20 abril 2026

¿Hoy sigue siendo Viernes Santo?

Juan Luis Selma

El autor reflexiona sobre el camino de esperanza desde el desánimo de los discípulos de Emaús hasta el testimonio de la Iglesia sufriente en África.

Decía Benedicto XVI, ya como Papa emérito, en el Monasterio Mater Ecclesiae: “Hace dos años, cuando estaba de visita pastoral en Cuba, uno de los obispos cubanos me dijo: Los cristianos de este país, y también muchos otros latinoamericanos, no hemos llegado todavía a la Pascua; nos hemos quedado en el Viernes Santo”.

Los discípulos de Emaús, de regreso a su pueblo el domingo de Pascua, caminaban tristes y desanimados. Esperaban otra cosa del Mesías: pensaban que libraría a Israel del yugo romano, lo imaginaban como un triunfador, un líder poderoso, alguien que colmaría todos sus deseos. Han oído que algunas mujeres aseguran que ha resucitado, pero no lo creen. Siguen viviendo en el Viernes Santo. No salen de ahí.

Benedicto XVI comentaba también: “Si pensamos en todas las dictaduras de tiempos pasados, en el poder que han ejercido contra Dios mientras Él parecía ausente, debemos decir que todas ellas han sido Viernes Santo para los mártires y para todos los creyentes.

Hoy, aunque en un contexto muy distinto, existen nuevas formas de poder científico que nos permiten hacer y deshacer al hombre, tratarlo como un producto. Ya no hay criaturas; Dios ya no es visible. Parece ridículo creer en la resurrección, en el Hijo de Dios hecho hombre, crucificado y resucitado”.

Los grandes de la tierra no entienden nada. Interpretan el Evangelio según sus intereses o directamente lo combaten. No se dan cuenta de que solo Dios conoce al hombre, sus necesidades y su verdadera grandeza. Se han olvidado del bien común. Y nosotros, ciudadanos de a pie, nos parecemos a los de Emaús: queremos un Dios a nuestro servicio, una moral a la carta, buscamos nuestro interés. Señalamos los pecados ajenos mientras ignoramos los propios.

Hace poco he estado en Fátima. Es una maravilla estar en casa de la Madre: siempre te llevas algo. Me fijé en que han cambiado el crucifijo de la Capelina. Antes estaba sobre una base de metacrilato; ahora la cruz está enmarcada en un círculo de hierro que representa el mundo. El Crucificado lo abarca todo: nada queda fuera.

De algún modo, para alcanzar la gloria de la Resurrección, todos tenemos que vivir nuestro Viernes Santo.

La Iglesia vive hoy su Pasión. La persecución de los cristianos en África es una de las crisis humanitarias y de derechos humanos más graves y, a la vez, más silenciadas. No se trata de incidentes aislados, sino de patrones sistemáticos de violencia, impulsados por grupos armados, extremismo religioso, conflictos étnicos y la incapacidad de muchos Estados para proteger a sus ciudadanos.

Nigeria es, según múltiples informes, el país donde más cristianos son asesinados por su fe. Se habla incluso de un “genocidio silencioso”. En lo que va de año, más de 7.000 cristianos han sido asesinados y casi 8.000 secuestrados. Más de cien iglesias han sido destruidas solo en 2025.

El islamismo radical, los conflictos étnicos, los intereses económicos y la pasividad del mundo occidental están propiciando un auténtico exterminio de cristianos.

Sigue diciendo Benedicto XVI: “Esta caminata hacia Emaús interpreta toda la historia de la Iglesia: siempre es Viernes Santo y siempre, al mismo tiempo, es ya Pascua. Basta pensar en cómo los grandes totalitarismos que parecían invencibles —el nazismo y el comunismo— han desaparecido, mientras Cristo continúa vivo. Pienso en Vietnam, donde Cristo estaba totalmente excluido y, sin embargo, el jefe del Estado y el del Partido me visitaron para decirme que habían comprendido que la Iglesia es un hecho importante para la construcción de su sociedad. ¡Cristo vive! Pensemos que el palacio del emperador Diocleciano, gran perseguidor de los cristianos, se convirtió más tarde en la primera catedral de la Iglesia católica”.

Tenemos que contar con la contrariedad, con los límites, con las injusticias y con el pecado. Todo esto nos acompañará siempre, pero hay esperanza. Podemos ser felices luchando por ser mejores, intentando convertirnos, confiando en el poder de Dios. Debemos apostar por los nuestros, tener paciencia, aguantar un poco —o un mucho—. No hay noche oscura que no dé paso a la luz.

El Señor siempre está a nuestro lado, aunque no nos demos cuenta, como le pasó a Cleofás y a su amigo. “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. ¡Cristo vive!

Fuente: eldiadecordoba.es