skip to main | skip to sidebar

JOQUIVESA

Encontrado en la "red" (Mateo 13:47-50)

23 diciembre 2025

La Navidad y el móvil robado en el paraíso

Antonio García-Prieto Segura

Dios que es Amor, “programó” a Adán y Eva con el tesoro de la libertad deseando que, al ejercitarla, su móvil o motivación fuera siempre el amor.

          El título de estas líneas quizá resulte llamativo; tiene que ver con algo que me sucedió, hace ahora cinco años; en plenas fiestas de Navidad y más concretamente el 31 de diciembre me robaron el móvil. Dos jóvenes cubiertos con pasamontañas hablaban en la calle junto a la entrada de mi casa y uno de ellos, mientras yo abría la puerta, me lo sustrajo hábilmente del bolsillo. Enseguida echaron a correr y, pese a la persecución rápidamente emprendida, todo acabó con la pérdida definitiva del móvil.

          Aquello me llevó a escribir “Nochevieja de sombras y luces: con ladrones y gente buena”, porque cerca de allí encontré un grupo de jóvenes que, enterados del percance, uno de ellos -una chica por más señas- me dijo: “¡Mire, no se preocupe por el móvil…! Mis padres me acaban de regalar 250 euros por mi cumpleaños y le daré lo que necesite para comprar uno nuevo. Me llamo Alba.” Agradecí mucho su generosidad, pero decliné su oferta.

          Hoy, aquel recuerdo me ha suscitado una libre asociación de ideas que, en principio, no parece que tengan mucho que ver entre sí. Sin embargo, he unido con un enfoque trascedente y religioso estas tres realidades: la Navidad, el móvil, y su robo, pero esta vez no en la calle sino en el paraíso. Veamos, pues, a la luz de la fe cristiana, sus respectivas referencias y qué puede decirnos esa curiosa asociación.

          El diccionario de la Lengua define así la Navidad: “En el mundo cristiano, festividad anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo.” La Biblia, lógicamente, amplía y desarrolla ese dato al decirnos que Jesucristo es Dios e Hijo eterno de Dios-Padre, nacido en Belén para redimirnos del pecado de nuestros primeros padres en el paraíso y devolvernos la dignidad de hijos de Dios.

          En el mismo diccionario, el término “móvil”, además de su referencia al consabido aparato de uso universal, aparece con otra acepción importantísima para nuestro propósito. Dice que móvil es “aquello que mueve material o moralmente algo; causa, razón, motivación, fundamento”. Estamos ya ante una realidad no de orden físico, como la del aparato que todos usamos, sino de orden moral y superior: una motivación que fundamenta, nada menos, y pone en juego el ejercicio de nuestra libertad. Aquello que hace que atraídos por una razón y movidos por ella, actuemos de un modo u otro. La pregunta inmediata sería: ¿un móvil así puede robarse? Sí, como veremos enseguida y afirma el título del artículo.

          Tomemos un ejemplo sencillo: alguna vez nos habrá sucedido que, estando muy motivados para actuar de un modo preciso -comprar una determinada prenda pongamos por caso-, sin embargo, desechamos esa motivación y terminamos comprando otra cosa muy distinta. Nada que objetar. Pero preocupante sería si ese cambio se produjera por habernos dejado seducir por engañosas razones, presentadas por una propaganda manipuladora o por un mentiroso maliciosamente interesado en desviarnos de nuestro propósito y móvil inicial.

          Pasando al plano de la fe, eso fue lo ocurrido en el paraíso terrenal después haber creado Dios a imagen y semejanza suya, a nuestros primeros padres. Con terminología de hoy diríamos: Dios que es Amor, “programó” a Adán y Eva con el tesoro de la libertad deseando que, al ejercitarla, su móvil o motivación fuera siempre el amor. Un amor, lógicamente, bien entendido y, por tanto, que sea cual fuere la acción que realicemos - trabajo, descanso, convivencia social, etc.-, la dignidad y el bien de la persona quedaran siempre enriquecidos y a salvo.

          La concreta y personal libertad de cada uno, apunta al amor y está configurada de modo que siempre tiene la posibilidad de escoger esa opción. El Amor divino, como fuente de los amores de la tierra, los comprende a todos con tal de que sean reflejo del suyo y no lo traicionen. De lo contrario habría que hablar del suicidio de la libertad. Por eso, la verdad y todo lo bueno y digno de ser amado por el hombre, constituyen el corazón mismo del móvil por el que debe ejercitarse la libertad; de aquí que la Iglesia, en su Catecismo, describa así este don:

          “La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar así por sí mismo acciones deliberadas. Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza”. (CEC 1731)

          El móvil último de la creación por parte de Dios fue la manifestación y comunicación de su Amor.  El reflejo de cuanto bueno y verdadero hay en el mundo se conoce como la “gloria” de Dios; y toda persona puede y debe actuar haciéndola suya, porque Él desea que participemos así de su móvil divino. De este modo, con la fuerza de crecimiento que es el buen uso de la libertad, aumentaremos nuestra dignidad y también la verdadera felicidad.

          Regresando al relato del paraíso, el libro del Génesis nos transmite la tentación de Adán y Eva. El demonio, enemigo acérrimo de Dios, con mentiras y razonamientos engañosos sustrajo en Adán y Eva el móvil del amor divino. Les hizo traicionarlo por el orgulloso amor propio, y que rechazasen la gloria divina inseparablemente unida a la suya propia como hijos de Dios. En el mismo pasaje se anuncia ya la promesa del Redentor que habría de restaurar aquel robo del amor divino, como móvil de nuestras acciones. Con razón, el Niño de Belén años más tarde calificaría al demonio como “el homicida que no se mantuvo en la verdad (…), porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44). Y de sí mismo nos diría: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6).

          Navidad: ¡cómo no alegrarse si creemos que quien nace en Belén es el Hijo eterno de Dios-Padre! Y que su encarnación, como fruto del amor del Espíritu Santo en el seno de María Virgen, ha sido para restituirnos con su muerte en la Cruz y posterior Resurrección, la gloria de ser hijos de Dios y el móvil de su amor sustraído en el paraíso. Con razón se ha dicho -aunque su autoría sea incierta-, que de nada habría servido que Cristo naciera mil veces en Belén, si no llegase a nacer, al menos una vez, en nuestro corazón.

          Por eso, con la esperanza de que todo el mundo y no solo los cristianos entiendan la Navidad desde ese horizonte de fe y de amor, deseo a todos -empezando por los pacientes lectores que hayan llegado hasta aquí-, unos días de aquella gozosa paz que anunciaron los ángeles en la noche luminosa de Belén.  

Fuente: elconfidencialdigital.com


Publicado por JOQUIVESA en 12:35

22 diciembre 2025

He estado en Belén

Juan Luis Selma

Todo el misterio de la Navidad es pura humildad: Dios se hace hombre, se abaja a nuestra condición, se hace Niño indefenso, necesitado de todo.

Ya está cerca la Navidad, el Niño Dios está a punto de nacer. He tenido la dicha de pasar estos días en Tierra Santa, la tierra que pisó Jesús. He experimentado el gozo y la gracia de besar los santos lugares, de contemplar los mismos campos y montes, arroyos y fuentes, de respirar el mismo aire que respiró el Señor. Su presencia se percibe.

El grupo de sacerdotes que peregrinamos entramos en la santa Gruta de Belén. Habían concluido los oficios de los sacerdotes ortodoxos; se respiraba el olor a incienso y aceites perfumados, el murmullo de sus salmodias. Nos arrodillamos y besamos la estrella de plata de catorce puntas que reza: "Aquí nació Jesucristo de la Virgen María". El silencio, el recogimiento y la emoción se palpaban. Allí permanecimos largo tiempo.

Al salir, uno de los sacerdotes entabló conversación con una joven musulmana, periodista, que se encontraba allí. Le comentó lo que veneramos en Belén y ella respondió que vernos orando le transmitió paz. Es el mismo anuncio a los pastores: "Paz a los hombres de buena voluntad".

Al terminar los oficios ortodoxos, uno de ellos tocó una campana. En ese momento aparecieron dos franciscanos armados con escoba y recogedor; entraron a limpiar la capilla que contiene el Pesebre, donde la Virgen dejó al Niño a modo de cuna. Está bajo el cuidado de los franciscanos. Dos humildes frailes adecentando el santo lugar, haciendo valer nuestros derechos allí.

Da pena contemplar la división entre los cristianos, entre los creyentes por quienes Jesús oró al Padre para que todos fuéramos uno. Cuando ponemos el acento en el yo, en lo mío, nos separamos de los demás. Algo de eso se vive también en nuestras casas y en la sociedad: olvidamos lo mucho que nos une y damos demasiada importancia a lo que nos separa.

Todo el misterio de la Navidad es pura humildad: Dios se hace hombre, se abaja a nuestra condición, se hace Niño indefenso, necesitado de todo. La entrada en la Basílica de la Natividad lo muestra gráficamente: hay que agacharse, humillarse, para pasar por la puerta estrecha y pequeña que la franquea. Si queremos vivir bien estos días, si queremos sacar todo el jugo a la Navidad, tenemos que humillarnos, abajarnos, hacernos pequeños. Así, estos días serán luminosos, pacíficos, entrañables.

En el Campo de los Pastores se venera la cueva donde los rabadanes velaban el rebaño. Allí se presentó el ángel anunciando la gran alegría: "No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre".

En la iglesia hay tres pinturas que describen el momento del anuncio, la adoración al Niño y el regreso de los pastores. En este último fresco se ve un niño que baja saltando, cantando y bailando, rebosando alegría. Han ofrecido unos humildes regalos al Niño, los productos de su rebaño: leche y requesón, y vuelven cantando.

Luego aparecerán los Reyes Magos, personajes importantes con obsequios valiosos: oro, incienso y mirra. En Belén cabemos todos: el pueblo elegido y los gentiles, creyentes y paganos, pobres y ricos, niños y adultos. Dios nos ama a todos, no hace distingos.

Estos días podemos ensanchar nuestro corazón, purificarlo, limpiarlo: pasar el escobón, como los buenos frailes hicieron en el Pesebre. Podemos crecer en humildad, agachar la cerviz: perdonar, olvidar, pedir perdón. Volverán la paz y la alegría a nuestro corazón.

Escribía monseñor Ocáriz hace unos días: "En este tiempo de paz, procuremos que ninguna barrera se interponga entre quienes nos rodean. Si alguna de nuestras relaciones se encuentra dañada por un conflicto o un resentimiento, pidamos la humildad para pedir perdón o perdonar, considerando que Dios es el primero que no duda en ofrecernos su perdón cuando nos acercamos a Él arrepentidos: con su gracia, Él nos ayudará a forjar un corazón misericordioso y abierto a todos, como el de su Hijo".

El Señor está cerca. Vamos todos a prepararnos: hagamos de nuestro corazón y de nuestros hogares un Portal de Belén. Hagamos como los pastores: regalemos a los nuestros pequeños detalles, olvidemos las rencillas, rindamos la razón. Como decía Pascal, "el corazón tiene razones que la razón no entiende". Hagámonos niños.

Fuente: eldiadecordoba.es

Publicado por JOQUIVESA en 10:15

21 diciembre 2025

Piedad y caridad, misericordia y abandono, vjrtudes de San José.

El Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

Hoy, cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos invita a meditar sobre la figura de san José. Nos lo presenta, en particular, en el momento en el que Dios le revela su misión en sueños (cf. Mt 1,18-24). De ese modo, nos propone una página muy hermosa de la historia de la salvación, cuyo protagonista es un hombre frágil y falible —como nosotros— y, al mismo tiempo, valiente y fuerte en la fe.

El evangelista Mateo lo llama “hombre justo” (cf. Mt 1,19), y esto lo describe como un israelita piadoso, que observa la Ley y frecuenta la sinagoga. Pero, además de eso, José de Nazaret se nos muestra también como una persona extremadamente sensible y humana.

Lo vemos cuando, aun antes de que el Ángel le revele el misterio que se está cumpliendo en María, frente a una situación difícil de comprender y de aceptar, él no elige la vía del escándalo y de la condena pública a su futura esposa, sino el camino discreto y benévolo del repudio en secreto (cf. ibíd.). De esa manera, demuestra que ha captado el sentido más profundo de su propia observancia religiosa: el de la misericordia.

La pureza y la nobleza de sus sentimientos se vuelven aún más evidentes cuando el Señor, en sueños, le revela su plan de salvación, indicándole el rol inesperado que deberá asumir: ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías. Aquí, en efecto, José, con un gran acto de fe, deja también la última orilla de sus seguridades y navega mar adentro hacia un futuro que ya está totalmente en las manos de Dios. San Agustín describe así su consentimiento: «A la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios» (Sermón 51, 30).

Piedad y caridad, misericordia y abandono; estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la liturgia nos propone hoy, para que nos acompañen en estos últimos días de Adviento, hacia la santa Navidad. Son actitudes importantes, que educan el corazón al encuentro con Cristo y con los hermanos, y que nos pueden ayudar a ser, los unos para los otros, pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios. En este tiempo de gracia, no perdamos ocasión para practicarlas: perdonando, animando, dando un poco de esperanza a las personas con las que vivimos y a aquellas que encontramos; y renovando en la oración nuestro abandono filial al Señor y a su Providencia, encomendándole todo con confianza.

Que nos ayuden en esto la Virgen María y san José, que fueron los primeros en acoger a Jesús, el Salvador del mundo, con gran fe y amor.

_____________________

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de otras partes del mundo, en particular a los que han venido desde Jumilla, en España, y al grupo de docentes del Our Lady College, de Hong Kong. Saludo además a los fieles de Chieti Scalo y de Voghera, a los profesores y a los alumnos del Liceo Científico “Banzi Bazoli” de Lecce, y a los miembros de la “Fundación Agustinos en el Mundo”, con motivo de su aniversario.

Hoy también deseo dirigir un saludo especial a los niños y adolescentes de Roma. Queridos amigos, han venido con sus familiares y con los catequistas para la bendición de las imágenes del Niño Jesús, que colocarán en el pesebre de sus casas, de las escuelas y de los oratorios. Agradezco al Centro de Oratorios Romanos que ha organizado este evento y bendigo de corazón todas las imágenes del Niño Dios. Queridos chicos, ante el pesebre, recen a Jesús también por las intenciones del Papa. En particular, recemos juntos para que todos los niños del mundo puedan vivir en paz. ¡Les agradezco de corazón!

Y con las imágenes del Niño Dios y con todas las expresiones de nuestra fe en Él los bendiga siempre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

A todos les deseo un feliz domingo y una santa y serena Navidad.

Fuente: vatican.va

Publicado por JOQUIVESA en 21:13

20 diciembre 2025

“Y le puso por nombre Jesús”

4.º domingo de Adviento (Ciclo A)

Evangelio (Mt 1,18-24)

La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

—José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto ha ocurrido para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta:

Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo,

a quien pondrán por nombre Emmanuel —que significa Dios-con-nosotros.

Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.

Comentario

A las puertas de la Navidad, el evangelio del cuarto domingo de Adviento recoge el relato del nacimiento de Jesús según san Mateo, que empieza con la expresión «la generación de Jesús fue así». Esta peculiar frase atrajo la atención de algunos Padres de la Iglesia, porque con ella Mateo da a entender que la generación de Jesús necesita ser contada: fue especial y única. “Como quien va a decir una cosa nueva –decía san Juan Crisóstomo− (Mateo) promete narrar la manera de realizarse esta generación; no fuera a suceder que al oír las palabras "esposo de María" cualquiera pensase que Cristo había nacido según la ley general de la naturaleza”. En cambio, el evangelista señala con su relato que la concepción de Jesús fue sin la intervención de un hombre, que fue por tanto virginal y milagrosa: por la acción del Espíritu Santo. Y en los hechos sucedidos se cumplían además las Escrituras y, en concreto, el famoso vaticinio de Isaías 7,14, que anunciaba el nacimiento del Emmanuel de una virgen.

Cuenta Mateo que cuando María concibe en el seno al Señor, ella y José ya estaban desposados; es decir, habían hecho los compromisos matrimoniales llamados qiddûshîn, pero todavía no habían celebrado sus bodas (nissûîn), en las que la esposa era recibida en casa del esposo y empezaban a vivir juntos. No obstante, la primera ceremonia tenía ya todos los efectos jurídicos de cualquier matrimonio. Entre ambos acontecimientos se produce precisamente la concepción “por obra del Espíritu Santo” (v. 20).

Según la Ley de Moisés, José debía denunciar a María en público para ser lapidada por su supuesto adulterio (Dt 22,23-24). Pero cuando se da cuenta del hecho, decide repudiar en secreto a María. Esto significaba probablemente firmar y entregar en privado un documento que dejaba a María libre del desposorio celebrado. De este modo, podría presentarlo cuando todos supieran que estaba embarazada de un niño que no era de José.

El gesto de José evidencia su excepcional talla humana, porque pretende proteger a María y quitarse él de en medio. Por eso merece el elogio del evangelista, que lo llama «justo». El Papa Francisco decía en una ocasión: “hay que meditar estas palabras para comprender cuál fue la prueba que José tuvo que afrontar los días anteriores al nacimiento de Jesús. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abrahán, cuando Dios le pidió el hijo Isaac (cf. Gn 22): renunciar a lo más precioso, a la persona más amada. Pero, como en el caso de Abrahán, el Señor interviene: encontró la fe que buscaba y abre una vía diversa, una vía de amor y de felicidad: “José —le dice— no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1,20). Este Evangelio −concluía el Papa− nos muestra toda la grandeza del alma de san José. Él estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande. José era un hombre que siempre dejaba espacio para escuchar la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto querer, un hombre atento a los mensajes que le llegaban desde lo profundo del corazón y desde lo alto”.

Una vez tomada su difícil decisión, José recibe en sueños la indicación angélica de aceptar sin temor a María y al niño como hijo propio, porque debe ponerle un nombre ante la Ley. Con su obediencia al ángel, José recuerda al patriarca con su mismo nombre, que supo interpretar el querer de Dios revelado en sueños (Gn 40,8ss.). El nombre del niño, Jesua o Yehosúa, significa «Dios salva» e implica su misión pues, como explica el ángel, «salvará a su pueblo de sus pecados» (v. 21).

La figura de José que presenta este relato ha despertado siempre la devoción de los santos hacia el esposo de María. San Josemaría, por ejemplo, invitaba a considerar: “mira cuántos motivos para venerar a San José y para aprender de su vida: fue un varón fuerte en la fe...; sacó adelante a su familia —a Jesús y a María—, con su trabajo esforzado...; guardó la pureza de la Virgen, que era su Esposa...; y respetó —¡amó!— la libertad de Dios, que hizo la elección, no sólo de la Virgen como Madre, sino también de él como Esposo de Santa María”.

Fuente: opusdei.org

Publicado por JOQUIVESA en 17:47

Cómo educar el carácter a la luz de San Juan Pablo II

Carlos Company Selma

Educar el carácter a la luz de San Juan Pablo II significa formar individuos comprometidos con la verdad, capaces de amar profundamente y dispuestos a asumir responsabilidades hacia sí mismos y hacia los demás. Y la familia es el núcleo donde estos valores deben ser cultivados

La figura de San Juan Pablo II nos ofrece una rica fuente de enseñanzas sobre la educación del carácter.

Su vida y su mensaje resuenan con fuerza en un mundo que se siente desorientado y carente de valores sólidos.

A través de sus enseñanzas, descubrirnos cómo cultivar un carácter fuerte y virtuoso, fundamentado en el amor, la familia y la dignidad humana.

Para entender cómo educar el carácter según San Juan Pablo II, es esencial reconocer su profunda convicción sobre la importancia de la familia.

En su exhortación apostólica Familiaris Consortio, subraya que «es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia».

Amar a la familia implica crear un ambiente propicio para su desarrollo, lo cual es fundamental en la formación del carácter de los jóvenes.

Otra de las claves para entender la visión de San Juan Pablo II sobre la educación del carácter es su propia vida y rutina diaria.

El Papa desarrollaba una actividad intensa, con jornadas laborales que oscilaban entre 16 y 17 horas, interrumpidas solo por breves pausas.

La disciplina en su vida personal se traduce en un ejemplo poderoso para aquellos que buscan forjar un carácter fuerte.

En su Carta a las Familias, el Papa Juan Pablo II advertía que el modelo antropológico contemporáneo se había alejado de la verdad plena sobre el hombre.

Este alejamiento provocaba una incapacidad para comprender adecuadamente lo que significa la entrega en el matrimonio y, por extensión, en cualquier relación humana.

La libertad entendida como una mera opción personal fragmenta al individuo y le impide comprometerse verdaderamente con los demás.

Educar el carácter implica enseñar que la verdadera libertad no es solo hacer lo que se desea, sino también asumir responsabilidades y compromisos hacia los demás. 

La fidelidad es otro concepto central en las enseñanzas de San Juan Pablo II.

A menudo, se menciona a los primeros cristianos como «fieles», una designación que surgió en tiempos de persecución y adversidad.

Ser fiel implica mantenerse firme ante las adversidades y las presiones externas.

El Papa enfatizaba que «ser coherente toda la vida» es lo verdaderamente desafiante.

En nuestra labor por educar el carácter, debemos enseñar a las nuevas generaciones que ser fieles a sus principios es vital, incluso cuando esto implique enfrentar críticas o incomprensiones.

Uno de los puntos clave en el pensamiento de San Juan Pablo II es su afirmación de que «en torno a la vida y a la familia se libra hoy la batalla fundamental de la dignidad del hombre».

Esta declaración resuena especialmente en tiempos en los que las estructuras familiares y los valores fundamentales están en crisis.

La familia es el núcleo donde se forman los primeros vínculos afectivos y sociales, y es el lugar donde se cultivan las virtudes que conforman el carácter.

Educar el carácter implica fortalecer los lazos familiares y fomentar un ambiente donde el amor y el respeto sean pilares fundamentales.

El Papa enfatizó que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia”.

Esto subraya la importancia de promover los valores familiares como un medio para construir una sociedad más justa y solidaria. 

La educación del carácter debe comenzar en casa.

San Juan Pablo II también enfatizaba la importancia de la familia como el «factor cultural por excelencia».

En su mirada, la familia es el entorno primordial donde se cultivan valores cristianos y se desarrollan relaciones afectivas sólidas. 

Este espacio debe ser un lugar de amor, y un aula donde se enseñen principios éticos y morales que formarán el carácter de las futuras generaciones.

San Juan Pablo II nos recuerda que “la señal del cristiano es la Santa Cruz”. 

Compartir el sufrimiento es un aspecto fundamental que une al ser humano con Dios. 

La cruz representa sufrimiento, y amor incondicional y sacrificio por los demás.

Educar el carácter implica enseñar a enfrentar las propias cruces con valentía y a reconocer las cruces ajenas con compasión.

San Juan Pablo II también nos invita a «mirar el pasado con gratitud, vivir en presente con entusiasmo y encaminarse al futuro con esperanza».

Esta perspectiva positiva es esencial para cultivar un carácter resiliente.

La gratitud por las experiencias pasadas, sean buenas o malas, nos permite aprender lecciones valiosas; vivir con entusiasmo nos impulsa a actuar con pasión en el presente; y tener esperanza nos motiva a seguir adelante incluso ante las adversidades.

Estas actitudes son fundamentales para formar individuos capaces de enfrentar los desafíos de la vida con integridad.

El amor es otro tema recurrente en las enseñanzas del Papa.

Él afirmaba que «el hombre no puede vivir sin amor», subrayando que nuestra vida carece de sentido si no experimentamos y compartimos este sentimiento fundamental.

Educar el carácter implica fomentar relaciones basadas en el amor auténtico: amor hacia uno mismo, hacia los demás y hacia Dios.

El Papa Wojtyla creía firmemente que el verdadero sentido del ser humano radica en la comunión.

Como él mismo afirmó, «el hombre ha sido creado no tanto en el momento de la soledad… sino en el momento de la comunión». 

Esta visión nos enseña que el carácter se forja en las relaciones interpersonales; aprender a amar y respetar a los demás es esencial para desarrollar un carácter fuerte.

Reflejando sobre cómo las enseñanzas de San Juan Pablo II pueden aplicarse hoy, podemos ver cómo su influencia fue crucial incluso en contextos históricos complejos.

Su papel en la caída del imperio soviético muestra cómo una fe sólida puede desafiar sistemas opresivos.

Esto nos lleva a entender que educar el carácter no solo tiene implicaciones personales; también puede tener un impacto social significativo.

San Juan Pablo II también enfatizó la importancia de recuperar el verdadero sentido de la sexualidad humana como parte integral de nuestra identidad.

Nos exhortaba a construir «una cultura de amor y de vida», lo que implica educar a las nuevas generaciones en valores que trascienden lo superficial.

La sexualidad no es solo un aspecto físico; está intrínsecamente relacionada con nuestra dignidad como personas.

Educar sobre este tema desde una perspectiva integral ayuda a formar individuos con un carácter sólido, capaces de tomar decisiones responsables y éticas.

En sus escritos, Juan Pablo II abordó temas profundos sobre el amor y las relaciones humanas.

Su contribución a la doctrina sobre el sexo y el matrimonio ofrece una perspectiva original que busca satisfacer el deseo humano innato de amar y ser amado.

Esta visión integral del amor también se aplica al desarrollo del carácter; aprender a amar auténticamente implica cultivar virtudes como la paciencia, la empatía y el respeto hacia los demás.

En un mundo marcado por el consumismo y la deshumanización, donde «la vida corre el peligro de volverse cada vez más anónima y funcional», San Juan Pablo II nos recuerda que debemos ser conscientes del valor intrínseco del ser humano.

La educación del carácter debe incluir una apreciación por las aspiraciones, sueños e ilusiones que hacen única a cada persona.

Educar el carácter a la luz de San Juan Pablo II significa formar individuos comprometidos con la verdad, capaces de amar profundamente y dispuestos a asumir responsabilidades hacia sí mismos y hacia los demás. Y la familia es el núcleo donde estos valores deben ser cultivados.

Fuente: forumlibertas.com

Publicado por JOQUIVESA en 17:43

19 diciembre 2025

A dialogar también se aprende

Manuel Sánchez Monge

Para que haya un buen diálogo hay que saber escuchar, que es algo más que oír, porque en los corazones hay algo que se quiere comunicar más allá de las palabras.

La globalización ha conducido a un gran cambio cultural en muchos ambientes tradicionalmente homogéneos. Nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren las consecuencias del estrés o de un cansancio crónico. Hoy día estar pendientes de los medios tecnológicos a cada momento, la inmediatez, las prisas… hacen que olvidemos la importancia que tiene hablar con los demás, la necesidad que todos tenemos de una mirada afectuosa, de un saludo cercano, de una palabra de ánimo. La mirada, la palabra, el tacto, ocupan un lugar importante en las relaciones ente personas.

Es necesario dedicar tiempo para aprender a dialogar porque con un buen entrenamiento se consigue. Para que haya un buen diálogo hay que saber escuchar, que es algo más que oír, porque en los corazones hay algo que se quiere comunicar más allá de las palabras. El diálogo nos enriquece con la sabiduría y la experiencia del otro cuando hablamos de corazón a corazón. Para poder escuchar bien hay que dejar a un lado los prejuicios y los miedos. Hay que estar abiertos a lo nuevo, respetando las diferencias y acogiendo al otro con confianza. No hay buen diálogo sin humildad. Hemos de renunciar a imponernos sobre el otro abriéndonos los dos a la verdad que es la raíz de la que brota toda comunión auténtica.

El buen diálogo necesita silencio. Para escuchar y reflexionar sobre lo que el otro propone y para manifestar lo que llevamos más dentro de nosotros y que no se puede expresar solo con palabras. No diremos jamás palabras verdaderas, si antes no caminamos por los senderos del silencio. No hay diálogo sin conocimiento mutuo. Si desconocemos la cultura del otro, su mundo vital, se originarán seguramente incomprensiones y rechazos. Para dialogar es necesario conocer al otro y dejarse conocer por él. Para vivir el diálogo tenemos que ser libres en relación a nosotros mismos, dispuestos a ponernos en cuestión. Y también libres en relación a los demás. Hay que rechazar los condicionamientos y los miedos que a veces nos paralizan. Hemos de ser libres para obedecer solo a la verdad, que nos hace libres (cf. Jn 8,32).

No hay diálogo sin capacidad de asombro. No puede uno menos de maravillarse cuando observa la riqueza interior del otro, cuando es capaz de ver el mundo con sus ojos, cuando uno se pone en juego y vive el riesgo. El asombro desorienta quizá, pero libera de falsas resistencias y nos hace capaces de acoger la verdad, cualquiera que sea su procedencia.

El auténtico diálogo exige el compromiso de ser fieles a la verdad. Quien no quiere compartir sus propias razones para vivir, creer, esperar, amar; quién no tiene pasión por la verdad y no es fiel a su identidad más profunda, nunca será capaz de dialogar. En el diálogo el corazón se abre a Quien es la verdad, el Dios viviente, que viene a habitar en aquellos que ─dialogando con Él─ acogen su amor.

No hay diálogo sin responsabilidad. Quien dialoga no deberá nunca olvidar la red de relaciones humanas de donde procede y de la cual es responsable: el diálogo no elimina, sino que aumenta el sentido de responsabilidad que cada uno debe tener en relación al bien común, de acuerdo con su vocación y misión.

Es imposible olvidar que no hay diálogo sin perdón. Quien quiere dialogar, debe liberarse de todo resentimiento por las heridas recibidas. El corazón tiene que ser purificado pidiendo y ofreciendo perdón siempre que sea necesario.

El cristianismo es la religión del diálogo. Lo dice la Carta a los Hebreos: Después de hablar Dios muchas veces y de diversos modos antiguamente (…) en estos días últimos nos ha hablado por medio de su Hijo Jesucristo (1,1-2). La historia de la salvación narra este largo y variado diálogo, que nace de Dios y teje con el hombre un coloquio paciente y amoroso. Por eso mismo, el diálogo pertenece al ser y es la misión de la Iglesia.

En resumen, para ser persona dialogante hace falta una buena dosis de sentido común, naturalidad, humildad y amor a la verdad. Por ello mismo, surgen muchas desconfianzas cuando nos prometen diálogo personas autosuficientes que todo lo convierten en monólogos llenos de dogmatismo y rigidez. En efecto, hace falta dar no sólo a los medios electrónicos, sino a toda la sociedad un rostro humano. El primer paso para conseguirlo consiste en ser nosotros mismos verdaderamente humanos, es decir, en vivir a la altura de nuestras posibilidades, esforzarnos por ser quienes somos y abrirnos a los demás.

Fuente: eldebate.com

Publicado por JOQUIVESA en 11:22

18 diciembre 2025

La vida íntima de Benedicto XVI

Benigno Blanco

En estas homilías, al no estar vinculadas a eventos ni lugares externos, B XVI deja fluir su oración personal y su comprensión de exégeta de los textos litúrgicos.

Hay pocas ocasiones de asomarse a la vida privada de un Papa, de conocer sus gustos y fobias culinarias y de qué habla en las comidas familiares sin invitados, cómo reza o trata a sus familiares, amigos y subordinados, qué hace en su tiempo libre, cómo reza, su relación con las mascotas…

Alfred Xuereb fue el segundo secretario privado de Benedicto XVI durante seis años (entre 2007 y 2013), siendo el primero el mucho más conocido Georg Gänswein. En Mis días con Benedicto XVI (Ed. Palabra, 2024, 370 págs.), Don Alfred, sacerdote maltés que desde 1995 prestaba servicios en el Vaticano, transcribe un diario de sus años al lado del Papa Benedicto desde septiembre de 2007 hasta que Benedicto XVI renunció al ejercicio del ministerio papal.

El libro de Alfred Xuereb -a diferencia del publicado en su día por Mons. Gänswein- no se refiere, sino ocasionalmente y de pasada, a los temas de relieve eclesial, político, doctrinal o mediático del pontificado de Benedicto. En esta obra solo se encuentran las pequeñas anécdotas y hechos de la vida privada del Pontífice, el día a día de la vida hogareña de la conocida como “familia pontificia”, formada fundamentalmente por el propio Papa, sus dos secretarios particulares y las memores de Comunión y Liberación que se ocupaban de la atención del hogar pontificio. Con Mons. Xuereb el lector se asoma a la rutina privada, hogareña, de ese pequeño grupo humano vinculado por el cariño y atención al Papa: asistimos a los ratos de tertulia y de oración, a las comidas y sobremesas, a los paseos y momentos de descanso, a las rutinas diarias ajenas a la agenda pública del Papa, a los pequeños accidentes domésticos, al seguimiento de la liga de fútbol y las celebraciones familiares de santos, cumpleaños, aniversarios, etc.

D. Alfred llegó a querer a B XVI como un buen hijo quiere a su padre bueno; se nota página a página el cariño filial que transpira el autor al hablar del Papa. Y, en paralelo lógico, se pone de manifiesto el carácter entrañable de B XVI: su humildad y sencillez, su preocupación cariñosa por todos los que lo rodeaban, cómo estaba pendiente de enfermedades y preocupaciones de las familias del propio D. Alfred y del resto de miembros de la “familia pontificia”. Gracias a las confidencias del autor nos enteramos del amor del Papa Benedicto por los animales, especialmente por los gatos, de los que llega a decir que quizá las mascotas nos acompañen en la vida eterna sugiriendo que éste sería un buen tema para la reflexión teológica; nos emocionamos viendo el cariño del Papa con su hermano Georg que les visita en el Vaticano con cierta frecuencia y al que Benedicto cuida, incluso físicamente, como al único miembro de su familia que le queda; aprendemos que al Papa no le gustaban ni las setas ni los mariscos marinos llenos de antenas … que le daban repelús; y que disfrutaba con los paseos por el campo y las comidas campestres en sus periodos de vacaciones en la residencia de verano de Castel Gandolfo.

Desde un punto de vista espiritual a mí me ha sorprendido la profunda piedad mariana de Benedicto y su vivencia de la infancia espiritual. El gran teólogo era espiritualmente como un niño abandonado en las manos de su Padre Dios; por eso mantenía siempre la paz y se mantenía firme en sus obligaciones en medio de las tormentas que batían la barca de la Iglesia durante su pontificado. Ahora que se intuye que comenzará en breve su proceso de canonización, conocer a este gran Papa y doctor de la mano de D. Alfred Xuereb es un lujo irrenunciable.

El libro editado por editorial Palabra en papel satinado y con espléndidas fotografías en casi todas las páginas es un regalo estupendo para cualquier católico.

Como complemento ideal de la obra de Xuareb, recomiendo la lectura de la edición que acaba de hacer en este 2025 la editorial Encuentro de las homilías privadas predicadas por Benedicto XVI a los miembros de la familia pontificia durante los años de su pontificado y en los siguientes en su residencia en el Monasterio Mater Eclessiae en el que vivió hasta su fallecimiento. Se trata de homilías en el oratorio privado, sin público, pero tan cuidadas como todas las que pronunció durante su vida sacerdotal ese maestro del género homilético que fue Joseph Ratzinger. En estas homilías -grabadas y transcritas por las memores que le asistían-, al no estar vinculadas a eventos ni lugares externos, B XVI deja fluir su oración personal y su comprensión de exégeta de los textos litúrgicos. Son una maravilla de espiritualidad.

Fuente: religionenlibertad.com


Publicado por JOQUIVESA en 11:45

17 diciembre 2025

Jesucristo, nuestra esperanza

El Papa en la Audiencia General

Ciclo de catequesis – Jubileo 2025. IV. La resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual 8. La Pascua como destino del corazón inquieto.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

La vida humana se caracteriza por un movimiento constante que nos impulsa a hacer, a actuar. Hoy en día se exige en todas partes rapidez para obtener resultados óptimos en los ámbitos más diversos. ¿De qué manera la resurrección de Jesús ilumina este aspecto de nuestra experiencia? Cuando participemos en su victoria sobre la muerte, ¿descansaremos? La fe nos dice: sí, descansaremos. No estaremos inactivos, sino que entraremos en el descanso de Dios, que es paz y alegría. Pues bien, ¿solo tenemos que esperar, o esto puede cambiarnos desde ahora?

Estamos absortos en muchas actividades que no siempre nos satisfacen. Muchas de nuestras acciones tienen que ver con cosas prácticas, concretas. Debemos asumir la responsabilidad de numerosos compromisos, resolver problemas, afrontar fatigas. También Jesús se involucró con las personas y con la vida, sin escatimar esfuerzos, sino entregándose hasta el final. Sin embargo, a menudo percibimos que el hecho de hacer demasiado, en lugar de darnos plenitud, se convierte en un vórtice que nos aturde, nos quita la serenidad, nos impide vivir mejor lo que es realmente importante para nuestra vida. Entonces nos sentimos cansados, insatisfechos: el tiempo parece dispersarse en mil cosas prácticas que, sin embargo, no resuelven el significado último de nuestra existencia. A veces, al final de días llenos de actividades, nos sentimos vacíos. ¿Por qué? Porque no somos máquinas, tenemos un «corazón», es más, podemos decir que somos un corazón.

El corazón es el símbolo de toda nuestra humanidad, la síntesis de pensamientos, sentimientos y deseos, el centro invisible de nuestras personas. El evangelista Mateo nos invita a reflexionar sobre la importancia del corazón, al citar esta hermosa frase de Jesús: «Porque allí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,21).

Es, entonces, en el corazón donde se conserva el verdadero tesoro, no en las cajas fuertes de la tierra, no en las grandes inversiones financieras, hoy más que nunca enloquecidas e injustamente concentradas, idolatradas al precio sangriento de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios.

Es importante reflexionar sobre estos aspectos, porque en los numerosos compromisos que afrontamos continuamente, aflora cada vez más el riesgo de la dispersión, a veces de la desesperación, de la falta de sentido, incluso en personas aparentemente exitosas. En cambio, leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, significa encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón: cor inquietum. Con este adjetivo «inquieto», san Agustín nos hace comprender el impulso del ser humano que tiende a su plena realización. La frase completa remite al comienzo de las Confesiones, donde Agustín escribe: «Señor, tú nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (I, 1,1).

La inquietud es la señal de que nuestro corazón no se mueve al azar, de forma desordenada, sin un fin o una meta, sino que está orientado hacia su destino último, el de «volver a casa». Y el auténtico destino del corazón no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en alcanzar lo que puede colmarlo plenamente, es decir, el amor de Dios, o, mejor dicho, Dios Amor. Sin embargo, este tesoro solo se encuentra amando al prójimo que se encuentra en el camino: hermanos y hermanas de carne y hueso, cuya presencia interpela e interroga a nuestro corazón, llamándolo a abrirse y a donarse. El prójimo te pide ralentizar, mirarlo a los ojos, a veces cambiar de planes, tal vez incluso cambiar de dirección.

Queridísimos, he aquí el secreto del movimiento del corazón humano: volver a la fuente de su ser, disfrutar del gozo que no termina, que no decepciona. Nadie puede vivir sin un sentido que vaya más allá de lo contingente, más allá de lo que pasa. El corazón humano no puede vivir sin esperar, sin saber que está hecho para la plenitud, no para el vacío.

Jesucristo, con su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección, ha dado un fundamento sólido a esta esperanza. El corazón inquieto no se sentirá defraudado si entra en el dinamismo del amor para el que ha sido creado. El destino es seguro, la vida venció y en Cristo seguirá venciendo en cada muerte de lo cotidiano. Esta es la esperanza cristiana: ¡bendigamos y demos gracias siempre al Señor que nos la ha dado!

_____________________

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Jesús crucificado y resucitado nos hace una promesa: el corazón que lo busca no quedará desilusionado. Su Palabra nos ayuda a entender que, en medio de los compromisos de cada día, con alto riesgo de dispersión, desesperación o de falta de sentido, estamos invitados a volver a lo esencial de nuestra existencia.

El Señor nos recuerda que no somos máquinas sino hombres y mujeres con un corazón, que es la síntesis de nuestros pensamientos, sentimientos y afectos. Es el centro de nuestra persona: «Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón», nos dice el Evangelio.

De este modo, la vida del Resucitado guía el corazón inquieto a la fuente del gozo que no termina ni decepciona: el Dios amor. A Él se llega amando al hermano de carne y hueso, en cuyo rostro encontramos a Cristo mismo.

Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos al Señor que nos enseñe a decir con san Agustín: «Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», y con ese deseo entremos en el dinamismo del amor para el que fuimos creados, caminando hacia Cristo, la esperanza que no defrauda.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Fuente: vatican.va

Publicado por JOQUIVESA en 12:21
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio
Suscribirse a: Entradas (Atom)

LA VERDAD...

LA VERDAD...
...OS HARÁ LIBRES.

PARA VER Y OIR

  • LUKNIA (Conoce a Jesús)
  • ROME REPORTS
  • VATICAN NEWS
  • CATHOLIC.NET
  • RADIO MARÍA
  • OPUS DEI
  • ALMUDI

Archivo del blog

  • ▼  2026 (320)
    • ▼  septiembre (19)
      • Los obreros de la viña
      • La rutina
      • La llamada divina y la libertad
      • Los documentos del Concilio Vaticano II.
      • La llamada divina y la libertad
      • No perder comba
      • Contar con los límites
      • «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»
      • Setenta veces siete
      • Seis consejos de ‘El Principito’ para sobrevivir e...
      • Los documentos del Concilio Vaticano II
      • La aurora de un mundo nuevo: cuando el silencio de...
      • ¿Tiene sentido corregir hoy?
      • “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
      • La corrección fraterna
      • «Oikos», o el tema de la educación en la política ...
      • De Calcuta a la Amazonia ecuatoriana pasando por B...
      • Documentos del Concilio Vaticano II
      • El Papa concluye el ciclo de Liturgia y rechaza de...
    • ►  agosto (36)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (50)
    • ►  mayo (36)
    • ►  abril (32)
    • ►  marzo (40)
    • ►  febrero (30)
    • ►  enero (40)
  • ►  2025 (440)
    • ►  diciembre (36)
    • ►  noviembre (33)
    • ►  octubre (36)
    • ►  septiembre (31)
    • ►  agosto (38)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (39)
    • ►  mayo (42)
    • ►  abril (38)
    • ►  marzo (38)
    • ►  febrero (32)
    • ►  enero (40)
  • ►  2024 (431)
    • ►  diciembre (39)
    • ►  noviembre (36)
    • ►  octubre (36)
    • ►  septiembre (35)
    • ►  agosto (42)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (38)
    • ►  mayo (33)
    • ►  abril (36)
    • ►  marzo (32)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (34)
  • ►  2023 (449)
    • ►  diciembre (34)
    • ►  noviembre (35)
    • ►  octubre (35)
    • ►  septiembre (33)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (35)
    • ►  junio (37)
    • ►  mayo (43)
    • ►  abril (41)
    • ►  marzo (39)
    • ►  febrero (34)
    • ►  enero (43)
  • ►  2022 (456)
    • ►  diciembre (44)
    • ►  noviembre (41)
    • ►  octubre (34)
    • ►  septiembre (36)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (27)
    • ►  junio (34)
    • ►  mayo (36)
    • ►  abril (42)
    • ►  marzo (47)
    • ►  febrero (34)
    • ►  enero (41)
  • ►  2021 (515)
    • ►  diciembre (43)
    • ►  noviembre (41)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (39)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (33)
    • ►  junio (49)
    • ►  mayo (40)
    • ►  abril (53)
    • ►  marzo (48)
    • ►  febrero (40)
    • ►  enero (47)
  • ►  2020 (610)
    • ►  diciembre (51)
    • ►  noviembre (53)
    • ►  octubre (48)
    • ►  septiembre (40)
    • ►  agosto (40)
    • ►  julio (36)
    • ►  junio (50)
    • ►  mayo (62)
    • ►  abril (66)
    • ►  marzo (70)
    • ►  febrero (45)
    • ►  enero (49)
  • ►  2019 (542)
    • ►  diciembre (45)
    • ►  noviembre (39)
    • ►  octubre (50)
    • ►  septiembre (48)
    • ►  agosto (49)
    • ►  julio (41)
    • ►  junio (43)
    • ►  mayo (48)
    • ►  abril (51)
    • ►  marzo (41)
    • ►  febrero (43)
    • ►  enero (44)
  • ►  2018 (562)
    • ►  diciembre (47)
    • ►  noviembre (43)
    • ►  octubre (50)
    • ►  septiembre (44)
    • ►  agosto (37)
    • ►  julio (48)
    • ►  junio (41)
    • ►  mayo (45)
    • ►  abril (47)
    • ►  marzo (60)
    • ►  febrero (46)
    • ►  enero (54)
  • ►  2017 (549)
    • ►  diciembre (54)
    • ►  noviembre (51)
    • ►  octubre (47)
    • ►  septiembre (43)
    • ►  agosto (37)
    • ►  julio (44)
    • ►  junio (48)
    • ►  mayo (43)
    • ►  abril (52)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (43)
    • ►  enero (43)
  • ►  2016 (551)
    • ►  diciembre (53)
    • ►  noviembre (51)
    • ►  octubre (47)
    • ►  septiembre (43)
    • ►  agosto (33)
    • ►  julio (30)
    • ►  junio (52)
    • ►  mayo (44)
    • ►  abril (49)
    • ►  marzo (46)
    • ►  febrero (53)
    • ►  enero (50)
  • ►  2015 (528)
    • ►  diciembre (46)
    • ►  noviembre (57)
    • ►  octubre (46)
    • ►  septiembre (58)
    • ►  agosto (25)
    • ►  julio (36)
    • ►  junio (47)
    • ►  mayo (44)
    • ►  abril (40)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (38)
    • ►  enero (47)
  • ►  2014 (490)
    • ►  diciembre (43)
    • ►  noviembre (40)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (46)
    • ►  agosto (22)
    • ►  julio (31)
    • ►  junio (43)
    • ►  mayo (50)
    • ►  abril (45)
    • ►  marzo (41)
    • ►  febrero (45)
    • ►  enero (42)
  • ►  2013 (430)
    • ►  diciembre (38)
    • ►  noviembre (38)
    • ►  octubre (53)
    • ►  septiembre (34)
    • ►  agosto (20)
    • ►  julio (29)
    • ►  junio (27)
    • ►  mayo (39)
    • ►  abril (38)
    • ►  marzo (44)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (37)
  • ►  2012 (420)
    • ►  diciembre (36)
    • ►  noviembre (35)
    • ►  octubre (42)
    • ►  septiembre (37)
    • ►  agosto (24)
    • ►  julio (32)
    • ►  junio (35)
    • ►  mayo (33)
    • ►  abril (36)
    • ►  marzo (42)
    • ►  febrero (33)
    • ►  enero (35)
  • ►  2011 (570)
    • ►  diciembre (47)
    • ►  noviembre (54)
    • ►  octubre (39)
    • ►  septiembre (54)
    • ►  agosto (52)
    • ►  julio (38)
    • ►  junio (49)
    • ►  mayo (51)
    • ►  abril (44)
    • ►  marzo (45)
    • ►  febrero (42)
    • ►  enero (55)
  • ►  2010 (544)
    • ►  diciembre (40)
    • ►  noviembre (56)
    • ►  octubre (45)
    • ►  septiembre (58)
    • ►  agosto (33)
    • ►  julio (37)
    • ►  junio (38)
    • ►  mayo (51)
    • ►  abril (55)
    • ►  marzo (45)
    • ►  febrero (38)
    • ►  enero (48)
  • ►  2009 (506)
    • ►  diciembre (46)
    • ►  noviembre (59)
    • ►  octubre (59)
    • ►  septiembre (55)
    • ►  agosto (36)
    • ►  julio (43)
    • ►  junio (34)
    • ►  mayo (56)
    • ►  abril (40)
    • ►  marzo (58)
    • ►  febrero (20)

Vistas

Ubicaciones

Ubicaciones