24 julio 2026

El tesoro escondido

17.º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A). 

Evangelio (Mt 13,44-52)

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.

Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que, se echa en el mar y recoge todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?

—Sí —le respondieron.

Él les dijo:

—Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de una casa, que saca de su almacén cosas nuevas y cosas antiguas.

Comentario

Jesús compara el Reino de los Cielos con un tesoro escondido bajo tierra. La reacción del hombre que lo encuentra no parece la más virtuosa, porque oculta su hallazgo al dueño del campo y empeña sus bienes para comprarle el terreno y quedarse con el tesoro por añadidura. Sin embargo, con la ambiciosa reacción del personaje de la parábola, Jesús subraya por contraste el enorme valor que tiene el Reino de Dios, un tesoro cuyo descubrimiento debería llenarnos de alegría y también de un decidido afán por hacerse con él.

En realidad, el tesoro del cristiano —o la perla preciosa a la que se refiere la siguiente parábola—, es Cristo mismo, que nos ofrece su amor y su amistad; por quien vale la pena posponerlo todo en la jerarquía de nuestros afectos e intereses. San Josemaría explicaba este sentido de la parábola así: “El tesoro. Imaginad el gozo inmenso del afortunado que lo encuentra. Se terminaron las estrecheces, las angustias. Vende todo lo que posee y compra aquel campo. Todo su corazón late allí: donde esconde su riqueza”. Y añadía entonces el Fundador del Opus Dei: “Nuestro tesoro es Cristo; no nos debe importar echar por la borda todo lo que sea estorbo, para poder seguirle. Y la barca, sin ese lastre inútil, navegará derechamente hasta el puerto seguro del Amor de Dios”.

El Papa Francisco identificaba también el tesoro del campo con el amor de Jesús: “quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡este es el gran tesoro!” (…) Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes —aclara el Papa— pero eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte”.

Jesús compara el Reino de los Cielos, a su vez, con una red barredera que abre sus brazos a todos sin distinción. Y al final, todos pasan también por un examen, un juicio, como el que hacen los pescadores con los peces en la orilla, para desechar los que no son buenos. Esta parábola es por tanto una metáfora del fin del mundo, del juicio final que precede a la posesión definitiva del Reino por parte de quienes lo han merecido durante su vida. La parábola de la red barredera se relaciona además con las anteriores del tesoro y la perla: precisamente porque el Reino (el amor de Cristo) es tan valioso como un tesoro o una perla finísima, por eso también se nos pedirá cuentas de cómo lo hemos buscado y amado en esta vida: “Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo. Que ames a Cristo”, solía recomendar san Josemaría a quienes trataba, animándoles a poner afán generoso en su amistad con Cristo, en su amor por Él.

“Es de notar —señala Santo Tomás de Aquino— que la bienaventuranza se otorga en proporción a la caridad y no en proporción a cualquier otra virtud”. En definitiva, la mejor forma de comprar el tesoro en el campo o la perla preciosa, lo que nos hará realmente buenos peces, será nuestro amor a Dios y a los demás. Y de eso se nos juzgará: “a la tarde —escribió san Juan de la Cruz— te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado”.

Fuente: opusdei.org

Mensaje del Prelado del Opus Dei (22 julio 2026)

Mons. Javier ocáriz

Con motivo de la fiesta de santa María Magdalena, el prelado del Opus Dei invita a renovar el deseo de conversión para crecer en el amor a Dios y a los demás.


Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Se celebra hoy la fiesta litúrgica de santa María Magdalena, que nos ofrece una nueva invitación a renovar nuestros deseos de conversión, porque toda su vida manifiesta la fuerza transformadora del encuentro con Jesucristo.

La conversión que buscamos no consiste únicamente en el movimiento del mal al bien –siempre necesario–, sino también en el paso de lo bueno a lo mejor: el permanente crecimiento en el amor a Dios y a los demás.

Tanto una cosa como otra requieren de cada uno la humildad para reconocer nuestra necesidad de mejorar y la sinceridad de corazón. Recordemos estas palabras de san Josemaría, que evocan la parábola del hijo pródigo: «Tu Padre Dios sale a tu encuentro, apenas te confiesas pecador en aquello que la soberbia te ocultaba como pecado» (Carta 14-II-1974, n. 7).

Esta sinceridad personal ante los propios pecados y defectos no ha de ser motivo de desaliento, porque, como también nos dice nuestro Padre, «la conciencia de nuestra filiación divina da alegría a nuestra conversión» (Es Cristo que pasa, n. 64).

Tenemos un medio maravilloso para dejar actuar al Señor en nuestra alma: el examen diario de conciencia. Cuidémoslo, sin escrúpulos ni inquietudes, con la ilusión de descubrir cómo corresponder mejor, en lo grande y en lo pequeño, al inmenso amor que Dios nos tiene.

Como fruto maduro de este deseo de conversión, la gracia de Dios nos llevará, como a María Magdalena, a buscar al Señor en toda circunstancia y a ser fuertes junto a su cruz.

Como sabéis, me encuentro, desde principios de mes, en Pamplona. Termino pidiéndoos que me acompañéis con vuestra oración en este viaje que, si Dios quiere, proseguirá el mes próximo, en América Central –Guatemala, Honduras y El Salvador– y Uruguay. Juntos nos unimos, desde los cuatro puntos cardinales, al Papa en sus intenciones; en concreto, ahora por la del mes de julio: el respeto de la vida humana.

Con todo cariño os bendice vuestro Padre

javier

Pamplona, 22 de julio de 2026

Fuente: opusdei.org

23 julio 2026

Ayuso explica la ley del concebido no nacido, responde a las críticas y defiende que «un bebé en camino es una bendició


Ayuso aprueba su ley estrella, la del concebido no nacido como miembro de la unidad familiar

En una España en la que se ha instalado la cultura de la muerte, con el aborto y la eutanasia encumbrados como «derechos», las palabras del Papa León XIV en el Congreso de los Diputados defendiendo que «toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia», sirvieron como revulsivo a muchas conciencias apagadas.

Y los ecos de esas certeras palabras se sintieron también el pasado jueves en la Asamblea de Madrid, cuando salió adelante la ley del concebido no nacido, la primera de su clase en todo el país, que protege y amplía los derechos de las familias que están esperando un bebé.

Una normativa que ha enrabietado a la izquierda madrileña -PSOE y Más Madrid-, que, por supuesto, votó en contra, e incluso se plantea llevarla ante el Tribunal Constitucional.

En este contexto, Isabel Díaz Ayuso, atiende a las preguntas de El Debate. La presidenta de la Comunidad de Madrid muestra su satisfacción por haber sacado adelante la que considera una de sus leyes estrella de la legislatura, responde a las críticas y proclama que «cada vida importa, es única, insustituible, desde su concepción hasta el último suspiro».

— ¿Por qué era tan importante aprobar esta ley del concebido no nacido lo antes posible?

— Porque el niño en camino cuenta, existe, y sus padres necesitan prepararse para su llegada, reorganizar los recursos y rutinas familiares.

Cuanto antes se aplique, antes, dentro de nuestras competencias, haremos su vida un poco más fácil. Y no debemos olvidar que un niño va a nacer. No todo lo bueno de la vida es visible a nuestros ojos.

— ¿Qué beneficios va a conllevar esta ley, la primera de su clase en toda España, para las familias madrileñas que estén esperando un hijo?

— El concebido contará a la hora de determinar la capacidad económica de las familias, su acceso a beneficios y ayudas que dependan de nuestra Administración.

Por ejemplo: becas para el estudio de Bachillerato, para el primer ciclo de Educación Infantil en centros privados, de comedor escolar o de alquiler joven, entre otras.

A esto se suma el plan más ambicioso que se ha puesto en marcha a favor de la maternidad: con directas, ayudas a la conciliación, para reincorporarse al mercado laboral…

Más de 30.000 mujeres ya han recibido una ayuda directa, por ejemplo, por adelantar su maternidad antes de los 30 años. Pero hay políticas para familias de toda edad y tipo.

También hay específicas para familias numerosas, padres que están solos, hijos con discapacidad…. Las familias numerosas además de ayudas directas económicas también tienen ayudas para la compra de vivienda habitual, deducciones fiscales…

En el transporte público contarán con descuentos adicionales sobre las tarifas generales. También reciben becas al estudio, para FP, comedor y una mayor puntuación en la admisión en centros educativos sostenidos con fondos públicos. Además, podrán disponer de ⁠descuentos en instalaciones deportivas y culturales.

— ¿Qué opina de las feroces críticas de la izquierda a una ley que lo único que hace es proteger a un ser indefenso y adelantar unos meses el acceso de las familias a ayudas? Incluso, escuchamos en el debate del pasado jueves -de boca de una embarazada- que la ley era «un guiño a los enemigos del aborto».

— Un bebé en camino es una bendición. La vida, junto a la libertad, es el bien más preciado que tiene el ser humano.

Recordarlo encoleriza a quienes imponen agendas ideológicas frívolas, desquiciadas, que saben en su fuero interno que llevamos razón y removemos conciencias.

— ¿Qué le ha parecido la carta que las familias numerosas de Madrid han mandado al Papa para contarle y celebrar la aprobación de esta normativa?

— Quiero mostrar mi agradecimiento a todas esas familias. Europa es Occidente, Estado de Derecho, civilización, vida. Nuestro proyecto común será mejor siempre que sea más humano y ponga sobre la mesa todo lo bueno que hay en la vida. Hoy solo se imponen agendas sectarias a favor del materialismo, el egoísmo…

Cada vida importa, es única, insustituible, desde su concepción hasta el último suspiro. Legislemos y acordemos a su favor.

Esto lo recuerda el Papa León XIV como voz universal sobre un mundo que necesita ser más humano. Y yo me pregunto: ¿a qué sociedad envejecida le va mejor? Pierde impulso, acompañamiento, fuerza, creatividad… Menos abuelos, menos nietos, menos hermanos, tanta soledad… Ser cada vez más ricos en bienes y más pobres de espíritu nos está conduciendo a un mundo más triste.

Fuente: eldebate.com

22 julio 2026

La 'Selección de la fe': el testimonio público y sin complejos de los campeones que no han tenido miedo de rezar ante el mundo

Redacción de el debate

Desde el seleccionador Luis de la Fuente hasta Ferrán Torres, los héroes de la segunda estrella para España han mostrado con naturalidad que la fe es una fuente de fortaleza tanto dentro como fuera del campo.

España se ha coronado campeona del mundo por segunda vez en su historia tras vencer a Argentina con un gol de Ferrán Torres. Pero más allá del éxito deportivo, este Mundial de 2026 será recordado por la naturalidad y valentía con la que sus protagonistas han dado testimonio de su fe cristiana, convirtiendo el vestuario de «La Roja» en un ejemplo de convicciones compartidas sin complejos.

Luis de la Fuente: la oración como motor de gratitud

El líder 'espiritual' y deportivo de este grupo, Luis de la Fuente, ha sido uno de los primeros en romper tabúes sobre la religión en el deporte de élite. El seleccionador riojano ha confesado en numerosas ocasiones, tanto en ruedas de prensa como en entrevistas, su fe en Dios y su profundo orgullo de ser católico. «Soy católico. La fe da mucha fortaleza, seguridad y me ha permitido ser la persona que soy hoy», ha afirmado.

Además, recientemente explicó que reza todos los días, no para pedir victorias, sino como un ejercicio de gratitud. «Doy gracias todos los días, cada mañana que me levanto... es otro día más que puedo disfrutar de la vida», señaló, dejando claro que entiende la oración como motor en su vida, más que un medio para alcanzar el éxito. También subrayaba que no es «nada supersticioso» y que, en lugar de amuletos, prefiere «dejarlo todo en manos del Señor».

El heroísmo de Ferrán y el liderazgo de Rodri

El autor del gol que dio el título a España, Ferrán Torres, no dudó en señalar al cielo tras su gesta: «Gracias a Dios, siempre me da esas fuerzas para seguir». Pese a ello, el valenciano se quitó mérito y consideró que el «gol ha sido de 47 millones de españoles», no suyo, y recalcó que «Dios le da las cosas a quien más se lo merece». El delantero valenciano ya reveló que ha portado durante toda la competición una cruz y una Virgen que le han servido de apoyo: «Tengo la cruz y una Virgen. Al final creo que es algo que me da mucho apoyo, que me da tener muchísima fe y para mí es algo muy importante».

Por su parte, Rodri Hernández, capitán de La Roja, ha vuelto a poner de manifiesto que la fe ocupa un lugar central en su vida. No es la primera vez que el centrocampista madrileño da testimonio público de sus convicciones religiosas.

Cuando recibió el Balón de Oro, uno de los galardones individuales más prestigiosos del fútbol, no olvidó agradecer a Dios el camino recorrido: «Quiero dar las gracias a Dios, porque con estos valores y esta perseverancia al final consigues todo de vuelta», afirmó visiblemente emocionado durante la gala. Tras conquistar el Mundial con España, Rodri volvió a expresar esa misma confianza en la providencia: «Al final, yo soy muy cristiano, creo que hay Alguien ahí arriba ayudándome, seguro», explicó.

La fe de los más jóvenes: Lamine Yamal y Nico Williams

Las nuevas estrellas del fútbol español también han hecho gala de su fe. Nada más terminar la final del Mundial, Lamine Yamal se arrodilló sobre el césped para rezar, una imagen que rápidamente dio la vuelta al mundo.

Su compañero de banda, Nico Williams, ha sido igualmente explícito en sus redes sociales con el mensaje «God is great» (Dios es grande) que compartió hace unos días, junto a canciones que hablan de su relación personal con el Creador. Nico confesó que incluso en sus momentos más difíciles, como una reciente lesión, la oración fue clave para su recuperación: «Estuve rezando un poco a ver si se me aparecía la Virgen... por suerte [Dios] me ha escuchado».

Incluso en los momentos de fortuna deportiva, los jugadores han sabido a quién agradecer. Mikel Merino, tras marcar un gol decisivo contra Portugal en el último minuto, recordó su vinculación con las tradiciones de su tierra: «San Fermín me protege», afirmó el navarro. Lejos de tratarse de gestos aislados, estos testimonios reflejan un denominador común en la selección española. Para muchos de los campeones del mundo, la fe no es un recurso al que acudir únicamente en los momentos de dificultad o de éxito, sino un pilar que sostiene su vida personal y deportiva.

Fuente: eldebate.com

21 julio 2026

León XIV a los escritores

A través de Vatican News me llega el discurso que el papa León XIV dirigió a un grupo internacional de escritores reunidos en el Vaticano el 24 de junio para conmemorar el centenario de la Librería Editorial Vaticana, fundada en el año 1926. Desearía hacerme eco en esta ocasión de algunas de sus palabras, sencillas y a la vez muy profundas, para quienes nos dedicamos a la tarea de escribir.

El papa comienza agradeciendo la presencia del medio centenar de escritores de diferentes partes del mundo, afirmando que «es un momento oportuno para reflexionar sobre la importancia de los libros y de la escritura: una forma de expresión humana de la que ustedes son, con su variedad de estilos y lenguas, maestros y modelos». Sin duda, todos advertimos que en estos tiempos de IA son cada vez más importantes los escritores creativos y sus libros. De hecho, añade el pontífice a renglón seguido algo que me parece muy importante:

«Escribir, como saben, es un acto de verdad, de revelación, pues revela quién somos, en qué creemos y qué esperamos, el mundo por el que luchamos y el futuro con el que soñamos. En esta búsqueda de la verdad, advertimos que la verdad es sutil y que se nos revela en nuestro diálogo interior con Dios y en nuestro diálogo abierto y respetuoso con nuestros prójimos. Además, «la verdad no es un territorio que haya que defender, sino un bien que hay que compartir» (Magnifica Humanitas, 25). Nunca somos dueños de la verdad; en todo caso, es la verdad la que nos «conquista» a nosotros. Por eso espero que inspiréis a otros a sentirse atraídos por la verdad, porque vosotros mismos os sentís atraídos por ella».

Me ha impresionado esta defensa de la verdad de la escritura y de los escritores, incluidos, por supuesto, los de ficción. ¡Cuántas veces la literatura nos adentra en la intimidad humana y en tantos aspectos de nuestra vida que se escapan a una mera consideración racionalista! Me ha encantado también la afirmación —que aprendí hace años de Joseph Ratzinger en su libro Cooperadores de la verdad— de que no somos dueños de la verdad, sino que más bien es la verdad la que se adueña de nosotros.

Citando aquel «Nada humano me es ajeno» del escritor romano Terencio (185-159 a. de C.) y el «Ver a través de los ojos de otros» del británico C. S. Lewis (1898-1963), el papa defiende que escribir es un acto de humanidad, pues la literatura nos hace ganar una amplitud de perspectiva que ensancha nuestra humanidad. «Desarrollamos —prosigue, citando a Francisco— una empatía imaginativa que nos permite identificarnos con la forma en que los demás ven, experimentan y reaccionan ante la realidad. Sin esa empatía, no puede haber solidaridad, generosidad, compasión ni misericordia». Qué interesante esta defensa de la imaginación literaria que nos hace más humanos, que nos permite ponernos en los zapatos de otros, que nos facilita la comprensión de otras experiencias y de otras maneras de pensar. Así lo describe el papa León:

«Cuando escribes historias y desarrollas a tus personajes, te identificas con ellos; captas sus puntos de vista, sus emociones, sus sentimientos, sus actitudes. Este es el gran campo de entrenamiento de la humanidad que permites que tus lectores experimenten, porque, en cierto sentido, los lectores «viven» muchas vidas además de la suya propia. Esto nos ayuda a descubrir diferentes perspectivas, a evitar considerar nuestras propias opiniones como absolutas y a ir encajando, como en un mosaico, los contornos de esa verdad que siempre nos trasciende».

El papa señala además que cuando el escritor se adentra en las profundidades de la humanidad no está lejos de Dios, pues «Dios se revela a sí mismo en medio de las historias humanas». Termina León XIV su breve discurso reiterando unas palabras de san Pablo VI en la homilía de una misa para artistas el 7 de mayo de 1964: «Os necesitamos. Necesitamos vuestra imaginación, vuestra creatividad narrativa y vuestro vivaz pensamiento. Os necesitamos para crear espacios de libertad y autenticidad, en los que la gracia divina pueda hacer resonar una promesa de consuelo y de paz».

Puedo decir que el texto, en su sencillez y claridad, me ha admirado e impresionado por su defensa de la creatividad literaria como espacio de la genuina libertad y de la mejor humanidad. Frente al automatismo de la IA o frente al lenguaje políticamente correcto, el mundo de la escritura, desde la literatura infantil hasta las más importantes creaciones, es el reino de la libertad y la humanidad: la literatura nos hace más humanos, porque nos acerca a la verdad y porque nos ayuda a llenar de sentido nuestra vida. En una época en la que las máquinas pueden producir textos, la auténtica literatura sigue siendo irreemplazable: nace de una experiencia humana que ninguna tecnología puede sustituir.

Fuente: filosofiaparaelsigloxxi.wordpress.com

20 julio 2026

Hacer equipo

Una reflexión sobre la victoria del trabajo en equipo frente al individualismo, partiendo de las palabras del papa León sobre el fútbol y de las parábolas evangélicas del trigo y la levadura.

Por mucho que lo he intentado, no he podido apartarme de lo que está en boca de todos: el Mundial de fútbol. La verdad es que la selección nos ha llenado de orgullo y espero que nos siga dando alegrías. Y sí, el fútbol tiene algo que ver con la religión. Claro que sí. Seguro que a Jesús le importa mucho y disfruta viéndonos disfrutar.

El papa León, buen deportista, hizo varias referencias al deporte rey en su visita a España. Nos dijo que la vida se juega en equipo. Y de esto me gustaría hablar: vivir la vida como un buen partido, jugando en equipo. No se trata de grandes figuras ni de individualidades, sino de compenetrarse, de contar con todos, de ir todos a una.

Los Evangelios de estos días continúan con las parábolas que nos relata san Mateo. Jesús utiliza este género sencillo para transmitir sus enseñanzas a los sencillos de corazón; quiere llegar a todos. Hoy nos habla del trigo y la cizaña, del grano de mostaza que, al germinar, se transforma en un gran árbol donde anidan los pájaros, y de la levadura que hace fermentar toda la masa.

La cizaña que puede estropear la cosecha es el individualismo, la soberbia que separa y divide a instancias del diablo -el separador. El grano de mostaza nos habla del valor de lo pequeño, de los gestos sencillos. La levadura actúa sin ser vista: oculta, silenciosa, hace que toda la masa crezca, se vuelva esponjosa y agradable para comer.

Trabajar en equipo exige valorar al otro, pensar en él, apostar por él. Hacer del conjunto una unidad, sincronizar todas las piezas para que engranen y la máquina funcione. Lógicamente, el trabajo en cuadrilla pide integrar las individualidades: que todos pongan el hombro sabiendo que son distintos. Unidad, equipo, comunión no son sinónimos de uniformidad. Un buen seleccionador sabe contar con los puntos fuertes de cada uno y los utiliza para suplir las debilidades del otro.

Gracias a Dios, no hace falta ser perfecto ni un genio para hacer equipo. Es más, el problema que tienen algunos es que les sobran figuras. Este tipo de persona necesita que todos trabajen para él; no se aviene con los otros porque se considera demasiado importante.

Vivir la vida en pandilla pide estar unidos, llevarse bien, estar avenidos. Buscar la unidad desde la diversidad. Olvidar que somos un equipo y apostar por la individualidad, por la dispersión, por los derechos individuales entendidos sin referencia al bien común, lleva a la muerte. Iba a decir “muerte pelá”, pero es una muerte metafísica.

Para los griegos, vivir es mantener la armonía entre cuerpo, alma y mundo. La muerte es la disgregación: el cuerpo se separa de sí mismo, las partes dejan de cooperar, la forma se pierde. Aristóteles lo expresa así: el ser vivo es un compuesto de materia y forma; cuando esa unidad se rompe, aparece la muerte. La muerte es, por tanto, pérdida de cohesión ontológica.

Si nos miramos en Dios, que por ser creados por Él somos imagen y semejanza suya, no podemos prescindir del transcendente Unum, de la unidad. Ir por libre, perder la unión con Él y con los demás -algo que tanto pregona la modernidad-, embeberse de individualismo y centrar el motor de la vida en la exigencia de los derechos individuales olvidando el bien común, lleva al suicidio colectivo, a la muerte de la civilización.

“Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’ Él les dijo: ‘Un enemigo lo ha hecho’”. No olvidemos que hay un enemigo -enemigo también nuestro- que ensalza nuestro ego para separarnos, aislarnos y debilitarnos, haciéndonos creer que nos fortalece y que nos da la felicidad con el señuelo de que así seremos felices.

Es lo que pasa cuando ese diablo se entremete en las relaciones matrimoniales, familiares, de amistad, profesionales o sociales. Un equipo de grandes figuras es un equipo perdedor: sobran individualidades y falta equipo.

Para Byung-Chul Han, la muerte es la desaparición del espacio relacional que sostiene la vida humana. La separación no es solo distancia: es pérdida del mundo compartido. La muerte no es solo el fin biológico, sino la disolución de la unidad: separación del otro, separación de uno mismo, separación del mundo, separación Fuente: eldiadecordoba.es

La entrada del Reino de Dios en la historia

 El Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Después de la parábola del sembrador, Jesús sigue hablándole a las multitudes a través de algunas imágenes: el trigo bueno y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la harina (cf. Mt 13,24-43).

Se trata de tres pequeñas parábolas que tienen como objetivo evocar la entrada del Reino de Dios en la historia, su acción en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro. Con estos relatos, Jesús quiere que no caigamos en la tentación de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal. Por el contrario, Dios prefiere la pequeñez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la cizaña, que actúa de forma escondida e invisible como la semilla más pequeña de todas, que fermenta y hace crecer la masa sin hacer ruido.

Hermanos y hermanas, con estas parábolas Jesús nos dice algo importante sobre la forma en que Dios actúa en nuestra vida y en la historia. A veces nos esperamos algo espectacular, deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la cizaña del mal. Nos imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos también a esta imagen nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia. En cambio, el Reino de Dios se extiende aún en medio de la cizaña y nos pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato; viene como la más pequeña de las semillas y, por eso, exige la paciencia de saber acompañar los procesos, reconociéndolo en la pequeñez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina, y así nos libera del desánimo y nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios está ausente. Porque, en realidad, Él siempre nos acompaña y su amor siempre está actuando en nuestro favor.

Este estilo de Dios debe convertirse también en la forma en que, ya sea como personas individuales o como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea. Estamos llamados a adoptar un estilo evangélico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin querernos imponer con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios. Se trata —decía el entonces cardenal Ratzinger— de someternos a la lógica de la semilla, que no es la del éxito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos pequeños y que sirvamos a la vida de las personas (cf. Discurso en el Jubileo de los catequistas y de los profesores de religión, 10 diciembre 2000). De este modo, nosotros mismos llegaremos a ser como una pequeña semilla del Evangelio que germina y como una levadura de amor que transforma la masa del mundo.

Invoquemos a María Santísima, que supo acoger la semilla de la Palabra en su humildad, para que nos sostenga en nuestro camino e interceda por nosotros.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Mientras disfruto de unos días de descanso, renuevo mi saludo y mi agradecimiento a todos ustedes, habitantes de Castel Gandolfo, y doy la bienvenida con alegría a los peregrinos que llegan de todas partes del mundo.

Seguimos observando con inquietud lo que ocurre en diversos países devastados por la guerra y la violencia. No olvidemos a quienes sufren y mueren a causa de los conflictos y, al generoso compromiso por la paz, unamos también nuestra oración constante.

Saludo a la Comunidad Cenacolo de Madre Elvira, reunida en Saluzzo, con ocasión de la Fiesta de la Vida; al Movimiento Familias Nuevas de los Focolares reunidos por la Escuela Internacional; a los estudiantes mexicanos que participan en la APRA Summer School y al grupo de la Catholic Worldview Fellowship.

Así mismo, quiero saludar a los jóvenes adultos miembros del Regnum Christi que participan en el Curso Internacional de Formadores. Y saludo también a quienes forman parte del The Lion Pilgrimage, acompañados por el obispo Anthony Percy, Obispo auxiliar de Sidney, Australia.

Saludo también a las familias y a los niños de la obra de las Hermanas de la Caridad de la Asunción de Roma; a los jóvenes de la parroquia de San Salvador en Jerusalén; al Grupo juvenil de la parroquia de San Agustín de Bovolenta y a los peregrinos de la Academia Litúrgica de Rzeszów.

¡A todos ustedes les deseo un domingo tranquilo!

Fuente: vatican.va 

17 julio 2026

El trigo y la cizaña

16º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Evangelio (Mt 13,24-43)

Jesús les propuso otra parábola:

— El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo de la casa fueron a decirle: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?» Él les dijo: «Algún enemigo lo habrá hecho». Le respondieron los siervos: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, no vaya a ser que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad que crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega les diré a los segadores: “Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero”».

Les propuso otra parábola:

— El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es, sin duda, la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a hacerse como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola:

— El Reino de los Cielos es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.

Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes con parábolas y no les solía hablar nada sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta:

Abriré mi boca con parábolas,

proclamaré las cosas que estaban ocultas

desde la creación del mundo.

Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron:

— Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Él les respondió:

— El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga.

Comentario

La imagen del campo sobre el que se ha dejado caer a manos llenas la buena semilla del Evangelio, pero donde el enemigo ha sembrado cizaña, invita a pensar en la Iglesia, que “abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación -señala el Catecismo-. Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores. En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación”.

En efecto, la parábola del trigo y la cizaña plantea el problema de la coexistencia del bien y el mal. “Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena -comentaba san Josemaría-; el señor del campo ha lanzado a voleo la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha organizado una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres –los cristianos especialmente– se han dormido, y han permitido que el enemigo se acercara”.

Mons. Javier Echevarría invitaba a considerar que “esta realidad ha de movernos a la contrición, al dolor de amor, a la reparación, pero nunca al desaliento o al pesimismo. (…) A la vez, consideremos que ya ahora, en la tierra, el bien es mayor que el mal, la gracia más fuerte que el pecado, aunque su acción resulte a veces menos visible”.

La parábola de Jesús deja claro que el mal no procede de Dios, sino del enemigo, el maligno, que es astuto y siembra el mal en medio del bien, de modo que resulta difícil separarlos con claridad, aunque el justo Juez podrá hacerlo. Ahora bien, no cabe esperar una intervención inmediata para atajar el mal, porque Dios es paciente y misericordioso.

Los servidores están impacientes por arrancar la cizaña, pero “Dios en cambio sabe esperar -comenta el Papa Francisco-. Él mira el ‘campo’ de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también los brotes de bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. Qué hermoso es esto: nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos. Él nos perdona siempre si vamos a Él”.

Dios es paciente porque sabe que incluso el corazón que lleva tiempo manchado por muchos pecados puede cambiar y dar buen fruto. San Agustín, comentando esta parábola, aporta su experiencia de pastor de almas y constata que “muchos primero son cizaña y luego se convierten en trigo”, por lo que se requiere esa saludable paciencia, que no es indiferencia ante el mal: “Si estos, cuando son malos, no fueran tolerados con paciencia, no llegarían al laudable cambio”.

El dueño del campo no confunde el bien con el mal. Sabe qué es saludable y qué es dañino para la salud, pero no permite que sus servidores se precipiten para dar tiempo a la misericordia. Jesús nos enseña a moderar ímpetus a y saber aguardar: lo que es malo puede cambiar a algo bueno. La conversión es posible, y siempre cabe la esperanza de que se producirá.

Fuente: opusdei.org