21 septiembre 2012


¿SERVICIO O AMBICIÓN?

Jesús Álvarez (Evangelio del Domingo 25º  T.O./B


“Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía:«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y a los tres días de su muerte, resucitará».Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, Jesús les preguntó:«¿De qué hablaban durante el camino?»Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, los llamó y les dijo:«El que quiera ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:«El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no me recibe a mí, sino a Aquél que me ha enviado»”. (Mc. 9,30-37)
Nuestro Señor repite a sus discípulos el anuncio de su pasión y de su resurrección. Y mientras Él anuncia sufrimientos --con la certeza de que van a ser coronados por la resurrección--, ellos se debaten en una vergonzosa contienda por los primeros puestos en el soñado reino terreno del Mesías.
La cruz --todo sufrimiento, enfermedad, desgracia, agonía y muerte asociados a la cruz de Cristo--, es el único pase valedero para la resurrección y la gloria eterna, y la única manera de triunfar sobre el dolor y la muerte, a imitación suya y con su ayuda personal. Solo esta esperanza hace llevaderas nuestras cruces --pequeñas y grandes-- de cada día, de toda la vida y de la misma muerte.
Sigue siendo arduo llevar la cruz detrás de Cristo para llegar con él a la resurrección y a la gloria eterna, pues la tendencia a la ambición, al poder, y al disfrute está arraigada de tal manera en el hombre, que desearía pasar a la resurrección y a la gloria saltándose la cruz.
Con esa actitud se corre el grave riesgo de adoptar una religión a propio gusto, de apariencias y cumplimiento externo --¡fatal autoengaño!--, evadiendo el encuentro real y amoroso con Cristo crucificado y resucitado presente, el único que puede dar valor de salvación a nuestra vida, a nuestras cruces y alegrías, a nuestras obras y relaciones, e incluso a nuestra muerte.
La cruz del servicio a Dios y al prójimo, asociada a la de Jesús, se convierte en cruz pascual, porque Cristo resucitado nos la alivia al cargarla con nosotros, camino del Calvario, hacia la resurrección y la gloria. “Los sufrimientos de este mundo no tienen comparación con el peso de gloria que nos espera”, dice san Pablo.
Sin embargo, quizás nos evadimos una y mil veces del servicio generoso y de la renuncia, lo que nos hace "enemigos de la cruz de Cristo", como si la cruz fuera causa de infelicidad, y no causa de resurrección y felicidad eterna, como lo fue para Jesús.
Pero es admirable ver cómo Jesús, ante las ambiciones y ceguera de los discípulos, no se pone a reprenderlos con enojo, sino que se sienta y los instruye de nuevo con infinita paciencia, esperando que al fin entiendan de una vez por todas. ¡Buen ejemplo de paciencia para pastores, catequistas y padres!
A los discípulos de entonces y de hoy, Jesús propone como modelo a un niño. Los niños no tienen pretensiones de dominio y grandeza. Están abiertos a todos, sin malicia ni ambición; son sencillos, pacíficos, felices. No se imponen. Viven y sufren al estilo de Cristo: como mansos corderitos. Pero ¡ay de quienes los hacen sufrir! Dios saldrá en defensa de ellos frente a sus verdugos, a quienes devolverá con creces los sufrimientos causados.
Lo que hace grandes y nos merece los primeros puestos en el reino de Jesús, no es dominar y ser ricos, sino servir a los más pequeños, a los que sufren, a los pobres y marginados que no pueden pagar el servicio. Porque todo lo que se hace con ellos, con Cristo mismo se hace, quien pagará con creces el amor servicial: “Estuve necesitado y ustedes me socorrieron: vengan, benditos de mi Padre a poseer el reino preparado para ustedes”.

ABRAZAR LA SABIDURÍA QUE VIENE DE LO ALTO, LA CUAL ESTÁ LLENA DE BUENOS FRUTOS 


Pedro Mendoza LC (TIEMPO ORDINARIO 25º, CICLO B)

"Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros? ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones". Sant 3,16–4,3
Comentario
El pasaje de este domingo recoge la conclusión del tema precedente (3,16) en el que Santiago ofrece la regla para discernir los espíritus mostrando de dónde proviene la raíz y los frutos de la falsa sabiduría (3,14-16): los frutos corrompidos de la sabiduría orgullosa de algunos cristianos provienen de una raíz podrida, del espíritu de Satán.
Inmediatamente pasa el apóstol a indicar cuáles son, en contraposición, las raíces y los frutos de la verdadera sabiduría (3,17-18). La sabiduría de arriba, que es un don de Dios, puede cumplir el precepto de amor establecido por Dios. Desciende de Dios y por eso puede estar al servicio de la obra de Dios en el mundo, del crecimiento interno y externo de su Iglesia. Su objetivo no es el propio ensalzamiento ni la autojustificación, sino que la voluntad de Dios se cumpla en la comunidad de los creyentes. Es precisamente en el servicio a la comunidad donde la verdadera sabiduría debe producir sus frutos. Santiago enumera siete características de la verdadera sabiduría, para mostrar su perfección (3,17). En primer lugar es desinteresada, sin hipocresía, es decir, no procede de ambición de mando ni de afán de prestigio en la comunidad. Sólo quiere agradar a Dios, y excluye segundas intenciones egoístas. Por eso puede hacer desbordar el espíritu de Dios en sí mismo y en la comunidad de los fieles, como se desbordó en la vida de Jesucristo. El verdadero sabio, bondadoso para todos, incluso para los necios, se adapta a todo, es misericordioso, sabe perdonar y demuestra con obras su amor a todos los que necesitan su ayuda (cf. 2,14-26). Siempre que es necesario, sacrifica sus propios derechos y su posición en aras del bien común. Se pone en guardia contra todo tipo de discordia, de formación de grupos rivales y de partidismo, y se esfuerza por fomentar conscientemente la unión y la paz en la comunidad y en la Iglesia.
Quien así procede, sigue el ejemplo y mandato de Cristo, que se puso al servicio de todos para salvar a todos e, igual que su Maestro, sólo puede producir buenos frutos. Y como es bueno cuanto contribuye a la paz y a la edificación de la Iglesia, los verdaderos sabios son los que trabajan activamente por la paz de la comunidad con palabras fraternas, que brotan de un amor responsable y sobre todo con trabajo desinteresado y servicial (3,18).
En la última parte del pasaje de este domingo, Santiago continúa su búsqueda de las raíces de la falsa sabiduría y de sus perniciosos frutos indicando, esta vez, la causa de todas las contiendas (4,1-3). Emplea palabras apasionadas tomadas del oficio de las armas y de las costumbres de la guerra. Las disensiones y tensiones existentes en la comunidad cristiana, se deben, por lo visto, a la indigencia de la mayoría y al antagonismo social que provoca el hecho de que al lado de unos pocos ricos haya una masa de fieles pobres y miserables (cf. 2,1-9; 5,1-6). La aspiración perfectamente comprensible de estos pobres, su deseo de poseer más bienes y de vivir sin los temores y zozobras de su indigencia, se ha desviado siguiendo un camino falso. Surgen tiranteces y brotan la envidia y las desavenencias entre los cristianos, lo que demuestra que los móviles son puramente terrenales y egoístas. Se ha declarado el "estado de guerra" en las comunidades, porque el egoísmo todavía domina el espíritu y el corazón de muchos cristianos (4,1).
Santiago está muy lejos de rechazar por completo el deseo de los que quieren mejorar su nivel de vida. Una tal aspiración debería conducirlos a pedir a Dios con confianza que les conceda sus dones. Pues la aspiración de quienes pretenden conseguir y obtener por la fuerza la plenitud de la vida, prescindiendo de Dios y yendo contra su voluntad, está condenada al fracaso. Sólo puede conducir a la envidia, al odio, a la discordia y, por fin, a la muerte. Esto es lo que expresan claramente las palabras escogidas por Santiago: codicia, altercado, guerra, homicidio (4,2). Por lo mismo, cuando la petición en la oración es torcida, la respuesta de Dios no puede ser positiva: "Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones" (4,3). En este caso no se cumplen las palabras de Jesús: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá" (Mt 7,7). Esto acontece cuando no se ora con el espíritu de Jesús que aparece en el padrenuestro, no sometiéndose enteramente a la voluntad salvífica del Padre: "Hágase tu voluntad" (Mt 6,10). Esos tales, con la ayuda de la oración, pretenden que su voluntad egoísta se salga con la suya, quieren satisfacer sus apetitos puramente terrenales, quieren abusar de los dones de Dios para sus propios fines. Es, pues, natural que Dios no pueda atender sus súplicas, que no tienen por objetivo la vida, que procede de sus manos divinas, ni propagan en el mundo el reino de Dios.
Aplicación
Abrazar la sabiduría que viene de lo alto, la cual está llena de buenos frutos.
En este domingo la liturgia nos presenta el tema de la pasión de Jesús tanto en el Evangelio como en la primera lectura. En el libro de la Sabiduría la pasión es prefigurada en la hostilidad de los impíos contra el justo; en el Evangelio es el mismo Jesús quien anuncia su pasión. La lectura del apóstol Santiago se aproxima a este tema en cuanto que contrapone la actitud de quien se deja guiar por la sabiduría mundana, que busca su propio egoísmo, al margen de Dios, y la de quien se rige por la sabiduría divina colaborando dócilmente en la realización de su plan salvífico, como es el caso del mismo Jesús que abraza la pasión por amor a nosotros y para salvarnos.
La mentalidad humana, si no se deja iluminar por la luz divina, puede convertirse en malvada. Así lo presenta el libro de la Sabiduría en los planes perversos de los impíos contra el justo (2,12.17-20). Las cualidades del justo, que es el verdadero hombre sabio, resultan insoportables al ojo envidioso del impío, que no acepta la sabiduría divina, sino se rige por los criterios mundanos. Traman contra él la muerte más ignominiosa para ponerlo a la prueba y de este modo encontrar satisfacción y confirmación de su postura hostil ante Dios, a quien no aceptan ni reconocen como tal.
El pasaje del Evangelio de san Marcos (9,30-37) recoge el anuncio que Jesús da a sus discípulos de camino hacia Jerusalén: "El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le  matarán y a los tres días de haber muerto resucitará" (9,31). El anuncio de su pasión es muy claro. Pero la mentalidad estrecha de los discípulos no lo logra comprender ni aceptar. Ellos tienen otra forma de pensar; son otras sus perspectivas. Para ellos el Mesías debe ser victorioso, debe triunfar; por lo tanto, no puede ser entregado a manos de sus enemigos, no puede ser matado. Jesús responderá a esa falta de fe de sus discípulos enseñándoles que el camino para entender y realizar los planes de Dios es el camino de la humildad, del desprendimiento de sí mismo, de la donación sin límites, como Él lo hará abrazando la cruz para salvarnos.
Son estas últimas actitudes, fruto de la sabiduría de Dios, las que resplandecen también en la lectura del apóstol Santiago (3,16–4,3): un corazón misericordioso como el de Jesús en el que no hay lugar a los celos o al espíritu de contienda. Ésta es la sabiduría que debemos buscar y practicar: "la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía" (3,17). Como Jesús, debemos vivir esa mansedumbre y humildad de corazón que nos lleva a tratar a todos los demás, en particular a los miembros de la comunidad cristiana, con espíritu de servicio y donación plena, hasta ser capaces de dar nuestra vida por ellos.

20 septiembre 2012


HA LLEGADO EL MOMENTO DEL DIÁLOGO Y COLABORACIÓN ENTRE EL CRISTIANISMO Y EL ISLAM


El Papa ayer en la audiencia general

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera volver brevemente con el pensamiento y con el corazón, a los maravillosos días del Viaje apostólico que realicé en el Líbano. Un viaje que yo realmente quería, a pesar de las circunstancias difíciles, considerando que un padre siempre debe estar cerca de sus hijos cuando se encuentran con graves problemas. Me sentí conmovido por el sincero deseo de anunciar la paz que el Señor resucitado dio a sus discípulos con estas palabras: "Os doy mi paz - سلامي أعطيكم" (Jn. 14,27). Este viaje tenía como objetivo principal la firma y la entrega de la Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, a los representantes de las comunidades católicas del Medio Oriente, así como a las demás Iglesias y comunidades eclesiales, y a los líderes musulmanes.
Fue un acontecimiento eclesial conmovedor y, al mismo tiempo, una oportunidad providencial para el diálogo vivida en un país complejo, pero emblemático para toda la región, debido a su tradición de coexistencia y de fructífera cooperación entre los diferentes componentes religiosos y sociales. Ante el sufrimiento y las tragedias que se dan en esa zona del Medio Oriente, expresé mi sincera cercanía a las aspiraciones legítimas de esas queridas poblaciones, llevándoles un mensaje de aliento y de paz.
Estoy pensando en particular en el terrible conflicto que atormenta a la Siria, provocando, además de miles de muertos, una corriente de refugiados que se esparcen en la región a la búsqueda desesperada de seguridad y de futuro; y no olvido la difícil situación del Irak. Durante mi visita, el pueblo del Líbano y del Medio Oriente --católicos, representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales y de las diversas comunidades musulmanas--, ha vivido con entusiasmo y en un ambiente relajado y constructivo, una valiosa experiencia de respeto mutuo, de comprensión y de fraternidad, que constituye un fuerte signo de esperanza para toda la humanidad. Pero es sobre todo el encuentro con los fieles católicos del Líbano y del Oriente Medio, presentes por miles, lo que ha despertado en mi alma un sentimiento de profunda gratitud por el ardor de su fe y de su testimonio.
Doy gracias al Señor por este don precioso, que da esperanza para el futuro de la Iglesia en esos territorios: jóvenes, adultos y familias motivadas por el deseo de arraigar su vida en Cristo, permanecer anclados en el Evangelio y caminar juntos en la Iglesia.
Renuevo mi gratitud también a todos los que han trabajado sin descanso para mi Visita: a los Patriarcas y Obispos del Líbano con sus colaboradores, a la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, las personas consagradas, los fieles laicos, los cuales son una realidad preciosa y significativa en la sociedad libanesa. Pude constatar directamente que las comunidades católicas libanesas, a través de su presencia bimilenaria y su compromiso lleno de esperanza, ofrecen una significativa y valiosa contribución en la vida cotidiana de todos los habitantes del país. Vaya un pensamiento respetuoso y deferente a las autoridades libanesas, a las instituciones y asociaciones, a los voluntarios y a cuantos aquellos que han ofrecido su apoyo con la oración. No puedo olvidar la cálida bienvenida que he recibido del Presidente de la República, el señor Michel Sleiman, así como de los diversos componentes del país y del pueblo: ha sido una cálida bienvenida, acorde con la conocida hospitalidad libanesa. Los musulmanes me han acogido con gran respeto y consideración sincera; su constante y participativa presencia me dio la oportunidad de enviar un mensaje de diálogo y colaboración entre el cristianismo y el Islam: me parece que ha llegado el momento de dar un testimonio sincero y decidido en contra de las divisiones, contra la violencia, contra la guerra. Los católicos, que también procedían de países vecinos, han expresado con fervor su profundo afecto hacia el Sucesor de Pedro.
Después de la hermosa ceremonia a mi llegada al aeropuerto de Beirut, la primera cita era de una especial solemnidad: la firma de la Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, en la Basílica Grego-Melquita de San Pablo en Harissa. En esa ocasión he invitado a los católicos medioorientales a fijar la mirada en Cristo crucificado para encontrar la fuerza, incluso en situaciones difíciles y dolorosas, para celebrar la victoria del amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza y de la unidad sobre la división. A todos les he asegurado que la Iglesia universal está más cerca que nunca, con el afecto y la oración, a las iglesias de Medio Oriente: ellas, a pesar de ser un "pequeño rebaño", no tienen por qué temer, sabiendo que el Señor está siempre con ellos. El Papa no las olvida.
En el segundo día de mi viaje apostólico, me reuní con los representantes de las instituciones de la República y del mundo de la cultura, del cuerpo diplomático y con los líderes religiosos. A ellos, entre otras cosas, les he señalado un camino a seguir para promover un futuro de paz y de solidaridad: que es trabajar para que las diferencias culturales, sociales y religiosas terminen en el diálogo sincero, en una nueva fraternidad, donde lo que una sea el sentido común de la grandeza y de la dignidad de toda persona, cuya vida siempre debe ser defendida y protegida. El mismo día tuve una reunión con los jefes de las comunidades religiosas musulmanas, que se llevó a cabo en un espíritu de diálogo y de benevolencia mutua. Doy gracias a Dios por este encuentro. El mundo de hoy necesita señales claras y fuertes de diálogo y de colaboración, y de que el Líbano ha sido y debe seguir siendo un ejemplo para los países árabes y para el resto del mundo.
Por la tarde, en la residencia del Patriarca maronita, fui recibido con el entusiasmo incontenible de miles de jóvenes libaneses y de los países vecinos, que ha dado origen a un momento de alegría y de oración, inolvidable para el corazón de muchos. He destacado la suerte de vivir en esa parte del mundo, que ha visto a Jesús muerto y resucitado por nuestra salvación, y el desarrollo del cristianismo, exhortándolos a la fidelidad y al amor por su tierra, a pesar de las dificultades causadas por la falta de estabilidad y de seguridad. Además, los he animado a ser firmes en la fe, confiados en Cristo, fuente de nuestra alegría, y a profundizar la relación personal con Él en la oración, así como a estar abiertos a los grandes ideales de la vida, de la familia, de la amistad y de la solidaridad. Al ver a los jóvenes cristianos y musulmanes celebrar en gran armonía, los he animado a construir juntos el futuro del Líbano y del Medio Oriente, y a oponerse juntos a la violencia y a la guerra. La concordia y la reconciliación tienen que ser más fuertes que las pulsiones de muerte.
La mañana del domingo, fue un momento muy intenso y participado durante la Santa Misa en el Waterfront City Center en Beirut, acompañada por sugestivas canciones, que han caracterizado también las demás celebraciones. En presencia de muchos obispos y de una gran multitud de fieles provenientes de todo el Medio Oriente, he querido exhortarles a vivir la fe y dar testimonio sin miedo, sabiendo que la vocación del cristiano y de la Iglesia es llevar el Evangelio a todos sin distinción, siguiendo el ejemplo de Jesús. En un contexto marcado por los ásperos conflictos, he llamado la atención sobre la necesidad de servir a la paz y a la justicia, convirtiéndose en instrumentos de reconciliación y constructores de comunión. Al final de la celebración eucarística, he tenido el gozo de presentar la Exhortación apostólica que recoge las conclusiones de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente. A través de los Patriarcas y de los obispos orientales y latinos, los sacerdotes, consagrados y laicos, este documento quiere alcanzar a todos los fieles de esta querida tierra, para sostenerlos en la fe y en la comunión, y animarlos en el camino de la tan deseada nueva evangelización.
Por la tarde, en la sede del Patriarcado Siro-católico, tuve la alegría de un fraterno encuentro ecuménico con los Patriarcas ortodoxos y ortodoxos orientales, y los representantes de aquellas Iglesias, así como de las comunidades eclesiales.
Queridos amigos, los días transcurridos en el Líbano han sido una maravillosa manifestación de fe y de intensa religiosidad y un signo profético de la paz. La multitud de los creyentes, provenientes de todo el Medio Oriente, han tenido la oportunidad de reflexionar, de dialogar y sobre todo de orar juntos, renovando el compromiso de radicar la propia vida en Cristo. Estoy seguro de que el pueblo libanés, en su multiforme pero bien amalgamada composición religiosa y social, sabrá testimoniar con un nuevo impulso la verdadera paz, que nace de la fe en Dios. Espero que los diversos mensajes de paz y de respeto que he querido dar, puedan ayudar a los gobernantes de la región a dar pasos decisivos hacia la paz y hacia una mejor comprensión de las relaciones entre cristianos y musulmanes. Por mi parte, seguiré acompañando a aquellas queridas poblaciones con la oración, a fin de que permanezcan fieles a los compromisos asumidos.
A la intercesión maternal de María, venerada en tantos y antiguos santuarios libaneses, encomiendo los frutos de esta Visita pastoral, así como las buenas intenciones y las aspiraciones justas de todo el Medio Oriente. Gracias.

19 septiembre 2012


PARA HABLAR DE LA IGLESIA CATÓLICA ES RECOMENDABLE CONOCERLA


José Antonio Varela Vidal

Después de una semana de magistrales intervenciones, amplios debates e instruidas visitas por la ciudad de Roma y el Vaticano, se clausuró este domingo 16 el seminario para periodistas "The Church Up Close (La Iglesia desde adentro): Cobertura del catolicismo en la era de Benedicto XVI".
Este evento, que por tercera vez organiza con acierto la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, convocó a 28 comunicadores sociales de 17 países interesados en conocer a profundidad, una de las fuentes noticiosas más importantes y a la vez compleja en su estructura, como es la iglesia Católica.
Todos los temas
Los participantes, mujeres y hombres de prensa, así como del mundo de la producción audiovisual y del ciberespacio, recorrieron tópicos que, a pesar de ser enmarañados, fueron explicados con claridad por doctos y expertos en una de las religiones más extendidas del planeta.
El abanico de temas recorrió lo referido a la naturaleza y misión de la Iglesia católica, su doctrina, la jerarquía y sus principales organismos pontificios. Esto se complementó con cifras de los actuales desafíos misioneros y acerca de los puentes que han tendido los papas a través del ecumenismo y del diálogo interreligioso.
El evento se extendía (y se encendía), por un alturado diálogo sobre las políticas y prácticas de tipo comunicacional que se implementan desde la Santa Sede, y con las que deben interactuar los periodistas y comunicadores sociales en su labor diaria…
Fueron diversos los conferencistas invitados, quienes, en representación de la Secretaría de Estado y de los dicasterios de los Obispos, de la Evangelización de los Pueblos, de la Promoción de la Nueva Evangelización y del Diálogo Interreligioso, explicaron al detalle "el qué y el por qué" de su trabajo.
Asimismo, durante las visitas a las oficinas de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, los asistentes recibieron respuesta a las dudas e inquietudes que traían.
No faltaron los temas que hoy están en el debate público, como son la Economía y la ética, las reformas del Vaticano II, la Bioética, así como la correcta interpretación del Arte sacro, desarrollados por catedráticos de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán, de laDuquesne University de Pensilvania, y de la universidad anfitriona de la Santa Cruz.
En el recuerdo
Una invitación pertinente de los organizadores fue al embajador del Reino Unido ante la Santa Sede, quien tuvo la oportunidad de explicar al detalle el interesante y moderno trabajo que lleva a cabo su representación en el llamado ‘mundo digital’, y que responde a una política exterior británica a nivel mundial.
Los participantes destacaron los encuentros con el director de la sala de prensa y vocero vaticano, padre Federico Lombardi, SJ, así como con el consejero para asuntos de comunicaciones de la Secretaría de Estado, el periodista Greg Burke, quienes recibieron de primera mano las inquietudes y sugerencias de los periodistas que en Roma y desde otros países, cubren a diario la fuente vaticana en la era de Benedicto XVI…
Se apreció también la culta inducción por los monumentos e iglesias de Roma y del Vaticano, a cargo de los esposos John & Ashley Noronha, expertos guías en la Ciudad Eterna y en la Sede de Pedro.
La agencia de noticias ZENIT participó con dos periodistas de las ediciones en inglés y en español, ambos acreditados ante la Santa Sede. 

18 septiembre 2012


"TRABAJEMOS SIN DESCANSO HACIA LA PLENA COMUNIÓN ENTRE NOSOTROS"


El Papa en el encuentro ecuménico de Charfet

Santidad, Beatitud,Venerados Patriarcas, queridos hermanos en el episcopado, Queridos representantes de las Iglesias y Comunidades protestantes,Queridos hermanos:
Con gozo me encuentro entre vosotros, en este monasterio de Notre Dame de la Délivrance
de Charfet, lugar de la Iglesia siríaca católica significativo para el Líbano y todo el Oriente
Medio. Agradezco a Su Beatitud Ignace Youssef Younan, Patriarca de Antioquía de los Sirocatólicos, sus calurosas palabras de bienvenida. Saludo fraternalmente a cada uno de vosotros, que representáis la diversidad de la Iglesia en Oriente, y en particular a Su Beatitud Ignace IV Hazim, Patriarca Greco-ortodoxo de Antioquía y de todo el Oriente y a Su Santidad Mar Ignatius I Zakke Iwas, Patriarca de la Iglesia Siro-ortodoxa de Antioquía y de todo el Oriente.

Vuestra gozosa presencia realza este encuentro. Les agradezco de corazón que estén entre nosotros. Mi pensamiento se dirige también a la Iglesia copta ortodoxa de Egipto y a la Iglesia etíope ortodoxa, que han sufrido la pérdida de su Patriarca. Les aseguro mi fraterna cercanía y oración.
Permitidme rendir homenaje al testimonio de fe que la Iglesia Siríaca de Antioquía ha
ofrecido a lo largo de su gloriosa historia, testimonio de un amor ardiente a Cristo, que le ha
permitido escribir, hasta el día de hoy, páginas heroicas a causa de su fidelidad a la fe hasta el martirio. La animo a ser para todos los pueblos de la región un signo de la paz que viene de Dios y una luz que enciende su esperanza. Extiendo estas palabras de aliento a todas las Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en esta región.

Queridos hermanos, nuestro encuentro de esta tarde es un signo elocuente de nuestro deseo profundo de responder a la llamada del Señor Jesús, «que todos sean uno» (Jn 17,21). En estos tiempos inestables y proclives a la violencia, que experimenta vuestra región, es todavía más urgente que los discípulos de Cristo den un testimonio auténtico de su unidad, para que el mundo crea en su mensaje de amor, paz y reconciliación. Es un mensaje que todos los cristianos, y nosotros en particular, tenemos la misión de transmitir al mundo, y que adquiere un valor inestimable en el contexto actual de Oriente Medio.
Trabajemos sin descanso para que nuestro amor por Cristo nos conduzca paso a paso hacia
la plena comunión entre nosotros. Para ello, debemos, por la oración y el compromiso común, volver sin cesar a nuestro único Señor y Salvador. Pues, como he escrito en la Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, que he tenido el gozo de entregaros, «Jesús une a quienes creen en él y le aman, entregándoles el Espíritu de su Padre, así como el de María, su madre» (n.15).

Confío a la Virgen María cada uno de vosotros, así como los miembros de vuestras Iglesias
y comunidades. Que ella suplique por nosotros ante su Divino Hijo, para que nos veamos libres de todo mal y violencia y para que esta región de Oriente Medio conozca al fin el tiempo de la reconciliación y la paz. Que las palabras de Jesús que he citado con frecuencia en este viaje, « Salàmi ō-tīkum » (Jn 14,27), sean para todos nosotros el signo común que daremos en el nombre de Cristo a los pueblos de esta amada región, que anhela con impaciencia la realización de este anuncio. Gracias.

17 septiembre 2012


"EL MUNDO ENTERO HA VISTO A CRISTIANOS Y MUSULMANES REUNIDOS PARA CELEBRAR LA PAZ"


Discurso del Papa antes de partir del Líbano

Señor Presidente,
Señores Presidentes del Parlamento y del Consejo de ministros,
Beatitudes y hermanos en el episcopado,
Autoridades civiles y religiosas y queridos amigos:

Ha llegado el momento de partir, y dejo con pesar el querido Líbano. Señor Presidente, le agradezco sus palabras y el haber facilitado, junto con el Gobierno, a cuyos representantes saludo, la organización de los distintos acontecimientos que han marcado mi presencia entre vosotros, apoyado de manera notable por la eficacia de los diferentes servicios de la República y del sector privado. Agradezco también al Patriarca Bechara Boutros Raï, y a todos los patriarcas presentes, así como a los obispos orientales y latinos, los sacerdotes y los diáconos, los religiosos y religiosas, los seminaristas y los fieles que se han desplazado para recibirme. Al visitaros, es como si Pedro viniese a vosotros, y vosotros habéis recibido a Pedro con la cordialidad que caracteriza a vuestras Iglesias y vuestra cultura.
Mi agradecimiento se dirige en particular a todo el pueblo libanés, que forma un hermoso y rico mosaico, y que ha sabido manifestar al Sucesor de Pedro su entusiasmo, con la aportación multiforme y específica de cada comunidad. Gracias de corazón a las venerables Iglesias hermanas y a las comunidades protestantes. Gracias en particular a los representantes de las comunidades musulmanas. Durante toda mi estancia, he podido constatar cuánto vuestra presencia ha contribuido al éxito de mi viaje. El mundo árabe y el mundo entero habrán visto, en estos momentos de turbación, a los cristianos y a los musulmanes reunidos para celebrar la paz. Es tradición de Oriente Medio recibir al huésped de paso con consideración y respeto, y vosotros lo habéis hecho. Os lo agradezco a todos. Pero, a la consideración y al respeto, habéis añadido algo más: algo parecido a una de esas famosas especias orientales que enriquecen el sabor de los alimentos: vuestro calor y vuestro corazón, que me han despertado el deseo de volver. Os lo agradezco de manera especial. Que Dios os bendiga por ello.
Durante mi brevísima estancia, cuya razón principal ha sido la firma y la entrega de la Exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, he podido encontrar a los diferentes miembros de vuestra sociedad. Ha habido momentos más oficiales y otros más íntimos, momentos de gran densidad religiosa y de oración ferviente, y también otros marcados por el entusiasmo de la juventud. Doy gracias a Dios por estas ocasiones que él ha permitido, por los importantes encuentros que he podido tener, y por la oración de todos por todos los libaneses y el Medio Oriente, cualquiera que sea el origen o la confesión religiosa de cada uno.  
En su sabiduría, Salomón llamó a Hirán de Tiro, para que erigiera una casa como morada del Nombre de Dios, un santuario para la eternidad (cf. Si 47,13). Y Hirán, al que ya evoqué a mi llegada, envió madera proveniente de los cedros del Líbano (cf. 1 R 5,22). Paneles de madera de cedro con guirnaldas de flores esculpidas revestían el interior del templo (cf. 1 R 6,18). El Líbano estaba presente en el Santuario de Dios. Que el Líbano de hoy, sus habitantes, pueda seguir estando presente en el santuario de Dios. Que el Líbano continúe siendo un espacio donde los hombres y las mujeres puedan vivir en armonía y en paz los unos con los otros para dar al mundo, no sólo el testimonio de la existencia de Dios, primer tema del pasado Sínodo, sino también el de la comunión entre los hombres, cualquiera que sea su sensibilidad política, comunitaria o religiosa, segundo tema de dicho Sínodo.
Pido a Dios por el Líbano, para que viva en paz y resista con valentía todo lo que pueda destruirla o minarla. Deseo que el Líbano siga permitiendo la pluralidad de las tradiciones religiosas, sin dejarse llevar por la voz de aquellos que se lo quieren impedir. Le deseo que fortalezca la comunión entre todos sus habitantes, cualquiera que sea su comunidad o su religión, rechazando resueltamente todo lo que pueda llevar a la desunión y optando con determinación por la fraternidad. He aquí las flores que agradan a Dios, las virtudes posibles y que convendría consolidar enraizándolas más.
La Virgen María, venerada con tierna devoción por los fieles de las confesiones religiosas aquí presentes, es un modelo seguro para avanzar con esperanza por el camino de una fraternidad vivida y auténtica. El Líbano lo ha entendido bien al proclamar desde hace algún tiempo el 25 de marzo como día festivo, permitiendo así a todos sus habitantes vivir con más serenidad su unidad. Que la Virgen María, cuyos antiguos santuarios son tan numerosos en vuestro país, siga acompañándoos e inspirándoos.
Que Dios bendiga el Líbano y a todos los libaneses. Que no cese de atraerlos a Él para darles parte en su vida eterna. Que los colme de su alegría, de su paz y de su luz. Que Dios bendiga a todo Oriente Medio. Sobre todos y cada uno de vosotros, invoco de corazón la abundancia de las bendiciones divinas. لِيُبَارِك الربُّ جميعَكُم  [Que Dios os bendiga a todos].

"¿POR QUÉ TANTO HORROR? ¿POR QUÉ TANTA MUERTE?"


Palabras del Papa ayer en el rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:
Dirijámonos ahora a María, Nuestra Señora del Líbano, en torno a la cual se encuentran los cristianos y los musulmanes. Pidámosle que interceda ante su divino Hijo por vosotros y, en particular, implorando el don de la paz para los habitantes de Siria y los países vecinos.
Conocéis bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que genera tantos sufrimientos. Desgraciadamente, el ruido de las armas continúa escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas. ¿Por qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte? Apelo a la comunidad internacional. Apelo a los países árabes de modo que como hermanos, propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión.
Quien quiere construir la paz debe dejar de ver en el otro un mal que debe eliminar. No es fácil ver en el otro una persona que se debe respetar y amar, y sin embargo es necesario, si se quiere construir la paz, si se quiere la fraternidad (cf. 1 Jn 2,10-11; 1 P 3,8-12).
Que Dios conceda a vuestro país, a Siria y a Oriente Medio el don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de toda violencia. Que los hombres entiendan que todos son hermanos.
María, que es nuestra Madre, comprende nuestras preocupaciones y necesidades. Con los patriarcas y los obispos aquí presentes, encomiendo a Oriente Medio bajo su materna protección (cf. Proposición 44). Que con la ayuda de Dios nos convirtamos, trabajando con ardor por instaurar la paz necesaria para una vida armoniosa entre hermanos, no importa su proveniencia o convicciones religiosas. 

"QUE LA COMUNIÓN EN LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD SE FORTALEZCAN EN VUESTROS PAÍSES"


El Papa en la entrega de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal "Ecclesia in Medio Oriente"

Beatitudes, señores cardenales, Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
La celebración litúrgica que acabamos de vivir nos ha permitido agradecer al Señor el don de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre del 2010 sobre el tema: La Iglesia católica en Oriente Medio, comunión y testimonio. «El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (Hch. 4,32). Quiero agradecer a todos los padres sinodales su aportación. Mi reconocimiento se dirige también al Secretario general del Sínodo de los Obispos, Mons. Eterović, por el trabajo realizado y las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre.
Después de haber firmado la Exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Medio Oriente, tengo la alegría de entregarla a todas las Iglesias particulares a través de vosotros, Beatitudes y obispos orientales y latinos de Oriente Medio. Con la entrega de este documento, comienza su estudio y asimilación por parte de todos los protagonistas eclesiales: pastores, personas consagradas y laicos, para que cada uno encuentre una alegría nueva en proseguir su misión, animados y fortalecidos para aplicar el mensaje de comunión y de testimonio desarrollado según los distintos aspectos humanos, doctrinales, eclesiológicos, espirituales y pastorales de esta Exhortación.
Queridos hermanos y hermanas del Líbano y de Oriente Medio, deseo que esta Exhortación sea una guía para avanzar por los caminos multiformes y complejos en los que Cristo os precede. Que la comunión en la fe, la esperanza y la caridad se fortalezcan en vuestros países y en cada comunidad para hacer creíble vuestro testimonio del solo Santo, el Dios Uno y Trino, que se ha hecho cercano a cada persona.
Querida Iglesia en Oriente Medio, vivifica la savia original de la salvación que se ha realizado en esta Tierra única y amada entre todas. Avanza en el seguimiento de tus padres en la fe, que abrieron con su constancia y fidelidad el camino de la respuesta de la humanidad a la Revelación de Dios. Encuentra en la esplendida diversidad de los santos, que han florecido en ti, los ejemplos y los intercesores que inspiraron tu respuesta a la llamada del Señor a caminar hacia la Jerusalén celeste, donde Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos (cf. Ap. 21,4).
Que la comunión fraterna sea una ayuda en la vida cotidiana y signo de la fraternidad universal que Jesús, el primogénito entre muchos, vino a instaurar. Y así, en esta región, que vio sus obras y recogió sus palabras, continúe resonando el Evangelio como hace 2000 años y que sea vivido hoy y siempre. Gracias.