05 mayo 2021

¿Qué es una Romería a la Virgen? ¿Cómo se hace?

Redacción en opusdei.org/ 

La romería de mayo es una visita a la Virgen hecha con amor filial

La palabra romería viene de "romero", tal y como se designaba a las personas que peregrinaban a Roma. Después, el significado se extendió y en la actualidad una romería es la visita a un santuario de la Virgen María.

En el mes de mayo, que la Iglesia dedica tradicionalmente a la Virgen Santísima, es habitual que se organicen romería a santuarios marianos, para visitar y honrar a nuestra Madre.

San Josemaría se conmovía con las manifestaciones multitudinarias de amor a la Virgen, pero siempre decía que tenía predilección por las romerías hechas individualmente o en grupos reducidos, quizá sólo de dos o tres personas. "Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad". (Es Cristo que pasa, 139.)

En 1935, después de su primera visita al santuario de Sonsoles , en tierras de Ávila, el fundador del Opus Dei estableció que, como muestra de amor a la Virgen, todos los fieles de la Prelatura hicieran cada año, en el mes de mayo, una romería a un Santuario o lugar donde se venere una imagen de Santa María. Desde entonces, esa costumbre se ha difundido entre muchas otras personas que han entrado en contacto con su mensaje.

La romería de mayo es una visita a la Virgen hecha con amor filial. Lo que hacía San Josemaría era rezar tres partes del Rosario: una, en el camino de ida; otra -que solía ser la correspondiente al día de la semana, con las letanías-, en el santuario o ante la imagen de Nuestra Señora que había ido a visitar; y la tercera, en el camino de regreso.

Se pueden ofrecer a Santa María pequeños sacrificios por las necesidades personales y de toda la Iglesia: hacer a pie al menos la última parte del trayecto; aceptar con alegría las incomodidades del camino o las inclemencias del tiempo; privarse del pequeño refrigerio que sería normal en un paseo, etc.

La romería de mayo tiene un marcado espíritu apostólico. San Josemaría animaba a hacerla en compañía de amigos o parientes y a aprovechar para sugerirles algún paso adelante en su vida cristiana. "Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva". (Es Cristo que pasa, 149)

"Una manifestación particular de la maternidad de María -decía Juan Pablo II en Fátima- la constituyen los sitios donde Ella se encuentra con los hombres, las casas donde habita; lugares donde se nota una particular presencia de la Madre. En todos estos lugares se cumple de modo admirable el singular testamento del Señor crucificado. Allí, el hombre es confiado a María, allí acude con presteza a encontrarse con Ella como con la propia Madre; le abre su corazón, le habla de todo; la recibe en su propia casa, es decir, le hace partícipe de todos sus problemas".


04 mayo 2021

Video del Papa, mayo 2021: Por unas finanzas justas

 

 

El Video del Papa, que recoge la intención de oración que el Santo Padre confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa, se centra en el mes de mayo de 2021 en el mundo de las finanzas: “Recemos para que los responsables del mundo financiero colaboren con los gobiernos, a fin de regular los mercados financieros para proteger a los ciudadanos en peligro”, pide Francisco.

“Mientras la economía real, la que crea trabajo, está en crisis, cuánta gente sin trabajo, los mercados financieros nunca han estado tan inflados como ahora. ¡Qué lejos está el mundo de las grandes finanzas de la vida de la mayoría de las personas!”, dice el Papa al principio de su mensaje, difundido hoy, 4 de mayo de 2021.

“Las finanzas, si no están reguladas, se convierten en pura especulación animada por algunas políticas monetarias.Esta situación es insostenible. Es peligrosa”, señala. “Para evitar que los pobres vuelvan a pagar consecuencias hay que regular estrictamente la especulación financiera. Especulación. Quiero subrayar el término”, insiste el Pontífice, al mismo tiempo que desea: “¡Que las finanzas sean instrumentos de servicio, instrumentos para servir a la gente y cuidar la casa común!”.

Además, para el Sucesor de Pedro, “todavía estamos a tiempo de poner en marcha un proceso de cambio global para practicar una economía diferente, más justa, inclusiva, sostenible, que no deje a nadie atrás”. “¡Hagámoslo! Y recemos para que los responsables del mundo financiero colaboren con los gobiernos, a fin de regular los mercados financieros para proteger a los ciudadanos en peligro”, concluye el Obispo de Roma.

Economía al servicio de la vida

De acuerdo a una nota de la Red Mundial de oración del Papa, a poco más de un año de que se iniciara la pandemia mundial del COVID-19, se vislumbran toda clase de consecuencias globales, de las que no se pueden excluir las económicas y financieras.

Así, como indicador, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial, sufrió en 2020 su caída más pronunciada desde el final de la Segunda Guerra Mundial: millones quedaron desempleados o sus puestos suspendidos, y los gobiernos inyectaron billones de dólares en sus economías para evitar daños mayores.

Ante este panorama, la recuperación durante el 2021 es muy incierta y se observa una desigualdad preocupante y, como destaca el Papa Francisco en su reciente carta al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, “muchos de nuestros hermanos y hermanas en la familia humana, especialmente los que están en los márgenes de la sociedad, están efectivamente excluidos del mundo financiero”.

Por eso, añade, “es hora de reconocer que los mercados -sobre todo los financieros- no se gobiernan a sí mismos. Los mercados deben estar respaldados por leyes y reglamentos que garanticen su funcionamiento para que garanticen que las finanzas -en lugar de ser meramente especulativas o de financiarse a sí mismas- funcionen para los objetivos sociales tan necesarios en el contexto de la actual emergencia sanitaria mundial”. De acuerdo a la citada nota, en Laudato Si’, el Santo Padre había adelantado que la política y la economía, en diálogo, debían estar al servicio de la vida, especialmente de la vida humana (LS, 189). Y en su mensaje de El Video del Papa, también exclama “¡Qué lejos está el mundo de las grandes finanzas de la vida de la mayoría de las personas!”.

El temor se encuentra, por tanto, en dejar que este mundo, disociado de la realidad humana y favorecido por la falta de regulaciones de muchos gobiernos y políticas monetarias, perjudique a los más vulnerables y haga que los más pobres paguen las consecuencias. Se tra de una situación insostenible y peligrosa y, tal y como advirtió Francisco en Fratelli tutti, denunciando “intereses de poder” que llevan a crear “una nueva cultura al servicio de los más poderosos” en la que “los pobres son los que siempre pierden” (FT, 52).

La libertad de mercado, la pura especulación, no pueden resolver este tipo de problemas ya que no contemplan las desigualdades del tejido social. De este modo, es responsabilidad de los gobiernos y sus modelos financieros “rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas” y que lleven “la dignidad humana al centro” para construir “las estructuras sociales alternativas que necesitamos” (FT, 168).

Tener “fijos los ojos en Jesús”

El padre Frédéric Fornos, director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, declara que “esta intención de oración hay que entenderla en el contexto de crisis que vivimos y que ha puesto en evidencia la gran desigualdad que hay en el mundo”.

Del mismo modo, remite a las palabras del Papa en Laudato Si’: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera, que tienden a ignorar todo contexto y efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”. El director también se refiere a las catequesis del Pontífice destinadas a salir de la pandemia y tituladas “Curar el mundo”, en las cuales subrayó que no basta encontrar la cura del virus para salir de la pandemia sino también del modelo económico que está en la base de un desarrollo injusto e insostenible.

“El Papa lo volvió a decir últimamente, no podemos contentarnos ‘con una vuelta a un modelo de vida económica y social desigual e insostenible, en el que una ínfima minoría de la población mundial posee la mitad de la riqueza’. ¿Por qué rezar por esta intención de oración del Papa? Porque, como dice el Papa, para preparar el futuro tenemos que tener ‘fijos los ojos en Jesús’ (Hb 12, 2), que salva y sana. Rezar, a la luz del Evangelio, nos ayuda a mirar el mundo como Él, a vivir según el estilo del Reino de Dios, para ‘que el pan llegue a todos, que la organización social se base en el contribuir, compartir y distribuir, con ternura, no en el poseer, excluir y acumular’”, apunta el sacerdote jesuita.


03 mayo 2021

Por qué creo en la Iglesia católica

Padre Jordi Rivero

Cada uno pone sus ojos en lo que le interesa... ¿Dónde pones tus ojos en los santos o en los escándalos?

Creo en la Iglesia por gracia de Dios

La fe es un regalo inmerecido que libremente recibimos.

Creo en la Iglesia porque creo en Jesucristo

Quien cree que Jesús es Dios debe creer también en todo lo que El ha hecho y dispuesto para nuestra salvación. La Iglesia nace de su costado traspasado de donde vertió agua y sangre. La Iglesia sigue viviendo del agua (Bautismo) y de la Sangre (Eucaristía) derramada en la Cruz.

Creo en la Iglesia por la Eucaristía

Dios hace muchísimos milagros para recordarnos las verdades de la fe. Muchos de estos son verificados por rigurosos estudios científicos: Lanciano, Lourdes, Guadalupe y muchos otros. El milagro más grande es la Eucaristía. El dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" Juan 6,54. Es El mismo Cristo en la Eucaristía quien se hace realmente presente cada día en más de 500.000 iglesias católicas en todos los continentes.

Algunos dicen: "Jesús está en todas partes. Para que ir a la Iglesia". Hay que enseñarles: Sí, Jesús está en todas partes, pero sólo en la Eucaristía está presente en forma substancial para que lo comamos y tengamos vida nueva. Para sanarnos, liberarnos del mal, unirnos en la Iglesia y darnos fuerza para vivir la santidad. Sólo en la Iglesia se encuentra a Cristo Eucaristía.

Cristo ha venido para reunirnos, como un pastor recoge a sus ovejas. Quiere así que seamos su Cuerpo Místico para que en EL seamos todos hijos del Padre. Quiso hacernos familia suya. Por eso funda una sola Iglesia, con una sola fe, un solo bautismo.

Creo en la Iglesia porque es obra de Dios y no de hombres

No escojo a la Iglesia como podría escoger mi plato favorito. La Iglesia es institución divina y no capricho humano. Los hombres pueden fundar otras muchas iglesias y religiones para reunirse y hacer cosas buenas. A estas guardo respeto y a quienes buscan la verdad con sinceridad les tengo admiración. Pero no por eso olvido que Jesús, Dios y hombre verdadero, quiso reunirnos en UNA IGLESIA, la que El fundó.

Creo en la Iglesia "Católica" que significa "Universal"

La Iglesia católica no es sólo para un grupo o región. Es para todo pueblo, raza y nación. Está en todas partes, es la más grande y bien organizada del mundo. No porque sus miembros sean más inteligentes sino porque es obra de Dios.

¿Sabía usted que cada día hay en el mundo 50.000 nuevos católicos? Cada mes hay un millón y medio de católicos más que el mes anterior. Cada año hay 18 millones de católicos más que el año anterior. Durante el gobierno del Papa Pablo VI, la Iglesia Católica pasó de 600 millones a 750 millones. Durante el gobierno del Papa Juan Pablo II el número de católicos pasó de 750 millones a 1,086 millones en 2003. Esto a pesar de un esfuerzo intenso de parte del mundo para desprestigiarla y destruirla.

Creo en la Iglesia porque sólo ella enseña con autoridad divina toda la verdad.

Jesús confió a los Apóstoles la revelación divina contenida en su Palabra. Les prometió el Espíritu Santo y les comunicó la facultad de enseñar en Su nombre. «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.» -Lucas 10,16. Sólo la Iglesia Católica es gobernada por el Papa y los obispos, sucesores de los Apóstoles, herederos de esta promesa. Ellos poseen por lo tanto la autoridad del magisterio para enseñar toda la Palabra revelada y profundizar su contenido sin error, con la protección y guía del Espíritu Santo.

Mientras que en otras Iglesias hay diversidad de interpretaciones Bíblicas, sólo la Iglesia Católica ha enseñado la verdad plena con total consistencia en todas partes desde el principio. Sólo ella posee el Depósito de Fe que contiene todo lo que Jesús nos reveló: La Biblia y la Tradición Apostólica.

Creo en la Iglesia porque veo la obra de Dios en María nuestra madre

Los católicos hacemos lo que Jesús pidió al discípulo amado en la Cruz: Llevamos a María a nuestra casa. Cf. Jn 19,27.

Creo en la Iglesia por el testimonio de los Apóstoles y los Padres

Creo en la Iglesia por el testimonio de los santos, nuestros hermanos mayores

Ellos son Evangelios vivos, ejemplos de lo que Dios hace en los que viven plenamente en la Iglesia y son alimentados con Cristo vivo a través de ella.

Creo en la Iglesia porque no me dejo llevar por los escándalos sino por la Palabra de Dios.

Es cierto que hay escándalos en la Iglesia. Ya Jesús lo advirtió. Pero también hay cientos de miles de mártires que han derramado su sangre por Cristo en cada siglo incluso el nuestro. Millones y millones viven su fe inspirados por el Evangelio.

Sé bien que la Iglesia está formada de seres humanos pecadores. Pero Jesús quiso reunir en ella a los pecadores para hacerlos hijos de su Padre, Dios. No todos se convierten. Desde el principio algunos desde adentro le traicionan. Pero Jesús no revoca su alianza sellada con Su Sangre. Sigue siempre fiel a sus promesas. Jesús dijo: "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Mateo 16,18

Cada uno pone sus ojos en lo que le interesa: unos miran a los santos y ven Evangelios vivos dignos de ser imitados. Otros en cambio sólo miran los malos ejemplos para justificar el rechazo a la Iglesia.

¿Dónde pones tus ojos en los santos o en los escándalos? Jesús nos advierte: "el que no tiene pecado, que tire la primera piedra". Por mi parte prefiero mirar a los santos, nuestros hermanos mayores pues tengo mucho que aprender de ellos y aprecio sus ayudas. No desisto en la esperanza de llegar a ser uno de ellos por la misericordia de Dios que perdona y da la gracia.

En cada siglo los enemigos de la Iglesia anuncian su inminente desaparición. Sin embargo ella los entierra a todos. Han pasado 2000 años. Todo imperio se ha derrumbado pero la Iglesia sigue siendo la misma madre con más de mil millones de hijos e hijas, más de 405.450 sacerdotes y más de 3.000 obispos. El número de seminaristas está aumentando y también las ordenaciones sacerdotales. Todavía hay muchachas que optan por la vida religiosa y aun surgen nuevas comunidades religiosas.

Hoy la Iglesia es perseguida, despreciada y difamada por todas partes. Pero su autoridad moral sigue siendo un faro de luz inextinguible que puede ser odiado pero no ignorado. La sucesión de Pedro jamás se ha roto. El Papa sigue gobernando a la Iglesia y los católicos por todo el mundo siguen unidos en comunión con él. A pesar de su ancianidad, el Papa es capaz de reunir a cientos de miles de jóvenes para escucharle enseñar la Palabra de Dios. La Santa Sede mantiene relaciones con 178 países (2011).

Todo esto sólo puede ser obra de Dios. Por eso creo y por eso no puedo dejar de anunciar la verdad a mis hermanos.

Y usted: ¿Conoce la Iglesia católica o la caricatura que hacen de ella sus enemigos? ¿Está usted sobre la roca firme establecida por Cristo o en las arenas movedizas de interpretaciones humanas? Jesús te llama. No lo hagas esperar.


P. Jordi Rivero, en es.catholic.net

02 mayo 2021

REGINA CAELI

El Papa en la Plaza de San Pedro

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de este quinto domingo de Pascua (Jn 15,1-8), el Señor se presenta como la vid verdadera y habla de nosotros como los sarmientos que no pueden vivir sin permanecer unidos a Él. Y dice así: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos» (v. 5). No hay vid sin sarmientos, y viceversa. Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, que es la fuente de su existencia.

Jesús insiste en el verbo “permanecer”. Lo repite siete veces en el pasaje del Evangelio de hoy. Antes de dejar este mundo e ir al Padre, Jesús quiere asegurar a sus discípulos que pueden seguir unidos a él. Dice: «Permanezcan en mí y yo en ustedes» (v. 4). Este permanecer no es una permanencia pasiva, un “adormecerse” en el Señor, dejándose mecer por la vida. No, no. No es esto. El “permanecer en Él”, el permanecer en Jesús que nos propone es una permanencia activa, y también recíproco. ¿Por qué? Porque sin la vid los sarmientos no pueden hacer nada, necesitan la savia para crecer y dar fruto; pero también la vid necesita los sarmientos, porque los frutos no brotan del tronco del árbol. Es una necesidad recíproca, es una permanencia recíproca para dar fruto. Nosotros permanecemos en Jesús y Jesús permanece en nosotros.

En primer lugar, lo necesitamos a Él. El Señor quiere decirnos que antes de la observancia de sus mandamientos, antes de las bienaventuranzas, antes de las obras de misericordia, es necesario estar unidos a Él, permanecer en Él. No podemos ser buenos cristianos si no permanecemos en Jesús. Y, en cambio, con Él lo podemos todo (cf. Flp 4,13). Con él lo podemos todo.

Pero también Jesús, como la vid con los sarmientos, nos necesita. Tal vez nos parezca audaz decir esto, por lo que debemos preguntarnos: ¿en qué sentido Jesús necesita de nosotros? Él necesita de nuestro testimonio. El fruto que, como sarmientos, debemos dar es el testimonio de nuestra vida cristiana. Después de que Jesús subió al Padre, es tarea de los discípulos, es tarea nuestra, seguir anunciando el Evangelio con la palabra y con obras. Y los discípulos —nosotros, discípulos de Jesús— lo hacen dando testimonio de su amor: el fruto que hay que dar es el amor. Unidos a Cristo, recibimos los dones del Espíritu Santo, y así podemos hacer el bien al prójimo, hacer el bien a la sociedad, a la Iglesia. Por sus frutos se reconoce el árbol. Una vida verdaderamente cristiana da testimonio de Cristo.

¿Y cómo podemos lograrlo? Jesús nos dice: «Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá» (v. 7). También esto es audaz: la seguridad de que aquello que nosotros pidamos se nos concederá. La fecundidad de nuestra vida depende de la oración. Podemos pedir que pensemos como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Y así, amar a nuestros hermanos y hermanas, empezando por los más pobres y sufrientes, como Él lo hizo, y amarlos con Su corazón y dar en el mundo frutos de bondad, frutos de caridad, frutos de paz.  

Encomendémonos a la intercesión de la Virgen María. Ella permaneció siempre unida a Jesús y dio mucho fruto. Que Ella nos ayude a permanecer en Cristo, en su amor, en su palabra, para dar testimonio del Señor resucitado en el mundo.

 


Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado viernes, en Caracas, Venezuela, fue beatificado José Gregorio Hernández Cisneros, fiel laico. Era un médico lleno de ciencia y de fe: supo reconocer en los enfermos el rostro de Cristo y, como el Buen Samaritano, los ayudaba con caridad evangélica. Que su ejemplo nos ayude a cuidar a los que sufren en cuerpo y espíritu. Un aplauso para el nuevo beato…

Envío mis mejores deseos a nuestros hermanos y hermanas de las Iglesias ortodoxas y de las Iglesias católicas orientales y latinas que hoy, según el calendario juliano, celebran la solemnidad de la Pascua. Que el Señor Resucitado los llene de luz y de paz y conforte a las comunidades que viven situaciones particularmente difíciles. ¡Feliz Pascua para ellos!

Hemos entrado en el mes de mayo en el que la piedad popular expresa de muchas maneras la devoción a la Virgen María. Este año estará marcado por un maratón de oración en importantes santuarios marianos para implorar el fin de la pandemia. Ayer por la tarde fue la primera etapa en la Basílica de San Pedro. En este contexto hay una iniciativa que me importa mucho: la de la Iglesia birmana, que nos invita a rezar por la paz reservando un Ave María del rosario diario por Myanmar. Cada uno de nosotros se dirige a la mamá cuando está en necesidad o en dificultad; nosotros, en este mes, pedimos a nuestra Madre del Cielo que hable al corazón de todos los dirigentes de Myanmar para que encuentren el valor de recorrer el camino del encuentro, la reconciliación y la paz.

Con tristeza expreso mi cercanía al pueblo de Israel por el accidente que tuvo lugar el pasado viernes en el monte Merón, causando la muerte de 45 personas y numerosos heridos. Les aseguro mi recuerdo en la oración por las víctimas de esta tragedia y por sus familias.

Mis pensamientos se dirigen también hoy a la Asociación Meter, a la que animo a continuar con su compromiso con los niños víctimas de la violencia y la explotación.

Y, por último, saludo cordialmente a todos los aquí presentes, queridos romanos y peregrinos de varios países. Saludo en particular a los miembros del Movimiento Político por la Unidad fundado por Chiara Lubich hace 25 años: mis mejores deseos y buen trabajo al servicio de la buena política.

Y les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Disfruten de su almuerzo y hasta pronto.

¡Olé la madre que me parió!

Juan Luis Selma

La maternidad está llena de emociones, de la madre y del hijo, que enriquecen a la persona

Este primer domingo de mayo, el mes de las flores, es el día de la madre y por extensión de las mujeres. Oí hace poco a un médico comentar que la naturaleza prepara a las mujeres una vez al mes a ser madres. El útero se dispone mediante una serie de cambios fisiológicos al posible embarazo. Esta revolución hormonal afecta profundamente a la mujer. Lo decía a un grupo de varones para ayudar a que entendiéramos mejor la psicología femenina.

La maternidad está llena de emociones, de la madre y del hijo, que enriquecen a la persona. Tengo un amigo médico que afirma que el origen de muchas patologías se da durante el embarazo. La sinergia entre madre e hijo es muy grande y, desde el seno materno, aprendemos a ser queridos, acogidos. El bebé aprecia el clímax sereno, receptivo en el que va viviendo sus emociones.

También contaba un padre primerizo su admiración ante la total dedicación de su mujer a su bebe: día y la noche pendiente del niño. Sin una queja. Con alegría. Disfrutando. ¡Qué precioso invento son las madres! Quizás el amor a las madres es lo que más nos iguala, en lo que coincidimos todos. Ser persona es ser hijo, tener madre y padre, una vida recibida, donada por amor. Estamos hechos para amar. Y la tarea más importante de nuestra vida es capacitarnos para ello. Un modo muy concreto puede ser mostrar agradecimiento a nuestra madre, al Creador, por querer traernos a la vida en el seno materno; y a las mujeres, por su generosidad.

Me conmueve ver todas las mañanas a muchas madres llevando sus hijos a la guardería a la vez que van a su trabajo. Lo primero que hacen al terminarlo es recogerlos de nuevo, cansadas pero alegres y abnegadas. Nos acompañan a lo largo de toda la vida y su pérdida es la ruptura que más nos duele y afecta. Por eso debemos cuidarlas mientras podamos y acompañarlas en su vejez con nuestra cercanía y cariño. El mejor regalo del “Día de la madre” no se vende en los grandes almacenes o en las floristerías, es nuestro tiempo agradecido, la correspondencia a su amor.

Pienso que no hay incompatibilidad alguna entre feminidad y maternidad, que en ningún caso esta mengua a la primera. Hay voces contrarias, voces numerosas y gritonas. Pero desde la serenidad, desde el sentido común y desde lo más profundo del corazón todos sabemos que no es así. El mundo necesita del genio femenino, de su talante, de su riqueza. Es verdad que está muy masculinizado, pero no lo hagamos aún más con la pérdida de la femineidad: la competitividad, el rendimiento y la eficacia, la dureza deben dejar paso a la aceptación, a la ternura y sensibilidad, a la paciencia: nadie como las madres son capaces de esperar tan bien.

La mujer valora mucho más la belleza, la armonía, el detalle. Dejemos que hermoseen y embellezcan los hogares, los espacios, las ciudades. No podemos ser tan prácticos e impacientes que robemos la belleza a la vida. La armonía, esa capacidad de conjuntar las notas, los múltiples matices de la vida complican un poco las cosas, pero las hacen más hermosas. Parémonos a escuchar, intentemos comprender.

En una ocasión piropearon a la Madre de Jesús: “¡Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!” dijo una mujer. Llama la atención la respuesta del Señor: “Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Nos dice que la mayor grandeza de la Virgen está en escuchar a Dios y en acomodar la vida a sus enseñanzas. Mayo es el mes de María. Recuerdo con qué ilusión llevaba flores a María de pequeño en este precioso mes. Otro modo espléndido de honrar a las madres es hacerlo a través de nuestra Madre del Cielo: llevarle flores, rezarle el rosario, visitar sus ermitas y santuarios.

El Papa ha convocado una “maratón de oraciones” durante todo el mes de mayo, que involucrará especialmente a los santuarios de todo el mundo, para pedir por el fin de la pandemia de coronavirus. Secundemos esta preciosa iniciativa y acudamos a la que es Salud de los enfermos para que pase pronto esta dura prueba. Ella, con su solicitud materna, no dejará de escucharnos. Y aprendamos de Jesús a honrar a nuestras madres como Él lo hizo. Es conmovedor escuchar sus últimas palabras desde la Cruz en las que nos la ofrece como madre, en las que nos pide que la acojamos y la pronta repuesta de Juan que la recibe en su casa. En esta castiza tierra se nos permite exclamar: ¡Olé la madre que me parió!


Juan Luis Selma, en eldiadecordoba.es

01 mayo 2021

Frutos de santidad

Padre Jorge Miró

V Domingo de Pascua

El que es de Cristo es una criatura nueva y va dando frutos de santidad. Pero para poder dar esos frutos, la clave está en permanecer unidos a Cristo, porque sin mí no podéis hacer nada. La Palabra nos ha dado algunas pistas de lo que significa ese permanecer.

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante. Estamos llamados a vivir una relación personal, una relación de amor: vivir en comunión con el Señor, tener sus mismos sentimientos y actitudes. Preguntarle cada día: Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Cómo quieres que viva hoy? Ser cristiano no es un moralismo, un cumplimiento de normas, sino un seguimiento del Señor, un dejarte llevar por donde Él quiera llevarte.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado. El discípulo vive de escuchar al Maestro, de dejarse “podar” por la Palabra, que tiene vida eterna. De dejar que esta Palabra te vaya re-creando, dándote la mente de Cristo. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. El amor se manifiesta en la fidelidad, fidelidad a la Palabra, fidelidad a la vocación que Dios te ha dado, fidelidad a la misión. Este es el espíritu del enamorado, del hijo. 

La Iglesia se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba, con el consuelo del Espíritu Santo. Permanecer en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. No has sido creado para la soledad, sino para la relación, la comunión y la donación. Darás fruto si vives en comunión con la Iglesia, con los hermanos que el Señor te ha dado. Darás fruto viviendo la fe en la Iglesia, recibiendo de ella los sacramentos, especialmente la Eucaristía y alabando al Señor con los hermanos y sirviéndoles con generosidad.

Y todo ello animado por el Espíritu Santo. No en tus fuerzas, sino en la fuerza del Espíritu. Sin mí no podéis hacer nada. Dejándote llenar por sus dones, acogiendo los carismas y buscando en todo la gloria de Dios y no la tuya. Buscando en todo hacer la voluntad de Dios y no la tuya.

Jesucristo es la piedra angular sobre la que el Espíritu Santo quiere construir el edificio de tu vida. ¡Ánimo! ¡Ábrete al don del Espíritu Santo! ¡Déjate renovar y construir por Él! Entonces vivirás lo que cantamos en el Salmo: los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan… Me hará vivir para él… contarán… todo lo que hizo el Señor.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Eucaristía!

Fuente: Exaudi.org

El trabajo del futuro: dignidad y encuentro

 Mons. Fernando Ocáriz

 El 1 de mayo celebramos el día mundial del trabajo. La actividad humana de trabajar involucra a la persona en todas sus dimensiones: inteligencia, voluntad, afectos, aspiraciones. “Es la primera vocación del hombre: trabajar. Y esto le da dignidad” (Papa Francisco, 1-V-2020). Hoy, en coincidencia con el día mundial del trabajo, muchos recordamos a san José obrero.


La pandemia sigue azotando el trabajo de millones de hombres y mujeres: empleos perdidos y aumento de la precariedad. Estas dos heridas, desocupación y precariedad, nos interrogan sobre el trabajo del futuro.
En tantos lugares, la crisis sanitaria ha desplazado el trabajo presencial a las pantallas en el propio domicilio, con aspectos positivos y negativos. En el teletrabajo constatamos la gloria de la técnica y su límite. Si por un lado se ha avanzado en eficacia y se han resuelto obstáculos que parecían insalvables, al mismo tiempo comprobamos que la persona humana necesita de relaciones reales, no virtuales, para compartir lo que cada una alberga en su corazón.

El tiempo transcurrido desde el inicio de la pandemia nos confirma también que la crisis es transversal, que afecta a toda la humanidad, y que el trabajo debería estar en el núcleo de un futuro mejor. Conservar y crear puestos de trabajo, con la creatividad de quien busca el bien de los demás, es quizá hoy en día uno de los imperativos de la caridad.

Ante tantas situaciones personales rotas, el trabajo nos ofrece la oportunidad de progresar en otra de sus dimensiones: la capacidad de acogida y apertura a los demás. En la confluencia entre ruptura y acogida resurge la nostalgia de trascendencia, de ir más allá de uno mismo, de cuidar y ser cuidados, de ayudar y ser ayudados, primeras consecuencias del reconocimiento de la vulnerabilidad. Un trabajo, en el que tengan cabida la dignidad y el encuentro, se convierte en diálogo con uno mismo y con los demás. Presenta una finalidad compartida, despierta corrientes de entendimiento, colabora en pronunciar el “nosotros”, ayudando a superar diferencias y a la promoción del mutuo conocimiento; enriquece por el intercambio de capacidades humanas y por la participación en procesos creativos.

El trabajo se manifiesta así en su verdadera extensión, como un “lugar” en que todos podemos aportar algo, y no solo en su aspecto económico. La común vocación de los hombres y mujeres al trabajo nos hace converger en la tarea de “recrear” el mundo y sus relaciones. Por eso, cuando el trabajo pierde su dignidad de diversas maneras, se distorsiona a la persona en su ser más íntimo.

En la búsqueda de soluciones nuevas, porque no parece haber vuelta atrás, el amor a los demás impulsa la creatividad para encontrar esos nuevos caminos junto con los demás ciudadanos. No hay un único camino, sino muchos, pero guiados por el servicio, elemento integrante del bien común.

En cualquier caso, la dignidad del trabajo está fundada en el amor: “El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio. Puede amar a las otras criaturas, decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo, que nos constituye miembros de su familia, que nos autoriza a hablarle también de tú a Tú, cara a cara. Por eso el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor" (san Josemaría Escrivá, 19-III-1963).


Fuente: diariovasco.com

La Virgen María y este mes de mayo

 Rafael Mosteyrín

Maratón de oraciones


El sacerdote español Rafael Mosteyrín ofrece a los lectores de Exaudi un nuevo artículo de reflexión sobre la Virgen María y el mes de mayo, por deseo del Papa Francisco, un mes dedicado a un maratón de oraciones para promover entre los fieles, las familias y las comunidades el rezo del Rosario para invocar el fin de la pandemia.

***

Hace muchos años escuché la historia de las pepitas de oro de la señora Antonia. Desde muy pequeña ella tuvo la costumbre de rezar siempre tres Avemarías a la Santísima Virgen, pues sabía que le gustaba mucho esa manifestación de cariño. Llegó el día de su fallecimiento, y se marchó al Cielo, precisamente el día del cumpleaños de la Santísima Virgen.

Había una gran celebración a nuestra Madre, que estaba junto a la Santísima Trinidad. San José le había regalado un vestido azul, precioso. San Pedro le regaló una corona de oro. Y así nuestra Madre era homenajeada por todos los santos y ángeles. Entre los distintos ángeles de la guarda, allí presentes, la señora Antonia pudo saber quién era el suyo, que en ese momento se acercaba a la Virgen María.

El regalo que le llevó fue un enorme cofre, lleno de pepitas de oro. La señora Antonia tuvo una alegría inmensa cuando se enteró de que, cada una de las pepitas de oro, eran propiamente regalos suyos. Eran todas las Avemarías que había rezado cada noche, y durante toda su vida. 

Rezarle el Avemaría a la Virgen es una demostración de cariño. Rezarle tres cada noche es una costumbre que no dura más de un minuto, pero que su constancia muestra cuánto queremos a nuestra Madre, y Ella es muy agradecida. Es una primera idea para regalarle este mes de mayo, y a lo largo de toda nuestra vida. 

Cada año celebramos que el mes de mayo es el de la Virgen María. No es sólo una celebración de un día-como el de su cumpleaños- sino que son 31 días seguidos. Además este año es especialmente redondo, pues se lo estamos dedicando a san José, motivo de gran alegría también para la Virgen. 

Tenemos el reto de querer más a la Virgen María, durante el próximo vez. Vamos a hacerle regalos muy grandes. La grandeza de nuestra generosidad viene recordada también por el Papa Francisco. Nos ha pedido un maratón de oración por el fin de la pandemia, durante este mes de mayo. Y claro, la oración preferida de la Virgen es el Santo Rosario.

En esta oración le rezamos cada vez, nada más y nada menos, que 50 Avemarías y un montón de piropos y felicitaciones a nuestra Madre, que resumen cuánto nos quiere y cómo nos protege. En recientes apariciones de la Virgen, como en Lourdes y en Fátima, nos ha pedido que recemos el Rosario, por nuestro bien y como modo de arreglar todos los problemas del mundo.

Es de una fuerza inmensa, el Rosario puede solucionarlo todo. En cada Avemaría le pedimos a la Virgen lo más importante para cada uno de nosotros. Y le felicitamos recordándole lo que queremos y que es la persona más cerca de Dios, y nada menos que su Madre. Ahora, con mayor motivo, le podemos rezar para felicitarle y para pedir el fin de la pandemia.   

Y, desde luego, el mayor regalo será que nos acerquemos a su Hijo. A través de la Confesión, por la que somos perdonados siempre, y en todo. Y, una vez limpios, recibiéndole en la Comunión. Mientras más veces mejor. Al menos una vez a la semana, cada domingo. Al fin y al cabo es una hora a la semana, el 0,59% de las 168 horas de cada semana. Creo que, sinceramente, ninguno podemos decir que no tengamos tiempo para rezar a la Virgen María, o para asistir a la Santa Misa cada domingo.