15 junio 2013

Este fin de semana dedicado a celebrar el evangelio de la vida

Iniciativas en Roma, en torno a la Evangelium Vitae.


Este fin de semana en Roma se realizarán varias iniciativas sobre la Evangelium Vitae, la encíclica del beato Juan Pablo II publicada en 1995 que defiende el valor y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana.
Organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, al evento participarán varios miles de personas pertenecientes a movimientos, asociaciones, y todo tipo de instituciones que trabajan en defensa de la vida, provenientes de Estados Unidos, Italia, Japón, Gran Bretaña, Alemania, España, Bélgia, Australia, Argentina, Rumanía, Hungría, entre otros.
El momento central del evento será el domingo por la mañana, a las 10,30 locales, cuando el papa Francisco celebrará la santa misa en la plaza de San Pedro.
El sábado en cambio, contará con una catequesis en diversas iglesias, destinados a los grupos lingüísticos, realizadas en diversas iglesias de Roma.
En idioma español será en la basílica de San Antonio de Padua, situada entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán y estará a cargo del subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia, monseñor Carlos Simón Vásquez. A continuación allí será celebrada la santa misa por monseñor José Rodríguez Carballo OFM, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Después de las reuniones por idiomas, hacia las 15 horas, se realizará una peregrinación desde el 'Castel Sant'Angelo' hasta la plaza de San Pedro, que concluirá con rezo del Credo en diversos idiomas.
Monseñor Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización aseguró que “el encuentro ofrecerá a los fieles de todo el mundo la oportunidad de reunirse junto al santo padre, para dar testimonio común del valor sagrado de la vida: la vida de los ancianos, enfermos, agonizantes, no nacidos, quienes viven afligidos físicamente y mentalmente y de todos aquellos que sufren”.
“Este evento -añadió el arzobispo italiano- será también la ocasión para celebrar, afirmar y animar a quienes así dulcemente se abandonan a seguir los pasos del Buen Pastor, proveyendo a las necesidades físicas, emocionales, psicológicas y espirituales de los necesitados”.
“Nuestra esperanza -concluyó monseñor Fisichella- es que el número de los fieles reunidos en la plaza de San Pedro sea tan grande que haga sentir a todo el mundo nuestra coral expresión del verdadero corazón de la misión redentora de Jesús”.

14 junio 2013

Reconocerse con sinceridad débiles y pecadores

Homilía del Papa hoy viernes en Santa Marta

La única manera de recibir verdaderamente el don de la salvación de Cristo, está en reconocerse con sinceridad débiles y pecadores, evitando cualquier forma de autojustificación. Así lo ha dicho esta mañana el papa Francisco durante la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.
Con el papa concelebraron el prefecto y secretario de la Congregación para el Clero, el cardenal Mauro Piacenza y el arzobispo Celso Morga, acompañados por los presbíteros y el personal del dicasterio. Según informa Radio Vaticana, también estuvieron el cardenal Giuseppe Bertello, el obispo de Humahuaca en Argentina, Pedro Olmedo Rivero, y el obispo emérito de Daet en Filipinas, Benjamin Almoneda.
Somos pecadores
Consciente de ser un recipiente de barro débil, el guardián de un gran tesoro que se le dio de una forma totalmente gratuita. Así es el seguidor de Cristo ante el Señor. Francisco pone el punto de reflexión en la Carta de Pablo a los cristianos de Corinto, mediante la cual explica que el "poder extraordinario" de la fe es obra de Dios, vertida en hombres pecadores, en "vasos de barro". Pero la relación "entre la gracia y el poder de Jesucristo" y nosotros pobres pecadores brota "el diálogo de la salvación." Pero este diálogo, añade el papa, debe evitar cualquier "autojustificación"; "se debe ser tal como somos".
"Pablo ha hablado muchas veces --es como un corillo, ¿no?--, de sus pecados. ‘Yo les digo: yo he sido un perseguidor de la Iglesia, he perseguido... ' Siempre vuelve a su memoria el pecado. Se siente pecador. Pero, aun así, no dice: "Yo he sido, pero ahora soy santo", no. Incluso ahora, habla de un aguijón de Satanás en mi carne. Nos hace ver nuestra propia debilidad. El propio pecado. Es un pecador que acoge a Jesucristo. Habla con Jesucristo".
La clave, indica el papa, es por lo tanto la humildad. Pablo mismo lo demuestra. Él reconoce públicamente, "su curriculum de servicio", o todo que haya hecho como apóstol enviado por Jesús. Pero no por esto oculta o se esconde lo que el papa llama "su prontuario", es decir, sus pecados.
Vivir en humildad
"Asimismo, este es el modelo de humildad para nosotros los presbíteros. Si nosotros nos enorgullecemos solo de nuestro curriculum y nada más, terminaremos mal. No podemos proclamar a Jesucristo Salvador, porque en el fondo no lo sentimos. Pero tenemos que ser humildes, pero con una verdadera humildad, con nombre y apellido: ‘Soy un pecador por esto, por esto y por esto’. Como lo hace Pablo: ‘Yo perseguí a la Iglesia’, como lo hace él, pecadores concretos. No pecadores con esa humildad que más parece una cara de estampita, ¿no? ¡Oh no!, una humildad fuerte".
"La humildad del presbítero, la humildad del cristiano es concreta", afirma el papa Francisco, por lo tanto, si un cristiano no puede "hacer por sí mismo e incluso la Iglesia, esta confesión, algo está mal". Y no ir primero, es no ser capaz de "entender la belleza de la salvación que Jesús nos trae".
Cristo, nuestro tesoro
"Hermanos, tenemos un tesoro: a Jesucristo, el Salvador. La Cruz de Jesucristo, aquel tesoro del cual nos sentimos orgullosos. Pero lo tenemos en una olla de barro. Podemos vanagloriarnos también de nuestro prontuario, de nuestros pecados. Y así el diálogo es cristiano y católico: concreto porque la salvación de Jesucristo es concreta. Jesucristo no nos ha salvado con una idea, con un programa intelectual, no. Nos ha salvado con la carne, con lo concreto de la carne. Se ha abajado, hecho hombre, se ha hecho carne hasta el final. Pero solo se puede entender, solo se puede recibir, en vasos de barro".
Incluso la mujer samaritana que se encuentra con Jesús, después de hablar con él le cuenta a sus paisanos antes su pecado, y luego de haber encontrado al Señor se comporta de una manera similar a Pablo. "Yo creo, observa el papa Francisco, que esta mujer está seguramente en el cielo”. “Porque como dice Manzoni: ‘Yo nunca he encontrado que el Señor haya comenzado un milagro sin terminarlo bien', y este milagro que Él ha comenzado definitivamente lo ha acabado bien en el Cielo.
"Pidámosle, concluye el papa, “que nos ayude a ser vasijas de barro para llevar y entender el misterio glorioso de Jesucristo".

13 junio 2013

''No hablen mal el uno del otro''

Homilía del papa Francisco hoy en Santa Marta


Vivir buenas relaciones
"Que su justicia sea mayor que la de los fariseos". El papa Francisco ha explicado su homilía partiendo de la exhortación dirigida por Jesús a sus discípulos. Palabras que vienen después de las Bienaventuranzas, y después de que Jesús indicó que Él no vino para disolver la Ley, sino para llevarla a cumplimiento. La suya, señaló, "es una reforma sin romper, una reforma en la continuidad: desde la semilla hasta el fruto". Aquel que "entra en la vida cristiana", advirtió, "tiene exigencias superiores a los de los demás"; "no tienen ventajas superiores", advirtió.
Y Jesús menciona algunas de estas necesidades y toca en particular, "el tema de la relación negativa con los hermanos". El que maldice, dice Jesús, "merece el infierno". Si en tu corazón hay "algo de negativo" hacia el hermano, "hay algo que no funciona y te debes convertir, tienes que cambiar." Y añadió que "la ira es un insulto contra el hermano, y ya es algo que se da en la línea de la muerte, lo mata”. Luego observó que, especialmente en la tradición latina, hay como una "creatividad maravillosa" en inventar calificativos. Pero, advirtió, "cuando este epíteto es amistoso está bien, el problema es cuando hay el otro calificativo”, cuando se da "el mecanismo del insulto, una forma de denigración de los demás."
No denigrar al otro
"Y no hay necesidad de ir a un psicólogo –continuó, para saber que cuando se denigra al otro es porque uno mismo no puede crecer y necesita que el otro sea abajado, para sentirse alguien". Y esto es "un mecanismo feo". Jesús, señaló, "con toda la sencillez dice: "No hablen mal el uno del otro. No se denigren, no se descalifiquen". Y esto, dijo, "porque después de todo estamos caminando por el mismo camino, todos vamos en ese camino que nos llevará hasta el final". De este modo, "si no se va de una manera fraterna, todos terminaremos mal: el que insulta y el insultado". Francisco señaló que "si uno no es capaz de dominar la lengua, se pierde," y lo demás, "la agresividad natural, la que tuvo Caín con Abel, se repite a lo largo de la historia". No es que somos malos, dijo el papa, "somos débiles y pecadores". Por eso resulta "mucho más fácil arreglar una situación con un insulto, con una calumnia, con una difamación, que solucionarla por las buenas". "Quisiera pedir al Señor, que nos dé a todos la gracia de poner más atención a la lengua, en relación a lo que decimos de los demás. Es ‘una pequeña penitencia’ --añadió, pero da buenos resultados".
"Hay veces en que uno se queda con hambre" y piensa: "¡Qué lástima que no he probado el fruto de un delicioso comentario hacia el otro, pero a la larga este hambre fructifica y hace bien". Por eso debemos pedirle al Señor esta gracia: adaptar nuestra vida "a esta nueva Ley, que es la Ley de la mansedumbre, la Ley del amor, la Ley de la paz, y por lo menos 'podar' un poco nuestra lengua, ‘podar’ un poco los comentarios que hacemos sobre los demás y las explosiones que nos conducen al insulto o a la ira fácil. ¡Que el Señor nos conceda a todos esta gracia!”.
“Quisiera dar gracias al Señor también --concluyó el papa, por la feliz coincidencia de que el arzobispo mayor de los ucranianos, monseñor Sviatoslav Shevchuk, que había sido obispo en Buenos Aires, “esté en Roma para la reunión de la Secretaría del Sínodo. Por lo tanto, pudo participar con nosotros en esta nostalgia argentina”.

12 junio 2013

Abran las puertas de la Iglesia para que entren. Y salgamos a anunciar el evangelio

El Papa en la Audiencia de hoy


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy voy a referirme brevemente a otro de los términos con los que el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia, aquel de "Pueblo de Dios" (cf. Const. dogm. Lumen Gentium, 9; Catecismo de la Iglesia Católica, 782). Y lo hago con una serie de preguntas, sobre las que cada uno podrá reflexionar.
1. ¿Qué quiere decir ser "Pueblo de Dios"? En primer lugar, significa que Dios no pertenece solamente a un pueblo; porque es Él quien nos llama, nos convoca, nos invita a ser parte de su pueblo, y esta invitación es abierta a todos, sin distinción, porque la misericordia de Dios "quiere que todos los hombres se salven" (1 Tim. 2,4). Jesús no le dice a los apóstoles y a nosotros para formar un grupo exclusivo, un grupo de elite. Jesús dice: Vayan y hagan discípulos a todas las naciones (cf. Mt. 28,19). San Pablo dice que en el pueblo de Dios, en la Iglesia, "no hay judio ni griego... porque todos son uno en Cristo Jesús" (Gal. 3,28). Me gustaría decirle incluso a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a quienes tienen miedo o son indiferentes, a los que piensan que ya no pueden cambiar: ¡el Señor también te está llamando a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor! Él nos invita a ser parte de este pueblo, el pueblo de Dios.
2. ¿Cómo se convierte uno en miembro de este pueblo? No es a través del nacimiento físico, sino por un nuevo nacimiento. En el evangelio, Jesús le dice a Nicodemo que hay que nacer de lo alto, del agua y del Espíritu para entrar en el Reino de Dios (cf. Jn. 3,3-5). Y es por el bautismo que somos incorporados a este pueblo, a través de la fe en Cristo, don de Dios que hay que cuidar y cultivar durante toda nuestra vida. Preguntémonos: ¿cómo hago crecer la fe que he recibido en mi bautismo? ¿Cómo puedo hacer crecer esa fe que he recibido y que el pueblo de Dios conserva?
3. La otra pregunta. ¿Cuál es la ley del pueblo de Dios? Es la ley del amor, amor a Dios y amor al prójimo, según el mandamiento nuevo que el Señor nos ha dejado (cf. Jn 13,34). Un amor, pero que no es un sentimentalismo estéril o algo vago, sino que es el reconocimiento de Dios como único Señor de la vida y, al mismo tiempo, el aceptar al otro como un verdadero hermano, superando divisiones, rivalidades, incomprensiones, egoísmos; las dos cosas van de la mano. ¡Cuánto camino nos falta recorrer para vivir de manera concreta esta nueva ley, la del Espíritu Santo que actúa en nosotros, la de la caridad, del amor! Cuando vemos en los periódicos o en la televisión tantas guerras entre cristianos, ¿cómo puede suceder esto? En el interior del pueblo de Dios, ¡cuántas guerras! En los barrios, en los lugares de trabajo,¡cuántas guerras a causa de la envidia y de los celos! Incluso en la misma familia, ¡cuántas guerras internas! Debemos pedirle al Señor que nos ayude a comprender esta ley del amor. ¡Qué hermoso es amarnos unos a otros como verdaderos hermanos¡ Hagamos algo hoy. Tal vez todos tenemos gustos y pocas simpatías; tal vez muchos de nosotros estamos un poco enojados con alguien; entonces digamos al Señor: Señor, estoy enojado con este o esta; te pido por él y por ella. Orar por aquellos con los que estamos enojados es un buen paso en esta ley de amor. ¿Lo hacemos? ¡Vamos a hacerlo hoy mismo!
4. ¿Qué misión tiene este pueblo? Aquella de traer al mundo la esperanza y la salvación de Dios: ser un signo del amor de Dios que nos llama a todos a una amistad con Él; ser la levadura que hace fermentar toda la masa, la sal que da sabor y preserva de la corrupción, ser una luz que ilumina. A nuestro alrededor, basta abrir un periódico -lo dije-y vemos que existe la presencia del mal, el Diablo actúa. Pero quiero decirlo en voz alta: ¡Dios es más fuerte! ¿Ustedes creen en esto, que Dios es más fuerte? Entonces lo decimos juntos, lo decimos todos juntos: ¡Dios es más fuerte! ¿Y saben por qué es más fuerte? Porque Él es el Señor, el único Señor. Y yo añadiría que la realidad a veces sombría, marcada por el mal, se puede cambiar, si nosotros somos los primeros que llevamos la luz del evangelio, sobre todo con nuestras vidas. Si en un estadio --pensemos en el Olímpico aquí de Roma, o el de San Lorenzo en Buenos Aires--, en una noche oscura, una persona enciende una luz, apenas se puede ver.., pero si los más de setenta mil espectadores encienden cada uno su propia luz, el estadio se ilumina. Hagamos que nuestra vida sea una luz de Cristo; juntos llevaremos la luz del evangelio a todas las realidades.
5. ¿Cuál es el fin de este pueblo? El fin es el Reino de Dios, que se inició en la tierra por Dios mismo, y que debe ampliarse hasta el cumplimiento, cuando se manifestará Cristo, nuestra vida (cf. Lumen Gentium, 9). El objetivo es, pues, la plena comunión con el Señor, la familiaridad con el Señor, entrar en su misma vida divina, donde viviremos la alegría de su amor sin medida, una alegría completa.
Queridos hermanos y hermanas, ser Iglesia, ser pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre, quiere decir ser el fermento de Dios en nuestra humanidad, quiere decir proclamar y llevar la salvación de Dios en este nuestro mundo, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, dando nueva fuerza en el camino.
Que la Iglesia sea el lugar de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado, animado a vivir la vida buena del evangelio. Y para que el otro se sienta acogido, amado, perdonado, alentado, la Iglesia debe estar con las puertas abiertas, para que todos puedan entrar. Y nosotros tenemos que salir de aquellas puertas y anunciar el evangelio.

11 junio 2013

Una Iglesia rica no, una Iglesia pobre, sí

El Papa en la misa de hoy


El evangelio es proclamado con sencillez y generosidad: es lo que ha subrayado esta mañana el papa durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El papa también reiteró que, en la Iglesia, el testimonio de la pobreza nos salva de convertirnos en meros organizadores de las obras.
Y advirtió que cuando queremos hacer una "Iglesia rica", la Iglesia "envejece", "no tiene vida".
Dar gratuitamente
"No procurarse ni oro ni plata, ni dinero en sus carteras". Así ha desarrollado Francisco su homilía, partiendo de la exhortación dirigida por Jesús a los apóstoles, enviados a proclamar el Reino de Dios. Un anuncio --ha dicho--, que el Señor "quiere que hagamos con simplicidad". Esa simplicidad "que da paso a la fuerza de la Palabra de Dios", porque si los apóstoles no habrían tenido "confianza en la Palabra de Dios", "tal vez hubieran hecho otra cosa". El papa por lo tanto ha identificado la "palabra clave" del encargo dado por Jesús: "Han recibido gratuitamente, dénlo gratuitamente". Todo es gracia, añadió, y "cuando lo que queremos es actuar en un modo en que la gracia" es "dejada un poco de lado, el evangelio no es eficaz":
"La predicación del evangelio nace de la gratuidad, del asombro de la salvación que viene, y aquello que me dieron de forma gratuita, tengo que darlo de forma gratuita. Y desde el inicio aquello fue así. San Pedro no tenía una cuenta bancaria, y cuando tuvo que pagar impuestos, el Señor lo envió al mar para pescar y encontrar la moneda dentro del pescado, para pagar. Felipe, cuando se encontró con el ministro de Economía de la reina Candace, no pensaba, 'Ah, bien, hagamos una organización para sostener el evangelio...' ¡No! Él no hizo un "negocio" con él: sino que le predicó, bautizó y se fue".
Hacia una Iglesia pobre
El Reino de Dios, continuó, "es un regalo". Y señaló que, desde el inicio de la comunidad cristiana, esta actitud ha sido sometida a la tentación. Allí está, dijo, "la tentación de buscar la fuerza" en otro lugar que no fuera en la gratuidad, mientras que "nuestra fuerza es la gratuidad del evangelio". Por otra parte, ha destacado que "siempre, en la Iglesia, ha habido esta tentación." Y esto crea "un poco de confusión", pues, "el anuncio parece ser proselitismo, y de esa manera no va". El Señor, añadió, "nos ha invitado a predicar, no a hacer proselitismo". Citando a Benedicto XVI, ha insistido que "la Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción". Y esta atracción, dijo, viene del testimonio de "aquellos que desde la gratuidad anuncian la gratuidad de la salvación":
"Todo es gracia. Todo. ¿Y cuáles son las señales de cuando un apóstol vive esta gratuidad? Hay muchos, pero insisto solo en dos: en primer lugar, la pobreza. El anuncio del evangelio debe ir por el camino de la pobreza. El testimonio de esta pobreza: no tengo riquezas, mi riqueza es solamente el don que he recibido, Dios. Esta gratuidad: ¡esta es nuestra riqueza! Y esta pobreza nos salva de convertirnos en organizadores, empresarios... Se deben llevar a cabo las obras de la Iglesia, y algunas son un poco complicadas; pero con corazón de pobreza, no con corazón de inversionista o de un empresario, ¿no?"
"La Iglesia --añadió--, no es una ONG: es otra cosa, más importante, y nace de esta gratuidad. Recibida y anunciada". La pobreza, ha reiterado, "es uno de los signos de esta gratuidad". El otro signo, añadió el papa Francisco, "es la capacidad de alabanza: cuando un apóstol no vive esta gratuidad, pierde la capacidad de alabar al Señor". Alabar al Señor, de hecho, "es esencialmente gratuita, es una oración gratuita: no pedimos, solo alabamos".
"Estos dos son las señales de que un apóstol vive esta gratuidad: la pobreza y la capacidad de alabar al Señor. Y cuando encontramos apóstoles que quieren hacer una Iglesia rica y una Iglesia sin la gratuidad de la alabanza, la Iglesia envejece, la Iglesia se convierte en una ONG, la Iglesia no tiene vida. Pidamos hoy al Señor la gracia de reconocer esta gratuidad: "Gratuitamente han recibido, dénlo gratuitamente". Reconociendo esta gratuidad, este don de Dios. Y también nosotros, ir hacia adelante en la predicación del evangelio con esta gratuidad".

10 junio 2013

Las bienaventuranzas se entienden con un corazón abierto

Reflexión del Papa en la misa de hoy


La verdadera libertad nace del abrir la puerta del corazón al Señor. Esta ha sido la idea central del papa Francisco durante la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta. El santo padre dijo que la salvación es vivir en el consuelo del Espíritu Santo, no en el consuelo del espíritu del mundo. 
¿Qué es el consuelo para un cristiano? Francisco comenzó su homilía señalando que san Pablo, al comienzo de la segunda carta a los Corintios, utiliza varias veces la palabra consuelo. El Apóstol de los gentiles, añadió, "se dirige a los cristianos jóvenes en la fe", personas que "han comenzado hace poco el camino de Jesús". E insiste en esto, aunque "no todos fueron perseguidos". Eran gente normal "pero que habían encontrado a Jesús". Esto, dijo, "es un cambio de vida tal, que se necesitaba una fuerza especial de Dios", y esta fuerza es el consuelo. El consuelo, volvió a decir, "es la presencia de Dios en nuestro corazón". Pero, advirtió, para que el Señor "esté en nuestro corazón, se debe abrir la puerta", requiere nuestra "conversión":
"La salvación es esto: vivir en el consuelo del Espíritu Santo, no vivir en el consuelo del espíritu del mundo. No, esa no es salvación, eso es pecado. La salvación es seguir adelante y abrir el corazón, para que llegue ese consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación. ¿Pero no se puede negociar un poco de aquí y un poco de allá? Hacer como una ensalada de frutas, digamos, ¿no? Un poco del Espíritu Santo, un poco del espíritu del mundo... ¡No! Una cosa o la otra".
El Señor, prosiguió, fue claro: "No se puede servir a dos amos: porque o se sirve al Señor, o se sirve al espíritu del mundo". No se puede "mezclar". He aquí, pues, que cuando estamos abiertos al Espíritu del Señor, podemos entender la "nueva ley que el Señor nos trae: las Bienaventuranzas", de las que habla el evangelio de hoy. Estas bienaventuranzas, añadió, "solo se entienden si uno tiene un corazón abierto, se entienden mediante el consuelo del Espíritu Santo", mientras que "no se pueden entender solo con la inteligencia humana":
"Son los nuevos mandamientos. Pero si no tenemos el corazón abierto al Espíritu Santo, les parecerán una tontería. 'Pero mire, ser pobre, ser manso, ser misericordioso no parece ser una cosa que nos lleva al éxito'. Si no tenemos el corazón abierto y si no gozamos de aquel consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación, no se entiende esto. Esta es la ley para los que han sido salvados y han abierto su corazón a la salvación. Esta es la ley de los libres, con la libertad del Espíritu Santo".
Uno, dijo Francisco, "puede regular su vida, organizarla en una lista de mandamientos o procedimientos," una lista "meramente humana". Pero esto "al final no nos lleva a la salvación", solo un corazón abierto nos lleva a la salvación. Recordó que muchos estaban nteresados ​​en "examinar", la "nueva doctrina y luego discutir con Jesús". Y esto se daba porque "tenían el corazón cerrado en sus propias cosas", "cosas que Dios quería cambiar". ¿Por qué, entonces --se preguntó el papa--, hay personas que "tienen el corazón cerrado a la salvación?" Porque, respondió, "tenemos miedo de la salvación. La necesitamos, pero tenemos miedo", porque cuando el Señor venga "para salvarnos tenemos que darlo todo. ¡Y manda Él! Y tenemos miedo de esto", porque "queremos controlarlo nosotros". Y agregó que, con el fin de entender "estos nuevos mandamientos", necesitamos de la libertad que "nace del Espíritu Santo, que nos salva, que nos consuela" y "da la vida":
"Podemos pedir al Señor hoy la gracia de seguirlo, pero con esta libertad. Porque si queremos seguirle solamente con nuestra libertad humana, al final nos convertimos en hipócritas como aquellos fariseos y saduceos, aquellos que peleaban con Él. La hipocresía es lo siguiente: no permitir que el Espíritu cambie el corazón con su salvación. La libertad del Espíritu, que nos da el Espíritu, es también una especie de esclavitud, pero una "esclavitud" al Señor que nos hace libres, es otra libertad. En cambio, nuestra libertad es una esclavitud, pero no para el Señor, sino para el espíritu del mundo. Pidamos la gracia de abrir nuestro corazón al consuelo del Espíritu Santo, para que este consuelo, que es la salvación, nos permita comprender bien estos mandamientos".

09 junio 2013

Hoy no nos olvidemos del amor de Dios.

Él nos perdona siempre

Franciso en el Ángelus


¡Queridos hermanos y hermanas!

El mes de junio es dedicando tradicionalmente al Sagrado Corazón de Jesús, la máxima expresión humana del amor divino. Justamente el viernes pasado hemos celebrado la solemnidad del Corazón de Cristo y esta fiesta le imprime el tono a todo el mes. La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios. Pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que represente el centro, la fuente de la cual brotó la salvación para toda la humanidad”.
En los evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo el pasaje en el que Cristo mismo dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansado y opresos, y yo les daré reposo. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,28-29).
Fundamental es la narración de Juan sobre la muerte de Cristo. Este evangelista de hecho da testimonio de lo que vio en el Calvario. O sea que un soldado, cuando Jesús ya estaba muerto, le atravesó el costado con la lanza y de esa herida fluyeron sangre y agua (Cfr. Gv19,33-34). Juan reconoce en este hecho, aparentemente casual, el inicio de las profecías: del corazón de Jesús, como un cordero inmolado en la cruz, viene para todos los hombres el perdón y la vida.
Pero la misericordia de Jesús no es solamente un sentimiento, es mucho más. ¡Es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!. Lo dice también el evangelio de hoy, en el episodio de la viuda de Nain (Lc 7,11-17).Jesús con sus discípulos está llegando justamente a Nain, un pueblo de Galilea, en el momento mismo en que se está realizando un funeral: cargan a un joven para enterrarlo, hijo único de una mujer viuda. La mirada de Jesús se fija en seguida sobre la madre en lágrimas.
Dice el evangelista Luca: “Al verla el Señor fue tomado de gran compasión por ella” (v.13). Esta “compasión es el amor de Dios por el hombre, es la misericordia, o sea la actitud de Dios hacia la miseria humana, hacia nuestra indigencia, en el sufrimiento, en la angustia. El término bíblico “compasión” llama a las vísceras maternas: la madre de hecho, tiene una reacción particular delante del dolor de los hijos. Así nos ama Dios, dice la escritura.
¿Y cuál es el fruto de este amor? ¡Es la vida! Jesús le dijo a la viuda de Nain: “¡No llores!”, y entonces llamó al joven muerto y lo despertó como de un sueño(cfr vv. 13-15).
La misericordia de Dios le da la vida al hombre, lo resucita de la muerte. El Señor nos mira siempre con misericordia, nos espera con misericordia. ¡No tengamos temor de acercarnos a Él! ¡Hay un corazón misericordioso! Si le mostramos nuestras heridas interiores, nuestros pecados, ¡Él siempre nos perdona. Es pura misericordia!
Dirijamonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, su corazón de madre ha compartido al máximo la 'compasión' de Dios, especialmente en la hora de la pasión y muerte de Jesús. Nos ayude María a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos.
A continuación el santo padre rezó la oración del ángelus y después dirigió otras palabras.
Hoy en Caracovia son proclamadas beatas dos religiosas polacas: Sofía Czeska Maciejowska que en la primera mitad del siglo XVII fundó la Congregación de las Vírgenes de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María. Y Margarita Lucia Szewczyk, que en el siglo XIX fundó la Congregación de las Hijas de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. ¡Con la Iglesia que está en Cracovia, demos gracias al Señor!
Saludo con afecto a todos los peregrinos hoy presentes: grupos parroquiales, familias, escolares, asociaciones y movimientos. Saludo también a los fieles venidos de Mumbay (India).
Saludo al Movimiento del Amor Familiar de Roma; a las confraternidades y a los voluntarios del Santuario de Mongiovino, en Perusa; a la Juventud Franciscana de Umbria; a la Casa de la Caridad, de Lecce; a los fieles de la provincia de Módena, a quienes animo a la reconstrucción; y a aquellos de Ceprano. Saludo a los peregrinos de Ortona, en donde se veneran las reliquias del apóstol Tomás, quienes realizaron un camino de 'Tomás a Pedro'. ¡Gracias!
El santo padre entonces improvisó unas últimas palabras: “Hoy no nos olvidemos del amor de Dios, del amor de Jesús. Él nos mira, nos ama, nos espera. Es todo corazón, toda misericordia. Vamos con confianza hacia Jesús, Él nos perdona siempre. ¡Buen domingo y buen provecho!

08 junio 2013

Hay que dejarse amar por Dios

El papa en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús


Dejarse amar por el Señor con ternura es difícil, pero es lo que tenemos que pedirle a Dios. Esta fue la invitación del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.
Jesús nos amó tanto, no con palabras sino con hechos y con su vida. El papa lo repitió varias veces en la homilía de hoy, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que él llama "la fiesta del amor", de un "corazón que ha amado tanto". Un amor que, como repetía San Ignacio, "se manifiesta más en las obras que en las palabras" y que es especialmente "más un dar que recibir".
Bases del amor de Dios
"Estos dos criterios --destacó el papa--, son como los pilares del amor verdadero", y es el Buen Pastor el que representa en todo el amor de Dios. Él conoce a sus ovejas una a una, "porque el amor no es amor abstracto o general: es el amor hacia cada uno".
"Un Dios que se hace cercano por amor, camina con su pueblo, y este caminar llega a un punto que es inimaginable. Nunca se puede pensar que el mismo Señor se hace uno de nosotros y camina con nosotros, se queda con nosotros, permanece en su Iglesia, en la Eucaristía sigue presente, sigue estando en su Palabra, permanece en los pobres, se queda con nosotros para caminar. Y esta es la cercanía: el pastor cerca de su rebaño, cerca de sus ovejas, que las conoce una por una".
Explicando todavía un pasaje del libro del profeta Ezequiel, Francisco pone de relieve otro aspecto del amor de Dios: el cuidado de la oveja perdida y por aquella herida y enferma:
"¡La ternura! Pero si el Señor nos ama tiernamente. El Señor sabe aquella hermosa ciencia de las caricias, aquella ternura de Dios. No se ama con las palabras. Él se acerca --cercanía--, y nos da aquel amor con ternura. ¡Cercanía y ternura! Estos dos estilos del Señor que se hace cercano y da todo su amor con las cosas aún más pequeñas: con la ternura. Y este es un amor fuerte, porque la cercanía y la ternura nos hacen ver la fortaleza del amor de Dios ".
Llamados a amar
"Pero ¿ustedes aman como yo los he amado?", fue esta la pregunta que se plantea el papa, haciendo hincapié en cómo el amor debe "hacerse cercano al projimo", debe ser "como el del buen samaritano", y en particular, en el signo de la "cercanía y la ternura". ¿Pero cómo devolver todo este amor al Señor? Este fue el otro punto en el que se detuvo Francisco: sin duda "amándolo", hacerse "cercano a Él", "tierno con Él", pero esto no es suficiente:
"Esto puede sonar como una herejía, ¡pero es la verdad más grande! Más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él! La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar. Dejar que Él esté cerca de nosotros y sentirlo cerca. Permitirle que sea tierno, que nos acaricie. Eso es muy difícil: dejarse amar por Él. Y esto es quizás lo que debemos pedir hoy en la misa: "Señor, yo quiero amarte, ¡pero enséñame la difícil ciencia, el difícil hábito de dejarme amar por Tí, de sentirte cercano y tierno!. Que el Señor nos dé esta gracia".