07 noviembre 2018

“Recemos y trabajemos para conseguir la verdadera paz”

Red Mundial de Oración del Papa

“Podemos hablar con palabras espléndidas, hacer una gran conferencia, pero si en nuestro corazón no hay paz, no la habrá en el mundo” dice el Papa en el video que difunde la Red Mundial de Oración en el mes de noviembre.
Así, Francisco propone la intención de oración universal a través de esta red y de la iniciativa El Video del Papa: “Recemos juntos para que el lenguaje del corazón y del diálogo prevalezca siempre sobre el lenguaje de las armas”.
“Todos queremos la paz –indica el Santo Padre–. Y, más que nadie, los que sufren por su ausencia. Recordemos que Jesús también vivió en tiempos de violencia. Y Él nos enseñó que la verdadera paz está en el corazón humano”.
“Practiquemos esta paz en lo pequeño –propone el Pontífice– con el diálogo guiando las relaciones personales y sociales. Con cero violencia y 100 por ciento ternura, construyamos la paz evangélica que no excluye a nadie, sino que integra a todos, especialmente a los jóvenes y los niños”.
El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y la misión de la Iglesia.

06 noviembre 2018

Invitados al banquete


El Papa en Santa Marta


El Evangelio de hoy (Lc 14, 15-24), continuación del de ayer, gira en torno al banquete que un jefe de los fariseos organizó y al que invitó a Jesús. En determinado momento —y aquí comienza este episodio “del doble rechazo”—, uno de los comensales, exclama: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!». Y entonces Jesús cuenta la historia de un hombre que dio una gran cena e invitó a muchos. Sus siervos dicen a los invitados: «Venid, que ya está preparado». Pero todos comenzaron a excusarse para no ir: quien porque ha comprado un campo, quien cinco pares de bueyes, quien porque se acaba de casar. ¡Siempre excusas! Se excusan. Excusarse es la palabra educada para no decir “rechazo”. Entonces el dueño manda a los siervos a las calles a llamar a pobres, enfermos, cojos y ciegos, y llegan a la fiesta.

Y el texto del Evangelio acaba con el segundo rechazo, pero esta vez de boca de Jesús. Jesús espera, da una segunda oportunidad, quizá una tercera, una cuarta, una quinta… Pero al final rechaza Él. Y este rechazo nos debe hacer pensar en las veces que Jesús nos llama: nos llama a celebrar con Él, a estar cerca de Él, a cambiar de vida. ¡Pensar que busca a sus amigos más íntimos y ellos le rechazan! Luego busca a los enfermos… y van; quizá alguno lo rechace. ¡Cuántas veces oímos la llamada de Jesús para ir a Él, para hacer una obra de caridad, para rezar, para encontrarlo y le decimos: “Perdona, Señor, pero estoy muy ocupado y no tengo tiempo. Sí, mañana, que ahora no puedo”. Y Jesús sigue allí.

¡Cuántas veces nosotros también pedimos a Jesús que nos dispense cuando nos llama a encontrarnos, a hablar, a tener una buena charla. También nosotros rechazamos la invitación de Jesús. Que cada uno piense: en mi vida, ¿cuántas veces he sentido la inspiración del Espíritu Santo a hacer una obra de caridad, a encontrar a Jesús en esa obra de caridad, de ir a rezar, de cambiar de vida en lo que no va bien? Y siempre he encontrado un motivo para excusarme, para rechazarlo.

Al final entrará en el Reino de Dios quien no rechace a Jesús o quien no sea rechazado por Él. Y ante quien piensa que Jesús es tan bueno que al final lo perdona todo, le digo: sí, es bueno, es misericordioso, pero es justo. Y si tú cierras la puerta de tu corazón por dentro, Él no puede abrirla, porque es muy respetuoso de nuestro corazón. Rechazar a Jesús es cerrar la puerta por dentro y Él no puede entrar. Y nadie, al rechazar a Jesús, piensa en esto: “Yo cierro la puerta a Jesús desde dentro”.

Finalmente, ¿quién paga el banquete? ¡Jesús! El apóstol Pablo, en la primera Lectura (Flp 2,5-11), nos enseña la factura de esa fiesta hablando de Jesús que «se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, (…) Y se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz». ¡Jesús pagó la fiesta con su vida! ¿Y yo digo: “no puedo”? Pidamos al Señor que nos dé la gracia de entender este misterio de dureza de corazón, de obstinación, de rechazo y la gracia de llorar: “¿Tú has pagado así esta fiesta y yo no quiero ir?”.


La rivalidad y la vanagloria

El Papa ayer en Santa Marta


En el Evangelio de hoy (Lc 14,12-14) podemos ver que la enseñanza de Jesús es clara: no hacer las cosas por propio interés, no escoger las amistades por conveniencia. Porque razonar solo según mis ventajas, de hecho, es una forma de egoísmo, de segregación y de interés, mientras que el mensaje de Jesús es exactamente lo contrario: la gratuidad que alarga la vida, ensancha el horizonte, porque es universal. Los selectivos son factores de división y no favorecen la unanimidad de la que habla San Pablo a los Filipenses (2,1-4) en la primera Lectura. Hay dos cosas que van contra la unidad: la rivalidad y la vanagloria.
También la murmuración nace de la rivalidad, porque tanta gente se siente que no puede crecer, y para llegar más alto que el otro disminuye al otro con la murmuración. Un modo de destruir a las personas. La rivalidad. Y Pablo dice: “No obréis por rivalidad ni por ostentación”. La rivalidad es una lucha para aplastar al otro. Es fea, la rivalidad: se puede hacer de modo abierto, directo o se puede hacer de guante blanco; pero siempre para destruir al otro y ensalzarse a sí mismo. Y como yo no puedo ser tan virtuoso, tan bueno, disminuyo al otro, así yo quedo siempre en alto. La rivalidad es una vía a ese actuar por interés.
Igualmente dañino es quien se vanagloria de ser superior a los demás. Eso destruye a una comunidad, destruye a una familia también. Pensad en la rivalidad entre hermanos por la herencia del padre, por ejemplo: eso es cosa de todos los días. Pensad en la vanagloria, en los que se glorían de ser mejores que los demás.
El cristiano debe seguir el ejemplo del Hijo de Dios, cultivando la gratuidad: hacer el bien sin preocuparse si los demás hacen lo mismo; sembrar unanimidad, abandonando rivalidad o vanagloria. Construir la paz con pequeños gestos quiere decir allanar un camino de concordia en todo el mundo.
Cuando leemos las noticias de las guerras, pensamos en las noticias del hambre de los niños en Yemen, fruto de la guerra: es lejano, pobres niños… pero, ¿por qué no tienen qué comer? Pues la misma guerra se hace en nuestra casa, en nuestras instituciones con esa rivalidad: ¡ahí comienza la guerra! Y la paz debe hacerse allí: en la familia, en la parroquia, en las instituciones, en el puesto de trabajo, buscando siempre la unanimidad y la concordia y no el propio interés.
Pidamos esta gracia para nuestra comunidad parroquial, para nuestra familia, y cuando me viene a la cabeza destruir de cualquier modo o herir esa unanimidad y concordia, pararme a tiempo y decir: no, eso no. Esto es algo bonito, es algo grande, esa es la paz y haciendo eso en nuestra vida ordinaria, ayudaremos a la paz del mundo, de toda la gente.

05 noviembre 2018

El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables

El Papa ayer en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En el corazón del Evangelio de este domingo (cf. Mc 12, 28b-34), está el mandamiento del amor: el amor de Dios y el amor al prójimo. Un escriba le pregunta a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” (V. 28). Responde citando la profesión de fe con la que cada israelita abre y cierra su día y comienza con las palabras “¡Escucha, Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor “(Dt 6: 4). De esta manera, Israel mantiene su fe en la realidad fundamental de toda su creencia: hay un solo Señor y ese Señor es “nuestro” en el sentido de que él está vinculado a nosotros con un pacto indisoluble, nos amó, nos ama y nos amará por siempre. De esta fuente proviene el doble mandamiento para nosotros: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. […] Amarás a tu prójimo como a ti mismo “(v. 30-31).
Al elegir estas dos palabras dirigidas por Dios a su pueblo y juntarlas, Jesús enseñó de una vez por todas que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, y más aún, se apoyan mutuamente.  Incluso si se colocan en secuencia, son las dos caras de una sola moneda: vividas juntas, ¡son la verdadera fuerza del creyente! Amar a Dios es vivir de él y para él, por lo que es y por lo que hace. Y nuestro Dios es donación sin reservas, es perdón sin límites, es una relación que promueve y crece. Amar a Dios significa invertir tus energías todos los días para ser sus colaboradores en servir a nuestro prójimo sin reservas, en buscar perdonar sin límites y en cultivar relaciones de comunión y fraternidad.
El evangelista Marcos no se molesta en especificar quién es el prójimo, porque el prójimo es la persona que encuentro en el viaje de mis días. No se trata de preseleccionar a mi prójimo, esto no es cristiano, sino de tener ojos para verlo y un corazón para querer su bien. Si nos ejercitamos para ver con la mirada de Jesús, siempre escucharemos y estaremos al lado de los necesitados. Las necesidades de los demás requieren ciertas respuestas efectivas, pero primero aún piden compartir. Con una imagen podemos decir que el hambriento necesita no solo un plato de alimento, sino de una sonrisa, para ser escuchado e incluso una oración, tal vez juntos.
El Evangelio de hoy nos invita a todos a ser proyectados no solo hacia las urgencias de los hermanos más pobres, sino, sobre todo, a estar atentos a su necesidad de acercamiento fraterno, al sentido de la vida y la ternura. Esto desafía a nuestras comunidades cristianas: se trata de evitar el riesgo de ser comunidades que viven de muchas iniciativas pero con pocas relaciones, yo diría: “estaciones de servicio” pero de poca compañía, en el sentido pleno y cristiano de este término. Dios, que es amor, nos creó por amor y para que podamos amar a los demás al permanecer unidos a Él. Sería una ilusión afirmar que amamos a nuestro prójimo sin amar a Dios; y sería igualmente ilusorio pretender amar a Dios sin amar a nuestro prójimo. Las dos dimensiones del amor, para Dios y para el prójimo, en su unidad caracterizan al discípulo de Cristo.
Que la Virgen María nos ayude a testimoniar esta enseñanza luminosa en nuestra vida cotidiana.

Servidores de la caridad en la Iglesia

Roma, 3 de Noviembre de 2018

opusdei.org
34 fieles del Opus Dei han recibido esta mañana la ordenación diaconal en la basílica de san Eugenio (Roma). El obispo ordenante ha sido Mons. Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz (España).eles del Opus Dei han recibido el diacona
El prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, participó en la ceremonia desde el presbiterio. A la ordenación asistieron también familiares y numerosos amigos de los nuevos diáconos.
En la homilía, Mons. Celso Morga, dirigiéndose a los candidatos, dijo que “la ordenación diaconal de hoy, y la futura ordenación sacerdotal, os hará pastores, y también pescadores y sembradores; ¡pescadores!, ¡Sembradores!: no podemos únicamente custodiar las ovejas del rebaño, sino también ir en busca de las ovejas perdidas. Tenemos también que lanzar las redes, una y mil veces si es necesario, para obtener una buena pesca”.
TENEMOS QUE LANZAR LAS REDES, UNA Y MIL VECES SI ES NECESARIO, PARA OBTENER UNA BUENA PESCA
“Dios –prosiguió– ha enviado a su Hijo al Mundo por amor, y quiere entrar en la vida de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, de nuestra cultura y nuestra sociedad. El Señor nos envía a sembrar en esta tierra, a pescar en este mar: en esta sociedad que no quiere ser molestada y tiene un gran poder para adormecer a quienes querrían despertarla”.
El obispo recordó a los 34 diáconos que la ordenación les otorga un carácter sacramental perenne como “servidores”. “Podemos decir que de esta manera se refuerza, con el carácter sacramental, lo que ya vivís o deseáis vivir con la vocación al Opus Dei: el servicio. San Josemaría era muy directo cuando afirmaba que ‘al Opus Dei se viene a servir’, y a servir con delicadeza humilde y sencilla, sin dar a los demás la ocasión para agradecer el servicio”.
“El sacramento –continuó dirigiéndose a cada uno de los candidatos– impondrá en ti el sello, el carácter, que nadie podrá quitar y que te configurará con Cristo, que se ha hecho diácono, es decir, servidor de todos”.
“EL ANUNCIO DE LA PALABRA DE DIOS ES LA PRIMERA OBRA DE CARIDAD QUE DEBEMOS PRESTAR A NUESTROS HERMANOS”
Ese servicio, concretó, se hará patente principalmente en la liturgia y en la caridad. “En el ejercicio de tu ministerio, pese a tu fragilidad y pecados, serás instrumento inmediato a través del cual Cristo administrará su gracia santificante. Entre los servicios diaconales, destaca la proclamación de la Palabra de Dios y la predicación: el anuncio de la Palabra de Dios que, como decía san Juan Pablo II, es la primera obra de caridad que debemos prestar a nuestros hermanos”.
Deseó, asimismo, que el ejemplo que den los nuevos diáconos al vivir la caridad cristiana ayude a todo el Pueblo de Dios a adquirir una “conciencia diaconal” en todos, para que cada uno desee servir siguiendo las huellas de Cristo.
Los nuevos diáconos
Los 34 candidatos proceden de Brasil, Colombia, España, México, Nueva Zelanda, Venezuela, Chile, Estados Unidos, Kenia, Francia, Paraguay, El Salvador, Uganda, Filipinas, Perú e Italia. Estos son sus nombres:
  • Sérgio Sardinha de Azevedo (Brasil)
  • Luis Miguel Bravo Álvarez (Colombia)
  • José María Cerveró García (España)
  • Miguel Ángel de Fuentes Guillén (España)
  • Ernesto de la Peña González (México)
  • José Luis de Prada Llusá (España)
  • Javier María Erburu Calvo (España)
  • Samuel Thomas Harold Fancourt (Nueva Zelanda)
  • Gerardo Andrés Febres-Cordero Carrillo (Venezuela)
  • José Nicolás Garcés Lira (Chile)
  • Óscar Garza Aincioa (España)
  • Pedro González-Aller Gross (España)
  • John Paul Graells Antón (Estados Unidos)
  • Diego Guerrero Gil (España)
  • Jorge Iriarte Franco (España)
  • Paul Muleli Kioko (Kenia)
  • Yann Le Bras (Francia)
  • Cristhian Alcides Lezcano Vicencini (Paraguay)
  • Álvaro Linares Rodríguez (España)
  • Miguel Llamas Díez (España)
  • Eduardo Andrés Marín Perna (El Salvador)
  • Javier Martínez González (España)
  • Luis María Martínez Otero (España)
  • Bernardo José Montes Arraztoa (Chile)
  • Bernard Kagunda Nderito (Kenia)
  • Deogratias Gumisiriza Nyamutale (Uganda)
  • Nathaniel Peña Baluda (Filipinas)
  • Rafael Quinto Pojol (Filipinas)
  • César Augusto Risco Benites (Perú)
  • Rafael de Freitas Sartori (Brasil)
  • David Saumell Ocáriz (España)
  • Cayetano Taberner Navarro (España)
  • Claudio Tagliapietra (Italia)
  • Fernando María Valdés López (España)

01 noviembre 2018

Terminó el Sínodo de los jóvenes, ¿y ahora qué?

Te dejamos las 16 conclusiones e ideas más importantes que en el documento final se van desarrollando

Clausura del Sínodo

Se clausuró el Sínodo de los jóvenes. Pero esto no ha sido el fin, sino un punto y seguido. Ahora podemos decir que comienza realmente el Sínodo de los jóvenes. Es el momento de la verdad, de hacerlo vida. La Iglesia quiere tener una nueva actitud más activa y acogedora hacia los jóvenes, que no son el futuro, sino el presente.

Documento final del Sínodo de los jóvenes

El documento final del Sínodo de los jóvenes tiene una extensión de 60 páginas, divididas en tres partes y ordenadas en doce capítulos. Así ha concluido la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El texto fue aprobado por los dos tercios del Aula, el 27 de octubre. Las conclusiones del Sínodo fueron entregadas en mano al Papa Francisco y publicadas posteriormente, aunque de momento el documento solo está disponible en italiano.
El hilo conductor del documento final es la escena de los discípulos de Emaús, narrado por el evangelista San Lucas.

Conclusiones e ideas principales del Sínodo de los jóvenes

Para que no te pierdas entre las páginas del documento final, aquí tienes condensado el “abc” del Sínodo de los jóvenes para ir poniéndolo en práctica. Te dejamos las 16 conclusiones e ideas más importantes que en él se van desarrollando:
  1. Escucha atenta, confiada y humilde, para evitar las recetas prefabricadas y recuperar el dinamismo de la fe.
  2. Entidades educativas y parroquias: desempeñan una labor formativa insustituible en la transmisión de la fe, necesaria para afrontar la relación entre lo que creemos con las exigencias del mundo actual.
  3. Fomentar una cultura del encuentro, especialmente con los migrantes.
  4. Compromiso firme contra todo tipo de abusos: ya sean de poder, económicos, de conciencia o sexuales.
  5. La familiaIglesia doméstica.
  6. Promoción de la justicia contra la cultura del descarte.
  7. Arte, música y deportecomo recursos pastorales.
  8. Santos jóvenes, profetas de cambio.
  9. Cada vida es una vocación en relación con Dios; descubrir la misión particular a la que cada cual es llamado.
  10. Acompañamiento espiritual, esencial para el discernimiento y la vida cristiana.
  11. No a moralismos y falsas indulgencias, sí a la corrección fraterna.
  12. Sinodalidad significa estilo misionero, estar abierto a todos. Valorar la riqueza y variedad de carismas que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia.
  13. Desafío de evangelizar en el mundo digital.
  14. Enseñar la belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad.
  15. Integración y acogida a las personas homosexuales.
  16. Dar un mayor protagonismo al papel de la mujer en la Iglesia.

¿Y ahora qué? Ha llegado tu turno

Los Padres Sinodales han escrito una carta a los jóvenes del mundo. Fue leída al finalizar la misa de clausura del Sínodo de los Obispos: “Que nuestras debilidades no os desanimen, y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia y el mundo necesitan urgentemente vuestro entusiasmo”.

Traducción al español de la carta de los Padres Sinodales a los jóvenes

Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escuchar la voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestros gritos de alegría, los lamentos, los silencios.
Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan. Deseamos que ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguros que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y en la historia humana.
Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con leyómás fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo.
Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia.
Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos misioneros.
La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo. Haceos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida.
Sois el presente, sed el futuro más luminoso.

Crece la soledad ante la muerte

Noticias que invitan a reflexionar sobre la dignidad humana en la vida y en la muerte, sin banalizarla ni enmascarar su sentido
No circular en coche por Madrid tiene la ventaja de observar aspectos inadvertidos para los conductores. Así, el mensaje de la EMT sobre el incremento del servicio desde el 25 de octubre al 2 de noviembre en las líneas de autobuses que llevan a los cementerios, por el aumento de la demanda con motivo de la festividad de Todos los Santos; o la aparición de las clásicas calabazas en el escaparate de los múltiples "chinos" distribuidos por la ciudad.
Son recordatorios de un fenómeno tan habitual y tan desdibujado como la muerte. En tiempos de pensamiento ecológico, se ha explicado a veces la devoción de los cristianos a los difuntos como manifestación de la solidaridad de las generaciones, en este caso, hacia las antepasadas, no las futuras. Es como una prórroga a la atención y al cariño con que −salvo muertes súbitas o accidentes letales− se acompaña a las personas próximas durante la última etapa de su vida. Y se les sigue recordando también en días de otoño, propicios para la meditación más o menos poética sobre el ocaso de la existencia.
Se ha montado una campaña típica de redes sociales contra el fenómeno de Halloween. No hay que ver fantasmas ni siquiera en esa costumbre americana, que llega a estos pagos de la mano del comercio y del espíritu festivo latino. Ciertamente, con manifestaciones más ignorantes, menos cultas, que aquellas representaciones teatrales de estos días −burlador de Sevilla, convidado de piedra−, de la mano original de Tirso de Molina, popularizado por sus seguidores.
Por paradoja, en estas fechas con tantos ecos familiares, se actualiza en España una vieja campaña sobre la eutanasia, evolución inexorable de una sociedad envejecida, compatible con tanta expresión lúdica en los más jóvenes. Se decía siempre que el ser humano vive solo y acompañado los dos momentos cruciales e irrepetibles de su existencia: el nacimiento y la muerte. Así sigue siendo en el arranque de la vida, pero, con el crecimiento de la ancianidad dentro de una sociedad compleja y competitiva, aumenta también la muerte en solitario.
Llegan de Japón noticias duras. Curiosamente, parece el país con más esperanza de vida en el mundo, aunque España le pisa los talones y puede haberle superado. Pero también allá el invierno demográfico aumenta la soledad en el momento de morir.
Lo relataba hace unos días el corresponsal de Le Monde en Tokio a propósito del fenómeno de los "kodokushi", personas cuyo cuerpo sin vida se encuentra meses más tarde de su fallecimiento (excepcionalmente, años). Refleja un debilitamiento de los lazos humanos y una mayor precariedad económica. Suelen sufrirlo ancianos modestos que viven solos, sin contacto con la familia. Su muerte pasa inadvertida hasta que alerta a los vecinos un olor desagradable, el buzón de correo saturado, luces encendidas permanentemente, puertas cerradas. Aunque no hay estadísticas oficiales, se estima que se dan más de 30.000 casos al año. Las víctimas son, sobre todo, varones mayores de cincuenta años. Las mujeres, aunque vivan solas, suelen tener más comunicación con el mundo exterior. Hay también casos de adultos entre 20 y 40 años −238 en 2015 en Tokio, según la oficina de bienestar social de la capital−, generalmente trabajadores precarios.
El fenómeno es suficientemente significativo para que, dentro del sector funerario, haya surgido una especialización empresarial: la limpieza de los apartamentos de los "kodokushi", y el envío de fotos a herederos potenciales; estos servicios pueden ser cubiertos por una póliza especial que compañías aseguradoras ofrecen a los propietarios de los apartamentos.
Antes de llegar a esos extremos, hay muchas soluciones paliativas: desde las iniciativas sociales en línea de los “teléfonos de la esperanza”, hasta la decisión más fuerte del gobierno inglés de encargar a una Ministra de encauzar los problemas derivados de la soledad. Según un informe de la Jo Cox Commission on Loneliness, más de nueve millones de británicos se sintieron solos, a menudo o siempre, en 2017.
Estas noticias invitan a reflexionar sobre la dignidad humana en la vida y en la muerte, sin banalizarla ni enmascarar su sentido. Al contrario, vale la pena dar vueltas al contenido profundo reflejado en la solemnidad de Todos los Santos que, por cierto, sigue siendo fiesta civil −la Toussaint− en un país tan laico como Francia.

Ordenación de 34 diáconos del Opus Dei


El próximo sábado 3 de noviembre, 34 fieles del Opus Dei de 16 países recibirán el diaconado en la basílica romana de san Eugenio. La ordenación sacerdotal será el próximo 4 de mayo. 
El obispo que ordenará a los nuevos diáconos es Mons. Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz (España).
La ceremonia tendrá lugar a las 10.30 de la mañana en la basílica de san Eugenio (Viale delle Belle Arti, 10, Roma).
A diferencia de las ordenaciones sacerdotales, no se transmitirá por internet.
Los 34 candidatos proceden de Brasil, Colombia, España, México, Nueva Zelanda, Venezuela, Chile, Estados Unidos, Kenia, Francia, Paraguay, El Salvador, Uganda, Filipinas, Perú e Italia. Estos son sus nombres:

  • Sérgio Sardinha de Azevedo (Brasil)
  • Luis Miguel Bravo Álvarez (Colombia)
  • José María Cerveró García (España)
  • Miguel Ángel de Fuentes Guillén (España)
  • Ernesto de la Peña González (México)
  • José Luis de Prada Llusá (España)
  • Javier María Erburu Calvo (España)
  • Samuel Thomas Harold Fancourt (Nueva Zelanda)
  • Gerardo Andrés Febres-Cordero Carrillo (Venezuela)
  • José Nicolás Garcés Lira (Chile)
  • Óscar Garza Aincioa (España)
  • Pedro González-Aller Gross (España)
  • John Paul Graells Antón (Estados Unidos)
  • Diego Guerrero Gil (España)
  • Jorge Iriarte Franco (España)
  • Paul Muleli Kioko (Kenia)
  • Yann Le Bras (Francia)
  • Cristhian Alcides Lezcano Vicencini (Paraguay)
  • Álvaro Linares Rodríguez (España)
  • Miguel Llamas Díez (España)
  • Eduardo Andrés Marín Perna (El Salvador)
  • Javier Martínez González (España)
  • Luis María Martínez Otero (España)
  • Bernardo José Montes Arraztoa (Chile)
  • Bernard Kagunda Nderito (Kenia)
  • Deogratias Gumisiriza Nyamutale (Uganda)
  • Nathaniel Peña Baluda (Filipinas)
  • Rafael Quinto Pojol (Filipinas)
  • César Augusto Risco Benites (Perú)
  • Rafael de Freitas Sartori (Brasil)
  • David Saumell Ocáriz (España)
  • Cayetano Taberner Navarro (España)
  • Claudio Tagliapietra (Italia)
  • Fernando María Valdés López (España)