07 mayo 2022

El amor de Jesús es invencible

4.º Domingo de Pascua (ciclo C)

Evangelio (Jn 10,27-30)

En aquel tiempo dijo Jesús:

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen. Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

Comentario

El cuarto domingo de Pascua es conocido como el “domingo del Buen Pastor”. El evangelio de este día contiene en todos los ciclos litúrgicos alguna parte del pasaje de Juan 10,1-30, un conjunto de discursos de Jesús en torno a la imagen del pastor y las ovejas. En el pasaje de este domingo Jesús se refiere a la protección que Dios ejerce sobre los hombres que se acogen a Él.

La imagen del pastor y las ovejas tiene mucha raigambre bíblica. Personajes importantes de la historia de Israel fueron pastores. Así por ejemplo Abel (Gn 4,2), Moisés (Ex 3,1ss.) o David (1 S 16,11-13). El propio David y sus descendientes serían, como lo fue Josué (Nm 27, 17 s.), pastores de su pueblo. Sin embargo, es a Dios a quien se atribuye muchas veces la función del pastor que cuida de “sus ovejas” los hombres (cfr. Gn 49,15; Is 40,11; Ez 34,5; Sal 23,1; Si 18,13).

El hecho de que los discursos de Jesús sobre el buen pastor sean presentados durante la Pascua tiene por tanto un significado muy profundo que, como explicaba Benedicto XVI, “nos conduce inmediatamente al centro, al culmen de la revelación de Dios como pastor de su pueblo; este centro y culmen es Jesús, precisamente Jesús que muere en la cruz y resucita del sepulcro al tercer día, resucita con toda su humanidad, y de este modo nos involucra, a cada hombre, en su paso de la muerte a la vida”.

El evangelio según san Juan señala que Jesús pronunció las palabras de este domingo durante la fiesta judía de la Dedicación del Templo. Esta fiesta conmemoraba la purificación del lugar y la dedicación del altar de los sacrificios durante la época de los macabeos, quienes fortificaron las murallas para proteger el recinto sagrado de profanaciones similares a la que hizo Antíoco IV Epífanes (cfr. I Ma 4,52-61 y 2 Ma 10,1-9). Jesús se encontraba además en llamado pórtico de Salomón. Quizá este recinto amurallado y de recias columnas justifique la referencia que hace Jesús a la protección que ejerce sobre sus ovejas.

Como señalaba el Papa Francisco, las palabras de Jesús de este domingo “nos comunican un sentido de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra vida está totalmente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, reveladas de una vez y para siempre en el sacrificio de la cruz (…). Por esto no tenemos más miedo: nuestra vida ya se ha salvado de la perdición. Nada ni nadie podrá arrancarnos de las manos de Jesús, porque nada ni nadie puede vencer su amor. ¡El amor de Jesús es invencible!”.

Esta intimidad protectora de Jesús con sus ovejas nos llevará también a vivir con gran esperanza nuestra vida y nuestra lucha por agradar a Dios. San Josemaría lo explicaba así: “la virtud de la esperanza —seguridad de que Dios nos gobierna con su providente omnipotencia, que nos da los medios necesarios— nos habla de esa continua bondad del Señor con los hombres, contigo, conmigo, siempre dispuesto a oírnos, porque jamás se cansa de escuchar. Le interesan tus alegrías, tus éxitos, tu amor, y también tus apuros, tu dolor, tus fracasos. Por eso, no esperes en El sólo cuando tropieces con tu debilidad; dirígete a tu Padre del Cielo en las circunstancias favorables y en las adversas, acogiéndote a su misericordiosa protección. Y la certeza de nuestra nulidad personal —no se requiere una gran humildad para reconocer esta realidad: somos una auténtica multitud de ceros— se trocará en una fortaleza irresistible, porque a la izquierda de nuestro yo estará Cristo, y ¡qué cifra inconmensurable resulta!: el Señor es mi fortaleza y mi refugio, ¿a quién temeré?”.

Fuente: opusdei.org

06 mayo 2022

6 actitudes para una vida abundante

Nicolás de Cárdenas

«La actitud de asombro es esencial para no claudicar ante la oscuridad del mundo»

           En medio de la pandemia le di la vuelta al jamón. Literal. Mi hermana tuvo el detalle de regalarme uno por mis 40 primaveras. Hoy es algo así como alcanzar el ecuador de la vida. A partir de los 80 se vive con permiso del enterrador, dice mi padre con frecuencia.

En todo caso, es de interés considerar si uno ha aprovechado adecuadamente la primera mitad del pernil y si podría haber obtenido más provecho. También, con la mirada al frente y el paso corto, se puede aprovechar la experiencia acumulada para no desperdiciar la nueva etapa.

Me he tomado unos días para descansar y, ordenando ideas, he considerado seis actitudes para disfrutar de la vuelta del jamón. O dicho de otro modo, para construir una vida abundante y plena.

Honestidad

No es muy popular, pero hay que volver a los clásicos y recordar que la verdad existe y que es la que es lo diga Agamenón o su porquero. Luego está nuestra limitación y torpeza para acogerla en toda su amplitud y esplendor.

Pero la verdad nos hace libres. Y, contando con nuestra imperfección, entendemos que descubrirla es un proceso que incluye errores y vacilaciones. Por eso no puede faltar un ingrediente en este proceso: la honestidad.

«La actitud de asombro es esencial para no claudicar ante la oscuridad del mundo»

Esta cualidad nos permite no mentir, ni siquiera a nosotros mismos, en la medida en que explicamos la realidad tal como la conocemos y analizamos, sin ánimo de engañar. Y también nos permite ser comprensivos con quien no aborda la realidad como nosotros, siempre y cuando, sea, igualmente honesto.

Es esta actitud la que nos habilita, a la postre, para confrontar los puntos de vista y debatir. Si no, el diálogo se presenta estéril y ajado por las consignas.

Asombro

La vida es apasionante. Lo digo en el sentido literal que expresa la Real Academia en su diccionario: «Muy interesante, que capta mucho la atención». En cada instante y lugar hay algo emocionante y bello que sobrecoge, aún en las pruebas y el dolor. La actitud de asombro es esencial para no claudicar ante la oscuridad del mundo.

Pero para ello es necesario poner todos los sentidos a trabajar en la tarea de sorprenderse y disfrutar, como un niño, de cada detalle, cada mecanismo nuevo, cada caricia de color.

Puede uno deleitarse admirando la destreza del carnicero con los cuchillos o la perfecta sencillez de una flor; la capacidad de algunos para hacer reír a quienes les rodean o la habilidad de un tendero para colocar miles de objetos ordenados en su local.

El asombro está en la forma de mirar, oír, degustar, oler y tocar. Si uno quiere, es una tarea que nunca acaba que siempre satisface y es contagiosa.

Esperanza

Quien no espera nada de la vida, desespera, se angustia, pierde el ánimo y se deja llevar por la corriente. Quien no anhela un futuro mejor, por difíciles que sean las circunstancias, solo puede ir a peor.

A nadie se le oculta que las desgracias que suceden en el mundo no son pájaro de buen agüero. En efecto, no es difícil ser pesimista. Pero ¿quién dijo que fuera fácil? Por otro lado, cabe pensar que, sin esperanza, la raza humana, se habría extinguido mucho antes. Y sin embargo, perdura milenio tras milenio.

Sin esperanza, ¿para qué comer?; ¿qué sentido tiene formarse?; ¿no resulta absurdo el amor?; ¿quién adquirirá un compromiso?…

No podemos permitirnos ese lujo, más aún en una sociedad cada vez más individualista, cainita y descarnada. Esta falta de esperanza está en la raíz del desprecio por la vida humana en su inicio y final, el alto número de suicidios y otros muchos peligros que afligen a la humanidad.

La desesperanza es el fundido a negro que cierra una película en el primer fotograma.

Perdón

El perdón es el amor por encima del dolor, el rencor y el ego. No es mero olvido, sino bálsamo que cierra heridas. Es posible que el hecho que motiva el perdón tenga consecuencias y deje una cierta cicatriz a pesar del perdón, pero necesitamos una cierta ‘amnesia del alma’.

A través del perdón podemos alcanzar una una visión misericordiosa sobre los demás, que dificulte desenfundar el Colt de enjuiciamiento rápido que todos llevamos al cinto.

Al mismo tiempo, aplicando misericordia respecto de otros, aprendemos a perdonarnos a nosotros mismos, algo muy necesario en especial en momentos de baja autoestima o dificultad.

«En ocasiones el valor tomará cuerpo de gallardía y arrojo frente a un riesgo físico o moral. En otras, lo valiente será callar y escuchar»

Valor

El miedo es un compañero de cordada extraño, huraño, que se esconde y se presenta cuando menos lo esperas. Es como un enemigo al acecho, que puede asaltarnos tras la siguiente curva del camino. En general, conocemos cuáles son las situaciones que nos producen esa sensación de cierta angustia y paralización. Aunque no siempre.

Hemos de encontrar en nosotros o fuera de nosotros el valor que, aunque no elimina el miedo, las dudas o la incertidumbre, constituye el modo de superarlos.

En ocasiones el valor tomará cuerpo de gallardía y arrojo frente a un riesgo físico o moral. En otras, lo valiente será callar y escuchar, para saber encajar una crítica o un comentario doloroso, pero bienintencionado.

Es actitud, determinación y confianza. Y precioso cuando es consecuencia del olvido de uno mismo, cuando se enfrenta a algún miedo, no en beneficio propio, sino por el bien de un tercero.

«La gratitud es uno de los potenciadores del sabor tan específicamente humano que es la relación con los demás»

Gratitud

Ser desagradecido es una de las mayores pobrezas del hombre. Quien no es capaz de reconocer el favor o la virtud se empequeñece y arruga en el centro de su ser, de tal forma que no es capaz de crecer. Peor. Se pliega y repliega sobre sí mismo.

La autosuficiencia limita y achica todo el alcance del ser relacional que somos. Porque nada somos sin los demás. Antes de nacer, incluso. Y la gratitud es uno de los potenciadores del sabor tan específicamente humano que es la relación con los demás.

Resulta conveniente señalar que aquellas circunstancias de nuestra vida que damos por hechas -empezando por el mismo hecho de haber sido creados- son a menudo las que menos recordamos agradecer.

La gratitud, más allá de ser agradable para el prójimo, produce abundantes frutos en uno mismo: humildad, sencillez, felicidad, paz…

La gratitud no es obligatoria, pero por eso multiplica su valor cuando se ejerce. El refranero lo certifica: de bien nacido es ser agradecido.


Fuente: womanessentia.com

05 mayo 2022

Teología para Millenials: Retiro Espiritual

 Mario Arroyo


Para contemplar la vida en su conjunto, lo que ha sido hasta ahora, y contrastarla con lo que quisiéramos que fuera.

Entre las experiencias que por lo menos hay que tener una vez en la vida, se encuentra el curso de retiro espiritual. No cualquier tipo de retiro, no uno “de impacto”, sino uno “de silencio.” Cada vez más estamos necesitados del silencio en esta turbulenta sociedad. Cada vez es más necesario encontrar remansos de paz, en los cuales podamos reflexionar sobre nuestra vida.

¿Por qué un retiro espiritual de silencio? Porque la vida contemporánea no nos deja mucho espacio para reflexionar, para pensar y, sobre todo, para cultivar nuestro espíritu. Muchas veces estamos envueltos en la vorágine de la inmediatez. Las redes sociales acaparan nuestra atención, siendo muchas veces nosotros víctimas de su superficialidad. Tener un espacio para estar tranquilos, en un lugar retirado del mundanal ruido, meditando sobre las verdades eternas, esas realidades a las que preferimos darle la espalda en nuestra vida corriente, por ser esclavos de las prisas y los pendientes, es, a fin de cuentas, un verdadero lujo. Pero un lujo, aunque parezca contradictorio, necesario.

¿Necesario para qué? Para tener una visión equilibrada de la vida en general y de nuestra vida en particular. No nos vaya a suceder, como decía san Agustín: “corres bien, pero fuera del camino.” Hay que elegir el camino correcto, hay que evaluar las decisiones que hemos ido tomando en nuestras vidas y sopesar, fríamente, si han sido las correctas o no. Hay que proyectar un futuro, pensar hacia dónde vamos, para vivir auténticamente nuestra vida, no vaya a resultar que en realidad sea ella “la que nos viva a nosotros.”

Un retiro sirve para contemplar la vida en su conjunto, lo que ha sido hasta ahora, y contrastarla con lo que quisiéramos que fuera o, claramente más audaz, pensar en cuál habría sido el plan de Dios con nuestra vida. Dios “no nos ha hecho en serie, sino en serio.” No somos simplemente un espécimen más de la especie humana, sino que cada uno de nosotros ha sido pensado, querido y amado por Dios. Tenemos la posibilidad de empatar los sueños de Dios con nuestros propios sueños sobre nuestra vida. Ver si han sido compatibles hasta ahora y, si no lo han sido, descubrir los caminos a través de los cuales pueden encontrarse nuestros sueños con los de Dios.


Un retiro espiritual no es periodo de tiempo para realizar una simple introspección, lo que ya sería bastante, sino un espacio para confrontar el sentido global de nuestra vida, de cara a Dios y a la vida eterna. Las verdades eternas muchas veces sirven como telón de fondo que da el punto de contraste a nuestra propia existencia. Las realidades últimas, ineludibles desde la perspectiva de la fe, contribuyen así a cargar de contenido el retiro espiritual, diferenciándolo de otras experiencias análogas de tradiciones religiosas diferentes, como el budismo, donde se busca solo hacer el vacío interior.

Las realidades de la muerte, el juicio, el cielo, el infierno y el purgatorio sirven como puntos de contraste para evaluar nuestra vida. No nos invitan al desinterés por la vida presente, por concentrarnos en la venidera, sino a vivir intensamente el momento presente, precisamente porque aquí es donde nos ganamos la vida eterna. La meditación sobre la muerte le da gran realismo a nuestra vida y permite tamizar las decisiones que tomamos, de forma que descubramos su auténtico valor e importancia. Es una meditación realista pues, aunque no nos guste pensarlo, nuestro tiempo es un recurso limitado, y vale la pena dedicarlo a las cosas que realmente merecen la pena.

En la sociedad de los smartphones y las redes sociales, el gozar de un espacio libre de ellos puede ofrecer una bocanada de aire puro a nuestro espíritu, sencillamente porque recordamos que tenemos un alma, la cual tiene una vida que espera ser desarrollada a través de las incidencias de la vida corriente. El retiro también nos ofrece el espacio idóneo para confrontar nuestra vida con el modelo de vida de todo cristiano: Jesús de Nazaret. Es la oportunidad de mirarlo con calma para intentar interiorizar algunos de sus gestos, palabras y actitudes. Para dar valor a lo que Él valoraba y, en cambio, quitarle importancia a lo que Él no se la daba. Silencio, verdades últimas y vida de Cristo cierran el ciclo de lo que podemos denominar un retiro espiritual.

Fuente:  exaudi.org

04 mayo 2022

Eleazar, la coherencia de la fe, herencia del honor

El Papa en la Audiencia General


Catequesis sobre la vejez 8. 

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En el camino de estas catequesis sobre la vejez, hoy encontramos un personaje bíblico —un anciano— de nombre Eleazar, que vivió en los tiempos de la persecución de Antíoco Epífanes. Es una bonita figura. Su figura nos entrega un testimonio de la relación especial que existe entre la fidelidad de la vejez y el honor de la fe. ¡Es un valiente! Quisiera hablar precisamente del honor de la fe, no solo de la coherencia, del anuncio, de la resistencia de la fe. El honor de la fe se encuentra periódicamente bajo la presión, incluso violenta, de la cultura de los dominadores, que intenta envilecerla tratándola como un hallazgo arqueológico, o vieja superstición, terquedad anacrónica, etc.

La historia bíblica —hemos escuchado un pequeño pasaje, pero es bonito leerlo todo— narra el episodio de los judíos obligados por un decreto del rey a comer carnes sacrificadas a los ídolos. Cuando es el turno de Eleazar, que era un anciano de noventa años muy estimado por todos y con autoridad, los oficiales del rey le aconsejan que haga una simulación, es decir que finja comer la carne sin hacerlo realmente. Hipocresía religiosa, hay tanta hipocresía religiosa, hipocresía clerical. Estos le dicen: “Pero haz un poco el hipócrita, nadie se dará cuenta”. Así Eleazar se habría salvado, y —decían aquellos— en nombre de la amistad habría aceptado su gesto de compasión y de afecto. Después de todo —insistían— se trataba de un gesto mínimo, fingir comer pero no comer, un gesto insignificante.

Es poca cosa, pero la respuesta tranquila y firme de Eleazar se basa en un argumento que nos llama la atención. El punto central es este: deshonrar la fe en la vejez, para ganar unos cuantos días, no es comparable con la herencia que esta debe dejar a los jóvenes, a enteras generaciones futuras. ¡Qué bueno este Eleazar! Un anciano que ha vivido en la coherencia de la propia fe durante toda la vida, y ahora se adapta a fingir el repudio, condena a la nueva generación a pensar que toda la fe haya sido una ficción, una cubierta exterior que se puede abandonar pensando que se puede conservar en la propia intimidad. Y no es así, dice Eleazar. Tal comportamiento no honra la fe, ni siquiera frente a Dios. Y el efecto de esta banalización exterior será devastador para la interioridad de los jóvenes. ¡La coherencia de este hombre que piensa en los jóvenes, piensa en la herencia futura, piensa en su pueblo!

Es precisamente la vejez —y esto es bonito para los ancianos— la que aparece aquí como el lugar decisivo, el lugar insustituible de este testimonio. Un anciano que, a causa de su vulnerabilidad, aceptara considerar irrelevante la práctica de la fe, haría creer a los jóvenes que la fe no tiene ninguna relación real con la vida. Les parecería, desde su inicio, como un conjunto de comportamientos que, si es necesario, pueden ser simulados o disimulados, porque ninguno de ellos es tan importante para la vida.

La antigua gnosis heterodoxa, que fue una insidia muy poderosa y muy seductora para el cristianismo de los primeros siglos, teorizaba precisamente sobre esto, es una cosa vieja esta: que la fe es una espiritualidad, no una práctica; una fuerza de la mente, no una forma de vida. La fidelidad y el honor de la fe, según esta herejía, no tienen nada que ver con los comportamientos de la vida, las instituciones de la comunidad, los símbolos del cuerpo. La seducción de esta perspectiva es fuerte, porque interpreta, a su manera, una verdad indiscutible: que la fe nunca se puede reducir a un conjunto de normas alimenticias o de prácticas sociales. La fe es otra cosa. El problema es que la radicalización gnóstica de esta verdad anula el realismo de la fe cristiana, porque la fe cristiana es realista, la fe cristiana no es solamente decir el Credo, sino que es pensar el Credo, es sentir el Credo, es hacer el Credo. Trabajar con las manos. Sin embargo, esta propuesta gnóstica es un “fingir”, lo importante es que tú dentro tengas la espiritualidad y después puedes hacer lo que quieras. Y esto no es cristiano. Es la primera herejía de los gnósticos, que está muy de moda aquí, en este momento, en tantos centros de espiritualidad, etc. Y vacía el testimonio de esta gente, que muestra los signos concretos de Dios en la vida de la comunidad y resiste a las perversiones de la mente a través de los gestos del cuerpo.

La tentación gnóstica que es una de las —digamos la palabra— herejías, una de las desviaciones religiosas de este tiempo, la tentación gnóstica siempre permanece actual. En muchas tendencias de nuestra sociedad y de nuestra cultura, la práctica de la fe sufre una representación negativa, a veces en forma de ironía cultural, a veces con una marginación oculta. La práctica de la fe para estos gnósticos que ya estaban en la época de Jesús, es considerada como una exterioridad inútil e incluso nociva, como un residuo anticuado, como una superstición enmascarada. En resumen, una cosa para los viejos. La presión que esta crítica indiscriminada ejerce en las jóvenes generaciones es fuerte. Cierto, sabemos que la práctica de la fe puede convertirse en una exterioridad sin alma —este es el peligro contrario—, pero en sí misma no lo es en absoluto. Quizá nos corresponde precisamente a nosotros, a los ancianos, una misión muy importante: devolver a la fe su honor, hacerla coherente que es el testimonio de Eleazar, la coherencia hasta el final. La práctica de la fe no es el símbolo de nuestra debilidad, sino más bien el signo de su fuerza. Ya no somos niños. ¡No bromeamos cuando nos pusimos en el camino del Señor!

La fe merece respeto y honor hasta el final: nos ha cambiado la vida, nos ha purificado la mente, nos ha enseñado la adoración de Dios y el amor del prójimo. ¡Es una bendición para todos! Pero toda la fe, no una parte. No cambiaremos la fe por unos cuantos días tranquilos, sino que haremos como Eleazar, coherente hasta el final, hasta el martirio. Demostraremos, con mucha humildad y firmeza, precisamente en nuestra vejez, que creer no es algo “de viejos”, sino que es algo de vida. Creer en el Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas, y Él con gusto nos ayudará.

Queridos hermanos y hermanas ancianos, por no decir viejos —estamos en el mismo grupo— miremos, por favor, a los jóvenes. Ellos nos miran, no olvidemos esto. Me viene a la mente esa película de la postguerra tan bonita: “Los niños nos miran”. Nosotros podemos decir lo mismo con los jóvenes: los jóvenes nos miran y nuestra coherencia puede abriles un camino de vida bellísimo. Sin embargo, una eventual hipocresía hará mucho mal. Recemos los unos por los otros. ¡Qué Dios nos bendiga a todos nosotros ancianos!


 

Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Veo allí mexicanos, chilenos, argentinos, muchos peregrinos de lengua española, españoles y colombianos. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos fieles y valientes de Cristo, y sobre todo a ser coherentes cuando las dificultades ponen a prueba nuestra fe. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos nuestras catequesis sobre la vejez, y hoy nos acompaña la figura de Eleazar. Nos dice la Biblia que a este noble anciano se le propuso ganar unos días más de vida si traicionaba los preceptos de Dios, pero él rechazó esa posibilidad con firmeza y valentía. Eleazar decidió morir antes que renegar de la fe, dando así ejemplo de fidelidad y de coherencia a las futuras generaciones. Su testimonio nos deja una gran herencia: ser coherentes con la propia fe, es decir, obrar siempre de acuerdo a lo que creemos, hasta el final de nuestros días.

La tentación de separar la fe y la vida podemos encontrarla también hoy, de diferentes maneras, incluso con maneras que parecen mejores espiritualmente. Por ejemplo, vemos que la práctica de la fe muchas veces se presenta de forma negativa, se ridiculiza o se margina, o bien se considera una cosa de “viejos”, algo inútil e incluso nocivo para la propia existencia. Frente a esto, estamos llamados a testimoniar que la fe no es algo reservado a una etapa de la vida, sino una bendición para todos, un don que siempre merece ser respetado y honrado.

Fuente: vatican.va

Influencers: ¿comunicadores útiles o nuevos peones políticos?

Redacción de familyandmedia.eu


Influencers: ¿comunicadores útiles o nuevos peones políticos? Ayudemos a los jóvenes a decodificar sus mensajes

         Hoy en día, a menudo no son los hombres de traje y corbata los que crean la política y la cultura. ¿Alguna vez has oído hablar de los influencers? Son cantantes, actores, VIP: personajes que desde los escenarios o desde sus perfiles influyen en un público masivo , sensibilizan y mueven a la opinión pública en una clara dirección.

¿Sus principales armas? Las redes sociales.

¿Su público favorito? Los jóvenes, los hombres y mujeres del mañana, que son personas en formación.

Si, en general, para enviar un mensaje es más fácil ir a las tripas que pasar por la cabeza, también hay que decir que cuanto más joven, más emocional y apasionado eres, y fácilmente te dejas llevar por el entusiasmo.

En Occidente, los políticos han comprendido que para hacer propaganda hay que pasar por los artistas : utilizar caras, personajes concretos estimados y seguidos, que den testimonio de batallas culturales y/o ideológicas.

El arte: un vehículo para los mensajes culturales

Si quieres cambiar el mundo, tienes que entrar en el mundo del entretenimiento. Parece una novedad, pero, de hecho, civilizaciones precristianas como los antiguos griegos ya lo habían comprendido.

La ideología de género es una de las cuestiones que - para colarse en la vida real- está entrando con fuerza en el arte.

Las películas, las series de televisión, las novelas, son sin duda medios eficaces, puestos al servicio de esta causa. Pensemos en las series de televisión como Modern Family, por ejemplo.

Sin embargo, si los espectáculos tienen el enorme poder de crear marcos (contextos) (frames), ciertos mensajes son mejor acogidos si son encarnados y transmitidos por personas concretas , artistas amados por el público que abrazan la causa en su vida privada.

Hoy en día, casi todos los influencers están empeñados en destruir cualquier diferencia entre hombre y mujer, y en negar la idea de que el matrimonio y la generación se basan en la unión complementaria entre ambos.

Podría dar muchos ejemplos. Voy a mencionar algunos que he visto de cerca.

Las imágenes y posiciones del artista: una poderosa combinación

Hace unos meses conocí a una estudiante de bachillerato "enamorada" de un cantautor británico, Harry Styles, que debutó en el mundo de la música en 2010.

Desde el escenario difunde mensajes de amor hacia los pobres, se muestra sensible hacia los niños y se opone al acoso escolar.

También arremete contra lo que considera "estereotipos" sobre hombres y mujeres. Más que dar largos discursos, prefiere "mostrar" lo que piensa. Por ejemplo, cambiándose a sí mismo varias veces en sus propios videoclips . Primero se viste de hombre, luego de mujer, luego mitad y mitad, usa a la vez una camisa de hombre y zapatos de tacón.

¿Qué explicación da? Que debemos rebelarnos contra la "masculinidad tóxica", contra la violencia de los hombres "todo músculos y ni un gramo de cerebro". En una época marcada por el pensamiento débil y el relativismo, parece olvidarse de que entre una masculinidad tóxica y el rechazo absoluto de la masculinidad hay un mundo, por ejemplo, una virilidad sana.

En sus videos, vistos por millones de jóvenes, no se contempla en absoluto este punto de vista. Y el mensaje que se recibe es que hay que privar al hombre de su masculinidad y feminizarlo.

La libertad de expresión de un artista es casi ilimitada

Otra cosa que hay que tener en cuenta cuando se habla de influencers es que la "licencia poética" parece no tener límites. Es muy difícil que la opinión pública reaccione contra un artista por los mensajes que propone.

Las letras de las canciones no parece que merezcan "análisis" o juicios, porque, en nombre de la libertad de expresión, se puede cantar cualquier cosa ("al fin y al cabo solo es ficción").

Sucede a menudo, como ya se ha señalado en nuestro portal, que los cantantes con textos obscenos –y “políticamente correctos”– son defendidos en sus mensajes antisociales simplemente porque son artistas.

¿Resultado? Una profunda incoherencia, que genera confusión.

Un influencer no tiene que ser coherente, sino persuasivo

Un influencer italiano, Fedez, se ha manifestado a favor de una ley (decreto de ley Zan) que -según los promotores- debería servir para combatir la homofobia. Desde un escenario, en directo, y con el fin de denunciarlas, leyó frases homófobas pronunciadas por políticos de derechas, provocando la indignación de la opinión pública. La paradoja es que él mismo cuenta en su repertorio con canciones que contienen frases homófobas.

"¿No sabes qué es el análisis de texto?", "Las canciones tienen este lenguaje duro, pero no quería ofender a nadie", "el género trap es crudo, pero Fedez es una persona sensible hacia estos derechos". Estas son solo algunas de las cosas que me respondieron cuando subrayé la incoherencia del cantante a quienes me hablaban de su "valiente intervención" durante el concierto.

Ayudemos a los chicos a decodificar los mensajes que reciben

A los padres, educadores, profesores que me leen, me gustaría decirles: el arte es una especie de mundo paralelo para vuestros hijos, y los artistas se convierten en guías espirituales, modelos educativos, ídolos . Los mensajes más deletéreos hoy en día pasan a través de notas musicales o de las pantallas de un cine.

Si quieres a tus hijos, te invito a que dediques tiempo a razonar y reflexionar juntos sobre los textos que escuchan y las películas que ven . Esfuérzate para ayudarles a decodificar los mensajes. Ayúdales a entender que una cosa mala sigue siendo tal aunque se la ponga en una rima . Ayúdales a razonar con su inteligencia, y a entender el valor de la coherencia. Muéstrales el peligro de seguir a un personaje sin hacerse preguntas, y sin tener un pensamiento crítico propio.

Fuente: familyandmedia.eu/es/

03 mayo 2022

Una escuela culta

Daniel Capó

No recuerdo con mucho cariño mis años de bachillerato, que entonces se dividían en tres cursos de BUP y uno de COU. Ahora la nostalgia de la llamada generación EGB, que asiste asombrada al espectáculo pasmoso de las reformas educativas, habla con un respeto reverencial de aquella época de nuestra infancia y juventud, en la que la escuela parecía ser aún una cosa seria. Y lo era, hasta cierto punto. Aprendimos a leer y a escribir con suficiente corrección ortográfica, conocíamos el nombre de los ríos y de las montañas, las capitales de los países y la línea cronológica de la historia. La mitología no nos resultaba del todo ajena, ni los autores más señeros de la literatura universal. En primero de BUP, con 14 años recién cumplidos, leí en el primer trimestre El Aleph de Borges; en el segundo, Las inquietudes de Shanti Andia de Pío Baroja; y, en el tercero, El túnel de Ernesto Sábato, que me aburrió soberanamente. Antes, en la EGB, habíamos leído a Miguel Delibes y a Robert Graves, aunque ya entonces empezaba el horror de la literatura Barco de Vapor, que es literatura moralina y, por tanto, antiliteratura. Hablo de lo que leíamos en primero de BUP y, ya entonces, los profesores se quejaban de que no se incluyera el Quijote –no obstante, en tercero de BUP le dedicamos todo un trimestre–, ni el original del Lazarillo, ni las Coplas de Manrique, aunque sí lo hicimos parcialmente y me consta que en muchos otros colegios sí se le leían. Nosotros mirábamos más al siglo XX y, si en las clases de español veíamos a Cela, Borges, Baroja, Unamuno o Rulfo, en las de catalán estudiábamos a Mercè Rodoreda, Narcís Oller y Salvador Espriu. No siempre, es verdad; porque, si en EGB la moda incipiente era la colección de Barco de Vapor, en BUP empezaba a asomar la literatura sociológica, con sus temas políticamente correctos y su consiguiente previsibilidad.

Hablo con respeto, pero con distancia también, de aquella educación que me parece mejor que la actual, por más que fuera pobre y simple, mecánica en su metodología e incapaz de ofrecer verdadera cultura. Hablo con respeto porque he visto la evolución posterior, pero hablo también con distancia porque conozco sus frutos, que es el humus actual. Si ahora sufrimos un enorme fraude –seamos o no conscientes de ello–, es porque la escuela de nuestro tiempo fue otro fraude. Al menos, hasta cierto punto.

Hablo con respeto y distancia, aunque -lo he dicho ya- no le guardo ningún cariño. Desde la cultura se transmite cultura; sin embargo, en aquella escuela no se comunicaba nada que no fuera una técnica ya vaciada por dentro; una técnica muda, porque nada nos decía ni nada nos suscitaba. Aprendimos a pensar, a escribir y a leer verdaderamente –esto es, con sentido– a salto de mata, sin maestros ni guías. Sabíamos quiénes eran Alejandro Magno, Dante, Martín Lutero, Platón o Cervantes, pero realmente no lo sabíamos. No leímos a Shakespeare, pero tampoco a Lope ni a Calderón; y me da igual si lo hicimos puntualmente o no: realmente no los leímos. Sabíamos que en 1492 se descubrió América, que Cortés y Pizarro estuvieron ahí y que no debíamos avergonzarnos de la Historia; sin embargo, no entendíamos su relevancia ni penetrábamos en la conciencia de aquel siglo. Estudiábamos la Inquisición, pero con unas frases hechas que no nos invitaban a adentrarnos en la obra de Henry Kamen o en la de Benzion Netanyahu. Faltaban -aunque los habían, claro que sí- profesores excepcionales. Y faltaba amor a la cultura más elevada.

Porque los buenos profesores son excepcionales, es cierto, pero al mismo tiempo resultan imprescindibles. Ninguna escuela será mejor que sus profesores. Y el gran fallo de nuestro sistema es que no ha hecho del amor a la alta cultura –y de su transmisión– el eje vivo de su personalidad. Educar en lo más alto, en lo mejor y no sólo en la técnica o en la ideología -como tan a menudo se hace-, no sólo en la memoria o en la crítica vacía, no sólo en la belleza o en la moral. Educar en lo más alto exige grandes profesores, aunque también requiere una vocación determinada: la conciencia de tratar como adultos, con seriedad y exigencia, a los niños; la importancia de no infantilizarnos, no porque la infancia sea mala –que no lo es–, sino porque no es esa la vocación natural de la escuela. Educar en lo más alto tampoco significa dejar atrás a nadie; al contrario, significa –como indica la palabra francesa éléver–, elevar, mejorar, ayudar a subir. Y eso sólo se logrará si abandonamos las guerras educativas, la ceguera de los neopedagogos y el sectarismo de los políticos, para pedir más a quien puede dar más. Una escuela con conocimientos fuertes es una escuela crítica, una escuela culta. No hay mucho más.

Fuente: theobjective.com

02 mayo 2022

Un aplauso al trabajo del hogar

Juan Luis Selma

El agradecimiento, para que sea sincero, debe ir acompañado de admiración y colaboración

Acabo de estar en el Santuario de Fátima, en casa de la Virgen, y vuelvo lleno de paz y de alegría. Estar unas horas junto a María, en su casa, mirarla y escucharla, dejar todos los fardos y trapos sucios en su lavandería es una maravilla. Recordaba las palabras que allí pronunció el papa Francisco el día del centenario de las apariciones: “Tenemos una Madre”. Y qué bien se está junto a la Madre.

Aunque estuve atendiendo a dos grupos de peregrinos, hice el viaje con una familia y nos alojamos en un apartamento, en él hicimos vida familiar. Entre los muchos detalles simpáticos me quedo con este: todos cocinamos, fregamos, hicimos las compras, recogimos; en definitiva, procuramos servir a los demás. El resultado fue magnifico. El trabajo del hogar tiene la virtud de hacer la vida agradable a los otros. Cuando es empeño de todos es más llevadero y agradable. Si lo hacemos por amor a los nuestros nos realiza completamente.

Hoy, uno de mayo, celebramos muchas cosas importantes: el día de la madre, el del trabajo puesto bajo el patrocinio de san José obrero, comienza el mes de María, seguimos en Pascua. Y creo que lo que puede unir tantas efemérides es el trabajo. Especialmente el del hogar, ese que con tanto amor desempeñan las madres y en el que todos podemos colaborar, chicos y grandes, sanos y enfermos, varones y mujeres. El trabajo tiene una gran importancia en la antropología humana y en la vida espiritual, nos realiza como personas.

El cómo trabajamos nos retrata. Basta fijarse en el modo cómo trabaja una persona para saber mucho de ella: si es ordenada, trabajadora, si pone interés, si lo hace bien, cómo trata a sus compañeros, si cuida los detalles y la buena terminación, la capacidad de aguante, si es discreta… asomándonos al banco de trabajo de alguien nos hacemos cargo de su valía humana.

Por esto nos relata el Evangelio: “estaban juntos Simón Pedro y Tomás −el llamado Dídimo−, Natanael −que era de Caná de Galilea−, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar, le contestaron: Nosotros también vamos contigo”. Pasados los días de la Resurrección los apóstoles regresan a su trabajo y, en él, volverán a encontrarse con Jesús. Pero lo sombroso es que encuentran al Maestro en plena faena preparándoles el almuerzo: “Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: −Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora… Venid a comer”. El trabajo es connatural en el círculo de Jesús, un trabajo con sentido de servicio, especialmente a la familia.

En buena ley, el trabajo y la familia van unidos, y no tiene otro sentido que el de servir a la familia. Actualmente parece que se ha roto esta armonía y ahora familia y trabajo son irreconciliables. Además, por no sé qué razones se ha desprestigiado el trabajo del hogar. Parece que llevar adelante una casa, cuidar a los nuestros, servir a los que amamos desdice de la persona. Coinciden la crisis del trabajo y la de la familia y, aunque resulte extraño, la pérdida del sentido de la familia conduce a la del trabajo.

Mirando a María y a José, criaturas excepcionales, cantadas y admiradas por miles y miles de personas, podemos reencontrar el precioso sentido del trabajo del hogar, propio del genio femenino, pero todo un reto también para el varón. Distintos, pero complementarios, nos podemos ayudar a servir a los que queremos, a hacernos la vida agradable, mostrarnos el amor con obras, con detalles, con agradecimiento, valorando la mejor profesión que existe, la más prestigiosa, la de sacar adelante un hogar, la de cuidar el nido y sus habitantes.

Hay cosas que no tienen precio: el amor no se puede comprar. Nunca la sociedad podrá retribuir justamente el trabajo de la casa que tanto repercute en su buena marcha, pero lo que sí podemos hacer nosotros es agradecerlo y ponerlo en valor. Si el mundo no es consciente del sacrificio de las madres y mujeres que cuidan de él, lo haremos nosotros. ¡Gracias por vuestro amor, por vuestro sacrificio silencioso, por tantos mimos y cuidados! ¡Gracias, Dios mío, por el genio femenino! ¡ Gracias por ese gran invento divino que son la madres!

El agradecimiento, para que sea sincero, debe ir acompañado de admiración y colaboración. Todos podemos servir a los nuestros en las tareas del hogar. Recuerdo con admiración las muchas veces que mi padre se encerraba en la cocina, cansado a la vuelta del trabajo, y le ayudaba a mi madre fregando la vajilla. Los niños también pueden ayudar, y esto les hace más responsables, les mete en casa, aprenden el sentido del trabajo, que es servicio. Nada engrandece más que el trabajo considerado como un servicio.

Fuente: eldiadecordoba.es

01 mayo 2022

Jesús no reprocha, toca el corazón, siempre

 El Papa en el Regina Caeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la Liturgia de hoy (Jn 21,1-19) narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los apóstoles. Es un encuentro que tiene lugar a orillas del lago de Galilea e implica sobre todo a Simón Pedro. Todo comienza con él que les dice a los otros discípulos: «Voy a pescar» (v. 3). Algo normal, era un pescador, pero había abandonado este oficio desde que dejó las redes para seguir a Jesús, precisamente a orillas de este mismo lago. Y ahora, mientras el Resucitado se hace esperar, Pedro, tal vez algo desmoralizado, les propone a los otros volver a la vida de antes. Y estos aceptan: «También nosotros vamos contigo». Pero «aquella noche no pescaron nada» (v. 3).

También a nosotros nos puede pasar que, por cansancio, desilusión, quizás por pereza, nos olvidemos del Señor y descuidemos las grandes opciones que hemos tomado, para contentarnos con otra cosa. Por ejemplo, no dedicamos tiempo a hablar en familia, y preferimos los pasatiempos personales; nos olvidamos de la oración, dejándonos arrebatar por nuestras necesidades; descuidamos la caridad, con la excusa de las prisas diarias. Pero al hacer esto nos sentimos desilusionados: era precisamente la desilusión que sentía Pedro, con las redes vacías, como él. Es un camino que te hace retroceder y no te satisface.

¿Qué hace Jesús con Pedro? Vuelve de nuevo a la orilla del lago donde lo había elegido a él, y a Andrés, Santiago y Juan, a los cuatro los había elegido allí. No hace reproches —Jesús no reprocha, toca el corazón, siempre—, sino que llama a sus discípulos con ternura: «Muchachos» (v. 5). Luego los exhorta, come en el pasado, a echar de nuevo las redes con valentía. Y una vez más las redes se llenan hasta lo inverosímil. Hermanos y hermanas, cuando en la vida tenemos las redes vacías, no es el momento de autocompadecernos, de divertirnos, de volver a los viejos pasatiempos. Es el momento de ponerse en camino con Jesús, es el momento de hallar el valor de recomenzar, es el momento de navegar mar adentro con Jesús. Tres verbos: volver a empezar, recomenzar, zarpar de nuevo. Siempre, ante una desilusión, o ante una vida que ha perdido un poco su sentido —“hoy siento que he retrocedido...”—, ponte de nuevo en camino con Jesús, reinicia, navega mar adentro. ¡Está esperándote! Y Él piensa solo en ti, en mí, en cada uno de nosotros.

A Pedro le hacía falta ese “shock”. Cuando oye a Juan gritar: «¡Es el Señor!» (v. 7), se lanza inmediatamente al agua y nada hasta donde estaba Jesús. Es un gesto de amor, porque el amor va más allá de lo útil, lo conveniente y lo debido; el amor genera asombro, inspira impulsos creativos, gratuitos. Así, mientras Juan, el más joven, reconoce al Señor, es Pedro, más anciano, quien se lanza al agua para ir a su encuentro. En esa zambullida está todo el impulso recobrado de Simón Pedro.

Queridos hermanos y hermanas, hoy Cristo resucitado nos invita a un nuevo impulso, a todos, a cada uno de nosotros,  nos invita zambullirnos en el bien sin miedo de perder algo, sin hacer demasiados cálculos, sin esperar a que empiecen los otros. ¿Por qué? No esperar a los otros, porque para ir al encuentro de Jesús hay que comprometerse. Hay que tomar posición con valentía, recomenzar, y recomenzar comprometiéndose, arriesgar. Preguntémonos: ¿soy capaz de un arranque de generosidad, o contengo los impulsos del corazón y me cierro en la costumbre, en el miedo? Lanzarse, zambullirse. Esta es la palabra de hoy de Jesús.

Luego, al final de este episodio, Jesús le hace tres veces a Pedro la pregunta: «¿Me quieres?» (vv. 15.16). Hoy el Resucitado nos lo pregunta también a nosotros: ¿Me quieres? Porque en la Pascua quiere que resurja también nuestro corazón; porque la fe no es una cuestión de saber, sino de amor. ¿Me quieres?, te pregunta Jesús a ti, a mí, a nosotros, que tenemos las redes vacías y muchas veces tenemos miedo de recomenzar;  a ti, a mí, a todos nosotros, que no tenemos el valor de zambullirnos y quizás hemos perdido empuje. ¿Me quieres?, pregunta Jesús. Desde entonces, Pedro dejó de pescar para siempre y se dedicó al servicio de Dios y de los hermanos, hasta entregar su vida aquí, donde nos encontramos ahora. Y nosotros, ¿queremos amar a Jesús?

Que la Virgen, que con prontitud dijo “sí” al Señor, nos ayude a encontrar el impulso del bien.

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Después del Regina Caeli

¡Queridos hermanos y hermanas!

Ayer, en Milán, fueron beatificados don Mario Ciceri y Armida Barelli. El primero era un vicepárroco de campo; se dedicaba a rezar y confesar, visitaba a los enfermos y estaba con los muchachos del oratorio, como educador manso y guía seguro. Un luminoso ejemplo de pastor. Armida Barelli fue fundadora y animadora de la Juventud Femenina de Acción Católica. Viajó por toda Italia para llamar a las muchachas y a las jóvenes al compromiso eclesial y civil. Colaboró con el padre Gemelli para dar vida a un instituto secular femenino y a la Universidad Católica del Sagrado Corazón, que justo hoy celebra su jornada anual y que en su honor la ha titulado “Con corazón de mujer”. ¡Un aplauso para los nuevos beatos!

Hoy comienza el mes dedicado a la Madre de Dios. Quisiera invitar a todos los fieles y comunidades a rezar el Rosario por la paz todos los días de mayo. Mi pensamiento va inmediatamente a la ciudad ucraniana de Mariúpol, “ciudad de María”, bárbaramente bombardeada y destruida. Una vez más, y desde aquí, renuevo el llamamiento de que se establezcan corredores humanitarios seguros para las personas atrapadas en la acería de esa ciudad. Sufro y lloro pensando en los sufrimientos de la población ucraniana y en particular de los más débiles, los ancianos y los niños. Llegan Incluso terribles noticias de niños expulsados y deportados.

Y mientras asistimos a una macabra regresión de humanidad, me pregunto, junto a tanta gente angustiada, si verdaderamente se está buscando la paz; si existe la voluntad de evitar una continua escalada militar y verbal; si se está haciendo todo lo posible para que callen las armas. Por favor, no nos rindamos a la lógica de la violencia, a la perversa espiral de las armas. ¡Tomemos el camino del diálogo y de la paz! Oremos.

Hoy es la fiesta del trabajo. Que sea un estímulo para renovar el compromiso de que el trabajo sea digno en todas partes y para todos. Y que la voluntad de hacer crecer una economía pacífica venga del mundo del trabajo. Me gustaría recordar a los trabajadores que murieron en accidentes laborales: una tragedia muy extendida, quizás demasiado.

Pasado mañana, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, patrocinado por la Unesco. Rindo homenaje a los periodistas que pagan personalmente su servicio a este derecho. El año pasado en todo el mundo fueron asesinados 47 y más de 350 encarcelados. Un agradecimiento especial a los que, con valentía, nos informan sobre las plagas de la humanidad.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de muchos países. En particular, saludo a los fieles procedentes de España, Portugal y los Estados Unidos de América, así como a la parroquia maronita de Nazaret y a la de Santa Rita de Varsovia. Saludo al coro “Jubilate” de Conselve y a los alumnos de Mascalucia. Un pensamiento especial a la Asociación "Meter", que desde hace muchos años lucha contra la violencia y los abusos a menores, siempre poniéndose del lado de los más pequeños. Y un saludo también para los muchachos de la Inmaculada.

¡Feliz domingo a todos! Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.