07 septiembre 2017

¡No pierdan la alegría, no pierdan la esperanza!

El Papa a los jóvenes en Bogotá


Muchas gracias, por la alegría que tienen, muchas gracias por el esfuerzo que han hecho, muchas gracias por el camino que se han animado a realizar, y eso se llama heroísmo. Hasta los más chicos pueden ser héroes, los más jóvenes, cuando vienen engañados o se equivocan, se levantan y son héroes y van adelante. ¡Sigan adelante!, ¡Sigan adelante, así! No se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, ¡sigan así!
Y ahora les voy a dar una bendición a todos, le vamos a rezar a la Virgen, nuestra Madre, para que nos bendiga.
Ave María…
Muchas gracias por la valentía y por el coraje, no se dejen robar la alegría ¿Qué es lo que no se tienen que dejar robar? [Los chicos: ¡La alegría!]
Que nadie se las robe, que nadie los engañe, no se dejen robar la esperanza, ¿Qué es lo que no se tienen que dejar robar? [Los chicos: ¡La esperanza!]
La alegría y la esperanza. Todos! [Chicos: ¡la alegría y la esperanza!]
¿Y les puedo pedir un favor? que recen por mí, ¿lo van a hacer? [¡Si!]
Que Dios los bendiga. Y gracias porque es muy lindo. Gracias.

06 septiembre 2017

Programa del viaje del Papa en Colombia

Del 6 al 11 de septiembre 2017

Miércoles 6 de septiembre de 2017 ROMA-BOGOTÁ
11.00Salida en avión desde el aeropuerto de Roma/Fiumicino hacia Bogotá  (12,30 hs. de vuelo)
16.30Llegada en el área militar (CATAM) del aeropuerto de Bogotá   – ( Hora en Roma 23:30)
Ceremonia de bienvenida – A la nunciatura apostólica (15 km.)

Jueves 7 de septiembre de 2017 – BOGOTÁ
TEMA: artesanos de paz, promotores de la vida
9.00Encuentro con las autoridades en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño – (En Roma 16:00)      
9.30Visita de cortesía al Presidente en el Salón Protocolario de la Casa de Nariño. (En Roma 16:30)      
10.20Visita a la Catedral – (En Roma 17:20)      
10.40Bendición a los fieles desde el balcón del Palacio Cardenalicio  .- (En Roma 17:40)      
11.00Encuentro con los obispos (unos 130) en el salón del Palacio Cardenalicio .- (En Roma 18:00)     
15.00Encuentro con el Comité directivo del CELAM en la Nunciatura Apostólica  .- (En Roma 22:00) 
15.45Santa Misa en el Parque Simón Bolívar .- (En Roma 22:45) (en auto a 6 km)
16:00        Llegada al Parque en papamóvil y saludo a los fieles –  (En Roma 23:00)
16:30         Santa misa (En Roma 23:30)

18:45        Ida a la Nunciatura Apostólica. Cena privada y bendición de niños, ancianos y personas con discapacidad

Viernes 8 de septiembre de 2017 – BOGOTÁ-VILLAVICENCIO-BOGOTÁ
TEMA: La reconciliación, con Dios, con los colombianos y con la naturaleza
7.20Salida en avión desde base área militar (CATAMA) de Bogotá hacia Villavicencio (90 Km) –  (En Roma 14:20)
8.30Llegada a la Base Aérea de Apiay, en Villavicencio  (En Roma 15:30)
9.30CATAMA – Saludo a los fieles en papamóvil  y santa Misa (a 9,5 km del aeropuerto)  – Beatificación de Mons. Jaramillo y del padre Pedro Ramirez Ramos – (En Roma 16:30)
15.40Gran encuentro de oración por la reconciliación nacional en el Parque Las Malocas  – (En Roma 22:30)
17.20Parada en la Cruz de la reconciliación en el Parque de los Fundadores  – (En Roma 00:20)
18.00Salida en avión hacia Bogotá  – (En Roma 01:00)
18.45Llegada al área militar (CATAM) del aeropuerto  de Bogotá  – (En Roma 01:45)
19.15          Llegada a la Nunciatura Apostólica  – (En Roma 02:15)

Sábado 9 de septiembre de 2017 – BOGOTÁ-MEDELLÍN-BOGOTÁ
TEMA: la vida cristiana como discipulado
8.20Salida en avión desde el área militar (CATAM) del aeropuerto de Bogotá hacia Rionegro  – (En Roma 15:20)
9.10Llegada a la Base Aérea de Rionegro  – (En Roma 16:10)
9.15Traslado en helicóptero al aeropuerto de Medellín  – (En Roma 16:15)
10.15Santa Misa en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín  – (En Roma 17:15)
15.00Encuentro en el Hogar San José  – (En Roma 22:00)
16.00Encuentro con sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as, seminaristas y sus familias de procedencia en La Macarena  – (En Roma 23:00)
Traslado en helicóptero a la Base Aérea de Rionegro
17.30Salida en avión hacia Bogotá  – (En Roma 00:30)
18.25Llegada al área militar (CATAM) del aeropuerto de Bogotá – (En Roma 01:25)
18:50         Llegada a la Nunciatura Apostólica  – (En Roma 01:50)

Domingo 10 de septiembre de 2017 – BOGOTÁ-CARTAGENA
TEMA: dignidad de la persona y derechos humanos
8.30Salida en avión hacia Cartagena de Indias
10.00Llegada al aeropuerto R. Nuñez, de Cartagena de Indias  – (En Roma 17:00)
10.30Bendición de la primera piedra de las casas para los sintecho y de la Obra Talitha Qum en la Plaza San Francisco de Asís  – (En Roma 17:30)
12.00Ángelus en el atrio de San Pedro Claver  – (En Roma 19:00)
12.15Visita a la Casa Santuario de San Pedro Claver  – (En Roma 19:15)
15.45Traslado en helicóptero desde la Base Naval al área portuaria de Contecar  – (En Roma 22:45)
16.30Santa Misa en el área portuaria de Contecar  – (En Roma 23:30)
18.30Traslado en helicóptero al aeropuerto  de Cartagena  – (En Roma 01:30)
18.45Ceremonia de despedida  – (En Roma 01:45)
19.00Salida en avión hacia el aeropuerto de Roma/Ciampino  – (En Roma 02:00)

Lunes 11 de septiembre de 2017 – ROMA
12.40Llegada al aeropuerto de Roma/Ciampino

05 septiembre 2017

“Salir al encuentro del otro y extender la mano”

El Papa con motivo del viaje apostólico del 6 al 11 de septiembre


Querido pueblo de Colombia, dentro de pocos días visitaré vuestro país. Iré como peregrino de esperanza y de paz, para celebrar con ustedes la fe en nuestro Señor y también para aprender de vuestra caridad y vuestra constancia en busca de la paz y la armonía.
Los saludo cordialmente y doy las gracias, al señor presidente de la República y a los obispos de la Conferencia episcopal, por la invitación a visitar Colombia. También agradezco a cada uno de ustedes, que me acogen en su tierra y en su corazón. Sé que han trabajado -y han trabajado mucho- para preparar este encuentro. Mi agradecimiento a todos lo que han colaborado y siguen haciéndolo para que sea una realidad.
“Demos el primer paso” es el lema de este viaje. Nos recuerda que siempre se necesita dar un primer paso para cualquier actividad y proyecto. También nos empuja a ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad. Dar el primer paso nos anima a salir al encuentro del otro y a extender la mano, y darnos el signo de paz. La paz es la que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla. Una paz estable, duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos. La paz nos recuerda que todos somos hijos de un mismo Padre que nos ama y nos consuela. Me siento honrado de visitar esa tierra rica de historia, de cultura, de fe, de hombres y mujeres que han trabajo con tesón y constancia para que sea un lugar donde reine la armonía y la fraternidad, donde el Evangelio sea conocido y amado, donde decir hermano y hermana no resulte algo extraño sino un verdadero tesoro a proteger y defender. El mundo de hoy tiene necesidad de consultores de paz y de diálogo. También la Iglesia está llamada a esta tarea, a promover la reconciliación con el Señor y con los hermanos, y también la reconciliación con el medioambiente que es creación de Dios y que estamos explotando de una manera salvaje.
Que esta visita sea como un abrazo fraterno para cada uno de ustedes y en el que sintamos el consuelo y la ternura del Señor.
Queridos hermanos y hermanas colombianos, deseo vivir estos días con ustedes con ánimo gozoso, con gratitud al Señor. Los abrazo con afecto y pido al Señor que los bendiga, que proteja vuestro país y les conceda la paz. Y a nuestra Madre, la Virgen Santa, que los cuide. Y por favor, no se olviden de rezar por mí.
Gracias y hasta pronto.

04 septiembre 2017

Compartir es vivir

Hace dos semanas vino a visitarme a Pamplona una valiosa antigua alumna que durante los últimos años ha recorrido medio mundo con estancias de estudio (Madrid, Almaty, Varsovia, Dubrovnik, etc.). Me contaba que había decidido regresar a su ciudad natal porque compartir es vivir. Tomé nota de su comentario porque me impactó esa expresión.
Muchos jóvenes hoy piensan que vivir es viajar, tener nuevas experiencias en lugares insólitos: desde montar en camello por el desierto del Sahara hasta bucear en los arrecifes de coral del mar del sur de la China, pasando por colaborar con una ONG en las inmediaciones del lago Turkana o contemplar el amanecer en un pico de los Andes. Sin embargo, antes o después, recapacitan como el hijo pródigo y caen en la cuenta de que la calidad de una vida está en función de la calidad de las relaciones afectivas libremente elegidas. Quien vive moviéndose de un lado para otro acumulando nuevas experiencias está siempre despidiéndose de personas a las que quizás ha comenzado a querer. Inevitablemente va desgarrando periódicamente su corazón. “Volveré a mi ciudad, recuperaré los lazos familiares, los amigos de la infancia y juventud”, se decía a sí misma −y me decía a mí− aquella antigua alumna que había recorrido medio mundo.
Los seres humanos no podemos vivir a la intemperie; necesitamos un hogar, ese “lugar al que se vuelve”, como dice hermosamente Rafael Alvira. Sin duda la convivencia con los demás inevitablemente genera en ocasiones algunos conflictos, pero a su vez el aislamiento radical empobrece nuestra vida hasta dejarla falta de sentido.
Para vivir de verdad hay que compartir nuestra vida con otros a los que queramos, hay que con-vivir. A la vez es preciso aprender a crear espacios y tiempos para poder cultivar nuestra vitalidad interior que es precisamente lo que podemos compartir con los demás. La superficialidad −que quizá caracteriza el estilo de moda en la actualidad−, la búsqueda de la gratificación inmediata y el miedo al compromiso imposibilitan el desarrollo de un horizonte personal que dé sentido a nuestra vida.
Así somos los seres humanos: hacemos nuestra biografía con los demás y vivimos compartiendo nuestra vida. Como me escribe Gabriel Zanotti: “Menos turismo y más hogar”. O más poéticamente el aforismo de Enrique García-Máiquez: “Las raíces del hombre son las personas que ama”.
P. S. No me resisto a añadir como apostilla el atractivo testimonio que me escribe la filósofa Marcela C. desde Chile:
“Hace poco más de tres meses nació nuestro séptimo hijo: Agustín. Así que he estado muy ocupada el último tiempo con la maternidad por siete! Y te escribo ahora con Agustín en los brazos…
Sobre el texto que envías ahora, pienso que se trata de la verdad humana más radical y, al mismo tiempo, la más olvidada en nuestros días. Es muy triste ver tantas vidas frustradas porque no han sabido compartir. ¡Qué importante es la familia! El lugar donde se vuelve, pero, también, el único lugar donde germina y se cultiva la capacidad de amar. Comprender estos misterios es una tarea que requiere del fuego lento al que crecemos en la familia. Poco a poco, en la vida cotidiana. En la convivencia diaria con personas que amamos y que nos aman”.

La “regla de oro” de la naturaleza humana

El Papa ayer en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El pasaje del evangelio del día (cf. Mt 16,21-27) es la continuación de la del domingo pasado, en la cual resaltaba la profesión de fe de Pedro, “roca” sobre la cuál Jesús quiere construir su Iglesia. Hoy, en un  llamativo contraste, Mateo nos muestra la reacción del mismo Pedro cuando Jesús revela a sus discípulos que en Jerusalén deberá sufrir, ser condenado a muerte y resucitar (cf. v. 21). Pedro toma al Maestro aparte y le reprende porque eso-le dice-no le puede pasar a Él, al Cristo. Pero Jesús,  a su vez reprende a Pedro con palabras duras: “Apártate de mí, Satanás, eres para mí ocasión de caída: tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.” (v.23). Un momento antes, el apóstol era bendecido del Padre, porque había recibido esta revelación del Padre; él era una “piedra” sólida sobre la que Jesús podía construir su comunidad, y de repente él se convierte en un obstáculo, una piedra, pero no para construir, una piedra de tropiezo en el camino del Mesías. Jesús sabe bien que Pedro y los otros tienen mucho camino aún para hacer par convertirse en sus apóstoles!
En este punto, el Maestro se dirige a todos aquellos que le siguen, presentándoles con claridad el camino a recorrer: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, tome su cruz, y me siga” (v.24). Siempre, y aún hoy, la tentación es la de querer seguir a un Cristo sin cruz, o más bien, de enseñar a Dios el camino justo. Como Pedro: no, no, Señor, eso no… eso no pasará. Pero Jesús nos recuerda que su camino, es el camino del amor, y no hay verdadero amor sin el don de sí. Somos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempre más conscientes de la necesidad y de los esfuerzos para nosotros cristianos  de avanzar en contracorriente y cuesta arriba.
Jesús completa su proposición con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Exhorta: “El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida a causa de mí la guardará” (v.25). En esta paradoja, está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla que solo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar sus talentos, sus energías y su tiempo solo para salvarse, protegerse y realizarse uno mismo, conduce en realidad a perderse, es decir a una existencia triste y estéril. Si al contrario vivimos para el Señor y fundamentamos nuestra vida en el amor, como hace Jesús, podremos saborear la alegría auténtica y nuestra vida no será estéril, sino que será fecunda.
En la celebración de la Eucaristía, revivimos el misterio de la cruz; no solamente recordamos, sino que cumplimos el memorial del Sacrificio redentor, donde el Hijo de Dios se pierde completamente Él mismo para recibirse de nuevo del Padre y así encontrarnos, nosotros que estábamos perdidos, con todas las criaturas. Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirle en el camino de cada día, en el servicio concreto de los hermanos.
Que la Santa Virgen María, que ha seguido a Jesús hasta el Calvario, nos acompañe a nosotros también  y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús: la cruz con Jesús, que es la cruz de sufrir por amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección.

03 septiembre 2017

Del machismo a la hombría: el desafío de la auténtica masculinidad

Recuerdo una vez, cuando era niño, estar viendo un western en la televisión con mi padre. En un momento dado el héroe, interpretado por John Wayne, entra en el salón, se dirige a la barra y pide una cerveza. El camarero sirve la cerveza y la pone ante nuestro héroe. El héroe toma un pequeño sorbo, suelta su frase al malo con la apropiada brevedad de macho [en español en el original] y se va del salón, dejando la pinta de cerveza en la barra, casi llena. “¡Y se considera un hombre!”, dice mi padre, en referencia a la bebida que quedó sin beber. La lección estaba aprendida. Un hombre de verdad no pide una bebida y la deja sin acabar.
Esto fue hace mucho tiempo, pero incluso hoy, tantos años después, no puedo irme de un bar o un restaurante sin acabar mi consumición. ¿Cómo podría considerarme un hombre si lo hiciera? ¿Qué pensaría mi padre?
Es curioso cómo arraigan hábitos de ese tipo, inscribiéndose indeleblemente en nuestra psique. Las lecciones que aprendemos en las rodillas de nuestro padre se convierten casi en parte de nosotros, casi nos definen. Para bien o para mal.
En algunas cosas he llegado a comprender que una parte importante de mi maduración ha necesitado desaprender algunas de las lecciones que aprendí de mi padre. No me interpreten mal. Tuve una gran relación con mi padre, a quien amé sinceramente mientras vivió, y a quien aún amo sinceramente ahora que ha abandonado las vicisitudes de la vida. Lo que pasa es que él no había madurado del machismo [en español en el original] a la auténtica hombría, al menos no durante los años en que me enseñó las lecciones sobre la vida que tuve que aprender a desaprender durante el resto de mi vida.
El problema es que el machismo es un signo de inmadurez. Es el fracaso de madurar hasta la plenitud de lo que significa ser un hombre. La señal distintiva del machismo es la chulería y la jactancia del fanfarrón. Es la máscara del orgullo que llevan aquellos a quienes falta humildad; es el vocear de quien exige sus derechos porque no tiene valor para hacer frente a sus responsabilidades. Es la “hombría” de quien, en realidad, no es un hombre.
En mi propio caso, tengo que confesar que pasé la mayor parte de mi vida como el macho que no es realmente un hombre en absoluto. Hizo falta el matrimonio para hacer un de mí un hombre, que es como decir que hizo falta una mujer para hacer de mí un hombre. Y no solo una mujer: hizo falta una esposa para hacer de mí un hombre. Y no solo una esposa: hicieron falta niños para hacer realmente de mí un hombre. Puedo decir pues, haciendo eco a las palabras de Wordsworth, que el hijo es el padre del hombre [the child is the father of the man]. Mis propios hijos han sido los padres de mi hombría. Sin ellos, seguiría siendo un macho patético haciendo todas las formas posibles de ruido masculino sin tener nada de la auténtica sustancia masculina.
Por esta razón, nuestra cultura actual, que le hace la guerra al matrimonio y a la familia, también le está haciendo la guerra a la hombría genuina. A pesar de su propia fanfarronería, la cultura moderna no le hace realmente la guerra a cosas como el “sexismo" y al abuso de las mujeres y los niños, porque anima al machismo que convierte a los hombres en abusadores al mismo tiempo que les desanima a las responsabilidades familiares y paternales que convierten a los hombres en buenos maridos y padres. Semejante cultura no solo hace a los hombres miserables, sino que hace también miserables a las mujeres y a los niños… ¡y todo ello en nombre de buscar la libertad y la felicidad! ¡Es todo tan patéticamente gracioso! Una tragedia que es también una divina comedia, porque muestra que la virtud es la única vía para llegar a un final feliz.
Mi padre se hizo un hombre antes de morir. Solo que no era un hombre cuando yo era un niño; no fue un hombre cuando yo necesitaba un hombre en mi vida. Con demasiada frecuencia no volvía a casa después del trabajo y prefería emborracharse en el pub con sus amigos, aunque siempre era lo bastante hombre para levantarse por la mañana e ir a trabajar, llevándose con él la resaca. Mis más entrañables recuerdos de él son que me enseñó a jugar al ajedrez y las muchas horas que jugamos juntos, unidos en un glorioso silencio mientras paseábamos nuestras mentes sobre las piezas del tablero. Recuerdo cómo citaba de memoria largos pasajes de Shakespeare, declamando párrafos enteros con intensa pasión, y como recitaba largos poemas como Elegy in a Country Churchyard de Gray o piezas más breves, como el If de Kipling o el The Donkey de Chesterton. Era en aquellos momentos, interpretando lírica con sus hijos, cuando era realmente un hombre.
En cuanto a mí, todavía voy de vez en cuando a un bar a tomar una o dos cervezas con los amigos y, a diferencia de John Wayne, siempre termino la cerveza de mi vaso antes de irme. Pero siempre estoy en casa a tiempo para cenar con mi familia y para el tiempo familiar posterior. Disfruto leyendo los clásicos de la literatura infantil a mi hija de nueve años, y aunque no soy capaz de recitar a Shakespeare como mi padre, recientemente enseñé a mi hija a jugar al ajedrez, transmitiéndole el hermoso regalo que mi propio padre me hizo a mí. La última vez que jugamos, mi hija me derrotó por vez primera. Asumí la derrota con auténtica alegría, regocijándome de que mi hija dominase el juego y, por tanto, me dominase a mí. En otras palabras, asumí la derrota como un hombre.

01 septiembre 2017

Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación

Mensaje conjunto del Papa y del patriarca Bartolomé


La historia de la creación nos presenta una vista panorámica del mundo. La Escritura revela que, «en el principio», Dios quiso que la humanidad cooperara en la preservación y protección del medio ambiente. En un primer momento, como se lee en el Génesis, «no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo» (2,5). La tierra nos fue confiada como un don y un legado sublime, del que todos somos responsables hasta que, «al final», todas las cosas en el cielo y en la tierra serán recapituladas en Cristo (cf. Ef 1,10). Nuestra dignidad y bienestar humano están profundamente conectados con nuestro cuidado por toda la creación.
Sin embargo, «mientras tanto», la historia del mundo presenta un contexto muy diferente. Revela un escenario moralmente decadente donde nuestra actitud y comportamiento hacia la creación oscurece nuestra vocación como cooperadores de Dios. Nuestra propensión a interrumpir los delicados y equilibrados ecosistemas del mundo, nuestro deseo insaciable de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, y nuestra codicia ilimitada de ganancias en los mercados, todo esto nos ha alejado del sentido original de la creación. No respetamos ya la naturaleza como un regalo compartido; por el contrario, la consideramos una posesión privada. Ya no nos relacionamos con la naturaleza para sostenerla, sino que la dominamos para sostener nuestras propias invenciones.
Las consecuencias de esta cosmovisión alternativa son trágicas y duraderas. El medioambiente humano y el de la naturaleza se están deteriorando juntos, y este deterioro del planeta recae sobre las personas más vulnerables. El impacto del cambio climático afecta, ante todo y más que nada, a los que viven en la pobreza en todos los rincones del mundo. Nuestra obligación de usar los bienes de la tierra con responsabilidad implica el reconocimiento y el respeto de todas las personas y de todos los seres vivos. La urgente llamada y el desafío de cuidar la creación son una invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral.
Por tanto, unidos en un mismo interés por la creación de Dios y reconociendo la tierra como un bien a compartir, invitamos fervientemente a todas las personas de buena voluntad a que el 1 de septiembre dediquen un tiempo de oración por el medio ambiente. Con este motivo, queremos dar las gracias al Creador amoroso por el gran don de la creación y comprometernos en su cuidado y preservación por el bien de las generaciones futuras. Después de todo, sabemos que nuestro trabajo es en vano si el Señor no está a nuestro lado (cf. Sal 126-127), si la oración no está en el centro de nuestra reflexión y celebración. En efecto, un objetivo de nuestra oración es cambiar el modo en que percibimos el mundo para modificar la manera de cómo nos relacionamos con él. El objetivo de nuestro compromiso es el de empeñarnos en alcanzar una mayor simplicidad y solidaridad en nuestras vidas.
Hacemos un llamamiento urgente a quienes ocupan puestos de responsabilidad social y económica, así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero sobre todo para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida. Estamos convencidos de que no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio.

“Por la evangelización”

Intención de oración del Papa en septiembre


“Por la evangelización: Por nuestras parroquias, para que, animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad”, es la intención de oración del papa Francisco para el mes de septiembre de 2017.
Es una iniciativa promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, del Apostolado de la Oración, al servicio de los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
El Papa sueña con una opción misionera “capaz de transformarlo todo”, así lo escribió en la exhortación apostólica “Evangelium Gaudium”: “para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”.
Asimismo, el papa Franscisco dejó reflejado en la exhortación “Evangelium Gaudium” que la parroquia “es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero”.
A continuación, ofrecemos la oración para rezar por esta intención que se propone en septiembre de 2017.
Oración
Señor, Padre nuestro,
tú quieres que la Iglesia sea la presencia visible de tu amor en medio de los hombres.
Cada cristiano es un discípulo enviado a anunciar,
por palabras y por obras,
la buena noticia del Evangelio.
A todas las parroquias
se dirige un llamado a que sean,
cada vez más,
lugares de comunicación de la fe y testimonio de caridad.
Nosotros te pedimos que nuestra parroquia sea un lugar
en que cada uno de nosotros,
dentro de nuestras posibilidades y responsabilidades,
nos sintamos miembros activos en la misión de evangelizar.