07 octubre 2026

Ejército de los santos

Enrique García-Máiquez

En su artículo, Enrique García-Máiquez conecta las críticas de las novelas *El campamento de los santos* y *Sumisión* —que denuncian el declive espiritual y la pasividad de la Iglesia en Occidente— con la visita del Papa León XIV a Francia en septiembre de 2026.

El autor sostiene que la visita papal responde a esa "desesperanza" al reivindicar valores como la verdad, la tradición y la santidad, simbolizados en la procesión de más de 1.700 santos. Concluye que León XIV no propone una estrategia política, sino una "cura" para que Europa recobre el alma a través de la fe, la Eucaristía y María.

Hay cosas que salen mejor de chamba que a propósito. Estas dos semanas he leído dos libros franceses: El campamento de los santos (1973), de Jean Raspail, y Sumisión (2015), de Michel Houellebecq. Profetizan –el primero con más resistencia que el sumiso– una Francia inerme ante una colonización inversa. Son libros pesimistas o, peor, realistas.

Pero la Providencia no da puntada sin hilo: he terminado ambas lecturas justo cuando León XIV llegaba a Francia. La coincidencia tiene su aquel, porque las dos novelas son durísimas con la Iglesia. Le reprochan haber abandonado su misión civilizadora y consentido nuestro desarme espiritual. Houellebecq traza un nostálgico contraste con Huysmans, que todavía pudo convertirse porque encontró un catolicismo que conservaba el dogma, el rito, la fuerza y el coraje.

Esas críticas, sin embargo, son un homenaje como una catedral. Raspail desde la fe y Houellebecq desde la duda reconocen que la Iglesia sostiene Europa o que la sostenía. No por la política, sino mucho más adentro: forjando las almas. Hombres débiles, cobardes, indiferentes y hedonistas difícilmente conservarán una cultura poderosa, creadora, moral y trascendente. Houellebecq lo muestra por el envés: el vacío. Raspail nos lo suelta a la cara: “Occidente ya no tiene alma. A escala de las naciones, razas y culturas, así como a escala individual, es siempre el alma la que gana los combates decisivos”. Y la que los pierde.

La visita de León XIV responde a esos dos libros desesperanzados. Contra mundum, el Sumo Pontífice ha levantado las palabras que ellos echaban en falta: verdad, valentía, tradición, santidad. Ha reivindicado a Juana de Arco. Ante decenas de miles de jóvenes ha propuesto la “buena batalla”. Y alrededor del Papa han desfilado, hasta con caballos, reliquias y más de 150 pendones, actores que encarnaban a más de 1700 santos y beatos de Francia. Evocaban e invocaban al “Ejército de los santos”, la esperanza de Europa.

Como ya hizo en España, León XIV pone en el centro al Santísimo Sacramento y a Nuestra Señora. Subordina a Cristo las consignas buenistas. No propone una estrategia política, sino una cura: que Occidente recobre el alma por los caminos, tan antiguos y tan nuevos, de la verdad, la belleza, la Eucaristía y María. Que Francia se deje curar; y Europa.

Fuente: diariodecadiz.es