16 julio 2023

El futuro de las universidades católicas

Giovanni Tridente


El cardenal José Tolentino de Mendonça ha apelado a "dialogar con lo nuevo, a trabajar sin descanso en cuestiones y problemas actuales, y a constituirse en grandes laboratorios del futuro"

El Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación exhorta a las universidades católicas a la “renovación” con “conciencia”, mirando al mañana con “esperanza”.

Las universidades católicas de hoy y de mañana están llamadas a “dialogar con lo nuevo, a trabajar sin descanso en cuestiones y problemas actuales, y a constituirse en grandes laboratorios del futuro”. Así se expresó esta mañana el cardenal José Tolentino de Mendonça, al abrir los trabajos del coloquio científico organizado por la Alianza Estratégica de Universidades Católicas de Investigación en la sede de la Universidad Católica de Milán.

El discurso del Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación pretendía ofrecer una visión general del tema más amplio elegido para el Coloquio, el de la tan debatida “Inteligencia Artificial” y cómo influirá en el desarrollo y las tareas de las Universidades Católicas del futuro.

“Se espera de las universidades católicas no sólo que custodien activamente la noble memoria de los tiempos pasados, sino también que sean sondas y cunas del mañana”, señaló Tolentino dirigiéndose a los presentes, entre los que se encontraban destacados representantes de ocho universidades confesionales de los cinco continentes: Además de la Universidad Católica de Milán, la Australian Catholic University, el Boston College, la Universitat Ramon Llull, la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro, la Sophia University y la Universidade Catolica Portuguesa.

Para el Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, en el contexto actual para los centros educativos de alto nivel es necesario aprender a conjugar “renovación” y concienciación”, términos sobre los que también se ha expresado en varias ocasiones el Papa Francisco.

“No hay duda”, reflexiona Tolentino, “de que el futuro requiere una visión interactiva, una maduración multifacética de la realidad y la audacia de asumir riesgos”.

Para evitar los riesgos inevitables, en cualquier caso, es necesario ‘fortalecer una antropología integral que inscriba a la persona humana en el corazón de los principales procesos de civilización’.

La gran inversión a realizar, en definitiva, “sólo puede ser la humana”, empezando por la educación, a partir de la cual cada persona “pueda desarrollar su potencial cognitivo, creativo, espiritual y ético, y contribuir así, de forma cualificada, al bien común”.

Otro aspecto subrayado por el Cardenal es el de tender a una “inteligencia creativa”, acompañada de un “discernimiento que no puede ser parcial, ni improvisado, sino sólidamente fundado en los propios valores”.

Por último, retomando de nuevo el Magisterio del Papa Francisco, es necesario mirar al futuro con “esperanza”: “cuando falta la esperanza, falta la vida. Quien vive en el mundo universitario no puede permitirse no tener esperanza. La esperanza es nuestra misión”.

Al Coloquio que se celebra en Milán asisten los rectores de las ocho universidades que participan en la Alianza SACRU.

Al término del evento, se elaborará un documento preliminar para la publicación de un documento de posición en el que se esbozará una visión compartida sobre el impacto de la inteligencia artificial y el papel de las universidades, especialmente las católicas. Las conclusiones se confiarán al presidente y al secretario general de Sacru.

Fuente: omnesmag.com

Parábola del sembrador

15.º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)


Evangelio (Mt 13,1-23)

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno a él una multitud tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas con parábolas:

—Salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga.

Los discípulos se acercaron a decirle:

—¿Por qué les hablas con parábolas?

Él les respondió:

—A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

Con el oído oiréis, pero no entenderéis;

con la vista miraréis, pero no veréis.

Porque se ha embotado el corazón de este pueblo,

han hecho duros sus oídos,

y han cerrado sus ojos;

no sea que vean con los ojos,

y oigan con los oídos,

y entiendan con el corazón y se conviertan,

y yo los sane.

Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron.

Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril. Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.

Comentario

La parábola del sembrador es la primera de las siete que componen el discurso de las parábolas sobre el Reino de Dios en el evangelio de Mateo, y describe los distintos tipos de tierra en los que cae la semilla echada a voleo por el sembrador. Se trata de una gran metáfora de la predicación de la palabra de Dios a lo largo de la Historia. La parábola explica por qué la misma semilla del evangelio produce efectos tan diferentes en las personas: porque cada uno la recibe según sus disposiciones.

Con los tipos de suelo que puede encontrarse la semilla al caer, Jesús resume los tipos de personas que existen. De esta manera, no solo transmite un conocimiento muy valioso sobre cómo somos, sino que también nos interpela para examinar qué podemos hacer para mejorar nuestra correspondencia. El papa Francisco lo explicaba diciendo que “nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno y entonces la Palabra da fruto —y mucho— pero puede ser también duro, impermeable. Ello ocurre cuando oímos la Palabra, pero nos es indiferente, precisamente como en una calle: no entra”.

Entre la tierra buena y la mala está también el terreno pedregoso, que coincide con “el corazón superficial, que acoge al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero no persevera, se cansa y no “despega” nunca —sigue diciendo el papa—. “Es un corazón sin profundidad, donde las piedras de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero. Pero quien acoge al Señor solo cuando le apetece, no da fruto”.

Por último, está lo que cae entre zarzas, que “son los vicios que se pelean con Dios, que asfixian su presencia: sobre todo los ídolos de la riqueza mundana, el vivir ávidamente, para sí mismos, por el tener y por el poder. Si cultivamos estas zarzas, asfixiamos el crecimiento de Dios en nosotros. Cada uno puede reconocer a sus pequeñas o grandes zarzas, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos radicados que no gustan a Dios e impiden tener el corazón limpio. Hay que arrancarlos, o la Palabra no dará fruto, la semilla no se desarrollará”.

Los discípulos preguntaron a Jesús por qué hablaba en parábolas. El Maestro les hace ver que predica “los misterios del Reino”. Para los hombres son difíciles de entender directamente. Por eso emplea un lenguaje figurado, con imágenes cercanas a los oyentes y que se refieren veladamente a los misterios.

En su explicación a los discípulos, Jesús dice: “al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará” (v. 12). La frase nos inquieta porque parece una injusticia. En cambio, Jesús explica de esta manera que quien no recibe con buena voluntad el evangelio y la gracia, se hace incapaz para entenderlo y para recibir más. En cambio, quien se dispone dócilmente a dejarse transformar por la palabra de Dios —que eso hacían los discípulos— no solo recibe la gracia de la conversión, sino que se hace apto para recibir más gracia aún.

También sorprende la cita de Isaías que emplea Jesús: “no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane” (v. 15). En realidad, el Señor recurre aquí a la ironía, precisamente para lamentarse de que sus oyentes están cumpliendo, con su libre correspondencia, la profecía de Isaías, a pesar del afán que tiene el Señor por salvarlos. En efecto, aunque muchos veían los milagros que Jesús hacía y tenían quizá más capacidad que los doce para comprender sus palabras, libremente hacían oídos sordos al mensaje y se sumían en una ceguera voluntaria.

Fuente: opusdei.org


13 julio 2023

¿Un Gólgota del siglo XXI?

Antonio García-Prieto Segura

“Hoy, cuando diga Misa, le pido por favor que junto con otras intenciones que tenga, ofrezca el Sacrificio Eucarístico por la paz de Ucrania… Que no se convierta en un Gólgota del siglo XXI”.

Tres referencias se concitan en el título de este artículo, inspirado por una de ellas. La guerra de Ucrania, primeramente; después, el comentario que a propósito de esta contienda me hizo un amigo abogado; y finalmente, una declaración del presidente francés Macron en su discurso al Parlamento Europeo, en Estrasburgo, el pasado 19 de enero.

Guerra de Ucrania: no habían pasado 24 horas de la invasión cuando recibí un whatsapp de Íñigo. Sin proponérselo, me había dado el título del artículo aunque he añadido el interrogante, que posiblemente sobra. Escribía así desde Bruselas: “Hoy, cuando diga Misa, le pido por favor que junto con otras intenciones que tenga, ofrezca el Sacrificio Eucarístico por la paz de Ucrania… Que no se convierta en un Gólgota del siglo XXI”. Oportuna referencia al Gólgota que, como lugar de la crucifixión y muerte del Señor, es recurso habitual para calificar situaciones de máximo dolor y sufrimiento.

¿Un nuevo Gólgota la invasión de Ucrania? Sí, pensarán muchos lectores, porque llevamos días y días, sin tregua, contemplando imágenes horrorosas que desgarran el corazón. En mi último artículo ya dejaba entrever este Gólgota, citando palabras de Pascal: "Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo". Juan Pablo II las hizo suyas el 12 de marzo de 1994, al referirse a los sufrimientos humanos en la guerra de los Balcanes. El Papa polaco tenía muy presentes innumerables penalidades humanas porque, aparte de haberlas sufrido en su propia carne durante la II Guerra Mundial, las revivió de nuevo en septiembre de 1993, al visitar Lituania. Allí, arrodillado en la Colina de las Cruces rezó y dejó como recuerdo una cruz con un Cristo de bronce.

La historia de esa Colina nació al irse depositando cruces en honor a los lituanos muertos durante la represión de las autoridades zaristas del Imperio Ruso, tras la insurrección de 1831. Al no poder recuperar los cuerpos, sus familiares colocaban una cruz en la cima de la Colina; terminó convirtiéndose en lugar de identidad religiosa, nacional y cultural. Se reafirmó entre 1963 y 1990, durante la época soviética, cuando hubo varios intentos fallidos para destruir aquella memoria viviente. Hoy, con la invasión de Ucrania, se repite la historia sufriente de la humanidad, y quién sabe si no surgirá otra Colina de las Cruces en ese territorio; pero vayamos ya a la tercera referencia que decía.

Un mes antes de la invasión del país eslavo, otro asalto distinto pero silencioso, no menos desgarrador y causante de división, se cernía y podía presagiarse no en las fronteras del Este de Europa, sino en su mismo corazón. En Estrasburgo, Emmanuel Macron, en el acto de inauguración de la Presidencia francesa de turno del Parlamento Europeo, declaró su intención de incluir en la Carta Europea de los Derechos Fundamentales, el mal llamado “derecho al aborto”. Aunque ya figure en las legislaciones de no pocos países de la UE, encoge el corazón una propuesta de semejante envergadura. Es clara incongruencia unir esos dos términos porque resultan contradictorios a la luz de la ciencia jurídica por lo que mira al “derecho”, y a la ciencia médica por lo que atañe al “aborto”.

En su raíz más genuina, el concepto “derecho” proviene del término latino directum y significa lo no torcido, lo conforme a la regla. Se inspira en postulados de justicia y constituye el orden normativo e institucional, regulador de la conducta humana en la sociedad. En síntesis: algo bueno para la vida en sociedad y enraizado en lo que es justo para las personas que la integran. La otra realidad, el “aborto”, en el contexto que estamos tratando, es la interrupción voluntaria de toda vida humana por muy incipiente que sea. No entro, por falta de espacio, en hechos y razones médico-científicas para concluir que esa nueva realidad biológica iniciada en la fecundación y por la que todos hemos pasado, es un ser humano en ciernes; y, en consecuencia, dotado de una dignidad incompatible con disponer de su vida por un falso derecho.

En menos de 48 horas tras el discurso de Macron, la “Federación Europea One uf us” - Iniciativa Ciudadana Europea con casi dos millones de firmas-, le enviaba una Carta calificando de “aberración” su propuesta de incluir el derecho al aborto en la Carta Europea de los Derechos Fundamentales. La misiva lleva como título: “La Unión Europea: la guerra, el aborto y la presidencia francesa”. Entre otras consideraciones dice así:

“Usted señala, y con gran razón, que la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE consagra ‘la abolición de la pena de muerte en toda la Unión Europea’. Pero a renglón seguido anima, por incoherencia o desconocimiento, a reconocer como un nuevo derecho fundamental la despreciable y repulsiva práctica del aborto, una acción de violencia mortal ejercida contra nuestros miembros más indefensos –los no nacidos– y contra la mujer.” La Carta contiene otras observaciones de peso y muy bien razonadas; animo a su lectura, que termina así: “No se preocupe y esté seguro, presidente Macron, de que desde NEOS seguiremos atentos para corregir (…) dislates que ataquen a la defensa de la vida y la dignidad de las personas. Porque No Todo Vale / Parce que tout n'est pas égal. À tres bientôt”.

Ucrania: nuevo Gólgota, sin interrogantes. Y ¿consecuencias de Estrasburgo…? Dios quiera que baste ya con el Gólgota de Jerusalén. Que Cristo, fuente de Vida, haga inoperantes tantas insidias contra la vida y dignidad humanas; y nos dé ánimos para afrontar “los Gólgotas” que prepotencias diversas puedan desencadenar. Que su Sacrifico redentor, renovado en la Eucaristía, nos alcance luces para actuar conforme a la razón, e indulgencia y fuerzas para rectificar nuestros desvaríos.

Fuente: religion.elconfidencialdigital.com/

Los jóvenes y la vida real

Ramiro Pellitero

Con los jóvenes de Hungría el Papa estuvo claro y entusiasta (cf. Discurso en el PappLászló Budapest Sportaréna, 29-IV-2023). No dejó de hablarles de sus raíces (condición de vida) y ante todo, de Cristo. Les dijo que las respuestas pre-confeccionadas no sirven. Que “Cristo es Dios en carne y hueso, es el Dios vivo que se hace cercano a nosotros; es el Amigo, el mejor de los amigos; es el Hermano, el mejor de los hermanos, y es muy bueno haciendo preguntas. En el Evangelio, de hecho, Él, que es el Maestro, hace preguntas antes de dar respuestas”. A los que desean cosas grandes les enseña que “uno no se hace grande pasando por encima de los demás, sino abajándose hacia los demás; no a costa de los demás, sino sirviendo a los demás (cf. Mc 10,35-45)”.

Jesús nos enseña a arriesgar, apuntar alto; pero también a entrenar. A hacer equipo sin encerrarse en un grupito de amigos y en un teléfono celular. Además ha querido decirles: “No tengan miedo de ir contracorriente, de encontrar cada día un tiempo de silencio para hacer un alto y rezar”. Aunque hoy todo parece empujarnos a ser eficientes como máquinas, no somos máquinas. Al mismo tiempo, es verdad que con frecuencia nos quedamos como sin gasolina, y por eso necesitamos recogernos en silencio.

“El silencio es el terreno en el cual se pueden cultivar relaciones provechosas, porque nos permite confiarle a Jesús lo que vivimos, llevarle rostros y nombres, depositar en Él nuestras angustias, pensar en nuestros amigos y hacer una oración por ellos”.

Además, “el silencio nos da la posibilidad de leer una página del Evangelio que le hable a nuestra vida; de adorar a Dios, encontrando así la paz en nuestro corazón.

Quizás “el silencio te permite escoger un libro que no estás obligado a leer, pero que te ayuda a leer el corazón humano; a observar la naturaleza para no estar sólo en contacto con las cosas hechas por el hombre y descubrir así la belleza que nos rodea”.

Pero, ojo: “El silencio no es para quedarse pegado al celular y a las redes sociales. No, por favor. La vida es real, no virtual; no sucede en una pantalla, ¡la vida sucede en el mundo! Por favor, no virtualizar la vida. Lo repito: no virtualizar la vida, que es concreta. ¿Entendido?”

Es esta una llamada de Francisco al realismo, realismo que necesita, como se ve, del silencio; porque “el silencio, es la puerta de la oración, y la oración es la puerta del amor”. En la oración, aconseja Francisco, “no tengan miedo de llevar a Jesús todo lo que pasa en vuestro mundo interior: los afectos, los miedos, los problemas, las expectativas, los recuerdos, las esperanzas, todo, también los pecados. Él entiende todo. La oración es diálogo de vida, la oración es vida”.

Amar y servir

Realismo y vida. El peligro hoy, advierte el Papa, es ser “personas falsas”, que confían demasiado en sus propias capacidades y a la vez “viven de las apariencias para quedar bien, alejan a Dios de su corazón porque solamente se ocupan de sí mismos”. En cambio el Señor, como se ve en los Evangelios, hace cosas grandes con nosotros si somos auténticos, si reconocemos nuestras limitaciones y vamos adelante luchando contra nuestros pecados y defectos.

Y para concretar Francisco anima los jóvenes a preguntarse: “¿Qué hago yo por los demás?, ¿qué hago yo por la sociedad, ¿qué hago yo por la Iglesia?, ¿qué hago yo por mis enemigos? ¿Vivo pensando en mi propio bien o me arriesgo por alguien, sin calcular mis propios intereses? (…) Preguntémonos por nuestra gratuidad, por nuestra capacidad de amar, amar según Jesús, es decir, amar y servir. Como el joven del Evangelio que se fía de Jesús. Y le da a lo poco que tenía para almorzar. Y entonces Jesús hace aquel milagro de la multiplicación de los alimentos (cf. Jn 6, 9).

Ramiro Pellitero: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com

11 julio 2023

Europa: ¿dónde está tu alma?

José Antonio García-Prieto Segura

Es esencial volver a encontrar el alma europea.

La fiesta de san Benito, Patrono de Europa, que los cristianos celebramos el 11 de julio, me ha sugerido las reflexiones que siguen. En la familia cristiana de la Iglesia nos acogemos al patrocinio de algunos de sus hijos e hijas, reconocidos santos, para pedir su intercesión ante determinadas necesidades, personales o comunitarias. Si juzgásemos la importancia y gravedad de esas necesidades por el número de Patronos intercesores, pensaríamos que Europa -tomando un símil médico- está en la UCI, pues nada menos que hasta seis Patronos suyos han declarado los Papas en los últimos años: además de san Benito, los eslavos Cirilo y Metodio; y tres santas: Brígida de Suecia, Catalina de Siena y la polaca-alemana Edith Stein que tomó precisamente el nombre de Benedicta, al hacerse carmelita.

          Si la actual situación de nuestro Continente, por lo que mira a la vida social y a muchas de sus instituciones, requiere un tratamiento análogo al de un paciente en la UCI, no sería retórico preguntarse, yendo a lo esencial: “Europa, “¿dónde está tu alma?”. Más todavía: el interrogante surge espontáneo, apenas leer unas palabras del Papa Francisco el pasado 28 de abril, al llegar a Hungría. Decía así:

“En este momento histórico, Europa es fundamental. Porque ella, gracias a su historia, representa la memoria de la humanidad y, por tanto, está llamada a desempeñar el rol que le corresponde: el de unir a los alejados, acoger a los pueblos en su seno y no dejar que nadie permanezca para siempre como enemigo. Por tanto, es esencial volver a encontrar el alma europea”. Da por sentado que toda la riqueza de Europa como “memoria de la humanidad”, vehículo de “unidad” entre pueblos diferentes, y constructora de paz, ha tenido “un alma” que ha inspirado e impulsado esa grandeza, como todo árbol frondoso debe su esplendor a unas raíces vivas y vigorosas.

Francisco ofrecía enseguida una pista orientadora para la búsqueda del alma perdida: el espíritu que animó a los llamados “padres de la Unión Europea” en su reconstrucción del Continente, después de la II Guerra Mundial. El “alma europea” estuvo en “el entusiasmo y el sueño de los padres fundadores, estadistas que supieron mirar más allá del propio tiempo, de las fronteras nacionales y las necesidades inmediatas, generando diplomacias capaces de recomponer la unidad, en vez de agrandar las divisiones.” (Discurso, 28-IV-2023). Me permito añadir que estos mimbres, esenciales para la reconstrucción, estaban vitalizados, a su vez, por una savia de valores humanos y radicalmente cristianos, presentes en el espíritu de aquellos “padres de la Unión”.

Lo anterior prueba, igualmente, que los verdaderos valores humanos son inseparables de la dimensión religiosa y trascendente de la persona, que solo en Dios tiene y encuentra su origen y sentido. Al apostar por la persona concreta y singular, y por el bien común de su vida en sociedad, aquellos estadistas de mirada alta hicieron posible que germinase en Europa la realidad de convivencia y progreso social que hoy parece perdida, con tantos y tan diversos desencuentros humanos, y el tristísimo y sangriento conflicto bélico en Ucrania, que se lleva cobradas miles de vidas y numerosas penalidades.

Con todo, el post-bélico renacimiento de Europa no fue algo original en su historia multisecular. En lo esencial-que es mirar por el bien integral de la persona-,contaba con antecedentes similares entre los que destaca la obra que san Benito puso en marcha, entre los siglos V y VI; su legado y fundaciones fueron determinantes en la construcción de Europa, al sobrevenir el derrumbe del Imperio Romano. En años críticos de confusión y oscuridad de valores, como en parte sucede hoy, la contribución benedictina fue decisiva para que no se perdiesen las aportaciones positivas que, como brasas entre cenizas, pervivían procedentes del mundo antiguo.

Concretamente, fueron brasas vivas conformadas -como es sabido- por unos valores humanos y religiosos representados por tres instancias: lo mejor de la cultura y sabiduría griega en su concepción del hombre y del sentido ético de su vida; la ordenación de la vida social procedente del derecho romano; y la dimensión máximamente trascendente de la persona, aportada por la fe y vida cristiana. La obra de san Benito contribuyó a que esas instancias no se perdiesen y dieran vida a la formación de lo que hoy llamamos Europa. Vino a hacer de puente entre un mundo que agonizaba y otro que iniciaba su nacimiento y andadura. Y en aquel “hacerse de Europa”, proseguido después a lo largo de siglos, el alma vivificadora de todo ha sido la pacífica unión entre lo humano y lo divino en múltiples ámbitos, la armonía entre razón y fe diríamos hoy, una vez más.

Se comprende que Francisco y sus inmediatos predecesores en la cátedra de Roma, hayan animado a no perder el “alma de Europa”, es decir, sus valores humanos, vivificados y potenciados por la fe cristiana. Por eso, recordaré unas palabras de Benedicto XVI y de Juan Pablo II que, junto con las de Francisco, señalan también los obstáculos para evitarlos y no perder el sendero, si sabemos tenerlas en cuenta.

Francisco denunciaba “el camino nefasto de las colonizaciones ideológicas, que eliminan las diferencias —como en el caso de la denominada cultura de la ideología de género—, o anteponen a la realidad de la vida conceptos reductivos de libertad —por ejemplo, presumiendo como conquista un insensato ‘derecho al aborto’, que es siempre una trágica derrota. Qué hermoso, en cambio, construir una Europa centrada en la persona y en los pueblos, donde haya políticas efectivas para la natalidad y la familia” (Budapest, 28-IV-23).

Benedicto XVI, en su libro “La verdadera Europa. Identidad y misión”, prologado por el papa Francisco, se dirige a Europa para que, “solo redescubriendo su propia alma”, pueda entonces reafirmar “su verdadero origen e identidad que la han hecho grande y modelo de belleza y humanidad”.

          San Juan Pablo II, en Compostela, junto a la tumba del apóstol Santiago -meta de innumerables peregrinos principalmente europeos, desde la Edad Media hasta hoy-, exclamaba apasionadamente: “Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. (..) Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”. (Discurso, 9-XI-1982)

        Para concluir, pienso ahora en lo que cada uno puede y debe hacer, en el entorno de su vida y relaciones sociales, para que el “alma de Europa” no se pierda ni oscurezca. Y como “los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos” (san Juan Pablo II, Discurso a los Obispos Europeos, 11-X-1985), referiré el testimonio de uno de ellos con el que he convivido. San Josemaría, para extender el mensaje que el Señor le confió, realizó bastantes viajes por países de Europa, desde los años 50. A su regreso a Roma, en algunas ocasiones solía comentar: “He llenado las carreteras de Europa de Avemarías y de canciones”. Y es eso: que las alegrías del corazón y de cuanto es genuinamente humano -una sonrisa, una canción-, siempre tienen una raíz y trasfondo espiritual de amor cristiano, que puede acompañar y enaltecer todo lo creado.

Fuente:  religion.elconfidencialdigital.com

10 julio 2023

Un merecido descanso

Juan Luis Selma

Nuestra finalidad no es la eficacia, la productividad. Lo que nos ennoblece no es el hacer, el ganar, sino amar.

Tengo un amigo un poco enfadado por las próximas elecciones. Acariciaba sus cercanas y merecidas vacaciones, unos días cerca del mar, fresquitos, relajados… hasta que el cartero le anuncia que tiene en suerte estar en una mesa electoral. No es fácil que nos dejen tranquilos.

Descansar es importante. Nos hemos acostumbrado al ajetreo constante, a una frenética actividad. Vemos cómo trabajan las máquinas incansables y, sin darnos cuenta, nos comparamos a ellas. No sabemos decir basta. Relajarnos. Todo es actividad, movimiento, ruido. Lo único que valoramos es la eficiencia, la productividad. Olvidamos que somos humanos, no locomotoras. Nuestra finalidad no es la eficacia, la productividad. Lo que nos ennoblece no es el hacer, el ganar, sino amar.

Para poder pensar, para tener la información suficiente y hacer una buena elección, para ser capaces de amar y dar amor, para ser humanos, necesitamos tiempo, sosiego, descanso. Hasta los materiales soportan una fatiga cuando están sujetos a una tensión constante. Los humanos más aún.

El cuerpo y el cerebro necesitan descanso. Si están siempre tensionados enferman; la falta de sueño y de descanso son causa de distracciones y equivocaciones. Vemos el mundo de un modo diferente cuando estamos descansados, distendidos y aireados. Igual que procuramos la salud y fortaleza corporal acudiendo al gimnasio, hay que intentar el bienestar personal logrando el sosiego del alma, del espíritu. Como detectamos síntomas de falta de salud: sobrepeso, arritmias, tensión arterial alta, colesterol… nos viene bien reconocer los síntomas del cansancio.

Cuando estamos agotados, perdemos objetividad, reaccionamos mal, deformamos la realidad. El carácter se agría, crece el pesimismo, perdemos capacidad de aguante. Se multiplican los motivos de inquietud. Nos invade la tristeza. Todo cuesta. No es verdad entonces que todo va mal, que estoy rodeado de pesados, que me equivoqué en mi elección sentimental, que mis hijos son un desastre. Lo que pasa es que estoy agotado. Tengo las neuronas un poco quemadas. Quien está mal soy yo, no el mundo.

El síntoma burnout es cada vez más frecuente. Dicen los expertos que los signos de este “estar quemado” son el sentimiento de vacío, la sobrecarga y el agotamiento. Pasa como con los viejos cables que, sobrecargados, chisporrotean, huelen mal y pueden provocar un incendio.

También el Señor nos invita a descansar:” Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera”. Para ser buenos cristianos, para ser muy divinos es necesario ser muy humanos. La gracia no suple la naturaleza, cuenta con ella, la presupone y la eleva. Jesús es el primero que necesita descansar; solía frecuentar el hogar de Lázaro y de sus hermanas en Betania: allí se retiraba a reposar.

Yo no diría que el descanso es una necesidad -el merecido descanso-; pienso que es una obligación, un deber que tenemos con nosotros mismos y con los demás. No podemos permitirnos el lujo de quemarnos. Dios y los nuestros nos necesitan operativos, en forma, en condiciones de poder servir. Es una temeridad olvidarlo, igual que lo es conducir con sueño o con una copa de más.

Debemos tener la humildad suficiente de reconocerlo. Olvidarnos de que somos “una máquina”, alguien fuera de serie, con aguante infinito. Dejarnos aconsejar por los que nos quieren y pueden detectar los signos de agotamiento con cierta objetividad. Dice el Génesis que “el séptimo día Dios terminó lo que había hecho, y descansó”. La Iglesia procuró el descanso dominical desde los comienzos, para estar con Dios, que es lo que más descansa, y para recuperar las fuerzas.

En ocasiones, lo que agota es la falta de sentido del trabajo, de la vida, incluso del mismo descanso. Dice Evangelii Gaudium: “El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado”.

Aunque estamos en tiempo de vacaciones, aunque las necesitemos, y podamos disfrutar de ellas, debemos aprender a descansar para no volver más agotados. Necesitamos descansar de verdad, que es hacerlo en el Señor: “Venid a mí y encontraréis descanso en vuestras almas”. Disfrutar de un paseo agradable, de la buena compañía, del silencio, de la frescura y sosiego de un sagrario nos puede ayudar mucho.

El cultivo de las aficiones, la buena lectura y el buen cine, las actividades familiares, como los juegos de mesa, las visitas culturales, etc. descansan más que la ansiedad por descansar, los grandes viajes… El buen descanso está abierto a la familia y a los amigos. No tiene sentido el descanso egoísta que aumenta la ansiedad.

Fuente: eldiadecordoba.es


09 julio 2023

Dios se revela liberando y sanando al hombre

 El Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, el Evangelio contiene una oración muy hermosa de Jesús, que se dirige al Padre diciendo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños» (Mt 11,25). ¿A qué cosas se refiere Jesús? ¿Y quiénes son estos pequeños a los que tales cosas han sido reveladas? Detengámonos en esto: en las cosas por las que Jesús alaba al Padre y en los pequeños que saben acogerlas.

Las cosas por las que Jesús alaba al Padre. Poco antes, el Señor ha recordado algunas de sus obras: «Los ciegos ven […] los leprosos son purificados […] y la Buena Noticia es anunciada a los pobres» (Mt 11,5); y ha revelado su significado diciendo que son los signos del obrar de Dios en el mundo. El mensaje, entonces, está claro: Dios se revela liberando y sanando al hombre -no olvidemos esto: Dios se revela liberando y sanando al hombre- y lo hace con un amor gratuito, un amor  que salva. Por esto Jesús alaba al Padre, porque su grandeza consiste en el amor y no actúa nunca fuera del amor. Pero esta grandeza en el amor no es comprendida por quien presume de ser grande y se fabrica un dios a su propia imagen: un dios potente, inflexible, vengativo. En otras palabras, estos presuntuosos no consiguen acoger a Dios como Padre; quien es orgulloso y está lleno de sí mismo,  preocupado solo por sus propios intereses -estos son los presuntuosos-, está convencido de que no necesita a nadie. Jesús nombra, a este respecto, a los habitantes de tres ciudades ricas de aquel tiempo: Corozaín,  Betsaida y Cafarnaúm, donde ha realizado numerosas curaciones, pero cuyos habitantes han permanecido indiferentes a su predicación. Para ellos, los milagros han sido tan solo eventos espectaculares, útiles para ser noticia y alimentar las charlas; una vez agotado este interés pasajero, los han dejado de lado, quizá para ocuparse de otra novedad del momento. No han sabido acoger las grandes cosas de Dios.

Los pequeños, en cambio, saben acogerlas, y Jesús alaba al Padre por ellos: “Te alabo” -dice- porque has revelado el Reino de los Cielos a los pequeños. Lo alaba por los simples, que tienen el corazón libre de la presunción y del amor propio. Los pequeños son aquellos que, como los niños, se sienten necesitados y no autosuficientes, están abiertos a Dios y dejan que sus obras los  asombren. ¡Ellos saben leer sus signos y maravillarse por los milagros de su amor! Yo os pregunto a cada uno de vosotros, y también a mí mismo: ¿nosotros sabemos maravillarnos de las cosas de Dios, o las tomamos como cosas pasajeras?

Hermanos y hermanas, nuestra vida, si lo pensamos bien, está llena de milagros: llena de gestos de amor, signos de la bondad de Dios. Sin embargo, ante ellos, también nuestro corazón puede acostumbrarse y permanecer indiferente, curioso pero incapaz de asombrarse, de dejarse “impresionar”. Un corazón cerrado, un corazón blindado, no tiene capacidad para sorprenderse. ‘Impresionar’ es un bonito verbo que hace pensar en la película de un fotógrafo. Esta es la actitud correcta ante las obras de Dios: fotografiar en la mente  sus obras para que se impriman en el corazón, a fin de revelarlas en la vida mediante muchos gestos de bien, de modo que la “fotografía” de Dios-amor se haga cada vez más luminosa en nosotros y a través de nosotros.

Y ahora preguntémonos, todos nosotros: en la marea de noticias que nos sumerge, ¿sé detenerme en las grandes cosas de Dios, las que Dios hace, como nos muestra Jesús hoy? ¿He perdido la capacidad de asombrarme? ¿Me dejo maravillar como un niño por el bien que cambia el mundo silenciosamente, o he perdido la capacidad de asombrarme? ¿Y bendigo al Padre cada día por sus obras? Que María, que exultó en el Señor, nos haga capaces de asombrarnos de su amor y de alabarlo con simplicidad.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

he sabido con dolor que de nuevo se ha derramado sangre en Tierra Santa. Espero que las autoridades israelíes y palestinas puedan retomar un diálogo directo con el fin de terminar con la violencia y abrir caminos de reconciliación y de paz.

Hoy se celebra el Domingo del mar, dedicado a cuantos trabajan en las naves, en los puertos y en el ambiente marítimo. Doy gracias a los marineros que custodian el mar frente a las diversas formas de contaminación -además de realizar su trabajo- y sacan del mar la suciedad que tiramos, el plástico… Una vez, los pescadores de San Benedetto del Tronto me hablaron de las toneladas de plástico que quitan del mar, como hemos visto hace poco en el programa “A su imagen”. Doy las gracias a los capellanes y a los voluntarios del apostolado del mar, y encomiendo a todos a la protección de María Stella maris. Quisiera también recordar con gratitud a cuantos operan con Mediterranea Saving Humans en el salvamento de migrantes en el mar: ¡muchas gracias, hermanos y hermanas!

Y ahora os saludo a vosotros, romanos y peregrinos, que a pesar del calor del mes de julio estáis aquí en la plaza. ¡Un aplauso a todos vosotros! Me alegro de saludar en especial a las scout y a los estudiantes universitarios de Leópolis, en Ucrania: os doy mi bendición y la extiendo a vuestros seres queridos y a vuestro pueblo, que sufre numerosas pruebas. Oremos por este pueblo que sufre tanto. Saludo a los polacos, y recuerdo la gran peregrinación que tiene lugar hoy en el Santuario de Jasna Góra en Częstochowa.

Saludo a los jóvenes del movimiento Regnum Christi, a los scouts de Modica, al coro parroquial de Santo Stefano Quisquina – Agrigento, a los jóvenes de la diócesis de Pistoia y a los fieles de Sacile.

Y ahora quisiera anunciar que el próximo 30 de septiembre celebraré un Consistorio para el nombramiento de nuevos Cardenales. Su procedencia expresa la universalidad de la Iglesia, que sigue anunciando el amor misericordioso de Dios a todos los hombres de la tierra. La inserción de los nuevos Cardenales en la diócesis de Roma manifiesta el vínculo indisoluble entre la sede de Pedro y las Iglesias particulares extendidas en el mundo.

Estos son los nombres de los nuevos Cardenales:

S.E. Mons. Robert Francis PREVOST, O.S.A., Prefecto del Dicasterio para los Obispos

S.E. Mons. Claudio GUGEROTTI, Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales

S.E. Mons. Víctor Manuel FERNÁNDEZ, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe

S.E. Mons. Emil Paul TSCHERRIG, Nuncio Apostólico

S.E. Mons. Christophe Louis Yves Georges PIERRE, Nuncio Apostólico

S.B. Pierbattista PIZZABALLA, Patriarca Latino di Jerusalén

S.E. Mons. Stephen BRISLIN, Arzobispo de Ciudad del Cabo (Kaapstad)

S.E. Mons. Ángel Sixto ROSSI, S.J., Arzobispo de Córdoba

S.E. Mons. Luis José RUEDA APARICIO, Arzobispo de Bogotá

S.E. Mons. Grzegorz RYŚ, Arzobispo de Łódź,

S.E. Mons. Stephen Ameyu Martin MULLA, Arzobispo de Juba

S.E. Mons. José COBO CANO, Arzobispo de Madrid

S.E. Mons. Protase RUGAMBWA, Arzobispo coadjutor de Tabora

S.E. Mons. Sebastian FRANCIS, Obispo de Penang

S.E. Mons. Stephen CHOW SAU-YAN, S.J., Obispo de Hong Kong

S.E. Mons. François-Xavier BUSTILLO, O.F.M. Conv., Obispo de Ajaccio

S.E. Mons. Américo Manuel ALVES AGUIAR, Obispo auxiliar de Lisboa

Rvdo. P. Ángel FERNÁNDEZ ARTIME, S.D.B., Rector mayor de los Salesianos

Junto a ellos, uniré a los miembros del Colegio Cardenalicio a dos arzobispos y a un religioso que se han distinguido por su servicio a la Iglesia:

S.E. Mons. Agostino MARCHETTO, Nuncio Apostólico

S.E. Mons. Diego Rafael PADRÓN SÁNCHEZ, Arzobispo emérito de Cumaná

P. Luis Pascual DRI, OFM Cap., confesor en el Santuario de Nuestra Señora de Pompeya de Buenos Aires.

Oremos por los nuevos Cardenales, para que, confirmando su adhesión a Cristo, Sumo Sacerdote misericordioso y fiel (cfr. Hb 2,17), me ayuden en mi ministerio de Obispo de Roma para el bien de todo el Santo Pueblo fiel de Dios.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista.

Fuente: vatican.va

08 julio 2023

Encontraréis descanso

14.º del Tiempo Ordinario (Ciclo A). 


Evangelio (Mt 11,25-30)

En aquella ocasión Jesús declaró:

— Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.

Comentario

Jesús hace una oración en voz alta, y el evangelista menciona cuáles fueron las palabras concretas con las que se dirigió a Dios: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños” (Mt 11,25-27). Lo llama Padre y se alegra de su predilección por los más pequeños, y de que a ellos les revela las cosas más profundas. En efecto, Dios se complace en los niños ya que, como recuerda el Papa Francisco, “los niños son en sí mismos una riqueza para la humanidad y también para la Iglesia, porque nos remiten constantemente a la condición necesaria para entrar en el reino de Dios: la de no considerarnos autosuficientes, sino necesitados de ayuda, amor y perdón. Y todos necesitamos ayuda, amor y perdón”.

San Josemaría experimentó esa predilección divina que, cuando quiere, ilumina los corazones de quienes lo buscan con sencillez, para que penetren en la intimidad divina y capten lo que implica el ser hijos de Dios. Una experiencia singular que tuvo lugar un día concreto, el 16 de octubre de 1931. Años después rememoraba lo que vivió aquel día, viendo cumplidas en sí mismo las palabras de Jesús que recoge Mateo: “Os podría decir hasta cuándo, hasta el momento, hasta dónde fue aquella primera oración de hijo de Dios. Aprendí a llamar Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía -una hora, hora y media, no lo sé-; Abba, Pater!, tenía que gritar. Hay en el Evangelio unas palabras maravillosas; todas lo son: ‘nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quisiera revelar’ (Mt 11,27). Aquel día, aquel día quiso de una manera explícita, clara, terminante, que, conmigo, vosotros os sintáis siempre hijos de Dios, de este Padre que está en los cielos y que nos dará lo que pidamos en nombre de su Hijo”.

Jesús nos ha dado ejemplo de esa humildad y sencillez que admira en los niños. Así lo señalaba san Josemaría mientras meditaba este pasaje del evangelio: “Jesucristo, Señor Nuestro, con mucha frecuencia nos propone en su predicación el ejemplo de su humildad: ‘aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón? Para que tú y yo sepamos que no hay otro camino, que sólo el conocimiento sincero de nuestra nada encierra la fuerza de atraer hacia nosotros la divina gracia. Por nosotros, Jesús vino a padecer hambre y a alimentar, vino a sentir sed y a dar de beber, vino a vestirse de nuestra mortalidad y a vestir de inmortalidad, vino pobre para hacer ricos”.

En la escena del evangelio que estamos considerando, Jesús, después de manifestar su gozo por la predilección de Dios por los que son sencillos, como los niños, añade algo muy consolador: “Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Ahora bien, pone una condición para proporcionar el descanso: “Llevad mi yugo sobre vosotros” (Mt 11,29). “¿En qué consiste este ‘yugo’, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de aplastar alivia –se preguntaba Benedicto XVI-? El ‘yugo’ de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento, que ha dejado a sus discípulos. El verdadero remedio para las heridas de la humanidad –sea las materiales, como el hambre y las injusticias, sea las psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar– es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su manantial en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para ganar posiciones de poder cada vez mayor, para asegurarse el éxito a toda costa”.

Fuente: opusdei.org