27 noviembre 2018

El camino de la generosidad

El Papa ayer en Santa Marta



Muchas veces en el Evangelio Jesús hace el contraste entre ricos y pobres, basta pensar en el rico Epulón y en Lázaro o en el joven rico. Un contraste que hace decir al Señor: “Es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos”. Alguno puede etiquetar a Cristo como “comunista”, pero el Señor, cuando decía esas cosas, sabía que detrás de las riquezas está siempre el mal espíritu: el señor del mundo”. Por eso dijo una vez: “No se puede servir a dos señor: servir a Dios y servir a las riquezas”. También en el texto del Evangelio de hoy (Lc 21,1-4) hay un contraste entre los ricos que echaban sus ofrendas en el tesoro y una viuda pobre que echaba dos moneditas. Esos ricos son diferentes al rico Epulón: no son malos. Parece ser gente buena que va al Templo y hace la ofrenda. Se trata, pues, de un contraste diferente. El Señor quiere decirnos otra cosa cuando afirma que la viuda ha echado más que todos porque ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda, el huérfano y el inmigrante, el extranjero, eran los más pobres en la vida de Israel, tanto que cuando se quería hablar de los más pobres se hacía referencia a ellos. Esta mujer ha dado lo poco que tenía para vivir porque tenía confianza en Dios, era una mujer de las Bienaventuranzas, era muy generosa: da todo porque el Señor es más que todo. El mensaje de este Evangelio es una invitación a la generosidad.
Ante las estadísticas de la pobreza en el mundo, los niños que mueren de hambre, porque no tienen qué comer, ni tienen medicinas…, tanta pobreza –que se ve todos los días en los telediarios y en los periódicos– es una buena actitud preguntarse: “¿Y cómo puedo resolver esto?”, que nace de la preocupación de hacer el bien. Y cuando una persona que tiene un poco de dinero, se pregunta si lo poco que hace sirve, sí sirve, como las dos moneditas de la viuda. Es una llamada a la generosidad. Y la generosidad es algo de todos los días, es algo que debemos pensar: ¿cómo puedo ser más generoso con los pobres, con los necesitados…, cómo puedo ayudar más? “Pero usted sabe, Padre, que apenas llegamos a fin de mes”. “¿Pero no te sobran algunas moneditas? Piensa: se puede ser generoso con esas”. Piensa. Las cosas pequeñas: hagamos, por ejemplo, un viaje a nuestra habitación, un viaje a nuestro armario. ¿Cuántos pares de zapatos tengo? Uno, dos, tres, cuatro, quince, veinte…, cada uno lo sabe. Quizá demasiados… ¡Conocí a un monseñor que tenía 40! Pues, si tienes tantos zapatos, da la mitad. ¿Cuántos vestidos que no uso o uso una vez al año? Es un modo de ser generoso, de dar lo que tenemos, de compartir.
También conocí a una señora que cuando hacía la compra en el supermercado, siempre compraba para los pobres el diez por ciento de lo que gastaba: daba “el diezmo” a los pobres. Podemos hacer milagros con la generosidad. La generosidad de las cosas pequeñas, pocas cosas. Quizá no lo hacemos porque no se nos ocurre. El mensaje del Evangelio nos hace pensar: ¿cómo puedo ser yo más generoso? Un poco más, no mucho… “Es verdad, Padre, es así pero… no sé porqué pero siempre me da miedo”.
Y hay otra enfermedad hoy contra la generosidad: el consumismo, que consiste en comprar siempre cosas. Cuando vivía en Buenos Aires, cada fin de semana había un programa de turismo de compras: se llenaba un avión el viernes por la tarde e iba a un país a casi diez horas de vuelo, y todo el sábado y parte del domingo lo pasaban comprando en los supermercados, y luego regresaban. Es una enfermedad grave. Yo no digo que todos los hagamos, no. Pero el consumismo, ese gastar más de lo que necesitamos, es una falta de austeridad: es un enemigo de la generosidad. Y la generosidad material –pensar en los pobres: “a este le puedo dar para que pueda comer, para que se vista”– esas cosas, tiene otra consecuencia: agranda el corazón y te lleva a la magnanimidad.
Se trata, pues, de tener un corazón magnánimo donde todos caben. Esos ricos que daban dinero eran buenos; aquella viejecita era santa. En definitiva, debemos recorrer el camino de la generosidad, iniciando con una inspección en casa, o sea, pensando en qué no me sirve, y qué servirá a otro, por un poco de austeridad. Hay que rezar al Señor para que nos libere de ese mal tan peligroso que es el consumismo, que vuelve esclavos, una dependencia de gastar: es una enfermedad psiquiátrica. Pidamos esta gracia al Señor: la generosidad que nos ensanche el corazón y nos lleve a la magnanimidad.

26 noviembre 2018

‘He venido a traer fuego’: san Josemaría y los jóvenes

Sobre ese empeño, que puede servir de inspiración, trata este artículo.
Hace cinco años, la noche del sábado 27 de julio, se congregaron casi tres millones de personas en Copacabana. A través de las pantallas gigantes distribuidas a lo largo de la playa, se veía al papa Francisco indicando con el dedo a cada uno de sus oyentes: A vos, a vos, a vos…Todos llamados a ser santos. También los jóvenes. Aquellos días se estaba llevando a cabo la Jornada Mundial de la Juventud, pero esta inquietud del Papa ha sido algo constante: apenas se presenta la oportunidad, les anima a arriesgarse y a dejar entrar a Jesús en su corazón, a ir contracorriente, a soñar sin miedo; a dejar el sofá, la comodidad que puede ofrecer una pantalla o las falsas ilusiones de felicidad; a ponerse los zapatos y ser callejeros de la fe.
Ya en uno de sus primeros documentos señalaba que los jóvenes nos llaman a despertar y acrecentar la esperanza, porque llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y nos abren al futuro, de manera que no nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual. La juventud siempre porta consigo cosas nuevas. Y, con ello, esperanza. Estas palabras −novedad, esperanza− traen a la mente algunos detalles de las actividades de san Josemaría cuando era un joven sacerdote. No llegaba siquiera a los treinta años, pero ya había recibido una luz de Dios que le impulsaba a hacer el Opus Dei. No tenía nada. Solo un fuego que le quemaba interiormente, que buscaba expandirse en quienes le rodeaban. Y tenía también la convicción de que para ello no le faltaría la ayuda de Dios. Ignem veni mittere in terram (Lc. 12, 49), repetía continuamente durante aquellos años: He venido a traer fuego.

El color de la esperanza

Los años treinta eran tiempos difíciles en Madrid. Eran tiempos de persecución religiosa. No era infrecuente el insulto en la calle a los sacerdotes ni los intentos por eliminar cualquier manifestación pública del catolicismo. San Josemaría veía que, entonces, una de sus prioridades era encender la luz de Cristo en gente joven; en personas que pudieran ser el futuro de la Iglesia y también de la institución que Dios le había llamado a fundar. Estaba dando vueltas a cómo organizar un grupo con universitarios, bajo qué nombre reunirse, qué tipo de asociación se podría formar. De manera simbólica, se le venía una imagen a la mente: una cruz verde. Lo explicaba don Álvaro al leer los apuntes de nuestro Padre de aquella época: Cruz, porque se le ocurrió el día de la Santa Cruz, y también porque pensaba en la cruz de San Pedro; y verde, el color de la esperanza, porque la juventud es la esperanza de la Iglesia, de la Obra.
No existía todavía ningún grupo de jóvenes, estaba solo la ilusión de mover a mucha gente para que se dejase encontrar por Jesús, pero san Josemaría ya rezaba por ellos. Y desde el principio decidió pedir ayuda para esta tarea a la Virgen María, bajo una advocación concreta: la de Nuestra Señora de la Esperanza.
Transcurrieron cerca de seis meses, hasta que el sábado 21 de enero de 1933 tuvieron una primera reunión, en un asilo en el que san Josemaría habitualmente enseñaba el catecismo y confesaba a niños abandonados. Ese día acudieron solo tres universitarios, pero en ellos nuestro Padre vio el germen de los tantos miles de jóvenes que hoy acuden a los medios de formación cristiana que ofrece el Opus Dei en todo el mundo. Aquel año lectivo, hasta que finalizó en mayo, se reunieron casi todos los miércoles. El grupo creció hasta girar alrededor de nueve asistentes. Su último encuentro fue el 17 de mayo. Ese día −con la idea de que mantuvieran su trato con Dios también durante el verano− san Josemaría regaló, a cada uno, una estampa de Cristo crucificado, apoyado sobre la bola del mundo; el compromiso era que rezaran todos los días lo que el joven sacerdote había dejado escrito al reverso. Lo cuenta él mismo: Al despedir a los de San Rafael, les regalé una estampa del Amor Misericordioso, en la que escribí las siguientes invocaciones que los muchachos se comprometieron a recitar cada día: Santa María, Esperanza nuestra, Asiento de la sabiduría, ruega por nosotros. San Rafael, ruega por nosotros. San Juan, ruega por nosotros.

Láminas y caminatas

Dos días antes, el 15 de mayo de 1933, un pequeño grupo de niños, a quienes nuestro Padre preparó los meses previos, había recibido la primera Comunión. Nunca, desde sus años de seminarista en Zaragoza, había abandonado la tarea de comunicar la doctrina cristiana a los más pequeños: en barrios pobres, en escuelas, en instituciones religiosas e incluso −como este caso− en casas particulares. Y animaba a todos los jóvenes que conocía −incluso durante tiempos políticamente complicados− a que hicieran lo mismo, ya que transmitir lo esencial de la fe cristiana siempre ha requerido un esfuerzo tanto por comprenderla cada vez mejor, como por conocer a fondo la situación de las otras personas. Por ejemplo, a la casa de los Sevilla González, san Josemaría procuraba llevar láminas que explicasen el sentido de los mandamientos o el origen de los sacramentos, contaba relatos sobre la vida de Jesús, echaba mano de sucesos de su propia vida, etc.. No se limitaba a la exposición sistemática de un conjunto de ideas, sino que partía de los intereses y dudas de quienes le escuchaban.
Lo mismo cuentan quienes habían sido sus alumnos en la Academia Cicuéndez durante aquellos primeros años que vivió san Josemaría en Madrid. Allí, para ganar algo de dinero, impartía clases de derecho canónico y de derecho romano durante las tardes. Asistían alrededor de diez personas por curso. Al terminar la jornada, el joven sacerdote se quedaba, a propósito, más tiempo en el aula, lo que daba lugar a que se generasen animadas tertulias con sus alumnos. Cada uno iba exponiendo sus incertidumbres, no solo sobre lo aprendido en clase, sino sobre la vida en general. Algunos recuerdan que, mientras caía la tarde, frecuentemente acompañaban a san Josemaría hasta su casa, en largas caminatas en las que los jóvenes eran quienes escogían el tema de conversación.

¡Esto sí!

El 2 de diciembre de 1931, san Josemaría hace una anotación en sus apuntes personales con referencia a aquellas clases que impartía. Concluye que, aunque tiene que hacerlo por necesidad económica, no se siente satisfecho solo con dar las lecciones. Siente la necesidad de mirar más allá: de ser santo mientras las imparte. Y, sobre todo, siente el impulso de invitar a los demás para que también lo sean. Nuestro padre tenía veintinueve años. Sus alumnos, unos pocos menos. Dice así: Enseñar de todo: desde derecho hasta… ¡álgebra!, porque, si no, no se come… Esto, que ha sido, a veces, la realidad de mi vida: no lo siento yo: no tengo para esto vocación. Ahora: enseñar una, dos… tres ramas del Derecho a jóvenes que quieren aprender, y a quienes se puede encender, de paso, el fuego de Cristo… Esto sí: esto lo siento yo: para esto, tengo vocación.
San Josemaría, aquel entonces, tenía solo sueños. Incluso, cuando tenía poco más de veinte años, algunos que veían sus ilusiones grandes le llamaban el soñador. Pero tuvo la fuerza de ponerse a disposición del Señor para llevarlos a cabo. Lo mismo a lo que el papa Francisco invitaba a unos 70 mil jóvenes italianos el pasado mes de agosto. La cita era en el Coliseo Romano, hasta donde habían llegado desde muchas diócesis, dos meses antes del Sínodo sobre los jóvenes. Decía: Este es el trabajo que ustedes deben hacer: transformar los sueños de hoy en la realidad del futuro; para esto deben tener coraje. Terminaba diciendo: Los sueños de los jóvenes son los más importantes de todos. Un joven que no sabe soñar es un joven anestesiado; no podrá entender la fuerza de la vida. Los sueños te despiertan, te llevan más allá, son las estrellas más luminosas, aquellas que indican un camino distinto para la humanidad.

25 noviembre 2018

Jesús “nos pide que le dejemos ser nuestro rey”

El Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, que celebramos hoy, se establece al final del año litúrgico y nos recuerda que la vida de la creación no avanza por casualidad, sino que avanza hacia una meta final: la manifestación definitiva de Cristo, Señor de la historia y de toda la creación. La conclusión de la historia será su reino eterno.
El pasaje del Evangelio de hoy (cf. Jn 18: 33b-37) nos habla de este reino, relatando la humillante situación en que se encontró  Jesús después de ser arrestado en Getsemaní: atado, insultado, acusado y llevado ante las autoridades de Jerusalén. Se le presenta al fiscal romano, como alguien que atenta contra el poder político, para convertirse en el rey de los judíos. Pilatos luego hace su pregunta y en un interrogatorio dramático le pregunta dos veces si es un rey (vs. 33b.37). Jesús primero responde que su reino “no es de este mundo” (v. 36). Luego dice: «Tú lo dices: yo soy rey» (v.37). Es evidente que en toda su vida Jesús no tiene ambiciones políticas.
Recordemos que después de la multiplicación de los panes, la gente, entusiasmada con el milagro, quiso proclamarlo rey, para derrocar el poder romano y restaurar el reino de Israel. Pero para Jesús, el reino es otra cosa, y ciertamente no se logra con la revuelta, la violencia y la fuerza de las armas. Por lo tanto, se había retirado solo en la montaña para orar (cf. Jn 6, 5-15).
Ahora, respondiendo a Pilato, señala que sus discípulos no lucharon para defenderlo. Él dice: “Si mi reino fuera de este mundo, mis sirvientes habrían luchado para que yo no fuera entregado a los judíos” (v.36). Jesús quiere dejar claro que por encima del poder político hay otro mucho mayor, que no se logra por medios humanos. Él vino a la tierra para ejercer este poder, que es el amor, dando testimonio de la verdad (v. 37). Esta es la verdad divina que, en última instancia, es el mensaje esencial del Evangelio: “Dios es amor” (1 Jn 4: 8) y quiere establecer en el mundo su reino de amor, justicia y paz. Este es el reino del cual Jesús es el rey, y que se extiende hasta el fin de los tiempos.
La historia enseña que los reinos fundados en el poder de las armas y en la prevaricación son frágiles y tarde o temprano se derrumban. Pero el reino de Dios se basa en su amor y se enraíza en los corazones, el Reino de Dios se enraíza en los corazones concediendo a quien lo recibe paz, libertad y plenitud de vida. Y nosotros queremos la paz, todos nosotros queremos la libertad y queremos la plenitud. ¿Cómo se hace esto?, deja que el amor de Dios, el reino de Dios, el amor de Jesús se enraíce en tu corazón y tendrás, paz, libertad y tendrás plenitud.
Jesús hoy nos pide que le dejemos ser nuestro rey. Un rey que con su palabra, su ejemplo y su vida inmolada en la cruz nos ha salvado de la muerte, señala el camino al hombre perdido, da nueva luz a nuestra existencia marcada por la duda, el miedo y las pruebas cotidianas. Pero no debemos olvidar que el reino de Jesús no es de este mundo. Podrá dar un nuevo significado a nuestra vida, a veces sometido a prueba incluso por nuestros errores y nuestros pecados, solo con la condición de que no sigamos la lógica del mundo y de sus “reyes”.
Que la Virgen María nos ayude a recibir a Jesús como el rey de nuestra vida y a difundir su reino, dando testimonio de la verdad que es el amor.

24 noviembre 2018

¿Existe un determinismo genético de la orientación sexual?

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

Lo primero que hay que señalar es que la identidad sexual, definida por el sexo de varón o de mujer, y la orientación sexual, definida por el género, son cosas diferentes, aunque a veces se tienda a confundirlos. El género no tiene ningún fundamento científico y se enraíza en un movimiento cultural que responde a normas sociales liberales y comportamientos individuales.
Si bien no existen estadísticas rigurosas al respecto, la frecuencia de varones o mujeres no heterosexuales en las poblaciones humanas ha sido estimada entre un 2% y un 7% en países occidentales. Sin embargo, los movimientos homosexuales han llegado a proponer un hipotético 10%. La dificultad radica en la aplicación de un criterio fiable para caracterizar el carácter. Usualmente se ha utilizado la escala propuesta por el entomólogo americano Alfred Kinsey (1894–1956), que trató de estudiar la sexualidad humana desde un punto de vista puramente animal.
En una serie de informes desarrollados entre 1948 y 1953, Kinsey, considerado por muchos como el responsable de la revolución sexual en los EE.UU., llegó a la conclusión de que la sexualidad humana es polimórfica. La aplicación de la discutida escala de Kinsey, basada en una declaración personal, daba como resultado que en varones se exageran los extremos, entre totalmente homosexuales o totalmente heterosexuales, frente a los bisexuales, mientras que en mujeres la distribución aparecía descendente desde heterosexuales a homosexuales, con una mayor proporción de bisexuales que entre los varones.
Independientemente del sexo, este resultado tropieza con la dificultad de interpretar la orientación sexual en base a una determinación genética consistente en genes simples o mayores, que permitirían una clasificación en clases fenotípicas mendelianas claras (caso de los sistemas monogénicos que delimitan claramente los fenotipos). De hecho, tras más de cincuenta años de investigación y quince años de la culminación del Proyecto Genoma Humano, sigue sin aparecer el gen gay o gen simple relacionado con la homosexualidad, a pesar de los múltiples estudios realizados. Pero además, la orientación sexual no es un carácter consistente ni estable, lo cual contradice su posible determinismo genético.
Descartados los genes simples, de existir una base genética de la homosexualidad debería suponerse determinada por múltiples genes menores o poligenes, relacionados con caracteres complejos de efectos cuantitativos (QTLs, quantitative trait loci), que actúan sumando sus efectos para la manifestación del carácter siempre en dependencia de influencias ambientales.
Antes de señalar los resultados de los análisis desarrollados en este sentido, hay que indicar que en la manifestación de los caracteres dependientes de sistemas poligénicos puede haber una importante influencia ambiental. En tal caso, la varianza fenotípica, representada por VF, depende no solo del componente genético, VG, sino además de un componente ambiental, VA, y de la interacción genotipo–ambiente, VGA, del siguiente modo:
VF = VG + VA  + VGA
En los casos de sistemas poligénicos, para conocer la importancia del componente genético del carácter frente a la influencia del ambiente, habría que estimar un parámetro denominado heredabilidad, que revela la parte de influencia de los genes respecto a la variabilidad total:
H = VG/ VF  = VG/ VG + VA.
A su vez, el cálculo de la heredabilidad requiere conocer la varianza debida al ambiente, lo cual no siempre es fácil, pero que en el caso de los rasgos de conducta humanos se ha tratado de resolver estudiando la concordancia del carácter en parejas de gemelos idénticos (monocigóticos) criados en el mismo o diferente ambiente, como se verá más adelante.
Antes de ello, conviene aclarar qué la influencia del ambiente en la expresión de los caracteres del comportamiento humano, como puede ser cualquier tipo de orientación sexual, se refiere a las influencias recibidas en la etapa infantil y adolescencia en que se edifica la personalidad. En este sentido, los distintos tipos de orientación sexual se han relacionado con factores psico-biográficos, como deficiencias de educación por parte de los padres, soledad, tristeza, falta de autoestima y auto-aceptación personal, desconfianza, miedo, abuso o maltrato sexual en la infancia y en la adolescencia, rechazo de los compañeros de escuela, narcisismo, fobia social, falta de identificación con el propio sexo, ausencia del padre o de la madre en la infancia, etc. En este sentido son especialmente críticas las influencias recibidas desde el nacimiento hasta la madurez sexual.
En cualquier caso, el análisis de la posible base genética de la orientación sexual debe abstenerse de cualquier calificación, juicio moral, presión social, intereses políticos, etc. Aparte de la catalogación como homo o heterosexual basada en una declaración personal, se han hecho estudios de caracteres biológicos comparativos neuro–anatómicos, anatómicos, de concordancia en gemelos genéticamente idénticos, y de marcadores moleculares en el ADN genómico. A continuación se exponen muy resumidamente los principales resultados.
Estudios neuro-anatómicos y anatómicos
En 1992, Simon Levay, un neurólogo del Salk Institute de San Diego (California), publicó un trabajo en el que creía demostrar que la región INAH3 –un grupo celular de núcleos intersticiales del hipotálamo anterior–, de una pequeña muestra de varones presumiblemente heterosexuales duplicaba con creces a la región equivalente de varones homosexuales. Levay concluyó que las diferencias estructurales de los
cerebros están presentes desde el nacimiento o incluso desde antes, contribuyendo así a establecer la orientación sexual del varón. Sin embargo, admitía que cualquier conclusión en este aspecto es especulativa ya que la respuesta de cada cerebro a los andrógenos supone unos procesos moleculares complejos que implican la interacción de receptores y una serie de proteínas desconocidas codificadas por genes en aquél momento no identificados. Una objeción a este trabajo es el número muy reducido de individuos en que se habían hecho los análisis. Desde un punto de vista experimental, una muestra de un individuo, o incluso dos docenas de individuos, para un estudio de un carácter cuantitativo tan sensible como la orientación sexual, es inadmisible y falto de rigor. Además, se objetó que se había realizado en cerebros de personas fallecidas como consecuencia del SIDA, lo cual podía haber influido en el carácter que se analizaba.

Dos años después, William Byne, investigador del New York State Psychiatric Institute, de la Universidad de Columbia, demostró que, si bien el INAH3 es un carácter dimórfico en relación con el sexo, las diferencias son de número de neuronas y no de tamaño ni de densidad de las neuronas entre varones y mujeres. En su trabajo demostró que en los varones homosexuales se aprecia, al igual que en los cerebros de mujer, un menor número de neuronas, sin que esto signifique que estas diferencias se pueden relacionar con la orientación sexual.
Tampoco han resultado concluyentes los estudios de la relación de la longitud de los dedos índice y anular (2D:4D), que algunos autores han creído estar correlacionados con la orientación sexual. En un trabajo publicado en Nature en una muestra de más de 700 adultos californianos, la ratio 2D:4D de la mano derecha en mujeres homosexuales era significativamente menor que en mujeres heterosexuales, al igual que ocurre en los varones. Sin embargo, otros estudios sobre este mismo carácter han dado resultados contradictorios e incluso opuestos.
Estudios genéticos con gemelos
En general se admite que un carácter tiene base genética cuando se da con más frecuencia entre parientes genéticamente relacionados que con otros individuos de la población. Por ello, un modo de acercarse al estudio de la base genética de las diferentes formas de orientación sexual es mediante un análisis comparado en gemelos monocigóticos o idénticos con respecto a los fraternos o a los hermanos no gemelos.
En este tipo de estudios se trata de averiguar el grado de concordancia del carácter, homosexual o heterosexual, entre los pares de gemelos monocigóticos y los fraternos, teniendo en cuenta a la vez el factor ambiental, es decir, si se han criado en el mismo o diferente ambiente, lo que permite estimar la heredabilidad. Los diferentes estudios llevados a cabo por diversos autores en los años cincuenta dieron resultados dispares e incluso opuestos, probablemente debido a la arbitrariedad de la escala utilizada en la clasificación del carácter [6]. En estudios más recientes se ha encontrado una concordancia de la homosexualidad entre los gemelos monocigóticos del 20%–37% para varones y del 24%–30% para mujeres, dependiendo de la clasificación más o menos restrictiva de la escala utilizada, lo que sugiere la posible existencia de un componente genético moderado, pero también de importantes influencias ambientales de carácter social y educacional.
En general, los trabajos llevados a cabo en diferentes poblaciones concluyen que las concordancias son bajas como para apoyar la hipótesis de una base genética de la homosexualidad.
Estudios con marcadores moleculares
Otro modo de abordar la búsqueda de factores genéticos asociados a los diferentes patrones de orientación sexual es mediante la utilización de la información que ofrecen las secuencias de ADN del genoma de los grupos de individuos homosexuales frente a los heterosexuales. El problema se ciñe a la búsqueda de los llamados “marcadores moleculares”. Se trata de detalles distintivos en las secuencias del ADN de una región concreta del genoma. La ventaja de este tipo de análisis, si se demuestra la correlación entre determinados marcadores y el carácter fenotípico de que se trate, es su gran objetividad y valor diagnóstico.
En 1993, el investigador Dean Hamer y sus colaboradores del Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda (Maryland), desarrollaron un análisis de ligamiento entre 22 marcadores del tipo microsatélites localizados en el cromosoma X, y la orientación homosexual en 40 parejas de hermanos ambos homosexuales y pertenecientes a familias que no mostraban indicios de transmisión no materna. Sus resultados señalaron que había cinco marcadores pertenecientes a la región Xq28 (región próxima al extremo del brazo largo del cromosoma X) que segregaban conjuntamente con la orientación homosexual en 33 de los 40 pares de hermanos analizados. El resultado fue ratificado un par de años después por los mismos autores.
Sin embargo, en 1999, unos neurólogos clínicos canadienses, que habían desarrollado un estudio con más grupos familiares que el de Hamer, concluyeron que no existe ninguna relación entre el comportamiento homosexual y los pretendidos marcadores moleculares del Xq28 [10]. La crítica más importante al trabajo de Hamer fue que carecía de un grupo control, es decir de unas referencias obligadas en que apoyar los resultados cuantitativos obtenidos por contrastación.
Dada la oportunidad que ofrece el conocimiento de las secuencias completas del genoma humano, pronto se aplicaron otros tipos de marcadores moleculares distintos a los microsatélites, pero igualmente útiles para la búsqueda del ligamiento con el carácter que se indaga, en este caso la homo o heterosexualidad. Entre los diversos tipos de marcadores moleculares que se pueden utilizar en este tipo de análisis, los más utilizados son los llamados SNPs –polimorfismos de una sola base-, que han dado excelentes resultados en el diagnóstico de patologías determinadas genéticamente. Los primeros análisis con SNPs, aplicados a la búsqueda de su ligamiento con la homosexualidad, fue llevado a cabo y publicado en 2012, en una muestra de cerca de 8.000 varones y más de 5.500 mujeres. Al igual que con los microsatélites no se evidenció ninguna correlación ni con la región Xq28 ni con la orientación sexual.
Contradictoriamente, en un trabajo más amplio publicado dos años después, Sanders y sus colaboradores, encontraron una asociación significativa entre la orientación sexual y unos SNPs localizados en la región Xq28 y en otra región del cromosoma 8, confirmando los hallazgos de Hamer de 1993.
Muy recientemente, en el Congreso Anual de Genética Humana, celebrado en Boston en octubre de 2018, un grupo de investigadores del Broad Institute en Cambridge, Massachusetts, y de Harvard Medical School han presentado unos resultados en una muestra aún más grande de población, y han encontrado lo que parece una relación de cuatro variantes genéticas asociadas a lo que los investigadores llaman comportamiento no heterosexual. En este estudio se analizan los marcadores moleculares en el genoma de personas que contestaron “sí” o “no” a la pregunta de si habían tenido relaciones sexuales con alguien del mismo sexo. Para el análisis comparativo se utilizaron muestras de dos procedencias, de un Biobanco del Reino Unido y de la firma privada 23andMe. El estudio incluía 450.939 personas que dijeron que sus relaciones habían sido exclusivamente heterosexuales y 26.890 personas que dijeron haber tenido por lo menos una experiencia homosexual, que fueron clasificados como individuos de comportamiento “no heterosexual”. No obstante, los autores advierten sobre la heterogeneidad de experiencias sexuales del segundo grupo, que van desde personas que siempre habían tenido relaciones con personas del mismo sexo a otras que solo las habían tenido una o dos veces.
Los investigadores buscaron marcadores moleculares comunes en el ADN de las personas del grupo “no heterosexual” e identificaron cuatro variantes en los cromosomas 7, 11, 12, y 15. De estos marcadores, dos eran específicos de varones. Otro se localiza en una región de ADN del cromosoma 15, que se había encontrado previamente asociada a la calvicie en varones. El cuarto marcador se localiza en una región relacionada con receptores olfativos en el cromosoma 11. El investigador Andrea Ganna, que presentó la comunicación en el Congreso de Boston, sugirió que este factor está relacionado con la atracción sexual.
Sin embargo, en la presentación se insistió en que las variantes moleculares detectadas no han sido todavía relacionadas con genes reales y que no está claro aún si se localizan en regiones codificantes (exones) o no codificantes del genoma (recordemos que solo un 2% del genoma humano es codificante), por lo que las cuatro variantes genéticas de ADN identificadas no pueden relacionarse confiablemente con la orientación sexual. Según expresó el autor “estas variantes moleculares realmente no tienen ningún poder predictivo”.
Las cuatro variantes genéticas identificadas también fueron correlacionadas con una mayor propensión a experimentar desórdenes mentales de la salud, como depresión y esquizofrenia en ambos sexos, y desorden bipolar en las mujeres. En la presentación se sugirió que este tipo de alteraciones psicológicas podrían ser una consecuencia de la discriminación a la que se ven sometidas las personas con orientación no heterosexual. Este argumento es difícilmente relacionable con una determinación genética simple, y en todo caso podría relacionarse con un sistema poligénico.
De hecho, en la presentación del congreso, Andrea Ganna, uno de los autores de la investigación, dijo: “Me complace anunciar que no hay un ‘gen gay’ […] Más bien, la no heterosexualidad está en parte influenciada por muchos pequeños efectos genéticos”. Es decir podríamos estar ante la detección de varios QTLs, propios de caracteres cuantitativos, regulados por poligenes, que a su vez dependen en su manifestación cuantitativa de una influencia ambiental, como ocurre con otros relacionados con enfermedades mentales como la esquizofrenia, las depresiones, etc. que también son de este tipo.
El hecho de que los autores de la comunicación indiquen que alguna de las regiones cromosómicas encontradas, relacionadas con la no heterosexualidad, coincide con las que se asocian a las depresiones u otras alteraciones mentales, muy influenciadas por factores ambientales, podría indicar que se trata en todo caso de QTLs. Lo que parece más cuestionable es asociar estas alteraciones neurológicas a la “discriminación” que sufren las personas de los colectivos LGTBIQ.
Estudios fisiológicos. Efectos hormonales
Otra de las hipótesis más extendidas para quienes achacan factores biológicos o genéticos como determinantes de la orientación sexual que se revela en la infancia o en la adolescencia, es la que propone desequilibrios en el nivel hormonal durante el desarrollo embrionario y fetal. El nivel 
hormonal durante la gestación es de una gran complejidad, con momentos críticos en que el exceso o defecto de determinadas hormonas puede dar lugar a trastornos en el desarrollo sexual, con consecuencias en el fenotipo gonadal y sexual del niño al nacer. De hecho, se han descrito efectos de alteraciones congénitas debidas al desequilibrio hormonal que influyen en el desarrollo gonadal de al menos cinco hormonas: la testosterona, la dihidrotestosterona, el estradiol (derivado de la testosterona por acción de la enzima aromatasa), la progesterona y el cortisol.

Cada hormona tiene un período crítico de acción, especialmente a partir de la séptima semana, cuando ya se han empezado a diferenciar los testículos o los ovarios y se empiezan a desarrollar los genitales externos. Los genes responsables de la síntesis de estas hormonas o de sus receptores en las células diana, son los que, en caso de mutación o alteración de su expresión, podrían conducir a algunos de los casos de disgénesis sexual. Pero también pueden producirse desequilibrios en las hormonas motivados por estrés u otros factores fisiológicos durante la gestación. Así, se ha relacionado el estrés materno durante el embarazo con un desequilibrio en el nivel de cortisol con consecuencias en el desarrollo gonadal, el sistema nervioso y las conductas posteriores típicas de cada sexo en la primera infancia.
También se ha demostrado que más del 90% de los casos de hiperplasia suprarrenal congénita –HSC–, una de las alteraciones de carácter hormonal más estudiadas en mujeres, son consecuencia de una mutación del gen CYP21A2, que codifica una enzima que ayuda a sintetizar el cortisol, lo que puede derivar en una virilización genital. Estos casos están tipificados como alteraciones estructurales o funcionales relativas al desarrollo genital. Sin embargo, estudios recientes demuestran que el estrés de la madre durante el embarazo no explica de forma significativa las diferencias en la población de hijos o hijas homosexuales o heterosexuales.
También son contradictorios los resultados de diferentes estudios sobre la influencia hormonal en las tendencias de orientación sexual relacionadas con el orden fraternal del nacimiento.
Si bien hay cierta evidencia de que las mujeres con derivaciones lesbianas, en promedio, muestran una posible exposición prenatal a niveles más elevados de andrógenos que los grupos de mujeres no lesbianas, más de 50 años de estudios no han logrado demostrar que los factores biológicos, genes u hormonas, influyan de manera determinante en el desarrollo de la orientación sexual femenina, y tampoco se han demostrado diferencias en los niveles de hormonas masculinas en la etapa prenatal entre varones homosexuales y heterosexuales.
La disgénesis sexual de causa genética no ha de confundirse con la orientación sexual…
Puede haber casos, en que mutaciones o modificaciones epigenéticas en los genes, o regiones del genoma que intervienen en el desarrollo gonadal determinen su anulación, silenciamiento o sobreexpresión, dando lugar a una disgénesis estructural en el desarrollo gonadal o a desequilibrios hormonales, con consecuencias en el desarrollo del aparato genital masculino o femenino. Los efectos de las mutaciones en alguno de los múltiples genes que intervienen en el desarrollo gonadal son la principal causa de la mayoría de los casos de disgénesis genital, como la reversión de sexo, ambigüedad genital, el seudohermafroditismo, etc. No se deben confundir estos casos, con causa genética, con la orientación sexual, en la que las motivaciones son preferentemente de carácter psico-biográfico. En cualquier caso, estas alteraciones pediátricas merecen toda la atención que las personas afectadas se merecen y en la medida de lo posible la corrección farmacológica o quirúrgica es una obligación de los médicos que las atienden.
En un reciente editorial de Nature, se señala que los médicos tienden a menudo a utilizar métodos quirúrgicos en los raros casos que se presentan de genitales ambiguos al nacer el bebé, con el fin de hacerlos coincidir con el sexo biológico, lo que puede resultar contraproducente. Con frecuencia, se cometen errores. Debe recordarse al psicólogo y sexólogo americano John Money (1921–2006), considerado como el introductor de las operaciones de reasignación de sexo, que utilizó como cobaya a un niño que por un error en la circuncisión y ante la preocupación de sus padres fue sometido a un cambio de sexo hacia niña. El cambio de sexo en este niño, llamado Bruce, convertido en niña a la que llamaron Brenda, supuso su ruina como persona y la de toda su familia, incluido su hermano gemelo. Bruce nunca quiso ser niña y al alcanzar la madurez deseó volver a su condición natural de niño, pero ya era demasiado tarde. Él y su hermano gemelo terminaron suicidándose. Más recientemente, en 2004, New England Journal of Medicine publicó el caso de un seguimiento de 14 niños varones con disfunción genital a los que al nacer se les intervino para revertir sus genitales como femeninos. De ellos, 8 terminaron identificándose como varones y la intervención quirúrgica les causó una gran angustia.
La Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud señalan que el deseo de cambio de sexo es un trastorno o una alteración de la personalidad, no de la genética ni de la fisiología humana. Es muy importante tener en cuenta que las cirugías transgénero, para el cambio de sexo, son irreversibles. Por ello ante un caso de rechazo del propio sexo en los niños de tres o más años es importante lograr un diagnóstico médico, pediátrico y psicológico definitivo y fiable, como base para establecer un plan de tratamiento apropiado.
De acuerdo con Mayer y McHugh, «las condiciones hormonales que intervienen en trastornos de desarrollo sexual pueden contribuir al desarrollo de una orientación no heterosexual en algunos individuos, pero eso no demuestra que dichos factores expliquen el desarrollo de una atracción, deseo o conducta sexual concreta en la mayoría de los casos.
Conclusiones
Cincuenta años de investigación con estudios neuro-anatómicos, genéticos con parejas de gemelos y análisis de marcadores moleculares en el ADN, no han revelado genes o regiones del genoma humano relacionadas con la orientación sexual.
  1. Todos los intentos de demostración de un determinismo genético de la homosexualidad, adolecen del rigor suficiente y no han aportado ningún tipo de evidencia concluyente.
  2. La realidad es que los seres humanos nacen con un sexo cromosómico, genético y gonadal normalmente concordantes. El sexo es el resultado del desarrollo del aparato reproductor interno y externo y también del tipo de cerebro de varón o de mujer, bajo la influencia de señales genéticas y hormonales.
  3. Raramente, algunas mutaciones o factores fisiológicos pueden alterar la organogénesis del aparato genital y conducir a una disgénesis estructural o funcional dando lugar a una identidad sexual atípica.
  4. La orientación sexual, o identidad de género, es algo que se adquiere al margen de la constitución genética y que podría no coincidir con el sexo biológico.
  5. Ante los casos de rechazo del propio sexo en los niños de tres o más años es importante lograr un diagnóstico médico, pediátrico y psicológico definitivo y fiable, como base para establecer un plan de tratamiento apropiado.

23 noviembre 2018

Hacia una cultura del trabajo


El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición
En una época como la actual, en que ha aumentado tanto el trabajo en cantidad y en intensidad, podría parecer a primera vista que nos encontramos ante una poderosa cultura del trabajo. Pero no nos engañemos: más bien predomina una cultura del entretenimiento y la dispersión. Ante la realidad del trabajo es frecuente la resignada aceptación o la huída hacia ocupaciones más placenteras.
Por otra parte la mentalidad clientelista o populista lleva a esperarlo todo del Estado, sin necesidad de un serio trabajo personal. La viveza o el oportunismo sustituyen al trabajo serio.
Una cultura del trabajo puede llevarnos a valorarlo como fuente de bienes para la persona y para la sociedad. Recuerdo con agrado aquella calcomanía, pegada en el vidrio trasero de un automóvil, en pleno tráfico caraqueño: −¿Amas a Venezuela? Trabaja.
Podría ser el lema de una auténtica cultura del trabajo.
La visión cristiana del trabajo reconoce su gran importancia para el bien del hombre, según los planes de Dios (Cfr. Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, nn. 255-258).
El Antiguo Testamento presenta a Dios como Creador omnipotente (cf. Gn 2,2; Jb 38-41; Sal 104; Sal 147), que plasma al hombre a su imagen y lo invita a trabajar la tierra (cf. Gn 2,5-6), y a custodiar el jardín del Edén en donde lo ha puesto (cf. Gn 2,15). La vida del hombre en este mundo implica la tarea y la responsabilidad de trabajar. Dios confía a la primera pareja humana la tarea de someter la tierra y de dominar todo ser viviente (cf. Gn 1,28).
En el designio del Creador, las realidades creadas, buenas en sí mismas, existen en función del hombre. El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición. Como realidad humana corresponde a la tarea y a la perfección del hombre. El trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, y, en general, instrumento eficaz contra la pobreza (cf. Pr 10,4).
Pero no se debe ceder a la tentación de idolatrarlo, porque en él no se puede encontrar el sentido último y definitivo de la vida. El trabajo es esencial, pero es Dios, no el trabajo, la fuente de la vida y el fin del hombre. La enseñanza bíblica sobre el trabajo se complementa con el mandamiento del descanso sabático. La memoria y la experiencia del sábado constituyen un baluarte contra el sometimiento humano al trabajo, una esclavitud voluntaria o impuesta.
En su predicación, Jesucristo enseña a apreciar el trabajo (Cfr. Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, nn. 259-263). Él mismo «se hizo semejante a nosotros en todo, dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero», en el taller de José (cf. Mt 13,55; Mc 6,3), al cual estaba sometido (cf. Lc 2,51). Jesús condena el comportamiento del siervo perezoso, que esconde bajo tierra el talento (cf. Mt 25,14-30) y alaba al siervo fiel y prudente a quien el patrón encuentra realizando las tareas que se le han confiado (cf. Mt 24,46).  
Jesús enseña a los hombres a no dejarse dominar por el trabajo. Deben, ante todo, preocuparse por su alma; ganar el mundo entero no es el objetivo de su vida (cf. Mc 8,36). Durante su ministerio terreno, Jesús trabaja incansablemente, realizando obras poderosas para liberar al hombre de la enfermedad, del sufrimiento y de la muerte.
La actividad humana de enriquecimiento y de transformación del universo puede y debe manifestar las perfecciones escondidas en él, que tienen en el Verbo increado su principio y su modelo. El trabajo representa una dimensión fundamental de la existencia humana no sólo como participación en la obra de la creación, sino también de la redención: en el perfeccionamiento de este mundo según los planes de Dios, y en el cumplimiento del amoroso designio divino de que el hombre alcance su plenitud junto a Él.

Informe de Libertad Religiosa

Presentado por Ayuda a la Iglesia Necesitad


El 61% de la población mundial vive en países donde no se respeta la libertad religiosa, lo que significa que 6 de cada 10 personas en el mundo no pueden expresar con total libertad su fe.

Esta es una de las principales conclusiones del Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2018 que ha presentado a nivel internacional la fundación de la Santa Sede Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN España). Este informe se ha hecho público también en ciudades como Roma, París, Chile, Lisboa o Nueva York.

El estudio analiza en 196 países de todo el mundo el grado de cumplimiento de este derecho de la libertad religiosa recogido en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que este año cumple su 70 aniversario, y lo hace para todos los credos.

De todos los países del mundo, en 38 de ellos se cometen violaciones importantes de la libertad religiosa. En 17, hay discriminación a causa de la fe y en 21 de ellos, se persigue, en algunos casos hasta la muerte, por las creencias religiosas.

“En los últimos dos años hemos evidenciado un deterioro de la libertad religiosa. Hay un desprecio mayor por este derecho fundamental a nivel mundial”, así ha reconocido Javier Menéndez Ros, director de ACN España, “la libertad religiosa es un barómetro del resto de derechos. Cuando falta la libertad religiosa en un país, es indicador de que están faltando otras libertades”.

Radicalismo islámico en 22 países

La libertad religiosa en el cinturón central de África peligra por el avance del yihadismo en esta zona del continente, es otra de las conclusiones, así como la preocupación por la expansión del “ultranacionalismo” en países como la India, donde la libertad religiosa ha empeorado en este periodo de tiempo.

Este estudio demuestra que en 22 países del mundo quién ataca a la libertad religiosa es el radicalismo islámico, pero que hay otros autores muy relevantes como son los estados autoritarios y los estados con un nacionalismo extremo.

Estos países con estados autoritarios y con nacionalismos extremos son en total 16, pero representan más de 3.000 millones de personas, ya que se encuentran países como China, India, Corea del Norte, Birmania, Vietnam o Kirguistán, entre otros.

El dato positivo del informe de 2018 es la evolución a mejor de la libertad religiosa tanto en Siria como Irak. Una vez derrotado militarmente el Daesh, las minorías religiosas han empezado a volver a sus lugares de origen, como es el caso de los cristianos en la Llanura de Nínive (Irak).

A raíz de los datos de este informe, se calcula que 327 millones de cristianos viven en países donde hay persecución religiosa y 178 millones en países donde se discrimina por seguir una religión. Esto significa que 1 de cada 5 cristianos en el mundo viven en países donde hay persecución o discriminación.

La Sagrada Familia iluminada de rojo

La Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona se iluminará de rojo el próximo 23 de noviembre, de 20 a 24 horas, para sensibilizar a la sociedad y reivindicar el cumplimiento del derecho a la libertad religiosa en todo el mundo. Esta iniciativa está promovida por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

El evento tiene lugar dentro de la presentación del nuevo Informe Libertad Religiosa en el mundo 2018 en Barcelona. ACN España se une a otras ciudades donde también se han iluminado monumentos relevantes como el Coliseo de Roma, el Cristo Redentor de Río de Janeiro o el Parlamento de Londres.

Premio a la Libertad Religiosa

El Jurado del Premio a la Libertad Religiosa, que bianualmente concede ACN España, ha decidido por unanimidad concederle a la Diócesis de Bangassou, en la República Centroafricana, encarnado en Monseñor Juan José Aguirre, su Obispo y Pastor, el Premio a la Libertad Religiosa 2018.

El premio será entregado el 22 de noviembre a las 19:30 horas en la Fundación Pablo VI (Juan XXIII 3, Madrid) en un acto público para dar a conocer también el Informe Libertad Religiosa en el Mundo.

22 noviembre 2018

El Papa invita a los jóvenes a participar en la JMJ de Panamá

Queridos jóvenes:
Nos aproximamos a la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Panamá el próximo mes de enero y tiene como lema la respuesta de la Virgen María a la llamada de Dios: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
Sus palabras son un “sí” valiente y generoso. El sí de quien ha comprendido el secreto de la vocación: salir de uno mismo y ponerse al servicio de los demás. Nuestra vida solo encuentra significado en el servicio a Dios y a los demás.
Hay muchos jóvenes, creyentes o no, que al final de una etapa de estudios muestran su deseo de ayudar a otros, de hacer algo por los que sufren. Esta es la fuerza de los jóvenes, la fuerza de todos ustedes, la que puede cambiar el mundo; esta es la revolución que puede desbaratar los grandes poderes de este mundo: la “revolución” del servicio.
Ponerse al servicio de los demás no significa solamente estar listos para la acción, sino que también hay que ponerse en diálogo con Dios, en actitud de escucha, como lo hizo María. Ella escuchó lo que el ángel le decía y después respondió. De ese trato con Dios en el silencio del corazón, se descubre la propia identidad y la vocación a la que el Señor llama; esta puede expresarse en diferentes formas: en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio... Todas ellas son modos para seguir a Jesús. Lo importante es descubrir lo que el Señor espera de nosotros y ser valientes para decir “sí”.
María fue una mujer feliz, porque fue generosa ante Dios y se abrió al plan que tenía para ella. Las propuestas de Dios para nosotros, como la que le hizo a María, no son para apagar sueños, sino para encender deseos; para hacer que nuestra vida fructifique y haga brotar muchas sonrisas y alegre muchos corazones. Dar una respuesta afirmativa a Dios, es el primer paso para ser feliz y hacer felices a muchas personas.
Queridos jóvenes: Anímense a entrar cada uno en su interior y decirle a Dios: ¿Qué es lo que quieres de mí? Dejen que el Señor les hable; ya verán vuestra vida transformada y colmada de alegría. Ante la inminente Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, los invito a que se preparen, siguiendo y participando en todas las iniciativas que se llevan a cabo. Les ayudarán a ir caminando hacia esta meta. Que la Virgen María los acompañe en este peregrinaje y que su ejemplo los anime a ser valientes y generosos en su respuesta.
¡Buen camino hacia Panamá! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Hasta pronto.

‘No codiciarás los bienes de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo’

Nuestros encuentros sobre el Decálogo nos llevan hoy al último mandamiento. Lo hemos escuchado al principio. No son solo las últimas palabras del texto, sino mucho más: son el cumplimiento del viaje a través del Decálogo, tocando el núcleo de todo lo que en él se nos da. Bien mirado, no añaden un nuevo contenido: las indicaciones «no codiciarás la mujer […], ni cosa alguna de tu prójimo» (Ex 20,17) están por lo menos latentes en los mandamientos sobre el adulterio y el robo; ¿cuál es entonces la función de estas palabras? ¿Es un resumen? ¿Es algo más?
Tengamos muy presente que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el confín de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye a sí mismo y al prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes a ti mismo, destruyes también el trato con Dios y el trato con los demás. Los mandamientos señalan eso. A través de esta última palabra se pone de relieve que todas las transgresiones nacen de una común raíz interior: los malos deseos. Todos los pecados nacen de un mal deseo. Todos. Ahí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Y no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que te hiere a ti mismo y a los demás.
En el Evangelio lo dice explícitamente el Señor Jesús: «Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, los deseos avariciosos, las maldades, el fraude, la deshonestidad, la envidia, la blasfemia, la soberbia y la insensatez. Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre» (Mc 7,21-23).
Comprendemos pues que todo el recorrido hecho por el Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre. ¿De dónde nacen todas esas cosas feas? El Decálogo se muestra claro y profundo en este aspecto: el punto de llegada −el último mandamiento− de este viaje es el corazón, y si el corazón no es liberado, el resto sirve para poco. Ese es el reto: liberar el corazón de todas esas cosas malas y feas. Los preceptos de Dios pueden reducirse a ser solo la bonita fachada de una vida que se queda en una existencia de esclavos y no de hijos. A menudo, tras la máscara farisaica de la corrección asfixiante se esconde algo feo y no resuelto.
Debemos, en cambio, dejarnos desenmascarar por estos mandatos sobre el deseo, porque nos muestran nuestra pobreza, para conducirnos a una santa humillación. Cada uno puede preguntarse: ¿qué deseos feos me vienen a menudo? ¿La envidia, la avaricia, la murmuración? Toda esas cosas que me vienen de dentro. Cada uno puede preguntárselo y le hará bien. El hombre necesita esa bendita humillación, aquella por la que descubre que no puede liberarse solo, aquella por la que grita a Dios para ser salvado. Lo explica de modo insuperable san Pablo, precisamente refiriéndose al mandamiento no desearás (cfr. Rm 7,7-24).
Es vano pensar que nos podemos corregir sin el don del Espíritu Santo. Es vano pensar que podemos purificar nuestro corazón con uno esfuerzo titánico de nuestra sola voluntad: eso no es posible. Hay que abrirse a la relación con Dios, en la verdad y en la libertad: solo así nuestros esfuerzos pueden dar fruto, porque es el Espíritu Santo quien nos lleva adelante.
La tarea de la Ley Bíblica no es engañar al hombre de que una obediencia literal lo lleva a una salvación artificial y, además, inalcanzable. La tarea de la Ley es llevar al hombre a su verdad, o sea a su pobreza, que es apertura auténtica, apertura personal a la misericordia de Dios, que nos transforma y nos renueva. Dios es el único capaz de renovar nuestro corazón, con tal de que nosotros abramos el corazón a Él: es la única condición; Él hace todo, pero debemos abrirle el corazón.
Las últimas palabras del Decálogo enseñan a todos a reconocerse mendigos; ayudan a ponernos ante el desorden de nuestro corazón, para dejar de vivir egoístamente y llegar a ser pobres de espíritu, auténticos en la presencia del Padre, dejándonos redimir por el Hijo y adiestrar por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el maestro que nos guía: dejémonos ayudar. Seamos mendigos, pidamos esa gracia.
«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5,3). Sí, bienaventurados los que dejan de engañarse creyendo que pueden salvarse de su propia debilidad sin la misericordia de Dios, la única que puede curar. Solo la misericordia de Dios cura el corazón. Bienaventurados los que reconocen sus malos deseos y con corazón arrepentido y humillado no están ante Dios y los demás hombres como justos, sino como pecadores. Es bonito lo que Pedro dijo al Señor: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” (Lc 5,8) Bonita oración: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Esos son los que saben tener compasión, los que saben tener misericordia de los demás, porque la experimentan en sí mismos.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos provenientes de Francia y de otros países francófonos, en particular al coro Hosanna de París. Queridos amigos, hoy celebramos la fiesta de la Presentación de la Virgen María. No tengáis miedo de confiar en Ella, que os conducirá a su Hijo Jesús. ¡Dios os bendiga!
Saludo a los peregrinos de lengua inglesa presentes en la Audiencia de hoy, especialmente a los provenientes de Inglaterra, Irlanda, Nigeria, Israel, Japón, Filipinas, Taiwán, Canadá y Estados Unidos de América. Sobre todos vosotros y sobre vuestras familias, invoco la alegría y la paz del Señor. ¡Dios os bendiga!
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua alemana. Dios está cerca de nosotros como un padre bueno. Reconozcámonos hijos que reciben cada día los dones de su misericordia. ¡El Señor os bendiga a vosotros y a vuestras familias!
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. En este día que celebramos la Presentación de la Virgen María en el Templo, los animo a que, siguiendo su ejemplo, sean testigos de la misericordia de Dios en medio del mundo, comunicando la ternura y la compasión que han experimentado en sus propias vidas. Muchas gracias.
Queridos peregrinos de lengua portuguesa, os saludo a todos, en particular al grupo «Canção Nova» de Curitiba, a los miembros de la Corte de Justicia de Pernambuco, a los fieles de São Caetano do Sul y de Santo André, así como a los peregrinos de Fátima. Os animo a tomar como modelo para vuestra vida personal y social a la Virgen María, que hoy veneramos en su Presentación a Dios. El secreto de su paz y de su valentía se encuentra en esta certeza: «Nada es imposible para Dios». Del mismo modo, vuestros corazones puedan hallar confianza y consuelo en la misericordia que el Señor derrama, sin cansarse nunca, sobre vosotros y vuestras familias. Rezad por mí. Gracias.
Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en particular a los provenientes del Medio Oriente. Queridos hermanos y hermanas, el Señor Jesús nos enseña que del corazón de los hombres, salen los propósitos de mal. Proteged vuestros corazones, para que se dejen compenetrar por el Espíritu y llevar por los caminos del amor que conducen a los hermanos. ¡El Señor os bendiga!
Doy mi cordial bienvenida a los peregrinos polacos. En particular saludo a los aquí presentes miembros de la Asociación Cultura Polaca de la Región de Leópolis en Ucraina. Como he dicho hace poco, los mandamientos nos orientan en el camino espiritual y sensibilizan nuestros corazones, para que podamos descubrir nuestras debilidades y nuestros malos deseos, y humildemente confiarlos a la misericordia de Dios. ¡Su gracia y bendición os acompañen siempre!
Dirijo una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana. Me alegra recibir a los grupos de fieles de las parroquias, sobre todo los de Sant’Elpidio a Mare y de Salerno; y al grupo Laboratorio del valor, acompañado por el Arzobispo Mons. Renato Boccardo. Saludo a la Delegación del Proyecto básquet en Tierra Santa; al Banco de Alimentos; a la Asociación internacional de Policía de Puglia y al Instituto Garibaldi-Leone, de Trinitapoli.
Un pensamiento particular a los jóvenes, ancianos, enfermos y recién casados. Hoy celebramos la memoria de la Presentación de la Virgen María. Miremos a Aquella que engendró a Cristo y venerémosla como Madre y poderoso Auxilio de los cristianos. De Ella aprendemos qué es consagrarse enteramente al plan que Dios tiene para cada uno de nosotros y para el mundo entero.

Llamamiento “Pro Orantibus”

Hoy, memoria litúrgica de la Presentación de María Santísima en el Templo, celebramos la Jornada pro Orantibus, dedicada al recuerdo de las comunidades religiosas de clausura: ¡hay tantas! Es una ocasión más que oportuna para agradecer al Señor el don de tantas personas que, en monasterios y cartujas, se dedican totalmente a Dios en la oración, en el silencio, pasando ocultos. ¡Que no les falte a esas comunidades el afecto, la cercanía, el apoyo también material de toda la Iglesia!