04 octubre 2026

 El Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Las palabras del Evangelio que se proclaman en la liturgia de este domingo nos hablan de la vida de Jesús e iluminan el sentido de su misión (cf. Mt 21,33-43). Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos. El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre.

Ese rechazo violento, en efecto, no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Mt 21,42; cf. Sal 118,22). El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor: precisamente lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo. Este es el modo en que el Todopoderoso guía la historia, socorriéndonos en todas nuestras caídas: ¡Dios nunca desecha nuestra vida!

Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones. A este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, deseo recordar a un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís, a quien el propio Jesús pidió que reparara su Iglesia. Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas. Hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos, fue un ejemplo para los primeros frailes que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia. San Francisco la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno.

Queridos amigos: el carisma de san Francisco aún hoy, después de ocho siglos, da fruto; de ello dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana, sino también los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios. Por eso, mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos.

Que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre, a quien ahora nos dirigimos, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

El domingo pasado, en Lourdes, he hecho la invitación a rezar el santo rosario, durante este mes de octubre, ofreciéndolo por la intención particular de que cesen las guerras y se construya la paz. De los primeros en comenzar fueron los niños, y lo están llevando a cabo. Del 1 al 7 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, está promoviendo la iniciativa “Un millón de niños rezan el rosario”, por la paz y la unidad en el mundo. Agradezco de todo corazón a todos los niños y niñas que, en tantas partes del mundo, se unen a esta oración; y sigamos todos su ejemplo, invocando la intercesión de la Virgen María para que los pueblos sean liberados del flagelo de la guerra. En particular, recemos por Tierra Santa y por las víctimas inocentes de la violencia.

En los próximos días, con motivo del décimo aniversario de la Exhortación apostólica Amoris laetitia, tendrá lugar un encuentro en el Vaticano al cual he convocado a los jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias episcopales de todo el mundo. Será un momento de discernimiento sinodal, para identificar los pasos que hay que dar al anunciar el Evangelio hoy en día a las familias y a las generaciones jóvenes. Encomiendo esta tarea a la oración de ustedes, principalmente por las familias que, con la ayuda de Dios, son signo de esperanza y riqueza inestimable para la Iglesia y la sociedad.

Me da alegría ver las numerosas iniciativas con las que se celebra el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Recuerdo, en particular, las que se llevaron a cabo en Asís, con la presencia de las más altas autoridades del Estado italiano. Saludo también a los radioaficionados de Asís y Foligno que difunden el mensaje de paz de san Francisco.

Ahora les dirijo mi saludo a todos ustedes, aquí presentes hoy en la Plaza de San Pedro.

Doy la bienvenida a los participantes de la International Week of Sacred Music, organizada por el Pontificio Instituto de Música Sacra; así como a los fieles de Puente Alto de Santiago de Chile; y a los profesores y alumnos del Gymnasium Sankt Bonaventura de Dilinga, Alemania.

Saludo a los confirmandos de Pinerolo; a los fieles de Fasana Polesine; a los jóvenes del Valle Brembana que caminaron sobre la Vía Francígena desde Viterbo hasta Roma; a la Asociación FIABA, que promueve campañas para mejorar la accesibilidad de los lugares públicos; al grupo Mamme che regalano un sorriso de Tarento; y a la asociación Studenti con le Stellette, de Lurago d’Erba.

Bendigo de corazón a los fieles que hoy, desde esta Plaza, peregrinarán hacia el Santuario de la Virgen de la Revelación en Via Laurentina, siguiendo con la tradición que comenzó el Papa Pío XII.

 Les deseo a todos un feliz domingo.

Fuente: vatican.va

03 octubre 2026

Los viñadores homicidas

27.º domingo del Tiempo Ordinario. 

Evangelio (Mt 21, 33-46)

Escuchad otra parábola:

—Había un hombre, dueño de una propiedad, que plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. De nuevo envió a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero les hicieron lo mismo. Por último les envió a su hijo, pensando: «A mi hijo lo respetarán». Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero. Vamos, lo mataremos y nos quedaremos con su heredad». Y, lo agarraron, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el amo de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

Le contestaron:

—A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.

Jesús les dijo:

—¿Acaso no habéis leído en las Escrituras:

La piedra que rechazaron los constructores,

ésta ha llegado a ser la piedra angular.

Es el Señor quien ha hecho esto

y es admirable a nuestros ojos?

»Por esto os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que rinda sus frutos. Y quien caiga sobre esta piedra se despedazará, y al que le caiga encima lo aplastará.

Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos.

Y aunque querían prenderlo, tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como profeta.

Comentario

A medida que se acerca el final de la vida terrena de Jesús, los discursos del evangelio según san Mateo van adquiriendo un tono más escatológico, es decir, relacionado con el destino final de todas las cosas, tanto el de los contemporáneos de Jesús, como el destino final universal. Ahora que nuestro calendario litúrgico se va acercando también a su conclusión —quedan varias semanas para completar las 33 habituales—, las palabras del Maestro resuenan con especial actualidad.

El propio Jesús anima a escuchar con atención su parábola: el dueño de una propiedad plantó una viña y la dispuso con esmero para que diera fruto: “la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre” (v. 33). El dueño arrenda la viña a unos labradores; les hace así partícipes de su prosperidad, a la vez que cuenta con su esfuerzo personal para que la viña dé fruto.

Pero los labradores no solo omitieron su deber, sino que además despreciaron e incluso mataron a los siervos que envió el dueño para reclamar el fruto de la viña, en la que tantos cuidados había puesto. Más aberrante aún fue su conducta cuando mataron al hijo del dueño, cuando este se lo envió. A todas luces, aquellos labradores de la parábola obraron injustamente. Cualquiera diría que eran unos “malvados” (v. 41), como los mismos oyentes de Jesús los denominan.

Con esta parábola, de lectura tan evidente y dramática, Jesús denuncia por contraste la actitud de los dirigentes del pueblo, quienes despreciaron y aniquilaron a los profetas que Dios les envió; y, sobre todo, denuncia por anticipado el rechazo que iban a hacer del mismo Hijo de Dios, al cual echarán fuera de Jerusalén y lo matarán, como hacen los labradores con el hijo del dueño de la viña.

Por extensión, la parábola no solo denuncia la conducta de los contemporáneos de Jesús, sino también la actitud indiferente e incluso hostil que podemos manifestar los hombres ante la acción de Dios, siempre solícito e interesado por nuestro bien, y que envía a personas que pueden ayudarnos a dar fruto, pero a quienes quizá rechazamos porque nos incomodan. La bondad divina, que nos ofrece su gracia y sus cuidados, como los que tiene el dueño de la parábola con su viña y tuvo Dios con Israel, reclama de nuestra parte la buena voluntad de querer dar frutos de virtud y santidad; de aprovechar la gracia y no rechazar a quien demanda su fruto en nosotros.

Por otro lado, aunque la parábola tiene un tinte trágico, las palabras de Jesús ofrecen también un mensaje de esperanza. Como explicaba el Papa Francisco, si bien el dueño de la viña tenía derecho a vengarse, así como Dios podría vengar a su Hijo crucificado, sin embargo, “la desilusión de Dios por el comportamiento perverso de los hombres no es la última palabra. Está aquí la gran novedad del cristianismo: un Dios que, incluso desilusionado por nuestros errores y nuestros pecados, no pierde su palabra, no se detiene y sobre todo ¡no se venga!”.

“Hermanos y hermanas, —seguía diciendo el Papa— ¡Dios no se venga! Dios ama, no se venga, nos espera para perdonarnos, para abrazarnos. A través de las «piedras de descarte» —y Cristo es la primera piedra que los constructores han descartado— a través de las situaciones de debilidad y de pecado, Dios continúa poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia: este es el vino nuevo de la viña del Señor: la misericordia. Hay solo un impedimento frente a la voluntad tenaz y tierna de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, ¡que se convierte en ocasiones en violencia! Frente a estas actitudes y donde no se producen frutos, la palabra de Dios conserva todo su poder de reproche y advertencia: «se os quitará el reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (v. 43)”.

Fuente: opusdei.org

Fronteras rotas, caridad en juego

Eloy Asenjo Carpintero

Hace apenas un mes, las imágenes que llegaron desde la costa de Ceuta volvieron a helar el corazón de España. No nos encontramos ante el clásico y doloroso goteo de pateras que desafían el Atlántico o el Estrecho buscando un futuro mejor; lo vivido en torno al espigón de la Ciudad Autónoma respondió a otra categoría táctica y desesperada. Hablamos de una presión masiva, coordinada e instrumentalizada —con miles de personas arrojándose al mar a nado para bordear los espigones fronterizos— que golpea directamente la soberanía nacional y pone a prueba los costurones de un Estado a menudo inerme ante el tablero geopolítico internacional.

Sin embargo, reducir lo ocurrido en las aguas de Ceuta a un mero problema de orden público o a un rifirrafe diplomático sería tan ciego como deshumanizador. Debajo de la táctica, de la tensión policial en la rompiente y de las avalanchas humanas sigue latente un desastre humanitario de proporciones colosales. Y los católicos, arraigados en la verdad del Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, no podemos mirar hacia otro lado ni refugiarnos en la comodidad de los eslóganes ideológicos.

El orden de la caridad y la defensa de la patria

En el debate político actual resuena con fuerza la exigencia de proteger una “prioridad nacional” que muchos demonizan con ligereza, mientras otros la esgrimen como un tótem exclusivo. Lejos de ser un concepto racista o excluyente, la recta razón —esa que emula el orden natural de una familia numerosa— nos enseña que un Estado tiene la obligación moral primigenia de velar por los suyos, por los compatriotas vulnerables que sufren la precariedad en sus propios barrios, y de garantizar la seguridad y la cohesión de su Casa común.

Pero el genuino humanismo cristiano no tolera disyuntivas cínicas. Como recordaba recientemente el papa León XIV en su visita a España ante las más altas instituciones del Estado, los flujos humanos exigen respuestas que “vayan más allá de la mera gestión”, partiendo siempre de la intrínseca dignidad de la persona. La prioridad nacional bien entendida no niega la fraternidad universal; al contrario, la ordena. Proteger nuestras fronteras y anteponer el bienestar de nuestros ciudadanos más frágiles no es incompatible con acudir al rescate —con los medios y la firmeza necesarios— de quienes se lanzan al mar abocados a la desesperación.

Lo ocurrido en el espigón ceutí demuestra que España no puede seguir gestionando las crisis migratorias y fronterizas como parches de emergencia estivales. La vulnerabilidad de nuestras fronteras del sur es la vulnerabilidad de toda Europa, y exige una política común, comunitaria y vinculante que asuma que la seguridad nacional y la acogida humanitaria forman parte de la misma moneda. Dejar solos a los ceutíes, melillenses, andaluces, canarios o murcianos ante avalanchas de esta magnitud es un ejercicio de cobardía política insostenible.

El peligro de los guetos y la exigencia de reciprocidad

La cara más amarga de esta crisis no concluye cuando se rescata al último nadador del agua o se despeja la costa. El verdadero desafío comienza al día siguiente, en las calles, en los centros de acogida colapsados y en unos barrios donde la falta de una integración real amenaza con importar los peores escenarios de exclusión que ya devoran a las grandes capitales europeas.

Una inmensa mayoría de quienes llegan persiguen con honradez ganarse el pan con el sudor de su frente, deseosos de integrarse, aprender el idioma y respetar las leyes del país que los acoge. Pero la laxitud institucional, la falta de recursos y la ausencia de una exigencia clara de reciprocidad abren la puerta a otra realidad lacerante: la de aquellos que caen en las redes de las mafias o en la delincuencia, reproduciendo guetos impermeables a los valores occidentales.

Occidente se cimentó sobre la caridad cristiana, una fuerza espiritual única capaz de conmoverse ante el prójimo. Pero la hospitalidad auténtica no se entiende sin el respeto mutuo. La acogida exige por parte del recién llegado una inculturación respetuosa con las leyes, la lengua y las costumbres de nuestra nación, sin que ello signifique renunciar a la legítima libertad religiosa, pero desterrando cualquier atisbo de fundamentalismo o desprecio al orden legal que nos rige.

Menores abandonados a su suerte y el fracaso burocrático

Un capítulo especialmente sangrante de esta crisis se ceba con los menores no acompañados que a menudo protagonizan también estas entradas por mar. El hacinamiento en los centros de Ceuta y de otras regiones de llegada no es solo un problema logístico; es un grito al cielo. Abandonar a su suerte a estos jóvenes en las calles, sin más destino que la marginación o el bucle penitenciario, supone un fracaso estrepitoso del sistema.

La solución no pasa por la demagogia buenista ni por la desatención insolidaria, sino por una inmersión lingüística implacable, una formación técnica acelerada que los capacite para el mercado laboral antes de alcanzar la mayoría de edad, y una firmeza absoluta contra las redes criminales que trafican con la desesperación ajena.

Mirar la realidad sin vendas en los ojos

España necesita altas dosis de realismo, abandonar los simplismos ideológicos de trinchera y exigir transparencia en los datos públicos sobre criminalidad e integración, sin miedo a que la corrección política mantenga los problemas “bajo la alfombra”.

Lo ocurrido en el espigón de Ceuta nos recuerda que la paz y la seguridad no son un regalo gratuito, sino un bien que se cultiva con firmeza, justicia y caridad. Los católicos estamos llamados a ser levadura en esta sociedad: a defender la soberanía de nuestra patria y la protección de los más débiles de nuestra casa, sin renunciar jamás a mirar con misericordia de carne y hueso al hermano que llama a nuestra puerta desafiando el frío del mar.         

Fuente: vidanuevadigital.com

02 octubre 2026

Mensaje del Prelado del Opus Dei

Mons. Fernando Ocáriz

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Dentro de muy poco, ya metidos en los tres últimos años camino hacia el Centenario, celebraremos un nuevo 2 de octubre, día en que san Josemaría vio la Obra, y poco después, el 6 de octubre, el de su canonización. Aprovechemos estas fiestas para poner la mirada de un modo especial en nuestro Padre, con un deseo renovado de aprender de su vida a ser y hacer el Opus Dei.

Desde el Cielo sigue acompañándonos en nuestro camino. Podemos pensar que nada de lo que nos ocurra, ya sea bueno o doloroso, le es indiferente. Me vienen a la cabeza aquellas palabras, tan llenas de cariño, que nos decía en una ocasión: «Os quiero porque sois hijos de Dios, porque habéis decidido libremente ser mis hijos, porque tratáis de ser santos, porque sois muy fieles y muy majos: todos mis hijos lo son» (AGP, P01 1971, p. 10).

Acudamos a su intercesión con mucha confianza, sabiendo que siempre nos escucha y nos acompaña.

Sigamos, como siempre, muy unidos al Santo Padre, ahora también en su viaje apostólico en Francia.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

Roma, 25 de septiembre de 2026

01 octubre 2026

El gran balance de la visita de León XIV a Francia: los mensajes clave y las lecciones que deja su quinto viaje apostólico

María Rabell García


Desde los salones del Elíseo hasta las muchedumbres de Lourdes, París y Metz, el Papa firma en Francia una enérgica defensa del valor sagrado de la persona, alertando contra la «falsa compasión» de la eutanasia, la dictadura de los algoritmos y la deshumanización del hiperconsumo

El viaje apostólico de León XIV a Francia no ha sido una simple gira diplomática ni una mera sucesión de ceremonias litúrgicas. Ha constituido una auténtica enmienda a la totalidad del modelo antropológico, cultural y ético en el que se adormece el Occidente contemporáneo. A lo largo de sus intervenciones en París, en el estadio de Saint-Denis, en las explanadas de Lourdes o en el auditorio europeo de Metz, el Santo Padre ha hilvanado un mismo hilo conductor: la dignidad inalienable del ser humano y la sacralidad inviolable de la vida como único cimiento capaz de sostener la libertad, la justicia y la paz en Europa, haciendo así realidad el lema del viaje papal: «Pour que le monde ait la vie» («Para que el mundo tenga vida»).

El cimiento irrenunciable

El arranque del periplo en el Palacio del Elíseo marcó la pauta de todo el viaje. Ante el presidente Emmanuel Macron y las autoridades del Estado —en una nación que elevó recientemente el aborto a rango constitucional—, León XIV no dudó en situar el debate en su raíz más profunda. El Papa afirmó con rotundidad que «la protección del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano». Para el Pontífice, una sociedad que pretende garantizar libertades mientras descarta a los más indefensos incurre en una contradicción insostenible. En esa misma alocución denunció abiertamente las derivas que amenazan a la humanidad: las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, el comercio de órganos y la oferta de una muerte programada.

Esta batalla conceptual tuvo su réplica más emotiva en el santuario del Accueil Notre-Dame de Lourdes. Allí, ante enfermos, cuidadores y personal sanitario, el Santo Padre desarmó los sofisticados eufemismos de las legislaciones sobre el final de la vida: «Lo que es legal no es necesariamente moral». Cuestionó la «falsa compasión» que pretende solucionar el dolor eliminando al doliente y recordó a los médicos que su vocación es cuidar a la persona, jamás convertirse en servidores de la muerte. «Vosotros no sois un peso, sois el corazón palpitante de nuestra humanidad», proclamó dirigiéndose a las personas vulnerables.

La paradoja tecnológica: la trampa de la IA

El segundo gran eje del mensaje papal abordó la desorientación existencial provocada por el dominio tecno-científico. En la sede de la UNESCO en París, León XIV advirtió que la aceleración digital e instrumental jamás colmará las preguntas fundamentales del corazón humano. Frente a la tentación de sustituir el pensamiento por algoritmos o rendir culto a la eficiencia, sentenció que «el sentido de la vida es el oxígeno de la mente». El Pontífice alertó de que cuando la educación y la ciencia se desvinculan de la verdad y la moral, degeneran irremisiblemente en instrumentos de propaganda y manipulación.

Esta diagnosis del malestar contemporáneo fue trasladada a la calle en la multitudinaria Misa en la Plaza de la Concordia. Ante miles de fieles, el Papa diseccionó las adicciones del siglo XXI: el ocio anestésico, el consumo desenfrenado y los «pequeños ídolos que prometen la luna y las estrellas, pero dejan el corazón vacío». Frente a una burocracia despersonalizada que clasifica al individuo según métricas o rendimiento, León XIV contrapuso la mirada de Dios: «Para Él, ninguno de nosotros es un número de serie ni un número de identificación, sino una persona única e insustituible».

Un grito a la juventud: romper la tiranía de los «me gusta» y abrazar la familia

La respuesta del Papa a esta crisis de sentido tuvo su epicentro juvenil en dos escenarios masivos: el Stade de France ante 80.000 jóvenes y el auditorio de Metz. En Saint-Denis, el Santo Padre dialogó sin filtros sobre la ansiedad actual, la soledad interior y el vacío de las redes sociales. Advirtió contra el individualismo virtual que atrapa al joven en la ilusión de «tenerlo todo para no ser nadie; recibir una gran cantidad de 'me gusta', pero quedándose solo con uno mismo». Para salir de esa parálisis, propuso el itinerario de los tres verbos de San Pablo: huye del orgullo y del consumismo, tiende a la virtud y la santidad, y lucha con el arma del cristiano: el amor que se entrega.

En Metz, engarzando la pastoral juvenil, León XIV lanzó otra vibrante apelación a las nuevas generaciones: «¡No tengan miedo de formar una familia y de tener hijos!». Exhortó a la juventud europea a no someterse a la lógica de la violencia ni del desencanto, animándolos a convertirse en artífices de comunidad, a defender la vida desde el vientre materno hasta el último aliento y a comprometerse sin complejos en la vida pública y política.

El alma de Europa: raíces cristianas, justa laicidad y desarme de los corazones

El pensamiento geopolítico de León XIV se desplegó con particular lucidez en Metz —tierra de frontera de Robert Schuman— y en el encuentro interreligioso. Reivindicando el legado de los Padres Fundadores y la matriz espiritual del continente (desde el poso monástico de San Benito hasta Alcide De Gasperi), el Papa recordó que Europa es una realidad cultural antes que geográfica y que su identidad es incomprensible sin la fe cristiana, defendiendo que la apertura a la trascendencia es el fundamento histórico de la igualdad humana y del respeto al derecho.

En este contexto, volvió a urgir a las instituciones galas a abrazar una «justa laicidad». La fe en la plaza pública, remarcó, no es una amenaza ni un proselitismo agresivo, sino un recurso educativo y ético insustituible al servicio del bien común. Paralelamente, ante los líderes religiosos y en sus discursos geopolíticos, el Papa alzó la voz contra la «ilusión del rearme» y la militarización del mundo. Reclamó «desarmar los corazones y las palabras», afirmando que emplear el nombre de Dios para justificar la violencia «es una profanación» y que la grandeza de una civilización jamás se mide por sus éxitos económicos o militares, sino por cómo protege la fragilidad humana.

Renacer desde la oración

El diagnóstico del Papa no eludió la vida interna de la propia Iglesia. En la catedral de Notre-Dame de París —recientemente restaurada tras el devastador incendio de 2019—, León XIV dejó claro que la reconstrucción de las piedras carece de sentido si no va acompañada por una profunda conversión espiritual. Advirtió al clero y consagrados contra el riesgo de naufragar en un activismo funcionalista o burocrático, recordando la advertencia de Madeleine Delbrêl: «Sin oración, no amaremos a Dios con amor». La liturgia, afirmó, no es un espectáculo estético ni un museo, sino un oasis de paz para una sociedad ruidosa e híper-conectada.

Asimismo, trazó la hoja de ruta para el episcopado francés: mantener tolerancia cero ante el drama de los abusos, apoyar decididamente la enseñanza católica, buscar la unidad eclesial frente a la polarización ideológica y configurar a la comunidad cristiana no como un refugio a la defensiva, sino como una «casa abierta».

León XIV ha entregado a Francia y a Europa una carta de navegación integral. Un mensaje sin fisuras que demuestra que la defensa intransigente de la vida, el rearme espiritual y la propuesta de la fe son en el siglo XXI las respuestas más verdaderas, audaces y esperanzadoras frente a la gran adicción al vacío que amenaza a Occidente.

Fuente: eldebate.com

30 septiembre 2026

Viaje apostólico a Francia y visita a la UNESCO

El Papa en la Audiencia General

Catequesis

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy deseo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el Viaje Apostólico a Francia que he realizado en los días pasados. Lo vivido ha sido un gran don para mí y para el Pueblo de Dios que peregrina en ese país. Agradezco a todos los que lo han hecho posible: a las autoridades civiles y eclesiásticas, y a tantas personas que se han sumado a cada uno de los eventos y han salido a las calles a encontrarse con el Papa y a manifestar la alegría de la fe. ¡Gracias a todos!

Quisiera resumir mis vivencias en un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Un templo destruido hace siete años por un incendio, hoy es signo de renacimiento. Esta es una imagen de la Iglesia edificada con piedras vivas, es decir, de personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, “para que el mundo tenga vida” (cf. Jn 6,51). Esta es la reconstrucción de la Iglesia que sólo Dios puede llevar a cabo.

***

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, que mantenga encendida en nosotros la lámpara de la fe, la esperanza y la caridad, y que seamos uno en Cristo, para que el mundo pueda creer en Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Fuente: vatican.va

29 septiembre 2026

DosenDios

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

En mi último post, escribía sobre ese peligro tan humano de hacer las cosas porque toca, porque siempre las hemos hecho así, dejando poco a poco de poner el corazón en ellas. Y terminaba anunciando un proyecto en el que llevábamos tiempo trabajando y del que pronto os hablaría.

Ha llegado el momento. Se llama DosenDios.

Nace de una convicción muy sencilla: el matrimonio no es solo una historia de amor que hay que conservar; es una vocación que estamos llamados a descubrir y redescubrir durante toda la vida. Podemos compartir casa, hijos, preocupaciones, proyectos, ilusiones… y olvidar que, en medio de todo eso, precisamente ahí, Dios nos está esperando.

DosenDios quiere ayudarnos a detenernos un poco.

No es un curso sobre matrimonio ni una sucesión de conferencias. Tampoco está pensado para resolver problemas. Es, sencillamente, un itinerario de crecimiento espiritual compartido, nacido a partir del impulso de un grupo de matrimonios jóvenes con el que hemos estado trabajando estos últimos meses.

DosenDios se inspira en las enseñanzas de san Josemaría sobre el matrimonio y la santificación de la vida ordinaria. Un mensaje que intenté desarrollar en mi último libro, De dos en Dios, y que no pertenece a un grupo ni a una institución particular, es universal: el matrimonio es una vocación y puede ser camino de santidad, lugar de encuentro con Dios, precisamente en medio de la vida ordinaria.

DosenDios está abierto a todos, a cualquier matrimonio que quiera acercarse y recorrer el camino, piense como piense, sea cual sea su situación o su grado de práctica religiosa. No se trata de comprobar de dónde parte cada uno, sino de ofrecer un camino y dejar que cada matrimonio lo recorra como quiera. La libertad y la ausencia de juicio forman parte del ADN del proyecto.

La dinámica es deliberadamente sencilla. Cada mes, los esposos reciben una breve carta con una propuesta: leer un capítulo del libro, pensar, rezar, conversar, hacer juntos alguna pequeña actividad… Después, se reúnen con otros cuatro o cinco matrimonios para compartir lo que cada uno quiera, aprender unos de otros y recorrer el camino en amistad. Sin expertos, sin matrimonios perfectos, sin revelar intimidades: matrimonios reales acompañando a matrimonios reales.

Una intuición resume todo el proyecto y nos ha acompañado durante los meses de trabajo: esto va de Dios. Va de descubrir que Él no está fuera de nuestra vida matrimonial, sino que forma parte de ella y está esperando que le encontremos en cada gesto, por anodino que pueda parecer.

Empezamos ahora en Barcelona. El próximo 29 de septiembre, a las 20:00h, en el Oratorio de Santa María de Bonaigua, tendremos una sesión informativa (máximo, una hora) para quienes quieran conocer el proyecto de primera mano. Y el 22 de octubre, en el mismo lugar, tendrá lugar la sesión inicial para quienes decidáis inscribiros. Os adjunto abajo el Save the Date. En la página web (también abajo) tenéis toda la información y datos de contacto.

Pero DosenDios no nace para quedarse en Barcelona. De momento, durante este curso tenemos previsto ponerlo en marcha también en Madrid, Valencia, Granada, Londres, Buenos Aires, Ciudad de México y São Paulo. Y nos gustaría que fueran muchas más.

Por eso, si al leer esto has pensado en algunos matrimonios amigos con quienes te gustaría recorrer este camino, quizá puedas simplemente proponérselo.

Y si has pensado: “Esto tendríamos que hacerlo en mi ciudad”, escríbenos también. No hace falta ser experto en nada. Buscamos matrimonios que crean en la belleza de la vocación matrimonial y quieran ayudar a otros matrimonios a vivirla. La implementación en cualquier lugar no tiene complejidad alguna: os proporcionaremos los materiales, la experiencia y el acompañamiento necesarios para ponerlo en marcha.

Tal vez sea una buena manera de combatir aquella rutina de la que hablaba en mi anterior post: volver a mirar con ojos nuevos y redescubrir la grandeza escondida en tantas cosas pequeñas de cada día, recordando que Dios no nos espera fuera, sino que está (¡es una parte importante!) en nuestra vida matrimonial.

Se trata de descubrir que nuestro matrimonio puede ser un andar divino en la tierra. En la página web encontraréis toda la información y los datos de contacto:

Fuente: javiervidalquadras.com

28 septiembre 2026

5 pensadores ante el totalitarismo

Francisco Otamendi

La expansión democrática está en declive. Asistimos a una regresión democrática global donde las autocracias (92) superan a las democracias (87). La catedrática Ana Marta González comenta algunas ideas de grandes pensadores como Hannah Arendt, Tocqueville, Popper y Weil para prevenir los totalitarismos

Hace unos días, encontré de repente un post en la red X, que decía lo siguiente: “El único obstáculo para la idolatría del totalitarismo consiste en una vida espiritual auténtica. Si no se acostumbra a los niños a pensar en Dios, se harán fascistas o comunistas por necesidad de consagrarse a algo» (Simone Weil)”.

Me llamó la atención, y fue la génesis de estas líneas sobre los usos del poder y el totalitarismo. Contacté con la autora del breve texto, la catedrática de Filosofía Moral Ana Marta Gonzalez (@anamartagg), de la Universidad de Navarra, le comenté la idea de presentar algunos filósofos/pensadores que hubieran reflexionado sobre el totalitarismo, y escribió unas líneas.

Además, Ana Marta Gónzalez es miembro ordinario de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales desde 2016, y ha organizado este año en Roma la sesión plenaria de la Academia, con una declaración final sobre el tema “los usos del poder. Democracia, legitimidad, y la reescritura del orden internacional”. El Papa León XIV les dirigió un Mensaje, como pueden ver aquí.

Llegamos a un acuerdo sobre los pensadores. Al final, la catedrática se centró en Hannah Arendt, Tocqueville, Popper y Simone Weil. Por mi cuenta, añadí al filósofo germano coreano Byung-Chul Han, por lo que verán a continuación.

La Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente 

¿La Iglesia puede hablar del totalitarismo o se mete en camisa de once varas? La respuesta es de León XIV, de este mes, al comentar la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II: La Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo que ocurre en el mundo, sino que “está llamada a caminar con la humanidad”, señaló el 2 de septiembre. 

“No es posible permanecer como “espectadores desinteresados”, añadió. Los creyentes están  llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, “sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia”.

¿Y qué ocurre en el mundo? Sin duda, muchas cosas, descritas por el mismo Papa en “Magnifica humanitas”. Una de ellas es que en todo el mundo, las autocracias (92) superan en número a las democracias (87), y vivimos en una época de regresión democrática global.

Solo el 7 por ciento de la población mundial vive bajo regímenes democráticos

Ahora, “solo el 7 por ciento vive bajo regímenes que pueden considerarse democracias liberales plenas, mientras que el 74 por ciento vive ahora en autocracias; y muchos de esos regímenes que se autodenominan democracias no cumplen con algunos de sus criterios fundamentales”, señala un informe de V-Dem Institut, citado en la declaración final de la Academia de Ciencias Sociales.

La misma declaración subraya que “no solo hemos aprendido que la democracia no es un logro irreversible, sino también que el giro de la democracia hacia el autoritarismo no siempre se manifiesta mediante un derrocamiento repentino y violento al estilo de un golpe militar. Si bien esto aún ocurre en algunos países, con mayor frecuencia se produce mediante el uso de los procedimientos existentes, debilitando el sistema y ejerciendo el poder sin controles ni contrapesos constitucionales ni límites éticos”.

Alertas de los pensadores

Estos pensadores que se mencionan, “iluminan el panorama desde posturas distintas”, a juicio de la filósofa Ana Marta González. Son los siguientes. 

1. Alexis de Tocqueville “habla de ‘despotismo blando’” y “alerta sobre los peligros de un régimen que valora la igualdad sin ofrecer el contrapeso de la libertad mediante la participación ciudadana”, señala González.

En ese sentido, “es un liberal clásico, a su juicio, si bien apunta una idea que Arendt desarrolla a su modo: la atomización de la sociedad, la falta de vínculos, debilita la libertad de los individuos, los deja inermes frente al poder del Estado…”.

En líneas generales, según diversos autores, las propuestas de Tocqueville (1805-1859) ante el totalitarismo pasan por la libertad de asociación, las instituciones intermedias, la descentralización, la prensa y la participación cívica.

Arendt: “el sistema totalitario persigue la dominación total”

2 y 3. Hanna Arendt (o Simone Weil), según la catedrática Ana Marta González, “podrían continuar diciendo: los desarraiga (a los individuos), los hace vulnerables a la propaganda…  

La cita de Weil (1909-1943), la he tomado precisamente de su libro “Echar raíces”, revela la catedrática. “Se hablaba de totalitarismo en los años 20, para referirse al fascismo, y más tarde se usó para compararlo con el nazismo y el comunismo”.  

Para Arendt (1906-1975), el totalitarismo no es simplemente una dictadura especialmente cruel. El tirano puede eliminar adversarios, gobernar arbitrariamente, abolir libertades e imponer obediencia, pero todavía gobierna sobre seres humanos a los que quiere someter. 

En cambio, “Arendt habla de que el sistema totalitario hace «superfluos» e intercambiables a los seres humanos. Ella considera que esta clase de regímenes son específicamente modernos; presuponen masas desarraigadas, ideologías omnicomprensivas, técnicas modernas de organización, burocracia y propaganda. Es característico del sistema totalitario perseguir la dominación total, de todas las esferas de la vida”, describe la filósofa.

4. Karl Popper (1902-1994) escribe ‘La sociedad abierta y sus enemigos’ un poco antes de Arendt y Weil, pero “su aproximación es distinta: desde una perspectiva epistemológica, simplemente quiere decir que nadie tiene conocimiento suficiente como para diseñar racionalmente la totalidad social…, por eso nuestra manera de vivir debe dejar abierta la puerta a la crítica y la reforma de las instituciones”, subraya la académica.

Popper critica la sociedad cerrada y defiende la sociedad abierta; “pero es importante no confundir la sociedad abierta con la sociedad desarraigada, que Weil critica”. Otros autores mencionan las reformas graduales, lo que Popper denominó ingeniería social fragmentaria, frente a las utopías revolucionarias.

5. Byung-Chul Han (1959-), filósofo alemán de origen surcoreano y premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, no se centra tanto en el totalitarismo clásico, como en formas contemporáneas de control, autoexplotación, vigilancia, transparencia obligatoria, redes y manipulación de la atención. Sus propuestas, como pueden observar aquí, van en la línea de recuperar la libertad interior, la contemplación y los espacios no sometidos al control digital.

Byung-Chul Han ha escrito, por ejemplo, que “la sociedad adicta actual es una sociedad sin atención. La percepción está controlada por la adicción y la dopamina. La adicción y la atención son fuerzas opuestas”. O también: “Las redes sociales utilizan algoritmos adictivos para hacer a las personas dependientes, para controlarlas y dirigirlas. El smartphone es una máquina digital de adicción”.

Fuente: omnesmag.com