Para el universitario, lo es su Universidad (“Alma Mater”). Para los cofrades, su cofradía. Para los concejales, su ayuntamiento. Para los futbolistas, su club. La lista puede ser extensa. Lo coincidente en todas ellas es que se habla de una “especial paternidad-maternidad”, por la que cada uno se siente amparado, en cierta manera “alimentado”, “nutrido”, protegido, en esa casa común, que es su casa.

 Es preciso cuidar la naturaleza, que es la casa común de todo viviente; por ejemplo: no maltratar a los animales, no tirar desperdicios en cualquier parte, disminuir el uso del papel, utilizar mascarilla en situaciones de riesgo de contagio, evitar hacer fuegos innecesariamente, usar más el transporte público, etc. Y no solo es importante el cuidado de las relaciones con el mundo en que habitamos, sino también el de las relaciones interpersonales, de las vivencias íntimas y personales, de la experiencia de la trascendencia, etc., etc.

 En otro sentido, podría decirse que el cuerpo y el alma, como realidades unidas, constituyen en cierta manera la “casa común”, personal, íntima, de cada ser humano (más bien es la “casa individual”). El ser humano es cuerpo y alma al mismo tiempo, es un alma encarnada o un cuerpo espiritualizado, es una unidad hilemórfica, como afirmaban los griegos hace veinticinco siglos.

 El cuerpo es la “casa común” para multitud de células: hematíes, leucocitos, células epiteliales, neuronas, glía, espermatozoides u óvulos, células grasas, microbios, etc., etc.

 Son muchos y diversos los factores que influyen en la salud de esa casa, como son, entre otros, el aire que respiramos, el agua que bebemos, lo que comemos, el entorno laboral, el ambiente vecinal, el interior de los edificios, la información (que puede ser excesiva), etc. Todo ello incide tanto en el bienestar personal como colectivo.

 Cuidar la salud corporal y mental y espiritual es un deber ineludible, asunto, por otra parte, unido al quinto de los mandamientos de la Ley de Dios.

 El cuidado del cuerpo es de gran importancia: comer de forma sana, beber la cantidad suficiente de agua, dormir lo necesario, hacer ejercicio, tener revisiones médicas, vacunas, etc.  Y todo ello, sin obsesión, pues el culto al cuerpo viene a ser una forma de moderno paganismo

 Y el cuidado del alma es esencial (para un cristiano son abundantes y variadas las prácticas de piedad: oración, confesión, comunión, lectura del Evangelio, rezo del rosario, etc.). Es bien conocido que la salud espiritual influye en la salud corporal. También se ha dicho: “mens sana in corpore sano”. Por eso, una enfermedad, una dolencia, pueden convivir con una alegría auténtica. Por otra parte, la salud da alegría, pero además, la alegría da salud.

 Y unas relaciones sociales sanas, tertulias, debates, conversaciones, correspondencia, interés por los demás, vitalizan la casa común y al mismo tiempo protegen la salud personal. Está comprobado que el individuo aislado, solitario, enferma con más frecuencia y sus dolencias son mayores, que el que es sociable y se preocupa del prójimo.

 La autocontemplación (el narcisismo) no es sana. En cambio, sí lo es contemplar con trascendencia, es decir, la tendencia a contemplar la “casa común definitiva”, la futura, la que está por venir. La esperanza es virtud clave.

 Fuente: instagram.com

15 junio 2026

Los Elegidos

Juan Luis Selma

La llamada de Jesús es siempre una llamada de amor, al amor y por amor. Por eso es un privilegio, una suerte, una alegría.

La serie The Chosen (Los Elegidos) está cosechando un éxito extraordinario, con más de seiscientos millones de visualizaciones. Narra cómo pudo ser la vida de Jesús con los apóstoles y discípulos. Su gran logro es introducirnos en la cotidianidad del Señor, mostrando su humanidad, su cercanía, su sentido del humor. Nos permite imaginar cómo habría sido nuestra vida si hubiéramos sido uno de aquellos elegidos que convivieron con Él.

Dios llama a todos: en la Iglesia todos tienen un lugar, un sitio y una misión. Dios sigue llamando hoy, te llama a ti y me llama a mí. Llama especialmente a los jóvenes. Aún tenemos reciente la impresionante estampa del Papa ante más de medio millón de personas en la Plaza de Lima, en Madrid. Allí, el Sucesor de Pedro dijo: "¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia!". Y añadió: "El matrimonio también es una vocación. ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!".

La llamada de Jesús es siempre una llamada de amor, al amor y por amor. Por eso es un privilegio, una suerte, una alegría. Dios se fija en mí, me ama porque ve todo lo bueno que ha puesto en mí, lo feliz que puedo ser junto a Él y lo felices que puedo hacer a los demás. Toda vocación es, en el fondo, una historia de amor.

Leemos en el Evangelio: "Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó".

La llamada lleva consigo la misión: "Id y proclamad que ha llegado el Reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis".

El Papa León XIV nos dejó este precioso encargo: "Quiero confiaros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano".

La llamada de Dios se da siempre en la libertad. Él nos llama porque quiere y porque nos quiere; y nosotros respondemos porque nos da la gana, porque queremos amar. Nadie es más libre que quien le dice a Dios que sí.

Quisiera volver ahora a la primera llamada del Papa: la vocación al celibato, que implica la entrega total del corazón. "¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir!", dice Jeremías. El celibato tiene sentido hoy; es más, en un mundo tan sexualizado brilla más, es más necesario, más actual. Por amor -con plena capacidad de amar y de formar una familia- se puede mirar más alto, alzar la mirada. Podemos llenar el corazón, sentirnos realizados y queridos entregándolo por entero a Él, al Amor de los amores

Cuando alguien me pregunta cómo saber si Dios le pide todo el corazón, suelo decir que una señal es precisamente la sed de amor humano, de paternidad o maternidad. Los llamados al celibato tienen que tener corazón, sentimientos, emociones. Tienen que experimentar la atracción de darse por entero, porque ese es su sentido. Es un enamoramiento, una seducción, una elección libérrima.

¿Se puede vivir así -limpio y casto- hoy? ¿Puede un joven o una joven vivir así? Se puede. Lo veo en muchos, y es precioso. Es Dios quien da las fuerzas, quien elige, guarda y protege. Quien llena el corazón. No podemos imaginar el poder inmenso de la gracia. Bueno, sí podemos: lo hemos visto estos días en Madrid, Barcelona y Canarias.

El pueblo de Dios en España se ha volcado con el Papa de un modo inimaginable. Hemos crecido y hemos visto crecer al Papa. Las cosas grandes suceden cuando alzamos la mirada.

Fuente: eldiadecordoba.es

14 junio 2026

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas

El Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de hoy (Mt 9,36-10,8) nos ofrece un gran regalo, porque incluye a todos los que lo escuchan con la mirada de Jesús. Es un relato que testimonia la atención de su vista, además de decirnos qué es lo que observa. Leemos, en efecto, que Cristo «al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas» (v. 36). Haciéndose nuestro hermano, el Hijo de Dios mira a la gente, mira a la humanidad: ve la opresión que aplasta y la violencia que quita la fuerza. Ve las heridas de las guerras y el vacío del consumismo. Ve rostros reducidos a máscaras, familias rotas por el mal y jóvenes ilusionados por falsos ideales. Jesús ve y ama. Ama y sufre por nosotros, con nosotros: su compasión expresa no sólo cercanía fraterna, sino voluntad de redención.

Él, en efecto, conoce nuestro corazón y lo cuida; frente a tantas personas semejantes a «ovejas que no tienen pastor» (v. 36), Cristo se dedica a todas como buen pastor y, como señor de la mies, envía obreros al campo del mundo (cf. v. 38). ¿Cuál es el trabajo que deben realizar? Llevar el consuelo de Dios a los que sufren: llevar caridad donde hay miseria, esperanza donde hay aflicción, fe donde hay desconfianza.

El Evangelio menciona los nombres de los doce primeros “obreros”; son discípulos convertidos en apóstoles, es decir, misioneros y predicadores. Entre ellos está Simón llamado Pedro, el primero, y también Judas Iscariote, el último, para recordarnos que se puede seguir a Jesús y traicionarlo, pero el Evangelio continúa siendo palabra viva y verdadera para todos. La Buena Noticia que atraviesa los siglos es idéntica, siempre joven, fresca y liberadora: ¡«Ha llegado el reino de los cielos» (Mt 10,7)! Sí, está cerca porque en Jesucristo Dios se hace prójimo de todo hombre y mujer, de todo pueblo y nación. Cuando este Evangelio es anunciado y practicado, el mal se derrumba como una enfermedad que termina (cf. v. 8), como una noche que deja paso a la aurora, como la muerte vencida por el Resucitado.

De ese modo, la mirada de Jesús transforma la realidad: llena de amor, su iniciativa da vida a un pueblo nuevo, la Iglesia, llamado a continuar la misión de los apóstoles: «Gratis habéis recibido, dad gratis» (v. 8). Sí, el don de Jesús es totalmente gratis, porque su valor excede toda medida: es imposible merecerla o “comprarla”. Esta gracia es el bellísimo nombre de la misericordia de Dios, que nos alcanza allí donde estemos, para guiarnos hacia Él. «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38).

Queridos hermanos, la tarea de evangelizar nace del don de Dios que en Cristo se vuelve perdón para el mundo, servicio a los más pequeños y más pobres, compromiso por la justicia. Pidamos el auxilio de la Virgen María, llena de gracia, para que respondamos con gozo y valentía a la misión a la que Jesús nos llama.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

En primer lugar, expreso mi gratitud al Señor por el Viaje Apostólico que me ha permitido realizar en España. Agradezco al pueblo español, que me ha acogido con gran entusiasmo y devoción; y, de manera especial, a Su Majestad el Rey. Mi agradecimiento afectuoso va igualmente a los obispos, a las comunidades que he visitado y a toda la Iglesia que está en España. ¡Que Dios bendiga siempre a España!

También deseo recordar a algunos nuevos beatos: los sacerdotes diocesanos Venceslao Drbola y Juan Bula, de Moravia; y Juan Šwierc y ocho compañeros, sacerdotes salesianos polacos. Todos han sido beatificados como mártires, porque fueron víctimas de las persecuciones de regímenes totalitarios a causa de su fidelidad a Cristo. Además, ayer en Mato Grosso, Brasil, fue beatificado Nazareno Lanciotti, sacerdote romano misionero, también él mártir, porque en nombre del Evangelio defendía a los más pobres. Que el ejemplo y la intercesión de estos valientes testigos sostengan la misión de los presbíteros y de toda la Iglesia.

Aseguro mi cercanía a la población de Filipinas, afectada hace algunos días por un fuerte terremoto. Rezo por los difuntos y sus familiares, por los heridos y por todos aquellos que sufren a causa de esta calamidad.

¡Y ahora dirijo mi saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de diversos países!

Saludo a los miembros de la Comisión Internacional para el Diálogo entre los Discípulos de Cristo y la Iglesia Católica. Que vuestras reflexiones nos ayuden a crecer en comunión.

Saludo a los peregrinos de los Estados Unidos de América, en particular a los fieles de Nueva Jersey y a la Escuela Carrollton del Sagrado Corazón de Miami, Florida. Saludo a los confirmandos de Bolgare, diócesis de Bérgamo, a la comunidad “Casa de María” —a la que el papa Francisco llamaba “los jóvenes de la Inmaculada”— y a los grupos parroquiales de Santa María de las Gracias y de Santa Francisca Cabrini en Roma.

¡A todos les deseo un feliz domingo!

Fuente: vaticam.va

13 junio 2026

La mies es abundante

11.º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo A). 

Evangelio (Mt 9, 36 - 10,8)

Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor.

Entonces les dijo a sus discípulos:

—La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus impuros y para curar todas las enfermedades y dolencias. Los nombres de los doce apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que le entregó. A estos doce los envió Jesús, después de darles estas instrucciones:

—No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; sino id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id y predicad: «El Reino de los Cielos está al llegar». Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, expulsad los demonios. Gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente.

Comentario

El Evangelio de hoy comienza con la compasión de Jesús. Al ver a aquellos hombres, quiere lo mejor para ellos y, al comprobar que van sin rumbo, les ofrece lo mejor que tiene: Dios mismo. Esa compasión le mueve a actuar en favor de las personas que tiene delante.

Jesús toma la iniciativa y elige a los apóstoles para llevar a Dios al mundo entero. Pide orar para que Dios envíe obreros a su mies. Con esta enseñanza de Jesús, nos queda claro que el protagonista de la salvación es Él, no nosotros; que los medios más importantes para llevar a los corazones la fe no son los medios humanos, sino los sobrenaturales. Lo primero no es poner en marcha actividades apostólicas, hablar, escribir, moverse de un lado a otro del mundo. Lo primero es orar. San Josemaría, siguiendo esta enseñanza de Jesús, escribía “Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en "tercer lugar", acción”. El apostolado solo será eficaz si se fundamenta en la oración, en la unión de amor con Dios. ¿Y quiénes son esos obreros que tanta falta hacen? Todos los cristianos: laicos, sacerdotes, religiosos... Todos estamos llamados por Dios a llevar al mundo entero la buena noticia de la salvación.

Jesús hace partícipes a los doce de su misión. Cuando los escoge les llama “apóstoles” que significa enviados, pues los envía a realizar lo que él mismo hizo desde el inicio de su vida pública: curar enfermos, resucitar muertos, sanar leprosos, expulsar demonios. Eran tareas que sobrepasaban con mucho las posibilidades humanas de aquellos doce hombres, la mayoría de ellos pescadores, sin una especial preparación.

¿y cuál es el contenido del mensaje que Jesús da a los discípulos? El Reino de Dios. Dios cree tanto en la instauración del Reino de los cielos y en la redención de los corazones humanos, que “se atreve”, por decirlo así, a contar con los apóstoles para llevarla a cabo. Al igual que los apóstoles, tu y yo también estamos involucrados en esta misión. Dios espera nuestra libre respuesta y cooperación para que el Reino sea una realidad.

Jesús también cuenta con nosotros, hoy, ahora, sin esperar a un momento más propicio, en el que nos sintamos más preparados y mejor dispuestos, cosa que nunca sucederá, porque nunca seremos dignos embajadores de su mensaje de salvación. Hemos de decir que sí, ya, ahora, cuando Él pasa y nos lo pide: y sobre nuestra generosidad, ya sabe Dios formar a un apóstol, eficaz y fiel.

Fuente: opusdei.org


El Papa está con nosotros

Juan Luis Selma

La visita de León XIV reaviva la esperanza de los creyentes, que buscan en el sucesor de Pedro una voz firme frente a la incertidumbre del mundo.

Hay que remontarse a 2011 para recordar la última vez que un Papa estuvo con nosotros: fue Benedicto XVI en la JMJ. Una gracia enorme. Ya antes había estado en Valencia con motivo del Encuentro Mundial de las Familias en julio de 2006. San Juan Pablo II nos visitó nada menos que en cinco ocasiones. La verdad es que hay ganas de Papa.

He conocido a varios a lo largo de mi vida: más cercanamente a san Pablo VI, al beato Juan Pablo I, a san Juan Pablo II, a Benedicto XVI y a Francisco. Ahora me toca conocer al Papa León. Al hacer memoria de estos encuentros, veo que siempre me he emocionado; y no solo yo, también todos los que me rodeaban. Recuerdo de un modo entrañable el encuentro en el Bernabéu con los jóvenes: impresionante.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué es un fenómeno tan común? No encuentro otra explicación que la sobrenatural. Se dice en los Hechos de los Apóstoles: «Sacaban a los enfermos a las plazas y los ponían en camillas y camastros, para que, al pasar Pedro, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos».

La fe del pueblo era tan grande que la gente dejaba sus mantos en el suelo para que los rozara la sombra del apóstol y así les llegara la gracia de la curación. Era confianza pura: sabían que Dios actuaba a través de lo pequeño, de lo humilde, incluso de la sombra de Pedro, que es su vicario en la tierra.

Queremos escuchar palabras firmes, verdaderas, que nos abran a la esperanza. Palabras que sean un antídoto frente a tanta falacia y tanto teatro. "Tú eres Pedro, piedra, roca —le dijo Jesús—, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia". En este mundo que fluye de lo líquido a lo gaseoso, que abandona la solidez de la roca por vaporosos espejismos, donde tantos nos perdemos… ¿qué diría ahora Campoamor en su famosa poesía?: "Y es que, en el mundo traidor, nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira".

Necesitamos roca donde agarrarnos, grietas profundas y seguras donde guarecernos. Norte que dirija nuestros pasos. Seguridades y no opiniones. Historias y no relatos. Verdad, bondad y belleza. Bien. Y esto no nos lo dará el hombre Prévost, sino Pedro, a quien Jesús —después de su triple confesión de amor— encargó cuidar de sus ovejas.

Más de 1700 voces de Madrid, Barcelona y las Islas Canarias forman parte del Gran Coro de Voces creado para esta ocasión. Participan en la interpretación de Alza la mirada, el himno de la visita apostólica de León XIV a España, que tendrá lugar del 6 al 12 de junio. Cantarán:

Alzo la mirada, / mis ojos en Jesús. / Alzo la mirada / clavada en la cruz. / Cuando miro al cielo / todo es nuevo con su luz. / Alzo la mirada, alzo la mirada, alzo la mirada.

No estoy hecho / para mirar al suelo. / Al mirarte / sé por qué nací. / Me creaste / para mirar al cielo… / estoy inquieto hasta que no descanse en ti.

Nos invitará el Santo Padre a mirar al cielo, hacia arriba. A dejar el barro, el fango y el polvo del camino. Nos animará a acoger el don de Dios, su paz y su alegría. Nos dirá que edifiquemos nuestras vidas en Cristo, que no tengamos miedo, que abramos las puertas de nuestros hogares, hospitales, centros educativos, gimnasios, estadios y lugares de esparcimiento a Aquel que no quita nada y lo da todo. Así nuestras vidas serán luminosas; seremos instrumentos de paz. Cambiaremos las estructuras al cambiar nosotros.

La figura del Papa no es baladí, no es un invento eclesial ni social. No responde a la necesidad de tener un jefe o alguien que ponga orden. El papado es de institución divina, querido por Jesús: tres veces le dice que pastoree a sus ovejas. Por eso la Iglesia sigue firme a lo largo de los siglos. Es la institución más señera, más fiable, a pesar de los pesares y de los pecados de sus hijos.

Recemos por los frutos de estos días en los que León XIV conocerá todas nuestras realidades. Nos hablará en nombre de Dios, nos moverá a la conversión. No es una fiesta: es una ocasión de cambio y de mejora, de sacar lo mejor de lo nuestro para dárselo a los demás. Felices para hacer felices.

Fuente: eldiadecordoba.es

12 junio 2026

SANTA MISA Puerto de Santa Cruz de Tenerife

 HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Queridos hermanos y hermanas:

Es una gracia encontrarnos en el día en que el Corazón de Jesús se deja contemplar por nosotros como el corazón de la historia. Me alegra celebrar con ustedes la Eucaristía, dando gracias por la fe y la caridad de las que he recibido tantos testimonios en este viaje apostólico y que hacen también a este archipiélago, tan conocido por su belleza y su acogida, un lugar donde el Señor Resucitado nos precede y se manifiesta. Frente a nosotros el mar evoca el infinito, y así lo hace también el cielo; pero infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos, cuyas alegrías y esperanzas, tristezas y angustias encuentran eco en el corazón de la Iglesia (cf. Gaudium et spes, 1). Ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje. Sea permaneciendo durante una vida entera en el mismo lugar, sea eligiendo o estando obligados a partir, nadie permanece nunca quieto. Este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro.

Pero el Corazón de Jesús nos revela cómo no perdernos en un dinamismo estéril: «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío. En efecto, «como recuerda el Concilio, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo”; su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido» (Magnifica humanitas, 48). El Papa Francisco observaba: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo como se trata al ambiente» (Laudato si’, 225). Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio. «Quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. Así son capaces de disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión» (ibíd., 223). Interpreten así, queridos hermanos y hermanas, su vocación a la acogida.

El Evangelio, hoy, parece radicalizar este reto y nos recuerda la riqueza de los pobres: una paradoja que remite directamente a la vida de Jesús, a su verdad, al camino en el que continúa pidiéndonos que lo sigamos. En la página que hemos escuchado, bendice al Padre por esto: es a los pequeños —que en el contexto significa a los mínimos, a los que nadie estima capaz de pensamiento y de palabra— a los que Dios se ha revelado a sí mismo. Los ha enriquecido de aquello que permanece escondido a quienes están rodeados de admiración y de éxito. Con la Exhortación apostólica Dilexi te quise prestar atención a ese lugar privilegiado de los pobres en la Revelación divina y en la misión de la Iglesia.

Es un misterio que resuena de modo totalmente específico en estas islas, en el centro de rutas migratorias que lo hacen lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje está generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables. Frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne: «Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida vivida en el límite, seguramente tienen mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida» (Dilexi te, 102). El Señor, que reprende y corrige a los que ama (cf. Ap 3,19), desea hacer sencilla y alegre nuestra vida.

Queridos hermanos y hermanas, gracias por lo que son, gracias por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas. «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16): que esta confesión de fe transmitida por la Primera carta del apóstol Juan resplandezca siempre en ustedes, y les motive a la oración y a la acción. Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia. Que se respire entre ustedes que «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). Este es el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo. ¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino.
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Agradecimiento al final de la Santa Misa

Excelencia, le doy las gracias de todo corazón y, con usted, a todo el pueblo de Tenerife, a sus pastores y a las Autoridades civiles.

Queridos hermanos y hermanas, con esta celebración eucarística concluye mi viaje apostólico a España. Doy gracias a Dios y a todos los que me han acogido y que, de mil maneras, han colaborado en la preparación y la realización de los distintos momentos en Madrid, Barcelona y Montserrat, y aquí, en las Islas Canarias.

Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España.

Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: «¡Alzad la mirada!». Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!

¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Gracias de corazón! Permanezcamos unidos en la oración y en la comunión en Cristo y en la santa Iglesia.

Fuente: vatican.va