15 noviembre 2010

Discurso del Papa al Consejo Pontificio para la Cultura


Al término de la celebración de la Asamblea Plenaria anual


Señores cardenales, venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:

Estoy contento de encontraros al término de la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, durante el transcurso de la cual habéis profundizado en el tema: “Cultura de la comunicación y nuevos lenguajes”. Doy las gracias a su presidente, monseñor Gianfranco Ravasi, por sus hermosas palabras, y saludo a todos los participantes, agradecido por la contribución ofrecida al estudio de esta temática, muy relevante para la misión de la Iglesia. Hablar de comunicación y de lenguaje significa, de hecho, no sólo tocar uno de los nudos cruciales de nuestro mundo y de sus culturas, sino, para nosotros los creyentes, significa acercarse al misterio mismo de Dios que, en su bondad y sabiduría, quiso revelarse y manifestar su voluntad a los hombres (Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, 2). En Cristo, de hecho, Dios se nos reveló como Logos, que se comunica y nos interpela, enlazando la relación que funda nuestra identidad y dignidad de personas humanas, amadas como hijos por el único Padre (cfr Ex. ap. postsinodal Verbum Domini, 6.22.23). Comunicación y lenguaje son también dimensiones esenciales de la cultura humana, constituida por informaciones y nociones, por creencias y estilos de vida, pero también por reglas, sin las cuales difícilmente las personas podrían progresar en la humanidad y en la socialidad. He apreciado la decisión original de inaugurar la Plenaria en la Sala de la Protomoteca en el Campidoglio, corazón civil e institucional de Roma, con una mesa redonda sobre el tema: "En la Ciudad a la escucha de los lenguajes del alma”. De esta forma, el Dicasterio ha querido expresar una de sus tareas esenciales: ponerse a la escucha de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, para promover nuevas ocasiones de anuncio del Evangelio. Escuchando, por tanto, las voces del mundo globalizado, nos damos cuenta de que está en curso una profunda transformación cultural, con nuevos lenguajes y nuevas formas de comunicación, que favorecen también nuevos y problemáticos modelos antropológicos.
En este contexto, los Pastores y los fieles advierten con preocupación algunas dificultades en la comunicación del mensaje evangélico y en la transmisión de la fe, dentro de la propia comunidad eclesial. Como he escrito en la Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini: "muchos cristianos necesitados de que se les vuelva a anunciar persuasivamente la Palabra de Dios, de manera que puedan experimentar concretamente la fuerza del Evangelio" (n. 96). Los problemas parecen a veces aumentar cuando la Iglesia se dirige a los hombres y a las mujeres alejados o indiferentes a una experiencia de fe, a los cuales el mensaje evangélico llega de manera poco eficaz y convincente. En un mundo que hace de la comunicación la estrategia principal, la Iglesia, depositaria de la misión de comunicar a todas las gentes el Evangelio de la salvación, no permanece indiferente y extraña; intenta, por el contrario, de valerse con renovado empeño creativo, pero también con sentido crítico y discernimiento atento, de los nuevos lenguajes y de las nuevas modalidades comunicativas.
La incapacidad del lenguaje de comunicar el sentido profundo y la belleza de la experiencia de fe puede contribuir a la indiferencia de muchos, sobre todo los jóvenes; puede convertirse en motivo de alejamiento, como afirmaba ya la Constitución Gaudium et spes, reconociendo que una presentación inadecuada del mensaje esconde más que manifiesta el genuino rostro de Dios y de la religión (cfr n. 19). La Iglesia quiere dialogar con todos, en la búsqueda de la verdad; pero para que el diálogo y la comunicación sean eficaces y fecundos es necesario sintonizarse en una misma frecuencia, en ámbitos de encuentro amistoso y sincero, en ese “Atrio de los Gentiles” ideal que propuse, hablando a la Curia Romana hace un año, y que el Dicasterio está realizando en diversos lugares emblemáticos de la cultura europea. Hoy no pocos jóvenes, aturdidos por las infinitas posibilidades ofrecidas por las redes informáticas o por otras tecnologías, establecen formas de comunicación que no contribuyen al crecimiento en humanidad, sino que al contrario, corren el riesgo al contrario de aumentar el sentido de soledad y de desorientación. Ante estos fenómenos, he hablado muchas veces de emergencia educativa, un desafío al que se puede y se debe responder con inteligencia creativa, empeñándose en promover una comunicación humanizadora, que estimule el sentido crítico y la capacidad de valoración y de discernimiento.
También en la cultura tecnológica actual, es el paradigma permanente de la inculturación del Evangelio el que hace de guía, purificando, sanando y elevando los mejores elementos de los nuevos lenguajes y de las nuevas formas de comunicación. Para esta tarea, difícil y fascinante, la Iglesia puede acudir al extraordinario patrimonio de símbolos, imágenes, ritos y gestos de su tradición. En particular, el rico y denso simbolismo de la liturgia debe resplandecer en toda su fuerza como elemento comunicativo, hasta tocar profundamente la conciencia humana, el corazón y el intelecto. La tradición cristiana, además, ha unido siempre estrechamente a la liturgia el lenguaje del arte, cuya belleza tiene una particular fuerza comunicativa propia. Lo experimentamos también el pasado domingo, en Barcelona, en la Basílica de la Sagrada Familia, obra de Antoni Gaudí, que conjugó genialmente el sentido de lo sagrado y de la liturgia con formas artísticas tanto modernas como en sintonía en las mejores tradiciones arquitectónicas. Con todo, más incisiva aún que el arte y que la imagen en la comunicación del mensaje evangélico es la belleza de la vida cristiana. Al final, sólo el amor es digno de fe y resulta creíble. La vida de los santos, de los mártires, muestra una singular belleza que fascina y atrae, porque una vida cristiana vivida en plenitud haba sin palabras. Necesitamos hombres y mujeres que hablen con su vida, que sepan comunicar el Evangelio, con claridad y valor, con la transparencia de las acciones, con la pasión gloriosa de la caridad.
Tras haber ido peregrino a Santiago de Compostela y haber admirado en miles de personas, sobre todo jóvenes, la fuerza convincente del testimonio, la alegría de ponerse en camino hacia la verdad y la belleza, auguro que muchos contemporáneos nuestros puedan decir, volviendo a escuchar la voz del Señor, como los discípulos de Emaús: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32). Queridos amigos, os doy las gracias por cuanto hacéis cada día con competencia y dedicación y, mientras os confío a la protección maternal de María Santísima, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
La agricultura, respuesta a la crisis económica


El Papa ayer durante el rezo del Ángelus


Queridos hermanos y hermanas:

En la segunda lectura de la Liturgia de hoy, el apóstol Pablo subraya la importancia del trabajo para la vida del hombre. Este aspecto es también recordado por la “Jornada de Acción de Gracias”, que se celebra tradicionalmente en Italia en este segundo domingo de noviembre como acción de gracias a Dios al término de la estación de las cosechas. Aunque en otras áreas geográficas los tiempos de cultivación son naturalmente distintos, hoy quisiera aprovechar la oportunidad de las palabras de san Pablo para unas reflexiones, en particular sobre el trabajo agrícola.
La crisis económica actual, de la que se ha tratado también en estos días en la reunión del llamado G20, debe tomarse en toda su seriedad: esta tiene numerosas causas y manda una fuerte llamada a una revisión profunda del modelo de desarrollo económico global (cfr Enc. Caritas in veritate, 21). Es un síntoma agudo que se ha añadido a otros también graves y ya bien conocidos, como el perdurar del desequilibrio entre riqueza y pobreza, el escándalo del hambre, la emergencia ecológica y, actualmente también general, el problema del paro. En este cuadro, parece decisivo un relanzamiento estratégico de la agricultura. De hecho, el proceso de industrialización a veces ha ensombrecido al sector agrícola, el cual, aún tomando a su vez beneficio de los conocimientos y de las técnicas modernas, con todo ha perdido importancia, con notables consecuencias también en el plano cultural. Me parece el momento para un llamamiento a revalorar la agricultura, no en sentido nostálgico, sino como recurso indispensable para el futuro.
En la actual situación económica, la tentación para las economías más dinámicas es la de recurrir a alianzas ventajosas que, con todo, pueden resultar gravosas para los Estados más pobres, prolongando situaciones de pobreza extrema de masas de hombres y mujeres y apurando los recursos naturales de la Tierra, confiada por Dios Creador al hombre – como dice el Génesis – para que la cultive y la custodie (cfr 2,15). Además, a pesar de la crisis, consta aún que en los países de antigua industrialización se incentivan estilos de vida marcados por un consumo insostenible, que resultan también dañinos para el ambiente y para los pobres. Es necesario apuntar, por tanto, de forma verdaderamente concertada, sobre un nuevo equilibrio entre agricultura, industria y servicios, para que el desarrollo sea sostenible, no falte a nadie el pan y el trabajo, y el aire, el agua y los demás recursos primarios sean preservados como bienes universales (cfr Enc. Caritas in veritate, 27). Es fundamental para esto cultivar y difundir una clara conciencia ética a la altura de los desafíos más complejos del tiempo presente; educarse todos a un consumo más sabio y responsable; promover la responsabilidad personal junto con la dimensión social de las actividades rurales, fundadas en valores perennes, como la acogida, la solidaridad, en compartir el cansancio en el trabajo. No pocos jóvenes han elegido ya este camino; también muchos licenciados vuelven a dedicarse a la empresa agrícola, sintiendo responder así no solo a una necesidad personal y familiar, sino también a un signo de los tiempos, a una sensibilidad concreta por el bien común.
Oremos a la Virgen María, para que estas reflexiones puedan servir de estímulo a la comunidad internacional, mientras elevamos a Dios nuestra acción de gracias por los frutos de la tierra y del trabajo del hombre.

14 noviembre 2010

El bosque de Dios


Giovanni Maria Vian


Un viaje histórico por su importancia y simbólico por su significado el que Benedicto XVI ha realizado a España, por segunda vez en menos de cinco años. Gracias a la visita de dos ciudades que expresan la realidad diversificada de un gran país, fuertemente arraigado en la tradición cristiana y que hoy, aunque ampliamente secularizado, ha sabido acoger al Papa con simpatía y escucharlo con atención. Una simpatía y una atención demostradas de modo público por el soberano y por la reina, por los príncipes de Asturias, por el presidente del Gobierno y por las autoridades nacionales y regionales. Además de, naturalmente, por toda la Iglesia, que se confirma una realidad vital y viva en la sociedad española. El itinerario del Romano Pontífice, que tocó Santiago de Compostela y Barcelona, quiso unir simbólicamente la historia del país y sostener su apertura actual ante todo a Europa, pero también a los demás continentes. A los españoles, pero hablando a todo el mundo, el Papa recordó con fuerza sobre todo el significado de la fe cristiana, en cuyo punto de partida no se halla un proyecto humano sino Dios mismo, que habita en lo íntimo del corazón de toda persona. Es una tragedia -dijo Benedicto XVI en la homilía de Santiago, delante de la maravillosa catedral románica y barroca- que en el continente europeo, sobre todo a lo largo del siglo XIX, se afirmase y se divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Frente a esta negación, casi incomprensible, es necesario en cambio que Dios, "sol de las inteligencias", vuelva bajo los cielos de Europa, continente que a su vez debe abrirse a la trascendencia.Y como la imagen crucificada de Cristo está en las encrucijadas de los caminos que llevan a Compostela -donde es más que milenaria la memoria del apóstol Santiago-, así la "cruz bendita" debe brillar en las tierras europeas, exclamó el Papa, que inmediatamente después proclamó la "gloria del hombre", deseando que la Europa de la ciencia y de la cultura se abra a la trascendencia.
La apertura a Dios volvió en las palabras de Benedicto XVI en Barcelona, cuando dedicó el templo expiatorio nacido de la visión genial de Antoni Gaudí y durante la visita que quiso realizar al "Nen Déu", la obra dedicada al Niño Jesús, para abrazar con ternura a sus niños y jóvenes, alentando a quienes los asisten. El Papa definió la inmensa mole de piedra de la Sagrada Familia, casi un bosque admirable de columnas que se transforman en movimiento, como realidad sacramental, "signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz". Santuario de Dios, como lo es toda persona humana. Por esto es sagrada, y por esto -no por hostilidad hacia el hombre y su libertad- la Iglesia, que se funda únicamente en Cristo, desea medidas en apoyo de la familia y se opone a toda forma de negación de la vida.Con este viaje a España el Sucesor de Pedro mostró todavía con más claridad el sentido de su camino y del de la Iglesia: presentar al mundo a Dios, que es amigo de los hombres, e invitarlos a su casa. Una casa cuya belleza se ve de alguna forma reflejada por el Pórtico de la gloria que acoge a los peregrinos que llegan a Compostela, y en Barcelona por ese bosque de Dios que Gaudí, artista visionario y cristiano auténtico, quiso que se levantara en el centro de la ciudad de los hombres. Para que miren a su presencia entre ellos, contemplen su inexpresable maravilla y sepan acogerlo.
Relación entre Iglesia y Estado


Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel


VER
Estando los obispos del país reunidos en asamblea plenaria, nos visitó el Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, con algunos de su gabinete. Nos presentó su visión sobre la inseguridad y la violencia, así como la estrategia que sigue el gobierno para combatir el narcotráfico y la corrupción. Nos habló de la situación económica, la generación de empleos, la atención a la salud y la prioridad de la educación. Por nuestra parte, se le expusieron algunos puntos que nos preocupan y ofrecimos nuestra leal colaboración para trabajar junto con todas las instancias en la reconstrucción de nuestra patria, en justicia, verdad, libertad, paz y reconciliación, teniendo como base la dignidad de la persona humana, más allá de credos políticos o religiosos.
En días pasados, el Presidente Nicolás Sarkosy dijo en Roma, después de su entrevista con el Papa: "Francia no olvida que con la Iglesia tiene una historia común de dos mil años y que hoy comparte con ella un tesoro inestimable de valores morales, de cultura, de civilización, que se han inscrito en su identidad. La Iglesia, con los medios espirituales que le son propios, la República Francesa con sus medios políticos, sirven a muchas causas comunes. Entonces, ¿por qué no se hablan? ¿Por qué no podrían trabajar juntas? Creo en la distinción de lo espiritual y lo temporal como un principio de libertad. Creo en la laicidad como un principio de respeto. Pero la Iglesia no puede quedar indiferente ante los problemas de la sociedad a la que pertenece, así como la política no puede quedar indiferente ante el hecho religioso y los valores espirituales y morales. No hay religión sin responsabilidad social, no hay política sin moral".
JUZGAR
No faltará quien critique que el Presidente de nuestro país dialogue con los obispos, alegando que se viola el laicismo del Estado y se atenta contra la separación. No tengan temor. No buscamos alianzas estratégicas con fines electorales, ni bendecir todo lo que haga un gobierno, sino juntos enderezar las baterías contra los enemigos comunes, como dijo el Papa Benedicto XVI al recibir al nuevo Embajador de Chile ante la Santa Sede:
"Quisiera subrayar que, si bien la Iglesia y el Estado son independientes y autónomos en su propio campo, ambos están llamados a desarrollar una colaboración leal y respetuosa para servir la vocación personal y social de las mismas personas. En el cumplimiento de su misión específica de anunciar la buena nueva de Jesucristo, la Iglesia busca responder a las expectativas y a los interrogantes de los hombres, apoyándose también en valores y principios éticos y antropológicos que están inscritos en la naturaleza del ser humano. Cuando la Iglesia alza su voz frente a los grandes retos y problemas actuales, como las guerras, el hambre, la pobreza extrema de tantos, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, o la promoción de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer y primera responsable de la educación de los hijos, no actúa por un interés particular o por principios que sólo peden percibir los que profesan una determinada fe religiosa. Respetando las reglas de la convivencia democrática, lo hace por el bien de toda la sociedad y en nombre de valores que toda persona puede compartir con su recta razón". Y agrega algo que también se puede afirmar de la Iglesia en nuestra patria: "A este respecto, el pueblo chileno sabe bien que la Iglesia en esa nación colabora sincera y eficazmente, y desea seguir haciéndolo, en todo aquello que contribuya a la promoción del bien común, del justo progreso y de la pacífica y armónica convivencia de todos los que viven en esa hermosa tierra" (7-X-2010).
ACTUAR
Escuchémonos con respeto, y no queramos imponer sólo nuestra voz, menos con demagógicos gritos estentóreos y con descalificaciones sistemáticas a quienes piensan y actúan en trincheras distintas. Todos somos corresponsables del país y debemos aprender a unir fuerzas, siendo independientes y autónomos, pero con una colaboración leal y respetuosa, buscando sólo el bien nacional.

13 noviembre 2010

Por su nombre


Monseñor Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo

El Evangelio de este domingo nos deja una sensación agridulce, con un cierto desconcierto. Las diversas respuestas de Jesús, indicaban a sus oyentes que todo estaba inacabado, inseguro. Hasta la belleza del Templo era frágil y su solidez amenazada: "no quedará piedra sobre piedra". Surgirán profetas falsos una vez más, llegarán guerras, catástrofes, espantos. Y a los discípulos les dirá: os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante gobernadores por causa de mi nombre. Hasta los más cercanos como padres, hermanos, parientes y amigos, los odiarán, los traicionarán e incluso los matarán por causa de su nombre.
Muchas veces ha surgido la tentación de hacer del Cristianismo una especie de vergel, de tranquilo paraíso donde evadirse de un mundo corrupto y caduco que se empeña en no vivir "como Dios manda". Pero el Cristianismo no ha sido regalado por Dios como una "burbuja de paz". De hecho, los mejores hijos de la Iglesia han tenido que sufrir persecución, incomprensión y martirio de tantos modos, como la prolongación en la historia de aquél por mi nombre del que nos habla hoy el Evangelio. Vivir en su Nombre, diciendo su Nombre, siendo su Nombre.
Jesús y el Cristianismo no son un sedante para nuestras molestias sociales, ni un barbitúrico para perpetuar privilegios. No provocan alucinaciones sino compromisos. Los cristianos somos llamados a pertenecer a la historia de Aquel que fue anunciado como "signo de contradicción", y que vino a traer el fuego y la espada, es decir portador de la Luz y portavoz de la Verdad en un mundo que con demasiada frecuencia pacta con la oscuridad y la mentira.
Pero este Evangelio, aunque duro, no es desesperanzador. Nos dice Jesús: "no les tengáis miedo". Ha prometido darnos palabras y sabiduría para hacer frente a cualquier adversario. Lo que importa es que esa Presencia y esa Palabra por Él prometidas, resuenen y se reflejen en la vida de la comunidad cristiana y en la de cada cristiano particular.
El Cristianismo no es una aventura para fugarse del mundo, sino una urgencia para transformarlo según el proyecto de Dios, en el Nombre del Señor. Los cristianos no son los del eterno poderío o los de la eterna oposición, sino los eternos discípulos del único Maestro. Poniendo lo mejor de nosotros mismos para que en cada rincón de la historia pueda seguir escuchándose la Buena Noticia de Jesús y haciéndose realidad el don inmerecido de su Reino que la Iglesia en cada época no deja de anunciar.

12 noviembre 2010

“Verbum Domini”: Reflexiones y aplicaciones


Monseñor Gianfranco Ravasi y monseñor Nicola Eterovic


Si el Papa Benedicto XVI quiso dedicar una asamblea sinodal a la Palabra de Dios en el año 2008 “quizás había algo de polvo y era necesario ponerla de nuevo en el centro”, dijo el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, monseñor Gianfranco Ravasi.
El futuro cardenal intervino este jueves en la presentación de la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, que tvo lugar en la sala de prensa de la Santa Sede.
El acto contó también con la presencia del prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet PSS; el secretario general del Sínodo de los Obispos, monseñor Nikola Eterovic, y su subsecretario, monseñor Fortunato Frezza.
Monseñor Eterovic afirmó que el título de la exhortación apostólica permite “percibir la concordancia y también la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento”.
Señaló que los objetivos de este documento pontificio son “comunicar los resultados de la asamblea sinodal, redescubrir la Palabra de Dios, fuente constante de renovación eclesial”, así como “promover la animación bíblica de la pastoral, ser testimonios de la Palabra” y por último “emprender una nueva evangelización”.
Monseñor Ravasi definió el documento pontificio como “altamente teológico y pastoral” y dijo que la exhortación apostólica invita a hacer una recta interpretación de las Sagradas Escrituras y advierte de los peligros de los grupos fundamentalistas “que usan a veces la traducción de una traducción en inglés”, dijo el prelado.
“La ilusión es tal que la fidelidad material se convierte en infidelidad al contenido”, advirtió el presidente del Consejo Pontificio para la cultura, refiriéndose al fundamentalismo bíblico.
Medios para entender la Palabra
Monseñor Nikola Eterovic resaltó cómo el documento destaca algunos medios que ayudan a profundizar en el mensaje de la palabra de Dios, entre ellos la liturgia, las misiones, los retiros espirituales y las peregrinaciones.
En cuanto a las celebraciones litúrgicas, dijo que es necesario prestar una atención especial a recursos exteriores como “el templo, el ambón, el altar, los mismos instrumentos de difusión acústica y de lecturas bíblicas”.
También destacó la gran importancia del canto, que “favorece la percepción unitaria de la liturgia”, la cual “se alimenta de la Palabra de Dios desde el inicio en el rendimiento de las diferentes partes celebrativas”.
El prelado señaló así la manera como el Papa, además de sintetizar las ponencias de los padres sinodales, ilumina sus intervenciones con puntos clave de su magisterio.
“Tomando en consideración tales hechos, se podría concluir que el Santo Padre Benedicto XVI puede ser definido como el Papa de la Palabra de Dios”, concluyó monseñor Eterovic.
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Pasajes mas representativos
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Objetivo: "Deseo indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial" (n. 1)
Religión de la Palabra, no del libro: "La fe cristiana no es una 'religión del Libro': el cristianismo es la 'religión de la Palabra de Dios', no de 'una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo" (n. 7):
Tradición y Escritura: "Es la Tradición viva de la Iglesia la que nos hace comprender de modo adecuado la Sagrada Escritura como Palabra de Dios. (n. 17)
Sagrada Escritura, inspiración y verdad: "La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo. De ese modo, se reconoce toda la importancia del autor humano, que ha escrito los textos inspirados y, al mismo tiempo, a Dios como el verdadero autor (n. 19).
Dios escucha al hombre: "Es decisivo desde el punto de vista pastoral mostrar la capacidad que tiene la Palabra de Dios para dialogar con los problemas que el hombre ha de afrontar en la vida cotidiana [...] La pastoral de la Iglesia debe saber mostrar que Dios escucha la necesidad del hombre y su clamor (n. 23).
Exégesis: "En el trabajo de interpretación, los exegetas católicos no deben olvidar nunca que lo que interpretan es la Palabra de Dios. Su tarea no termina con la distinción de las fuentes, la definición de formas o la explicación de los procedimientos literarios. La meta de su trabajo se alcanza cuando aclaran el significado del texto bíblico como Palabra actual de Dios (n. 33)
Antiguo Testamento y judaísmo: "La comprensión judía de la Biblia puede ayudar al conocimiento y al estudio de las Escrituras por los cristianos. El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo es manifiesto en el Nuevo [...] Deseo reiterar una vez más lo importante que es para la Iglesia el diálogo con los judíos ( n. 43).
Biblia y ecumenismo: "Consciente de que la Iglesia tiene su fundamento en Cristo, Verbo de Dios hecho carne, el Sínodo ha querido subrayar el puesto central de los estudios bíblicos en el diálogo ecuménico, con vistas a la plena expresión de la unidad de todos los creyentes en Cristo" (46).
Traducciones, servicio al ecumenismo: "La promoción de las traducciones comunes de la Biblia es parte del trabajo ecuménico. Deseo agradecer aquí a todos los que están comprometidos en esta importante tarea y animarlos a continuar en su obra" (46).
Escritura y Liturgia: "Exhorto a los Pastores de la Iglesia y a los agentes de pastoral a esforzarse en educar a todos los fieles a gustar el sentido profundo de la Palabra de Dios que se despliega en la liturgia a lo largo del año, mostrando los misterios fundamentales de nuestra fe" (52).
La homilía: "Se requiere que los predicadores tengan familiaridad y trato asiduo con el texto sagrado; que se preparen para la homilía con la meditación y la oración, para que prediquen con convicción y pasión" (n. 59).
Celebraciones de la Palabra de Dios: "Los Padres sinodales han exhortado a todos los pastores a promover momentos de celebración de la Palabra [...] Dicha práctica comportará grandes beneficios para los fieles, y se ha de considerar un elemento relevante de la pastoral litúrgica (n. 65).
Acústica: "Para favorecer la escucha de la Palabra de Dios no se han de descuidar aquellos medios que pueden ayudar a los fieles a una mayor atención. En este sentido, es necesario que en los edificios sagrados se tenga siempre en cuenta la acústica, respetando las normas litúrgicas y arquitectónicas (n. 68)
Canto litúrgico: "Para ensalzar la Palabra de Dios durante la celebración litúrgica, se tenga también en cuenta el canto en los momentos previstos por el rito mismo, favoreciendo aquel que tenga una clara inspiración bíblica y que sepa expresar, mediante una concordancia armónica entre las palabras y la música, la belleza de la palabra divina. En este sentido, conviene valorar los cantos que nos ha legado la tradición de la Iglesia y que respetan este criterio. Pienso, en particular, en la importancia del canto gregoriano (n. 70).
Atención a los discapacitados: "El Sínodo ha recomendado prestar una atención especial a los que, por su condición particular, tienen problemas para participar activamente en la liturgia, como, por ejemplo, los discapacitados en la vista y el oído (n. 71).
La animación bíblica de la pastoral: "El Sínodo ha invitado a un particular esfuerzo pastoral para resaltar el puesto central de la Palabra de Dios en la vida eclesial, recomendando incrementar la "pastoral bíblica", no en yuxtaposición con otras formas de pastoral, sino como animación bíblica de toda la pastoral" (n. 73)
Dimensión bíblica de la catequesis: "La actividad catequética comporta un acercamiento a las Escrituras en la fe y en la Tradición de la Iglesia, de modo que se perciban esas palabras como vivas, al igual que Cristo está vivo hoy donde dos o tres se reúnen en su nombre (n. 74).
Lectio Divina: "En los documentos que han preparado y acompañado el Sínodo, se ha hablado de muchos métodos para acercarse a las Sagradas Escrituras con fruto y en la fe. Sin embargo, se ha prestado una mayor atención a la lectio divina, que es verdaderamente capaz de abrir al fiel no sólo el tesoro de la Palabra de Dios sino también de crear el encuentro con Cristo, Palabra divina y viviente" (n. 87).
Palabra de Dios y Tierra Santa: "Los Padres sinodales han recordado la feliz expresión en la que se llama a Tierra Santa 'el quinto Evangelio'. Es muy importante que, no obstante las dificultades, haya en aquellos lugares comunidades cristianas. El Sínodo de los Obispos expresa su profunda cercanía a todos los cristianos que viven en la Tierra de Jesús, testimoniando la fe en el Resucitado" (n. 89).
Anuncio y nueva evangelización: "Tantos hermanos están bautizados, pero no suficientemente evangelizados. Con frecuencia, naciones un tiempo ricas en fe y vocaciones van perdiendo su propia identidad, bajo la influencia de una cultura secularizada. La exigencia de una nueva evangelización, tan fuertemente sentida por mi venerado Predecesor, ha de ser confirmada sin temor, con la certeza de la eficacia de la Palabra divina" (n. 96).
Testimonio: "La Palabra de Dios llega a los hombres por el encuentro con testigos que la hacen presente y viva" (n. 97).
Compromiso por la justicia: "La Palabra de Dios impulsa al hombre a entablar relaciones animadas por la rectitud y la justicia; da fe del valor precioso ante Dios de todos los esfuerzos del hombre por construir un mundo más justo y más habitable" (n. 100).
Derechos humanos: "Deseo llamar la atención de todos sobre la importancia de defender y promover los derechos humanos de cada persona[...] La difusión de la Palabra de Dios refuerza la afirmación y el respeto de estos derechos (n. 101).
Palabra de Dios y paz: "En el contexto actual, es necesario más que nunca redescubrir la Palabra de Dios como fuente de reconciliación y paz, porque en ella Dios reconcilia en sí todas las cosas: Cristo 'es nuestra paz', que derriba los muros de división (n. 102).
Palabra de Dios y salvaguardia de la Creación: "El compromiso en el mundo requerido por la divina Palabra nos impulsa a mirar con ojos nuevos el cosmos que, creado por Dios, lleva en sí la huella del Verbo, por quien todo fue hecho [...] La arrogancia del hombre que vive 'como si Dios no existiera', lleva a explotar y deteriorar la naturaleza, sin reconocer en ella la obra de la Palabra creadora" (n. 108).
Internet: "En el mundo de internet, que permite que millones y millones de imágenes aparezcan en un número incontable de pantallas de todo el mundo, deberá aparecer el rostro de Cristo y oírse su voz, porque 'si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre'" (n. 113)
Diálogo interreligioso: "La Iglesia reconoce como parte esencial del anuncio de la Palabra el encuentro y la colaboración con todos los hombres de buena voluntad, en particular con las personas pertenecientes a las diferentes tradiciones religiosas, evitando formas de sincretismo y relativismo (n. 117).
Diálogo y libertad religiosa: "El respeto y el diálogo requieren, consiguientemente, la reciprocidad en todos los terrenos, sobre todo en lo que concierne a las libertades fundamentales, y en particular, a la libertad religiosa. Favorecen la paz y el entendimiento entre los pueblos » (n. 120).
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
VERBUM DOMINI
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DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI AL EPISCOPADO, AL CLERO, A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A LOS FIELES LAICOS SOBRE LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA Y EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA

LA PALABRA DEL SEÑOR permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos » (1 P 1,25: cf. Is 40,8). Esta frase de la Primera carta de san Pedro, que retoma las palabras del profeta Isaías, nos pone frente al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Dios ha pronunciado su palabra eterna de un modo humano; su Verbo « se hizo carne » ( Jn 1,14). Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de los siglos, llega hasta nosotros. La XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebró en el Vaticano del 5 al 26 de octubre de 2008, tuvo como tema "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Fue una experiencia profunda de encuentro con Cristo, Verbo del Padre, que está presente donde dos o tres están reunidos en su nombre (cf. Mt 18,20). Con esta Exhortación, cumplo con agrado la petición de los Padres de dar a conocer a todo el Pueblo de Dios la riqueza surgida en la reunión vaticana y las indicaciones propuestas, como fruto del trabajo en común. En esta perspectiva, pretendo retomar todo lo que el Sínodo ha elaborado, teniendo en cuenta los documentos presentados: los Lineamenta, el Instrumentum laboris, las Relaciones ante y post disceptationem y los textos de las intervenciones, tanto leídas en el aula como las presentadas in scriptis, las Relaciones de los círculos menores y sus debates, el Mensaje final al Pueblo de Dios y, sobre todo, algunas propuestas específicas (Propositiones), que los Padres han considerado de particular relieve. En este sentido, deseo indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial.
Texto completo de la exhortación apostólica "Verbum Domini"

11 noviembre 2010

La Eucaristía, misterio de unidad entre Dios y los hombres


Discurso del Papa al Comité para los Congresos Eucarísticos


Señores cardenales, venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:
Estoy contento de acogeros al concluir los trabajos de la Asamblea Plenaria del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales. Os saludo cordialmente a cada uno de vosotros, en particular al presidente, el arzobispo monseñor Piero Marini, a quien doy las gracias por las corteses expresiones con las que ha introducido nuestro encuentro. Saludo a los Delegados Nacionales de las Conferencias Episcopales y, de modo especial, a la Delegación irlandesa, guiada por monseñor Diarmuid Martin, arzobispo de Dublín, ciudad en la que tendrá lugar el próximo Congreso Eucarístico Internacional, en junio de 2012. Vuestra Asamblea ha dedicado gran atención a este acontecimiento, que se inserta también en el programa de renovación de la Iglesia en Irlanda. El tema, "La Eucaristía, comunión con Cristo y entre nosotros”, recuerda la centralidad del Misterio eucarístico para el crecimiento de la vida de fe y para todo auténtico camino de renovación eclesial. La Iglesia, mientras va peregrinando por la tierra, es sacramento de unidad de los hombres con Dios y entre ellos (cfr Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 1). Para este fin, ha recibido al Palabra y los Sacramentos, sobre todo la Eucaristía, de la que "continuamente vive y crece" (ibid., 26) y en la que al mismo tiempo se expresa a sí misma.
El don de Cristo y de su Espíritu, que recibimos en la Eucaristía, cumple con plenitud sobreabundante los anhelos de unidad fraterna que se albergan el corazón humano, y al mismo tiempo los eleva muy por encima de la simple experiencia de la convivencia humana. Mediante la comunión con el Cuerpo de Cristo, la Iglesia va siendo cada vez más ella misma: misterio de unidad “vertical” y “horizontal” para todo el género humano. A los brotes de disgregación, que la experiencia cotidiana muestra tan arraigados en la humanidad a causa del pecado, se contrapone la fuerza generadora de unidad del Cuerpo de Cristo. La Eucaristía, formando continuamente a la Iglesia, crea también comunión entre los hombres.
Queridísimos, algunas felices circunstancias hacen más significativos los trabajos llevados a cabo en estos días y los acontecimientos futuros. La presente Asamblea cae en el 50° aniversario del Congreso Eucarístico de Munich de Baviera, que marcó un cambio en la comprensión de estos acontecimientos eclesiales, elaborando la idea de la statio orbis, que será retomada más tarde por el Ritual romano De sacra Communione et de cultu Mysterii eucharistici extra Missam. En esta Cumbre, como ha recordado monseñor Marini, tuve la alegría de participar personalmente, como joven profesor de teología. Además, el Congreso de Dublín de 2012 tendrá un carácter jubilar, de hecho será el 50°, y se celebrará además 50 años después de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, al que el tema hace referencia explícita recordando el capítulo 7 de la Constitución dogmática Lumen gentium.
Los Congresos Eucarísticos Internacionales tienen ya una larga historia en la Iglesia. Mediante la forma característica de la "statio orbis", ponen de relieve la dimensión universal de la celebración: de hecho, se trata siempre de una fiesta de la fe en torno a Cristo Eucarístico, el Cristo del sacrificio supremo por la humanidad, en la que participan los fieles no sólo de una Iglesia particular o de una nación, sino, en cuanto sea posible, de varios lugares del Orbe. Es la Iglesia la que se reúne en torno a su Señor y su Dios. Al respecto, es importante el papel de los Delegados nacionales. Estos están llamados a sensibilizar a sus respectivas Iglesias al acontecimiento del Congreso, sobre todo en el periodo de su preparación, para que fluyan de él frutos de vida y de comunión.
Tarea de los Congresos Eucarísticos, sobre todo en el contexto actual, es también el de dar una contribución peculiar a la nueva evangelización, promoviendo la evangelización mistagógica (cfr Exhort. ap. postsinod. Sacramentum caritatis, 64), que se realiza en la escuela de la Iglesia en oración, a partir de la liturgia y a través de la liturgia. Pero cada Congreso lleva consigo también una inspiración evangelizadora en el sentido más estrictamente misionero, tanto que el binomio Eucaristía-misión ha entrado a formar parte de las líneas maestras propuestas por la Santa Sede. La Mesa eucarística, mesa del sacrificio y de la comunión, representa así el centro difusor del fermento del Evangelio, fuerza propulsora para la construcción de la sociedad humana y prenda del Reino que viene. La misión de la Iglesia está en continuidad con la de Cristo: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Jn 20,21). Y la Eucaristía es el trámite principal de esta continuidad misionera entre Dios Padre, el Hijo encarnado, y la Iglesia que camina en la historia, guiada por el Espíritu Santo.
Finalmente, una indicación litúrgico-pastoral. Dado que la celebración eucarística es el centro y el culmen de todas las diversas manifestaciones y formas de piedad, es importante que todo Congreso eucarístico sepa implicar e integrar, según el espíritu de a reforma conciliar, todas las expresiones del culto eucarístico "extra missam" que hunden sus raíces en la devoción popular, como también las asociaciones de fieles que a diverso título toman inspiración de la Eucaristía. Todas las devociones eucarísticas, recomendadas y animadas también por la Encíclica Ecclesia de Eucharistia (nn. 10; 47-52) y por la Exhortación post-sinodal Sacramentum caritatis, son armonizadas según una eclesiología eucarística orientada hacia la comunión. También en este sentido los Congresos eucarísticos son una ayuda a la renovación permanente de la vida eucarística de la Iglesia.
Queridos hermanos y hermanas, el apostolado eucarístico al que dedicáis vuestros esfuerzos es muy precioso, Perseverad en él con empeño y pasión, animando y difundiendo la devoción eucarística en todas sus expresiones. En la Eucaristía está encerrado el tesoro de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo, que en la Cruz se inmoló por la salvación de la humanidad. Acompaño vuestro apreciado servicio con la seguridad de mi oración, por intercesión de María Santísima, y con la Bendición Apostólica, que de corazón os imparto a vosotros, a vuestros seres queridos y a vuestros colaboradores.