skip to main | skip to sidebar

JOQUIVESA

Encontrado en la "red" (Mateo 13:47-50)

05 abril 2024

“¡Hemos visto al Señor!”

 Domingo de la Divina Misericordia

Evangelio (Jn 20,19-31)

Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:

– La paz esté con vosotros.

Y dicho esto les mostró las manos y el costado.

Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. Les repitió:

– La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío yo.

Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:

– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.

Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:

– ¡Hemos visto al Señor!

Pero él les respondió:

– Si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré.

A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:

– La paz esté con vosotros.

Después le dijo a Tomás:

– Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.

Respondió Tomás y le dijo:

– ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús contestó:

– Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído.

Muchos otros signos hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Sin embargo, éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


Comentario

El domingo de Resurrección Jesús se manifestó a los discípulos, que estaban recluidos por temor, para llenarlos de alegría y enviarlos a anunciar la Buena Noticia como el Padre lo envío a Él. El Señor les muestra sus llagas gloriosas como pruebas palpables de su triunfo y les desea la paz, que es “el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y los infiernos –explica el Papa Francisco−. Es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón”[1].

El Evangelio de este segundo domingo del Tiempo de Pascua cuenta que el discípulo Tomás no estaba con los otros en aquella ocasión. Cuando regresa, no cree en el testimonio jubiloso de todos: “¡Hemos visto al Señor!”. Lo achaca quizá a una experiencia interna o a un desvarío colectivo. Tomás exige algo más que el testimonio apostólico y pide signos evidentes para creer y cambiar de vida. Al domingo siguiente, Jesús volvió a mostrarse. “Quizá tú también escuches en este momento el reproche dirigido a Tomás –escribió san Josemaría−: mete aquí tu dedo, y registra mis manos; y trae tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel; y, con el Apóstol, saldrá de tu alma, con sincera contrición, aquel grito: ¡Señor mío y Dios mío!, te reconozco definitivamente por Maestro, y ya para siempre —con tu auxilio— voy a atesorar tus enseñanzas y me esforzaré en seguirlas con lealtad”[2].

En este domingo de la Divina Misericordia, comentaba el Papa Francisco: “entrando en el misterio de Dios a través de las llagas comprendemos que la misericordia no es una entre otras cualidades suyas, sino el latido mismo de su corazón. Y entonces, como Tomás, no vivimos más como discípulos inseguros, devotos pero vacilantes, sino que nos convertimos también en verdaderos enamorados del Señor”[3].

Es natural que sintamos el anhelo de Tomás −querer ver y palpar a Jesús−, porque conocemos a través de nuestros sentidos corporales. Por eso nos preguntamos con el Papa, “¿cómo saborear este amor, cómo tocar hoy con la mano la misericordia de Jesús? Nos lo sugiere el Evangelio, cuando pone en evidencia que la misma noche de Pascua (cf. v. 19), lo primero que hizo Jesús apenas resucitado fue dar el Espíritu para perdonar los pecados. Para experimentar el amor hay que pasar por allí: dejarse perdonar”[4].

También podemos sentir como dirigida a nosotros la última bienaventuranza que pronunció Jesús en la tierra, provocada por el desconfiado Tomás: “Bienaventurados los que sin haber visto hayan creído”. La fe, la confianza en Dios sin pruebas llamativas, es una dicha, un don que hemos de pedir humildemente: “¡auméntanos la fe!” (Lc 17,5). Es un regalo que hemos de cultivar y practicar con obras diarias, porque “el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14,12-14). Por eso decía san Josemaría, “Dios es el de siempre. −Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura”

Fuente: opusdei.org

Publicado por JOQUIVESA en 18:44

La intolerancia disfrazada de tolerancia de la ideología reinante

Élida Peñalver,

«Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre». Platón

Voy a comenzar contándote algo histórico, ¿te parece? Un escritor historiador inglés, Hilaire Belloc (1870 – 1953), fue nombrado en la Cámara de los Tories o los Whigs, estos personajes que hay en Inglaterra que son como diputados. Él era de los muy pocos que eran católicos (Inglaterra es así) y cuando fue a ese momento de dar su primer discurso, un amigo y le dijo “mire, señor Belloch, yo le voy a dar un consejo, tómelo como de un amigo: acá la inmensa mayoría son protestantes, son anglicanos, yo le recomendaría que usted no declarase su fe católica”. “Bueno, le agradezco el consejo” le contestó Belloc.

Cuando subió al estrado, Belloc comenzó diciendo lo siguiente: “Mi nombre es Hilarie Belloc, quiero decirles a todos ustedes que soy católico apostólico romano ─estaba hablando en Inglaterra, en la Inglaterra Protestante─, esto que tengo ─y sacó en la mano un Rosario─ esto que tengo es un Santo Rosario, cada vez que puedo me arrodillo frente a una imagen de la Santísima Virgen María y voy pasando las cuentas, pidiéndole a ella como la madre de nuestro Salvador. Si ustedes van a creer que, por esta condición mía de católico, va a ser un óbice, un impedimento, para el buen desarrollo de esta Cámara, les pido, por favor, que me eviten el disgusto de pertenecer a ella”.

Dicen que, en este episodio, comenzaron a levantarse de sus escaños los diputados, los Tories y los Whigs, y comenzaron todos a aplaudir. A aplaudir este discurso inicial, porque Belloc se había mostrado como era y no tenía miedo.

¿Por qué he comenzado contándote esta historia real? Porque nuestro mundo tiene por delante un dilema enorme. Por un lado, aboga por la tolerancia y la diversidad, nos dicen que tenemos que respetar las diferencias, de estar abiertos a distintas perspectivas. Por otro lado, vemos una creciente polarización, donde la intolerancia se manifiesta donde las ideas no se alinean con la ideología dominante.

A mí me ha pasado. Se nota que soy católica, no lo oculto. Es más, me siento alegre y gozosa de seguir a Jesús de Nazaret. Y más de una persona me ha dicho: “no me hables nada de eso, son tus creencias”. Lo entendería si yo fuera imponiendo mis creencias, si fuera dogmática o inflexible. Pero si lo hago en una conversación con respeto y apertura al diálogo, si lo hago mostrando la belleza del humanismo cristiano, que tanto bien ha hecho al mundo, ¿qué hay de malo en defender tus valores y creencias?

Hoy me gustaría que reflexiones esta frase del gran filósofo griego, Platón: «Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre». Las ideas cristianas han demostrado que valen. Valen mucho. Han desempeñado un papel fundamental en la historia de la humanidad y en la formación de la cultura occidental. ¿De dónde vienen si no, el principio de dignidad del ser humano, de la ayuda al otro, de los valores que han hecho tan grande al ser humano: compasión, humildad, entrega, cercanía…? De ese humanismo cristiano, por ejemplo, surgieron los Derechos Humanos.

Ahora, la ideología actual, quiere anularlas, pero estas ideas han demostrado que valen. Mucha gente a lo largo de la historia en estos últimos 2000 años ha dado la vida por su fe.

Y como mis ideas valen, yo no quiero ser la que no valga. Por eso tengo que arriesgarme a defender mis ideas, en un acto de resistencia contra la intolerancia, en un mundo que a menudo etiqueta y estigmatiza.

Por ejemplo, en nuestro trabajo podríamos pensar que muchas personas no querrán contratarnos “porque soy católico”. Creo que no podemos (¡ni queremos!) dejar que ese pensamiento nos frene. Probablemente habrá personas que ese punto haga que te tachen, que ya no quieran seguirte o contratarte. ¡Ellos se lo pierden! Porque en nuestra sociedad, hay tanta gente que, en sus trabajos (maestros, médicos, empresarios, periodistas, profesores, agricultores, formadores, coaches…) hacen bien su trabajo precisamente por ser cristianos. Todos ponen AMOR en todo lo que hacen, como nos mandó Jesús.

Y, además, hay personas/empresas que no quieren recibir ayuda de alguien que a saber cómo piensa, sino que quieren un profesional que sus principios estén alineados con los suyos.

Hoy te he mostrado esta intolerancia, disfrazada de tolerancia, que nos muestra la ideología reinante. Si tú te identificas con las ideas católicas, no tengas miedo de expresarlas y defenderlas. Hazlo con respeto y empatía. En este mundo donde la tolerancia se pone a prueba, te invito a que seas valiente en la defensa de tus creencias, al tiempo que fomentas un espacio para el diálogo y la comprensión.

Lo reconozco, ya me he cansado de esta intolerancia disfrazada de tolerancia. ¡Vamos a arriesgarnos por nuestras ideas!

Fuente: womanessentia.com

Publicado por JOQUIVESA en 17:48

04 abril 2024

Derecho y cristianismo: ¡unidos para siempre!

Rafael Domingo Oslé

En Occidente, el cristianismo y el Derecho han ido de la mano desde los inicios de la era cristiana. La fe cristiana ha hecho aportaciones clave para el derecho. El autor acaba de publicar el libro ‘The Oxford Handbook of Christianity and Law’

La relación entre el cristianismo y el derecho no es un mero incidente en la historia de la humanidad, sino que tiene un significado profundo y un valor permanente. El polímata alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) justificaba la traslación de su modelo de división de la teología a la jurisprudencia alegando que “la similitud entre estas dos disciplinas era sorprendente”. Más recientemente, el famoso constitucionalista alemán Ernst Wolfgang Böckenförde (1930-2019) afirmó que “el Estado liberal secularizado se sustenta en presupuestos que él mismo no puede garantizar”. Estos presupuestos, se quiera o no, tienen mucho que ver con el cristianismo. 

Un buen cúmulo de ideas, conceptos y valores tienen, a la vez, un hondo sentido jurídico y teológico. Basta pensar en palabras como ley, justicia, matrimonio, pacto, satisfacción, juramento, libertad, dignidad, obediencia, solidaridad, autoridad, tradición, redención, castigo, persona, pero también en intercesión, gracia, confesión y sacramento, conceptos, estos últimos, antes jurídicos que teológicos. Debido a este común denominador, a veces resulta complicado fijar si el origen de un concepto es jurisprudencial o teológico.

Y es que el cristianismo y el derecho, en Occidente, han ido de la mano tras su primer abrazo al comienzo de la era cristiana. Aunque algo más distanciados, cristianismo y derecho continuaron juntos durante el largo proceso de secularización de la modernidad iniciado con la reforma protestante, ya que este proceso, en parte (solo en parte), hunde sus raíces en la famosa paremia de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Unas aportaciones del cristianismo al derecho son originales mientras que otras arrojan nueva luz sobre conceptos o ideas ya existentes (ej. la idea de justicia o propiedad). Algunas aportaciones son de carácter teológico (ej. cuidado del universo creado), otras más espirituales (ej. sentido del perdón, la compasión y la misericordia), otras más morales (ej. la libertad religiosa y los derechos humanos), otras históricas (ej. la división de Europa en estados soberanos), otras antropológicas (ej. centralidad de la persona humana), otras estructurales (ej. separación Iglesia-Estado, el principio de subsidiariedad) y otras sociales (ej. función social de la propiedad privada), pero todas ellas fueron y siguen siendo decisivas para el desarrollo del derecho y de los ordenamientos jurídicos seculares. 

Mención especial merece la aportación de la Segunda Escolástica, particularmente de la Escuela de Salamanca, que irradió luz sobre cuestiones que afectan también a nuestros días, como la globalización de la interdependencia, el colonialismo, el ejercicio del poder, los derechos humanos, el cosmopolitismo, la guerra justa, el eurocentrismo o las reglas del mercado.

La Escuela de Salamanca nos exhorta a un análisis más detenido sobre el método científico como instrumento en la búsqueda de la verdad, y nos muestra el papel de las universidades en el desarrollo de los pueblos, así como el de los intelectuales en el proceso de toma de decisiones de cualquier comunidad política. 

El impacto del protestantismo sobre la cultura jurídica occidental fue también colosal. Los fundamentos de las teorías democráticas modernas, los ideales fundacionales de libertad religiosa e igualdad política, el principio de federación, el surgimiento del Estado del bienestar moderno, la defensa de las garantías y derechos procesales, la conversión de los deberes morales del Decálogo en derechos individuales, la doctrina de la resistencia constitucional contra la tiranía, o la idea de una constitución escrita como una suerte de pacto político deben mucho a la Reforma protestante. 

Como bien explica John Witte Jr., ciertos postulados teológicos básicos del protestantismo han tenido importantes consecuencias jurídicas, como, por ejemplo, el hecho de que la comunidad política se constituya por un pacto entre los gobernantes y el pueblo ante Dios, cuyo contenido lo muestran las leyes divinas y naturales y específicamente el Decálogo; o el hecho de que la Iglesia y el Estado deban estar separados institucionalmente pero unidos en su propósito y función, y, por tanto, también en la defensa de los derechos y libertades del pueblo, incluida la resistencia constitucional organizada.

En nuestra era secular y global, el cristianismo debe seguir iluminando el derecho, protegiendo y reforzando sus fundamentos metajurídicos, pero sin explotar ni expoliar la estructura autónoma de los ordenamientos jurídicos. No existe un modelo único de ordenamiento jurídico cristiano que el cristianismo deba promover para cumplir su misión.

La influencia cristiana afecta más bien a la dimensión espiritual del derecho, al espíritu del derecho, si bien algunas aportaciones puedan llegar a tener implicaciones prácticas concretas, por ejemplo, la dignidad. Por su parte, el derecho secular debe seguir iluminando el cristianismo aportando una técnica jurídica refinada en la resolución de conflictos y promoviendo la defensa de los derechos humanos.

Fuente: omnesmag.com


Publicado por JOQUIVESA en 11:59

Vicios y virtudes

 El Papa ayer en la Audiencia General


Catequesis 13. La justicia

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua, buenos días!

Llegamos hoy a la segunda de las virtudes cardinales: vamos a hablar de la justicia. Es la virtud social por excelencia. El Catecismo de la Iglesia Católica la define así: «La virtud moral che consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido» (n. 1807). Esta es la justicia. A menudo, cuando se nombra la justicia, se cita también el lema que la representa: “unicuique suum”, o sea, “a cada uno lo suyo”. Es la virtud del derecho, que trata de regular las relaciones entre las personas con equidad.

Está representada alegóricamente por la balanza, porque su objetivo es "igualar las cuentas" entre los hombres, sobre todo cuando corren el riesgo de verse distorsionadas por algún desequilibrio. Su finalidad es que en una sociedad cada uno sea tratado según su dignidad. Pero los antiguos maestros ya enseñaban que esto requiere también otras actitudes virtuosas, como la benevolencia, el respeto, la gratitud, la afabilidad, la honestidad: virtudes que contribuyen a la buena convivencia entre las personas. La justicia es una virtud para una buena convivencia entre las personas.

Todos comprendemos que la justicia es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad: un mundo sin leyes que respeten los derechos sería un mundo en el que es imposible vivir, se parecería a una jungla. Sin justicia no hay paz. Sin justicia no hay paz. De hecho, si no se respeta la justicia, se generan conflictos. Sin justicia, se ratifica la ley del fuerte sobre los débiles, y eso no es justo.

Pero la justicia es una virtud que actúa tanto en lo grande como en lo pequeño: no sólo concierne a las salas de los tribunales, sino también a la ética que caracteriza nuestra vida cotidiana. Establece relaciones sinceras con los demás: cumple el precepto del Evangelio según el cual el hablar cristiano debe ser: «“Sí, sí”, “No, no”; Todo lo que se dice de más, procede del Maligno.» (Mt 5,37). Las medias verdades, los discursos sutiles que buscan engañar al prójimo, las reticencias que ocultan las verdaderas intenciones, no son actitudes acordes con la justicia. La persona justa es recta, sencilla y directa, no usa máscaras, se presenta tal como es, dice la verdad. En sus labios se encuentra a menudo la palabra "gracias": sabe que, por más que nos esforcemos para ser generosos, estamos siempre en deuda con nuestro prójimo. Si amamos es también porque hemos sido amados primero.

En la tradición se pueden encontrar innumerables descripciones de la persona justa. Veamos algunas de ellas. La persona justa venera las leyes y las respeta, sabiendo que son una barrera que protege a los indefensos de la arrogancia de los poderosos. La persona justa no sólo se preocupa por su bienestar individual, sino que quiere el bien de toda la sociedad. Por eso, no cede a la tentación de pensar sólo en sí mismo y de ocuparse de sus propios asuntos, por legítimos que sean, como si fueran lo único que existe en el mundo. La virtud de la justicia evidencia -y pone la exigencia en el corazón- que no puede haber verdadero bien para mí si no hay también el bien de todos.

Por eso, la persona justa vigila su propio comportamiento para que no perjudique a los demás: si comete un error, pide perdón. La persona justa siempre pide disculpas. En algunas situaciones es capaz de sacrificar un bien personal para ponerlo a disposición de la comunidad. Desea una sociedad ordenada, en la que sean las personas las que den lustre a los cargos, y no los cargos los que den lustre a las personas. Aborrece el favoritismo y no comercia con favores. Ama la responsabilidad y es ejemplar viviendo y promoviendo la legalidad.

Además, el justo rehúye comportamientos nocivos como la calumnia, el falso testimonio, el fraude, la usura, la burla, la deshonestidad. El justo mantiene la palabra dada, devuelve lo que ha recibido prestado, reconoce un salario justo a los trabajadores: la persona que no reconoce el justo salario a los trabajadores, no es justa, es injusta.

Nadie sabe si en nuestro mundo las personas justas son numerosas o escasas como perlas preciosas. Sin embargo, son personas que atraen gracia y bendiciones tanto sobre sí mismas como sobre el mundo en el que viven. Los justos no son moralistas que se erigen en censores, sino personas rectas que "tienen hambre y sed de justicia" (Mt 5,6), soñadores que custodian en su corazón el deseo de una fraternidad universal. Y de este sueño, especialmente hoy en día, todos tenemos una gran necesidad. Necesitamos ser hombres y mujeres justos, y esto nos hará felices.

________________

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Que la luz de Cristo resucitado nos guíe por caminos de justicia y de paz, y la fuerza vivificante de su amor nos haga audaces constructores de un mundo más fraterno y solidario. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Muchas gracias.

______________

Llamamiento

Desgraciadamente, siguen llegando tristes noticias de Oriente Medio. Reitero mi firme llamamiento a un alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza. Expreso mi profundo pesar por los voluntarios muertos mientras participaban en la distribución de ayuda humanitaria en Gaza. Rezo por ellos y por sus familias. Reitero mi llamamiento para que se permita el acceso de la población civil, exhausta y sufriente, a la ayuda humanitaria y para que se libere inmediatamente a los rehenes. Que se evite todo intento irresponsable de ampliar el conflicto en la región y que se trabaje para que ésta y otras guerras que siguen llevando muerte y sufrimiento a tantas partes del mundo terminen cuanto antes. Recemos y trabajemos sin descanso para que callen las armas y vuelva a reinar la paz.

Y no olvidemos la atormentada Ucrania, ¡tantos muertos! Tengo en mis manos un rosario y un libro del Nuevo Testamento que dejó un soldado que murió en la guerra. Este muchacho se llamaba Oleksandr, Alejandro, tenía 23 años. Alejandro leía el Nuevo Testamento y los Salmos, y había subrayado, en el libro de los Salmos, el Salmo 129: "Desde las profundidades a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz". Este joven de 23 años murió en Avdiïvka, en la guerra. Tenía toda una vida por delante. Y estos son su rosario y su Nuevo Testamento, con los que leía y rezaba. Quisiera guardar un poco de silencio en este momento, hagámoslo todos nosotros, pensando en este muchacho y en tantos otros como él, que murieron en esta locura de la guerra. ¡La guerra siempre destruye! Pensemos en ellos y oremos.

__________________

Resumen leído en español

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre la virtud cardinal de la justicia. Se trata de la virtud social por excelencia, ya que es fundamental para la convivencia pacífica en la sociedad. Consiste en regular con equidad las relaciones —con Dios y entre las personas—, dando a cada uno lo suyo; y por eso se la representa simbólicamente con la balanza.

La persona justa es recta, sencilla, honesta; conoce las leyes y las respeta; mantiene la palabra dada; en su hablar no utiliza medias verdades ni sutilezas engañosas. Para vivir esta virtud es necesario vigilar y examinarse, ser fieles “en lo poco y en lo mucho”, y ser agradecidos.

La justicia es un antídoto contra la corrupción y contra otros comportamientos nocivos —como la calumnia, el falso testimonio, el fraude, la usura— que carcomen la fraternidad y la amistad social. Por eso, es primordial educar en el sentido de justicia y fomentar la cultura de la legalidad.

Fuente: vatican.va

 

Publicado por JOQUIVESA en 11:54

03 abril 2024

Las verdades del Génesis

 José María Contreras Espuny

«La Biblia es un libro en el que todos estamos aludidos», según Gómez de la Serna

Estos días he estado repasando mis apuntes sobre Adán y Eva para escribir esta página de sensacionalismo teológico. Me animó la reciente lectura de Creación, paraíso y pecado original (Guadarrama, 1969) del escriturista holandés H. Renckens, a quien llegué por el vivísimo interés que el asunto despierta en mí desde hace años. Tengo la sospecha de que los tres primeros capítulos del Génesis componen uno de los relatos que más verdad acumulan por sílaba cuadrada. Gómez de la Serna escribió que «La Biblia es un libro en el que todos estamos aludidos»; y es cierto, tan cierto que la primera alusión no se hace esperar. Aquí dejo, pues, varias notas e ideas que he ido cosechando. Estoy seguro de que alguna les será de provecho, entre otras cosas porque ninguna de ellas es enteramente mía.

1. Espíritu y palabra

El Génesis empieza, como es de rigor, por el principio. Primero era Elohim, y en un momento dado Elohim creó el cielo y la tierra. Pero todo estaba aún manga por hombro, como en esos documentales donde, a base de remontarse hasta lo inconcebible, nos muestran una Tierra que bien podría pasar por cualquiera de esos fallidos planetas que vagan adormecidos por el espacio sideral. Pero he aquí que había agua, y sobre aquel océano primitivo aleteaba, deseoso, impaciente, el espíritu de Dios. Y entonces Dios habló, y de su palabra surgió la luz, la bóveda celeste, los árboles, las «plantas portadoras de semilla», las aves, «los seres vivientes que pululan en las aguas», las bestias, los reptiles… En suma, de su palabra surgió cuanto desde entonces ha albergado, con más o menos durabilidad, la llama de la existencia.

Según Renckens, a los occidentales se nos escapa el intríngulis del pasaje porque no acabamos de entender la relación entre Espíritu y Palabra, entre lenguaje y realidad. Asegura que nosotros, tan proclives a las abstracciones especulativas, separamos al hablante del verbo y al verbo de la acción, mientras que para el oriental todo se concibe de manera unitaria. «De toda palabra pronunciada dimana una fuerza eficaz, puesto que ella encierra la energía, el alma entera de quien habla». Muestra de ello que el hebreo pueda expresar con el mismo término palabra y cosa, también mentira y delito. No habría convención ni arbitrariedad. Muy al contrario, cada palabra es una quimera en la que va el hablante íntegro y, también íntegra, la cosa designada.

El apunte de Renckens es bellísimo y arroja una luz decisiva sobre los primeros versículos del Génesis, así como sobre el paralelo del Evangelio según san Juan. Sin embargo, tanta belleza acaba poniéndonos en un apuro, como por otra parte es habitual, pues rara vez lo bello nos deja indemnes. Porque si cada palabra que pronuncio es una prolongación de mí, «unos brazos inmateriales» por medio de los cuales me propago como una luz o un incendio; si cuanto escribo ejerce una fuerza efectiva; si al poner sobre el papel, por ejemplo, amo, ni yo ni el amor ni lo amado salimos de rositas, cómo atreverse a decir algo. La situación sería: o el nombre exacto ―porque si es exacto es bueno― o nada. Casi más vale callar, taparse la boca con una hoja de higuera.

2. Adán y Eva

La creación del ser humano en el primer capítulo del Génesis está llena de detalles significativos: ese «Hagamos», deliberativo y lleno de ternura; el hecho de que, a diferencia del resto de animales creados según su especie, el hombre, cada hombre, surja a su caer, singular, hijo de su madre; y, por encima de todo, que estemos hechos a imagen y semejanza Suya. En lugar del descenso de lo divino, lo cual sería propio del politeísmo, se nos propone aquí la elevación del hombre, la vocación a dejarnos inspirar por nuestros anhelos más nobles, que los tenemos, es cuestión de rebuscarlos. Y siendo todo lo anterior estupendo, el salseo empieza en el segundo capítulo, cuando Adán es colocado en el jardín del Edén. Al rato lo narcotizan y, de algún modo, le extraen a Eva. Con ello la humanidad fue escindida en dos mitades que, desde entonces, buscan volver a unirse por medios que podemos calificar de dificultosos, aparatosos, novelescos.

El supuesto diario de Adán, hallado y traducido por Mark Twain, se abre con la siguiente frase: «Esta nueva criatura con el pelo largo anda todo el día por medio». Era lunes. Y aunque después vienen unas cuantas páginas más de irreprochable misoginia, resulta conmovedor ver cómo la ternura, con la que le bombardea la «nueva criatura con el pelo largo», va transformándole por dentro. Al final, tras una década de convivencia fuera del Edén, Adán corrige sus impresiones iniciales y reconoce que «es mejor vivir fuera del Jardín con ella que dentro sin ella». No consta que se lo dijera a Eva, quien por su parte escribe: «Él me ama todo lo que es capaz; yo le amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada»; pero ojalá lo hiciera porque le habría encantado. Una mujer, sobre todo después de aquello, nunca te pedirá que renuncies a la gracia de Dios por ella; ahora bien, si lo haces sin necesidad de que lo pida, cuando menos se sentirá halagada. ¿Acaso no es ella misma un Edén portátil?

3. La caída

Muchos han querido ver, en especial desde el ámbito protestante, una relación entre la lascivia y el pecado original. El apetito sexual habría tenido la culpa de todo. San Agustín, que no llega a comprar esta mercancía averiada, no obstante propone la transmisión venérea del pecado original. Como consecuencia del desliz, la semilla de Adán, sobre quien recae la mayor porción de culpa, fue dañada, de modo que en adelante el pecado se heredará por vía paterna. Debido a ello, continúa san Agustín, el miembro masculino, portador de vida ya empecatada, a veces toma sus propias decisiones, sin consultar con nadie y, por así decirlo, a espaldas de su dueño. Es un miembro díscolo, recordatorio de la desobediencia que nuestro primer padre cometió contra su Creador.

Sea o no como supuso el de Hipona, parece claro que el pecado original no tuvo nada que ver con lo sexual, lo cual habría sido además bastante decepcionante, sino con la soberbia. Comimos del árbol del conocimiento del bien y el mal porque quisimos ser como dioses para discernir lo bueno y lo malo. Le pedimos a Dios que nos dejara en paz e iniciamos esta chapucera autonomía que nos ha granjeado no pocos padecimientos. «Con cada acción pecaminosa ―escribe Renckens― el hombre […] llama bueno a lo que es malo, y viceversa; escoge el mal como si fuera bueno, porque lo encuentra bueno».

Y después está lo de nuestra condición mortal. Puede ser que la muerte no entrara en el mundo hasta que el pecado le abrió la puerta, en línea con lo escrito por san Pablo en la Epístola a los Romanos. Por tanto nuestros anhelos de inmortalidad, que se avivan al contacto con el bien, la verdad y la belleza, tendrían mucho de añoranza. Pero también hay exégetas que sostienen que fuimos creados caducos en un principio, solo que Dios encadenó a la muerte para colocarnos en el Edén. Vamos a darles una oportunidad, se diría sin tenerlas todas consigo. Al poco pasó lo que pasó y regresamos a la adamah, a la 'tierra' de la que fue formado Adán, de la que tomó su nombre.

Para el caso, lo mismo da. Henos aquí: mortales y, sin embargo, hambrientos de eternidad ―la eternidad… dudoso bocado―. Y de nuevo la contradicción, el forcejeo entre los opuestos. El hombre, siempre oscilante; una criatura en la cual es tan evidente el hálito divino como las consecuencias de la caída. Y aunque no seré yo quien celebre aquel primer pecado, resulta apasionante la lucha a la que dio lugar, nacida en nuestro interior y desplegada en la historia. Escribió Erich Auerbach que, después de Adán y Eva, en la literatura todas las acciones se reducen a una sola acción: la caída y salvación del hombre. El hombre… la única criatura moral y contradictoria. El único animal al que, por sus ansias de conocer el bien, podemos llamar malo.

Fuente: eldebate.com

Publicado por JOQUIVESA en 11:35

02 abril 2024

La Belleza oculta que nos salva

José Antonio García-Prieto Segura


“La belleza salvará al mundo”. Fiodor Dostovieski

La memoria del corazón cristiano celebra agradecida los eventos históricos de la Semana Santa. El Viernes Santo me ha traído a la memoria la famosa frase de Fiodor Dostovieski: “La belleza salvará al mundo”, que he tomado prestada para titular este artículo, pero con retoques fruto de la fe; por eso, escribo “Belleza”, con mayúscula, al referirla a la persona divina de Jesús; “oculta”, porque en la Cruz su rostro tumefacto y ensangrentado sería lo más opuesto a toda belleza; y “que nos salva”, porque ese fue el fruto  de su Sacrificio, ofrecido a Dios-Padre por el perdón de nuestros pecados. Expongo algunas reflexiones sobre estas realidades.

        Como inicio, contextualizaré las palabras de Dostoyevski para abrirnos luego hasta la dimensión trascendente de la Belleza. Aparecen en su obra “El idiota”, cuyo protagonista es el príncipe Misshkin, joven de gran corazón y bondad. Otro personaje, Ippolit, poco más joven que él, es tuberculoso, cercano a la muerte y ha decidido suicidarse; en una concurrida velada, se dirige a Misshkin, vociferando: “Príncipe, ¿es verdad que usted dijo una vez que al mundo lo salvaría la ´belleza`? ¡Caballeros! -gritó dirigiéndose a todos-. El príncipe ha dicho que la belleza salvaría al mundo… Yo sostengo que si se le ocurren ideas tan peregrinas es porque está enamorado.”. (Parte III, cap. 5). Ippolit parece ya muerto a todo amor y encanto de la vida.

        En el fondo, quien habla es Dostoyevski que, además, transfiere experiencias propias, a esos dos personajes. A Misshkin, la epilepsia que padecía el escritor ruso. Con Ippolit comparte la vivencia de una muerte inminente, experimentada también por Fiodor cuando, condenado por actividades revolucionarias y llevado al paredón, le conmutaron in extremis la pena de muerte por cinco años de exilio en Siberia.

Ippolit, desde su situación personal, considera inconcebible -idea peregrina- que la belleza pueda salvar el mundo; pero Dostoyevski deja un resquicio de verosimilitud, y es que alguien, por estar tan enamorado, pueda conseguirlo; y tal persona es el príncipe Misshkin. Concuerdo con esa posibilidad, pero solo si se concibe un amor tan ardiente e intenso, tan abarcante y universal, que pueda abrazar al mundo entero. Pero entonces habría que hablar de algo sobrehumano y, por tanto, de una Belleza y del Amor que la originase, propiamente divinos. Por eso, este pasaje literario da pie para acceder a la dimensión trascedente de la belleza, aunque no entremos en consideraciones filosóficas. Los creyentes -y no olvidemos que Dostoyevski lo era- afirmamos que, en efecto, ese Amor y Belleza concurren en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre.

Estamos así ante un Amor y Belleza divinos encarnados en un hombre, en el que algunas veces refulgen como acciones sobrehumanas, que despiertan la admiración y el asombro de las gentes; otras, en cambio, ese Amor y Belleza quedan tan ocultos y como desaparecidos, que es difícil pensar que sigan presentes en la misma persona. Y esto es lo que creemos que sucedió en la vida de Jesús y, especialmente, en su Sacrificio del Viernes Santo. La Sagrada Escritura ofrece luces reveladoras que lo confirman.

Hay dos textos muy expresivos de la Belleza divina y humana de Jesús, que no se reduce a una hermosura meramente externa y corporal. Así, del Cristo Mesías, dice el salmista: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres. La gracia se derramó en tus labios” (Sal 45, 2). Y la razón última de esta extrema belleza humana, la señala san Pablo: “porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Col 2, 9). En Jesús, su única persona divina confiere misteriosamente -si cabe hablar así- como un “plus” de hermosura y belleza a su naturaleza humana: la que tanta gente descubría en su mirada, en sus discursos, en sus maravillosas parábolas, en su amabilidad, en sus brazos abiertos para acoger a todos…

Sin embargo, aquella Belleza vivificada por su Amor divino, parece enteramente ausente en el Jesús ensangrentado y apenas reconocible, clavado en la Cruz del Gólgota, aunque sus brazos seguían abiertos para todos. Fueron momentos profetizados por Isaías, con estas palabras: “tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser de hombre” (Is 52, 14). Y poco después: “No hay en Él parecer ni hermosura que atraiga las miradas ni belleza que agrade” (Is 53, 2). Así debía estar el rostro y todo el cuerpo de Jesús después de la atroz flagelación y brutalidades sufridas.

¿Cómo explicar semejante contraste y mantener con Dostoyevski que la belleza salvará al mundo, si no es desde la luz de la fe? Solo abriéndonos a esa luz todo encaja y cobra sentido, como desvela Isaías al decirnos que Jesús se ha ofrecido, por amor y como víctima reparadora de nuestros pecados: “fue él quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores. Fue traspasado por nuestras iniquidades, molido por nuestros pecados. El castigo, precio de nuestra paz, cayó sobre él, y en sus llagas hemos sido curados”. (Is 53, 4-5). La víspera de su muerte, el mismo Jesús nos dice que fue su amor la razón de su sacrificio redentor: “No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos”. (Jn 15, 13). 

Recopilando lo anterior, diremos que la intuición de Dostoyevski era muy acertada, y alcanzó su dimensión trascendente en la vida, muerte y Resurrección de Jesús. Lo descubrió Dimas, el buen ladrón, en las palabras del Señor y en su modo de enfrentar la muerte: su Amor y Belleza luminosos y divinos reverberaban en la Cruz, aunque ocultos en el rostro exangüe y desfigurado de Jesús. La fe de Dimas quedó con firmada al oír las palabras de salvación: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43).

Nunca es tarde para descubrir la Belleza que salva, aunque san Agustín en sus Confesiones no lo viera así, pensando sin duda en el tiempo perdido antes de encontrar a Cristo. Lo recordaba Benedicto XVI a un grupo de jóvenes: “Como el joven Agustín con todos sus problemas en su camino difícil, cada uno de vosotros siente la llamada simbólica de toda criatura hacia lo alto; toda criatura hermosa remite a la belleza del Creador, que está como concentrada en el rostro de Cristo. Cuando la experimenta, el alma exclama: ‘Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva: tarde te amé’ (Confesiones X, 27, 38). Ojalá que cada uno de vosotros redescubra a Dios como sentido y fundamento de toda criatura, luz de verdad, llama de caridad, vínculo de unidad” (Discurso, 7-IX-2008)   

El Viernes Santo es momento propicio para avivar la contemplación de la Belleza oculta del Crucificado, y corresponder con obras a su Amor divino, que nos dice como a Marta, en Betania: “Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá” (Jn 11, 25). 

Fuente: religion.elconfidencialdigital.com


Publicado por JOQUIVESA en 21:34

Compartir la alegría

El Papa ayer en el Regina Caeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y Feliz Pascua!

Hoy, lunes de la Octava de Pascua, el Evangelio (cf. Mt 28,8-15) nos muestra la alegría de las mujeres por la resurrección de Jesús: ellas, dice el texto, salieron del sepulcro con "gran alegría" y "corrieron a contarlo a sus discípulos" (v. 8). Esta alegría, nacida precisamente del encuentro vivo con el Resucitado, es una emoción desbordante, que las impulsa a difundir y contar lo que han visto.

Compartir la alegría es una experiencia maravillosa, que aprendemos desde muy pequeños: pensemos en un niño que saca una buena nota en la escuela y no ve la hora de enseñársela a sus padres, o en un joven que logra su primer éxito deportivo, o en una familia en la que nace un niño. Intentemos recordar, cada uno de nosotros, un momento tan feliz que incluso nos costó expresarlo con palabras, ¡pero que quisimos contar enseguida a todos!

Aquí, las mujeres, en la mañana de Pascua, experimentan esto, pero de una manera mucho mayor. ¿Por qué? Porque la resurrección de Jesús no es sólo una noticia maravillosa o el final feliz de una historia, sino algo que cambia nuestras vidas y la cambia por completo y para siempre. Es la victoria de la vida sobre la muerte, esta es la Resurrección de Jesús. Es la victoria de la esperanza sobre el desaliento. Jesús ha atravesado la oscuridad de la tumba y vive para siempre: su presencia puede llenarlo todo de luz. Con Él cada día se convierte en la etapa de un viaje eterno, cada "hoy" puede esperar un "mañana", cada final un nuevo comienzo, cada instante se proyecta más allá de los límites del tiempo, hacia la eternidad.

Hermanos, hermanas, la alegría de la Resurrección no es algo lejano. Está muy cerca, es nuestra, porque nos fue dada el día de nuestro Bautismo. Desde entonces, también nosotros, como las mujeres, podemos encontrar al Resucitado y Él, como ellas, nos dice: "¡No temáis!" (v 10). Hermanos y hermanas no renunciemos a la alegría de la Pascua.

Pero, ¿cómo alimentar esta alegría? Como hicieron las mujeres: encontrando al Resucitado, porque Él es la fuente de una alegría que nunca se agota. Apresurémonos a buscarlo en la Eucaristía, en su perdón, en la oración y en la caridad vivida. La alegría, cuando se comparte, aumenta. Compartamos la alegría del Resucitado.

Y la Virgen María, que en Pascua se alegró de su Hijo resucitado, nos ayude a ser sus testigos gozosos.

Después del Regina Coeli:

Queridos hermanos y hermanas

Renuevo a todos mi saludo pascual y agradezco de corazón a quienes, de diversas maneras, me han enviado mensajes de cercanía y de oración. Que el don de la paz del Señor resucitado llegue a estas personas, familias y comunidades. Y que este don de la paz llegue donde más se necesita: a los pueblos extenuados por la guerra, por el hambre, por toda forma de opresión. 

¡Y con afecto los saludo a ustedes, romanos y peregrinos de diferentes países!

Saludo a los niños y sacerdotes de la Comunidad Pastoral Beato Carlo Gnocchi de Inverigo y a los del Decanato Appiano Gentile.

¡Feliz Lunes de Pascua! ¡Que continúe la alegría de la Pascua! Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen provecho y hasta luego.

Fuente: vatican.va

Publicado por JOQUIVESA en 21:31

01 abril 2024

Una explosión de luz

Juan Luis Selma

Estamos en Pascua de Resurrección, tiempo de luz, de alegría y de esperanza

En el Miércoles, Jueves y Viernes Santo, la liturgia de la Iglesia celebraba el rezo de las Horas de un modo muy conmovedor en el Oficio de Tinieblas. Se rezaba al caer la tarde, de modo que concluía inmerso en la oscuridad, preludio de la que acompañó a la muerte del Señor en la Cruz.

La iglesia con las luces apagadas y en medio del coro lucía el tenebrario: un candelabro especial con quince velas, que se iban apagando a lo largo de la ceremonia. Representaban a los 11 apóstoles que permanecieron tras la traición de Judas; las tres marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena); y a la Virgen María, cuyo cirio era más destacado que los otros.

A medida que avanza el oficio, solo queda encendida la vela del ápice, la de la Virgen. Finalizaba con el canto del Miserere, acompañado por el estruendo de las carracas y el golpear de los bancos, emulando el terremoto que acompañó la muerte de Cristo: "Jesús, dando de nuevo una fuerte voz, entregó su espíritu. Y en esto el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se partieron".

La tiniebla, el poder del mal, la injusticia lo llena todo. Hay momentos en los que tener esperanza cuesta mucho. Humanamente parece imposible. Como dice Lewis en su novela Esa horrible fuerza: “El veneno fue producido en tierras occidentales, pero se ha extendido en todas partes ahora. Por más lejos que vaya siempre encontrará las máquinas, las ciudades atestadas, los tronos vacíos, las falsas escritura, los lechos estériles; hombres enloquecidos por falsas promesas y amargados por miserias reales, adorando obras de acero de sus propias manos, apartados de su madre, la tierra, y del Padre del cielo… La sombra de un ala oscura cubre toda Tellus".

Este viernes hemos dejado a Jesús en el sepulcro. El mal ha vuelto a triunfar. Todo parece indicar que no hay nada que hacer. Así, nos vemos en muchas ocasiones, sin esperanza, sin amor; sumergidos en un profundo pozo oscuro. Pero no todo acaba ahí. La vela prominente del tenebrario, la de María, sigue encendida en un lugar oculto del templo. María espera, la Mater Dolorosa es también la Mater Spei, la Esperanza.

La Vigilia Pascual, la gran vigilia de la Iglesia, comienza con el rito del fuego, de la luz. Se bendice con esta oración: "Oh, Dios, que por medio de tu Hijo has dado a los fieles la claridad de tu luz, santifica este fuego nuevo y concédenos que la celebración de estas fiestas de Pascua encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

Luego se canta en el Pregón Pascual, frente al cirio encendido y la iglesia resplandeciente de luz: “¡Qué noche tan dichosa! Solo ella conoció el momento que Cristo resucitó de entre los muertos. Esta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo". Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”.

¡Hay esperanza! Siempre amanece. La oscuridad es temporal. Esto, que sucede todos los días en la naturaleza, puede trasladarse a nuestra vida, a la humanidad. Dios puede más, su poder se manifiesta sacando del mal bien. Por eso permite el pecado, la maldad, la injusticia, para que resplandezca con más fuerza su amor, el bien. Ha habido, a lo largo de la larga historia del hombre, infinidad de guerras, injusticias, tropelías. Las tinieblas han sido muy densas, intensas, incluso persistentes, como la novena plaga de Egipto, pero siempre hay puntos de luz: "En cambio, los hijos de Israel tenían luz en sus poblados".

Estamos en Pascua de Resurrección, tiempo de luz, de alegría y de esperanza. En el transcurso de la Vigilia Pascual se enciende el Cirio Pascual que es Cristo, de su fuego prendemos nuestro cirio que nos recuerda que también nosotros somos luz de Cristo. Lo seremos con nuestra lucha para vencer y superar nuestros desánimos, con la alegría de recomenzar cada vez que sea menester. Con el ofrecimiento del perdón a los que nos ofenden.

Que vean los nuestros que, junto a nuestras miserias y pecados, está el tesón de levantarnos una y otra vez. Que no nos rendimos, que queremos ser mejores. Que no damos pábulo al desaliento. Que no nos refugiamos en las tinieblas, que no falseamos nuestra vida, que no pactamos con la mentira, el error y el pecado.

Terminamos con esta consideración de san Josemaría: "El día del triunfo del Señor, de su Resurrección, es definitivo. ¿Dónde están los soldados que había puesto la autoridad? ¿Dónde están los sellos, que habían colocado sobre la piedra del sepulcro? ¿Dónde están los que condenaron al Maestro? ¿Dónde están los que crucificaron a Jesús?... Ante su victoria, se produce la gran huida de los pobres miserables. Llénate de esperanza: Jesucristo vence siempre".

Fuente: eldiadecordoba.es


Publicado por JOQUIVESA en 11:49
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio
Suscribirse a: Entradas (Atom)

LA VERDAD...

LA VERDAD...
...OS HARÁ LIBRES.

PARA VER Y OIR

  • LUKNIA (Conoce a Jesús)
  • ROME REPORTS
  • VATICAN NEWS
  • CATHOLIC.NET
  • RADIO MARÍA
  • OPUS DEI
  • ALMUDI

Archivo del blog

  • ▼  2026 (320)
    • ▼  septiembre (19)
      • Los obreros de la viña
      • La rutina
      • La llamada divina y la libertad
      • Los documentos del Concilio Vaticano II.
      • La llamada divina y la libertad
      • No perder comba
      • Contar con los límites
      • «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»
      • Setenta veces siete
      • Seis consejos de ‘El Principito’ para sobrevivir e...
      • Los documentos del Concilio Vaticano II
      • La aurora de un mundo nuevo: cuando el silencio de...
      • ¿Tiene sentido corregir hoy?
      • “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
      • La corrección fraterna
      • «Oikos», o el tema de la educación en la política ...
      • De Calcuta a la Amazonia ecuatoriana pasando por B...
      • Documentos del Concilio Vaticano II
      • El Papa concluye el ciclo de Liturgia y rechaza de...
    • ►  agosto (36)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (50)
    • ►  mayo (36)
    • ►  abril (32)
    • ►  marzo (40)
    • ►  febrero (30)
    • ►  enero (40)
  • ►  2025 (440)
    • ►  diciembre (36)
    • ►  noviembre (33)
    • ►  octubre (36)
    • ►  septiembre (31)
    • ►  agosto (38)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (39)
    • ►  mayo (42)
    • ►  abril (38)
    • ►  marzo (38)
    • ►  febrero (32)
    • ►  enero (40)
  • ►  2024 (431)
    • ►  diciembre (39)
    • ►  noviembre (36)
    • ►  octubre (36)
    • ►  septiembre (35)
    • ►  agosto (42)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (38)
    • ►  mayo (33)
    • ►  abril (36)
    • ►  marzo (32)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (34)
  • ►  2023 (449)
    • ►  diciembre (34)
    • ►  noviembre (35)
    • ►  octubre (35)
    • ►  septiembre (33)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (35)
    • ►  junio (37)
    • ►  mayo (43)
    • ►  abril (41)
    • ►  marzo (39)
    • ►  febrero (34)
    • ►  enero (43)
  • ►  2022 (456)
    • ►  diciembre (44)
    • ►  noviembre (41)
    • ►  octubre (34)
    • ►  septiembre (36)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (27)
    • ►  junio (34)
    • ►  mayo (36)
    • ►  abril (42)
    • ►  marzo (47)
    • ►  febrero (34)
    • ►  enero (41)
  • ►  2021 (515)
    • ►  diciembre (43)
    • ►  noviembre (41)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (39)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (33)
    • ►  junio (49)
    • ►  mayo (40)
    • ►  abril (53)
    • ►  marzo (48)
    • ►  febrero (40)
    • ►  enero (47)
  • ►  2020 (610)
    • ►  diciembre (51)
    • ►  noviembre (53)
    • ►  octubre (48)
    • ►  septiembre (40)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (36)
    • ►  junio (50)
    • ►  mayo (62)
    • ►  abril (66)
    • ►  marzo (70)
    • ►  febrero (45)
    • ►  enero (49)
  • ►  2019 (542)
    • ►  diciembre (45)
    • ►  noviembre (39)
    • ►  octubre (50)
    • ►  septiembre (48)
    • ►  agosto (49)
    • ►  julio (41)
    • ►  junio (43)
    • ►  mayo (48)
    • ►  abril (51)
    • ►  marzo (41)
    • ►  febrero (43)
    • ►  enero (44)
  • ►  2018 (562)
    • ►  diciembre (47)
    • ►  noviembre (43)
    • ►  octubre (50)
    • ►  septiembre (44)
    • ►  agosto (37)
    • ►  julio (48)
    • ►  junio (41)
    • ►  mayo (45)
    • ►  abril (47)
    • ►  marzo (60)
    • ►  febrero (46)
    • ►  enero (54)
  • ►  2017 (549)
    • ►  diciembre (54)
    • ►  noviembre (51)
    • ►  octubre (47)
    • ►  septiembre (43)
    • ►  agosto (37)
    • ►  julio (44)
    • ►  junio (48)
    • ►  mayo (43)
    • ►  abril (52)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (43)
    • ►  enero (43)
  • ►  2016 (551)
    • ►  diciembre (53)
    • ►  noviembre (51)
    • ►  octubre (47)
    • ►  septiembre (43)
    • ►  agosto (33)
    • ►  julio (30)
    • ►  junio (52)
    • ►  mayo (44)
    • ►  abril (49)
    • ►  marzo (46)
    • ►  febrero (53)
    • ►  enero (50)
  • ►  2015 (528)
    • ►  diciembre (46)
    • ►  noviembre (57)
    • ►  octubre (46)
    • ►  septiembre (58)
    • ►  agosto (25)
    • ►  julio (36)
    • ►  junio (47)
    • ►  mayo (44)
    • ►  abril (40)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (38)
    • ►  enero (47)
  • ►  2014 (490)
    • ►  diciembre (43)
    • ►  noviembre (40)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (46)
    • ►  agosto (22)
    • ►  julio (31)
    • ►  junio (43)
    • ►  mayo (50)
    • ►  abril (45)
    • ►  marzo (41)
    • ►  febrero (45)
    • ►  enero (42)
  • ►  2013 (430)
    • ►  diciembre (38)
    • ►  noviembre (38)
    • ►  octubre (53)
    • ►  septiembre (34)
    • ►  agosto (20)
    • ►  julio (29)
    • ►  junio (27)
    • ►  mayo (39)
    • ►  abril (38)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (37)
  • ►  2012 (420)
    • ►  diciembre (36)
    • ►  noviembre (35)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (37)
    • ►  agosto (24)
    • ►  julio (32)
    • ►  junio (35)
    • ►  mayo (33)
    • ►  abril (36)
    • ►  marzo (42)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (35)
  • ►  2011 (570)
    • ►  diciembre (47)
    • ►  noviembre (54)
    • ►  octubre (39)
    • ►  septiembre (54)
    • ►  agosto (52)
    • ►  julio (38)
    • ►  junio (49)
    • ►  mayo (51)
    • ►  abril (44)
    • ►  marzo (45)
    • ►  febrero (42)
    • ►  enero (55)
  • ►  2010 (544)
    • ►  diciembre (40)
    • ►  noviembre (56)
    • ►  octubre (45)
    • ►  septiembre (58)
    • ►  agosto (33)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (38)
    • ►  mayo (51)
    • ►  abril (55)
    • ►  marzo (45)
    • ►  febrero (38)
    • ►  enero (48)
  • ►  2009 (506)
    • ►  diciembre (46)
    • ►  noviembre (59)
    • ►  octubre (59)
    • ►  septiembre (55)
    • ►  agosto (36)
    • ►  julio (43)
    • ►  junio (34)
    • ►  mayo (56)
    • ►  abril (40)
    • ►  marzo (58)
    • ►  febrero (20)

Vistas

Ubicaciones

Ubicaciones