Integración vertical y horizontal
Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas
VER
Es frecuente encontrar creyentes que hacen consistir su fe cristiana en una dimensión exclusivamente vertical, como rezos, ritos, celebraciones religiosas, tradiciones piadosas, fiestas ruidosas y a veces cargadas de alcohol, recitaciones bíblicas y novenas, pero sin ninguna dimensión social, sin compromiso por la transformación del mundo. Se consideran auténticos católicos, y dicen que lo otro es meterse en política, que nada tiene que ver con la religión.
Por lo contrario, hay grupos y personas muy comprometidos en la lucha por lo social y lo político, con mucho análisis de la realidad, con programas alternativos, defensores de los derechos humanos, promotores de las culturas originarias, críticos acérrimos contra los gobiernos, desconfiados de todo lo que hacen las autoridades, pero con poco interés por la oración, la participación diaria en la Misa, la Liturgia de las Horas, la lectio divina (lectura orante de la Palabra de Dios), la confesión sacramental, el Rosario. También están convencidos de que su forma de vivir la fe cristiana, es la auténtica.
JUZGAR
¿Cuál de los dos caminos es el verdadero? Jesús es el sendero auténtico. El combina perfectamente las dos dimensiones: vertical y horizontal. Ni una sin la otra. Son como los dos palos de la cruz, que nos dan identidad.
Jesús dedica mucho tiempo a la oración. Es lo que le sostiene ante las tentaciones del demonio, ante el deseo de la gente de hacerlo un rey político, ante las persecuciones y las traiciones, ante la cruz y la muerte. Su oración no es pedir cosas a su Padre, sino amoldar su propia voluntad a la del Padre. Nos insiste en la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. Nos deja su presencia pascual en la Eucaristía y nos dice que si no nos alimentamos de este pan de vida, no tendremos su Vida en nosotros. Sin El, nada podemos; somos ramas desgajadas del tronco, que se secan, se pudren, sólo sirven para la leña, para golpear.
Sin embargo, Jesús es el hombre que ama y da su vida por todos, en primer lugar por los pobres y pecadores, y también por sus enemigos. Se presenta en Nazaret como el que viene a cambiar la situación de los que sufren esclavitudes y marginaciones; les trae su liberación, una vida diferente. Lo demuestra curando enfermos, dando de comer a las multitudes, desenmascarando a las autoridades civiles y religiosas que oprimen al pueblo, consolando a los tristes, acercándose a los excluidos. La cruz en la máxima expresión de su amor. El es la encarnación visible del amor misericordioso del Padre, que se prolonga en la historia y en la Iglesia, por la acción del Espíritu Santo. Nos dice que seremos juzgados por el amor que hayamos tenido a los pobres en sus sufrimientos. El apóstol Juan dice que quien no ama, no ha conocido a Dios, ni permanece en Dios.
Dijimos en Aparecida:"La misión evangelizadora no puede ir separada de la solidaridad con los pobres y su promoción integral" (545). " La Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla política, sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia" (546).
Sin embargo, advirtió Juan Pablo II: "Hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen esos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual. Por eso, es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio kerigmático gozoso y transformante, especialmente mediante la predicación en la liturgia" (EAm 73).
ACTUAR
Si queremos en verdad ser discípulos de Jesús y seguirlo, hemos de armonizar e integrar lo vertical con lo horizontal. Lo puramente religioso, sin compromiso social, no es cristiano. La lucha socio-política, sin oración y sin sacramentos, se cae, no se sostiene; como el palo horizontal que no se apoya en el vertical, viene a tierra, se pudre. Así les pasa a quienes no valoran la Eucaristía. Mucha oración, para sostener la liberación. Que el Espíritu Santo nos ayude a ser integrar todo.
07 junio 2009
¿Crisis económica o crisis moral?
Por monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Palencia
La Iglesia Católica está expectante ante la inminente publicación de la tercera encíclica de Benedicto XVI, con el título de "Caritas in Veritate" (El Amor en la Verdad), que abordará aspectos de la Doctrina Social. Sin lugar a dudas, será un instrumento importante para ayudarnos a realizar una lectura específica sobre las causas morales de la crisis económica en la que estamos inmersos. La reflexión del Papa se promete especialmente interesante, habida cuenta de que en el año 1985, dentro del Simposio "Iglesia y Economía en Diálogo" en Roma, el entonces Cardenal Ratzinger pronunciaba una conferencia ("Market Economy and Ethics"), en la que predecía la crisis que ahora padecemos. Aquel vaticinio del futuro Papa, no estaba fundado tanto en teorías económicas, cuanto en la constatación de la violación de los principios de la justicia social. Dicho de otro modo, los problemas económicos son predecibles cuando tienen unas causas morales, y éstas deben ser abordadas si no queremos que la crisis se cierre en falso...
Con frecuencia oímos hablar de la crisis económica, como si se tratase de una estación cíclica de la naturaleza -la primavera, el verano, el otoño o el invierno-; de forma que la política económica se limita a centrarse en la búsqueda de medidas que alivien el impacto de los malos momentos. Pocos parecen atreverse a reconocer y denunciar las causas morales de esta recesión y a plantear soluciones estructurales que sanen de raíz el problema. ¡Algo parecido a lo sucedido con las recetas para controlar la extensión de la epidemia del SIDA! En este caso el Papa tuvo la valentía de poner el dedo en la llaga, afirmando que era totalmente necesaria la educación en una sexualidad responsable, puesta al servicio de la vocación del ser humano al amor estable. Sus palabras causaron escándalo en quienes pretendían solucionar un problema tan grave, mediante el mero recurso técnico del preservativo. Salvando las distancias... ¡estamos en las mismas! Sería bastante absurdo suponer que las causas desencadenantes de esta crisis económica vayan a quedar subsanadas por el mero recurso a unos "parches" multimillonarios, que impidan el hundimiento del sistema financiero, obviando los problemas de fondo.
Mención aparte merece la reflexión en torno a la licitud moral de las medidas tomadas en apoyo al sistema financiero. Al contrario de lo ocurrido en otras naciones, como Alemania o Estados Unidos, llama la atención que en España se haya asumido el empleo de ingentes recursos públicos para salvar la banca privada, sin el más mínimo debate ético y, prácticamente, sin resistencia social alguna. ¿Qué explicación cabe dar al hecho de que unas entidades financieras anuncien el récord de beneficios en un ejercicio contable, y el año siguiente tengan que recurrir a recibir ayudas públicas?
Cito unas palabras de Benedicto XVI dirigidas el 30 de marzo del presente año al Primer Ministro del Reino Unido, Gordon Brown: "Si un elemento clave de la crisis es un déficit de ética en las estructuras económicas, esta misma crisis nos enseña que la ética no es "externa", sino "interna", y que la economía no puede funcionar si no lleva en sí un componente ético".
Consumir con templanza
Me centro en este momento en dos factores importantes que forman parte del problema moral causante de la crisis económica. El primero es la falta de templanza en el consumo. En muchas ocasiones se trata de una falta de templanza en el consumidor, artificialmente provocada desde multitud de resortes publicitarios, culturales, políticos, etc. Es bastante evidente que los datos espectaculares del crecimiento económico vivido antes de la crisis, estaban ligados a un consumo artificialmente "inflado", que resulta insostenible a medio plazo.
Por desgracia, lejos de afrontar el problema de fondo, los responsables de la economía están dirigiendo a la población diversos llamamientos a reactivar el consumo, proporcionando para ello todo tipo de incentivos, como único medio para salir de la crisis. En vez de educar en el consumo necesario, creamos necesidades donde no las hay, para mantener unas expectativas económicas irreales. Por este camino, fácilmente podríamos salir de una crisis para entrar en otra...
Inversión en los países pobres
Si los bienes de producción -tanto materiales como inmateriales- no se ponen de forma equilibrada al servicio del desarrollo del Tercer Mundo y de los países en vías de desarrollo, paradójicamente, nuestro pecado de insolidaridad se vuelve contra nosotros mismos. En efecto, estamos viendo cómo nuestras multinacionales deslocalizadas en países pobres, pueden llegar a realizar una producción en condiciones infrahumanas, a precios sin posible competencia, hasta el punto de estrangular a muchas empresas en occidente. La lógica capitalista de la máxima ganancia, termina por convertirse en la tumba de la economía mundial (sin excluir a sus impulsores).
¡Dios quiera que la anunciada nueva encíclica del Papa, "Caritas in Veritate", reciba una buena acogida y suscite un profundo debate! Será una gran oportunidad para abordar las dimensiones morales de la economía del mundo contemporáneo
05 junio 2009
Los frutos del año de san Pablo: oración, estudio y ecumenismo
Entrevista con el cardenal Andrea Cordero Lanza, arcipreste de la basílica San Pablo Extramuros
Desde que comenzó la celebración del Año Paulino, diariamente han entrado a la basílica San Pablo Extramuros unos 10 mil peregrinos.
El domingo 28 de junio el Papa Benedicto XVI celebrará la ceremonia de clausura de este año jubilar con unas vísperas solemnes.
El cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, arcipreste de la Basílica San Pablo Extramuros, donde yace la tumba del apóstol, fue quien dio la idea al Papa Benedicto XVI de celebrar este año temático, el primero dedicado en la historia de la Iglesia al Apóstol de Gentes.
ZENIT ha conversado con el purpurado italiano quien presenta un balance sobre los frutos espirituales, intelectuales y ecuménicos que ha traído para la Iglesia esta conmemoración.
--¿Cómo ve el panorama general de la celebración del Año Paulino?
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: Creo que muy bien. Cuando el Papa anunció la celebración de un año especial por los dos mil años del nacimiento de Pablo, el hecho recibió aceptación con mucho entusiasmo, pero tardaron un poco las iniciativas. Sin embargo, en estos últimos meses se ha dado una actividad enorme. Todos se han movido, han llegado aquí peregrinaciones de miles de personas que se amontonan, pero todo ha transcurrido en orden.
Tenemos una oficina muy activa para organizar las reservaciones para venir a la Basílica y para hacer que las celebraciones litúrgicas se desarrollen de la manera mejor y más oportuna. Hemos dado mucha importancia en los aspectos penitenciales.
--¿Cómo ha visto la actitud de los fieles que diariamente vienen a la Basílica?
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: La mayoría han venido con una actitud religiosa, aprovechando el Año Paulino y los privilegios para ganar la indulgencia plenaria. Vienen para rezar y para meditar. Unos cuantos vienen también por curiosidad. O también como turistas. Hay un poco de todo.
En todos hay un impacto, porque la curiosidad es respondida por un conjunto muy fuerte de espiritualidad, enriquecida desde hace veinte siglos por la arquitectura y el arte, los mosaicos entre otros.
--Háblenos un poco de las principales riquezas históricas con las que se encuentran los peregrinos cuando visitan esta basílica
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: Aquí tenemos la tumba de san Pablo con todos sus recuerdos y todas las liturgias que se desarrollan desde hace veinte siglos. Desde hace muchos siglos nadie podía verla. Pablo fue martirizado y luego su cuerpo fue escondido, podríamos decir, en una tumba pagana de una familia. Solamente después del año 313, es decir, cuando Constantino dio la libertad de religión, empezó el culto público.
Entonces empezó a construirse una Iglesia constantiniana, luego una basílica más grande y luego un gran cementerio pagano que estaba aquí, en la Puerta Ostiense, y que se transformó en cementerio cristiano. Aquí se construyó la Basílica.
Arriba está el baldaquino, y toda la basílica surge, gigantesca, a su alrededor. Pero no se veía la tumba. Entonces pensé en abrir una brecha para que los peregrinos visitaran la tumba. Descubrimos los muros de la primera basílica constantiniana. Después de abrir esta brecha, ahora se puede ver un lado del gran sarcófago de san Pablo. Eso facilita el que los peregrinos puedan bajar y visitar su tumba.
Hicimos también un arreglo de la parte arqueológica de manera que se pueden ver también los restos de la primera basílica constantiniana. En 1823, hubo un gran incendio que quemó y destruyó casi la totalidad de la basílica. Se salvó el gran mosaico del ábside. Los papas de aquel tiempo, de manera especial Pío IX, quisieron reconstruir la basílica con mucha grandiosidad.
El Papa pidió ayuda a todo el mundo. Como respuesta, por ejemplo, el zar de Rusia, ortodoxo, regaló dos grandes altares de lapislázuli. El virrey de Egipto regaló todos los alabastros para todas las ventanas, regaló columnas de alabastro para el baldaquino y también para la puerta principal. Ahora bien, necesitaba una restauración. Por este motivo, con ocasión del Año Paulino, hicimos no sólo una limpieza general sino también una restauración de muchas partes.
En el ábside puede admirarse al Cristo de 24 metros. A su derecha está normalmente Pedro y a la izquierda Pablo. Aquí está al revés. En el año 1200 pusieron a san Pablo y san Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles a la derecha y a la izquierda están Pedro y Andrés. Al pie derecho de Cristo la imagen del Papa Honorio III que en 1220 fue quien mandó a hacer ese 0 gran mosaico.
Logramos instalar una nueva iluminación no sólo del mosaico sino también de todo el ábside y de la nave central y cuando está todo iluminado resulta magnífico: causa impresión entre los peregrinos y turistas.
Arreglamos también una parte cerca del claustro para hacer un museo, un área de exposición. Estamos trabajando para hacer más cosas y dar al conjunto de la abadía una nueva vitalidad y actividad, iniciativas que puedan durar. Es importante que cuando acabe el Año Paulino se dé continuidad a las iniciativas culturales, espirituales, actividades y encuentros.
--¿Cómo han sido las jornadas de estudio y de profundización de de la figura de san Pablo que han organizado este año?
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: San Pablo es el más grande comunicador que nos ha hecho ver la Palabra de Dios. Si uno presta atención, en la liturgia actual, tanto en las misas como en las oraciones, más de la mitad de las citas vienen de las cartas de San Pablo.
El mensaje de Pablo es muy variado. No es fácil. Hay que saber interpretarlo. Hay que recordar que Pablo era una persona que tenía prácticamente tres culturas. Era un judío que había estudiado muy bien toda la cultura judía, conocía las escrituras, las conocía de memoria, el lenguaje y la mentalidad.
Era un fariseo, él mismo lo dice, conocía muy bien la ley e insistía en la observancia de la ley. En aquel tiempo, la cultura fundamental era la griega, el helenismo, la filosofía de la tradición griega. Escribía y hablaba normalmente en griego. Era también ciudadano romano y, como romano, sabía latín.
Tenía concentradas tres culturas. Se nota en toda su manera de escribir y presentar las cosas, su respeto de la ley.
Tras la conversión en el camino a Damasco, una conversión milagrosa, tomó completamente todo el mensaje de Cristo hasta decir "no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2, 20). Esta es la riqueza de su mensaje. Es un mensaje muy variado. No se puede decir en pocas palabras en qué consiste.
Toda la visión que tenemos de la redención en Cristo está profundamente radicada en lo que Pablo nos ha transmitido. Hay que recordar esto: ¿cómo conoce san Pablo estas cosas? Él nunca encontró al Cristo histórico. Todo lo que Pablo sabe no fue en vida de Cristo, pero coincide con sus conocimientos de las Escrituras. Esto le llevó a decir: "este es el Cristo que los judíos estaban esperando".
--¿Cómo ha facilitado el Año Paulino el acercamiento entre diferentes credos?
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: Esta basílica, más que las otras basílicas papales, tiene la tarea especial del ecumenismo. Hemos celebrado juntos la liturgia, pero no los sacramentos, esto se hará cuando la unidad entre las iglesias sea conseguida.
Hemos hecho reuniones para pedir juntos y de manera especial para estudiar porque es riquísimo el patrimonio que las distintas iglesias y comunidades tienen alrededor de Pablo. De manera especial todas las iglesias orientales que tienen una visión bastante distinta en muchas cosas de toda la tradición cultural de occidente. Así que es una ocasión para hacer una confrontación y enriquecernos.
Tuvimos algunos encuentros, muy interesantes con grupos que han estado en Roma. Entre cristianos no católicos hay teólogos e intérpretes de las Sagradas Escrituras muy hábiles que pueden también ayudar en una visión más completa y más interesante.
También hicimos un encuentro con los judíos. Esto ya no es ecumenismo en un sentido estricto de la palabra pero en un sentido más ancho de una colaboración en un plan de cultura, una colaboración de la Universidad Judía de Jerusalén hizo un congreso tres días y una sesión en la abadía y fue muy interesante. Allí pudimos ver exactamente estos aspectos de la personalidad de Pablo que era un fariseo, que era un hombre de una gran cultura hebrea.
Estamos todavía bastante lejos de lo que Jesús pidió al Padre en la última cena: "que todos sean uno" (Jn. 17, 21). Sin embargo son unos pasos pequeños algunas veces, grandes otras veces. De vez en cuando también algunos pasitos atrás pero siempre son buenos pasos hasta que podamos entendernos más.
--¿Qué iniciativas tendrá la Basílica para que no se pierda este espíritu, una vez finalizado el Año Paulino?
--Cardenal Cordero Lanza di Montezemolo: Organizar bien la acogida de los peregrinos que seguirán viniendo. Hay algo que llama la atención. Hicimos en el cuadripórtico fuera una llama. El Papa mismo, el 28 de junio del año pasado, vino y la iluminó. Tal vez la vamos a apagar al final del año Paulino. Sin embargo muchos piden que alrededor de esta llama papal se alumbren velas que serán ofrecidas a los peregrinos. Lo que la gente pide es que se continúe con esta vitalidad. Se creará también un área penitencial. Seguiremos celebrando no solamente misas y encuentros de oración sino también iniciativas de estudio.
04 junio 2009
Benedicto XVI presenta al "maestro de Alemania", Rabano Mauro
Intervención en la audiencia general del 3 de junio
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de un personaje del occidente latino verdaderamente extraordinario: el monje Rabano Mauro. Junto a hombres como Isidoro de Sevilla, Beda el Venerable, Ambrosio Auperto, de los que ya he hablado en catequesis precedentes, supo durante los siglos de la Alta Edad Media mantener el contacto con la gran cultura de los antiguos sabios y de los padres cristianos. Recordado con frecuencia como "praeceptor Germaniae" [maestro de Alemania, ndt.], Rabano Mauro tuvo una fecundidad extraordinaria. Con su capacidad de trabajo totalmente excepcional fue quizás el que más contribuyó a mantener viva la cultura teológica, exegética y espiritual a la que recurrirían los siglos sucesivos. A él hacen referencia grandes personajes pertenecientes al mundo de los monjes, como Pedro Damián, Pedro el Venerable y Bernardo de Claraval, así como un número cada vez más consistente de "clérigos" del clero secular, que en los siglos XII y XIII dieron vida a uno de los florecimientos más hermosos y fecundos del pensamiento humano.
Nacido en Maguncia, alrededor del año 780, Rabano entró cuando todavía era muy joven en el monasterio: se le añadió el nombre de Mauro en referencia precisamente al joven Mauro, que según el segundo libro de los Diálogos de San Gregorio Magno, había sido entregado, cuando todavía era un niño por sus mismos padres, nobles romanos, al abad Benito de Nursia. Esta introducción precoz de Rabano como "puer oblatus" en el mundo monástico benedictino, y los frutos que sacó para su crecimiento humano, cultural y espiritual abrieron posibilidades interesantísimas no sólo para la vida de los monjes, sino también para toda la sociedad de su tiempo, normalmente llamada "carolingia". Hablando de ellos, o quizá de sí mismo, Rabano Mauro escribe: "Hay algunos que han tenido la suerte de haber sido introducidos en el conocimiento de las Escrituras desde la tierna infancia ('a cunabulis suis') y se han alimentado tan bien de la comida que les ha ofrecido la santa Iglesia que pueden ser promovidos, con la educación adecuada, a las más elevadas órdenes sagradas" (PL 107, col 419BC).
La extraordinaria cultura por la que se distinguía Rabano Mauro llamó muy pronto la atención de los grandes de su tiempo. Se convirtió en consejero de príncipes. Se comprometió para garantizar la unidad del Imperio y, a un nivel cultural más amplio, nunca negó a quien le preguntaba una respuesta ponderada, que se inspiraba preferentemente en la Biblia y en los textos de los santos padres. A pesar de que fue elegido primero abad del famoso monasterio de Fulda y después arzobispo de la ciudad natal, Maguncia, no dejó sus estudios, demostrando con el ejemplo de su vida que se puede estar al mismo tiempo a disposición de los demás, sin privarse por este motivo de un adecuado tiempo de reflexión, estudio y meditación. De este modo, Rabano Mauro se convirtió en exegeta, filósofo, poeta, pastor y hombre de Dios. Las diócesis de Fulda, Maguncia, Limburgo, y Breslavia le veneran como santo o beato. Sus obras llenan seis volúmenes de la "Patrología Latina" de Migne. Probablemente compuso uno de los himnos más bellos y conocidos de la Iglesia latina, el "Veni Creator Spiritus", síntesis extraordinaria de pneumatología cristiana. El primer compromiso teológico de Rabano se expreso, de hecho, en forma de poesía y tuvo como tema el misterio de la santa Cruz en una obra titulada "De laudibus Sanctae Crucis", concebida para proponer no sólo contenidos conceptuales, sino también alicientes exquisitamente artísticos, utilizando tanto la forma poética como la forma pictórica dentro del mismo código manuscrito. Proponiendo iconográficamente entre las líneas de su escrito la imagen de Cristo crucificado, escribe: "Esta es la imagen del Salvador que, con la posición de sus miembros, hace que sea sagrada para nosotros la dulcísima y queridísima forma de la Curz para que, creyendo en su nombre y obedeciendo a sus mandamientos, podamos obtener la vida eterna gracias a su pasión. Por eso, cada vez que elevamos la mirada a la Cruz, recordamos a Aquél que sufrió por nosotros para arrancarnos del poder de las tinieblas, aceptando la muerte para hacernos herederos de la vida eterna" (Lib. 1, Fig. 1, PL 107 col 151 C).
Este método de armonizar todas las artes, la inteligencia, el corazón y los sentidos, que procedía de Oriente, sería sumamente desarrollado en Occidente, alcanzando cumbres inalcanzables en los códices miniados de la Biblia y en otras obras de fe y de arte, que florecieron en Europa hasta la invención de la prensa e incluso después. En todo caso, demuestra que Rabano Mauro tenía una conciencia extraordinaria de la necesidad de involucrar, en la experiencia de fe, no sólo la mente y el corazón, sino también los sentidos a través de esos otros aspectos del gusto estético y de la sensibilidad humana que llevan al hombre a disfrutar de la verdad con todo su ser, "espíritu, alma y cuerpo". Esto es importante: la fe no es sólo pensamiento, toca a todo el ser. Dado que Dios se hizo hombre en carne y hueso y entró en el mundo sensible, nosotros tenemos que tratar de encontrar a Dios con todas las dimensiones de nuestro ser. De este modo, la realidad de Dios, a través de la fe, penetra en nuestro ser y lo transforma. Por este motivo, Rabano Mauro concentró su atención sobre todo en la Liturgia, como síntesis de todas las dimensiones de nuestra percepción de la realidad. Esta intuición de Rabano Mauro le hace extraordinariamente actual. Dejó también los famosos "Carmina", propuestos para ser utilizados sobre todo en las celebraciones litúrgicas. De hecho, el interés de Rabano por la liturgia se daba totalmente por sobreentendido dado que ante todo era un monje. Él sin embargo, no se dedicaba al arte de la poesía como fin en sí mismos, sino que utilizaba el arte y cualquier otro tipo de conocimiento para profundizar en la Palabra de Dios. Por ello, trató con el máximo empeño y rigor de introducir a sus contemporáneos, pero sobre todo a los ministros (obispos, presbíteros y diáconos), en la comprensión del significado profundamente teológico y espiritual de todos los elementos de la celebración litúrgica.
De este modo, trató de comprender y presentar a los demás los significados teológicos escondidos en los ritos, recurriendo a la Biblia y a la tradición de los padres. No dudaba en citar, por honestidad y para dar mayor peso a sus explicaciones, las fuentes patrísticas a las que debía su saber. Se servía de ellas con libertad y discernimiento atento, continuando el desarrollo del pensamiento patrístico. Al final de la "Primera Epístola" dirigida a un corepíscopo de la diócesis de Maguncia, por ejemplo, tras haber respondido a peticiones de aclaración sobre el comportamiento que hay que tener en el ejercicio de la responsabilidad pastoral, escribe: "Te hemos escrito todo esto tal y como lo hemos deducido de las Sagradas Escrituras y de los cánones de los padres. Ahora bien, tú, santísimo hombre, toma tus decisiones como mejor te parezca, caso por caso, tratando de moderar tu evaluación de tal manera que se garantice en todo la discreción, pues ella es la madre de todas las virtudes" ("Epistulae", I, PL 112, col 1510 C). De este modo se ve la continuidad de la fe cristiana, que tiene sus inicios en la Palabra de Dios: ésta, sin embargo, siempre está viva, se desarrolla y se expresa de nuevas maneras, siempre en coherencia con toda la construcción, con todo el edificio de la fe.
Dado que la Palabra de Dios es parte integrante de la celebración litúrgica, Rabano Mauro se dedicó a esta última con el máximo empeño durante toda su existencia. Redactó explicaciones exegéticas apropiadas casi para todos los libros bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento con un objetivo claramente pastoral, que justificaba con palabras como éstas: "He escrito esto... sintetizando explicaciones y propuestas de otros muchos para ofrecer un servicio al pobre lector que no puede tener a disposición muchos libros, pero también para ayudar a quienes en muchos argumentos no logran profundizar en la comprensión de los significados descubiertos por los padres" ("Commentariorum in Matthaeum praefatio", PL 107, col. 727D). De hecho, al comentar los textos bíblicos recurría enormemente a los padres antiguos, con predilección especial por Jerónimo, Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno.
Su aguda sensibilidad pastoral le llevó después a afrontar uno de los problemas que más interesaban a los fieles y a los ministros sagrados de su tiempo: el de la Penitencia. Compiló "Penitenciarios" --así los llamaba-- en los que, según la sensibilidad de la época se enumeraban los pecados y las penas correspondientes, utilizando en la medida de lo posible motivaciones tomadas de la Biblia, de las decisiones de los concilios, y de los decretos de los papas. De estos textos se sirvieron también los "carolingios" en su intento de reforma de la Iglesia y de la sociedad. A este mismo objetivo pastoral respondían obras como "De disciplina ecclesiastica" y "De institutione clericorum" en los que, citando sobre todo a Agustín, Rabano explicaba a personas sencillas y al clero de su misma diócesis los elementos fundamentales de la fe cristiana: eran una especie de pequeños catecismos.
Quisiera concluir la presentación de este gran "hombre de la Iglesia" citando algunas palabras suyas en las que se refleja su convicción de fondo: "Quien descuida la contemplación, se priva de la visión de la luz de Dios; quien se deja llevar por las preocupaciones y permite que sus pensamientos queden arrollados por el tumulto de las cosas del mundo se condena a la absoluta imposibilidad de penetrar en los secretos del Dios invisible" (Lib. I, PL 112, col. 1263A). Creo que Rabano Mauro nos dirige hoy estas palabras: en el trabajo, con sus ritmos frenéticos, y en las vacaciones, tenemos que reservar momentos para Dios. Abrirle nuestra vida dirigiéndole un pensamiento, una reflexión, una breve oración, y sobre todo no tenemos que olvidar el domingo como el día del Señor, el día de la liturgia, para percibir en la belleza de nuestras iglesias, de la música sacra y de la Palabra de Dios, la belleza misma de Dios, dejándole entrar en nuestro ser. Sólo así nuestra vida se hace grande, se hace vida de verdad.
Carta del Prelado
(junio 2009)
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!Ayer celebramos la solemnidad de Pentecostés, que este año ha coincidido con el final del mes de mayo. Como en la primera Pentecostés, la Santísima Virgen nos ha ayudado a prepararnos para recibir una nueva efusión del Paráclito. Ahora, al recomenzar el Tiempo ordinario, podemos tomar esta circunstancia como una invitación más a santificar la vida corriente de cada día, entretejida de horas de trabajo y de las múltiples relaciones que se originan en el trato familiar y social. Se repite lo que nos enseñaba nuestro Padre: no cambia lo externo del trabajo y, a la vez, diariamente, ¡cambia!, por el amor nuevo que pongamos al realizarlo.La existencia cotidiana nos marca verdaderamente el campo de nuestra lucha —promovida y sostenida por la gracia— para identificarnos más y más con Cristo y, de este modo, ser mejores hijos de Dios. Deseo describir esta realidad con la expresión tan acertada que San Josemaría dejó señalada en una homilía: cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...[1]. Me parece oír todavía el eco de la fuerza con que pronunció la palabra "martilleo", porque nuestro Padre fue un gran pedagogo con la palabra y con los hechos, para que se nos grabase a fondo el espíritu que Dios había puesto en su alma.Desempeñar con amor a Dios y a los demás las acciones diarias: en esto consiste el secreto de la santidad a la que Dios llama a los cristianos que viven y trabajan en medio de las realidades temporales. Este programa se nos torna posible porque —como enseña la Sagrada Escritura— el Señor ha tomado la iniciativa: nosotros amamos, porque Él nos amó primero[2]. Me gusta recordarlo al comenzar el mes de junio, en el que —de tantos y tan diversos modos— la liturgia pone de relieve el amor de Dios a sus criaturas. Lo hemos considerado detenidamente al celebrar los principales misterios de la historia de la salvación: la Encarnación, Pasión y Muerte de Jesucristo, su Resurrección y gloriosa Ascensión a los cielos. En las próximas semanas, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas que tienen un carácter "sintético": la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús[3]. Estos días, tan señalados para quienes se saben hijos de Dios, se nos presentan como manifestaciones del amor de Dios por los hombres y, en este sentido, constituyen una síntesis de todos los misterios salvíficos.El domingo, día 7, celebraremos la solemnidad de la Trinidad Santísima. Con esta gran fiesta, la Iglesia nos invita a considerar el Misterio de la naturaleza íntima del Dios único, que quiso revelarse paulatinamente por medio de los profetas y se manifestó plenamente en Jesucristo. Ya en el Antiguo Testamento, pasando ante Moisés en el monte Sinaí, se mostró como el Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad[4]. Esta declaración era una primera explícita manifestación de las riquezas contenidas en el nombre de Yahveh, revelado anteriormente a Moisés[5]. A la vez, ese Nombre inefable seguía envuelto en los velos del misterio. Sólo en el Nuevo Testamento se nos ha hecho presente con más claridad la vida íntima de Dios. San Juan, el discípulo amado del Señor, que reclinó su cabeza sobre el pecho del Maestro en la Última Cena, ha escrito —inspirado por el Espíritu Santo— que la identidad más profunda de Dios se resume en una sola palabra: Amor. Deus caritas est[6], Dios es Amor. Y como demostración diáfana nos envió a su Hijo: tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito[7].Benedicto XVI comenta que ese nombre, Amor, expresa claramente que el Dios de la Biblia no es una especie de mónada encerrada en sí misma y satisfecha de su propia autosuficiencia, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, relación. Palabras como "misericordioso", "compasivo", "rico en clemencia", nos hablan de una relación, en particular de un Ser vital que se ofrece, que quiere colmar toda laguna, toda falta, que quiere dar y perdonar, que desea entablar un vínculo firme y duradero[8]. Siendo el Amor por esencia, nuestro Dios no es un Ser solitario, encerrado en una lejanía trascendente, ajeno a las preocupaciones de los hombres. Dios es trinidad de Personas, tan unidas y compenetradas que son un solo y único Dios. Esta revelación de Dios se delineó plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jesús nos manifestó el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas: Dios es amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Espíritu Santo[9].Al revelarnos el misterio de su vida íntima, Dios —por expresarlo de algún modo— nos ha mostrado su rostro, nos ha comunicado que desea acogernos en su amistad; más aún, que quiere hacernos hijos suyos, partícipes de su misma Vida. Por estas razones, la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad celebra la suprema revelación del Amor divino. De ahí que San Josemaría recomendara a los cristianos que se esfuercen por conocer y tratar a cada una de las Personas divinas. Aprende a alabar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Aprende a tener una devoción particular a la Santísima Trinidad: creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo: creo en la Trinidad Beatísima. Espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo: espero en la Trinidad Beatísima. Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo: amo a la Trinidad Beatísima. Esta devoción hace falta como un ejercicio sobrenatural, que se traduce en estos movimientos del corazón, aunque no siempre se traduzca en palabras[10].Queramos afanarnos en tratar así a nuestro Dios. ¿Cómo buscamos su presencia a lo largo del día? ¿Consideramos con frecuencia que somos hijos suyos? ¿Nos empeñamos en imitar a Jesucristo, nuestro Hermano mayor y nuestro Modelo? ¿Invocamos con clamores silenciosos al Paráclito, a fin de que nos santifique y nos llene de afán apostólico? ¿Crece nuestra amistad con el Espíritu Santo?La solemnidad del Corpus Christi, el día 11 (que en algunos sitios se traslada al domingo siguiente, 14 de junio), viene a reforzar estas profundas aspiraciones del alma cristiana. Analizando los diversos momentos de esta celebración litúrgica, el Santo Padre resume así su significado fundamental: ante todo, nos hemos reunido alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia; luego tendrá lugar la procesión, es decir, caminar con el Señor; y, por último, arrodillarse ante el Señor, la adoración, que comienza ya en la Misa y acompaña toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postremos ante Aquel que se inclinó hasta nosotros y dio la vida por nosotros[11].Benedicto XVI sugiere un itinerario interior que resulta válido, no sólo para el día del Corpus, sino para toda nuestra existencia. No cedamos en la decisión de seguirlo con mayor tenacidad en las próximas semanas, con intentos eficaces de aprovechar las gracias que esta solemnidad trae a nuestras almas, con ánimo de ser esencialmente eucarísticos. La participación diaria en el Santo Sacrificio ha de servirnos como una recarga de energía espiritual que nos impulse a mantener una intimidad más habitual y confiada con la Santísima Trinidad, a lo largo de la jornada. La visitas al Santísimo Sacramento, presente en los tabernáculos de las iglesias, nos servirán para conservar vivo y vibrante el amor a Dios y al prójimo, que se manifestará luego en obras de atención fraterna, quizá en detalles pequeños, pero concretos: con las personas de nuestra familia, con los colegas de trabajo, con los amigos, con quienes coincidimos por un motivo u otro. Conocemos que nuestro Padre sacaba toda la fuerza de la Santa Misa y, por eso, cuando debía guardar cama por enfermedad, la primera consideración que manifestaba, el día que se levantaba, era: "¡Tengo hambre de celebrar!", disposición que fomentaba cotidianamente.La referencia al Sagrario ha de servirnos, sobre todo, para alimentar el amor a Dios, en justa correspondencia al amor de Dios por nosotros. Nos resultará muy útil considerar la experiencia personal de San Josemaría, que —en medio del trabajo más absorbente— se hallaba siempre pendiente de Jesús en el Santísimo Sacramento. Cuando entro en el oratorio —afirmaba— no me da ningún reparo decir al Señor: Jesús, te amo. Y alabo al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que están presentes en la Sagrada Eucaristía junto a la Humanidad Santísima de Jesucristo, porque donde se halla una Persona divina se encuentra necesariamente la Santísima Trinidad. Y le echo una palabra de cariño —así: le echo, como se echa una flor— a mi Madre Santa María. Y me acuerdo de saludar a los Ángeles, que custodian el Sagrario en una vigilia de amor, de adoración, de reparación, haciendo la corte al Señor Sacramentado. Les agradezco que estén allí todo el día y toda la noche, porque yo no puedo hacerlo más que con el corazón: ¡gracias, Santos Ángeles, que hacéis la corte y acompañáis siempre a Jesús en la Sagrada Eucaristía![12].No es necesario añadir más: pienso que estas confidencias de nuestro Padre espolearán en cada una y en cada uno de nosotros el hambre, el afán, el más vivo deseo de mejorar nuestro trato con Jesús sacramentado.Llegaremos así muy bien preparados a la tercera solemnidad litúrgica, la del Sagrado Corazón de Jesús, en la que la grandeza del Amor divino se nos manifiesta elocuentemente. Al tratar ahora del Corazón de Jesús —escribió San Josemaría—, ponemos de manifiesto la certidumbre del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros[13]. ¿Qué prueba mayor podía darnos, que mostrarnos su Corazón atravesado por la lanza, abierto de par en par, como una invitación a descansar en Él, a encontrar en Él nuestro refugio en los momentos de pena o de tribulación? Queramos, además, desagraviarle por los pecados con que es ofendido: los nuestros y los de tantos que no reconocen la grandeza de su sacrificio por cada hombre y por cada mujer, sin excepciones.Ese día, además, comienza el año sacerdotal que Benedicto XVI ha convocado en la Iglesia universal, con ocasión del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. Procuremos animar a todas las personas que podamos —comenzando por los fieles de la Prelatura y todos los que se benefician de sus apostolados— a estar en primera línea, junto al Papa y a los Obispos, rezando para que no falten en la Iglesia muchos y santos sacerdotes.El 29 de junio, solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, concluye el año paulino. A lo largo de estos meses, meditando la vida y las enseñanzas del Apóstol de las gentes, hemos aprendido a amar más a Nuestro Señor; y ese amor nos habla de la raíz de la verdadera libertad. Saulo lo aprendió en el camino de Damasco, cuando vio a Jesucristo glorioso. A partir de ese momento, habla y actúa movido por la responsabilidad del amor[14]: se siente soberanamente libre, con la libertad del amor. Con ese mismo espíritu —explica el Papa— San Agustín formuló la frase que luego se hizo famosa: "Dilige et quod vis fac" (Tract. in 1 Jo 7, 7-8), "Ama y haz lo que quieras". Quien ama a Cristo como lo amaba San Pablo, verdaderamente puede hacer lo que quiera, porque su amor está unido a la voluntad de Cristo y, de este modo, a la voluntad de Dios[15].No me detengo a comentar otras fiestas y aniversarios de este mes: el Inmaculado Corazón de María, el aniversario de la ordenación de los primeros sacerdotes de la Obra, la fiesta litúrgica de San Josemaría... Cada una de esas fechas, a su modo, puede y debe suponer un nuevo impulso para intensificar nuestra entrega a Dios y a los demás por Dios, y nuestros afanes apostólicos con hechos concretos.Seguid rezando por todas mis intenciones; de modo especial por el comienzo de la labor estable de la Prelatura en Indonesia, Rumania y Corea.Con todo cariño, os bendice vuestro padre+Javier
Roma, 1 de junio de 2009.
[1] San Josemaría, Homilía Amar al mundo apasionadamente, 8-X-1967, en Conversaciones, n. 116.[2] 1 Jn 4, 19.[3] Benedicto XVI, Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, 22-V-2008.[4] Ex 34, 6.[5] Cfr. Ex 3, 14.[6] 1 Jn 4, 8.16.[7] Jn 3, 16.[8] Benedicto XVI, Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, 18-V-2008.[9] Ibid.[10] Apuntes tomados en una meditación, 3-XII-1961.[11] Benedicto XVI, Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, 22-V-2008.[12] San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 6-I-1972.[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 164.[14] Benedicto XVI, Homilía en la apertura del año paulino, 28-VI-2008.[15] Ibid.
03 junio 2009
Un año para mostrar a los sacerdotes el amor de la Iglesia
Entrevista con el cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero
El próximo 19 de junio el Papa Benedicto XVI inaugurará con unas vísperas solemnes en la Basílica de San Pedro, el Año Sacerdotal con el tema: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote".
Durante este año Benedicto XVI proclamará a san Juan María Vianney "patrono de todos los sacerdotes del mundo". Igualmente se publicará el "Directorio para los confesores y directores espirituales", así como a una recopilación de textos del Papa sobre temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal en la época actual.
ZENIT ha conversado con el cardenal brasileño Cláudio Hummes, O.F.M., prefecto para la congregación del Clero y obispo emérito de Sao Paulo, quien presenta este año como "propositivo" y como una oportunidad para que los sacerdotes recuerden que "la Iglesia los ama, que se preocupa por ellos".
--¿Cuál es el objetivo principal del año sacerdotal?
--Cardenal Hummes: En primer lugar la circunstancia. Será un año jubilar por los 150 años de la muerte de san Juan María Vianney, más conocido como el santo cura de Ars. Esta es la oportunidad, pero el motivo fundamental es que el Papa quiere dar a los sacerdotes una importancia especial y decir cuánto los ama, cuánto los quiere ayudar a vivir con alegría y con fervor su vocación y misión.
Esta iniciativa del Papa tiene lugar en un momento de gran expansión de una nueva cultura: hoy domina la cultura postmoderna, relativista, urbana, pluralista, secularizada, laicista, en la cual los sacerdotes deben vivir su vocación y su misión.
El reto es entender cómo ser sacerdote en este nuevo tiempo, no para condenar al mundo sino para salvar el mundo, como Jesús, quien no vino para condenar al mundo sino para salvarlo.
El sacerdote debe hacer esto de corazón, con mucha apertura, sin demonizar a la sociedad. Debe estar integrado en ella con la alegría misionera de querer llevar a la gente de esta sociedad a Jesucristo.
Es necesario dar una oportunidad para que todos oren con los sacerdotes y por los sacerdotes, convocar los sacerdotes a orar, hacerlo de la mejor manera posible en la sociedad actual y, además, eventualmente tomar iniciativas para que los sacerdotes tengan mejores condiciones para vivir su vocación y la misión.
Es un año positivo y propositivo. No se trata, en primer lugar, de corregir a los sacerdotes. Hay problemas que siempre deben ser corregidos y la Iglesia no puede cerrar los ojos, pero sabemos que la grandísima mayoría de los sacerdotes tienen una gran dignidad y adhieren a su ministerio y a su vocación. Dan su vida por esta vocación que han aceptado libremente.
Lamentablemente se dan los problemas de los que nos hemos enterado en los últimos años relativos a la pedofilia y otros delitos sexuales graves, pero como máximo quizá pueden llegar a un cuatro por ciento del clero. La Iglesia quiere decirle al 96 por ciento restante que estamos orgullosos de ellos, que son hombres de Dios y que los queremos ayudar y reconocer todo lo que hacen como testimonio de vida.
Es también un momento oportuno para intensificar y profundizar la cuestión de cómo ser sacerdotes en este mundo que cambia y que Dios nos ha puesto delante para salvar.
--¿Por qué el Papa ha presentado a san Juan María Vianney como modelo para los sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Porque desde hace mucho tiempo es el patrono de los párrocos. Forma parte del mundo del presbítero. Queremos también estimular a varias naciones y conferencias episcopales o iglesias locales para que escojan algún sacerdote ejemplar de su área, y presentarlo al mundo y a los jóvenes. Hombres y sacerdotes que sean verdaderamente modelos, que puedan inspirar y puedan renovar la convicción del gran valor y de la importancia del ministerio sacerdotal.
--Para usted como sacerdote, ¿cuál es el aspecto más bello de su vocación?
--Cardenal Hummes: Esta pregunta me hace recordar un hecho de san Francisco de Asís: El dijo una vez: "Si me encontrara por el camino a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al sacerdote y luego al ángel. ¿Por qué? Porque el sacerdote es quien nos da a Cristo en la Eucaristía". Esto es lo más fundamental y maravilloso: el sacerdote tiene el don y la gracia de Dios para ser ministro de este gran misterio de la Eucaristía.
El sacerdocio fue instituido por Jesucristo en la Última Cena. Cuando dijo "Haced esto en conmemoración mía", les dio a los apóstoles este mandamiento y también el poder de hacer esto, de hacer lo mismo que Jesús hizo en la última cena. Y estos apóstoles han transmitido a su vez este ministerio y este poder divino a los hombres que son obispos y sacerdotes.
Esto es lo más importante y el centro. La Eucaristía es el centro de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II dijo que la Iglesia vive de la Eucaristía. El sacerdote es el ministro de este gran sacramento, que es el memorial de la muerte de Jesús.
Y luego tenemos también el sacramento de la Reconciliación. Jesús dijo: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados" (Juan, 20, 23). Ha venido para reconciliar el mundo con Dios y a los seres humanos entre ellos. Ha dado el Espíritu Santo a los apóstoles soplando sobre ellos.
Él ha dado a los apóstoles en nombre de Dios y suyo aquello que había adquirido con su sangre y con su vida en la Cruz, transformando la violencia en un acto de amor para el perdón de los pecados. Y les dice a los apóstoles que serán los ministros de este perdón. Esto es fundamental para todos. Cada uno quiere ser perdonado de sus pecados, estar en paz con Dios y con los demás. El misterio de la reconciliación es muy importante en a vida del sacerdote.
Hay otras muchas acciones como la evangelización, el anuncio de la persona de Jesucristo muerto y resucitado, de su reino. El mundo tiene derecho de saber y conocer a Jesucristo y todo lo que significa su Reino. Este es un ministerio específico también del sacerdote que comparte con los obispos y con los laicos que hacen el anuncio de la Palabra y deben llevar a la gente a un encuentro intenso y personal con Jesucristo.
--¿Cuáles cree que son las mayores dificultades y los nuevos retos que afrontan hoy los jóvenes que quieren ser sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Quiero repetir que no debemos demonizar la cultura actual que se difunde cada vez más y que se convierte en una cultura dominante en todo el mundo a pesar de la presencia de otras culturas.
Esta nueva cultura ya no quiere ser ni cristiana ni religiosa. Quiere ser laica y rechaza y quiere rechazar cualquier injerencia religiosa. Los adolescentes y los jóvenes se encuentran en una situación diferente a la que hemos vivido nosotros, que nacimos en una cultura muy religiosa y que se reconocía como cristiana y católica. Actualmente ya no es así.
Creo que para los adolescentes y jóvenes es realmente más difícil tener la valentía de aceptar una invitación de Dios, que nace en su interior. Responder es hoy más complicado, porque la sociedad ya no valora el sacerdocio. Antes la sociedad lo valoraba. Ahora bien, un trabajo de fe y de evangelización será siempre posible, porque Dios da siempre todas las gracias cuando llama para esto.
La parroquia debe ofrecer a los jóvenes y a los adolescentes la oportunidad de hablar de aquello que llevan en el corazón, de ese llamado, porque si ellos no tienen la oportunidad de hablar con alguien en quien puedan confiar, poco a poco esta voz desaparecerá. Aquí entra en juego la pastoral vocacional, que tanto necesitamos.
Una parroquia bien organizada es capaz de salir al encuentro de los jóvenes y adolescentes y darles la oportunidad de hablar sobre el llamado que sienten. También la oración por las vocaciones es ahora más importante que en el pasado.
Otra causa por la que puede haber menos candidatos es porque las familias son más reducidas. Tienen pocos hijos o ninguno. Esto lo hace más difícil. El número de sacerdotes en varios países se ha reducido demasiado. Vemos esta situación con grandísima preocupación.
--¿Cómo cree que debe ser la formación de un seminarista en los ámbitos personal, espiritual, intelectual y litúrgico? ¿Qué aspectos cree que no pueden faltar?
--Cardenal Hummes: La Iglesia habla de cuatro dimensiones que deben ser cultivadas con los candidatos.
En primer lugar, la dimensión humana, la afectiva --toda la cuestión de su persona--, su naturaleza, su dignidad y una madurez afectiva normal. Esto es importante porque es la base.
Luego está la dimensión espiritual. Hoy nos encontramos delante de una cultura que ya no es ni cristiana ni religiosa. Por lo tanto es aún más necesario desarrollar bien la espiritualidad en los candidatos.
Luego está la dimensión intelectual. Es necesario estudiar filosofía y teología para que los sacerdotes sean capaces de hablar y de anunciar hoy a Jesucristo y su mensaje, de modo que emerja toda la riqueza del diálogo entre la fe y la razón humana. Dios es el Logos de todo y Jesucristo es su explicación.
Después, obviamente, está la dimensión de apostolado, es decir, hay que preparar a estos candidatos a ser pastores en el mundo de hoy. En este ámbito pastoral hoy es muy importante la identidad misionera. Los sacerdotes deben tener no sólo una preparación sino también un estímulo fuerte para no limitarse sólo a recibir y ofrecer el servicio a aquellos que vienen a verles, sino también para salir en búsqueda de las personas que no van a la Iglesia, sobretodo de aquellos bautizados que se han alejado porque no han sido lo suficientemente evangelizados, y que tienen el derecho de serlo, porque hemos prometido llevar a Jesucristo, educar en la fe.
Esto muchísimas veces no se ha hecho o se ha hecho muy poco. El sacerdote debe ir en misión y preparar su comunidad para que vaya a anunciar a Jesucristo a la gente, al menos a aquellos que están en el territorio de su parroquia pero también más allá de ésta.
Hoy esta dimensión misionera es muy importante. El discípulo se convierte en misionero con su adhesión entusiasta, alegre a Cristo, capaz de revestir incondicionalmente toda su vida de él. Debemos ser como los discípulos: fervorosos, misioneros, alegres. En esto consiste la clave, el secreto.
--¿Qué actividades especiales se van a realizar en este año tanto para los jóvenes como para los mismos sacerdotes?
--Cardenal Hummes: Habrá iniciativas en el ámbito de la Iglesia universal, pero el año de sacerdote debe celebrarse también a nivel local. Es decir, en las iglesias locales, las diócesis y las parroquias, porque los sacerdotes son los ministros del pueblo y deben incluir las comunidades.
Las diócesis deben impulsar iniciativas tanto de profundización como de celebración para llevar a los sacerdotes el mensaje de que la Iglesia los ama, los respeta, los admira y se siente orgullosa de ellos.
El Papa abrirá el Año Sacerdotal el 19 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, porque es la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Habrá vísperas solemnes celebradas en la basílica vaticana, estará presente la reliquia del cura de Ars. Su corazón estará en la Basílica como signo de la importancia que el Papa quiere dar a los sacerdotes. Esperamos que muchos sacerdotes estén presentes.
La clausura tendrá lugar un año después. Todavía queda por definir la fecha exacta del gran encuentro del Papa con los sacerdotes, al que están invitadas todas las diócesis. Habrá otras muchas iniciativas. Estamos pensando también en realizar un congreso teológico internacional los días precedentes a la clausura. También habrá ejercicios espirituales. Esperamos también poder involucrar a las universidades católicas para que puedan profundizar en el sentido del sacerdocio, la teología del sacerdocio, y en todos los temas que son importantes para los sacerdotes.
--¿Puede hablarnos ahora de los desafíos que enfrenta un sacerdote en esta sociedad tan anti religiosa? ¿Cómo cree que puede permanecer fiel a su vocación?
--Cardenal Hummes: En primer lugar, la Iglesia a través de sus seminarios y formadores debe hacer una selección muy rigurosa de los candidatos. Luego hace falta una buena formación, fundamentalmente en la dimensión humana, intelectual, espiritual, pastoral y misionera. Es fundamental recordar que el sacerdote es discípulo de Jesucristo y estar seguros de que haya tenido este encuentro personal y comunitario intenso con Jesucristo, en el le haya dado su adhesión. Cada misa puede ser un momento muy fuerte para este encuentro. Pero también la lectura de la Palabra de Dios.
Como decía Juan Pablo II, hay muchas oportunidades para testimoniar el encuentro con Jesucristo. Es fundamental ser un misionero capaz de renovar este celo sacerdotal, de sentirse alegre y convencido de su misión y de que esto tiene un sentido fundamental para la Iglesia y para el mundo.
Siempre digo que el sacerdote no es sólo importante por el aspecto religioso dentro de la Iglesia. Desempeña también una grandísima labor en la sociedad, porque promueve los grandes valores humanos, está muy cerca de los pobres con la solidaridad, la atención por los derechos humanos. Creo que debemos ayudarles para que vivan esta vocación con alegría, con mucha lucidez y también con corazón para que sean felices, dado que se puede ser feliz en el sacrifico y el cansancio.
Ser feliz no está en contradicción con el sufrimiento. Jesús no era infeliz en la cruz. Sufría tremendamente, pero estaba feliz, porque sabía que lo hacia por amor y que esto tenía un sentido fundamental para la salvación del mundo. Era un gesto de fidelidad a su Padre.
--¿Qué otros santos cree que pueden ser modelos para el sacerdote de hoy?
--Cardenal Hummes: Obviamente el gran ideal es siempre Jesucristo, el buen pastor. En el caso de los apóstoles, sobretodo san Pablo. Hemos celebrado el Año Paulino. Se ve que era una figura realmente impresionante y que puede ser siempre una gran inspiración para los sacerdotes, sobretodo en una sociedad que ya no es cristiana. Cruzó las fronteras de Israel para ser apóstol de los gentiles, de los paganos. En un mundo que se está alejando tanto de cualquier manifestación religiosa, su ejemplo es fundamental. San Pablo tenía esta conciencia muy fuerte: Jesús ha venido para salvar, no para condenar. Es la misma conciencia que debemos tener nosotros ante el mundo de hoy.
02 junio 2009
Respuestas del Papa a preguntas de niños
En una audiencia a la Obra para la Infancia Misionera
--Me llamo Anna Filippone, tengo doce años, soy monaguilla, vengo de Calabria, de la diócesis de Oppido Mamertina-Palmi. Papa Benedicto, mi amigo Giovanni tiene un papá italiano y una madre ecuatoriana y es muy feliz. ¿Crees que diferentes culturas un día podrán vivir sin pelearse en el nombre de Jesús?
--Benedicto XVI: He sabido que queréis saber cómo nosotros, cuando éramos niños, nos ayudábamos recíprocamente. Tengo que decir que viví los años de la escuela primaria en un pequeño pueblo de 400 habitantes, muy alejado de los grandes centros. Por tanto, éramos algo ingenuos y, en ese pueblo, había, por una parte agricultores muy ricos y otros menos ricos pero acomodados, por otra pobres empleados, artesanos. Nuestra familia, poco antes de que comenzara la escuela primaria, había llegado a este pueblo procedente de otro, y por tanto éramos algo extranjeros para ellos, incluso el dialecto era diferente. En esta escuela, por tanto, se reflejaban situaciones sociales muy diferentes. Sin embargo, se daba una hermosa comunión entre nosotros. Me enseñaron su dialecto, que yo todavía no conocía. Colaboramos bien, y tengo que decir que en alguna ocasión naturalmente también me peleé, pero después nos reconciliamos y olvidamos lo que había sucedido. Esto me parece importante. A veces, en la vida humana parece inevitable pelearse; pero lo importante es, de todos modos, el arte de reconciliarse, el perdón, volver a comenzar de nuevo y no dejar la amargura en el alma. Con gratitud, recuerdo cómo colaborábamos todos: uno ayudaba al otro y seguíamos juntos nuestro camino. Todos éramos católicos, y esto era naturalmente una gran ayuda. Así aprendimos juntos a conocer la Biblia, empezando por la Creación hasta el sacrificio de Jesús en la Cruz, y llegando a los inicios de la Iglesia. Juntos aprendimos el catecismo, aprendimos a rezar juntos, nos prepararnos juntos para la primera confesión, para la primera comunión: aquel fue un día espléndido. Comprendimos que el mismo Jesús viene a nosotros y que no es un Dios lejano: entra en la propia vida, en la propia alma. Y, si el mismo Jesús entra en cada uno de nosotros, nosotros somos hermanos, hermanas, amigos, y por tanto tenemos que comportarnos como tales. Para nosotros esta preparación a la primera confesión, como purificación de nuestra conciencia, de nuestra vida, y después también la primera comunión, como encuentro concreto de Jesús, que viene a mí y a todos, fueron factores que contribuyeron a formar nuestra comunidad. Nos ayudaron a avanzar juntos, a aprender juntos a reconciliarnos, cuando era necesario. Hicimos también pequeños espectáculos: es importante también colaborar, prestar atención el uno por el otro. Después, a ocho o nueve años me hice monaguillo. En aquel tiempo no había todavía monaguillas, pero las chicas leían mejor que nosotros. Por tanto, ellas leían las lecturas de la liturgia, nosotros éramos monaguillos. En aquel tiempo, todavía había muchos textos en latín que había que aprender, de este modo cada uno tuvo que realizar su parte de esfuerzo. Como he dicho, no éramos santos: tuvimos nuestras peleas, pero de todos modos se daba una hermosa comunión, en la que las distinciones entre ricos y pobres, inteligentes y menos inteligentes no contaban. Contaba la comunión con Jesús en el camino de la fe común y de la responsabilidad común, en los juegos, en el trabajo común. Encontramos la capacidad para vivir juntos, para ser amigos, y a pesar de que desde 1937, es decir, desde hace más de setenta años, ya no he estado en ese pueblo, hemos permanecido amigos. Aprendimos a aceptarnos el uno al otro, a llevar el peso el uno del otro. Esto me parece importante: a pesar de nuestras debilidades, nos aceptamos y con Jesucristo, con la Iglesia, encontramos juntos el camino de la paz y aprendemos a vivir bien.
--Me llamo Letizia y te quería hacer una pregunta. Querido Papa Benedicto XVI, ¿qué quería decir para ti, cuando eras pequeño, el lema: "Los niños ayudan a los niños"? ¿Habrías pensado que alguna vez llegarías a ser Papa?
--Benedicto XVI: A decir verdad, nunca hubiera pensado que sería Papa, pues, como ya he dicho, era un muchacho bastante ingenuo, en un pequeño pueblo muy alejado de las ciudades, en la provincia olvidada. Éramos felices de vivir en esa provincia y no pensábamos en otras cosas. Naturalmente conocimos, veneramos y amamos al Papa --era Pío XI--, pero para nosotros era una altura inalcanzable, casi otro mundo: era nuestro padre, pero de todos modos una realidad muy superior a nosotros. Y tengo que decir que todavía hoy me cuesta comprender cómo el Señor ha podido pensar en mí, destinarme a este ministerio. Pero lo acepto de sus manos, aunque es algo sorprendente y me parece que va mucho más allá de mis fuerzas. Pero el Señor me ayuda.
--Querido Papa Benedicto. Soy Alessandro. Quería preguntarte: tú eres el primer misionero, nosotros, muchachos, ¿cómo podemos ayudarte a anunciar el Evangelio?
--Benedicto XVI: Diría que, una primera manera es ésta: colaborar con la Obra Pontificia de la Infancia Misionera. De este modo, formáis parte de una gran familia, que lleva el Evangelio al mundo. De este modo pertenecéis a una gran red. Vemos aquí cómo es representada la familia de los diferentes pueblos. Vosotros estáis en esta gran familia: cada uno pone su parte y juntos sois misioneros, promotores de la obra misionera de la Iglesia. Tenéis un hermoso programa, indicado por vuestra portavoz: escuchar, rezar, conocer, compartir, ser solidarios. Estos son los elementos esenciales que constituyen realmente una forma de ser misionero, de hacer crecer a la Iglesia y la presencia del Evangelio en el mundo. Quisiera subrayar algunos de estos puntos.
Ante todo, rezar. La oración es una realidad: Dios nos escucha y, cuando rezamos, Dios entra en nuestra vida, se hace presente entre nosotros, actúa. Rezar es algo muy importante, que puede cambiar el mundo, pues hace presente la fuerza de Dios. Y es importante ayudarse para rezar: rezamos juntos en la liturgia, rezamos juntos en la familia. Yo diría que es importante comenzar el día con una pequeña oración y acabar también el día con una pequeña oración: recordar a los padres en la oración. Rezar antes de la comida, antes de la cena, y con motivo de la celebración común del domingo. Un domingo sin misa, la gran oración común de la Iglesia, no es un verdadero domingo: le falta el corazón del domingo, así como la luz para la semana. Podéis también ayudar a los demás, especialmente cuando quizá no se reza en casa, cuando no se conoce la oración, enseñándoles a rezar: al rezar con ellos se introduce a los demás en la comunión con Dios.
Luego hay que escuchar, es decir, aprender realmente lo que nos dice Jesús. Además, hay que conocer la Sagrada Escritura, la Biblia. En la historia de Jesús aprendemos -como ha dicho el cardenal--, el rostro de Dios, aprendemos cómo es Dios. Es importante conocer a Jesús profundamente, personalmente. De este modo, él entra en nuestra vida y, a través de nuestra vida, entra en el mundo.
También hay que compartir, no hay que querer las cosas sólo para uno mismo, sino para todos; dividir con los demás. Y si vemos que otro quizá tiene necesidad, que tiene menos cualidades, tenemos que ayudarle, y de este modo hacer presente el amor de Dios sin grandes palabras, en nuestro pequeño mundo personal, que forma parte del gran mundo. De este modo, juntos nos convertimos en una familia, en la que uno tiene respeto por el otro: soportar al otro en su alteridad, aceptar también a los antipáticos, no dejar que uno quede marginado, sino ayudarle a integrarse en la comunidad.
Todo esto quiere decir simplemente vivir en esta gran familia de la Iglesia, en esta gran familia misionera: vivir los puntos esenciales como compartir, el conocimiento de Jesús, la oración, la escucha recíproca y la solidaridad es una obra misionera, pues ayuda a que el Evangelio se convierta en realidad en nuestro mundo.
01 junio 2009
Agenda del Papa para los cuatro próximos meses
Benedicto XVI se prepara para vivir una apretada agenda en los próximos meses, de la que forman parte viajes, las vacaciones en el norte de Italia, la publicación de una encíclica y posiblemente la visita del presidente Barack Obama.
Algunos de estos acontecimientos son ya oficiales, y han sido anunciados por la Santa Sede este lunes, otros están todavía en fase de preparación, por lo que no pueden ser considerados como seguros.
Según revela el calendario de los actos y viajes del Santo Padre para estos cuatro meses, publicado por la Oficina de Información de la Santa Sede, el próximo 11 de junio, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa presidirá la misa a las 19,00 en la basílica de San Juan de Letrán. A continuación participará en la procesión hacia la basílica de Santa María Mayor que culminará con la bendición eucarística.
El 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a las 18,00 horas, en la basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa presidirá las vísperas con motivo del inicio del Año Sacerdotal, con motivo del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Bautista Vianney, el santo Cura de Ars.
El 21 de junio el Papa visitará San Giovanni Rotondo (Italia) para recorrer los lugares en los que vivió el padre Pío de Pietrelcina.
El domingo, 28 de junio, a las 18,00, en la basílica de San Pablo Extramuros, durante las primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, Benedicto XVI clausurará el Año Paulino.
El 29 de junio, en esa la solemnidad de los apóstoles patronos de la diócesis de Roma, en la basílica de San Pedro, a las 9,30, el Papa presidirá la santa misa e impondrá el palio a los nuevos arzobispos metropolitanos del mundo.
Según anunció en las semanas pasadas el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en ese día podría presentarse la encíclica de Benedicto XVI dedicada a la justicia social, tras las dos precedentes sobre el amor y la esperanza.
Vacaciones y posible visita de Obama
El calendario de celebraciones del Papa para el mes de julio no prevé ninguna cita especial. En ese mes, el Papa pasará un breve período de vacaciones en el Valle de Aosta, en particular, en la localidad de Les Combes, en el pueblo de Introd.
Según han confirmado fuentes diplomáticas de la Santa Sede y Estados Unidos, en el mes de julio, con motivo de la visita que realizará a Italia el presidente Barack Obama para participar en la cumbre de los países más industrializados (L'Aquila del 8 al 10 de ese mes), podría realizar su primera visita al Papa. Por el momento no ha habido confirmación oficial.
A su regreso del Valle de Aosta, el Papa trascurrirá el resto del verano en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, donde realizará sus actividades ordinarias, y mantendrá sus encuentros ordinarios con los peregrinos.
El sábado 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, presidirá a la misa a las 8,00 en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanova de Castel Gandolfo.
El domingo, 6 de septiembre, el pontífice realizará su visita pastoral a Viterbo-Bagnoregio, que se encuentra cerca de Roma.
Por otra parte, del 26 al 28 de septiembre, emprenderá un viaje apostólico a la República Checa, el décimo tercero de su pontificado.
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