18 abril 2013


''La Iglesia no es una niñera''

El Papa ayer en la misa en Santa Marta

La Iglesia no debe ser como "una niñera que cuida al niño para que se duerma". Si así fuera, sería una "Iglesia adormecida". Quien ha conocido a Jesús tiene la fuerza y el coraje de anunciarlo. Del mismo modo, quien ha recibido el bautismo tiene la fuerza de caminar, de ir hacia adelante, de evangelizar. Y "cuando hacemos esto la Iglesia se convierte en madre que genera hijos", capaces de llevar a Cristo al mundo.
Esta es síntesis la reflexión propuesta por el papa Francisco esta mañana 17 de abril, en la celebración de la misa, en la capilla de la residencia de Santa Marta, a la que asistieron numerosos empleados del Instituto para las Obras de Religión (IOR).
Entre los concelebrantes, los monseñores Vincenzo Pisanello, obispo de Oria, y Giacinto Boulos Marcuzzo, vicario del patriarca de Jerusalén de los Latinos para Israel.
Durante la homilía, el papa --comentando la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles (8, 1-8)- recordó que, "tras el martirio de Esteban, estalló una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Hemos leído en en libro de los Hechos que la Iglesia estaba completamente tranquila, completamente en paz, la caridad entre ellos, las viudas eran atendidas. Pero luego llega la persecución. Este es un poco el estilo de la vida de la Iglesia: entre la paz de la caridad y la persecución». Y esto sucede porque esta, explicó, fue la vida de Jesús. Tras la persecución, siguió el papa, todos huyeron excepto los apóstoles. Los cristianos en cambio "se fueron. Solos. Sin presbítero. Sin obispos: solos. Los obispos, los apóstoles, estaban en Jerusalén para hacer un poco de resistencia a estas persecuciones".
Sin embargo lo que huyeron "fueron de lugar en lugar, anunciando la Palabra". Justo sobre estos el papa ha querido centrar la atención de los participantes. Ellos "dejaron su casa, llevaron consigo quizá pocas cosas; no tenían seguridad, pero fueron de sitio en sitio anunciando la Palabra. Llevaban consigo la riqueza que tenían: la fe. Aquella riqueza que el Señor les había dado. Eran simples fieles, apenas bautizados desde hacía un año o poco más, quizá. Pero tenían el coraje de ir a anunciar. ¡Y les creían! ¡E incluso hacían milagros! "Muchos endemoniados expulsaban espíritus impuros, dando grandes gritos, y muchos paralíticos y lisiados fueron curados".
Y al final "¡hubo gran alegría en aquella ciudad!". Había ido también Felipe. Estos cristianos --cristianos desde hacía poco tiempo- tuvieron la fuerza, el coraje de anunciar a Jesús. Lo anunciaban con las palabras, pero también con su vida. Suscitaban curiosidad: "Pero... ¿quiénes son estos?". Y ellos decían: "Hemos conocido a Jesús, hemos encontrado a Jesús, y lo llevamos". Tenían solo la fuerza del bautismo. Y el bautismo les daba este coraje apostólico, la fuerza del Espíritu".
La reflexión del papa se centró luego en el hombre de hoy: «Pienso en nosotros, bautizados, si tenemos esta fuerza. Y pienso: “Pero nosotros, creemos en esto? ¿Que el bautismo sea suficiente para evangelizar? O esperamos que el cura diga, que el obispo diga… ¿Y nosotros?”». Demasiado a menudo, subrayó, la gracia del bautismo se deja un poco aparte y nos encerramos en nuestros pensamientos, en nuestras cosas. "A veces pensamos: “No, nosotros somos cristianos: hemos recibido el bautismo, nos hemos confirmado, hemos hecho la primera comunión… y así el carnet de identidad está bien. Y ahora, dormimos tranquilos: somos cristianos”. Pero "¿Dónde está esta fuerza del Espíritu que te lleva adelante?», se preguntó el papa. «¿Somos fieles al Espíritu para anunciar a Jesús con nuestra vida, con nuestro testimonio y con nuestras palabras? Cuando hacemos esto, la Iglesia se convierte en una Iglesia Madre que genera hijos», hijos de la Iglesia que testimonian a Jesús y la fuerza del Espíritu. «Pero --advirtió- cuando no lo hacemos, la Iglesia se convierte no en madre, sino en Iglesia niñera, que cuida al niño para que se duerma. Es una Iglesia adormecida. Pensemos en nuestro bautismo, en la responsabilidad de nuestro bautismo».
Y recordó un suceso en Japón, en los primeros decenios del siglo XVII, cuando los misioneros católicos fueron expulsados del país y las comunidades permanecieron más de dos siglos sin sacerdotes. Sin. Cuando luego volvieron los misioneros ¡encontraron a una comunidad viva en la que todos estaban bautizados, catequizados, casados en la iglesia! E incluso cuantos habían muerto había recibido una sepultura cristiana. «Pero --añadió el papa- no había sacerdote! ¿Quién hizo esto? ¡Los bautizados!». He aquí la gran responsabilidad de los bautizados: «Anunciar a Cristo, llevar adelante la Iglesia, esta maternidad fecunda de la Iglesia. Ser cristiano no es hacer una carrera para hacerse un abogado o un médico cristiano; no. Ser cristiano es un don que nos hace ir adelante con la fuerza del Espíritu en el anuncio de Jesucristo».
Por últim, el papa dirigió su pensamiento a Nuestra Señora, quien siempre acompañó a los cristianos con la oración cuando eran perseguidos o dispersados. «Oraba mucho. Pero también les animaba: “Id, haced…!”». "Pidamos al Señor --concluyó- la gracia de convertirnos en bautizados valientes y seguros de que el Espíritu que tenemos en nosotros, recibido por el bautismo, nos impulsa siempre a anunciar a Jesucristo con nuestra vida, con nuestro testimonio y también con nuestras palabras». 

17 abril 2013


Existe la tentación de festejar el Concilio pero de no seguirlo

H. Sergio Mora


El Concilio Vaticano II fue una obra hermosa del Espíritu Santo. Entretanto no hemos hecho todo lo que nos dijo el Espíritu Santo en el Concilio. Queremos festejar estos 50 años del Vaticano II y a veces queremos hasta hacerle un monumento, siempre que no nos de fastidio. Y peor aún hay algunos tercos que quieren volver atrás, someter al Espíritu Santo, o sea que se obstinan en su ser necios y duros de corazón.
Estos conceptos los expresó ayer el papa Francisco, durante su homilía en la residencia de Santa Marta, en la misa concelebrada con el cardenal Giuseppe Bertello, presidente del Gobierno de la Ciudad del Vaticano y con el patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal.
Fueron ideas que el santo padre unió a la primera lectura del día, que habla del martirio de san Esteban que antes de ser lapidado anunció la resurrección de Cristo, amonestando a los presentes con palabras fuertes: “¡Tercos! Ustedes oponen siempre resistencia al Espíritu Santo”.
Y el papa recordó que “Esteban se lo recuerda a quienes persiguieron a los profetas y después de haberlos asesinados le construyeron una 'hermosa tumba' y recién entonces los veneraron”.
“También Jesús --indicó el santo padre- amonesta a los discípulos de Emaus: '¡Necios y duros de corazón porque no creen en todo lo que dijeron los profetas!'. Siempre y entre nosotros existe esa resistencia al Espíritu Santo. Para decirlo claramente el Espíritu Santo nos da fastidio. Porque nos mueve, nos hace caminar, empuja a la Iglesia a ir hacia adelante”.
Y el papa profundiza la problemática: “Y nosotros estamos como Pedro en la Transfiguración: '¡Ah, que bello estar todos así juntos!'... pero que no nos de fastidio. Queremos que el Espíritu Santo se duerma... queremos someter al Espíritu Santo. Y esto no va, porque Él es Dios y Él es aquel viento que va y viene y uno no sabe desde donde. Es la fuerza de Dios, es lo que nos da la consolación y la fuerza para ir adelante. ¡Ir adelante! Y esto da fastidio. La comodidad es más linda”.
Y el papa añadió: “Hoy parece que estamos todos contentos por la presencia del Espíritu Santo, pero no es verdad. Esta tentación existe hoy. Un sólo ejemplo: pensemos al Concilio” dijo.
Y reivindicó el Concilio como “una obra hermosa del Espíritu Santo. Piensen al papa Juan XXIII, que parecía sólo un párroco bueno. Él fue obediente al Espíritu Santo e hizo aquello”.
Y Francisco planteó una interrogación: “¿Pero después de 50 años hemos hecho todo aquello que nos dijo el Espíritu Santo en el Concilio? ¿En aquella continuidad de crecimiento de la Iglesia que fue el Concilio?” y categóricamente respondió: “No”.
Y denunció cuál es la tentación más profunda: “Festejemos este aniversario, hagamos un monumento, pero que no nos de fastidio. No queremos cambiar. Aún más, hay voces que dicen que quieren ir hacia atrás. Esto se llama ser tercos, se llama querer someter al Espíritu Santo, esto se llama volverse necios y duros de corazón.
“Sucede lo mismo -prosiguió Francisco- también en nuestra vida personal” cada vez que “el Espíritu nos empuja a tomar una vía más evangélica” y nosotros oponemos resistencia.
Y concluyó con una invitación: “No opongan resistencia al Espíritu Santo. Es el Espíritu que nos hace libres, con la libertad de Jesús, con aquella libertad de los hijos de Dios”.
Y reiteró: “No oponer resistencia al Espíritu Santo, esta es la gracia que yo querría que todos nosotros pidiéramos al Señor: la docilidad al Espíritu Santo, aquel Espíritu que viene a lo de nosotros y nos hace ir adelante en la vía de la santidad. ¡Esa santidad tan hermosa de la Iglesia! 

16 abril 2013


El cambio de pontificado un tiempo especial de gracia para la Iglesia

 Iván de Vargas


El cardenal Rouco ha relatado los hechos sucedidos desde la renuncia de Benedicto XVI el 11 de febrero de 2013, el cónclave y elección del papa Francisco, un cambio de pontificado que el purpurado ha calificado de "especial tiempo de gracia para la Iglesia". 
Así, el presidente de la CEE ha realizado un alegato sobre la ejemplaridad que ha supuesto la renuncia de Benedicto XVI para la Iglesia y sus pastores. "Al retirarse al silencio de la oración, Benedicto XVI nos ha dejado a todos, en particular a los pastores, un ejemplo excepcional de virtud", ha comentado. Para el purpurado, el gesto del papa emérito ha puesto de manifiesto "un espíritu acostumbrado al desprendimiento, humilde y generoso, atento al bien de los demás, de la Iglesia y de toda la humanidad". En ningún caso ha implicado "una ruptura en la vida de la Iglesia", ha señalado.
Finalmente, el cardenal Rouco ha aprovechado su primer discurso después del cónclave para referirse al nuevo pontífice. Al respecto, ha destacado que, desde su llegada al solio pontificio, el papa Francisco está invitando "a toda la Iglesia a lo esencial" y a los "pastores a oler a oveja" y a salir "a las periferias donde hay sufrimiento y sangre derramada". Recordando los ejercicios espirituales impartidos por el entonces cardenal Bergoglio en Madrid en 2006, ha resaltado "la humildad" de este jesuita "poseído por el amor a la Iglesia".
Por su parte, el nuncio apostólico en España, Mons. Renzo Fratini, retomando unas palabras recientes del santo padre, ha advertido a los obispos españoles del peligro de la "autoreferencialidad" y del "narcisismo" en las instituciones eclesiásticas. Durante su intervención con motivo de la inauguración de la plenaria de la CEE, Mons. Fratini ha invitado a los prelados a "salir, caminar, evangelizar y construir la Iglesia llevando la cruz, anunciando en las periferias a Jesucristo".
Beatificación de 500 mártires del siglo XX
La CI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) celebra su reunión del 15 al 19 de abril. 
Durante esta Asamblea, el episcopado español aprobará, previsiblemente, un mensaje sobre la beatificación conjunta de más de 500 mártires del siglo XX, “eminentes testigos de la fe”, que tendrá lugar en Tarragona el 13 de octubre y que se enmarca como una iniciativa de la CEE en el Año de la fe.
También estudiará el proyecto de un catecismo dirigido a niños y adolescentes, titulado Testigos del Señor, continuación del Jesús es el Señor, que ya está implantado en muchas diócesis españolas.
Entre otros asuntos, los obispos seguirán revisando el documento Iglesia particular y Vida Consagrada. Cauces operativos para facilitar las relaciones mutuas entre los obispos y la Vida Consagrada en España, y la Comisión Episcopal del Clero presentará unas normas básicas para la formación de los diáconos permanentes en las diócesis españolas.
Como es habitual en la Plenaria del mes de abril, se aprobarán las intenciones de la Conferencia Episcopal Española para el Apostolado de la Oración. Además, los obispos recibirán información sobre temas económicos; tratarán diversos asuntos de seguimiento; se repasarán las actividades de las distintas Comisiones Episcopales y se procederá a la aprobación de distintas Asociaciones Nacionales.

Para saber más: Discurso inaugural del cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE): http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/discursos-plenarias/3507-discurso-inaugural-ci-asamblea-plenaria-de-la-cee.html
Palabras del Sr. Nuncio a la CI Asamblea Plenaria: 

15 abril 2013


Decisión del Papa de gobernar la Iglesia y reformar la Curia colegiadamente


La primera decisión de calado que toma el papa Francisco ha suscitado innumerables reacciones. Los comentaristas coinciden en señalar que es un paso más en la línea postconciliar de la colegialidad iniciada por Pablo VI con la creación de las conferencias episcopales, seguida por Juan Pablo II con la creación de los sínodos y continuada por Benedicto XVI.
Francisco ha querido no sólo afrontar colegiadamente la reforma de la Curia Romana, que ya es, sino que además da un paso trascendental al afirmar que quiere que este, podríamos llamarle "Senado", le ayude a gobernar la Iglesia "de modo continuado", subrayó el portavoz vaticano.
Es decir, es un consejo lo más parecido posible a un consejo de ministros pero con la diferencia de que sus titulares no son ni presidentes ni secretarios de dicasterio (lo más parecido a un ministerio en la Iglesia) sino personas experimentadas, de una cierta edad, con probada experiencia de gobierno pastoral y de Curia procedentes de todo el orbe. Por tanto, se aproxima más a un Senado, elegido dentro del Colegio de Cardenales.
Escuchó a las Congregaciones Generales
Con la creación de este Consejo de cardenales, Francisco "ha querido dar una señal y mostrar que ha recibido las sugerencias que se habían manifestado en las Congregaciones anteriores al cónclave", destacó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, tras el anuncio.
La reacción no se hizo esperar ayer, y en general calificada de modo muy positivo. Los diarios españoles se limitaban a reproducir la noticia de la agencia Efe (un sábado, fin de semana, las redacciones están capitidisminuidas...). Si embargo titulaban con grandes caracteres: "La revolución de Francisco". "El papa Francisco comenzó hoy su esperada revolución con la creación de un grupo de ocho cardenales, procedentes de los cinco continentes, para estudiar cómo reformar la Curia romana tras los últimos escándalos", decía Efe.
"El exarzobispo de Buenos Aires, que justo hoy hace un mes fue elegido papa, ha realizado ya gestos considerados revolucionarios, por su carácter humilde y cercano a los fieles, pero aún no había tomado decisiones sobre la organización de la Iglesia --añade el despacho de agencia--. La reforma de la Curia romana fue uno de los principales temas de preocupación en las Congregaciones previas al cónclave, cuando aún estaba latente el caso Vatileaks, el robo de documentos de los que surgieron la existencia de divisiones entre sus miembros".
"Pero, además --subraya--, sobre el ministerio del papa Jorge Mario Bergoglio pesaba la necesidad de dar mayor colegialidad, transparencia y fiabilidad al aparato vaticano, además de otro de los temas que preocupan al pontífice: reducir las cargas económicas que implican".
Función asesora
Destaca que Lombardi quiso precisar que el consejo tendrá funciones de "asesoramiento" y no "tomará decisiones", ante algunas informaciones relativas a que "restaría poderes a la actual Secretaría de Estado".
Agregó que este grupo ha sido designado para "aconsejar" y "ayudar" al papa y pidió que se eviten discursos relativos a que la "Curia queda en un segundo plano o se reducen sus responsabilidades".
"La Curia continuará con su trabajo --insistió Lombardi--, que destacó el hecho de que la primera reunión del consejo tenga lugar dentro de varios meses, lo que no da 'sensación de emergencia', al tiempo que matizó que no se ha indicado 'la periodicidad con la que se celebrarán los encuentros'".
El papa Francisco "continúa su trabajo de conocimiento de la Curia" con los encuentros que mantiene con los jefes de dicasterios y organismos para que en octubre próximo "tenga ya su visión" de la situación, según el portavoz.
Romper moldes
El diario madrileño El Mundo titulaba ayer “Las revoluciones de Francisco”, afirmando que el papa argentino "comenzó a romper moldes desde el mismo instante en que, vestido con una simple sotana blanca y un crucifijo plateado sobre el pecho, se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro y anunció al mundo que quería llamarse Francisco, como san Francisco de Asís, el santo de los pobres".
"Desde entonces el papa llegado 'del fin del mundo' --añade el diario- no sólo se ha metido en el bolsillo a la mayoría de la gente (las encuestas señalan que al 92% de los italianos les gusta) sino que ya está llevando a cabo una pequeña revolución que hace presagiar que el suyo será un pontificado de fuerte cariz reformador y purificador".
Y enumera algunas de las innovaciones llevadas a cabo por Francisco en su primer mes como Papa: 1. El Papa de los pobres; quiere una Iglesia "pobre y para los pobres". Y está actuando en coherencia, rehuyendo ostentación; 2. No al apartamento pontificio: Dice que es demasiado grande para él y, sobre todo, que ahí se sentiría aislado. Sigue viviendo en Santa Marta, la residencia donde paran muchos obispos y monseñores a su paso por Roma; 3. Almuerza en el comedor común: El papa come en el mismo comedor de la residencia Santa Marta. Hace unos días, de hecho, salió a relucir una foto que hizo con su teléfono móvil monseñor Franco Agnesi y colgó la foto en su cuenta de Facebook; 4. Misas abiertas al público. Francisco oficia misa en la capilla de la residencia Santa Marta y está abierta a cualquier empleado del Vaticano. Concluida la ceremonia, suele saludar uno por uno a los asistentes y a veces se sienta con ellos en los bancos a hablar. 5. Obispo de Roma, no papa. Esa actitud de humildad ha hecho que un patriarca de Constantinopla, el actual Bartolomé I, acudiera a la misa de inicio de su pontificado por primera vez desde 1054, cuando la Iglesia ortodoxa se separó de la católica; 6. Lavatorio de pies a presos juveniles (incluidas mujeres y musulmanas) el pasado Jueves Santo; 7. No se sienta en la sede pontificia; 8. No lleva el crucifijo y el anillo de oro; 9. Sus gastados zapatos negros; 10. Gesticula, besa, abraza, toca; Se mueve entre la plaza de San Pedro en un jeep abierto. Además, se baja muchas veces del vehículo para saludar a la gente (sobre todo a los enfermos y a los discapacitados). Trae de cabeza a los servicios de seguridad del Vaticano; 11. Sin terciopelo ni armiño; 12. Lenguaje claro, directo y desde el corazón; 13. Respeto hacia los ateos: Durante el encuentro que celebró con los 5.300 periodistas que cubrieron el cónclave les ofreció una bendición silenciosa para no ofender a los no creyentes ni a los que practican otras religiones.
Pasa a la acción
Por su parte el diario argentino La Mañana de Neuquén afirmaba ayer que "con esta importante decisión, el papa latinoamericano, que hasta ahora no se había pronunciado públicamente sobre el tema, pasa a la acción, tal como habían exigido los casi 90 cardenales de los 115 que lo eligieron como pontífice en el cónclave del pasado 13 de marzo".
El diario también argentino Clarín decía: "En el día en que cumple un mes de su pontificado, el papa argentino partió a la grande en la reforma de la Curia Romana, con la designación de un grupo de ocho cardenales que lo 'aconsejen en el gobierno de la Iglesia universal'. Los cardenales trambién deberán estudiar un proyecto para revisar la Constitución Apostólica Pastor bonus sobre la Curia Romana, que es el gobierno central de la Iglesia".
"Se trata de un gesto --añade- que da un notable impulso al principio de colegialidad que Francisco se propone hacer realidad en la Iglesia, con una apertura sin precedentes para aumentar la colaboración en el manejo del catolicismo mundial a obispos, cardenales y también a los Sínodos Mundiales episcopales, que se reúnen cada dos años en el Vaticano".
¿Bertello nuevo secretario de Estado?
Sobre un inminente nombramiento de nuevo secretario de Estado, el diario argentino coincide con otros influyentes medios en indicar que "insistentes versiones señalaron que Bertello tiene las mejores chances para ser el nuevo s de Estado, el 'primer ministro' del papa, como sucesor del actual en fase de retiro, cardenal Tarcisio Bertone". Sin embargo, ya se sabe para lo que sirven las quinielas, a juzgar por los resultados del último Cónclave.
Afirma también que en esta decisión del papa Francicos han influido las luchas de poder en la Curia y las filtraciones de documentos privados del anterior pontífice.
Señala este medio que, además del cardenal Bertello, entre los otros siete purpurados del grupo de consejeros hay dos latinoamericanos: el chileno Francisco Javier Errazuriz Ossa, cardenal emérito de Santiago y el hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, con funciones de coordinador del grupo.
Los otros "también pesos pesados de la Iglesia mundial. Los cardenales Reinhard Marx, arzobispo de Munich, Alemania; Oswald Gracias, arzobispo de Bombay, India; Laurent Monsegwo Pasinya, arzobispo de Kinshasha, Republica Democrática del Congo; el franciscano Sean Patrick O'Malley, arzobispo de Boston, el principal "papable" norteamericano en el Cónclave que eligio a Bergoglio. Por último está el cardenal arzobispo de Sydney, Australia, George Pell".
Por último, en opinión de este diario, el nombramiento del obispo de Albano, monseñor Marcello Semeraro, como secretario de la Comisión, es "un premio y una demostración de confianza hacia el obispo cuya diócesis comprende la residencia papal de Castelgandolfo, a 30 kilómetros de Roma".

La experiencia tan fuerte de Cristo les hacía ver las persecuciones como motivo de honor

El Papa ayer en el Ángelus


¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!:

Querría detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la Liturgia de este tercer domingo de Pascua. Este texto refiere que la primera predicación de los apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la noticia de que Jesús verdaderamente había resucitado, según las Escrituras, y era el Mesías anunciado por los profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la ciudad trataron de truncar nada más nacer a la comunidad de los creyentes en Cristo e hicieron apresar a los apóstoles, ordenándoles que no enseñaran más en su nombre. Pero Pedro y los otros Once respondieron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús… lo ha elevado a su derecha como cabeza y salvador… Y de estos hechos somos tesigos nosotros y el Espíritu Santo" (Hechos 5,29-32). Entonces hicieron flagelar a los apóstoles y les ordenaron de nuevo que no hablaran más en el nombre de Jesús. Y ellos se fueron, como dice la Escritura, "contentos de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes en el nombre de Jesús" (v. 41).
Yo me pregunto: ¿dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para este testimonio suyo? No solo: de dónde les venían la alegría y el coraje del anuncio, a pesar de los obstáculos y los malos tratos? No olvidemos que los apóstoles eran personas sencillas, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecientes a la clase sacerdotal. ¿Cómo pudieron, con sus límites y perseguidos por las autoridades, llenar Jerusalén con su enseñanza (cfr Hechos 5,28)? Está claro que solo la presencia con ellos del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo pueden explicar este hecho. El Señor que estaba con ellos y el Espíritu que les impulsaba a la predicación explican este hecho extraordinario. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Cristo muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada ni de nadie, e incluso veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y asemejarse a El, testimoniando con la vida.
Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy importante, que vale para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente a Jesucristo y cree en El, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de su Resurrección, y no puede dejar de comunicar esta experiencia. Y si esta persona encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y con la fuerza de la verdad.
Rezando juntos el Regina Caeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con franqueza y coraje la Resurrección del Señor y dé válido testimonio de ella con signos de amor fraterno. El amor fraterno es el testimonio más cercano que podemos dar de que Jesús está con nosotros vivo, que Jesús ha resucitado. Oremos en modo particular por los cristianos que sufren persecución; en este tiempo hay tantos cristianos que sufren persecución, tantos, tantos, en tantos países: recemos por ellos, con amor, desde nuestro corazón. Que sientan la presencia viva y confortadora del Señor Resucitado.
"¡A todos vosotros buen domingo y buen almuerzo!"

13 abril 2013


El papa Francisco, religioso y sacerdote

Jorge Rangel Sánchez


Hoy se cumple un mes de la elección del papa Francisco. Jorge Rangel Sánchez, de la Comisión Diocesana para la Pastoral de la Comunicación Social de la diócesis de Querétaro, México, describe la figura del pontífice desde su condición de religioso y sacerdote.

“Habemus Papam”, fueron las palabras que iniciaron el fin del bombardeo de especulaciones de quienes fuera de la Iglesia hasta se atrevían a hacer listas de favoritos y tenían a mano los datos según ellos espectaculares de cargos y notas que dieran de qué hablar del nuevo sucesor de san Pedro, el humilde pescador.
Todo falló, no estaba el elegido de Dios entre las predicciones humanas. Conforme van pasando los días hay noticias sobre el papa. Que si pagó su cuenta en el hotel, que si fue a un hospital, que si le lavó los pies a los presos. Lo novedoso, lo diferente es su sencillez, la anécdota, y los más habladores, especulan, dicen que está ganando la calle, que es una estrategia, los que observan pensando que la Iglesia es una gran fábrica, hasta aquí quedaron.
Ver y estar atento a la persona del papa, en lo personal, me ha recordado a decenas de religiosos y religiosos sacerdotes, que entregan su vida al servicio de la Iglesia. Sencillos en su trato, obedientes al papa y a sus superiores, pobres con austeridad y castos amando a Cristo y a sus hermanos, viviendo en comunidad, desgastando su vida, viviendo un estilo, una manera de ser, imitando a Jesús, escuchando la voz de Dios en sus superiores y en el cumplimiento de una vida ordenada, cada acción tiene su tiempo, con la vista en la tierra y la mirada en el cielo.
Tener un papa “religioso”, es oportunidad de reflexionar sobre la identidad del “religioso sacerdote”. Advirtiendo que por ser religioso, su vocación sacerdotal está impregnada por un “carisma”, rasgo de la rica personalidad de Jesucristo, que toda congregación o instituto asume desde sus orígenes por inspiración divina, para la vivencia de los consejos evangélicos. No es más, ni menos, es definidamente diferente.
El santo padre, cuando profesó como joven religioso jesuita, asumió con mayor fidelidad la pasión que ardía en su corazón y lo impulsaba a buscar la gloria de Dios y la salvación de las almas. Decidió vivir un estilo que comprende Identidad y Misión.
Ser religioso ante todo es un regalo de Dios y supone madurez, aptitudes, voluntad, deseo y capacidades. Aunque Dios siempre con su gracia suple la deficiencia humana y da al que con humildad pide lo que necesita. Para ser religioso se observa una madurez humana necesaria, una vida cristiana probada e instruida, y un crecimiento espiritual ardiente para vivir siguiendo a Jesús, es decir imitándolo como discípulo a su Maestro. Y para quien aspire además de la vida religiosa al sacerdocio debe mantener su vida intachable, es decir, ser digno, esto lo manifiestan los formadores del religioso candidato al orden sacerdotal.
Los medios informativos nos ayudan a ver rasgos de la calidad humana del que siendo Jorge Mario Bergoglio, hombre, religioso, sacerdote, obispo, y ahora Santo Padre, tiene y ha tenido para los destinatarios de su trabajo, como jesuita y como sacerdote.
Desde la fe veamos que la primera característica de la vocación cristiana del Santo Padre y de todo cristiano es: un encuentro con Cristo, una relación personal de amistad con el Señor que llena el corazón y transforma la vida. Este encuentro transformador animado por la caridad, en actos sencillos y espontáneos, convierte a los creyentes y a las comunidades cristianas en propagadores de la Buena Nueva del Evangelio de Jesús. Las obras de Dios se aprecian mejor en la suave brisa que en el viento huracanado. El santo padre es un hombre de fe y esto se manifiesta en las sencillas obras de amor que no son actuadas ni premeditadas sino frutos de su entrega alegre.
Cada día, el papa Francisco como miembro de la Iglesia, con su testimonio de vida responde al llamado de renovar el dinamismo vocacional de sus hermanos en la fe: comunica y comparte el entusiasmo y la pasión con la que está viviendo su vocación cristiana, de modo que su propia vida se convierte en propuesta vocacional para otros.
“Caminar, edificar, confesar”, ideas expresadas en su primera homilía son reflejo de su programa de vida porque todo jesuita por naturaleza busca “Servir al Señor solo y a la Iglesia”. Siempre al servicio de la fe, promoviendo la justicia, promoviendo el diálogo intercultural e interreligioso. Su santidad Francisco unido a los obispos en Aparecida dijo: ¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!... quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida”.

12 abril 2013


El mercado de la insatisfacción: Pilates

Emiliano Hernández

Al igual que el consumo de energía eléctrica puede representar un excelente indicador de la conflictividad laboral, especialmente en el caso de las huelgas generales, el desmedido florecimiento y auge de los centros de Pilates en nuestro país se podría considerar como un índice aproximativo de la penuria moral de nuestra sociedad.
El alejamiento de Dios está ocasionando al hombre actual un profundo embotamiento que tarde o temprano acaba por concretarse en una irrefrenable angustia. Puede que muchos se nieguen a validar este supuesto, pero bastaría con que echasen una mirada honesta en su interior para que certificaran, al menos, que “lo único que saben, es que no saben lo que les pasa”. Y lo que con frecuencia les pasa es que intentan suplantar cualquier anhelo de trascendencia con dosis homeopáticas de espiritualidad difusa y un obsesivo culto a la personalidad que acaba, a la postre, en una adoración al cuerpo.
Los usuarios del Pilates, en su gran mayoría mujeres, proceden, por regla general, de la inagotable cantera de este “pensamiento débil” que hunde sus raíces en un escepticismo generalizado hacia las grandes cosmovisiones, hasta el punto de desentenderse de cualquier norma, idea o pensamiento sospechoso del marchamo de “certeza absoluta”. En este excelente caldo de cultivo el Pilates ha sabido encontrar su segmento de mercado, convirtiéndose en poco tiempo en la veta soñada de un fructífero negocio, mercantilizando símbolos, personas y supuestos modos de entender la vida ha conquistado innumerables salas de gimnasios, hoteles, colegios y algún que otro hospital. El éxito de este método de entrenamiento físico ha sido tal que uno de los principales proveedores de aparatos para el mismo ha llegado a afirmar con presunción que “Donde hay gente, hay Pilates”.
Para todos aquellos que consideramos que el verdadero detonante de la fuerte crisis que padecemos es de tipo moral, no nos debe sorprender que actividades deportivas de carácter holístico --aquellas que en mayor o menor medida aportan un componente espiritual- sean las más demandadas por la sociedad y que, por tanto, la consideración de un deporte como el Pilates pueda constituir un estimador del tedio y desasosiego que circunda nuestras vidas.
La frustración y la desesperanza del hombre actual han servido de elemento catalizador para incrementar el interés desmedido por el Pilates, incluso entre los seres más sedentarios; presentándose en nuestros días como una boya más de salvación para esa legión de náufragos de Dios que en su huída de todo lo que suene a tradicional buscan, sin ningún ánimo crítico, lo “alternativo”.
La inmensa mayoría de los usuarios de este método deportivo, siguiendo los signos inequívocos de transitoriedad del tiempo que nos ha tocado vivir, fijarán sus emociones, tarde o temprano, en otro producto novedoso pergeñado en este dinámico y sibilino “mercado de la insatisfacción”, sin más consecuencias que la merma de su bolsillo; los menos, permanecerán fieles a esta rutina, con el consecuente riesgo que ello implica.
El método Pilates debe su nombre a su creador el alemán Joseph H. Pilates que al principio lo denominó con el término “Contrología”, debido a que en su técnica se integran tanto teorías occidentales como orientales. Dicha práctica deportiva se encuentra en la actualidad en continua evolución, generando en la misma una mezcla diversa con otros métodos orientales en los que incorpora componentes más o menos profundos de meditación y medicina oriental. No es, pues, de extrañar la importancia que el concepto de powerhousepresenta en esta disciplina, refiriéndose con ello a un centro de poder o centro de energía que se sitúa en el abdomen y cuya función es el origen y el motor de todo el cuerpo, a semejanza del dantian de la medicina tradicional china o de la aplicación que se le da en la práctica del gigong o de las artes marciales internas, como el taichí.
Pero ¿por qué debería deslizarse por este resbaladizo trampolín también un cristiano? En un momento de crisis personal o en un acontecimiento traumático como la pérdida de un familiar o el trabajo, el Pilates podrá constituir una plataforma idónea para otro tipo de ejercicios de mayor contenido oriental en donde será preciso un cuidadoso cribado para discernir los contenidos y métodos si no se quiere caer en un pernicioso sincretismo religioso. Pocos podrían justificar esta temeraria aventura.
¿Por qué renunciar a la tradicional “gimnasia sueca” que también tiene como objetivo la corrección de posturas viciosas y de refuerzo de los músculos; o al mismo aerobic, en el que se observa una preocupación por la respiración; o a la natación, uno de los deportes más completos, beneficiosos y seguros, que mejora la forma física general y, además, relaja? No es necesario recurrir a los añadidos de los sistemas filosóficos orientales para encontrar disciplinas deportivas que presenten parecidos si no mejores desempeños en lo que se refiere a evitar o atenuar las causas del sedentarismo y males posturales.
Es verdad que todos los deportes no dejan de tener un componente holístico, van más allá de la salud física. El deporte correctamente entendido tiene siempre en cuenta al hombre en su totalidad. En nuestra cultura, educar, desarrollarse y fortalecer el cuerpo puede considerarse el fin más próximo del deporte, pero podría decirse también que su fin último es el de acercarnos a Dios, tal y como recordó Pio XII en su discurso sobre la Educación Física ante el Congreso Italiano.
El Pilates, sin embargo, a diferencia de otros deportes, abre la espita a los métodos orientales enfocados a la tranquilidad y la concentración de la mente. ¿Podemos, entonces, asegurar que un método que exuda filosofías paganas contribuye de una mejor forma que otros deportes de tradicional raigambre occidental a acercarnos a Dios? Antes de respondernos a esta pregunta, no deberíamos pasar tampoco por alto el que muchas de las personas que actualmente buscan la espiritualidad oriental en occidente pasaron anteriormente por el ámbito de la fe.
En estas condiciones, no sería prudente para un cristiano exponerse a un riesgo innecesario, un peligro que además nos llevaría a engrosar las cuentas de resultados de ese poderoso “mercado de la insatisfacción” creado a rebufo de la crisis moral que vivimos.
Aprovechemos este año de la Nueva Evangelización para perfeccionar nuestra fe, aprendiendo y practicando en el deporte las verdaderas virtudes cristianas. Que podamos también decir, sin presunción, pero con alegría, que “donde hay gente cristiana no hay necesidad de Pilates” porque para nosotros Dios es nuestro verdadero powerhouse. Los que Le hemos encontrado no podemos estar a expensas de ese “mercado de la insatisfacción”, pues “quien a Dios tiene nada le falta”.


‘En la barca de Pedro estamos 


todos para servir’


En entrevista con Boris Pinto Martínel, el Prelado del Opus Dei destaca que "en la barca de Pedro estamos todos para servir, en unidad de corazones y de voluntades" y habla de la cercanía del Papa Francisco con la Prelatura

      El mismo miércoles 13 de marzo, en que el Papa Francisco se asomó en el balcón de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el Prelado el Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, quien tiene a cargo la dirección de la Obra ─como coloquialmente le dicen sus cercanos por la traducción al español de su nombre latino: “Obra de Dios”─, envió un mensaje a todos los fieles: «Nuestro nuevo Papa Francisco es el 265 sucesor de Pedro. Desde que se ha visto la ‘fumata’ blanca le hemos recibido con profunda gratitud y, ahora, siguiendo el ejemplo de Benedicto XVI, le manifestamos incondicional reverencia y obediencia».

      El Padre, como se le llama al Prelado en el Opus Dei, a sus 80 años ha seguido con expectación todo el proceso de elección y entronización del Sumo Pontífice. También ha estado al tanto de los comentarios de algunos respecto de que le podría resultar incómoda al Opus Dei la llegada de un jesuita al trono de Pedro.

      En entrevista exclusiva con El Mercurio aborda dicha discusión, el impacto de un Papa latinoamericano, el compromiso de los fieles de la Prelatura personal al vicario de Cristo, y revela la devoción de Francisco a san Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador de la “Obra de Dios”.

¿Qué señal es para la Iglesia la elección de un Papa latinoamericano?

      En América Latina existe una piedad popular especialmente delicada, y el amor a Santa María Virgen destaca de modo particular. Se percibe una Iglesia viva, cercana a la gente, a sus problemas íntimos que ahora nos regala un Papa para continuar la nueva evangelización. Seguramente, supondrá un relanzamiento de la fe en todo el mundo, y especialmente en el continente americano. Todo esto es un don para la Iglesia. Cada pontífice posee su propia personalidad. El Papa Francisco nos trae la impronta pastoral de la cercanía a la “periferia” y al corazón de la Esposa de Cristo.

      Es también evidente que un Papa que proviene del continente americano puede aportar a toda la Iglesia un aumento del sentido de fraternidad y de desprendimiento de los bienes materiales. Ayudará a todo el mundo a subrayar la cultura del ser, de la vida, en vez de la cultura del tener, que a veces ahoga a las sociedades económicamente más desarrolladas.

El Opus Dei señala que quiere “servir a la Iglesia como quiere ser servida”. ¿Qué significa eso en la práctica con respecto a la disponibilidad hacia lo que pida o pueda pedir el Papa?

      Es una expresión que usaba san Josemaría, refiriéndose a la finalidad del Opus Dei. Esta afirmación se enmarca en la misión que la Iglesia ha confiado a esta Prelatura: contribuir a recordar que todos estamos llamados a la santidad en la vida ordinaria, especialmente a través del trabajo profesional. Alguna vez aparecen necesidades concretas. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo IIpidió que algunas personas del Opus Dei comenzaran la actividad apostólica en Kazajstán, y así se hizo; empezaron buscando un trabajo profesional, como los demás ciudadanos. En otras ocasiones, la Curia romana quizá necesita la colaboración de un sacerdote, y lo piden; al conocer que el Papa alienta esa petición, accedo enseguida. Lo mismo sucede en numerosas diócesis. En otro orden, cuando fieles del Opus Dei ─con la colaboración de otras personas─ inician una labor social, por ejemplo, lo hacen en función de las necesidades locales y con la bendición del obispo local: así se empezó un instituto de enseñanza técnica en la periferia de Nairobi, otro en Líbano, un hospital para la atención de enfermos terminales en Madrid, una labor de formación en el Bronx (Nueva York), etc.

¿Tiene planeado ir a ver al Papa? ¿Se acostumbra protocolarmente hacerlo o hay que esperar a ser invitado?

      Además de las visitas regulares que competen a cada obispo, para informar del estado de su diócesis (en mi caso, del desarrollo de la Prelatura del Opus Dei), desearía ver al Papa, cuando llegue el momento, para transmitirle mi completa adhesión a su persona y a su ministerio, cosa que ya le manifesté por escrito. Pienso que ahora el Santo Padre debe hacer frente a las tareas urgentes que requiere un inicio de pontificado, que son muchas.

¿Cómo es el compromiso de los miembros del Opus Dei con el Papa?

      El mismo que el del resto de los católicos; ser unos buenos hijos leales, que secundan el Magisterio del padre común que es Francisco, y acompañarle con la oración perseverante y el afecto humano. En el Opus Dei hay una minoría de sacerdotes diocesanos, pero la gran mayoría de fieles de la Prelatura son mujeres y hombres que transcurren buena parte de la jornada en una fábrica, en un hospital, en una escuela, en una empresa, en la vida familiar ordinaria. Por tanto, lo que estoy sugiriendo a las personas de la Obra es que ofrezcan generosamente por el Papa Francisco sus oraciones sencillas y que se unan a su persona en la misa, también con sus horas de trabajo y su apostolado de cristianos corrientes en medio del mundo, y los sacrificios que hoy exige el sacar adelante una familia. Estoy completamente seguro de que muchos ofrecerán igualmente por el Papa sus enfermedades, sus dificultades económicas o profesionales, sus desvelos por un pariente o un amigo necesitado, y también sus alegrías.
      En una breve oración sacada de la tradición litúrgica de la Iglesia, que los fieles del Opus Dei recitamos a diario, hay una súplica por el Santo Padre, en la que se ruega al Señor que lo conserve muchos años y lo haga feliz en la tierra. Procuramos repetirla con la convicción de que la oración ─también esta breve petición cotidiana─ es fecunda.

¿Cómo era la relación de los fieles del Opus Dei en Argentina con el Papa cuando era arzobispo de Buenos Aires? ¿Le han contado alguna anécdota?

      En mis visitas a Argentina, he notado en los fieles del Opus Dei un gran cariño y respeto por el cardenal Bergoglio: era una relación de cordialidad, de sencillez, de amistad, de preocupación por secundar los afanes de esa querida arquidiócesis. El cardenal celebraba con frecuencia la misa del 26 de junio, en la fiesta de san Josemaría, fundador del Opus Dei, en la Catedral. Sé de la cercanía de fieles de la Obra con el entonces cardenal y de su paterna correspondencia. Por ejemplo, estuvo en un centro de la Obra para visitar a un sacerdote enfermo, acompañó a otro en el velorio de su madre… Estos detalles dicen mucho de su atención a la persona, del afecto por cada uno. Conoce bien un colegio impulsado por gente del Opus Dei en Barracas, lindante con la Villa 21, el asentamiento de viviendas informales más grande de la ciudad de Buenos Aires. Lo visitó más de una vez

¿Cuál fue su reacción como Prelado del Opus Dei al saber que el nuevo Pontífice pertenece a la Compañía de Jesús?

      Encomendé al Santo Padre a san Ignacio de Loyola, cuya herencia espiritual ha dado tantos frutos en la Iglesia. Estoy convencido de que san Ignacio intercederá por el Papa actual; y pensé también en la alegría que su elección supondría para la Compañía de Jesús. Recordé la devoción que san Josemaría tenía por san Ignacio, al que cita numerosas veces en “Camino” y llama familiarmente Íñigo o Ignacio: lo consideraba figura eminente de la santidad, de esa entrega sin reservas que él también proponía ─por otras vías─ a quienes se acercaban a su apostolado, y celebró la Santa Misa en la habitación del santo de Loyola.
      Presentar a la Iglesia como grupos separados sería contrario a la comunión, propio de una óptica carente de fe: en la barca de Pedro estamos todos para servir, en unidad de corazones y de voluntades, cada uno según su misión y carisma.

El Papa Francisco ha escrito mucho sobre la importancia del trabajo en la dignidad de las personas, un aspecto que fue desarrolla en la teología del trabajo de Josemaría Escrivá de Balaguer. ¿Cree que el nuevo Papa conoce los escritos del fundador del Opus Dei?

      No tengo datos sobre su conocimiento de los escritos de san Josemaría; en cambio, me consta que el Papa reza a san Josemaría: hace ya unos años vino a la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz y permaneció unos 45 minutos en oración ante su tumba, de rodillas.
      De todas maneras, me da alegría esta coincidencia en la valoración del trabajo humano como camino de santidad y de la justicia social. Recientemente, recordando su juventud, el cardenal Bergoglio comentaba que el trabajo en un laboratorio había sido una de las experiencias más importantes de su vida: «en el laboratorio aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana», explicaba. Y es muy cierto que en las ocupaciones cotidianas podemos cultivar lo mejor de nosotros mismos o convertirnos en egoístas; el trabajo es palestra de las virtudes, o ─en palabras de san Josemaría─ el quicio de nuestra santidad. El trabajo, afirmaba en 2007 el actual Romano Pontífice, «garantiza la dignidad y la libertad del hombre y por eso es la clave esencial de toda cuestión social». Estoy seguro de que el Santo Padre nos enseñará con el ejemplo a convertir nuestro trabajo ─intelectual, manual, familiar─ en servicio, haciéndolo por Dios y por los demás.