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JOQUIVESA

Encontrado en la "red" (Mateo 13:47-50)

27 marzo 2020

El ensañamiento diabólico

El Papa en Santa Marta


Monición de entrada
En estos días van llegando noticias de tanta gente que empieza a preocuparse de modo más general por los demás y piensan en las familias que no tienen suficiente para vivir, en los ancianos solos, en los enfermos del hospital, y rezan y procuran hacerles llegar alguna ayuda. Es una buena señal. Demos gracias al Señor porque suscita en el corazón de sus fieles esos sentimientos.
Homilía
La primera Lectura (Sb 2,1.12-22) es como la crónica anunciada de lo que le pasará a Jesús. Es una crónica anticipada, una profecía. Parece una descripción histórica de lo que sucedió después. ¿Qué dicen los impíos? «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de los demás, y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos». Pensemos en lo que decían a Jesús en la Cruz: “Si eres el Hijo de Dios, baja; que venga Él a salvarte”. Y luego, el plan de acción: pongámoslo a prueba, «lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará». Es una profecía de lo que pasó. Y los judíos intentaban matarlo, dice el Evangelio (Jn 7,1-2.10.25-30): «Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora».
Esta profecía es muy detallada; el plan de acción de esa gente malvada es muy detallado, no se ahorra nada: ponerlo a prueba con violencia y tormentos y comprobar su espíritu de resistencia, tenderle insidias, ponerle trampas para ver si cae… Esto no es un simple odio, no es un plan de acción maligno –ciertamente– de un partido contra el otro: esto es otra cosa. Esto se llama ensañamiento: cuando el demonio, que está siempre detrás de cada inquina, intenta destruir y no ahorra en medios. Pensemos en el inicio del Libro de Job, que es profético de esto: Dios está satisfecho del modo de vivir de Job, y el diablo le dice: “Sí, porque tiene de todo, no pasa dificultades. ¡Ponlo a prueba!”. Y primero el diablo le quita los bienes, luego le quita la salud y Job nunca, jamás se apartó de Dios. El diablo se ensaña siempre. Detrás de cada inquina está el demonio, para destruir la obra de Dios. Detrás de una discusión o una enemistad, puede que esté el demonio, pero de lejos, con las tentaciones normales. Pero cuando hay ensañamiento, no lo dudemos: está la presencia del demonio. Y el ensañamiento es sutil, sutil. Pensemos cómo el demonio se ensañó no solo contra Jesús, sino también en las persecuciones de los cristianos; cómo buscó los medios más sofisticados para llevarles a la apostasía, a alejarse de Dios. Esto es, como decimos en el lenguaje ordinario, eso es diabólico: sí; inteligencia diabólica.
Me contaban algunos obispos de uno de los Países que ha padecido la dictadura de un régimen ateo, que llegaban, en la persecución, hasta detalles como este: el lunes de Pascua las maestras tenían que preguntar a los niños: “¿qué comisteis ayer?”, y los niños decían lo que habían comido. Y algunos decían: “Huevos”, y los que decían “huevos” luego eran seguidos para ver si eran cristianos, porque en aquel País se comían huevos el Domingo de Pascua. Hasta ese punto, de vigilar, de espionaje: dónde hay un cristiano para matarlo. Eso es ensañamiento en la persecución, y eso es el demonio.
¿Y qué se hace en el momento del ensañamiento? Se pueden hacer solo dos cosas: discutir con esa gente no es posible porque tienen sus propias ideas, ideas fijas, ideas que el diablo ha sembrado en su corazón. Hemos oído cuál es su plan de acción. ¿Qué se puede hacer? Lo que hizo Jesús: callar. Sorprende, cuando leemos en el Evangelio, que ante todas las acusaciones, ante todas esas cosas, Jesús callaba. Ante el espíritu de ensañamiento, solo el silencio, nunca la justificación. Jamás. Jesús habló, explicó… Pero cuando comprendió que ya no había palabras, el silencio. Y en silencio Jesús sufrió la Pasión. Es el silencio del justo ante el ensañamiento. Y esto es válido también para –llamémoslo así– los pequeños ensañamientos diarios, cuando alguno siente que hay una murmuración contra él, y se dicen cosas, pero luego no hay nada… ¡estar callado! Silencio. Padecer y tolerar el ensañamiento del chismorreo. El chisme es también un ensañamiento, una inquina social: en la sociedad, en el barrio, en el lugar de trabajo, pero siempre contra él. Es un ensañamiento no tan fuerte como este, pero es ensañamiento, para destruir al otro, porque se ve que el otro estorba, molesta.
Pidamos al Señor la gracia de luchar contra el mal espíritu, de discutir cuando debemos discutir; pero ante el espíritu de ensañamiento, tener la valentía de callar y dejar que los otros hablen. Lo mismo ante este pequeño ensañamiento diario que es la murmuración: dejar hablar. En silencio, delante de Dios.
Comunión espiritual
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti.
Publicado por JOQUIVESA en 19:54

“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”

LARISSA I. LÓPEZ

3ª predicación de Cuaresma del P. Raniero Cantalamessa

Bajo el tema general de “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”, el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ofreció al Papa y a la Curia Roma su tercera predicación de Cuaresma.
En esta ocasión, de acuerdo a Vatican News, el teólogo franciscano reflexiona sobre la Palabra de Dios según el Evangelio de Juan, capitulo 19, versículos del 25 al 27. De este texto, el padre Cantalamessa considera en esta meditación solo la parte primera, la narrativa, dejando para la próxima ocasión el resto del pasaje.
En el Calvario, junto a la cruz de Jesús había un grupo de cuatro mujeres, una de ellas María, su Madre. Ella estaba allí “como su Madre”, indica el teólogo, lo que pone a María en una situación totalmente distinta a la de las otras. No obstante, señala el padre, a ella se le pidió algo mucho más difícil: perdonar.
María permaneció en el Calvario
Si bien “humanamente hablando, María tuvo todos los motivos para gritar a Dios: “¡Me has engañado!”, y aunque hubiese podido escapar del Calvario, en cambio, no lo hizó: “no escapó, sino que permaneció”.
De este modo, se convirtió, en “mártir de la fe, testigo supremo de la confianza en Dios, tras el Hijo”: “María no estaba, pues, ‘junto a la cruz de Jesús’, cerca de él, solo en sentido físico y geográfico, sino también en sentido espiritual. Estaba unida a la cruz de Jesús; estaba dentro del mismo sufrimiento, explica el teólogo”.
Estar junto a la cruz
En línea con el principio-guía del Vaticano II según el cual María es figura y espejo de la Iglesia, su primicia y modelo, el padre Cantalamessa plantea la pregunta: ¿Qué quiso decir a la Iglesia el Espíritu Santo, disponiendo que en la Escritura estuviera registrada esta presencia de María al lado de la cruz de Cristo?
“’Junto a la cruz de Jesús —está escrito— estaba María su Madre y junto a ella el discípulo que él amaba’. […]. Lo que sucedió ese día indica lo que debe suceder cada día: es necesario estar junto a María al pie de la cruz de Jesús, como estuvo el discípulo al que él amaba”.
Para él, estar junto a la cruz “de Jesús” supone que lo primero que hay que hacer, lo más importante de todo, no es estar junto a la cruz en general, sufrir, sino estar junto a la cruz “de Jesús”. No es el sufrir, sino el creer y apropiarse así del sufrimiento de Cristo, aclara.
La fe de María
Lo más grande de María al pie de la cruz fue su fe, más grande incluso que su sufrimiento. La fe es, por lo tanto, “la fuente de toda la fuerza y la fecundidad de la Iglesia”.
En este sentido, para explicarlo, el sacerdote remite a un autor bizantino ortodoxo: “Imagina que en un estadio se ha llevado a cabo una batalla épica. Un valiente ha afrontado el tirano de la ciudad y con sudor, sangre, finalmente lo ha doblegado. Tú (y ese tú somos todos nosotros), estabas en las gradas. Tú no luchaste, no tienes heridas. Pero si tú tiemblas por ese valiente, si tú agitas la asamblea entorno a ti a su favor, si deliras a tal punto de considerar tuya su victoria…yo te digo que tu tendrás parte en la victoria de aquel valiente. Pero aun hay más: imagina que ese valiente no tiene ninguna necesidad de la corona que ha conquistado… ¿qué hará? Pues, la dará a su seguidor, diríamos nosotros hoy. Es así como se realiza la salvación cristiana”.
“Es Jesús, que ha luchado y en la cruz ha vencido al tirano. Nosotros miramos a Él, nos apropiamos de su muerte y así somos salvados. Esta es la salvación cristiana, y esto significa ser salvados gratuitamente”, agrega.
Sufrimiento activo
Después reseña que el signo y la prueba de que se cree realmente en la cruz de Cristo es tomar la propia cruz y seguir a Jesús, participar en sus sufrimientos. No obstante, Cantalamessa precisa que “no se trata solo de sufrimiento aceptado pasivamente, sino también de sufrimiento activo, vivida en unión con Cristo”.
“Sufrir —escribía san Juan Pablo II desde su lecho del hospital tras el atentado—, significa hacerse particularmente susceptibles, particularmente abiertos a la obra de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo”, matiza.
Dar razón de nuestra esperanza
Refiriéndose a las palabras del evangelista Juan, el predicador pontificio señala que la cruz de Cristo no es solamente el momento de la muerte de Cristo, sino el de su glorificación y triunfo. María en el Calvario compartió con su Hijo no solo la muerte, sino también las primicias de la Resurrección.
“Como María estuvo junto al Hijo crucificado, así la Iglesia está llamada a estar junto a los crucificados de hoy: los pobres, los que sufren, los humillados y los agraviados. Estar con ellos con esperanza. No basta compadecerse de sus penas o incluso tratar de aliviarlas. Es demasiado poco. Esto lo pueden hacer todos, incluso los que no conocen la resurrección. La Iglesia debe dar esperanza, proclamando que el sufrimiento no es absurdo, sino que tiene un sentido, porque habrá una resurrección de la muerte. La Iglesia debe estar ‘siempre dispuesta a dar razón de su esperanza’ (cf. 1 Pe 3,15)”, sostiene.
Cómplices de la esperanza
Por otro lado, el padre franciscano describe que así como los hombres “tienen necesidad de esperanza para vivir, como del oxígeno para respirar”, la Iglesia “necesita esperanza para proseguir su camino en la historia y no sentirse aplastada por las dificultades”.
De entre las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, la esperanza es la hermana menor, expone recordando al poeta Charles Péguy; es la que lleva a las dos mayores (la fe y la caridad) de la mano. Ellas caminan juntas por la calle tomadas de la mano, las dos grandes a los lados y la niña pequeña en el centro. La niña esperanza es quien arrastra a las dos hermanas, porque si se detiene la esperanza se detiene todo.
Debemos entonces, como dice el poeta, “convertirnos en ‘cómplices’ de la pequeña niña esperanza”: “Hacerse cómplices de la esperanza significa permitir que Dios te desilusione, que te engañes aquí abajo tantas veces como él quiera. Es más: significa estar contentos en el fondo, en alguna parte remota del propio corazón, de que Dios no te haya escuchado la primera y la segunda vez y que siga sin escucharte, porque así te permite que le des una prueba más, de hacer un acto de esperanza más y cada vez más difícil. Te ha dado una gracia mucho más grande de la que pedías: la gracia de esperar en Él. ¡Dios tiene la eternidad para hacerse perdonar el retardo por sus criaturas!”.
Todavía queda algo por hacer
Todo esto, prosigue el padre Cantalamessa, porque “esperar significa justamente descubrir que todavía hay algo que se puede hacer, una tarea que cumplir y que no se nos deja a merced del vacío ni de una paralizante inactividad”.
Incluso cuando no hubiera nada más que hacer por parte nuestra para cambiar una situación difícil, siempre estaría pendiente una gran tarea por cumplir: la de mantenernos bastante comprometidos y mantener lejana la desesperación: la de soportar con paciencia hasta el final.
“Ésta fue la gran ‘tarea’ que María llevó a cumplimiento, esperando, al pie de la cruz, y en esto ella está dispuesta ahora para ayudarnos también a nosotros”, concluye la predicación según el citado medio vaticano.
Publicado por JOQUIVESA en 19:51

Ídolos en el corazón

El Papa ayer en Santa Marta


Monición de entrada
En estos día de tanto sufrimiento, hay mucho miedo. El miedo de los ancianos que están solos o en las residencias o en el hospital o en su casa y no saben qué puede pasar. El miedo de los trabajadores sin trabajo fijo que piensan cómo dar de comer a sus hijos y ven venir el hambre. El miedo de tantos servidores sociales que en este momento ayudan a sacar adelante la sociedad y pueden coger la enfermedad. También el miedo –los miedos– de cada uno de nosotros: cada uno sabe cuál es el suyo. Pidamos al Señor que nos ayude a tener confianza y a tolerar y vencer los miedos.
Homilía
En la primera Lectura (Ex 32,7-14) está la escena del motín del pueblo. Moisés se fue al monte para recibir la Ley: Dios se la dio a él, en piedra, escrita por su dedo. Pero el pueblo se aburrió e se reunió alrededor de Aarón y dijo: “Pero este Moisés, ya hace tiempo que no sabemos dónde está, adónde ha ido y estamos sin guía. Haznos un dios que nos ayude a seguir adelante”. Y Aarón, que después será sacerdote de Dios, pero ahí fue sacerdote de la estupidez, de los ídolos, dijo: “Venga, dadme todo el oro y la plata que tengáis”, y le dieron todo e hicieron el becerro de oro.
En el Salmo (Sal 105) hemos oído el lamento de Dios: «En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba». Y aquí, en este momento, cuando comienza la Lectura: «El Señor dijo a Moisés: “Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”». ¡Una auténtica apostasía! Del Dios vivo a la idolatría. No tuvieron paciencia de esperar que volviese Moisés: querían novedades, querían algo, un espectáculo litúrgico, lo que sea…
Sobre esto querría decir algunas cosas. En primer lugar, esa nostalgia idolátrica del pueblo: en este caso, pensaba en los ídolos de Egipto, pero la nostalgia de volver a los ídolos, volver a peor, no saber esperar al Dios vivo. Esa nostalgia es una enfermedad, también nuestra. Se empieza a caminar con el entusiasmo de ser libres, pero luego vienen las quejas: “Sí, este es un momento duro, el desierto, tengo sed, quiero agua, quiero carne…, y en Egipto comíamos cebollas, cosas buenas y aquí no hay…”. Siempre la idolatría es selectiva: te hace pensar en las cosas buenas que te da pero no te deja ver las cosas mañas. En este caso, pensaban cómo estaban a la mesa, con esas comidas tan buenas que les gustaba tanto, pero olvidaban que aquella era la mesa de la esclavitud. La idolatría es selectiva.
Además, otra cosa: la idolatría te hace perderlo todo. Aarón, para hacer el becerro, les pide: “Dadme oro y plata”: pero era el oro y la plata que el Señor les había dado, cuando les dijo: “Pedid a los egipcios oro prestado”, y luego se lo llevaron. Es un don del Señor y con el don del Señor hacen el ídolo. Y eso es feísimo. Pero este mecanismo nos pasa también a nosotros: cuando tenemos actitudes que nos llevan a la idolatría, estamos apegados a cosas que nos alejan de Dios, porque hacemos otro dios y lo hacemos con los dones que el Señor nos ha dado. Con la inteligencia, con la voluntad, con el amor, con el corazón…, son los dones propios del Señor que usamos para hacer idolatría.
Sí, alguno puede decirme: “Pero yo en casa no tengo ídolos. Tengo el crucifijo, la imagen de la Virgen, que no son ídolos…” –¡No, no: en tu corazón! Y la pregunta que hoy debemos hacernos es: ¿cuál es el ídolo que tienes en tu corazón, en mi corazón? Esa salida escondida donde me siento bien, que me aleja del Dios vivo. Y también tenemos una actitud, con la idolatría, muy astuta: sabemos esconder los ídolos, como hizo Raquel cuando huyó de su padre y los escondió en la silla del camello y entre sus vestidos. También nosotros, entre nuestros vestidos del corazón, tenemos escondidos tantos ídolos.
La pregunta que quería hacer hoy es: ¿cuál es mi ídolo? Ese ídolo de la mundanidad, y la idolatría llega incluso a la piedad, porque estos querían el becerro de oro no para hacer un circo: no. Para hacer adoración: “se postraron ante él”. La idolatría te lleva a una religiosidad equivocada, es más, tantas veces la mundanidad, que es una idolatría, te hace cambiar la celebración de un sacramento en una fiesta mundana. Un ejemplo: no sé, pienso, pensemos, no sé, imaginemos en la celebración de una boda. No sabes si es un sacramento donde de verdad los novios dan todo y se aman ante Dios y prometen ser fieles ante Dios y reciben la gracia de Dios, o si es un pase de modelos, por como van vestidos unos y otros… ¡La mundanidad! Es una idolatría. Es solo un ejemplo. Porque la idolatría no se detiene: va siempre adelante.
Hoy la pregunta que quería haceros a todos, a todos: ¿cuáles son mis ídolos? Cada uno tiene los suyos. ¿Cuáles son mis ídolos? ¿Dónde los escondo? Y que el Señor no nos encuentre, al final de la vida, y diga de cada uno de nosotros: “Te has pervertido. Te has alejado de la vía que yo había indicado. Te has postrado ante un ídolo”. Pidamos al Señor la gracia de conocer nuestros ídolos. Y si no podemos expulsarlos, al menos mantenerlos en un rincón.
Comunión espiritual
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti.


Publicado por JOQUIVESA en 13:29

Oración especial por el fin de la pandemia

LARISSA I. LÓPEZ


De manera extraordinaria, hoy, 27 de marzo de 2020, el Papa Francisco presidirá un momento de oración extraordinario para pedir el fin de la pandemia que culminará con la impartición de la bendición Urbi et Orbi a la que se adjuntará la posibilidad de recibir la Indulgencia plenaria.
Tendrá lugar en el sagrato (atrio frente a la entrada) de la Basílica de San Pedro, con la plaza vacía, como anunció el Santo Padre el pasado domingo, 22 de marzo de 2020, al término de la oración del Ángelus.
La bendición Urbi et orbi era la fórmula habitual con la que empezaban las proclamas del Imperio Romano.
En la actualidad es la bendición más solemne que imparte el Papa, propia del ministerio petrino, porque –recuerda el liturgista padre Arturo Elberti– se refiere a la ciudad de Roma, como obispo de la diócesis, y al mundo, como Sumo Pontífice.
Cuándo se imparte
Urbi et orbi, contiene las palabras que en latín significan “a la ciudad (Roma) y al mundo”. Se imparte durante el año siempre en dos fechas: el Domingo de Pascua y el día de Navidad, 25 de diciembre, y también es impartida por el Pontífice el día de su elección, en el momento en que se presenta ante Roma y el mundo como nuevo sucesor de san Pedro.
Excepcionalmente, frente a este momento de emergencia sanitaria a nivel mundial por motivo del coronavirus, Francisco decidió concederla.
Remisión de las penas debidas
La bendición Urbi et Orbi (ciudad y mundo) es  una bendición a la que se adjunta la Indulgencia plenaria.
«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que los fieles, debidamente dispuestos y bajo ciertas condiciones, adquieren por la intervención de la Iglesia, la cual, como ministro de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de la satisfacción de Cristo y de los Santos», dice el Catecismo de la Iglesia Católica.
Acceso al cielo
Dado que la indulgencia plenaria remite completamente esa pena debida, el fallecido sin haber caído nuevamente en pecado no ha de pasar por el Purgatorio y accede directamente al cielo.
Según la misma fuente, los efectos de la bendición Urbi et orbi se cumplen para toda aquella persona que la reciba con fe y devoción, incluso si la recibe a través de los medios de comunicación de masas (televisión, radio, internet, etc.).
Situación especial actual
Efectivamente, tal y como remarca Mons. Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casa, México, “si seguimos, por radio o televisión, esa oración con el Papa, podemos obtener dicha indulgencia, siempre y cuando estemos en gracia de Dios, rechazando de corazón el pecado”.
De ordinario, se requiere la confesión sacramental, “pero como ahora no se puede, se hace el compromiso de confesarse tan pronto sea posible”, aclara.
Esta oración “equivale a una visita ante el Santísimo, ahora que no se puede hacer de otra forma. Si alguien no se puede sintonizar a esta hora, hágalo espiritualmente cuando pueda, y Dios ve su corazón. O si ve después el video, ya no en vivo, únase a esta intención y Dios le escucha. Lo importante es orar”, describe el prelado.
Visita y Adoración por internet
La Penitenciaría Apostólica, por disposición del Papa, concede también la Indulgencia Plenaria a “aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí”.
En este sentido, Mons. Arizmendi indica que, en las actuales circunstancias, la visita al Santísimo y la Adoración Eucarística se pueden hacer por internet: “Así las pueden hacer tantos los enfermos, como médicos y enfermeras, personas que cuidan a los infectados y fieles en general. No hay restricción para obtener esa gracia, ese recurso espiritual. Lo demás, se puede hacer perfectamente en casa. La única condición para obtener la indulgencia es estar en gracia de Dios, como se dijo antes”, concluye.
Publicado por JOQUIVESA en 13:25

26 marzo 2020

‘Cada vida humana tiene un valor inestimable’

El Papa ayer en la Audiencia General

Hace 25 años, en esta misma fecha del 25 de marzo, que en la Iglesia es fiesta solemne de la Anunciación del Señor, San Juan Pablo II promulgaba la Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana.
El vínculo entre la Anunciación y el “Evangelio de la vida” es estrecho y profundo, como subrayó San Juan Pablo en su Encíclica. Hoy nos encontramos relanzando esta enseñanza en el contexto de una pandemia que amenaza la vida humana y la economía mundial. Una situación que hace sentir aún más comprometedoras las palabras con las que inicia la Encíclica. Así: «El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas» (n. 1).
Como todo anuncio evangélico, también este primero debe ser manifestado. Y pienso con gratitud en el ejemplo silencioso de tantas personas que, de diversos modos, se están prodigando al servicio de los enfermos, de los ancianos, de quien está solo y es más indigente. Ponen en práctica el Evangelio de la vida, como María que, recibido el anuncio del ángel, fue a ayudar a su prima Isabel que la necesitaba.
En efecto, la vida que estamos llamados a promover y a defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado o en estado terminal, uno que ha perdido el trabajo o no logra encontrarlo, un inmigrante refugiado o segregado… La vida se manifiesta en concreto en las personas.
Todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida; y siendo confiado al amor maternal de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de ella, en sus “entrañas” maternas. La defensa de la vida por la Iglesia no es una ideología, es una realidad, una realidad humana que involucra a todos los cristianos, precisamente por ser cristianos y por ser humanos.
Los atentados a la dignidad y a la vida de las personas continúan desgraciadamente también en esta época nuestra, que es la época de los derechos humanos universales; es más, nos encontramos ante nuevas amenazas y nuevas esclavitudes, y no siempre las legislaciones protegen la vida humana más débil y vulnerable.
El mensaje de la Encíclica Evangelium vitae es pues más actual que nunca. Aparte de las emergencias, como la que estamos viviendo, se trata de actuar a nivel cultural y educativo para trasmitir a las generaciones futuras la actitud de solidaridad, cuidado, acogida, sabiendo que la cultura de la vida no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que pertenece a todos los que, luchando por construir relaciones fraternales, reconocen el valor propio de cada persona, aunque sea frágil y esté sufriendo.
Queridos hermanos y hermanas, toda vida humana, única e irrepetible, vale por sí misma, constituye un valor inestimable. Esto siempre debe anunciarse nuevamente, con el coraje de la palabra y el coraje de las acciones. Esto requiere solidaridad y amor fraterno para la gran familia humana y para cada uno de sus miembros.
Por eso, con San Juan Paolo II, que hizo esa encíclica, con él repito con renovada convicción el llamamiento que él dirigió a todos hace 25 años: «¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!» (Evangelium vitae, 5).

Saludos

Saludo cordialmente a los fieles de lengua francesa. Queridos hermanos y hermanas, que el “sí” de la Virgen María os refuerce en vuestra lucha por la promoción y la defensa de la vida y os haga solidarios con toda persona que sufre, anciana o sola, especialmente durante este periodo de gran prueba. Dios os bendiga.
Saludo a los fieles de lengua inglesa conectados a través de los medios de comunicación en nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua. Sobre vosotros y vuestras familias invoco la fuerza y la paz que vienen del Señor Jesucristo. Dios os bendiga!
Dirijo un cordial saludo a los hermanos y hermanas de lengua alemana. Comprometámonos por la vida de los demás, especialmente de los enfermos y necesitados. Pienso en particular en los ancianos. Ellos merecen nuestra estima y nuestra atención. Gracias a su empeño y a sus cuidados estamos aquí y tenemos este estilo de vida. Dios misericordioso os bendiga con su gracia.
Saludo a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación. En estos momentos en que toda la humanidad está sufriendo a causa de la pandemia, los exhorto a implorar la protección de María y la intercesión del Papa san Juan Pablo II, para que toda vida humana sea valorada, respetada, defendida y amada; así se hallará justicia, paz y felicidad. Que Dios los bendiga.
De corazón saludo a los fieles de lengua portuguesa: gracias por vuestra unión en la oración. A la Virgen María, Salud de los Enfermos, os encomiendo a todos, animándoos a manifestar el Evangelio de la Vida, con la palabra y el valor de las acciones. Sobre vosotros y vuestras familias descienda la Bendición del Señor.
Saludo a los fieles de lengua árabe. Queridos hermanos y hermanas, María de Nazaret nos indica la vía para llegar a conocer a Jesús: saber decir ‘sí’ a la voluntad de Dios, y a sus proyectos, que siempre nos superan. Renovemos juntos nuestro ‘sí’ al Señor y a su voluntad, fiándonos de Él: así tendremos, como María, una nueva vida. El Señor os bendiga.‎‎‏
Queridos hermanos y hermanas polacos, hoy es la solemnidad de la Anunciación del Señor. Revivamos el misterio del Hijo de Dios que se hizo hombre y nació de la Virgen María. Ella con magnánima prontitud acogió y protegió su vida concebida por el Espíritu Santo. Toda vida humana es un inestimable don de Dios. Nos damos cuenta cada vez más en este periodo, en que la epidemia quita la vida a tantísimas personas. Por intercesión de María, pidamos al Señor de la vida que detenga la amenaza de la muerte e infunda en los corazones de todos los hombres el respeto por cada vida. Su bendición os acompañe siempre.
Saludo cordialmente a los fieles de lengua italiana. Os animo a que siempre confiéis en la misericordia de Dios y seáis generosos con el prójimo, especialmente en estos tiempos de incertidumbre.
Dirijo un pensamiento especial a los jóvenes, ancianos, enfermos y recién casados. Hoy, solemnidad de la Anunciación del Señor, encomiendo a todos a la Madre de Jesús y Madre nuestra. Ella, que dijo aquel “sí” en Nazaret, os ayude cada día a decir vuestro “sí” al Señor, que os llama a acogerlo y seguirlo en todas las situaciones concretas en que os toca vivir. Que Dios os bendiga.

Llamamiento del Papa

Dentro de poco, a mediodía, los Pastores de las diversas Comunidades cristianas, junto a los fieles de las diversas confesiones, nos reuniremos espiritualmente para invocar a Dios con la oración del Padrenuestro. Unamos nuestras voces de súplica al Señor en estos días de sufrimiento, mientras el mundo es duramente probado por la pandemia. Quiera el Padre, bueno y misericordioso, escuchar la oración concorde de sus hijos que con confiada esperanza se dirigen a su omnipotencia.
Renuevo a todos también la invitación a participar espiritualmente, a través de los medios de comunicación, en el momento de oración que presidiré pasado mañana, viernes, a las seis de la tarde, en el atrio de la Basílica de San Pedro. A le escucha de la Palabra de Dios y a la adoración del Santísimo Sacramento, seguirá la Bendición Urbi et Orbi, con la indulgencia plenaria.

Introducción del Santo Padre al rezo del Padrenuestro

Queridos hermanos y hermanas, hoy nos hemos citado, todos los cristianos del mundo, para rezar juntos el Padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó.
Como hijos confiados nos dirigimos al Padre. Lo hacemos todos los días, muchas veces al día; pero en este momento queremos implorar misericordia para la humanidad duramente probada por la pandemia del coronavirus. Y lo hacemos juntos, cristianos de toda Iglesia y Comunidad, de toda tradición, de toda edad, lengua y nación.
Recemos por los enfermos y sus familias; por los agentes sanitarios y cuantos les ayudan; por las autoridades, las fuerzas del orden y los voluntarios; por los ministros de nuestras comunidades.
Hoy muchos de nosotros celebramos la Encarnación del Verbo en el seno de la Virgen María, cuando en su “Hágase”, humilde y total, se reflejó el “Hágase” del Hijo de Dios. También nosotros nos encomendamos con plena confianza a las manos de Dios y con un solo corazón y una sola alma rezamos: Pater noster qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.
Publicado por JOQUIVESA en 12:44

Semana Santa: Indicaciones para las celebraciones

Decreto de la Santa Sede


DECRETO
En tiempo de Covid-19 (II)
Considerado la rápida evolución de la pandemia del Covid-19 y teniendo en cuenta las observaciones recibidas de las Conferencias Episcopales, esta Congregación ofrece una actualización de las indicaciones generales y de las sugerencias ya dadas a los Obispos en el anterior decreto del 19 de marzo de 2020.
Dado que la fecha de la Pascua no puede ser trasladada, en los países afectados por la enfermedad, donde se han previsto restricciones sobre las reuniones y la movilidad de las personas, los Obispos y los presbíteros celebren los ritos de la Semana Santa sin la presencia del pueblo y en un lugar adecuado, evitando la concelebración y omitiendo el saludo de paz.
Los fieles sean avisados de la hora del inicio de las celebraciones, de modo que puedan unirse en oración desde sus propias casas. Podrán ser de gran ayuda los medios de comunicación telemática en directo, no grabados. En todo caso, es importante dedicar un tiempo oportuno a la oración, valorando, sobre todo, la Liturgia Horarum.
Las Conferencias Episcopales y cada una de las diócesis no dejen de ofrecer subsidios para ayudar en la oración familiar y personal.
1.- Domingo de Ramos. La Conmemoración de la Entrada del Señor en Jerusalén se celebre en el interior del edificio sagrado; en las iglesias catedrales se adopte la segunda forma prevista del Misal Romano; en las iglesias parroquiales y en los demás lugares, la tercera.
2.- Misa crismal. Valorando la situación concreta en los diversos países, las Conferencias Episcopales podrán dar indicaciones sobre un posible traslado a otra fecha.
3.- Jueves Santo. Se omita el lavatorio de los pies, que ya es facultativo. Al final de la Misa en la Cena del Señor, se omita también la procesión y el Santísimo Sacramento se reserve en el sagrario. En este día, se concede excepcionalmente a los presbíteros la facultad de celebrar la Misa, sin la presencia del pueblo, en lugar adecuado.
4.- Viernes Santo. En la oración universal, los Obispos se encargarán de preparar una especial intención por los que se encuentran en situación de peligro, los enfermos, los difuntos (cf. Missale Romanum). La adoración de la Cruz con el beso se limite solo al celebrante.
5.- Vigilia Pascual. Se celebre solo en las iglesias catedrales y parroquiales. Para la liturgia bautismal, se mantenga solo la renovación de las promesas bautismales (cf. Missale Romanum).
Para los seminarios, las residencias sacerdotales, los monasterios y las comunidades religiosas se atengan a las indicaciones del presente Decreto.
Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre.
De mandato Summi Pontificis pro hoc tantum anno 2020.
En la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de marzo de 2020, solemnidad de la Anunciación del Señor.
Robert Card. Sarah
Prefecto
Arthur Roche
Arzobispo Secretario
Publicado por JOQUIVESA en 12:39

25 marzo 2020

‘Las palabras de la vocación’

Mensaje del Papa para la 57ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebra el 3 d3 Mayo, cuarto domingo de Pascua


Queridos hermanos y hermanas:
El 4 de agosto del año pasado, en el 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, quise ofrecer una Carta a los sacerdotes, que por la llamada que el Señor les hizo, gastan la vida cada día al servicio del Pueblo de Dios.
En esa ocasión, elegí cuatro palabras clave −dolor, gratitud, ánimo y alabanza− para agradecer a los sacerdotes y apoyar su ministerio. Considero que hoy, en esta 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, esas palabras se pueden retomar y dirigir a todo el Pueblo de Dios, a la luz de un pasaje evangélico que nos cuenta la singular experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad, en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14,22-33).
Después de la multiplicación de los panes, que había entusiasmado a la multitud, Jesús ordenó a los suyos que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. La imagen de esta travesía en el lago evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia. En efecto, la barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado. Pero, a veces puede perderse, puede dejarse encandilar por ilusiones en lugar de seguir el faro luminoso que la conduce al puerto seguro, o ser desafiada por los vientos contrarios de las dificultades, de las dudas y de los temores.
También sucede así en el corazón de los discípulos. Ellos, que están llamados a seguir al Maestro de Nazaret, deben decidirse a pasar a la otra orilla, apostando valientemente por abandonar sus propias seguridades e ir tras las huellas del Señor. Esta aventura no es pacífica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos.
Pero el Evangelio nos dice que, en la aventura de este viaje difícil, no estamos solos. El Señor, casi anticipando la aurora en medio de la noche, caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento.
Así pues, la primera palabra de la vocación es gratitud. Navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos. Nuestra realización personal y nuestros proyectos de vida no son el resultado matemático de lo que decidimos dentro de un “yo” aislado; al contrario, son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto. Es el Señor quien nos concede en primer lugar la valentía para subirnos a la barca y nos indica la orilla hacia la que debemos dirigirnos. Es Él quien, cuando nos llama, se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas.
Toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro, quizá justo cuando nuestra barca estaba siendo sacudida en medio de la tempestad. «La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019); por eso, llegaremos a descubrirla y a abrazarla cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida.
Cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba caminando sobre las aguas, pensaron que se trataba de un fantasma y tuvieron miedo. Pero enseguida Jesús los tranquilizó con una palabra que siempre debe acompañar nuestra vida y nuestro camino vocacional: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27). Esta es precisamente la segunda palabra que deseo daros: ánimo.
Lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida −como el matrimonio, el orden sacerdotal, la vida consagrada−, la primera reacción la representa frecuentemente el “fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?
Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos hacen perder el impulso, que nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida: creemos que nos equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un fantasma que tenemos que ahuyentar.
El Señor sabe que una opción fundamental de vida −como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio− requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: “No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado, nos libera de esa acedia que ya tuve la oportunidad de definir como «tristeza dulzona» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019), es decir, ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación.
En la Carta a los sacerdotes hablé también del dolor, pero aquí quisiera traducir de otro modo esta palabra y referirme a la fatiga. Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere que seamos como Pedro, capaces de “caminar sobre las aguas”, es decir, que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra, y especialmente en las distintas formas de vocación laical, presbiteral y de vida consagrada. Pero nosotros somos como el Apóstol: tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores.
Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera −en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal− o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos. Al contrario, a pesar de nuestras fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo.
Finalmente, cuando Jesús subió a la barca, el viento cesó y las olas se calmaron. Es una hermosa imagen de lo que el Señor obra en nuestra vida y en los tumultos de la historia, de manera especial cuando atravesamos la tempestad: Él ordena que los vientos contrarios cesen y que las fuerzas del mal, del miedo y de la resignación no tengan más poder sobre nosotros.
En la vocación específica que estamos llamados a vivir, estos vientos pueden agotarnos. Pienso en los que asumen tareas importantes en la sociedad civil, en los esposos que −no sin razón− me gusta llamar “los valientes”, y especialmente en quienes abrazan la vida consagrada y el sacerdocio. Conozco vuestras fatigas, las soledades que a veces abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al futuro. Ánimo, ¡no tengáis miedo! Jesús está a nuestro lado y, si lo reconocemos como el único Señor de nuestra vida, Él nos tiende la mano y nos sujeta para salvarnos.
Y entonces, aun en medio del oleaje, nuestra vida se abre a la alabanza. Esta es la última palabra de la vocación, y quiere ser también una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella, agradecida por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor.
Queridos hermanos: Particularmente en esta Jornada, como también en la acción pastoral ordinaria de nuestras comunidades, deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero. Que la Virgen María nos acompañe e interceda por nosotros.
Roma, San Juan de Letrán, 8 de marzo de 2020, II Domingo de Cuaresma.
Francisco
Fuente: vatican.va.
Publicado por JOQUIVESA en 11:30

“Oremos por el fin de la pandemia”

ROSA DIE ALCOLEA

Red Mundial de Oración del Papa

En una edición especial de ‘El Video del Papa’, el Santo Padre pide rezar por los enfermos y los que sufren, al tiempo que agradece a quienes, todos unidos y sin importar su tradición religiosa o convicciones, oran por los afectados.
La Red Mundial de Oración del Papa ha lanzado esta edición especial de ‘El Video del Papa’ el 24 de marzo de 2020, además de la Intención de Oración para marzo dedicada a los católicos chinos.
Las imágenes del video muestran al Papa Francisco rezando ante María Santísima, a quien dirigió una oración especial ante la emergencia de la pandemia, el pasado 11 de marzo, a través de un video mensaje: “Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos sometidos a pruebas y líbranos de todo peligro, oh gloriosa y bendita Virgen”.
Gestos del Papa 
Esta no es la primera vez que el Papa reza por el fin de la pandemia. El pasado domingo, 15 de marzo, encomendó a afectados por el virus a la Virgen, ante el ícono de la Salus Populi Romani, imagen muy venerada en Roma, y después, se dirigió en peregrinación hacia la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión para acabar con la peste en Roma, pidió por el fin de la pandemia.
Asimismo, el día de san José se unió a los obispos italianos para rezar el Rosario al patrono de la Iglesia Universal, y dirigió un video mensaje a todas las personas que oraron unidos.
El Santo Padre celebra cada mañana la Misa en la capilla de su residencia, la Casa Santa Marta, a las 7 horas. De manera extraordinaria, desde el 17 de marzo, al terminar la Eucaristía, Francisco bendice y expone al Santísimo Sacramento, para adorarlo durante un rato de silencio y oración.
Desde el 11 de marzo, además, se reza el Ángelus en la basílica de San Pedro, por iniciativa del cardenal Angelo Comastri, vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, “para invocar la intercesión de María en este difícil momento” de epidemia del coronavirus.
Bendición Urbi et Orbi
Además, el Santo Padre ha convocado a todos los fieles a rezar unidos a él la oración del Padre Nuestro, el próximo miércoles 25 de marzo, día de la Anunciación a la Virgen, y exhorta a “todos los Jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente” y “a rezar el Padre Nuestro al mediodía”.
El viernes 27 de marzo, en cambio, el Pontífice ha anunciado que será un tiempo de oración y adoración del Santísimo Sacramento, al final del cual dará “la bendición Urbi et Orbi” con la “posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”.
Vídeo: https://www.youtube.com/watch?time_continue=37&v=ys5MdLRVhuA&feature=emb_logo

Publicado por JOQUIVESA en 11:23
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