25 octubre 2018

‘Milagros cotidianos’


Valiente discurso en defensa de la Iglesia de Nikki Haley, embajadora de EEUU en la ONU
Por las cenas benéficas que organiza cada año la fundación católica Al Smith, dependiente del Arzobispado de Nueva York, han pasado presidentes de Estados Unidos, candidatos, gobernadores o grandes empresarios. Es un momento en el que el humor sustituye a la contienda política e incluso ha llegado a unir en la misma mesa a adversarios casi irreconciliables como Donald Trump y Hillary Clinton. El objetivo no es otro que recaudar fondos para los niños más desfavorecidos de la archidiócesis
En esta 73ª edición la invitada estrella ha sido Nikki Haley, hasta ahora embajadora de Estados Unidos en Naciones Unidas y que hace apenas dos semanas anunció que a finales de año dejará el cargo. Con apenas 46 años y habiendo sido ya gobernadora en Carolina del Sur, los analistas políticos apuntan a un importante futuro político al más alto nivel a corto o medio plazo.

Así ha visto a la Iglesia desde su cargo en la ONU

En su cargo como embajadora ante la ONU ha mostrado el carácter provida y profamilia que ya mostró siendo la gobernadora más joven del país. Y además, ha destacado en el organismo internacional por su férrea defensa de una libertad religiosa real, y especialmente de las minorías perseguidas como los cristianos en Oriente Medio.
En su discurso en la cena benéfica de Al Smith, una vez realizadas las bromas de rigor que se realizan en este tipo de eventos, hizo una alabanza del papel que realiza la Iglesia Católica cada día lejos de los focos mediáticos. Y lo hizo desde su experiencia que ha atesorado como embajadora en estos casi dos años.
Haley lo definió como los “milagros cotidianos” de la Iglesia a través de un “trabajo increíble” que ayuda a “millones de personas desesperadas” en todo el mundo”.

La luz de la Iglesia en los lugares "oscuros"

La todavía embajadora aseguró que durante su trabajo diplomático ha estado en algunos “lugares verdaderamente oscuros” donde el sufrimiento sufrido por muchas personas sería “difícil de imaginar para la mayoría de los estadounidenses”.
“He estado en la frontera entre Colombia y Venezuela, donde las personas caminan tres horas bajo el sol abrasador para obtener la única comida que tendrán ese día. ¿Quién está dando esa comida? La Iglesia Católica”, dijo Nikki Haley a los presentes.
Prosiguiendo con su discurso afirmaba: “He estado en campamentos de refugiados en África Central donde secuestran a niños y los obligan a convertirse en niños soldados y violan a las niñas de manera rutinaria. ¿Quién estaba a la vanguardia para cambiar esta cultura de corrupción y violencia? La Iglesia Católica”.

Que los escándalos no impidan ver el bien que realiza

Nikki Haley no rehuyó la polémica sobre los abusos sexuales que está sacudiendo a la Iglesia, especialmente en Estados Unidos. Recalcó que “el lugar de la Iglesia debe estar con las víctimas para llevar el dolor con ellas. Sé que los líderes de la Iglesia reconocen su profunda responsabilidad a la hora de abordar esta falla moral, y está tomando medidas”.
Pero a la vez, la embajadora ante la ONU insistió en que sería “trágico” si estos escándalos hicieran al mundo ciego para ver “las increíbles buenas obras que la Iglesia Católica hace todos los días”.
Además habló, tal y como recoge Catholic News Agency, de las obras globales de caridad, educación y atención médica de la Iglesia como “milagros cotidianos”, que son para ella el verdadero “camino de la Iglesia”.

Hija de emigrantes indios de religión shikh

Nikki Haley fue elegida embajadora de EEUU ante la ONU por Trump a pesar de que esta joven política republicana se había convertido en uno de sus grandes críticos dentro del partido. Sin embargo, el presidente valoró de ella su claridad de ideas en cuanto a la defensa de la vida, la familia y la libertad religiosa, pilares en los que ha basado su trabajo en Naciones Unidas.
Esta mujer de 46 años es hija de emigrantes indios procedentes de la región de Punjab que llegaron a Carolina del Sur en 1969. Ella ya nació en Estados Unidos y aunque sus padres eran de la religión Sihk, se convirtió al cristianismo ya como adulta.

Su conversión al cristianismo

En un discurso que pronunció en la Cumbre de Libertad Religiosa, Haley hablaba también de su fe al asegurar que “tengo la suerte de beneficiarme de la tolerancia religiosa. Mis padres emigraron a una pequeña ciudad en Carolina del Sur desde la India en 1969 como miembros de la fe sikh. Mi padre llevaba un turbante y todavía lo lleva a día de hoy. Fuimos la primera familia indo-americana en nuestra pequeña ciudad”.
“Hace veinte años, mi viaje de fe me llevó a cristianismo”, aseguró, concretamente a la iglesia metodista. En ella, agregó, “he encontrado una gran fortaleza en mi fe y confianza en mi corazón, pero soy una persona humilde en mi fe. No pretendo tener la sabiduría para saber lo que Dios tiene reservado para mí o para otras personas”.

Una defensa firme de la libertad religiosa

Sin embargo, Halley indicó que lo que sí sabe es que “hay muchos lugares en el mundo en los que mi viaje de fe hubiera sido imposible, lugares donde los gobiernos les niegan a sus habitantes el derecho a elegir su fe, o el derecho a tener una fe”.
“Aquí no sólo protegemos nuestro derecho inalienable de conocer la gracia de Dios, también sabemos que la verdadera gracia no puede ser impuesta por el gobierno. Debe ser abrazada libremente desde dentro”, explicó.
Su intervención sobre el papel de la Iglesia puede verse a partir del minuto 13:15
Para acabar aquel discurso, la todavía embajadora avisó que “la negación de la libertad religiosa es el autoritarismo último. Limitar o negar la libertad religiosa es una forma clave para que los gobiernos ejerzan el control sobre su gente”.
Donde hay tolerancia religiosa, hay tolerancia política. Y donde hay tolerancia política, hay paz, seguridad y prosperidad”, concluyó.

24 octubre 2018

El problema de ser tonto

Todos tenemos limitaciones, y demostramos inteligencia al advertirlas, procurar aceptarlas y superarlas poco a poco. El tonto, en cambio, no las advierte, y si las advierte, intenta disimularlas a todo trance, y eso nunca sale bien
"Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. El perspicaz se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello, hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia".
"El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece sensatísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se instala en su propia torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles".
"El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio jamás".
Estas reflexiones de Ortega y Gasset resultan muy interesantes para todos, porque todos tenemos algo de necedad, y sobre todo porque sólo demostramos ser inteligentes cuando sabemos advertirla y escapar de ella con normalidad.
Nos manifestamos inteligentes precisamente, cuando advertimos que con nuestras intuiciones totalmente previsibles, con nuestra aburrida reiteración de prejuicios y estereotipos, con nuestra incapacidad para cambiar de punto de vista sobre las personas o los asuntos, o con nuestro ridículo empeño en aparecer como personas más documentadas e inteligentes de lo que somos, lo que demostramos en realidad con todo eso es que no hemos advertido que estábamos a dos dedos de ser tontos, o que lo hemos advertido pero no hemos sabido parar a tiempo.
Todos incubamos necedad, y quizá debemos seguir el consejo de Ortega y atrevernos a dar un paseo más allá de nuestras seguridades, esforzarnos por contrastar nuestra visión de las cosas con las de otras personas, a las que quizá hasta ahora, hemos menospreciado sin molestarnos mucho en entenderlas.

Ser tonto no es tener mayor o menor coeficiente intelectual.
Todos conocemos personas con un CI modesto, pero con una
enorme sensatez. Y personas supuestamente muy inteligentes,
pero tan engreídas que son verdaderamente tontas

Los tontos han llegado a serlo a base de repetir actuaciones en las que les ciega una vanidad tonta, una susceptibilidad necia, una suficiencia estúpida o una envidia torpe.
Todos tenemos limitaciones, y demostramos inteligencia al advertirlas, procurar aceptarlas y superarlas poco a poco. El tonto, en cambio, no las advierte, y si las advierte, intenta disimularlas a todo trance, y eso nunca sale bien.
Para no hacer el tonto, lo primero es estar dispuestos a reconocer la verdad de las cosas. "No conozco otro modo de extirpar un defecto o un vicio personal que declararlo y ponerlo sobre la mesa de la sinceridad", escribió Gregorio Marañón. Si somos sinceros advertiremos que con demasiada frecuencia nos empeñamos en mantener nuestra opinión aunque sea manifiestamente mejorable, o queremos aparentar una seguridad que no tenemos y hacemos entonces el ridículo más espantoso, o estamos demasiado pendientes de nuestro rango y resultamos patéticos.
Ser tonto tiene mucho que ver con el prejuicio y el estereotipo, pues ambos son jubilaciones del esfuerzo por pensar. Enjuiciamos todo con arreglo a lo que nos cae bien, a nuestra intuición quizá un poco apolillada por manías y obstinaciones. Nos dejamos llevar por antojos intelectuales que conducen a la ofuscación y a la terquedad. Permitimos que las ideas fijas sustituyan al pensamiento abierto y libre. Perdemos así la lozanía mental y nos aproximamos paso a paso al problema de ser tonto.

La esperanza es un encuentro

El Papa ayer en Santa Marta

Dos palabras destacan en la liturgia de hoy: “ciudadanía” y “heredad”. De ciudadanía nos habla la Primera Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios (2,12-22). Es un regalo que Dios nos hace el de habernos hecho ciudadanos, y consiste en habernos dado una identidad, un carnet de identidad. Dios en Jesús ha abolido la Ley para reconciliarnos, eliminando la enemistad, y “así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu”, o sea nos ha hecho uno. Así pues, “conciudadanos de los santos” en Jesús. Y nuestra identidad es precisamente ese ser curados por el Señor, ser construidos en comunidad y tener el Espíritu Santo dentro.  
Dios, pues, nos hace caminar hacia la heredad, con esa seguridad, la de ser conciudadanos y que Dios está con nosotros. Y la heredad es lo que buscamos en nuestro camino, lo que recibiremos al final. Pero hay que buscarlo cada día, y lo que nos lleva adelante en el camino de nuestra identidad hacia la heredad es precisamente la esperanza, la virtud quizá más pequeña, quizá la más difícil de entender. Fe, esperanza y caridad son un don. La fe es fácil de comprender, igual que la caridad. Pero la esperanza, ¿qué es? Sí, es esperar el Cielo, encontrar a los santos, una felicidad eterna. Pero, ¿qué es el cielo, para ti? Vivir en esperanza es caminar, sí, hacia un premio, a la felicidad que no tenemos aquí pero la tendremos allá… es una virtud difícil de entender. Es una virtud humilde, muy humilde. Es una virtud que nunca defrauda: si esperas, jamás serás desilusionado. Nunca, jamás. Es también una virtud concreta. Pero, ¿cómo puede ser concreta, si no conozco el cielo o lo que me espera? La esperanza, la heredad nuestra que es la esperanza de algo, no es una idea, no es estar en un sitio hermoso… no. Es un encuentro. Jesús siempre subraya esta parte de la esperanza, ese estar a la espera, encontrar.
En el Evangelio de hoy (Lc 12,35-38) se habla del encuentro del dueño cuando vuelve de las bodas. Así que siempre es un encuentro con el Señor, algo concreto. A mi se me viene a la cabeza, cuando pienso en la esperanza, una imagen: la mujer embarazada, la mujer que espera un niño. Va al médico, le enseña la ecografía –“ah, sí, el bebé… bien”. ¡Está alegre! Y todos los días se toca la panza para acariciar al niño, vive esperando a ese hijo. Esta imagen nos puede hacer entender qué es la esperanza: vivir para ese encuentro. Esa mujer imagina cómo serán los ojos del hijo, cómo será la sonrisa, cómo será, rubio o moreno…, imagina el encuentro con el hijo. Imagina el encuentro con su hijo. Esta imagen de la mujer encinta puede ayudar a comprender qué es la esperanza y hacerse algunas preguntas: ¿Yo espero así, concretamente, o espero un poco difuso, un poco gnósticamente? La esperanza es concreta, es de todos los días, porque es un encuentro. Y cada vez que encontramos a Jesús en la Eucaristía, en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, estamos dando un paso más hacia ese encuentro definitivo. La sabiduría de saber gozar de los pequeños encuentros de la vida con Jesús, preparando aquel encuentro definitivo.
La palabra identidad es en referencia al habernos hecho una comunidad, y la heredad es la fuerza con que el Espíritu Santo nos lleva adelante con la esperanza. ¿Qué cristiano soy yo: me espero en heredad un cielo en abstracto o un encuentro?

Dimensión emocional y sexual del amor

El Papa en la Audiencia General

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En nuestro itinerario de catequesis sobre los Mandamientos, llegamos hoy a la Sexta Palabra, que concierne a la dimensión emocional y sexual, y dice: “No cometerás adulterio”. La llamada inmediata es a la fidelidad, y de hecho, ninguna relación humana es auténtica sin fidelidad y lealtad.
Uno no puede amar solo mientras “conviene”. El amor se manifiesta más allá del umbral del propio interés, cuando se da todo sin reservas. Como dice el Catecismo: “El amor quiere ser definitivo. No puede ser “hasta nuevo aviso” (No. 1646). La fidelidad es la característica de una relación humana libre, madura y responsable. También un amigo demuestra que es auténtico cuando sigue siéndolo en todas las circunstancias; de lo contrario no es un amigo. Cristo revela el amor verdadero, Él, que vive del amor ilimitado del Padre, y en virtud de esto, es el Amigo fiel que nos acoge incluso cuando cometemos errores y siempre quiere nuestro bien, incluso cuando no lo merecemos.
El ser humano necesita ser amado sin condiciones, y quien no recibe esta acogida a menudo se siente incompleto, incluso sin saberlo. El corazón humano trata de llenar este vacío con sucedáneos, aceptando componendas y mediocridades  que del amor tienen solo un vago sabor. El riesgo es llamar “amor” a las relaciones acerbas e inmaduras, con la ilusión de encontrar luz de vida en algo que, en el mejor de los casos, es solo un reflejo de ello.
Sucede entonces que se sobrestima, por ejemplo,  la atracción física, que en sí misma es un don de Dios, pero que está orientada a allanar el camino para una relación auténtica y fiel con la persona. Como decía San Juan Pablo II, el ser humano “está llamado a la plena y madura espontaneidad de las relaciones”, que “es el fruto gradual del discernimiento de los impulsos del corazón”. Es algo que se conquista, ya que todo ser humano “debe aprender con perseverancia y coherencia cual es el significado del cuerpo” (cf. Catequesis, 12 de noviembre de 1980).
La llamada a la vida conyugal requiere, por lo tanto, un discernimiento cuidadoso sobre la calidad de la relación y un tiempo de noviazgo para verificarla. Para acceder al sacramento del matrimonio, los novios deben madurar la certeza de que en su vínculo está la mano de Dios, que los precede y los acompaña, y les permitirá decir: “Con la gracia de Cristo, prometo serte fiel siempre ” . No pueden prometerse fidelidad  “en la alegría y en las penas, en la salud y en la enfermedad”, y amarse y honrarse todos los días de sus vidas, solo sobre la base de la buena voluntad o la esperanza de que “la cosa funcione”. Necesitan construir sobre el terreno sólido del amor fiel de Dios. Y por eso, antes de recibir el sacramento del matrimonio, hace falta una preparación cuidadosa, diría un catecumenado, porque se juega toda la vida en el amor, y con el amor no se bromea. No se puede definir como “preparación al matrimonio”, tres o cuatro conferencias dadas en la parroquia; no, eso no es preparación: esa es falsa preparación. Y la responsabilidad de quien lo hace recae sobre él: sobre el párroco, sobre el obispo que tolera estas cosas. La preparación debe ser madura y hace falta tiempo. No es un acto formal; es un Sacramento. Pero hay que prepararlo como un auténtico catecumenado.
La fidelidad es, en efecto, una forma de ser, una forma de vida. Se  trabaja con lealtad, se habla con sinceridad, se permanece fiel a la verdad en los propios pensamientos y acciones. Una vida tejida de fidelidad se expresa en todas las dimensiones y conduce a ser hombres y mujeres fieles y confiables en todas las circunstancias.
Pero para llegar a una vida tan hermosa, nuestra naturaleza humana no es suficiente, es necesario que la fidelidad de Dios entre en nuestra existencia, que nos contagie.  Esta Sexta Palabra nos llama a dirigir nuestra mirada a Cristo, quien con su fidelidad puede quitarnos un corazón adúltero y darnos un corazón fiel. En él, y solo en él, hay amor sin reservas ni replanteamientos, entrega completa sin paréntesis y tenacidad de la aceptación hasta el final.
De su muerte y resurrección se deriva nuestra fidelidad, de su amor incondicional se deriva la constancia en las relaciones. De la comunión con Él, con el Padre y con el Espíritu Santo se deriva la comunión entre nosotros y la capacidad de vivir con fidelidad nuestros lazos.

23 octubre 2018

“La fe tiene su proceso, como lo experimentó el ciego de nacimiento”

P. Antonio Rivero, L.C.


DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo B
Textos: Jer 31, 7-9; Heb 5, 1-6; Mc 10, 46-52
Idea principalProceso de fe e iluminación de este ciego hasta llegar a Jesús, encontrarse con Él, recibir la curación y seguirlo.
Síntesis del mensaje: la dinámica de la fe es la esencia del discipulado, porque sólo la adhesión total –la comunión estrecha con el Maestro- hace posible el seguimiento de él en todos los aspectos de la vida. Este hombre ciego y pobre es el modelo del que sabe responder al llamado de Jesús: “¡Ánimo, levántate, el Maestro te llama!” (10,49), pasando del estar “sentado a la orilla del camino” (10,46) al “seguirlo por el camino” (10,52).
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, veamos la situación de este ciego. A la orilla del camino, aparece Bartimeo, humilde ciego y mendigo, quien ha ido a acomodarse en el lugar preciso por el que deben pasar los peregrinos. Excluido de la vida religiosa por su misma enfermedad, y estaba solo. En esta época del año, en el que la gente es más generosa, el ciego espera captar más limosnas. Él ya sabe la estrategia para lograrlas, por eso está allí en su “lugar de trabajo”. Ciertas enfermedades –en este caso la ceguera- eran consideradas castigo de Dios. Así, a la situación de ceguera de Bartimeo, se sumaba el prejuicio social. Los ciegos, al igual que otros enfermos y las mujeres, estaban eximidos y excluidos de participar en las fiestas religiosas. Bartimeo es el símbolo del hombre que busca en Jesús la luz de la fe. Y como “la fe no es propia de los soberbios, sino de los humildes” (San Agustín, Catena Aurea VI, p. 297), este ciego fue premiado. La fe está a punto de hacer ese milagro: el ciego, al dejar su manto, deja tras de sí una “vieja” vida para asumir una nueva detrás de Jesús. Quien estaba al margen del camino, ahora sigue a Jesús, que es el “Camino”.
En segundo lugar, veamos el camino del ciego hacia Jesús.La rutina del mendigo se rompe, y para siempre, cuando toma información y se entera que muy cerca de él pasa Jesús. Proceso: Primero, escucha el paso de Jesús; la fe viene por el oído; y de la ceguera pasa a la visión y de la marginalidad en el camino pasa a ser su activo peregrino. Segundo, el grito de la fe: Bartimeo, reconociéndole como Mesías, clama misericordia. Su oración tiene como trasfondo la oración penitencial del Salmo 51 (“miserere”, ten piedad), pero también la promesa mesiánica de Isaías 35,2-5: “se despegarán los ojos de los ciegos”. Tercero, superación de los obstáculos: además de sus dos primeras limitaciones, su ceguera y su pobreza, es reprimido para que se calle; él es imagen del que entra en el Reino despojado, abandonado con absoluta confianza en la presencia y la palabra de Jesús. El despojo es todavía más radical cuando hace dos gestos: arroja el manto y, dando un salto, va hacia Jesús. El manto es el mayor bien de un pobre, lo único que le queda (cf. Éxodo 22,25-26), es su cobija para la noche, su abrigo para el frío, su recipiente para la limosna. Su salto (¡inaudito para un ciego!) es un gesto de confianza total, expresión de apoyo en la palabra de Jesús. ¿Resultado? El ciego logra su objetivo: Jesús, se detiene ante él y lo llama. El encuentro personal comienza con una pregunta de Jesús: “¿Qué quieres que te haga?”. Y termina con la curación. Bartimeo ha cambiado completamente de situación: era ciego y ahora ve, estaba sentado al borde del camino y ahora está en el camino, estaba solo y ahora está con Jesús y su grupo. También podemos suponer que al recobrar la vista e incorporarse a la comunidad habrá dejado de mendigar. Y todo termina con el seguimiento a Jesús. Ahora Jesús tiene un nuevo discípulo, quien ha recibido el don de la vista y se caracteriza por su fe.
Finalmente, y nosotros, ¿qué? Me regocija saber que Jesús se deja cambiar de rumbo ante mi pedido, que va a detenerse para escucharme a mí, como hizo con este ciego Bartimeo. Pero también pienso que a veces los reclamos de los necesitados me molestan y busco acallarlos o prefiero no oír. Quiero tener como maestro de oración a Bartimeo, que sabía qué pedir, cómo pedir, dónde pedir y no se dejaba tapar la boca ni siquiera por los que estaban cerca de Jesús. Bartimeo pedía limosna, pero cuando Jesús pasó, pidió lo que realmente quería, que era ver. Quiero tener esa franqueza y esa libertad delante de Dios, y pedirle lo que realmente necesito para mi vida. Sin palabrerías ni oraciones floridas ni fórmulas de otros, con mi necesidad.
Para reflexionar: Meditemos este texto de san Gregorio Magno: “Quien ignora el esplendor de la eterna luz, es ciego. Con todo, si ya cree en el Redentor, entonces ya está sentado a la vera del camino. Esto, sin embargo, no es suficiente. Si deja de orar para recibir la fe y abandona las imploraciones, es un ciego sentado a la vera del camino, pero sin pedir limosna. Solamente si cree y, convencido de la tiniebla que le oscurece el corazón, pide ser iluminado, entonces será como el ciego que estaba sentado en la vera del camino pidiendo limosna. Quienquiera que reconozca las tinieblas de su ceguera, quienquiera que comprenda lo que es esta luz de la eternidad que le falta, invoque desde lo más íntimo de su corazón, grite con todas las energías de su alma, diciendo: ‘Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí’” (Homil. in Ev. 2, 2.8).
Para rezarMi Señor, que yo vea con tus ojos, que yo vea el bien y su fecundidad en medio de tantas tinieblas.Que mis ojos de fe provoquen tu obrar misericordioso en beneficio de los pobres pecadores, de las almas. Padre mío, que mi alma se enriquezca con la luz de la fe que brote de unos ojos de fe… que yo vea… que yo te vea en todo y en todos… que mi fe me lance audazmente a confiar ciegamente esperándolo TODO de Ti.

22 octubre 2018

San Juan Pablo II

ISABEL ORELLANA VILCHES


«Prontamente beatificado y canonizado, la vida de este papa polaco es impactante. Su fortaleza y carisma, su forma de apurar el caliz mostrando el valor cristiano del sufrimiento sigue grabada en la retina de todos»
Karol Józef Wojtyła, aclamado pontífice Juan Pablo II, conmovió al mundo durante casi tres décadas del siglo XX. Sus gestos de bondad, la capacidad para llegar al corazón de creyentes y no creyentes, sus dotes de comunicador, los incesantes viajes apostólicos en los que no cesó de transmitir el amor de Dios, como hizo con su ingente obra, sedujeron a millones de jóvenes y adultos. El dolor humano, con su carácter de esencial ofrenda a Cristo, ha tenido en él uno de sus insignes valedores. Al ver los estragos del sufrimiento en su persona, todo el planeta pudo constatar la grandeza del mismo cuando se asume como él lo hizo. Así coronó su vida de entrega entrado el siglo XXI, siendo faro para todos los que sufren.
Nació en Wadowice, Cracovia, el 18 de mayo de 1920. Fue el menor de tres hermanos, aunque Olga apenas sobrevivió. Perdió a su madre a los 9 años y poco después a Edmund, el primogénito, un médico que se contagió en el ejercicio de su profesión. Sus padres dejaron en Karol fuertemente arraigada la semilla de la fe católica. Brillante en sus estudios, con una mente privilegiada, cursó filosofía en la universidad Jagellónica de Cracovia. Al mismo tiempo se vinculó a un círculo teatral. En esa época obtuvo varios galardones como jugador de ajedrez. En 1939, durante la invasión nazi, fue peón en una cantera y obrero en una fábrica química. Era un líder nato, joven atractivo, de carismática personalidad y singular magnetismo para atraer a la gente. Gozaba del respeto y admiración de sus compañeros, católicos idealistas y entusiastas, que conformaron el grupo Uniay que defendían a los más débiles. En 1941, en plena ocupación alemana, falleció su padre, oficial del ejército polaco.
La Gestapo iba tras él, y se recluyó en una buhardilla. Un sastre le dio a conocer a san Juan de la Cruz y se entusiasmó. En esa época se sintió llamado al sacerdocio. Tuvo que formarse en el seminario clandestino de Cracovia hasta que el arzobispo, cardenal Stefan Sapieha, acogió al grupo de aspirantes en su palacio. Ordenado sacerdote en noviembre de 1946, él lo envió a Roma. Estudió en el Angellicumdoctorándose en teología con una tesis sobre su estimado santo y reformador carmelita español. En Polonia fue vicario parroquial, capellán universitario y profesor de teología moral y de ética en el seminario y en las universidades Jagellónica y de Lublin; era afín al pensamiento deScheler, sobre el que hizo su tesis. En 1958 Pío XII lo designó obispo auxiliar de Cracovia. En 1962 participó en el Concilio Vaticano II, donde sus intervenciones sobre el ateísmo y la libertad religiosa no pasaron desapercibidas. Pablo VI lo nombró cardenal en 1967. Al fallecer Juan Pablo I, tras su fugaz asunción de la Cátedra de Pedro, fue elegido para sucederle; tomó el nombre de este antecesor.
A partir de entonces, este polaco, primero en ostentar la altísima misión como Vicario de Cristo en la tierra, inició un pontificado excepcional. Enamorado de la Eucaristía y devoto de María, supo llegar al corazón de todos con independencia de razas, credos, edades, profesiones… Fue un atleta de Cristo, sacerdote y obispo ejemplar, un gran Pastor. También filósofo y teólogo destacado, defensor de la moral y de los derechos humanos, de la cultura de la vida, amante de la paz y de la justicia, papa de los jóvenes y de las familias, adalid de los derechos del no nacido, de los ancianos y de los enfermos. Apóstol de la reconciliación que supo aglutinar a credos diversos en Asís abriendo una vía ecuménica del diálogo interreligioso de un valor incalculable. El papa viajero que recorrió el mundo una y otra vez abrazando y bendiciendo a todos. En su pontificado se registró la caída de la cortina de hierro y el desmoronamiento del imperio soviético, lo que es atribuido por muchos estudiosos a la presencia de un papa del este europeo.
El gravísimo atentado sufrido en mayo de 1981, poco a poco fue minando su salud. Perdonó al agresor y siguió viviendo alumbrado por Cristo y por María, que lo rescató de una muerte prematura, pudiendo llevar a cabo de manera heroica su responsabilidad. Afrontó magistralmente numerosos problemas y dificultades que se le presentaron. Fue un hombre de oración que mostró siempre una imponente fortaleza ante las adversidades. Los últimos años de su vida no ocultó al mundo su deterioro físico; se mantuvo al frente de la Sede de Pedro dando ejemplo de su inalterable fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Catorce encíclicas, once constituciones apostólicas y 1060 audiencias públicas celebradas dan prueba del alcance de su entrega y ardor apostólico. En uno de sus mensajes recordó: «La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte».Él lo cumplió con creces. Si se pudiera hablar en términos numéricos sería uno de los pocos pontífices que ostentó uno de los records más altos. Y no solo por los casi veintisiete años de duración de su pontificado, el tercero más largo de la historia. También por la muchedumbre que le siguió en directo y en diferido multiplicando sus palabras y gestos gracias a los diversos medios de comunicación. Ellos mostraron el dolor que produjo su muerte acaecida el 2 de abril de 2005, y el impresionante gentío que se dio cita en su duelo.
Hay que dejar atrás los detractores que tuvo y sigue teniendo, que también han perseguido a otros integrantes de la vida santa, como se ha recordado aquí para otras biografías; ahí está la reciente de Teresa de Calcuta. Es inútil que traten de silenciar con absurdo griterío el eco de las obras de los grandes hijos de Dios. Él es su valedor; no se le puede acallar. Habla a través de los santos aunque pasen los siglos; lo vemos en esta sección de ZENIT todos los días. La realidad es que por sus muchas virtudes Juan Pablo II fue beatificado por Benedicto XVI el 1 de mayo de 2011. Francisco lo canonizó junto a Juan XXIII el 27 de abril de 2014, fiesta de la Divina Misericordia que este gran polaco instituyó.

Sínodo 2018: Informes de los Círculos Menores

Tercera parte del ‘Instrumentum Laboris’, sobre ‘Elegir’

Relatio – Circulus Hispanicus A 
Moderator: Em.mo Card. RODRÍGUEZ MARADIAGA, S.D.B., Óscar Andrés
Relator: Em.mo. Card. LACUNZA MAESTROJUÁN, O.A.R., José Luis 

Desde el inicio, se plantea la necesidad de agilizar el trabajo y darle un poco más de discernimiento para no debatir ideas desde la cabeza sino desde el corazón. 
La Parte III es la más difícil y la que menos tiempo tenemos para trabajarla. Se propone elaborar una estructura en la que se retome todo el camino de la Iglesia desde el Vaticano II. Para ello, se sugiere poner todo en 3 capítulos en lugar de 4, que quedarían así, tomando en cuenta la propuesta de San Juan Pablo II para la Nueva Evangelización: 
1- Una Iglesia en proceso de Conversión Pastoral (Ardor) 
2- Una Iglesia Sinodal (Método) 
3- Una Iglesia misionera en comunión orgánica (Expresión) 
La propuesta fue aceptada, incluso se propuso hacer de ella un modo que se votó y aprobó de forma unánime. 
A partir de ahí se hicieron diversos comentarios tratando de ver cómo se encajaban en ella los distintos temas expuestos en las reuniones generales de manera que se asumieran las perspectivas, los estilos, el protagonismo de los jóvenes, todo ello desde la perspectiva de una Iglesia en salida. También, en esa misma línea, hay que repensar la parroquia para que sea lugar de encuentro, de escucha, de comunión y de misión, para lo cual hay que pensar en una pastoral menos sacramental o sacramentalista y en el presbiterio y episcopado con sentido de comunidad desde la óptica de la Iglesia Pueblo de Dios. 
Quizá podría ser muy significativo que, en la Eucaristía de cierre del Sínodo, el Santo Padre haga un signo de envío como compromiso de la Asamblea de llevar a la práctica la experiencia vivida.
Se le dio muchas vueltas al tema de la conversión: ¿de quién? ¿a qué? ¿de dónde? ¿a dónde? Conversión no es crítica de lo anterior como si todo hubiera sido malo, es buscar el “plus” del “duc in altum”, aspirar a ser mejor y a servir más, y requiere escucha, salida, discernimiento, acompañamiento. Ha de tenerse en cuenta que la persona es el centro y hay que educar en y para la libertad y en diálogo con los diferentes, presentando a Jesús que es quien hace atractiva a la Iglesia. 
¿Qué significa creer en los jóvenes? Es invitarlos a participar, siguiendo la pedagogía de Jesús para evangelizar: orar, escoger colaboradores, meterse en las casas, se dejaba invitar, usaba aspectos de la vida cotidiana para las parábolas, curaba, predicaba en contra vía, amó hasta el extremo de dar su vida, resucitó y vive en nosotros, en Pentecostés nos envió el Espíritu que es fuego… 
Las bancas de nuestros templos están vacías por falta de sintonía con la gente y espacialmente con los jóvenes, por lo que se necesita una liturgia más participada, cantos, moniciones, ofrendas, revisar fórmulas de oraciones y plegarias. Si los jóvenes abandonan la celebración de la Eucaristía, es un primer síntoma de pérdida hasta de fe. Hemos dejado de hablar el lenguaje actual y cada vez nos entiende menos gente. Necesitamos reaprender como parte de la conversión pastoral. 
Vivir y estructurar la Iglesia en clave sinodal requiere que nos escuchemos y demos cabida a todos, pero también que, sin dejar de lado otras nuevas, hagamos efectivas las estructuras eclesiales que ya existen en orden a favorecer la corresponsabilidad y colegialidad tanto en las diócesis como en las parroquias. Se mencionó la posibilidad de que, a distintos niveles, hubiera un “post sínodo” que, después de un período de tiempo, permitiera contemplar y evaluar la efectividad del sínodo. 
A partir de ahí, el Círculo se dividió en tres grupos, según las tres partes de la propuesta, con el fin de que cada uno integrara en ella los temas existentes en la propuesta actual y otros que el grupo considerara imprescindibles. Al final, cada grupo presentó su propuesta al plenario, se revisaron y fueron sometidas a votación. El Círculo aprobó 4 Modos. 
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Relatio – Circulus Hispanicus B 
Moderator: Em.mo Card. LADARIA FERRER, S.I., Luis Francisco
Relator: S.E. Mons. PARRA SANDOVAL Mariano José 

El círculo menor Hispánicus B después de un intercambio de ideas entre sus miembros decidió que para esta III parte debía presentar para la elaboración del documento final orientaciones de fondo y propuestas puntuales. 
De esta manera se llegó a estas conclusiones: 
Sería interesante superar el riesgo de aproximarnos a los jóvenes con perspectivas pastorales parciales, que debilitasen la intención de nuestro trabajo conforme a la finalidad de nuestro sínodo que pretende llegar a todos los jóvenes, sin excepción. 
A la hora de hacer realidad el tema del sínodo: La jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, hay palabras clave como “escucha y acompañamiento” por ejemplo. Otra palabra reiterada es el testimonio (quizás la cita más frecuente en el sínodo ha sido la de Pablo VI: los hombres de hoy escuchan más a los testigos que a los maestros y si sigue a los maestros es porque son testigos) 
Los jóvenes no solo son receptores sino están llamados a ser protagonistas en la misión de la Iglesia: evangelizar, comunicar la buena noticia del Señor. Fascinados por Jesús y con el fuego del Espíritu Santo contagiar la alegría de la fe es un compromiso personal y comunitario. 
Es importante que juntos (jóvenes y adultos) descubramos y profundicemos en el Kerygma: el encuentro gozoso y desafiante con Cristo muerto y resucitado. 
Los jóvenes con su fuerza apostólica y su servicio a los que sufren, son protagonistas del anuncio, de la misión y compasión que la Iglesia vive. El desafío mayor es que los jóvenes que sufren (pobres) sean también protagonistas de la misión de la Iglesia. 
En el Nº 173 se hace referencia al kerygma, pero creemos que debe tener un lugar más relevante. 
El Papa Francisco en la Evangelii Gaudium (14) nos sugiere tres escenarios en nuestra evangelización que nos permita atender a tres tipos de destinatarios distintos: los presentes, los alejados y los ausentes. El reto es llegar a los 3 escenarios, no solo a uno de ellos. 
Hoy en la Iglesia se nos invita a retomar la acción de aquel hombre que cuenta la parábola del Buen Samaritano, cuando se acercó al herido junto al camino. Este “acercarse” lo hizo implicarse en el mundo, en el dolor del otro, hacerlo suyo, asumir su mundo y su historia. Le dio lo que tenía, y lo dejó libre. El corazón joven salta cuando descubre que en Jesús hay misericordia para todos. 
Hoy la Iglesia debe hacer lo mismo con todos los jóvenes: Y aquí, a ejemplo del Santo Padre Francisco, proponemos un nuevo modismo: “projimorear” o “aprojimarse”, es decir, acercarse a cada joven y hacerle sentirse amado, cercano, sentir que podemos darle lo mejor, la medicina: Cristo, pero dejarlo libre. Esto es “projimorear” hacer al otro un prójimo.” 
Debemos asumir una actitud acogedora y cordial para propiciar una integración y acompañamiento de todas las personas incluyendo aquellas de diferentes orientaciones sexuales, de modo que puedan crecer en la fe y en el vínculo con Dios-amor, fuente de verdad y misericordia, y hacerlo en el marco de una vida comunitaria. 
Valoramos el lugar de la mujer en la Iglesia y el reconocimiento de su igual dignidad con el hombre. Así le ofrecemos a nuestra pastoral tanto el aporte femenino como masculino, que se complementan y hacen fecunda la vida de toda la comunidad. Por esta misma razón proponemos una mayor participación de la mujer en el discernimiento pastoral colaborando activamente en la toma de decisiones. 
Dentro de la continuidad entre este Sínodo y el anterior (IL 11), parece interesante que esa continuidad tenga también una expresión pastoral. Cuando acompañamos a los jóvenes para que descubran la voluntad de Dios en su vida es bueno que la vocación “fundante” al amor que han recibido, tengan la oportunidad de concretarla con un acompañamiento adecuado por parte de la Iglesia. La pastoral juvenil les propone un proyecto de vida desde Cristo: la construcción de una casa, de un hogar edificado sobre roca (Cf. Mt 7). Ese hogar, ese proyecto para muchos de ellos se concretará en el matrimonio y en la caridad conyugal. Es por ello, necesario que la pastoral juvenil y familiar tengan una continuidad natural, trabajando de manera coordinada e integrada entre ambas pastorales y las demás pastorales afines (vocacional y catequética), para poder acompañar adecuadamente el proceso vocacional. 
En cuanto a las escuelas y universidades católicas consideramos que es importante tener en cuenta algunos criterios inspiradores señalados en la Veritatis Gaudium en vista a una renovación y relanzamiento de las escuelas y universidades “en salida” misionera, tales como, la contemplación espiritual, intelectual y existencial del Kerygma; el dialogo a todos los niveles, la interdisciplinariedad, el fomento de la Cultura del Encuentro, la urgente necesidad de “crear redes” y la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha. (cfr. VG 4) 
Creemos necesario que aparezca reflejada en el documento final una referencia concreta al tema de la CONVERSIÓN PASTORAL Y PERSONAL. Conversión entendida como una llamada constante del Espíritu para el quehacer cotidiano de la Iglesia (Ap. 2, 11) y de la exigencia que perennemente viene de la Palabra de Dios a la revisión y al cambio. (1Tes, 1,9. Hch. 14, 15).Que supone una transformación de Mentalidad, de criterios y de audacia pastoral, que garantice que la tarea evangelizadora esté llena de cercanía, acogida y compasión. Que debe impregnar todas las estructuras eclesiales, renovándolas e incluso abandonando aquellas que no favorecen la trasmisión de la Fe. 
Proponemos que se establezcan Itinerarios de iniciación o crecimiento en la vida de oración, que lleven a una experiencia concreta de encuentro directo y personal con el Señor en la vida cotidiana. Damos particular importancia en los jóvenes a la lectura orante de la Palabra de Dios (o método Lectio Divina) y la incorporación de tiempos de solo silencio donde el orante simplemente pueda estar en la presencia del Señor sin dar curso ya a la reflexión o a pensamientos de modo que vaya creciendo en su vida una dimensión más contemplativa. 
Planteamos la necesidad de que el Dicasterio correspondiente elabore una orientación en donde de manera sistemática y clara se aborde la temática de la sexualidad, con argumentos antropológicos, asequibles a todos los jóvenes, haciendo ver que la virtud de la castidad es una afirmación gozosa, que crea las condiciones para el amor humano y divino. 
Considerando que para los jóvenes de hoy no existe diferencia entre lo virtual y lo real, la Iglesia debe asumir de un modo decidido todo lo nuevo que surge en el mundo de la virtualización (como inteligencia digital, Big data, etc.). Además, la Iglesia tiene la misión de ayudar a los adolescentes y jóvenes víctimas de violencia en la red (pornografía, ciberbullying, etc.), dando sostén, analizando el fenómeno, estructurando protocolos, produciendo materiales para la sensibilización y formación, organizando eventos y activando instrumentos para la promoción de una ciudadanía digital responsable. Asimismo la Iglesia debe promover el compromiso de los gobernantes y de los colosos del Web en la protección de los menores en la red. 
Proponemos igualmente la práctica la Sinodalidad, como forma de ser Iglesia promoviendo la participación de todos los bautizados y personas de buena voluntad, cada uno según su edad, estado de vida y vocación, haciendo efectiva y real la participación activa de los jóvenes en cada Diócesis, Conferencia episcopal e Iglesia universal. 
Con respecto a la temática sobre seminarios y casas de formación, se propone renovar el modelo formativo de los candidatos asumiendo los criterios de la nueva Ratio Fundamentalis en vista a la conversión personal y pastoral. 

21 octubre 2018

Pisando donde pisa Francisco cuando dramáticamente acude a la Virgen

Al Papa, sea quien sea, se le ama y se le sigue sin condiciones, sin fabricarlo a nuestra medida
Estamos ante un Papa muy desenvuelto, muy suelto, más argentino incluso ahora, lejos de su país. Da a los asuntos la importancia requerida, pero desdramatizando, viendo el lado positivo, el signo más en las periferias de la puerta de al lado, o en las lejanas por varios modos: nos afectan los realmente apartados geográficamente, por separación de Dios, o por necesidades perentorias con indigencia de capacidad para resolverlas. La globalidad ha logrado que nada nos resulte indiferente, aunque fuera por el egoísmo de pensar en la teja que me puede caer a mí. Mejor si es por el altruismo atribuido a Publio Terencio Africano, bastantes décadas antes de Cristo: nada de cuanto es humano me es ajeno, afirmó.
Cuando en el corriente mes de octubre Francisco ha instado a rezar el rosario y acudir a una antigua oración a la Virgen (Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios) y a la intercesión del Arcángel Miguel (con otra veterana oración pidiendo que reprima la actividad del diablo) es un grito en la tormenta que abate la Iglesia y el mundo. No puede sernos ajeno.
Seguir a pies juntillas al Papa Francisco requiere el ejercicio de muchas virtudes: el Amor será la primera, pero grandemente apoyada por la Fe de quien sabe que sin Papa no hay Iglesia. Por el contrario, donde está el Papa está la Iglesia. Cristo quiso un Vicario en la tierra, que tuviese el poder de las Llaves, de atar y desatar. Todo eso es posible porque la Iglesia entera pivota sobre el Papa. Es la Iglesia Madre y Maestra, como señaló certeramente san Juan XXIII al titular con esas palabras una conocidísima encíclica. Pero puede serlo porque siempre está la instancia final del Papa para asumir tal poder quizá en soledad. Del mismo modo, el Papa reúne en sí la capacidad de ser el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles. Así lo afirmo la Constitución Conciliar Lumen Gentium.
También ese privilegiado documento afirmó que el Pontífice Romano, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, tiene la potestad plena, suprema y universal que puede ejercer siempre con entera libertad. Y no quiero olvidar la Esperanza del corazón grande y la humildad precisa consolidadas con la certeza proporcionada en ministerio petrino. Si se quiere ser católico sin distingos, no tiene sentido situarse en la órbita de Viganò para intentar corregir al Pontífice, ni en la de políticos que lo requieren con la finalidad de arrancarlo de su misión y seducirlo para su bandería. Me atrevo a decir que unos y otros yerran gravemente. El Papa, sea quien sea, es Cristo. Es radicalmente perverso amar al Papa porque esté más o menos cercano a unas determinadas tesis quizá consideradas propias. No nos iría mal hacer un acto de contrición lo más perfecto posible por los pecados de conveniencia en este sentido.
Aunque bien cierto es que todos estamos necesitados de perdón. En recientes declaraciones del Prelado de la Obra a Vatican Insider se leía: Perdón por nuestras faltas y pecados”. Una petición inusual para un momento de celebración, comenta el entrevistador. Al cumplir 90 años de fundación del Opus Dei, el prelado Fernando Ocáriz quiso reconocer las carencias de los miembros de la Obra, sobre todo con aquellas personas que no recibieron en ella “la generosidad y el cariño que necesitaban”. Pero, al mismo tiempo, manifestó gratitud por las miles de personas que, en los cinco continentes y gracias al camino propuesto por la prelatura, “desean enamorarse de Cristo y ser almas de oración en medio del mundo”.
Al Papa, sea quien sea, se le ama y se le sigue sin condiciones, sin fabricarlo a nuestra medida: triste e instrumentalizada desmesura sería. Por lo mismo, no apoyan al Papa quienes viven como príncipes en un goloso apartamento dentro de los Palacios Apostólicos, sin importarles las exigencias relativas a la pobreza predicadas por Francisco desde el principio, incluido el nombre que quiso imponerse y su forma de vida. Se estima trabajo imposible aclararse con los dineros del Banco Vaticano. Aparecen conductas poco loables entre algunos elegidos por Francisco para aconsejarse en la ardua reforma de la Curia. Es cierto, la cuestión de la pederastia es grave, muy grave. Pero tampoco puede ser el tapabocas de las restantes materias en que debemos seguir a Francisco. Por eso está el encargo para octubre.
Bien podemos finalizar sobriamente con algo que san Josemaría escribió en Forja:
Tu más grande amor, tu mayor estima, tu más honda veneración, tu obediencia más rendida, tu mayor afecto ha de ser también para el Vice-Cristo en la tierra, para el Papa.
Hemos de pensar los católicos que, después de Dios y de nuestra Madre la Virgen Santísima, en la jerarquía del amor y de la autoridad, viene el Santo Padre.