05 mayo 2016

Carta del Prelado del OpusDei

Mayo de 2016

Mayo es un mes para incrementar la devoción a la Virgen, sugiere el Prelado en su carta mensual. Al meditar con los Evangelios sobre la entrega de la Madre de Dios, sentiremos la necesidad de acercar a nuestros amigos y conocidos a su Hijo.
Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Comienza el mes mariano por excelencia, en el que procuramos situar la devoción a la Virgen en el centro de nuestras jornadas. Muchos de nosotros recordaremos las prácticas aprendidas en la infancia: oraciones dedicadas a nuestra Madre —quizá el rezo del rosario en familia—, ofrecimiento de pequeños sacrificios, adornos florales junto a las imágenes de Santa María...; por eso, sugiero a los padres y madres de familia que viváis estos gestos, llevando con vosotros a vuestros hijos pequeños. Os ayudará leer y meditar lo que el Santo Padre escribe sobre el trato entre los miembros de la familia, en su reciente exhortación apostólica.
Comportémonos así también, siguiendo las sugerencias y consejos de nuestro Padre, para que sea responsabilidad de todas y de todos "hacer hogar" en la Obra, conscientes de que —con esos cuidados de familia— el Opus Dei es un trasunto del Cielo.
San Josemaría mostró un empeño grande para fomentar en la Obra la piedad mariana, requisito sin el que no es posible —o se hace muy difícil— seguir a Jesucristo. La Romería de mayo se nos presenta como devoción específica, difundida ya por el mundo entero. Además, nos animó a poner más cariño y delicadeza en ese trato con Nuestra Señora: rezo pausado del rosario, contemplando los misterios de la vida de su Hijo y de la suya; la oración del Ángelus al mediodía, etc. Un conjunto de normas de piedad que, bien cultivadas, ayudan a mantener la presencia de Dios durante la jornada entera.
Rezar a la Virgen entraña amor y es señal de confianza total en Ella. No se queda en sentimientos, que también pueden abundar en estas plegarias. Pero no debemos preocuparnos si, al principio, existe sólo el buen empeño de rezar, casi maquinalmente, una pequeña plegaria a Nuestra Señora. Cuando esa oración sincera brota de un corazón que, a pesar de los pesares, no ha olvidado los desvelos maternos, Santa María alienta esa frágil brasa y lleva el alma al deseo de formarse en la doctrina de su Hijo. Aquella corta plegaria — el tenue rescoldo cubierto entre las cenizas— se transforma en fuego que quema las miserias personales, capaz de atraer a otros a la luz de Cristo.
Quizá alguna vez hemos considerado que los Evangelios recogen pocas palabras de la Virgen; de san José, ninguna. Sin embargo, lo que nos transmite la Sagrada Escritura basta para comprender cómo la Madre de Jesús acompaña a su Hijo paso a paso, asociándose a su misión redentora, alegrándose y sufriendo con Él, amando a los que Jesús ama, ocupándose con solicitud maternal de todos aquellos que están a su lado. Detengámonos, por ejemplo, en el relato de las bodas de Caná. Narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que Él os dirá (Jn 2, 5). De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch 9, 6).
Apoyada en estas palabras, la Iglesia invoca a la Virgen en las letanías como Mater Boni Consilii, Madre del Buen Consejo, porque efectivamente no hay recomendación más importante que ésta: encaminar a las almas hacia Jesús, Maestro y Redentor nuestro, para que cada uno lo conozca, lo trate y se enamore de Él. Así se comportó san Josemaría desde el principio de la Obra. Y los que hemos tenido oportunidad de acompañarle en sus visitas marianas, hemos contemplado cómo desgranaba cada avemaría, para tratar a la Trinidad más íntimamente. No olvidemos, además, que muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Lo hemos experimentado con frecuencia en nuestra vida personal y en la labor apostólica.
El consejo de nuestra Madre a los sirvientes de Caná se dirige hoy a cada uno, a cada una, porque todos estamos llamados a acercar a los demás a Jesucristo. Precisamente una de las obras de misericordia espiritual, que en este año jubilar se recomienda especialmente, consiste en dar consejo al que lo necesita. El Maestro desea servirse de nosotros como se sirvió de los primeros discípulos, a quienes envió por todas las ciudades a las que iba a ir, para que le prepararan el camino. Porque Él «no nos habla sólo en la intimidad del corazón: nos habla, sí —explica el Papa Francisco—, pero no sólo allí, sino que nos habla también a través de la voz y del testimonio de los hermanos. Es verdaderamente un don grande poder encontrar hombres y mujeres de fe que, sobre todo en los momentos más complicados e importantes de nuestra vida, nos ayuden a iluminar nuestro corazón y a reconocer la voluntad del Señor».
San Josemaría quería que nos supiésemos instrumentos de Cristo en esta labor de iluminar el corazón y la inteligencia de las gentes. No puedes ser un elemento pasivo tan sólo,escribió. Tienes que convertirte en verdadero amigo de tus amigos: "ayudarles". Primero, con el ejemplo de tu conducta. Y luego, con tu consejo y con el ascendiente que da la intimidad. Una intimidad que da paso al consejo y que configura el apostolado personal de amistad y confidencia, que nuestro Padre enseñó desde el principio.Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es "apostolado de la confidencia".
Para ayudar con eficacia a los demás, por medio del consejo más adecuado a sus necesidades, resulta indispensable hablar de esos temas, primero, con el Señor en la meditación. Precisamente ahí, en filial conversación con Dios, recibiremos luces para comunicarlas a nuestros amigos y compañeros. Es ahí donde «el Espíritu nos hace crecer interiormente (...) y nos ayuda a no caer en manos del egoísmo y del propio modo de ver las cosas (...). La condición esencial para conservar este don es la oración».
La oración se nos presenta como el arma más importante a nuestro alcance. Con oración ha salido adelante la Iglesia a lo largo de los siglos, y con oración continuará caminando, a pesar de los obstáculos que encuentre en su senda. Así ha sucedido también en el Opus Dei, partecica de la Iglesia, y por eso san Josemaría afirmaba con repetida insistencia que la oración es un remedio eficacísimo para todas las necesidades. Preparemos, pues, nuestras conversaciones apostólicas en los ratos de diálogo con el Señor, y acudamos a la intercesión de la Virgen.
El próximo 12 de mayo celebraremos con mucha alegría la memoria litúrgica del beato Álvaro. Recuerdo algunas visitas suyas a la Madre del Buen Consejo, cerca de Roma; ante Ella rezó en la vigilia del cónclave que eligió a san Juan Pablo II como sucesor de san Pedro. Y, con ocasión de uno de los años marianos que convocó en el Opus Dei, don Álvaro se refirió a esta advocación: «Si deseamos que nuestra acción de gracias se concrete en una realidad de más entrega a Dios, que no se quede en un gesto superficial o en buenas palabras, habremos de acudir cada jornada con más intensidad a la Santísima Virgen, Mater boni consilii».
Prolongando estas palabras de mi queridísimo predecesor, os ruego que en la Romería de mayo y en otras visitas marianas que a cada uno le inspire su piedad personal, roguemos a nuestra Madre Santa María por el bien de las familias, por la paz del mundo, por el Papa y sus intenciones, por las necesidades de la Iglesia, de la Obra, por las vocaciones, por la eficacia de las labores apostólicas. Dejemos estas súplicas en sus manos, para que las presente al Espíritu Santo en la próxima solemnidad de Pentecostés. «Que Ella nos lleve hasta Jesús, hasta Dios uno y trino, en homenaje de acción de gracias y en petición de perdón».
No me detengo en otras efemérides de este mes, y quiero pensar que, para todas y para todos, cada jornada constituirá un encuentro con el Señor, de la mano de la Virgen.

Con todo cariño, os bendice vuestro Padre + Javier

“Si vas a la fiesta, lleva globos”



VER
El Consejo Nacional de Población (CONAPO) está difundiendo, por todos los medios, este mensaje: “En el amor también hay horarios; no te adelantes a ser papá. Si quieres seguir con tus planes, actúa seguro. No se trata de prohibir, se trata de prevenir. Quedar embarazada debe ser lo más bonito que le puede pasar a una mujer, no a una niña. Si vas a ir a la fiesta, lleva globos. Lo caliente no quita lo inteligente. La responsabilidad es tuya. Es de todos. Es tu vida. Es tu futuro. Hazlo seguro”.
Pudiera parecer un mensaje simpático, necesario y conveniente para evitar embarazos no deseados. Tiene frases muy buenas, como invitar a la responsabilidad, cuidar la vida y el futuro. Pero no prohibir, llevar globos (condones), ser inteligente ante el desfogue corporal, es una invitación a disfrutar la sexualidad sin frenos, sin control ético, únicamente haciéndolo en forma segura, con condones o con lo que sea, para evitar embarazos. Es decir, dale rienda suelta a tus “calenturas”; nada más protégete…
¿Esto es educar para la responsabilidad? El mensaje promueve hacer lo que te dé la gana, dejarte llevar por tus pasiones, tener relaciones sexuales con quien se pueda y cuantas veces se pueda, sin prohibiciones… ¡Qué irresponsabilidad! ¿Qué tipo de adolescentes y jóvenes se están formando? Si tantas escenas eróticas de la televisión y de internet provocan el desenfreno sexual, con estos mensajes se incrementará el libertinaje.
PENSAR
Dice el Papa Francisco en su importante Exhortación La alegría del amor:
“Lamentablemente, muchas veces algunos programas televisivos o ciertas formas de publicidad inciden negativamente y debilitan valores recibidos en la vida familiar” (274). “Cuando los niños o los adolescentes no son educados para aceptar que algunas cosas deben esperar, se convierten en atropelladores, que someten todo a la satisfacción de sus necesidades inmediatas y crecen con el vicio del «quiero y tengo». Este es un gran engaño que no favorece la libertad, sino que la enferma. En cambio, cuando se educa para aprender a posponer algunas cosas y para esperar el momento adecuado, se enseña lo que es ser dueño de sí mismo, autónomo ante sus propios impulsos” (275).
“El Concilio Vaticano II planteaba la necesidad de una positiva y prudente educación sexual… Es difícil, en una época en que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Sólo podría entenderse en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua. De esa manera, el lenguaje de la sexualidad no se ve tristemente empobrecido, sino iluminado. El impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso” (280).
“Con frecuencia la educación sexual se concentra en la invitación a «cuidarse», procurando un «sexo seguro». Esta expresión transmite una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse. Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida. Es irresponsable toda invitación a los adolescentes a que jueguen con sus cuerpos y deseos, como si tuvieran la madurez, los valores, el compromiso mutuo y los objetivos propios del matrimonio. De ese modo se los alienta alegremente a utilizar a otra persona como objeto de búsquedas compensatorias de carencias o de grandes límites. Es importante más bien enseñarles un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa, a la comunicación rica de sentido. Porque todo eso prepara para un don de sí íntegro y generoso que se expresará, luego de un compromiso público, en la entrega de los cuerpos. La unión sexual en el matrimonio aparecerá así como signo de un compromiso totalizante, enriquecido por todo el camino previo” (283).
ACTUAR
Padres de familia, educadores, catequistas: dialoguen con adolescentes y jóvenes sobre estos mensajes, para ayudarles a ser críticos, formar su conciencia, educarse para una libertad responsable y, así, ser dueños de su cuerpo y de su corazón.

04 mayo 2016

‘El Buen Pastor no se resigna a perder ninguna oveja’


El Papa en la Audiencia General


Conocemos todos la imagen del Buen Pastor que carga sobre sus hombros la oveja perdida. Desde siempre esta imagen representa la solicitud de Jesús con los pecadores y la misericordia deDios que no se resigna a perder ninguno.
La parábola la cuenta Jesús para dar a entender que su cercanía a los pecadores no debe escandalizar, sino al contrario provocar en todos una seria reflexión sobre cómo vivimos nuestra fe. En el relato están, por una parte, los pecadores que se acercan a Jesús para escucharle y, por otra parte,los doctores de la ley, los escribas sospechosos que se alejan de él por ese comportamiento suyo. Se alejanporque Jesús se acerca a los pecadores. Estos eran orgullosos, eran soberbios, se creían justos.
Nuestra parábola se desarrolla en torno a tres personajes: el pastor, la oveja perdida y el resto del rebaño. Pero el que actúa es solo el pastor, no las ovejas.Así pues, el pastor es el único protagonista y todo depende de él. Una pregunta introduce la parábola: ¿Quiénde vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja a las noventa y nueve en el desierto y sale en busca de la perdida hasta encontrarla (v. 4). Se trata de una paradoja que hace dudar del obrar del pastor: ¿Es prudente abandonar a las noventa y nueve por una sola oveja? ¿Y, además, no en la seguridad de un redil sino en el desierto?
Según la tradición bíblica,el desierto es lugar de muerte, donde es difícil encontrar comida y agua, sin resguardo y a merced de las fieras y ladrones.¿Qué pueden hacer noventa y nueve ovejas indefensas? La paradoja continúa diciendo que el pastor,encontrada la oveja, la carga sobre sus hombros, va a casa, llama a los amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo(v. 6). ¡Parece que el pastor no vuelva al desierto a recuperar todo el rebaño! Preocupado por aquella única oveja, parece olvidar a las otras noventa y nueve.
Pero en realidad no es así. La enseñanza que Jesús quiere darnos es más bien que ninguna oveja puede perderse. El Señor no puede resignarse a que una sola persona pueda perderse. El obrar de Dios es el que va en busca de los hijos perdidos para luego celebrarlo y alegrarse con todos por su hallazgo. Se trata de un deseo irrefrenable: ni siquiera noventa y nueve ovejas pueden retener al pastor y tenerlo encerrado en el redil.Podría razonar:Bueno, si hacemos balance, tengo noventa y nueve, y he perdido una; no esuna gran pérdida. Pero no, va a buscar aquella, porque cada una de ellas es muy importante para él, y aquella es la más necesitada, la más abandonada, la más descartada; y va allí a buscarla.
Todos estamos avisados: la misericordia con los pecadores es el estilo con el que actúa Dios y Él es absolutamente fiel a esa misericordia: nada ni nadie podrá distraerlo de su voluntad de salvación. Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte; para Dios eso no cuenta. Dios no descarta a ningunapersona; Dios ama a todos, busca a todos... ¡A todos! Uno a uno. Él no conoceesa palabra: descartar a la gente, porque es todo amor y todo misericordia.
El rebaño del Señor está siempre en camino: no posee al Señor, ni puede engañarse con encerrarlo en nuestros esquemas y en nuestras estrategias. Encontraremos al pastor donde esté la oveja perdida. Así pues, al Señor hay que buscarlo donde él nos quiere encontrar, no donde nosotros pretendemos encontrarlo. De ningún otro modo se podrá recomponer el rebaño si no siguiendo el camino trazado por la misericordia del pastor. Mientras busca la oveja perdida, provoca a las noventa y nueve a que participen en la reunificación del rebaño. Así que no solo la oveja cargada a los hombros sino que todo el rebaño seguirá al pastor a su casa para celebrarlo con amigos y vecinos.
Debemos reflexionar más a menudo sobre esta parábola porque en la comunidad cristiana siempre hay alguno que falta y se ha ido dejando el sitio vacío. A veces es desalentadory nos lleva a creer que es una pérdida inevitable, una enfermedadsin remedio. Es entonces cuando corremos el peligro de encerrarnos dentro del redil, donde no habrá olor a oveja, sino ¡peste a cerrado! Y los cristianos no debemos estar encerrados porque apestaríamos a cosas cerradas. ¡Nunca! Tenemos que salir y ese encerrarse en sí mismo, en las pequeñas comunidades, en la parroquia, allá... −pues nosotros, los justos... Esto sucede cuando falta el celo misionero que nos lleva a encontrar a los demás. En la visión de Jesús no hay ovejas definitivamente perdidas, esto tenemos que entenderlo bien: para Dios ninguno está definitivamente perdido. ¡Jamás! Hasta el último momento, Dios nos busca. Pensad en el buen ladrón; solo en la visión de Jesús nadie está definitivamente perdido sino solo ovejas que hay que encontrar.
La perspectiva por tanto es toda dinámica, abierta, estimulante y creativa. Nos lleva a salir a buscar, para emprender un camino de fraternidad. Ninguna distancia puede tener alejado al pastor; y ningún rebaño puede renunciar a un hermano. Encontrar a quien se ha perdido es la alegría del pastor y de Dios, ¡pero es también la alegría de todo el rebaño! Todos somos ovejas encontradas y reunidas por la misericordia del Señor, llamados a reunirnos con él y con todo el rebaño. Gracias.

03 mayo 2016

¿Soy un cristiano ‘momia’, ‘vagabundo’ o ‘terco’?

El Papa en Santa Marta


Jesús es el “camino justo” de la vida cristiana y es importante verificar constantemente si lo estamos siguiendo con coherencia o si la experiencia de la fe se ha perdido o bloqueado en el camino. Así lo ha indicado el papa Francisco en la homilía de esta mañana en la misa celebrada en Santa Marta.
La vida de la fe “es un camino” y a lo largo del recorrido se encuentran distintos tipos de cristianos”. El papa Francisco ha precisado que están los “cristianos-momias”, “cristianos vagabundos”, “cristianos tercos”, “cristianos a mitad de camino”, los que se asombran delante de una bonita panorámica y permanecen quietos allí. Gente que por un motivo u otro ha olvidado que el único “camino justo” –recuerda el Evangelio del día– es Jesús, el que confirma a Tomás: “Yo soy el camino”, “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”.
El Santo Padre ha aprovechado la homilía de hoy para hablar de estos cristianos que “no caminan” que dan la impresión de estar “embalsamados”.
Así, el papa Francisco ha recordado que un cristiano que no camina, que no hace camino, “es un cristiano no cristiano”, “no se sabe qué es”, “es un cristianos un poco ‘paganizado’: está ahí, está quieto, no va adelante en la vida cristiana, no hace florecer las bienaventuranzas en su vida, no hace obras de misericordia… Está quieto”. Es como –ha indicado pidiendo perdón por la palabra– si fuera una “momia”, una “momia espiritual”. Al respecto ha añadido que estas “momias espirituales” están quietas, “no hacen el mal pero tampoco hacen el bien”.
También ha reflexionado sobre “el cristiano obstinado”. Cuando se camina puede suceder que nos equivocamos de camino, pero eso no es lo peor. Para el Santo Padre “la tragedia es ser terco y decir ‘este es el camino’ y no escuchar la voz del Señor cuando nos dice que no lo es y nos indica: ‘vuelve para atrás y toma el verdadero camino’”.
El Pontífice además ha reflexionado sobre la categoría de los cristianos “que caminan, pero no saben dónde van”. Así ha advertido que “son errantes en la vida cristiana, vagabundos”. Su vida –ha precisado– es dar vueltas, por aquí, por allá, y pierden así la belleza de acercarse a Jesús. Y pierden el camino porque dan tantas vueltas que les lleva a una vida sin salida: el dar demasiadas vueltas se transforma en un laberinto y después no se sabe cómo salir. “Esa llamada de Jesús la han perdido. No tienen brújula para salir y dan vueltas y vueltas; buscan”, observa el Santo Padre.
Del mismo modo ha reconocido que hay muchos que en el camino son seducidos por una belleza y se detienen a mitad de camino, fascinados por lo que ven , de esa idea, de esa propuesta, de ese paisaje… Por eso, el Santo Padre ha subrayado que “la vida cristiana no es una fascinación, ¡es una verdad” ¡Es Jesucristo!”.
El Papa ha invitado a preguntarse cómo va el camino cristiano comenzado en el Bautismo. ¿Está parado? ¿Me he equivocado de camino? ¿Estoy continuamente dando vueltas y no sé dónde ir espiritualmente? ¿Me detengo delante de las cosas que me gustan como la mundanidad y la vanidad o voy siempre adelante, haciendo concretas las Bienaventuranzas y las Obras de misericordia?
El camino de Jesús –ha concluido el Papa– está llena de consuelos, de gloria y también de cruces. Pero siempre con paz en el alma. Finalmente ha invitado a pedir al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre: “y cuando nos cansemos, un pequeño descanso y adelante. Pidamos esta gracia”.

02 mayo 2016

La persecución es el precio del testimonio cristiano

El Papa en Santa Marta

 El Espíritu Santo nos dé la fuerza de ser testigos de Jesús también en las persecuciones, las grandes en las que se llega a dar la vida y en las pequeñas, las persecuciones de los chismorreos y las críticas. Así lo ha recordado el papa Francisco en la misa de esta mañana celebrada en Santa Marta.
La lectura del día de los Hechos de los Apóstoles recuerda que el Señor abrió el corazón de una mujer llamada Lidia, una vendedora de púrpura que en la ciudad de Tiatira escuchaba las palabras de Pablo.
Al respecto, el Papa ha explicado que esta mujer sintió algo dentro de ella, que le empujaba a decir: ‘¡Esto es verdad! Estoy de acuerdo con lo que dice este hombre, este hombre que da testimonio de Jesucristo. Es verdad lo que dice’. De este modo, el Pontífice ha aseverado que quien tocó el corazón de esta mujer es precisamente el Espíritu Santo, quien “ha hecho sentir a esta mujer que Jesús era el Señor, le hizo sentir que la salvación estaba en las palabras de Pablo; le hizo sentir a esta mujer un testimonio. El Espíritu da testimonio de Jesús. Y cada vez que escuchamos en el corazón algo que nos acerca a Jesús, es el Espíritu que trabaja dentro”.
Por otro lado, ha observado que el Evangelio habla de un doble testimonio: el del Espíritu que nos da el testimonio de Jesús y nuestro testimonio. Nosotros somos testigos del Señor con la fuerza del Espíritu. Jesús invita a los discípulos a no escandalizarse, porque el testimonio lleva consigo la persecución. Desde las pequeñas persecuciones de los chismorreos, de las críticas, hasta las grandes, de los que “la historia de la Iglesia está llena, que lleva a los cristianos a la cárcel y les lleva incluso a dar la vida”.
Tal y como ha subrayado el Papa, Jesús dijo que este es el precio del testimonio cristiano. “El cristiano, con la fuerza del Espíritu, da testimonio de que el Señor vive, que el Señor ha resucitado, que el Señor está entre nosotros, que el Señor celebra con nosotros su muerte, su resurrección, cada vez que nos dirigimos al altar”, ha asegurado.
Asimismo, “también el cristiano da testimonio, ayudado por el Espíritu, en su vida cotidiana, con su modo de actuar. Es el testimonio continuo del cristiano. Pero muchas veces este testimonio provoca ataques, provoca persecuciones”, ha observado el Pontífice.
Para concluir la homilía, el papa Francisco ha precisado que “el Espíritu Santo que nos ha hecho conocer a Jesús es el mismo que nos empuja a darlo a conocer, no tanto con las palabras, sino con el testimonio de vida”.
Es bueno pedir al Espíritu Santo –ha recordado– que venga a nuestro corazón, para dar testimonio de Jesús, decirle: ‘Señor, que no me aleje de Jesús. Enséñame lo que me ha enseñado Jesús. Hazme recordar lo que ha hecho y hace Jesús, y también, ayúdame a llevar el testimonio de estas cosas. Que la mundanidad, las cosas fáciles, las cosas que vienen precisamente del padre de la mentira, del príncipe de este mundo y el pecado, no me alejen del testimonio”.

“Una Iglesia encarnada en Cataluña”

Carta dominical del arzobispo de Barcelona

Hace pocos días que hemos celebrado la fiesta de los patronos de Cataluña, Sant Jordi y la Virgen de Montserrat, que he tenido ocasión de presidir por vez primera aquí, en la capilla dedicada al santo mártir en el Palau de la Generalitat y en la celebración de la tradicional Vetlla de Santa Maria en el monasterio de Montserrat. Y este domingo coincide con el Primero de Mayo, que nos trae la presencia del mundo del trabajo y sus problemas, que son especialmente graves en estos momentos en los que la crisis se deja sentir todavía en muchas personas y familias, sobre todo a causa del paro y de la constante precariedad laboral.
Por esto, deseo expresar en este escrito lo que ha sido y es objeto de mi oración como pastor en estos días pasados de las fiestas de los patronos de Cataluña, y hoy mismo, Primero de Mayo, pensando en el mundo del trabajo y sus problemas. Quisiera ayudar, con mi servicio, a potenciar una comunidad diocesana y unas comunidades cristianas que reflejen la voluntad  de ser una Iglesia verdaderamente inculturada en Cataluña, una Iglesia encarnada en las realidades y comprometida en la realización de la misión que le compete como Iglesia que está al servicio de este pueblo nuestro. Los obispos catalanes lo expresaron muy bien en dos documentos que no podemos olvidar y que nos ofrecen unas pautas valiosas para nuestra misión: Las raíces cristianas de Cataluña (1985) y Al servicio denuestro pueblo (2011).
Lo que me preocupa y lo que pido a Dios que me ayude a realizar es lo que podemos calificar como una pastoral misionera. Que es lo que nos pide el papa Francisco en su exhortación La alegría del evangelio(n. 49), cuando dice: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por haber salido a la calle, que una Iglesia enferma por el cierre y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que acabe clausurada en un embrollo de obsesiones y procedimientos. Si hay una cosa que debe inquietarnos santamente y tiene que preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo; sin una comunidad de fe que los sostenga; sin un horizonte de sentido y de vida.”
Una acción pastoral misionera, hoy tan urgente, como nos recuerda y nos pide el papa Francisco, ha de ser también una acción evangelizadora e inculturada, es decir, abierta y comprometida, desde su propia identidad y su misión, con la realidad de las personas y de la sociedad en la que la Iglesia realiza su misión. En nuestro caso, en la sociedad catalana de hoy. Porque los criterios que actualmente son reconocidos como válidos para la acción misionera de las llamadas iglesias jóvenes son también válidos y oportunos para la acción misionera de las iglesias de los países de larga tradición cristiana.
Y hoy, Primero de Mayo, nos tenemos que preguntar si hacemos todo aquello que la Iglesia está llamada a realizar para hacer presentes a Jesucristo y su Evangelio en el mundo obrero y del trabajo, marcado hoy por tantas dificultades y precariedades.
Que Dios os bendiga a todos.
 + Juan José Omella Omella

01 mayo 2016


El Papa en el Regina Coeli



“¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de hoy nos lleva nuevamente al Cenáculo. Durante la Última Cena, antes de enfrentar a la pasión y la muerte en la cruz, Jesús promete a los apóstoles el don del Espíritu Santo, que tendrá la tarea de enseñar y de recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos.
Lo dice el mismo Jesús: « El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho» (Jn 14,26). ). Enseñar y recordar. Y esto es lo que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones.
En el momento en el que está por regresar al Padre, Jesús preanuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará a los discípulos a entender cada vez más plenamente el Evangelio, a recibirlo en su existencia y a hacerlo vivo y operante con el testimonio.
Mientras está por confiar a los Apóstoles –que justamente quiere decir, enviados– la misión de llevar el anuncio del Evangelio por todo el mundo, Jesús promete que no se quedarán solos: el Espíritu Santo, el Paráclito, estará con ellos, a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos.
Jesús regresa al Padre pero sigue acompañando y enseñando a sus discípulos mediante el don del Espíritu Santo.
El segundo aspecto de la misión del Espíritu Santo consiste en el ayudar a los Apóstoles a recordar las palabras de Jesús.
El Espíritu tiene la tarea de despertar la memoria, recordar las palabras de Jesús. El divino Maestro ha comunicado ya todo aquello que pretendía confiar a los Apóstoles: con Él, Verbo encarnado, la revelación es completa.
El Espíritu hará recordar las enseñanzas de Jesús en las diversas circunstancias concretas de la vida, para poderlas poner en práctica. Es precisamente lo que sucede todavía hoy en la Iglesia, guiada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que pueda llevar a todos el don de la salvación, o sea el amor y la misericordia de Dios.
Por ejemplo, cuando ustedes leen todos los días –como les he aconsejado– un pasaje del Evangelio, pedir al Espíritu Santo: “Que yo entienda y que yo recuerde estas palabras de Jesús”. Y después de leer el pasaje, todos los días… Pero antes hacer aquella oración al Espíritu, que está en nuestro corazón: “Que yo recuerde y que yo entienda”.
¡No estamos solos: Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros! Su nueva presencia en la historia ocurre mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado.
El Espíritu, difundido en nosotros con los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, actúa en nuestra vida. Él nos guía en la forma de pensar, de actuar, de distinguir qué cosa es buena y qué cosa es mala; nos ayuda a practicar la caridad de Jesús, su darse a los demás, especialmente a los más necesitados.
¡No estamos solos! Y la señal de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Les doy mi paz» (v. 27). Ella es diferente de aquella que los hombres se desean e intentan realizar.
La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y señal de su presencia. Cada discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado en la certeza de su victoria y en la espera de su definitiva venida.
Que la Virgen María nos ayude a recibir con docilidad el Espíritu Santo como maestro interior y como memoria viva de Cristo en el camino cotidiano”.
El papa reza la oración del Regina Coeli y a continuación dice las siguientes palabras.
“Queridos hermanos y hermanas, mi cordial saludo va a nuestros hermanos de las Iglesias de Oriente que celebran hoy la Pascua. El Señor resucitado les dé a todos, los dones de su luz y de su paz.Christos anesti!
Recibo con profundo dolor las dramáticas noticias que provienen de Siria, sobre la espiral de violencia que sigue agravando la ya desesperada situación humanitaria del país, en particular en la ciudad de Alepo, y a producir víctimas inocentes, incluso entre los niños, enfermos y quienes con gran sacrificio se empeñan a dar ayuda al prójimo.
Exhorto a todas las partes involucradas en el conflicto a respetar el cese de las hostilidades y a reforzar el diálogo en curso, el único camino que conduce a la paz.
Se abre mañana en Roma la conferencia internacional sobre el tema “El desarrollo sostenible y las formas más vulnerables de trabajo”. Deseo que el evento pueda sensibilizar las autoridades, las instituciones políticas y económicas y la sociedad civil, para que se promueva un modelo de desarrollo que tenga en cuenta la dignidad humana en el pleno respeto de las normas sobre el trabajo y el ambiente.
Saludo a los peregrinos provenientes de Italia y de otros países, en particular saludo a los fieles de Madrid, Barcelona y Varsovia, como también a la comunidad Abraham, empeñada en proyectos de evangelización en Europa; a los peregrinos de Olgiate y Comasco, Bagnolo Mella y a quienes han recibido la Confirmación en Castelli Calepio.
Saludo a la Asociación ‘Meter’, que desde hace tantos años lucha contra toda forma de abuso contra los menores. Esta es una tragedia. No debemos tolerar los abusos contra los menores. Tenemos que defender a los menores y castigar severamente a los abusadores. ¡Gracias por vuestro empeño y sigan con coraje en esta labor!
Y a todos les deseo que tengan un buen domingo y por favor no se olvide de rezar por mi. ‘Buon pranzo’ y ‘arrivederici'”.

‘Jesús no se alegra hasta que no encuentra a la oveja perdida’

El Papa ayer en la audiencia jubilar


¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Hoy deseo reflexionar con vosotros sobre un aspecto importante de la misericordia: la reconciliación. Dios no ha dejado nunca de ofrecer su perdón a los hombres: su misericordia se hace sentir de generación en generación. A menudo repetimos que nuestros pecados nos alejan del Señor: en realidad, pecando, nosotros nos alejamos de Él, pero Él, viéndonos en el peligro, aún más viene a buscarnos. Dios no se resigna nunca a la posibilidad de que una persona permanezca ajena a su amor, con la condición de encontrar en ella algún signo de arrepentimiento por el mal cumplido.
Solo con nuestras fuerzas no podemos reconciliarnos con Dios. El pecado es realmente una expresión de rechazo de su amor, con la consecuencia de encerrarnos en nosotros mismos, con la ilusión de encontrar mayor libertad y autonomía. Pero lejos de Dios no ya tenemos una meta, y de peregrinos en este mundo nos convertimos en “errantes”. De forma coloquial podemos decir que, cuando pecamos, nosotros “damos la espalda a Dios”. Es precisamente así; el pecador se ve solo a sí mismo y pretende de esta forma ser autosuficiente; por eso, el pecado alarga siempre más la distancia entre Dios y nosotros, y esta se puede convertir en un abismo. Aún así, Jesús viene a buscarnos como un buen pastor que no está contento hasta que no encuentra la oveja perdida (cfr Lc 15,4-6). Él reconstruye el puente que nos reincorpora al Padre y nos permite encontrar la dignidad de hijos. Con la ofrenda de su vida nos ha reconciliado con el Padre y nos ha donado la vida eterna (cfr Gv 10,15). “¡Dejaos reconciliar con Dios! ¡Dejaos reconciliar con Dios!”(2 Cor 5,20): el grito que el apóstol Pablo dirige a los primeros cristianos de Corinto, hoy vale para todos nosotros con la misma fuerza y convicción.
Dejémonos reconciliar con Dios. Este Jubileo de la Misericordia es un tiempo de reconciliación para todos. Muchas personas quisieran reconciliarse con Dios pero no saben cómo hacer, o no se sienten dignos, o no quieren admitirlo ni siquiera a sí mismos.
La comunidad cristiana puede y debe favorecer el regreso sincero a Dios de los que sienten su nostalgia. Sobre todo cuantos realizan el “ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5,18) están llamados a ser instrumentos dóciles del Espíritu Santo para que ahí donde ha abundado el pecado pueda sobreabundar la misericordia de Dios (Cfr. Rom 5,20). ¡Ninguno permanezca alejado de Dios a causa de obstáculos puestos por los hombres!
Y esto es válido, esto vale también – y lo digo enfatizándolo – para los confesores, es válido para ellos: por favor, no pongan obstáculos a las personas que quieren reconciliarse con Dios. ¡El confesor debe ser un padre! ¡Está en lugar de Dios Padre! El confesor debe acoger a las personas que van a él para reconciliarse con Dios y ayudarlas en el camino de esta reconciliación que está haciendo. Es un ministerio tan bonito: no es una sala de tortura ni un interrogatorio, no, es el Padre quien recibe, Dios Padre, Jesús, que recibe y acoge a esta persona y perdona. ¡Dejémonos reconciliar con Dios! ¡Todos nosotros!
Este Año Santo sea tiempo favorable para redescubrir la necesidad de la ternura y de la cercanía del Padre y del volver a Él con todo el corazón.
Tener la experiencia de la reconciliación con Dios permite descubrir la necesidad de otras formas de reconciliación: en las familias, en las relaciones interpersonales, en las comunidades eclesiales, como también en las relaciones sociales e internacionales. Alguno me decía, los días pasados, que en el mundo existen más enemigos que amigos, y creo que tiene razón. Pero no, hagamos puentes de reconciliación también entre nosotros, comenzando por la misma familia. ¡Cuántos hermanos han discutido y se han alejado solamente por la herencia! Pero mira, ¡esto no es así! ¡Este Año es el año de la reconciliación, con Dios y entre nosotros! La reconciliación de hecho es también un servicio a la paz, al reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas, a la solidaridad y a la acogida de todos.
Aceptemos, por lo tanto, la invitación a dejarnos reconciliar con Dios, para convertirnos en nuevas criaturas y poder irradiar su misericordia en medio de los hermanos, en medio de la gente.