08 marzo 2013


Los cardenales se reunieron en ''Oración por la Iglesia''

H. Sergio Mora


La multitud de fieles que se presentó ayer por la tarde para acompañar a los cardenales reunidos en oración en la basílica de San Pedro, obligó a los encargados a cerrar el ingreso al público antes del horario previsto.
La “Oración por la Iglesia” se realizó ante el altar de la Cátedra de San Pedro, sobre el cual se encuentra el famoso vitral en el que una paloma representa el Espíritu Santo. El lugar está situado detrás del altar central, el mismo que tiene el dosel del Bernini y en donde el papa celebra habitualmente la misa.
La ceremonia que duró poco más de una hora está prevista en la constitución apostólicaUniversi Dominici Gregis, la ley de la Iglesia que indica todo sobre el cónclave. El momento de oración inició con el santo rosario, dirigido por el maestro de ceremonias, monseñor Guido Marini, y siguió con la exposición del Santísimo a cargo de los frailes de la sacristía. Presidió las vísperas el arcipreste de la basílica de San Pedro, el cardenal Angelo Comastri que incensó el altar e impartió la bendición con el Santísimo.
Los cardenales estaban en riguroso orden, en el centro de la nave se situaban los seis cardenales del orden de los obispos: el decano, Angelo Sodano; el camarlengo, Tarcisio Bertone; José Saraiva Martins, Giovanni Battista Re, Francis Arinze, y Roger Etchegaray.
Después se encontraban los patriarcas del rito oriental y a continuación los purpurados del orden de los presbíteros y los del orden de los diáconos. Algunos medios de comunicación destacaron la actitud de piedad con el que el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, rezó el rosario.
El portavoz del Vaticano, siempre ayer por la tarde, refirió que el papa emérito había apreciado mucho el telegrama que los cardenales le enviaron el martes por la mañana, para expresarle gratitud “por su incansable trabajo en la viña del Señor”.
El portavoz desmintió también las indiscreciones según las cuales en la tarde del 11 de marzo estaría en programa la misa Pro eligendo romano pontefice la cual precede a la apertura del cónclave.
“A propósito de las voces según las cuales los ceremoniarios pontificios habrían reservado la basílica de San Pedro para el lunes próximo, reitero que hasta que no sea decidida la fecha del cónclave no puede ser fijada la fecha de dicha misa”.
Y añadió que sería “singular una misa pro eligendo, fijada en la tarde”. Si bien no excluyó que hayan reservado la basílica para pruebas de la ceremonia.

07 marzo 2013


Cardenales electores

Por continentes, países y edades


Walter Kasper, 79 (Alemania)
Severino Poletto, 79 (Italia)
Godfried Danneels, 79 (Bélgica)
Raffaele Farina, 79 (Italia)
Joachim Meisner, 79 (Alemania)
Giovanni Batista Re, 79 (Italia)
Dionigi Tettamanzi, 78 (Italia)
Francesco Monterisi, 78 (Italia)
Carlos Amigo Vallejo, 78 (España)
Paolo Sardi, 78 (Italia)
Paul Josef Cordes, 78 (Alemania)
Franc Rodé, 78 (Eslovenia)
Tarcisio Bertone, 78 (Italia)
Giovanni Lajolo, 78 (Italia)
Velasio De Paolis, 77 (Italia)
Santos Abril y Castelló, 77 (España)
Jose da Cruz Policarpo, 76 (Portugal)
Karl Lehmann, 76 (Alemania) 
Antonio María Rouco Varela, 76 (España)
Ennio Antonelli, 76 (Italia)
Andrys Juozas Backis, 76 (Lituania)
Attilio Nicora, 75 (Italia)
Lluís Martínez Sistach, 75 (España)
Antonio Maria Vegliò, 75 (Italia)
Paolo Romeo, 75 (Italia)
Francesco Coccopalmerio, 74 (Italia)
Manuel Monteiro de Castro, 74 (Portugal)
Carlo Caffarra, 74 (Italia)
Angelo Amato, 74 (Italia)
Stanislaw Dziwisz, 73 (Polonia)
Seán Brady, 73 (Irlanda)
Zenon Grocholewski, 73 (Polonia)
Agostino Vallini, 72 (Italia)
Angelo Scola, 71 (Italia)
Giuseppe Bertello, 70 (Italia)
Gianfranco Ravasi, 70 (Italia)
André Armand Vingt-Trois, 70 (Francia)
Domenico Calcagno, 70 (Italia)
Angelo Bagnasco, 70 (Italia)
Jean-Louis Tauran, 69 (Francia)
Dominik Duka, 69 (República Checa)
Crescenzio Sepe, 69 (Italia)
Giuseppe Versaldi, 69 (Italia)
Angelo Comastri, 69 (Italia)
Mauro Piacenza, 68 (Italia)
Jean-Pierre Ricard, 68 (Francia)
Christoph Schönborn, 68 (Austria)
Stanislaw Rylko, 67 (Polonia)
Vinko Puljic, 67 (Bosnia)
Antonio Cañizares Llovera, 67 (España)
Fernando Filoni, 66 (Italia)
Giuseppe Betori, 65 (Italia)
Josip Bozanic, 63 (Croacia)
Kazimierz Kycz, 63 (Polonia)
Kurt Kock. 62 (Suiza)
Philippe Barbarin, 62 (Francia)
Péter Erdö, 60 (Hungría)
Wim Eijk, 59 (Países Bajos)
Reinhard Marx, 59 (Alemania)
Rainer Maria Woelki, 56 (Alemania)


NORTEAMÉRICA (sin México)
Justin Francis Rigali, 77 (Estados Unidos)
Roger Mahony, 76 (Estados Unidos)
William Joseph Levada, 76 (Estados Unidos)
Jean-Claude Turcotte, 76 (Canadá)
Francis Eugene George, 76 (Estados Unidos)
Edwin Frederick O'Brien, 73 (Estados Unidos)
Donald William Wuerl, 72 (Estados Unidos)
Marc Ouellet, 68 (Canadá)
Seán Patrick O'Malley, 68 (Estados Unidos)
Thomas Christopher Collins, 66 (Canadá)
Raymond Leo Burke, 64 (Estados Unidos)
Daniel DiNardo, 63 (Estados Unidos)
James Michael Harvey, 63 (Estados Unidos)
Timothy Michael Dolan, 63 (Estados Unidos)


AMÉRICA LATINA
Juan Sandoval Íñiguez, 79 (México)
Francisco Javier Errázuriz Ossa, 79 (Chile)
Geraldo Majella Angelo, 79 (Brasil)
Raúl Eduardo Vela Chiriboga, 79 (Ecuador)
Cláudio Hummes, 78 (Brasil)
Julio Terrazas Sandoval, 76 (Bolivia)
Jaime Lucas Ortega y Alamino, 76 (Cuba)
Nicolás de Jesús López Rodríguez, 76 (República Dominicana)
Jorge Mario Bergoglio, 76 (Argentina)
Raymundo Damasceno Assis, 76 (Brasil)
Norberto Rivera Carrera, 70 (México)
Jorge Urosa Savino, 70 (Venezuela)
Rubén Salazar Gómez, 70 (Colombia)
Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, 70 (Honduras)
Leonardo Sandri, 69 (Argentina)
Juan Luis Cipriani Thorne, 69 (Perú)
Joao Braz de Aviz, 65 (Brasil)
Francisco Robles Ortega, 63 (México)
Odilo Pedro Scherer, 63 (Brasil)

ÁFRICA
Antonios Naguib, 77 (Egipto)
Anthony Olubumni Okogie, 76 (Nigeria)
Théodore Adrien Sarr, 76 (Senegal)
Laurent Monsengwo Pasinya, 73 (R. D. Congo)
Gabriel Zubeir Wako, 72 (Sudán)
Wilfrid Fox Napier, 71 (Suráfrica)
John Njue, 69 (Kenia)
John Olorunfemi Oneiyekan, 69 (Nigeria)
Polycarp Pengo, 68 (Tanzania)
Robert Sarah, 67 (Guinea)
Peter Kodwo Appiah Turkson, 64 (Ghana)


ASIA/OCEANÍA
Jean Baptiste Pham Minh Mân, 78 (Vietnam)
Ivan Dias, 76 (India)
John Tong Hon, 73 (Hong Kong)
Telesphore Placidus Toppo, 73 (India)
Bechara Boutros Rai, 72 (Líbano)
George Pell, 71 (Australia)
Oswald Gracias, 68 (India)
George Alencherry, 67 (India)
Malcolm Ranjith, 65 (Sri Lanka)
Luis Antonio Tagle, 55 (Filipans)
Baselios Cleemis Thottunkal, 53 (India)


El cardenal Julius Darmaatmadja, de Yakarta y el cardenal Keith O'Brien, de Escocia, ya han confirmado que no estarán en el Cónclave.

06 marzo 2013


Plegaria, limosna y ayuno:

 ¿siguen siendo válidos?

Javier Velasco-Arias


Supongo que la primera impresión al leer el título de esté artículo es: ¿aún hoy, en los inicios del siglo XXI, alguien se atreve a hablar de estas cosas del pasado, ya felizmente superadas? Pero, curiosamente, la Iglesia, cada Cuaresma, vuelve a recordar estas realidades. Y, más aún, propone unas lecturas de la Biblia, en la liturgia, donde se insiste en la necesidad de practicar la limosna, la oración y el ayuno.
Estas prácticas, además, no son exclusivas del cristianismo; no sólo encontramos textos que hablan de ellas en el Nuevo Testamento cristiano. De hecho la Biblia hebrea, normativa para los creyentes judíos (también para los cristianos), y que conforma la mayor parte de nuestro Antiguo Testamento, recuerda, con mucha frecuencia, la necesidad de vivir estas actitudes. Y, la otra gran religión monoteísta, el Islam, las considera pilares fundamentales de la religiosidad musulmana. De manera que las tres grandes religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, se hacen eco de estos hábitos religiosos y los recomiendan a sus adeptos.
Si nos centramos en la figura de Jesús, encontramos un texto fundamental en el llamado «Sermón de la montaña», que leemos en el evangelio de Mateo. Jesús ya conoce estas prácticas en el judaísmo de la época, pero hará una relectura de las mismas. Jesús predica que la limosna sea «en secreto», la oración «en lo escondido» y el ayuno «perfumándose la cabeza y lavándose la cara», o sea, sin que se sepa (cf. Mt 6). La primera comprensión a la que invita Jesús es a entender que lo que importa es la actitud interior, la relación íntima con Dios. La limosna, la oración y el ayuno cristiano deben responden a este talante. Si estos actos no responden a unas actitudes internas, no tienen ningún valor, son fuegos fatuos.
Una segunda comprensión, también presente en el texto mencionado, revela el porqué seguir practicando estas costumbres ancestrales. La oración responde a una necesidad de diálogo con Dios, es una respuesta a su Palabra: el ser humano es alguien abierto a la transcendencia, a la relación con Dios; la oración es la forma concreta de entablar esa comunicación. El ayuno voluntario, por su parte, nos puede ayudar a comprender que todo se lo debemos a Dios, y a reflexionar sobre tantas personas que pasan hambre y necesidad, que practican un ayuno obligado; no es una práctica masoquista, sino la constatación del sufrimiento de tantas personas, en la propia carne. La limosna responde a la reflexión anterior: compartir con quien no tiene los bienes que han sido creados por Dios para el bien común; nada más lejos que el dar unas monedas al pobre que encontramos por el camino para adormecer nuestra conciencia.
Estas reflexiones nos pueden ayudar a entender que sí tiene sentido seguir practicando la plegaria, la limosna y el ayuno. No solo no son realidades alienantes, sino que por el contrario nos liberan de nuestros egoísmos y contribuyen a un mundo más justo, según la voluntad original de Dios.

05 marzo 2013


Se fue un Pastor y Maestro



La mirada humana sobre una institución divina formada por pecadores

      Se fue el Papa. Verdades y falsedades se cruzan. Tantas, que la autoridad ha señalado que se está intentando influir en el cónclave. Las noticias vuelan y algunas revuelan. Uso de la píldora del día después "autorizada", matrimonio para los sacerdotes, necesidad de mayor democracia, ordenación sacerdotal de mujeres, críticas a la Humanae Vitae. No se sabe si son verdad. Renuncia un Cardenal por una acusación y otro por enfermo: aparecen casi juntos, sin distinción de causa, como conclavistas "excluidos".

      El Papa recuerda que ya durante el Concilio había esta presión y llega a hablar del concilio de los periodistas y el de los padres conciliares, opuestos uno al otro. Muchos siguieron y siguen al primer "concilio". Es la mirada humana sobre una institución divina, formada por pecadores.

      Benedicto nos dejó callados. Se va sencillamente. Siente que ese es su deber ante Dios al ver sus fuerzas físicas e intelectuales desgastadas y así lo anuncia con palabras cortas. Unos no le creen. Ni los vaticanistas se atreven a decir qué sucederá. Improvisan noticias, "candidaturas" y se inventan conflictos entre cardenales. Se suponen informaciones. Es gran sabiduría hablar y escribir de lo que se sabe y necedad grande lo contrario. "El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar", dice el refranero.

      Escribió San Agustín: «El vendaval que sopla es el demonio, quien se opone con todos sus recursos a que nos refugiemos en el puerto. Pero es más poderoso el que intercede por nosotros, el que nos conforta para que no temamos y nos arrojemos fuera del navío. Por muy sacudido que parezca, sin embargo, en él navegan no sólo los discípulos, sino el mismo Cristo. Por eso no te apartes de la nave y ruega a Dios. Cuando fallen todos los medios, cuando el timón no funcione y las velas rotas se conviertan en mayor peligro, cuando se haya perdido la esperanza en la ayuda humana, piensa que sólo te resta rezar a Dios. Quien de ordinario impulsa felizmente a puerto a los navegantes, no ha de abandonar la barquilla de su Iglesia».

      Nadie ha negado que la Iglesia siempre ha sufrido dificultades, sobre todo por los pecados de sus miembros, sin distinción.San Gregorio escribió que «habiendo salido sus siervos a los caminos, reunieron a cuantos encontraron, buenos y malos, y la sala de bodas quedó llena de convidados». Y dice esto, porque en la Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni malos sin buenos, y no fue bueno aquel que no quiso sufrir a los malos. «Cristo no excluyó a los pecadores de la sociedad por Él fundada. Si, por tanto, algunos miembros están aquejados de enfermedades espirituales, no por eso debe disminuir nuestro amor a la Iglesia; al contrario, ha de aumentar nuestra compasión hacia sus miembros» (Pío XII).

      También dentro hay contradicción. En estos días ha sido patente. Artículos de hijos de la Iglesia tratando duramente a su Madre. Otros tratando con desdén al Papa que se va, olvidando que la ley de caridad es nuestro mandato supremo. Tanto se habla del Concilio Vaticano II y su espíritu. Pero como nos ha recordado el Papa, es necesario volver a su letra. «Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro Salvador, después de su resurrección, encomendó a Pedro para que la apacentara, confiándole a él y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno, y la erigió perpetuamente como columna y fundamento de la verdad» (LG, 8).

      En 1972, Pablo VI dijo: «Por alguna rendija se ha colado el humo de Satanás en el templo de Dios». Y añadía: «También en la Iglesia reina hoy ese estado de incertidumbre. Se creyó que después del concilio vendría un sol para la historia de la Iglesia. Ha llegado, en cambio, una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad».

      En esa misma línea, en 1970, Ratzinger decía: «Pero tras la prueba de estos desgarramientos, brotará una gran fuerza en la Iglesia interiorizada y simplificada. Así que me parece que seguramente vienen tiempos difíciles para la Iglesia. La auténtica crisis no ha comenzado aún. Hay que contar con futuras grandes sacudidas. Pero también estoy completamente seguro de que permanecerá hasta el final: no la Iglesia del culto político, (...) sino la Iglesia de la fe». Eso es lo que viene, pero es la misma Iglesia de Cristo. Gracias, Santo Padre.

04 marzo 2013


Carta del Prelado del Opus  Dei
(marzo 2013)

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Estoy conmovido al fechar esta carta el 1 de marzo, primer día de sede vacante en la Iglesia tras la renuncia de Benedicto XVI al Supremo Pontificado. Desde que anunció esta decisión, el pasado 11 de febrero, han acudido a mi mente con frecuencia las palabras del profeta: mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos, mis caminos (...). Tan elevados como son los cielos sobre la tierra, así son mis caminos sobre vuestros caminos y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos.

Lo estamos experimentando una vez más en los momentos actuales, como para dejar claro —si fuera necesario— que el Paráclito es quien guía a la Iglesia. Nuestro Señor necesita —lo ha querido así— instrumentos humanos que le hagan visible ante la comunidad de los creyentes; pero es siempre Él, Jesús, el Pastor supremo, quien cuida a los pastores y a los fieles: los fortalece en la fe, los defiende de los peligros, los ilustra con sus luces, les suministra el alimento oportuno para que no desfallezcan en el curso de su peregrinación hacia la patria del Cielo.

Por eso, también inmediatamente han venido a mi corazón aquellas palabras de Jesús, dirigidas a los Apóstoles y a los discípulos de todos los tiempos, cuando se acercaba el momento de ausentarse visiblemente de la tierra: no os dejaré huérfanos (...). Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre. El Señor no nos quiere huérfanos. Al subir el Maestro a la diestra del Padre, confió a Pedro el timón de su barca, y esa concatenación no se pierde, porque después de un pontificado viene otro, según la promesa de Cristo a Simón: Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. La palabra de Cristo no puede fallar. Pero —con todos los católicos— hemos de rezar, rezar y rezar, como sugerí a vuestros hermanos nada más conocer esta noticia. Dios cuenta con nuestra plegaria por el cónclave que se reunirá dentro de pocos días y por el nuevo Romano Pontífice que el Señor, en su providencia, haya preparado.

Os transcribo lo que decía nuestro Padre en momentos de sede vacante, en 1958: quería hablaros una vez más de la próxima elección del Santo Padre. Conocéis, hijos míos, el amor que tenemos al Papa. Después de Jesús y de María, amamos con todas las veras de nuestra alma al Papa, quienquiera que sea. Por eso, al Pontífice Romano que va a venir, ya le queremos. Estamos decididos a servirle con toda la vida.

Rezad, ofreced al Señor hasta vuestros momentos de diversión. Hasta eso ofrecemos a Nuestro Señor por el Papa que viene, como hemos ofrecido la Misa todos estos días, como hemos ofrecido... hasta la respiración.

Mientras esperamos llenos de fe el resultado del cónclave, agradezcamos a la Santísima Trinidad los ocho años de pontificado de Benedicto XVI, en los que ha ilustrado de modo admirable, con su magisterio, a la Iglesia y al mundo. No me detengo a describir los variados campos en los que lo ha ejercido; destacaré sólo cómo ha invitado a todos —a creyentes y no creyentes, con fuerza nueva y gran claridad— a redescubrir a Dios, Creador y Redentor del mundo, que es sobre todo Amor, y a valorar a la criatura humana en cuanto creada a imagen de Dios y, por tanto, digna de todo respeto. Ha puesto de relieve cómo la fe y la razón, lejos de oponerse una a otra, pueden cooperar juntas a un mayor conocimiento de Dios y a una más profunda comprensión del hombre. Ha mostrado cómo es posible caminar hacia la amistad divina, destacando el sentido profundo de la adoración a Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, realmente presente en la Sagrada Eucaristía. Ha impulsado con decisión el ecumenismo, con la mirada puesta en la anhelada unión de los cristianos. Ha indicado las vías para la verdadera renovación de la Iglesia, siguiendo las líneas trazadas por el Concilio Vaticano II en continuidad fiel con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Por esto, y por muchos otros servicios que no es posible mencionar ahora, los cristianos —también los demás hombres y mujeres de buena voluntad— hemos adquirido una deuda de gratitud con Benedicto XVI; un débito que sólo es posible pagar rezando por su persona e intenciones, correspondiendo a lo que él ha asegurado que hará por nosotros. Pienso que, en estos momentos, nos hacemos cargo de que le hemos amado mucho y deseamos continuar así: porque sólo con amor se paga la paternidad fiel con que nos ha cuidado. Aprovechemos estas circunstancias para preguntarnos: ¿vivo a diario la jaculatoria omnes cum Petro ad Iesum per Maríam? ¿Con qué fuerza y atención rezo la oración de las Preces por el Papa?

Al hilo de las sugerencias de la Carta apostólica Porta fídei, avancemos en la consideración de los artículos del Credo en este Año de la fe. Os invito a profundizar en otra de las verdades que confesamos cada domingo. Después de manifestar nuestra fe en la Encarnación, se nos impulsa a recordar la Pasión, Muerte y Sepultura de Nuestro Señor Jesús: hechos históricos realmente sucedidos en un lugar y en un tiempo determinados, como certifican no sólo los evangelios, sino muchas otras fuentes. A la vez, estos auténticos acontecimientos, por su significado y sus efectos, sobrepasan las meras coordenadas históricas, pues se trata de eventos salvíficos, es decir, portadores de la salvación operada por el Redentor.

La Pasión y Muerte del Señor, así como su Resurrección, profetizadas en el Antiguo Testamento, encierran una finalidad y un sentido sobrenatural únicos. No fue un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios hecho hombre, el Verbo encarnado, quien se inmoló en la Cruz por todos, en expiación de nuestros pecados. Y ese único sacrificio de reconciliación se hace presente en nuestros altares, de modo sacramental, cada vez que se celebra la Santa Misa: ¡con qué piedad diaria hemos de celebrar o participar en el Santo Sacrificio!

Meditemos con calma el Credo. El llamado "Símbolo de los Apóstoles", que se puede rezar especialmente durante la Cuaresma, afirma que Nuestro Señor Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. Lo mismo —con ligeras variantes— enseña el símbolo de fe que habitualmente se reza en la Misa, siguiendo la formulación de los primeros Concilios ecuménicos. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «la muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo atestigua san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: "Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios" (Hch 2, 23)».

Lo había advertido antes el mismo Jesús: por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que Yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre. De este modo, el abismo de malicia, que el pecado lleva consigo, ha sido salvado por una Caridad infinita. Dios no abandona a los hombres (...). Este fuego, este deseo de cumplir el decreto salvador de Dios Padre, llena toda la vida de Cristo, desde su mismo nacimiento en Belén. A lo largo de los tres años que con Él convivieron los discípulos, le oyen repetir incansablemente que su alimento es hacer la voluntad de Aquel que le envía (cfr. Jn 4, 34). Hasta que, a media tarde del primer Viernes Santo, se concluyó su inmolación. Inclinando la cabeza, entregó su espíritu (Jn 19, 30). Con estas palabras nos describe el apóstol San Juan la muerte de Cristo: Jesús, bajo el peso de la Cruz con todas las culpas de los hombres, muere por la fuerza y por la vileza de nuestros pecados.

¡Qué agradecimiento debemos tener a Nuestro Señor, por el amor inconmensurable que nos ha demostrado! Libremente y por amor ha ofrecido el sacrificio de su vida, no sólo por la humanidad tomada en su conjunto, sino por cada una, por cada uno de nosotros, como expone san Pablo: diléxit me et trádidit seípsum pro me, me amó y se entregó a sí mismo a la muerte por mí. Más aún. Con expresión fuerte, el mismo Apóstol apunta el colmo del amor redentor de Jesucristo, al afirmar: a Él, que no conoció pecado, [Dios Padre] lo hizo pecado por nosotros, para que llegásemos a ser en Él justicia de Dios.

A este propósito, decía Benedicto XVI en una audiencia: ¡qué maravilloso y, a la vez, sorprendente es este misterio! Nunca podremos meditar suficientemente esta realidad. Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios como propiedad exclusiva; no quiso utilizar su naturaleza divina, su dignidad gloriosa y su poder, como instrumento de triunfo y signo de distancia con respecto a nosotros. Al contrario, "se despojó de su rango", asumiendo la miserable y débil condición humana.

«En su designio de salvación —enseña el Catecismo de la Iglesia Católica—, Dios dispuso que su Hijo no solamente "muriese por nuestros pecados" (1 Cor 15, 3), sino también que "gustase la muerte", es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó». Así se puso de manifiesto, con mayor evidencia aún, la realidad de la muerte de Jesús y la extensión de la buena nueva de la salvación a las almas que se hallaban en el "sheol" o "infierno"; así denomina la Escritura al estado en que se encontraban todos los difuntos, privados de la visión de Dios porque aún no se había llevado a cabo la Redención. Pero ese "descenso" de Cristo tuvo efectos desiguales: «Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido»: una muestra más de la justicia y la misericordia de Dios, que hemos de valorar y agradecer.

Se acerca la Semana Santa; busquemos sacar aplicaciones personales de las escenas que la liturgia nos mueve a considerar. Meditemos en el Señor herido de pies a cabeza por amor nuestro, invitaba san Josemaría. Detengámonos sin prisa en los últimos momentos del paso de Nuestro Señor por la tierra. Porque en la tragedia de la Pasión se consuma nuestra propia vida y la entera historia humana. La Semana Santa no puede reducirse a un mero recuerdo, ya que es la consideración del misterio de Jesucristo, que se prolonga en nuestras almas; el cristiano está obligado a ser alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo. Todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia, para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo (1 Pe 2, 5), para realizar cada una de nuestras acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, perpetuando así la misión del Dios-Hombre.

Preparémonos ya para asistir con honda devoción a la liturgia del Triduo pascual. Cada uno, además, puede fijarse otros modos concretos para aprovechar mejor esas jornadas. Junto a las numerosas manifestaciones existentes de religiosidad popular, como las procesiones, los ritos penitenciales, no olvidemos que hay un ejercicio de piedad, el "vía crucis", que durante todo el año nos ofrece la posibilidad de imprimir cada vez más profundamente en nuestro espíritu el misterio de la Cruz, de avanzar con Cristo por este camino, configurándonos así interiormente con Él.

Revivamos con piedad el vía crucis durante la Cuaresma, cada uno del modo que más le ayude: lo importante se centra en meditar con amor y agradecimiento la Pasión del Señor. Desde la oración en Getsemaní hasta la muerte y sepultura, los evangelios nos ofrecen abundante materia para la oración personal. También nos pueden servir las consideraciones de los santos y de muchos autores espirituales. Escuchemos la sugerencia de san Josemaría: Señor mío y Dios mío, bajo la mirada amorosa de nuestra Madre, nos disponemos a acompañarte por el camino de dolor, que fue precio de nuestro rescate. Atrevámonos a decir: Madre mía, Virgen dolorosa, ayúdame a revivir aquellas horas amargas que tu Hijo quiso pasar en la tierra, para que nosotros, hechos de un puñado de lodo, viviésemos al fin in libertátem glóriæ filiórum Dei, en la libertad y la gloria de los hijos de Dios.

De este modo abriremos más y más el alma para recibir con fruto las gracias que Jesús nos ha traído con su gloriosa Resurrección y prepararemos el pontificado del próximo Papa. Apoyemos con nuestras oraciones y sacrificios la tarea de los cardenales reunidos en el cónclave para elegir al sucesor de san Pedro, a quien ya amamos con toda el alma: esta intención puede ser clave para nuestra presencia de Dios en el tiempo de sede vacante.

Necesito añadir, para terminar, que días atrás realicé un rápido viaje a Vilnius, capital de Lituania, donde además de reunirme con los fieles de la Prelatura y con otras personas, recé —en dos ocasiones físicamente y con constancia durante la jornada— ante la imagen de la Virgen de la Puerta de la Aurora, a la que con tanta devoción veneran en aquellas tierras. Encomendé especialmente el momento actual de la Iglesia; también vosotras y vosotros estuvisteis muy presentes en mi oración. De regreso a Roma, comencé, como todos los años, el curso de retiro espiritual en la primera semana de Cuaresma. También durante esos días me acordé de todos y de cada uno, encomendando vuestras necesidades espirituales y materiales, especialmente a las enfermas y a los enfermos. Amad mucho —cuidadla— la unidad de la Obra, acudiendo a la protección de san José.

En unión de oraciones y de sacrificios, apoyados en los de Benedicto XVI, con todo cariño, os bendice 

vuestro Padre + Javier 

03 marzo 2013


Catequesis de Benedicto XVI en el 


Año de la Fe


Recogemos los discursos completos de las catequesis de Benedicto XVI, en las audiencias de los miércoles, con motivo del Año de la Fe, y los videos-resumen de cada audiencia.

El objetivo, de este Año especial −explicaba el Papa− es que “la Iglesia renueve el entusiasmo de creer en Jesucristo, único salvador del mundo; reavive la alegría de caminar por el camino que nos ha indicado; y testimonie de modo concreto la fuerza transformadora de la fe”.

* * *
      
24 de octubre de 2012, ¿Qué es la fe?
          Video: ¿Qué sentido tiene la fe en un mundo de ciencia y técnica?
      
31 de octubre de 2012, La fe de la Iglesia
          Video: El Papa explica cómo entender que Dios existe
      
7 de noviembre de 2012, El deseo de Dios
          Video: El ser humano necesita de Dios para encontrar su plenitud
      
14 de noviembre de 2012, Los caminos que conducen al conocimiento de Dios
          Video: ¿Cómo conocer que Dios existe?
      
21 de noviembre de 2012, La razonabilidad de la fe en Dios
          Video: ¿Es razonable creer?
      
28 de noviembre de 2012, ¿Cómo hablar de Dios?
          Video: Para hablar de Dios hay que tener intimidad con Él
      
5 de diciembre de 2012, Dios revela su «designio de benevolencia»
          Video: Dios tiene un plan
      
12 de diciembre de 2012, Las etapas de la Revelación
          Video: Dios habla con el hombre a través de la historia
      
      
24 de diciembre de 2012, Homilía en la noche de Nochebuena
      
      
      
9 de enero de 2013, Se hizo hombre
          Video: En la Encarnación Dios se da a sí mismo
      
      
23 de enero de 2013, Creo en Dios
          Video: ¿Qué significa "Creo en Dios"?
      
30 de enero de 2013, Yo creo en Dios: el Padre todopoderoso
          Video: El Papa explica que Dios es Padre
      
      
13 de febrero de 2013        Entre grandes aplausos y muestras de devoción y cariño, al inicio de la catequesis, sostenido e iluminado por la certeza de que Cristo nunca dejará de guiar y de cuidar a su Iglesia, Benedicto XVI reiteró las palabras con que anunció su renuncia, el pasado lunes, agradeciendo a todos por el amor y la oración y exhortando a rezar por el Papa y por la Iglesia: Texto oficial de la audiencia.
         
Video: ¿Cuál es el núcleo de las tres tentaciones que sufre Jesús?

02 marzo 2013


La Iglesia está en sede vacante.

¿Quién gobierna?

H. Sergio Mora


La Iglesia está en sede vacante. Se han roto los sigilos, el anillo del pescador y el sello de plomo. Entretanto la Iglesia no está sin gobierno. Serán el Colegio Cardenalicio a gestionar la administración ordinaria de la Santa Sede, y el Vaticano y el lunes 4 se celebra la primera congregación en el Aula del Sínodo.
Anoche en Castel Gandolfo hacía bastante frío. A las 20 horas los dos guardias suizos que estaban en la puerta, uno inmóvil con su alabarda y el otro en posición de descanso, se pusieron frente a frente y tras la venia y movimientos de rito se retiraron. Atrás, adentro del portón, tres miembros de la Gendarmería Vaticana, en posición de firme se aprestaron a tomar la vigilancia. A las 20 y tres minutos, las puertas se cerraron.
Afuera estaba apostada una multitud de fotógrafos y video-operadores que quisieron inmortalizar con ese cierre de puertas el inicio de la sede vacante, que en realidad había ya comenzado tres de minutos antes.
El departamento del papa en el Vaticano fue sellado. El camarlengo, el cardenal Tarcisio Bertone, fue el responsable de destruir tanto el anillo del Pescador como el sello de plomo, símbolos del poder de Benedicto XVI.
Quién Gobierna la Iglesia
La Iglesia en este período está gobernada por el Colegio de Cardenales en asuntos ordinarios, no en cambio sobre temas que le corresponden al sumo pontífice. Lo indica con precisión la ley de la Iglesia sobre el tema: la constitución apostólica Universi Dominici Gregis. Y esta constitución solamente puede ser modificada por el papa.
El Colegio de Cardenales no puede disponer de los derechos de la Sede Apostólica y de la Iglesia, tampoco modificar las leyes emanadas por los papas. Y en caso de que surja una urgencia "que no pueda ser diferida a otro tiempo" el Colegio de Cardenales dispone por voto de mayoría.
Los cardenales gobernarán con dos tipos de comisiones
Las generales: a las que deben participar todos los cardenales electores no impedidos, y los no electores que quieran hacerlo. Es presidida por el decano de los cardenales. .
Las comisiones particulares: constituidas por el cardenal camarlengo y tres cardenales extraídos a suerte, llamados asistentes. La comisión particular dura tres días después de lo cual se disuelve. El cardenal Tarcisio Bertone es el camarlengo y dirigirá estas comisiones.
Cuáles cargos vencen y cuáles no
Con la muerte, y en este caso la renuncia del papa, el secretario de Estado, los jefes de dicasterios dejan sus cargos. En cambio el camarlengo, Tarcisio Bertone; el penitenciario mayor, el cardenal vicario de la diócesis de Roma,Agostino Vallini,el cardenal vicario de la Ciudad del VaticanoAngelo Comastriy el decano del Colegio de Cardenales Angel Sodano, quedan en sus cargos.
Ellos deberán, junto al auditor de la Cámara Apostólica, Giuseppe Sciacca, guiar la transición y proveer a la elección del sucesor.
El camarlengo
Tiene que presidir la sede vacante. Actualmente es el cardenal Bertone, quien no es ya secretario de estado. El camarlengo tiene que verificar la muerte del pontífice [no es este caso, donde no hay un pontífice fallecido], quitarle el anillo del Pescador, y presidir las comisiones particulares.
El decano del Colegio de Cardenales
El presidente del Colegio de Cardenales es el cardenal Angelo Sodano, exsecretario de Estado. El debe convocar el cónclave para elegir al futuro papa. Debido a sus 85 años no podrá participar en el cónclave, por lo tanto sus funciones durante el mismo serán asumidas por el cardinal Giovanni Battista Re.

01 marzo 2013


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''Soy un simple peregrino que inicia la última etapa de su peregrinación en esta tierra''

Palabras de Benedicto XVI ayer en Castel Gandolfo 


Queridos amigos: 
Estoy feliz de estar con vosotros, rodeado de la belleza del Creador y de vuestra simpatía que me hace mucho bien. Gracias por vuestra amistad, vuestro afecto (aplausos). Vosotros sabéis que este mi día es diferente a los precedentes: no soy ya sumo pontífice de la Iglesia católica --hasta las ocho de esta tarde lo seré todavía, después ya no--. Soy un simple peregrino que incoa la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quiero todavía (aplausos -¡gracias!) pero quiero todavía con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Vamos adelante con el Señor por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias, os doy ahora (aplausos) con todo el corazón mi bendición. Sea bendecido Dios omnipotente, Padre, hijo y Espíritu Santo. Gracias ¡buenas noches! ¡Gracias a todos!