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JOQUIVESA

Encontrado en la "red" (Mateo 13:47-50)

07 enero 2024

Bautismo del Señor

El Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos el Bautismo del Señor (cfr. Mc 1,7-1). Éste tuvo lugar en el río Jordán, donde Juan -llamado por ello “Bautista”- realiza un rito de purificación que expresa el compromiso de abandonar el pecado y convertirse. El pueblo acude a bautizarse con humildad, con sinceridad, y -como dice la liturgia- “con el alma y los pies desnudos”; Jesús también va, inaugurando su ministerio: de este modo, muestra que quiere estar cerca de los pecadores, que ha venido por ellos, por todos nosotros, que somos pecadores.

Y, precisamente ese día, suceden algunos hechos extraordinarios. Juan el Bautista dice algo insólito, reconociendo públicamente en Jesús, aparentemente igual a todos los demás, uno «más fuerte» (v. 7) que él, que «bautizará con el Espíritu Santo» (v. 8). Luego se abren los cielos, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús como una paloma (cfr. v. 10) y desde lo alto la voz del Padre proclama: «Tú eres mi Hijo amado: en ti me complazco» (v. 11).

Todo esto, por una parte, nos revela que Jesús es el Hijo de Dios; y, por otra, nos habla de nuestro bautismo, que nos ha hecho también a nosotros hijos de Dios, porque el bautismo nos hace hijos de Dios.

En el bautismo, Dios entra en nosotros, purifica, sana nuestro corazón, nos hace hijos suyos para siempre, su pueblo, su familia, herederos del Paraíso (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n.1279). Y Dios se hace íntimo a nosotros y ya no se va. Por eso es importante recordar el día de nuestro bautismo, y también conocer su fecha. Yo os pregunto a todos vosotros, cada uno que lo piense: ¿recuerdas la fecha de tu bautismo? Si no la recuerdas, cuando regreses a casa pregúntala para no olvidarla nunca, porque es un nuevo cumpleaños, porque con tu bautismo naciste a la vida de la gracia. Demos gracias al Señor por el bautismo. Démosle gracias también por nuestros padres, que nos llevaron a la pila bautismal, por quien nos administró el sacramento, por el padrino, por la madrina, por la comunidad en la que lo recibimos. Festejar el propio bautismo: es un nuevo cumpleaños.

Y podemos preguntarnos: ¿soy consciente del inmenso don que llevo en mí por el bautismo? ¿Reconozco en mi vida la luz de la presencia de Dios, que me ve como su hijo amado, como su hija amada?

Y ahora, en memoria de nuestro bautismo, acojamos la presencia de Dios en nuestro interior. Podemos hacerlo con la señal de la cruz, que traza en nosotros el recuerdo de la gracia de Dios, que nos ama y desea estar con nosotros. La señal de la cruz nos recuerda esto. Hagámosla juntos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y no olvidéis la fecha del bautismo, que es un cumpleaños. Que María, templo del Espíritu, nos ayude a celebrar y acoger las maravillas que el Señor obra en nosotros.

________________________

Después del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas:

en la fiesta de hoy del Bautismo del Señor, he bautizado a algunos recién nacidos. Oremos por ellos y por sus familias. Extiendo esta oración a todos los niños que en estos días recibirán el santo bautismo.

Hoy, las comunidades eclesiales de Oriente que siguen el calendario juliano celebran la santa Navidad. Con espíritu de jubilosa fraternidad, les deseo que el nacimiento del Señor Jesús las colme de luz, de caridad y de paz.

Os invito a que os unáis a mi oración por la liberación, sin condiciones, de todas las personas secuestradas actualmente en Colombia. Este gesto, que es un deber ante Dios, favorecerá también un clima de reconciliación y de paz en el país.

Estoy muy cerca espiritualmente de las poblaciones de la República Democrática del Congo afectadas por las inundaciones de los últimos días. Y, por favor, sigamos rezando por la paz: por la paz en Ucrania, en Palestina, en Israel y en el mundo entero.

Y os saludo a todos vosotros, peregrinos procedentes de Italia y de muchos lugares del mundo, especialmente a los chicos de la parroquia del Santissimo Crocifisso de Roma, al grupo scout “Milano 35” y a la asociación Totus tuus de Potenza.

Os deseo a todos una bella fiesta. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!.

Fuente: vatican.va

Publicado por JOQUIVESA en 20:34

Bautismo del Señor

Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo B)

Evangelio (Mc 1,7-11)

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

—Después de mí viene el que es más poderoso que yo, ante quien yo no soy digno de inclinarme para desatarle la correa de las sandalias. Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo.

Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y nada más salir del agua vio los cielos abiertos y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; y se oyó una voz desde los cielos:

—Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me he complacido.

Comentario

Termina el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán, episodio cargado de misterio y evento fundamental en la Historia de la Salvación. A orillas del Jordán contemplamos con el mismo asombro del Bautista cómo el Hijo de Dios hecho hombre se pone voluntariamente en la cola de los pecadores y se somete al bautismo de penitencia que predicaba Juan.

Como fruto de este acto de solidaridad de Jesús con los hombres, se nos revela la Santísima Trinidad: en la voz del Padre, en la escucha obediente del Hijo encarnado y en la fuerza del Espíritu, que desciende sobre Él en forma de paloma. A pesar de que el relato es breve y está narrado por Marcos con sencillez, tiene gran profundidad teológica y en cierto sentido condensa la obra de la redención que Jesús venía a cumplir.

Por un lado, Jesús se sumerge en las aguas del Jordán, que simbolizan la penitencia, el castigo y la muerte que sufren los hombres por culpa del pecado. Las aguas simbolizan también el sufrimiento de Jesús en la cruz. En esto nos recuerdan a las aguas del castigo en el episodio del diluvio universal (cfr. Gn 6-9).

Pero esas mismas aguas del Jordán, santificadas por Jesús, simbolizan algo más que un castigo, son también símbolo de una nueva creación: la del bautismo cristiano. Cuando Jesús emerge de nuevo de las aguas, queda prefigurada su resurrección de entre los muertos, que es a su vez, anticipo de nuestra propia resurrección. En esto, las aguas del Jordán nos recuerdan a las aguas primordiales del Génesis (cfr. Gn 1), a partir de las cuales, la voz de Dios creó todo y sobre las cuales, sobrevolaba el Espíritu de Dios.

Todo el episodio del Bautismo del Señor revela por tanto la infinita misericordia de Dios con sus criaturas. En efecto, los cielos se abren por fin para los hombres, al abrirse para Jesús; la voz del Padre, que siempre llama “Hijo Amado” al Verbo eterno, ahora se lo llama también en un ser humano, como primicia para todos nosotros; y el Espíritu Santo, que eternamente procede del amor del Padre y el Hijo, desciende sobre Jesús de Nazaret, en un anticipo de su descenso sobre los hijos de Dios

Gracias a este don precioso conquistado por el Señor en la cruz, gracias al “bautismo en el Espíritu Santo”, nosotros podemos tratar a Dios como hijos queridos, con cariño y confianza. Por eso San Cirilo de Jerusalén nos dice: “si tú tienes una piedad sincera, sobre ti descenderá también el Espíritu Santo y oirás la voz del Padre”[1].

La verdad gozosa de nuestra filiación divina puede y debe iluminar toda nuestra vida hasta vivir y pensar como el propio Jesús. San Josemaría nos dice a este respecto que sabernos y sentirnos hijos de Dios, “supone un auténtico programa de vida interior, que hay que canalizar a través de tus relaciones de piedad con Dios —pocas, pero constantes, insisto—, que te permitirán adquirir los sentimientos y las maneras de un buen hijo”[2].

La persona que se siente mirada amorosamente por Dios en todo momento, como se sentía Jesús, se llena de consuelo y seguridad, porque ese Dios bueno, que derrama sobre ella su cariño incondicional, le dice: “tú eres mi hijo amado”.

Ahora que vamos a iniciar el tiempo ordinario, plagado de pequeñas situaciones cotidianas y corrientes, podemos redescubrir de nuevo este don maravilloso que Jesús nos ha obtenido en la cruz y darlo a conocer a nuestros familiares y amigos.

Fuente: opusdei.org


Publicado por JOQUIVESA en 9:14

05 enero 2024

Epifanía del Señor

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Evangelio (Mt 2,1-12)

Después de nacer Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando:

— ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.

Al oír esto, el rey Herodes se inquietó, y con él toda Jerusalén. Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías.

— En Belén de Judá — le dijeron —, pues así está escrito por medio del Profeta:

Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel.

Entonces, Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en en que había aparecido la estrella; y les envió a Belén, diciéndoles:

— Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que también yo vaya a adorarle.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y entonces, la estrella que habían visto en el Oriente se colocó delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Y, después de recibir en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino.


Comentario

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, la Iglesia celebra con gozo la manifestación de Jesús como Hijo de Dios, que ha nacido para traer al mundo la Salvación. En el marco del tiempo de la Navidad en el que nos encontramos, la Adoración de los Magos al Niño nos ofrece otra posibilidad más para seguir penetrando en el misterio de quién es ese niño que nació en una aldea recóndita de Israel hace veinte siglos y que, sin embargo, continúa brillando con una luz que no se puede apagar en los corazones de tantas personas.

En el evangelio de hoy hay un elemento que llama poderosamente la atención: la estrella que guía a los Magos desde Oriente hasta Belén. Los intentos de identificar esta estrella como un cometa o como una conjunción de astros no han dado resultados satisfactorios. Según ideas difundidas en la época, el nacimiento de los personajes importantes estaba relacionado con ciertos movimientos de los astros. Dios pudo valerse de esas nociones para conducirles hasta Jesucristo. En esa perspectiva, el sentido del pasaje es claro: los magos comienzan su itinerario desde la revelación de Dios en la naturaleza, la estrella, pero tienen que pasar por la revelación en las Escrituras de Israel (En Belén de Judá — le dijeron —, pues así está escrito por medio del Profeta) para encontrar al verdadero Dios[1].

En cualquier caso, la luz propia y el movimiento de esta estrella condujo a los Magos hasta Jesús, como solemos representarla en los nacimientos. Más adelante, después de sortear las argucias de Herodes, los Magos por fin encontraron al Niño con su Madre, y la estrella pasó a un segundo plano pues su misión ya había sido completada. Lo que ahora tenían delante los Magos ya no era un elemento cósmico espectacular, sino un sencillo niño –en apariencia normal y corriente– ante el que se postraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Si escucháramos este relato por primera vez, seguro que nos sorprendería la diferencia tan grande que hay entre el medio empleado por los Magos (la estrella que les acompaña y les guía) y el fin que logran (encontrar a un niño). Precisamente, esta diferencia sustancial nos puede ayudar a introducirnos más en el misterio de quién sería ese Niño que viene precedido, no solo de un astro brillante, sino también de numerosas profecías que hablaban ya de Él.

Los Magos, como escribía san León Magno, representan a toda la humanidad, que desde aquel momento recibió la llamada a la Salvación precisamente a través de ese pequeño Niño: «Que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán (…). Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel»[2].

La estrella, con su luz y su movimiento, precedió al Niño, que es la Luz y el Movimiento en sí mismo, porque «todo se hizo por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho» (Jn 1,3).

La experiencia de acudir a un lugar tranquilo, de noche, en un día despejado, acomodarse para mirar hacia arriba con paz y contemplar el firmamento durante un momento nos llena de paz. Aunque no se tengan demasiadas nociones de astronomía, es fácil quedarse embelesado con la cantidad de luces que brillan en el cielo. Mirar las estrellas nos puede ayudar a salir de nuestros asuntos cotidianos, a los que con frecuencia concedemos demasiada importancia.

Sin embargo, aunque mirar al cielo puede ayudarnos a despertar, la verdadera estrella del mundo y de la historia, la que es origen y da sentido a las demás, está mucho más cercana a nosotros de lo que lo están los demás astros del firmamento. Jesús, en el pesebre o en brazos de su Madre, desea llenarnos con su luz, que nunca se apaga, para que también nosotros podamos ser estrellas que le ayuden a llenar el mundo y la historia con su claridad. Y esto es lo que celebramos en la fiesta de hoy y en todo el tiempo de Navidad, que Dios se ha hecho hombre para salvarnos, por pura gratuidad de su amor.

Fuente: opusdei.org

Publicado por JOQUIVESA en 8:52

04 enero 2024

Alegre año nuevo

Enrique García-Máiquez


Este 2024 nos hará mucha falta la caballería del humor

Se lo deseo a todos ustedes muy feliz, por supuesto. Pero de nosotros depende que, además o al menos, sea alegre. Que recibamos con una sonrisa a portagayola lo bueno o lo malo o lo regular que quiera traernos. Se puede estar triste o preocupado con una sonrisa. No son incompatibles. El sentido del humor no depende de que la vida nos vaya de lujo.

Ayuda bastante que vaya bien, claro, en lo material y, sobre todo, en lo espiritual; pero también hay una predisposición del carácter. Si usted tiende a la alegría, como es probable, no deje que los cenizos le apaguen el fuego. Primero, porque el fuego es lo suyo. Segundo, porque nos hace falta. Y tercero, porque probablemente usted tenga razón en la mayoría de los casos al sonreír o al desternillarse.

Los cenizos, como es natural (en ellos) no ven con buenos ojos que los demás sonriamos ni un poco. En cambio, yo veo muy bien que ellos estén tan adustos. Nos conviene que nos recuerden lo serio que es todo en el (medio) fondo. Y si nos interpelan personalmente, aprovechamos para hacer examen de conciencia, que frívolos o merengosos tampoco queremos ser. La prueba de fuego del optimista consiste en ser capaz de admirar al pesimista cuando, lógicamente, ve fatal al optimista que lo admira alegremente. Esa disimetría es esencial. Heráclito era el filósofo que siempre lloraba y Demócrito el que siempre reía, esto es, también reía cuando el otro se quejaba de él.

Más estratégico era Samuel Johnson, el gran lexicógrafo. Hombre muy jovial, a pesar de haber tenido una vida dura, gustaba de tratar temas profundos de buen rollo con sus amigos, pero, de pronto, los mandaba callar: «Muchachos, pongámonos serios que ahí asoma un tonto». Quería decir uno que no iba a entender que un hombre tan sabio estuviese de carcajadas y cervezas. Parece que Samuel Johnson no era demasiado tolerante con los taciturnos, pero, siendo lexicógrafo, es de imaginar que le irritase que la gente confundiese «alegría» con «almíbar».

No voy a traerme el ascua a mi sardónica sonrisa con el argumento hesicasta de que, si Dios está con nosotros, cómo no reírnos de casi todo. En la casa del Padre hay muchas moradas y muchos ánimos y todos son muy legítimos. Cabe Chesterton─que ya es cabe─– del que decía Kafka que era tan alegre que debía de haber visto a Dios; y cabe LéonBloy que era tan furioso que debía departir con Jeremías. El mismo Jesús, en los mismos Evangelios, muestra un evidente sentido del humor, al que he dedicado mi ensayo Gracia de Cristo, y demuestra en otros momentos una grave seriedad e incluso una profunda tristeza. Sacro es siempre. Él, como Hijo, se pasea por todas las moradas de la casa de su Padre.

La risa no es la esperanza, pero se le parece mucho, como una hermana pequeña. Y no hay que tener esperanza solo cuando haya muchas probabilidades de que las cosas se arreglen, porque eso es la estadística. La esperanza se mantiene contra toda esperanza. La risa se lanza a la cara del mal y del error, y a veces no es la peor forma de combatirlos, aunque hay otras, como hay infantería, artillería, marina y aviación. Este 2024 nos hará mucha falta la caballería del humor, aunque para decir eso no hace falta ser profeta, sino tener ojos en la cara. No les falta razón a los que quejan o despotrican de tantas cosas; pero, para que los kafkas del mundo piensen en Dios y todos alberguemos la esperanza, también hay que reírse. Si usted propende, por favor, no nos prive, por piedad.

Fuente: eldebate.com

Publicado por JOQUIVESA en 11:34

03 enero 2024

Vicios y virtudes.

 El Papa en la Audiencia General


Catequesis 2: El combate espiritual.

Queridos hermanos y hermanas:

En esta segunda catequesis sobre las virtudes y los vicios, meditamos sobre el combate espiritual. Toda nuestra vida es una lucha, marcada por los contrastes y las tentaciones, que son necesarias para avanzar en el camino de la virtud, pues nos ponen de frente a la realidad de nuestra pequeñez.

Quien considera que ya ha conseguido cierto grado de perfección, que no necesita de conversión, que no necesita confesarse, o que no vale la pena el esfuerzo, vive en la luna, vive en la obscuridad y no distingue el bien del mal. Por el contrario, debemos pedir a Jesús que nos dé la capacidad y la fuerza de confrontarnos con nuestra debilidad, la valentía de abandonarnos a su misericordia y la sensatez de no bajar la guardia en este esfuerzo. El enemigo está al acecho y hay que estar alerta para no dejarse engañar.

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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy recordamos la fiesta del Santo Nombre de Jesús. Pidamos al Señor luz para mantenernos en el camino del bien y su gracia para perseverar en él, sin temer los desafíos y las pruebas. Que Dios los bendiga y la Virgen santa los cuide. Muchas gracias.

Fuente: vatican.va



Publicado por JOQUIVESA en 11:44

Feliz año Nuevo. Pero, ¿sé ser feliz?

 Juan Luis Selma

Darnos cuenta de que, poco a poco, vamos siendo capaces de hacer felices a los que queremos; ver que nos vamos superando en la capacidad de amar es genial

Hace unos días escuché a mi amigo Fernando Alberca, gran pedagogo, una bonita definición de la felicidad. Más o menos venía a decir que uno es feliz cuando percibe que es querido más de lo que se merece y cuando descubre que puede amar más de lo que pensaba. Siempre es el amor lo que nos marca, lo que realmente importa en la vida. Descubrir que uno es querido más de lo piensa que se merece es mucho más importante que el dinero, el éxito, la salud. Darnos cuenta de que, poco a poco, vamos siendo capaces de hacer felices a los que queremos; ver que nos vamos superando en la capacidad de amar es genial.

Hoy terminamos un año. Las empresas hacen balance. ¿El 2023 ha sido un buen año para mí? ¿Cómo lo puedo saber, medir, contrastar? Pienso que es una pregunta que debe ser respondida con seriedad, con profundidad. No podemos ir gastando la vida a lo loco o sin sentido. No basta correr, moverse mucho, atiborrarnos de sensaciones y de emociones, sin preguntarnos si eso nos llena, si es realmente lo que deseamos.

Como dijo el filósofo Aristóteles: “La felicidad es el significado y el propósito de la vida, el fin de la existencia humana”. No podemos renunciar a ella; sería un sinsentido. Tampoco podemos engañarnos; si no la gustamos, si no la deseamos o intuimos que la podemos alcanzar, dejaremos de ser humanos; nos corromperemos, viviremos como animalitos consentidos. Máquinas sin alma, robots seremos.

Los estándares de felicidad publicitados son falsos, equívocos. No es verdad que una colonia cara y sensual, un vestido provocativo, un cochazo o un crucero, un cuerpo cien, una aventura o un pelotazo, aunque toque “el gordo”, me garanticen la felicidad. Pueden dar un poco “de alegría Macarena”, pero pasan enseguida y, muchas veces, dejando un fuerte regusto amargo.

La dicha, la satisfacción, la alegría, lo que nos hace felices no se consigue con cosas, no se adquiere en las grandes superficies ni en Amazon. No es un logro propio, algo merecido, una conquista, sino un regalo, un don. Tiene algo de mágico como el amor. No es programable. Es gratuito. De pronto te sientes desbordado por algo inmerecido, fantástico, misterioso. Nos faltan adjetivos para describirlo. Es algo divino.

Estamos en Navidad, en la fiesta de la luz, de la alegría. Por la calle se ven rostros felices. Ayer, yendo a confesar a la parroquia, atravesé las calles céntricas de la ciudad; había colorido, ilusión, bullicio. Muchas familias con niños chicos; los mayores felices, viendo cómo se divertían los pequeños. El alma de esa alegría es el don, el regalo, la gratuidad que supera con creces el egoísmo. Navidad es un regalo: Dios nos da a su Hijo, Jesús se pone en nuestras manos, María nos ofrece a su Hijo y José se da a los planes de Dios. Los pastores llevan sencillos presentes y los Reyes oro, incienso y mirra.

¿En el balance del 2023 he sabido ver los muchos regalos que he recibido? ¿Estoy agradecido? No podemos escudarnos en la triste actitud del quejoso, del reivindicativo, del que no se siente querido. Dios no ha dejado de amarte, de regalarte. Igual, por tu ceguera y egoísmo, no te has dado cuenta. Pero es imposible que deje de quererte.

“El Señor habló a Moisés: Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz". Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré”. Es la promesa divina que leemos en la misa del primer día del año.

“Si conocieras el don de Dios” le dijo Jesús a la Samaritana. “El Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres. Es un Padre que ama ardientemente a sus hijos, un Dios Creador que se desborda en cariño por sus criaturas. Y concede al hombre el gran privilegio de poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio” comenta san Josemaría.

Ser feliz no significa que todo salga como me gusta, tampoco que esté siempre radiante. Bastan algunos destellos de amor, una lucecita que rompa la oscuridad, una dedada de miel, una mirada de cariño. Y eso lo tenemos.

También siempre podremos dar más de lo que pensamos. Basta un poco de esfuerzo, un olvidarnos de nosotros, un poco de esperanza. Con el amor de Dios que recibimos, con su gracia, con los dones naturales que nos ha dado, podemos mucho más. Nos sorprenderemos de lo mucho que podemos hacer a base de lo poco. Tenemos todo un año por delante para dar, para darnos a los que queremos, para hacerles felices. Contamos con la bendición de Dios.

Fuente: eldiadecordoba.es


Publicado por JOQUIVESA en 11:40

02 enero 2024

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS - LVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

Homilía del Papa


Las palabras del apóstol Pablo iluminan el comienzo del nuevo año: «cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Ga 4,4). Impacta la expresión “plenitud del tiempo”. Antiguamente, el tiempo se medía vaciando y llenando unas ánforas; cuando estaban vacías comenzaba un nuevo periodo de tiempo, que terminaba cuando estaban llenas. Esa es la plenitud del tiempo: cuando el ánfora de la historia está colmada, la gracia divina desborda; así pues, Dios se hace hombre y lo hace en el signo de una mujer, María. Ella es el camino elegido por Dios, ella es el punto de llegada de tantas personas y generaciones que, “gota a gota”, han preparado la venida del Señor al mundo. De este modo, la Madre está en el centro del tiempo. Dios se ha complacido de dar un giro a la historia por medio de María, la mujer. Con esta palabra la Escritura nos remite a los orígenes, al Génesis, y nos sugiere que la Madre con el Niño marca una nueva creación, un nuevo comienzo. Por tanto, al principio del tiempo de la salvación está la Santa Madre de Dios, nuestra Madre santa.   

Es hermoso entonces que el año comience invocándola; es hermoso que el Pueblo fiel, como antaño en Éfeso —eran valientes esos cristianos— proclame con alegría a la Santa Madre de Dios. Las palabras Madre de Dios expresan, en efecto, la alegre certeza de que el Señor, tierno Niño en brazos de su mamá, se ha unido para siempre a nuestra humanidad, hasta el punto de que esta ya no es sólo nuestra, sino también suya. Madre de Dios: son pocas palabras para confesar la alianza eterna del Señor con nosotros. Madre de Dios: es un dogma de fe, pero es también un “dogma de esperanza”; Dios en el hombre y el hombre en Dios, para siempre. Santa Madre de Dios.

En la plenitud del tiempo el Padre envió a su Hijo nacido de mujer; pero el texto de san Pablo agrega un segundo envío: «Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre!» (Ga 4,6). Y también en el envío del Espíritu la Madre es protagonista: el Espíritu Santo desciende sobre ella en la Anunciación (cf. Lc 1,35), después en los inicios de la Iglesia desciende sobre los Apóstoles reunidos en oración con «María, la madre» (Hch 1,14). De esta manera, la acogida de María nos ha traído los dones más grandes; ella ha «hecho hermano nuestro al Señor de la majestad» (Tomás de Celano, Vida segunda, CL, 198: FF 786) y ha permitido que el Espíritu clame en nuestros corazones: “¡Abba!, ¡Papá!”.La maternidad de María es el camino para encontrar la ternura paterna de Dios, el camino más cercano, más directo, más fácil. Este es el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura.  La Madre, en efecto, nos conduce al principio y al corazón de la fe, que no se trata de una teoría o de un compromiso, sino de un don inmenso, que nos hace hijos amados, moradas del amor del Padre. Por eso, acoger a la Madre en la propia vida no es una elección devota, sino una exigencia de la fe: «Si queremos ser cristianos, debemos ser marianos» (S. Pablo VI, Homilía en Cagliari, 24 abril 1970), es decir, hijos de María.

La Iglesia necesita de María para redescubrir su propio rostro femenino, para asemejarse más a ella que, como mujer, Virgen y Madre, representa su modelo y su figura perfecta (cf. Lumen gentium, 63); para dar espacio a las mujeres y para ser generativa a través de una pastoral hecha de cuidado y solicitud, de paciencia y valentía materna. También el mundo necesita mirar a las madres y a las mujeres para encontrar la paz, para escapar de las espirales de violencia y odio, y volver a tener miradas humanas y corazones que ven. Y toda sociedad necesita acoger el don de la mujer, de cada mujer: respetarla, cuidarla, valorarla, sabiendo que quien lastima a una mujer profana a Dios, nacido de mujer.

María, la mujer, así como fue decisiva en la plenitud del tiempo, también es determinante en la vida de cada uno; porque nadie mejor que la Madre conoce los tiempos y las urgencias de sus hijos. Nos lo nuestra una vez más con otro “comienzo”, el primer signo realizado por Jesús en las bodas de Caná. Allí es precisamente María quien se da cuenta que falta el vino y se dirige a Él (cf. Jn 2,3). Son las necesidades de los hijos las que la mueven a ella, a la Madre, a pedirle a Jesús que intervenga. Y en Caná Jesús dice: «“Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde» (Jn 2,7). María, que conoce nuestras necesidades, apresura también para nosotros el desbordamiento de la gracia y lleva nuestras vidas hacia la plenitud. Hermanos, hermanas, todos nosotros tenemos carencias, soledades, vacíos que necesitan ser colmados.Cada uno de nosotros conoce los suyos.  ¿Quién puede colmarlos sino María, Madre de la plenitud? Cuando estamos tentados de encerrarnos en nosotros mismos, acudimos a ella; cuando no logramos desenredarnos de los nudos de la vida, buscamos refugio en ella. Nuestro tiempo, vacío de paz, necesita de una Madre que vuelva a reunir a la familia humana. Miremos a María para ser constructores de unidad, y hagámoslo con su creatividad de Madre, que cuida de sus hijos, los congrega y los consuela, escucha sus penas y enjuga sus lágrimas. Y miremos ese icono tan tierno de la Virgo lactans [de la Abadía de Montevergine]. Así es la mamá: con cuánta ternura nos cuida y está cerca de nosotros. Nos cuida y está cerca de nosotros.

Confiemos el nuevo año a la Madre de Dios. Consagrémosle nuestra vida. Ella, con ternura, sabrá revelar su plenitud; porque nos conducirá a Jesús, y Jesús es la plenitud del tiempo, de todo tiempo, de nuestro tiempo, del tiempo de cada uno de nosotros. En efecto, como se ha escrito, “no ha sido la plenitud del tiempo lo que hizo que fuera enviado el Hijo de Dios, sino al contrario, el envío del Hijo dio lugar a la plenitud del tiempo” (cf. M. Lutero, Vorlesung über den Galaterbrief 1516-1517, 18). Hermanos y hermanas que este año esté lleno de la consolación del Señor; que este año esté colmado de la ternura materna de María, la Santa Madre de Dios.

Y los invito ahora a proclamar todos juntos, por tres veces: ¡Santa Madre de Dios! Juntos: ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios!¡Santa Madre de Dios!

Fuente: vatican.va

 

Publicado por JOQUIVESA en 11:23

01 enero 2024

El legado siempre vivo de Benedicto XVI

Paloma López Campos

La muerte en 2022 de Benedicto XVI no detuvo su impacto en el mundo y en la Iglesia. A lo largo de 2023, el testimonio intelectual y espiritual del Papa alemán ha seguido iluminando a todos.

El 31 de diciembre de 2022 el mundo recibió una noticia impactante. El Papa emérito, Benedicto XVI, falleció en aquella última jornada del año. Pocos días antes, el Papa Francisco había pedido oraciones por su predecesor, quien residía en el monasterio Mater Ecclesiae.

La muerte no detuvo el impacto de Benedicto XVI en el mundo y en la Iglesia. A lo largo de 2023, el testimonio intelectual y espiritual del Papa alemán ha seguido iluminando a todos. Desde sus obras como “Jesús de Nazaret”, sus viajes por el mundo (realizó 24 viajes apostólicos durante su pontificado) a sus discursos, Benedicto XVI dejó un legado muy completo y profundo para todos los católicos.

Homilías de Benedicto XVI

Los pensamientos del Papa emérito siguen todavía hoy esperando ver la luz. Según el portal “Catholic News Service”, a lo largo de 2024 se publicará un volumen con unas 130 homilías de Benedicto XVI. Algunas de ellas las pronunció siendo Papa pero la gran mayoría son predicaciones privadas que realizó tras retirarse.

A pesar de que no se conoce la fecha de la publicación, ya se puede leer un adelanto del contenido. A principios de diciembre, tanto “L’Osservatore Romano” como “Die Welt” publicaron una homilía que Benedicto XVI centró en la figura de san José.

El premio Ratzinger

El Papa alemán resaltó siempre por su capacidad intelectual. No es de extrañar, por tanto, que todos los años el Santo Padre otorgue un Premio Ratzinger a los “académicos que se hayan distinguido por méritos particulares en publicaciones y/o investigaciones científicas”.

En 2023 recibieron el galardón Pablo Blanco, uno de los expertos en Benedicto XVI más reconocidos, y Francesc Torralba, teólogo y filósofo español. El día de la entrega de los premios, tanto Torralba como Blanco indicaron que el pensamiento y el legado de Ratzinger iluminará la Iglesia del presente y del futuro.

Benedicto XVI y la política

Como ya se ha comentado, Benedicto viajó mucho durante su pontificado. Si bien es cierto que los viajes apostólicos tienen siempre un carácter esencialmente espiritual, eso no excluye que haya también necesidades sociales y políticas que preocupan a los Pontífices.

Uno de los viajes más sonados del Papa emérito fue el de Alemania en 2006. En aquella ocasión, Benedicto pronunció un discurso en Ratisbona durante el que recalcó la relación entre la fe y la razón, especialmente en el ámbito académico.

Poco después de aquel viaje a su país natal, el pontífice alemán habló a los miembros de Naciones Unidas en Nueva York. Ante ellos, recordó la importancia de velar por los derechos humanos.

Tres encíclicas

Los viajes no impidieron a Benedicto XVI escribir documentos con los que alimentar a la Iglesia. Escribió tres encíclicas que todavía hoy son motivo de estudio. La primera de ellas la publicó al inicio de su pontificado con el nombre “Deus Caritas est”. En ella quiso profundizar en la capacidad del hombre para vivir la caridad, ya que está creado a imagen y semejanza de Dios.

La segunda encíclica del Papa alemán fue “Spe Salvi”. Con ella, Ratzinger quiso animar a los católicos a vivir en la esperanza, sin conformarse con los sucedáneos modernos. Dos años después, el 29 de junio de 2009, salió a la luz “Caritas in veritate”, encíclica en la que el Papa desarrolló la idea de la justicia social y la importancia de poner a la persona en el centro de las relaciones comerciales y económicas.

Fe en Jesucristo, confianza en la Iglesia

Tal vez consciente de que la Iglesia siempre se encuentra con obstáculos, el Papa emérito quiso animar a todos en su testamento espiritual. Estas últimas palabras suyas, que todavía hoy pueden animar a los católicos, muestran su fe en Cristo y lo mucho que confiaba en la Iglesia.

Al final de su testamento espiritual, tras recordar a sus familiares y a su patria, y después de pedir perdón por sus errores, Benedicto expresó: “Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo”.

El alma en vela

Sería un grave error pensar que Benedicto XVI dejó de servir a la Iglesia el día que se retiró. Cuando anunció que se sentía incapaz de “administrar bien el ministerio que se me ha confiado”, en referencia a ser cabeza de la Iglesia, Ratzinger se trasladó a un monasterio en el Vaticano. Allí no dejó jamás de velar por “la barca de san Pedro” y pasó años orando por la Iglesia.

El Pontífice alemán afirmó que seguiría sirviendo al Señor desde aquel lugar retirado, con su oración y el sacrificio de un cuerpo desgastado. Sin duda alguna, la Iglesia entera se ha beneficiado de la entrega, en ocasiones fuerte y dinámica, otras veces orante y reflexiva, del alma en vela de Benedicto XVI.

Fuente: omnesmag.com


Publicado por JOQUIVESA en 12:50
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