16 enero 2026

Erik Varden: “Creo que el giro católico es real y hay que tomarlo en serio”

Maria José Atienza

El obispo de Trondheim reflexiona, en esta entrevista con Omnes, sobre la vivencia del dolor con perspectiva cristiana y el reto de la Iglesia para responder a las cuestiones de los jóvenes de hoy.

Hace pocos días, el obispo de Trondheim, Erik Varden visitó Madrid. De la mano de este medio, de la Editorial Encuentro, donde ha publicado su libro Heridas que sanan, y la Fundación cultural Ángel Herrera Oria, Varden fue el invitado estrella de un Foro Omnes que reunió a más de 250 personas. 

Poco antes, el monje trapense y obispo noruego, hablaba con Omnes sobre la propuesta de oración y reflexión cristiana a través de las heridas de Cristo que realiza en su última publicación en español así como de otras cuestiones de actualidad. 

Cercano y profundo al mismo tiempo, Varden destaca que la experiencia universal del sufrimiento y la limitación cambia, completamente, bajo el prisma de la fe, a través de la que “adquiere una dimensión totalmente diferente y empezamos a tener la posibilidad de ver nuestras propias heridas como algo que potencialmente da vida y la mejora”.  

Al inicio de Heridas que sanan, usted señala -como una de las características de nuestra sociedad actual- la cantidad de personas que se identifican con sus heridas. Como cristianos, ¿cómo equilibrar la conciencia de estar heridos pero, también, salvados?

–Hasta cierto punto, creo que ahí es donde necesitamos fe o, al menos, algún ideal moral elevado; alguna percepción de la vida que permita trascendernos a nosotros mismos para ver el significado fuera y más allá de mi propia experiencia.

Porque, si creo que yo soy la última realidad de mi existencia, si sufro, eso es la totalidad de mi realidad. Entonces, por supuesto, quiero contárselo a todo el mundo y me encierro en mí mismo. Pero ahí es donde necesitamos algo a lo que aspirar que esté fuera de nosotros mismos.

Me refiero a trascendencia en términos generales porque, obviamente, hay personas que no son cristianas o no son creyentes y que a veces viven con mucho valor heridas, enfermedades, pérdidas.

Obviamente, si eres cristiano y crees que Dios ha entrado en nuestra naturaleza humana y se ha dejado herir en nuestra naturaleza, con el fin de sanar nuestras heridas, entonces, por supuesto, la cosa adquiere una dimensión totalmente diferente y empezamos a tener la posibilidad de ver nuestras propias heridas como algo que potencialmente da vida y la mejora.Y potencialmente también como fuentes de sanación. Esa es la paradoja fundamental. 

Por eso puse, en el libro, como epígrafe esa frase de Isaías: “Por sus heridas hemos sido sanados”. En la medida en que dejamos que nuestras heridas se unan a sus heridas, entonces nuestras heridas también pueden ser fuentes de sanación para nosotros mismos y para los demás. 

Como cristianos, la pasión no acaba en sí misma, sino en la Resurrección. ¿Cómo vivir  esas dos caras de la misma moneda, –la fe pascual y el camino de la Pasión–, sin excluir una u otra? 

–Lo que señalas ahí es el desafío cristiano fundamental: No perdernos en una vaga nube de optimismo, que sería una caricatura de la resurrección, y no perdernos en las profundidades de la oscuridad y el dolor. 

El mejor remedio es entrar profundamente en la vida de Cristo, tal y como se nos presenta en las Escrituras, y tal y como se nos presenta en la liturgia de la Iglesia. Vivir la liturgia por completo.

En última instancia, esta es una tensión que se resuelve en cada Misa, que es una presencia viva de la Pasión y, sin embargo, una afirmación absolutamente decidida de la Resurrección. Así que creo que la clave sería vivir profundamente la vida eucarística.

La reflexión católica sobre el sufrimiento de Cristo, ¿la hemos perdido por miedo, por rechazo o por una mala comprensión de esta posibilidad que luego, sin embargo, emerge en toda vida? 

–Hay algo de cierto en eso. Una de las cosas maravillosas de ser católico es que tenemos una larga experiencia a la que recurrir, que, si nos preocupamos por recordarla, nos ayuda a vernos a nosotros mismos en perspectiva. La mayoría de las veces, no nos preocupamos por recordar, así que nos obsesionamos con nuestra propia reflexión. 

Cuando se mira la historia de la Iglesia ha habido momentos y períodos en los que el misterio de la Pasión ha estado en su máxima expresión y momentos en los que ha sido parcialmente eclipsado por otras partes del Misterio. Eso es natural, porque es extremadamente difícil mantener esos extremos de los que hablamos antes en tensión constante. Y, ¿sabes qué? Me alegro de reproducirlo en el libro en la imagen del Cristo sonriente del monasterio de Lerins, en el sur de Francia. Porque esa imagen es, en cierta medida, la cristalización de una percepción colectiva. Ha logrado la dulzura, una dulzura en medio de la Pasión que es totalmente insensible. Ha logrado interiorizar esta idea de que la pasión es una fuente de alegría, que es lo que proclamamos el Viernes Santo.

Esa frase me golpea como un puñetazo en el estómago cada Viernes Santo. Por la cruz entra la alegría en el mundo. Desde la perspectiva de quien no tiene fe, eso parece una afirmación absurda, incluso perversa, pero los cristianos creemos que es cierto. 

Después de la Segunda Guerra Mundial – que obviamente fue un trauma inmenso, y más en España, con el trauma de la Guerra Civil – hubo en Europa un esfuerzo muy decidido por reconstruir, por avanzar. Y esa voluntad de reconstruir y reconstruir coincidió, obviamente, con los años 50 y 60, cuando la industria y la tecnología dieron grandes pasos adelante, cuando de repente hubo una nueva prosperidad. Y había una gran fe en un mundo nuevo, lo cual era una convicción sana y necesaria en aquel momento. 

Este pensamiento en cierta medida, está presente en parte del impulso del Concilio Vaticano II, quizás especialmente en Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo moderno. De una manera que no es en absoluto ingenua, pero que da por sentado que estamos en medio de este gran proceso de avance y renovación, reconstrucción de relaciones, reconciliación, tantas cosas que parecían posibles.

En el contexto de ese movimiento cultural sentimental, se hizo natural centrarse mucho en la resurrección. Podemos pensar en esos banales y de alguna manera ahora encantadores estribillos litúrgicos de la década de 1970, “somos un pueblo de alegría, aleluyaaa”. No lo somos, pero hay algo de verdad en eso.

En términos de nuestra sensibilidad colectiva, nadie se sentía muy inclinado a obsesionarse con las heridas, porque lo que nos preocupaba era salir de la enfermedad y alcanzar una nueva salud. Así que no se trata de reducir la Teodicea a la sociología, sino que la Teodicea está condicionada por los estados de ánimo, las aspiraciones y los retos de la época. 

Creo que ahora estamos en un espacio totalmente diferente. Por eso, Candem, la canción de Gracie Abrams de la que a veces he hablado, es tan interesante, porque muchos de nuestros jóvenes ahora no son nada esperanzados, ni optimistas. 

Vivimos en un mundo tan expuesto y en peligro de tantas maneras, con tantas cosas frágiles; tantas cosas que se derrumban; tantas estructuras que solían ser fiables y que, simplemente, desaparecen de la noche a la mañana. Así que, de repente, toda la iconografía de la herida adquiere una forma diferente. 

Lo que debemos evitar como cristianos, y en particular aquellos de nosotros que predicamos, enseñamos y escribimos, es asegurarnos de que conectamos de alguna manera este estado de ánimo de nuestro tiempo con el misterio y la plenitud cristianos, y no dejar que se convierta en algo meramente sentimental.

En España se habla de un “giro católico”, quizás debido a una conciencia de la inutilidad de las respuestas vacías de una sociedad sin Dios y la evidencia de estas heridas, especialmente en los jóvenes. ¿Cree en esta vuelta a la fe?

–Creo que es real y creo que hay que tomarlo en serio. Si durará es otra cuestión. 

Dentro del mundo católico en Europa, hemos sido muy conscientes durante varias décadas de que todas las estadísticas estaban bajando: la asistencia a misa, los bautismos, las vocaciones, el terrible legado de abusos y escándalos financieros, etc. Todo iba mal.

Nos hemos acostumbrado a vivir en un estado de emergencia. Estamos desesperados porque nos tranquilicen y decirnos a nosotros mismos: “¡Ha sido un pequeño bache!  Ahora todo ha vuelto a la normalidad”. Creo que, por eso, debemos ser cautelosos pero también creo que hay una gran autenticidad en este giro de los jóvenes, en particular ahora, hacia la fe. 

Hay una gran autenticidad y sinceridad en las preguntas que hacen, en su búsqueda. La pregunta es: ¿encontrarán en nuestras parroquias, nuestras comunidades, nuestros monasterios, nuestras diócesis, una realidad cuya autenticidad corresponda a su auténtica búsqueda? 

Este es, potencialmente, un momento de gran gracia y, como siempre, un momento de gracia es un momento de conversión. Por eso, el gran reto para la Iglesia ahora no es decir: “Podemos relajarnos de nuevo”, sino: “Tenemos que empezar a vivir una vida buena, coherente, centrada en Cristo y creíble”.

Fuente: omnesmag.com

15 enero 2026

Eutanasia social

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

Reflexionaba el otro día acerca de la convicción extendida de que la sociedad recorre históricamente una trayectoria de progresión constante y que las personas humanas hemos ido evolucionando de tal manera que una generación es siempre más avanzada y mejor que la anterior.

A mi juicio, este pensamiento es un poco ingenuo… o soberbio. ¿De verdad alguien cree que AristótelesAverroes o Tomás de Aquino serían hoy más inteligentes o más éticos que lo fueron en su época? Desde luego, tendrían más información a su alcance (la acumulada durante los siglos posteriores a su muerte), pero su inteligencia, su capacidad de raciocinio y su temple moral serían los mismos, y el modo en que se proyectaran dependería de su entorno vital.

Esto en cuanto a las personas individuales. De la misma manera, las sociedades a veces avanzan y a veces retroceden. Para saber si una sociedad avanza o retrocede, hay que saber primero cuál es su meta, adónde se dirige porque, como gráficamente explicó Séneca, al barco que no sabe adónde va todos los vientos le son contrarios.

Viene esta introducción a cuento de un dato que leí hace unas semanas: “en Francia, cuatro millones de personas no tienen más de tres conversaciones al año”. Supongo que la estadística se refiere a conversaciones de cierta profundidad y duración, y no al “buenos días, quiero una barra de cuarto”, que se puede entablar a diario con el panadero.

El jueves pasado asistí a la presentación de un libro de un buen amigo mío, Salva Tudela, en la que oficiaba de copresentador Víctor Küppers. Aunque hoy no es el tema, aprovecho para recomendar el libro de Salva: El alma de los libros, una ficción muy real escrita desde la humanidad más profunda. El caso es que Víctor Küppers explicó que había personas mayores en Barcelona, que, como no tienen a nadie con quien hablar, se arreglan cada día, cogen un autobús de línea y hacen todo el recorrido de ida y vuelta para poder ver a gente.

Esta triste realidad, un retroceso y un fracaso evidente de nuestra sociedad, es lo que se conoce como eutanasia social. Y, en estas circunstancias, no es de extrañar que la eutanasia biológica se vea como una salida y se proponga como tal. Es mucho más barata la promoción de la muerte que la promoción de la familia, la amistad y el acompañamiento.

Recuerdo que hace unos años uno de los lemas de la ONU fue la solidaridad y el encuentro generacional. Había mucha preocupación por crear los espacios y estructuras de acompañamiento que los mayores, que son quienes más sufren la soledad, necesitan, pero, claro, no hay dinero suficiente en el mundo para generarlos artificialmente. ¿Casinos, casales, casas del pueblo, pisos compartidos por jóvenes y abuelos?  No es tan fácil convencer a un joven de veinte años de que comparta su tiempo con un anciano de noventa. A no ser…

A no ser… que sea su abuelo. Desde la IFFD (www.iffd.org) no nos cansamos de repetir que el lugar natural de encuentro de generaciones es la familia: no hace falta inventar nada nuevo. La familia es la única solución verdaderamente humana y sostenible a esta lacra de la soledad involuntaria Eso sí, la familia ideal para acometer esta función (función diacrónica la llaman los sociólogos) es la familia unida. Ella es el ámbito con mayor capacidad para atender a sus mayores. ¿Os imagináis a un gobierno occidental destinando una buena partida presupuestaria a hacer una campaña de promoción de la familia? ¿Que se atreviera a decir lo que a todo el mundo parece evidente: que la unión es mejor que la separación? Sonaría retrógrado. Y esta es la confusión sobre la que alertaba Séneca: cuando estás retrocediendo y no lo sabes, los pasos hacia adelante se acaban viendo como atrasos y los pasos hacia atrás, como avances.

Fuente: javiervidalquadras.com

14 enero 2026

Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II.

El Papa en la Audiencia General

I. Constitución dogmática Dei Verbum. 1. Dios habla a los hombres como amigos 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hemos iniciado el ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II. Hoy comenzamos a profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: «Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum: Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.

Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio, San Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo (Comentario al Evangelio de Juan, Homilía 86). Efectivamente, un antiguo lema decía: “Amicitia aut pares invenit, aut facit”, “la amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo.

Por eso, como podemos ver en todas las Escrituras, en la Alianza hay un primer momento de distancia, ya que el pacto entre Dios y el hombre permanece siempre asimétrico: Dios es Dios y nosotros somos criaturas. Pero con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre.

Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (n. 2). El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos (cfr. Dei Verbum, 3); y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.

La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.

Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos.

De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

Nuestra experiencia nos dice que las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura, o también por una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla. Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.

Saludos 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los animo a cultivar la amistad con el Señor, que es fuente de gozo y salvación, dedicando momentos serenos de oración y meditación de la Palabra, para escucharlo y hablar con Él en el silencio y la intimidad del corazón. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está dedicada a la Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación. Este documento conciliar nos recuerda un punto fundamental de la fe cristiana: Jesucristo transforma radicalmente las relaciones del ser humano con Dios. Nuestro vínculo con Él consiste en una relación dialógica de amistad, cuya única condición es el amor.

Dios se nos revela a sí mismo por medio de su Palabra y, como sucede en una relación de amigos, se alimenta y consolida mediante el intercambio de palabras sinceras. Por eso, el Señor nos invita a la escucha, para que su Palabra penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Él. Podemos hacerlo en la oración litúrgica y comunitaria —donde nos habla por medio de la Iglesia— y en la oración personal. Sólo cuando hablamos “con” Dios, podemos también hablar “de” Él a quienes nos rodean.

Fuente: vatican.va

Las aguas de Mará y el Jordán

Juan Luis Selma

Hay un acontecimiento interesante en la travesía del pueblo elegido por el desierto del Sinaí. Sucedió cuando los hebreos morían de sed: no había agua, y se encontraron con el manantial de Mará –que significa “aguas amargas”–. La desesperación fue enorme, pues aquella agua, la única que encontraron, no se podía beber.

El cansancio y la sed hicieron que el pueblo murmurara contra Moisés, preguntando qué iban a beber. Moisés, sin saber qué hacer, clamó al Señor, y Dios le mostró un árbol. Cuando Moisés lo arrojó al agua, las aguas se volvieron dulces, aptas para beber.

Un grupo de jóvenes cordobeses está promoviendo una marca de ropa deportiva que han llamado Aguas de Mará. Mis Reyes han sido un polar muy chulo que, en la parte trasera, muestra una cruz sobre un río de agua y la inscripción Bajo tu manto, en referencia al patrocinio de la Virgen María.

Quieren que las prendas sean elegantes, con gusto y juveniles, y que manifiesten abiertamente el orgullo de ser católicos. Vivir la fe es tendencia entre muchos jóvenes.

Pero la cosa no se queda ahí. Hace muy poco, conversando con dos de estos chicos, me asombré de la alegría y el compromiso con que viven su fe. Iban a misa diaria, a las siete de la mañana, antes de dirigirse a sus clases.

Quieren vivir la castidad, son deportistas y generosos. Ayudan a los pobres y necesitados. Mueven a sus amigos, que quisieran ser como ellos. No tienen inconveniente en entregarse a Dios y a los demás, tanto en el celibato como en el matrimonio. ¡Son un tesoro!

Junto al episodio de Mará está también el de Meribá. El camino siguió, y de nuevo llegó la sed. Esta vez, en Refidim, el pueblo volvió a quejarse, incluso acusando a Moisés de haberlos sacado de Egipto para morir en el desierto. Dios le ordenó tomar su vara y golpear una roca en Horeb. Al hacerlo, brotó agua abundante, y el pueblo bebió.

Más adelante, volvió a escasear el agua en Cadés. Moisés dudó y golpeó dos veces la roca. Por esto, Yahvé lo castigó: no entraría en la Tierra Prometida.

En nuestras vidas hay éxitos y fracasos, fe y dudas. Quizás momentos de abandono, de oscuridad y de perdición. Pero Dios siempre está a la espera, ofreciendo su mano, su perdón, su gracia.

Ya en la Tierra Prometida se encuentra el río Jordán, que no es gran cosa, pero siempre lleva agua. En medio del desierto, sus veredas ofrecen vegetación, solaz y vida.

Allí, junto al Jordán, Juan el Bautista predicaba la conversión y la penitencia, ofreciendo un bautismo de purificación. Era una llamada urgente a preparar el corazón para la llegada del Mesías. Y allí acudió un día Jesús.

“Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo: –Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí? Jesús le respondió: –Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia”.

El Maestro, el Santo de los santos, se pone en la cola de los pecadores. Va por delante, invitándonos a la conversión. Nosotros sí que la necesitamos. Todos nacemos con el pecado original, con la inclinación al mal. Experimentamos las tres heridas en nuestra naturaleza.

Herida de la inteligencia: la ignorancia. Nuestra razón ya no se orienta con facilidad hacia la verdad.

Herida de la voluntad: la malicia o desorden del querer. Deseos desordenados, falta de dominio propio.

Herida de las pasiones: la concupiscencia y la debilidad. Esto genera desorden interior, impulsividad y lucha entre lo que sabemos que es bueno y lo que deseamos hacer.

No debemos asustarnos de nuestro pecado, ni del de los demás. Con el bautismo recibimos la gracia del perdón y el auxilio para la conversión. Y cuando caemos después, tenemos el regalo de la confesión. Cuando volvemos a Dios, escuchamos del cielo: “Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”.

Estas palabras se dirigen también a nosotros. Desde ese momento podemos recomenzar, volver. Lo pasado ha desaparecido. Se nos ofrece una vida nueva. Otra oportunidad. Dios nos ha perdonado. Ahora debemos perdonarnos a nosotros mismos y perdonar a los demás. Nunca nos faltará el agua divina en el caminar, una agua que resucita a los muertos, que eso significa el bautismo.

Fuente: eldiadecordoba.es


12 enero 2026

Trotter: todo es don, todo es misterio

Enrique García-Máiquez

La buena poesía es escasísima, advertía Josep Pla; y por eso, cuando la encontramos hemos de celebrarla talmente como un regalo de Navidad. El primer libro de Juan Ramón Trotter (Madrid, 1976), titulado Reino de estrellas (Númenor, 2025) tiene condición de obsequio. Con este barbero ya escrito, he ido a repasar el perspicaz prólogo de Ana Rodríguez de Agüero y ahí se constata lo mismo: «Este puñado de poemas es, sencillamente, un espléndido regalo».

Trotter no ha corrido para estrenarse como poeta, y se le nota en la serenidad de unos versos y una mirada que van a lo esencial. El primer poema del libro, con sutileza, lo avisa cuando dice de los árboles: «Son ángeles que vuelan lentamente / a la velocidad de crecimiento / de los pinos longevos de Montana». Este libro está escrito en tempo lento y en voz baja pero con los ojos elevados a las estrellas, en un vuelo de siglos.

El manejo de la rima asonante de Juan Ramón Trotter es magnético. Funciona como rima, con toda su belleza hipnótica, pero sin sonsonete ninguno. La asonancia, bien usada, es un justo medio aristotélico. También sabe jugar con las diversas estrofas y versos. Logra un libro de gran variedad formal que no resulta disperso gracias a una voz propia inconfundible. A cada poema le encuentra su sitio, pero en los dos sentidos: el del poema, el del poeta.

Otra prudencia aristotélica, la de sus referencias literarias. Este libro viene cuajado de citas como un cielo de invierno lo está de estrellas. Algunas ostentan el nombre del autor, pero otras no, como en una Vía Láctea. La obra permitiría unas notas a pie de página del propio poeta, al modo de T. S. Eliot en La tierra baldía, desentrañando todas las referencias. Pero no hace falta, porque así, brillando ocultas, funcionan de maravilla. Del mismo modo se compaginan la poesía popular y la culta. Y en los géneros el himno, la elegía y hasta el epigrama. En la visión se aúna la claridad y misterio, como en las estrellas.

Los astros son la clave de bóveda de este libro. Y no sólo por su anhelo de altura y luz en la noche, sino por su vocación de marcar un rumbo. Leyendo Reino de estrellas de Trotter se viene a la cabeza el sello o símbolo del programa de humanidades de John Senior en la Universidad de Kansas. En él, la constelación de la Osa Mayor marcaba la dirección de la Polar, queriendo representar cómo los libros y la cultura nos dicen, correctamente alineados, dónde está el Norte, esto es, el sentido. Trotter lo tiene claro y así lo señala: lo bueno de los libros es, nos dice, «que nos enseñen a querer ser buenos». Los homenajes literarios y artísticos no son jamás poses culturalistas, sino piezas esenciales de nuestro destino: «Llevan sus aguas ecos de otras aguas. / Así como en el Duero se oye al Tormes, / en ti palpitan otros corazones, / y es tu destino afluir en otras aguas».

No hay peligro de que tanta resonancia enturbie la música de estos versos ni que nos aleje de lo cotidiano. Es al contrario: «Si sigues el camino de la Estrella, / cada rincón del mundo esconde huellas». O sea, mirar hacia lo alto nos lleva a admirar con ojos limpios y lúcidos lo de abajo.

Y, a la vez, estas estrellas nos llevan —o nos proyectan— hacia la Estrella que da sentido a todo. ¿A la Polar? Sí, a la auténtica, que es la estrella sobre el Portal de Belén. Por eso este libro de exquisita cultura clásica, que arrancó con ecos homéricos, acaba de rodillas ante el pesebre, a veces, como no podía ser de otro modo, a través de un cuadro, como en la magnífica glosa a La adoración de los Reyes Magos de Tiziano. La última sección, dedicada a poemas navideños, no es una inclusión ocasional ni siquiera un homenaje a la tradición hispánica (Gil Vicente, Lope de Vega, etc.) que ha escrito siempre villancicos cultos. Se trata del corolario natural a un libro que es una aventura en busca del Grial del sentido, y que lo encuentra en el Niño que nace, siguiendo —como los Reyes Magos— los astros y las constelaciones de lo mejor que se ha escrito, dicho, pintado y pensado. Reino de estrellas es, como decíamos, un regalo de Navidad.

Hay milagros que ocurren lentamente.
*
El alma resplandece insobornable.
*
REINO DE ESTRELLAS
Te ha sido dado contemplar la luna
que brilló sobre el túmulo de Anquises.
Te ha sido dado contemplar el cielo
que Eneas vio a través de las columnas
del templo inacabado de Segesta.
Te ha sido dado el Mar Mediterráneo,
el hondo anhelo que impulsó a Virgilio,
el hondo anhelo que impulsó a los dárdanos.
Te ha sido dada el alma para ver.
Te ha sido dado ser Reino de Estrellas.
*
—Un anhelo profundo de nobleza
eleva nuestros ojos hacia el cielo—
dicen que hablamos una misma lengua,
dicen que tú eres uno de los nuestros.
*
ESTO PERPETUA!

Dios quiere que en la bóveda celeste
brille la luz de todas las estrellas.
¡Brillemos, caballeros, igualmente
los ortodoxos de las dos botellas!

Como Dante Alighieri en el exilio
bajo la cándida bandera güelfa
y como Tomás Moro en el presidio
de Londres a la luz de su conciencia.

Brillemos, y brindemos, como Chesterton.
A falta de jerez, vale cerveza.
Brindemos, al morir, en nuestros féretros,

por el bien, la verdad y la belleza.
Y en el Cielo digamos sin rebozo:
«Esto perpetua!», como Samuel Johnson.
*
Has de aprender la lengua más antigua.
Has de elevar el alma para ver.
*
Ha sido un don también la soledad.
*
SEGUIDILLA
Tú me has dado el silencio,
la soledad
y el ritmo lento de las
olas del mar.
*
LUNA
«Nunca vulgar ante la belleza»
Marco Aurelio
La luna es un emblema
aristocrático.
Es el escudo de armas
de un reaccionario.
«Belleza obliga»,
proclama cada noche
por las cornisas.
*
[…]
En el Portal de Belén
todo es don, todo es misterio,
el caballo de Tiziano,
su bocado, sus arreos,

la espada del rey Melchor,
los jinetes a lo lejos,
las libreas de los pajes,
la arqueta con el incienso.
[…]
*
Detrás de los pastores
y de los Reyes,
yo también me arrodillo
ante el pesebre.

Fuente: eldebate.com

Soluciones para superar los retos de las pantallas

Pilar Castañón

Hasta ahora Miguel Ángel Martínez, doctor en medicina, epidemiólogo, catedrático en la Universidad de Navarra y catedrático visitante en la Harvard T.H. Chan School of Public Health, investigador (premio Gregorio Marañón en 2022) y es uno de los científicos españoles más citados en el mundo.

Siempre había sido conocido por su dedicación a la salud física, especialmente en relación a lo que comemos, y desde hace poco, de lo que bebemos, pero a partir de la publicación de  Salmones, hormonas y pantallas,  comenzó una lucha, como un salmón en contra de la corriente también (no de piscifactoría) porque empezó a luchar contra lo impuesto a nivel general, y que ha llegado a todos los niveles y rincones del mundo,  la adicción a los medios digitales.

Señalaba hace ya años en un artículo Javier Marías que, con la aparición de los móviles, las gentes habían abandonado los ratos “a solas con sus pensamientos” (trayectos a pie, en autobús o en taxi, por ejemplo) y que habían convertido sus existencias en una desaforada locuacidad permanente, y esto, parece ser un problema más grave de lo que parece. Muchos justifican que no usarlo es quedarse fuera del mundo, ¿es cierto esto?

La narrativa del marginado que se convierte en un misántropo y un paria social por no usar los teléfonos móviles o no estar enganchado a redes las 24 horas del día no pasa de ser una leyenda urbana sin fundamento alguno. No hay ningún estudio epidemiológico que sustente esa visión del desahucio social.

En cambio, sí que hay montones de estudios epidemiológicos rigurosos que confirman los graves daños para la salud mental, para las agresiones sexuales a mujeres y para la adicción a pornografía que son causadas por la excesiva exposición a redes sociales y pantallas de entretenimiento. Más aún, también hay daños graves en los menores relacionados con los depredadores sexuales que merodean al otro lado de la pantalla, con el ciberacoso y con el ciberbullying.

El título de tu último libro es 12 soluciones para superar los retos de las pantallas, es decir, la solución para prevenir la adicción, el consumo de pornografía y los problemas de salud mental que genera el uso de las mismas… ¿Podrías contarnos cómo se generan estos problemas y cuáles son?

Estos problemas se generan por los mecanismos que se han instalado intencionalmente en los algoritmos de las redes sociales y de las plataformas de series y de contenidos pornográficos. Son mecanismos que se inspiran en el sistema de recompensas variables de las antiguas máquinas tragaperras. Explotan lo peor del ser humano a base de varios factores psicológicos y de diseño, que incluyen la incertidumbre y anticipación (el chute de dopamina es anticipatorio, es el placer asociado a imaginar que va a venir pronto una gratificación). La aleatoriedad de las recompensas proporciona una permanencia de este estado de anticipación; el uso se vuelve constante e inacabable. Supera la fuerza de voluntad.

Los mejores psicólogos y los mejores ingenieros informáticos del mundo han puesto todo su saber al servicio de un sistema que persigue aumentar los niveles de dopamina en el cerebro para no dejar al usuario suelto ni un minuto. Este efecto es más intenso cuando existe una probabilidad del 50% de obtener la recompensa. A esto se suma el refuerzo intermitente. Se trata de no dejar de ofrecer recompensas aleatorias e impredecibles, porque son las más efectivas para mantener un encadenamiento mental ininterrumpido a la pantalla. Esto hace que el usuario acabe perdiendo la conciencia y el control del tiempo de uso. Los continuos chutes de dopamina, especialmente con la pornografía, atrofian regiones cerebrales a la larga. Se necesita cada vez más dosis para alcanzar el mismo efecto. Se conduce a la persona atrapada a una escalada de contenidos. Quien antes veía luz con una cerilla ahora no la verá, necesitará una bomba de napalm. Así se explica la abundancia creciente de pornografía muy dura, extrema, violenta y también el crecimiento en las redes de la pornografía infantil, a pesar de que en teoría sea ilegal. Se pierde la respuesta de dopamina normal, se segrega menos dopamina ante el mismo estímulo y se producen cambios físicos en el cerebro donde las puertas (receptores) por los que debería entrar la dopamina se van cerrando.

Los sistemas están diseñados también para proporcionarle al que queda atrapado un espejismo o ilusión de control. A menudo creen que pueden ser capaces de dejarlo, pero esto es mera decepción. Lo piensan, aunque el hecho sea que tienen ya compulsión y pérdida de libertad. Han entrado en la jaula y no se dan cuenta de ello.

El exceso de ideas, incluso de información, mala o buena, parece hacer que los argumentos y los razonamientos, por bien construidos que estén y sólidos que sean, se reciben con la misma indiferencia que lo que tan sólo es cháchara. Los datos que aportas en el libro son contundentes, ¿podremos revertir este momento?

Como explico en el libro, a pesar de las muchas utilidades de los dispositivos con pantallas conectadas a internet, son armas de distracción masiva. La oferta que presentan es inabarcable por nuestro cerebro. Todos hemos tenido la experiencia de coger el teléfono móvil para hacer algo y distraernos con otra aplicación en vez de hacer lo que queríamos y luego con otra y otra. Y al final no nos acordamos de para qué lo habíamos cogido. El hecho es que el cerebro no puede producir más de uno o dos pensamientos a la vez. Asumir que tenemos más capacidades y podemos mantener todas estas aplicaciones y sus funciones y oportunidades a la vez en la mente es un engaño. El multitasking es insano psicológicamente. Es un mito que podamos manejar 3, 4 ó 5 tareas a la vez. Intentar funcionar en modo multiarea no sólo no es sano, sino que es biológicamente imposible. La multitarea acaba siendo una multichapuza.

Hablando de datos, en España, entre los años 1999 y 2021, según Ana Caballero, vicepresidenta de la Asociación Europea para la transición digital, el aumento de los costes debidos a ingresos hospitalarios de menores por conductas suicidas o agresivas había sido del 500%. Los contenidos de redes como TikTok, Youtube o Instagram ofrecía contenidos a los menores que ponen en juego su salud física y mental. ¿Qué riesgos son estos?

Los principales riesgos los hemos detallado en una reciente revisión sistemática publicado en la revista de salud pública del grupo British Medical Journal: la investigación disponible se ha centrado muy a menudo en el uso de smartphones en adolescentes, con un  alto potencial adictivo, se ha definido operativamente el término «uso problemático del smartphone» con múltiples escalas específicas para medir el uso adictivo o problemático de los smartphones. Los estudios disponibles, a pesar de algunas limitaciones metodológicas y lagunas en el conocimiento, sugieren que un mayor tiempo de pantalla está asociado con un deterioro del bienestar psicológico, menor autoestima, niveles más altos de insatisfacción corporal, mayor incidencia de trastornos alimentarios, peores resultados de sueño y mayores probabilidades de desarrollar depresión o síntomas depresivos en adolescentes. Además, también se ha encontrado una asociación significativa entre un mayor tiempo dedicado a estas pantallas y un mayor riesgo de suicidio. También se ha demostrado que la exposición a pornografía se vuelve problemática, es altamente prevalente y es una fuerte causa de preocupación para muchos departamentos de salud pública y gobiernos nacionales, ya que a la larga se acaba asociando con mayor frecuencia de comportamientos sexuales agresivos. Todo esto son graves problemas de salud pública que, como siempre, hay que abordarlos entendiendo bien y confrontando sus determinantes distales.

“Cuando razonar resulta ofensivo”, parece ser muchas veces el principal problema, especialmente en un mundo dominado por los sentimientos. También está el miedo o soberbia de no querer reconocer que lo estamos haciendo mal. Mark Twain decía que “engañar es fácil, lo difícil es convencer a alguien que ha sido engañado”, el comienzo del cambio empieza precisamente por quienes han sido engañados primero, los hijos se enganchan y los padres también… ¿por dónde empezamos?

HAY QUE EMPEZAR POR LOS PADRES. Uso mayúsculas. Los padres deben ganarse la autoridad moral a base de ser ejemplares. Deben esforzarse en dar buen ejemplo. No es casual que yo haya elegido poner como título al primer capítulo: «Gánate la autoridad moral a base de ser ejemplar».

Para dar ejemplo hay que ser consciente de la necesidad del cambio, el móvil ha entrado por el trabajo, ya tenemos prácticamente todo dentro de él, después por poder tener controlados a los hijos, donde va o están, si están seguros, además de que no se queden aislados del resto. ¿Son falacias que nos creamos para autojustificarnos?

Sí, son falacias. Hay que poner normas de uso, ¿Que sería de nuestras grandes avenidas, carreteras y autopistas si no hubiese semáforos ni código de circulación ni señalización alguna? No se pueden negar las ventajas de que ahora vayamos en coche en vez de ir en burro, pero usar una nueva tecnología supone comprometerse muy en serio a unas normas de uso.  Están en el capítulo 3 del libro. Y deben adoptarse generalizadamente para que sean universales, antes de que siga aumentando la cuenta de víctimas.

Hay que aparcar del todo las pantallas a partir de las

8.30 pm, nunca llevarlas al baño o al dormitorio. Como muy

tarde a las 9 de la noche deben estar guardadas

bajo llave o en una caja de bloqueo.

Leí hace unos años (en el 2020) en un artículo de la BBC que los nativos digitales (nombre que parecía tener una connotación positiva hace unos años) son los primeros niños en tener un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. La pandemia además trajo una normalidad en el uso de los medios digitales. ¿Vamos hacia una sociedad cada vez más tonta?

Efectivamente. Nos han entontecido. Lo decía Michel Desmurget ya en el título de su superventas: La fábrica de cretinos digitales. Si alguien tiene dudas, ahí encontrará los datos. El dato duro es incontrovertible. Se habló del efecto Flynn como el crecimiento lento y paulatino década tras década del coeficiente intelectual del ser humano. Pero las investigaciones más recientes sobre la inversión del efecto Flynn han puesto de manifiesto con datos fehacientes que, coincidiendo con la pandemia de adicción a pantallas conectadas a internet, se ha producido un descenso constante en varios países occidentales, como Estados Unidos, Noruega, Dinamarca, Australia, Gran Bretaña, Países Bajos, Suecia y Finlandia. La inteligencia media de la raza humana parece estar menguando. Esto se constató con muchos miles de datos en los estadounidenses entre 2006 y 2018. Pero los jóvenes de 18 a 22 años eran quienes más capacidades intelectuales iban perdiendo año tras año con un rango de pérdidas de entre 0,029 y 0,036 desviaciones estándar por año. Esto lo explico en el capítulo 7. Me preocupa especialmente el efecto idiotizante que tiene pasar las noches de claro en claro mirando a una pantalla y los días de turbio en turbio como un autómata descontrolado. Está pasando a diario a la mayoría de los jóvenes. Hay que aparcar del todo las pantallas a partir de las 8.30 pm, nunca llevarlas al baño o al dormitorio. Como muy tarde a las 9 de la noche deben estar guardadas bajo llave o en una caja de bloqueo.

La autoridad de los padres, igual que la de los profesores, viene siendo minada desde hace tiempo, incluso antes del móvil. El trabajo aquí es doble ahora, ¿no?

Efectivamente. Hay una gran carga de trabajo para los padres. Pero también se debe a que los gobiernos solo hacen brindis al sol y dejan solos a los padres. Deberían multar seriamente a toda corporación que ponga gratuitamente pornografía en la red, por ejemplo. Y deberían prohibir el uso de smartphones antes de los 16 años.

Los límites son siempre necesarios, en general, para uno mismo, para el respeto, para la disciplina, y para educar… se ha confundido la libertad con la ausencia de ellos.

Así es.  No hay libertad verdadera si no hay referencia al bien, a lo que hará más sana y más feliz a la persona. No a lo que hace la mayoría.  El gregarismo y el guiarse por lo que todo el mundo hace no solo es un atentado contra la inteligencia, es un atentado contra la libertad.

El miedo a que nuestros hijos se frustren, se queden sin amigos, no sean los guays… sin embargo es más dañino ese mundo falso que se muestra en tantas ocasiones, ¿no hay conciencia de ello?

Ya lo he contestado antes, es la leyenda urbana el fundamento del marginado social. No hay ninguna evidencia científica que la apoye.

Parece que los hábitos familiares, o implicación familiar primero, y luego de educadores que ayuden a generar este cambio, son fundamentales, pero el aumento de separaciones es otro dato terrible, y con separaciones la familia se hace inestable, pero esto solo se arregla en familia… sin embargo, el individualismo que genera el vivir aislado de forma hiperconectada ¿afecta a las relaciones de pareja también? Parece un círculo vicioso difícil de romper.

Efectivamente: lo crucial al final en la felicidad de una persona es cómo discurre su vida de puertas adentro de su hogar. Los códigos de conducta afectivo sexual que incrusta la pornografia son muy destructores de cualquier familia. Es patético ver a una pareja de novios jóvenes tomando un café, cada uno enfrascado en su pantalla. Hay mucho narcisismo. Esa actitud de llevar el móvil en la mano, de estar mirando la pantalla por la calle, de dejarlo encima de la mesa, todo eso es despreciar a la persona real y enviarle con nuestro lenguaje corporal el mensaje de que tú eres menos importante que lo me puede llegar por este cuadrilátero de metal.

El ser humano es el ser más indefenso de la naturaleza, a diferencia del resto de animales hay que cuidarlo desde que nace y pasa tiempo hasta que es independiente. ¿Se ha perdido la responsabilidad parental sobre los hijos? Los padres son los custodios de la inocencia de los niños.

No ha habido probablemente una salvajada de tal calibre como darles smartphones a los niños. Nos los estamos cargando: en su salud mental, en su sexualidad, en su inteligencia, en su capacidad afectiva y de relación.

A mí siempre me ha asombrado, dar un aparato que vale un dineral… no se sabe el poder en todos los sentidos qué se entrega, niños que van al colegio con un móvil sin valorar lo que tienen en sus manos… Incluso en situaciones de pobreza, los niños tienen el móvil antes que la comida. Pero es más triste darlo a un bebé o menor sin entendimiento para que no nos moleste, es el comienzo de dar el poder a ese aparato, y sin embargo, los padres piensan que controlan todo y a ellos no les va a pasar lo que pasa a otros, esa alarma es de otros… pero pasa. ¿Por qué?

Es el gregarismo, como he dicho es un atentado a la inteligencia y a la libertad, pero se acaba haciendo por la memez de que  otros lo hacen. Sin más. Es muy dañino.

¿Cuáles son las consecuencias del uso de pornografía? ¿Cómo recuperar la inocencia?

Hemos dicho ya algo. Insisto en que los cambios cerebrales no son solo funcionales, son anatómicos. Se pierde sustancia gris. Es difícil salir. Muchas veces se necesitará terapia de un psicólogo, pero es posible, dejándose ayudar. Es clave la sinceridad.

¿Por qué hay tanto miedo a decir no?

Además del gregarismo,  somos una sociedad muy edulcorada, nos cuesta llevarle la contraria a la mayoría. Nos arredramos fácilmente. Nos da miedo que nos señalen. Pero esos miedos son infundados.

“Las redes y móviles no cambiaron lo que hacíamos, sino lo que éramos”. ¿Hay un cambio antropológico?

Pienso que sí, que nos hemos transformado en personas mucho más narcisistas, susceptibles, frágiles psicológicamente, y débiles intelectualmente.

La IA está revolucionando todo, es cierto que hay cierto temor y se intenta compensar con el tema que se haga de su uso. ¿Qué consecuencias crees que habrá que controlar?

Es un gran avance. Pero también da miedo: Llevamos poco tiempo de uso. Habrá que estar muy atentos para ver las consecuencias con buenos estudios epidemiológicos sobre esto.

Me encanta tu frase: “la primera muestra de rebeldía es la conducta personal”, pero esto no se refiere a llevar la contraria por el mero hecho de llevar la contraria…

No, efectivamente. No se trata de buscar pelea por buscarla. Pero si a uno le quieren manipular, la primera obligación es rebelarse.

Fuente: womanessentia.com

11 enero 2026

Confirmamos y renovamos nuestro Bautismo

El Papa en el Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
La fiesta del Bautismo de Jesús, que hoy celebramos, da comienzo al Tiempo Ordinario. Este periodo del año litúrgico nos invita a seguir juntos al Señor, a escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo. De ese modo, confirmamos y renovamos nuestro Bautismo, es decir, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida.
El Evangelio que hoy escuchamos describe cómo surge este signo eficaz de la gracia. Jesús, cuando se hizo bautizar por Juan en el río Jordán, «vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él» (Mt 3,16). Al mismo tiempo, de los cielos abiertos se oyó la voz del Padre que decía: «Este es mi Hijo muy querido» (v. 17). Toda la Trinidad se hace presente en la historia: así como el Hijo desciende en las aguas del Jordán, así el Espíritu Santo desciende sobre Él y se nos da como fuerza de salvación por medio suyo.
Queridos hermanos, Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad.
Es por eso que Juan el Bautista, lleno de asombro, preguntó a Jesús: «¿Y tú acudes a mí?» (v. 14). Sí, en su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. El Hijo unigénito, en quien somos hermanos y hermanas, viene, en efecto, para servir y no para dominar, para salvar y no para condenar. Él es el Cristo redentor; carga sobre sí lo que es nuestro, incluido el pecado, y nos da lo que es suyo, es decir, la gracia de una vida nueva y eterna.
El sacramento del Bautismo realiza este acontecimiento en todo tiempo y lugar, introduciéndonos a cada uno de nosotros en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu. Dediquemos entonces este día a hacer memoria del gran don recibido, comprometiéndonos a testimoniarlo con alegría y coherencia. Precisamente hoy he bautizado a algunos niños, que se han convertido en nuestros nuevos hermanos y hermanas en la fe. Qué hermoso es celebrar como una única familia el amor de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos libera del mal. El primero de los sacramentos es un signo sagrado, que nos acompaña para siempre. En las horas oscuras, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, el Bautismo es reconciliación; en la hora de la muerte, el Bautismo es la puerta del cielo.
Recemos juntos a la Virgen María, pidiéndole que sostenga cada día nuestra fe y la misión de la Iglesia.
Después del Angelus
Queridos hermanos y hermanas:
Como ya he mencionado, esta mañana —según la costumbre de la fiesta del Bautismo de Jesús— he bautizado a algunos recién nacidos, hijos de empleados de la Santa Sede. Ahora quisiera extender mi bendición a todos los niños que han recibido o recibirán el Bautismo en estos días, en Roma y en todo el mundo, confiándolos a la protección maternal de la Virgen María. De modo particular rezo por los niños nacidos en condiciones más difíciles, tanto de salud como por los peligros externos. Que la gracia del Bautismo, que los une al misterio pascual de Cristo, actúe eficazmente en ellos y en sus familiares.
Mi pensamiento se dirige a lo que está sucediendo en estos días en Oriente Medio, en particular en Irán y en Siria, donde tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas. Espero y rezo para que se cultiven con paciencia el diálogo y la paz, buscando el bien común de toda la sociedad.
En Ucrania, nuevos ataques, particularmente graves, dirigidos sobre todo contra infraestructuras energéticas, precisamente cuando el frío se vuelve más intenso, golpean duramente a la población civil. Rezo por quienes sufren y renuevo el llamamiento a cesar las violencias y a intensificar los esfuerzos para llegar a la paz.
Y ahora los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos presentes hoy en la Plaza de San Pedro. ¡Graziethank you, muchas gracias!
En particular saludo al grupo de la Escuela “Everest” de Madrid y a la asociación “Bambini Fratelli” de Guadalajara, en México: “Dejemos que los niños sueñen”.
¡A todos ustedes les deseo un feliz domingo!

10 enero 2026

Bautismo de Jesús

Bautismo del Señor (Ciclo A).

Evangelio (Mt 3,13-17)

Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo:
— Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?
Jesús le respondió:
— Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia.
Entonces Juan se lo permitió. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y entonces se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo:
— Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.

Comentario

Juan predicaba un bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. Muchos acudían a él para escuchar sus palabras y realizar ese signo penitencial, dispuestos a recomenzar una nueva vida, tras ese rito de purificación. Jesús acude entre la gente, como uno más. Pero ¿es posible que Jesús haga esto? ¡si no tiene pecados de los que desprenderse! Hay algo en esta acción de Jesús que el Bautista -como nosotros- no entiende bien, por eso le pregunta desconcertado: “Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?” (Mt 3, 14). A lo que Jesús responde: “Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia” (Mt 3, 15). En el contexto cultural del judaísmo de aquel tiempo se considera que la “justicia” consiste en el cumplimiento fiel de la Torah, en cuanto aceptación plena de la voluntad divina. Jesús recibe el bautismo de Juan como manifestación de su acatamiento incondicional de la voluntad divina. El sentido profundo de lo que ahora comienza a vislumbrarse se manifestará sólo al final de la vida terrena de Cristo, es decir, en su muerte y resurrección.

Acudiendo a recibir este bautismo, Jesús comienza a manifestarse como aquel que cumple los planes salvadores de Dios para llevar a su pueblo a la patria prometida del Cielo. En efecto, Jesús da comienzo a su vida pública al salir de las aguas del río Jordán. Moisés había muerto, tras contemplar la tierra prometida desde el monte Nebo, justo antes de cruzar precisamente este río en el que Jesús se bautizó. Ahora Jesús comienza su predicación a partir de la orilla del Jordán, que es el sitio donde la vida de Moisés había terminado. Es Jesús quien verdaderamente lleva a plenitud lo que Moisés empezó.

De otra parte, las palabras que se escuchan indican con bastante claridad que comienza a cumplirse todo lo que se había anunciado de parte de Dios. La frase “éste es mi Hijo, el amado” (v. 17), pronunciada por una voz desde los cielos, es un eco de aquella en la que Dios se dirige a Abrahán para pedirle que le sacrifique a su hijo Isaac: toma a “tu hijo, el amado” (Gn 22,2). Este modo de referirse a Jesús pone en paralelo la dramática escena del Génesis, en la que Abrahán está dispuesto a sacrificar a Isaac que lo acompaña sin resistencia, con el drama que se consumó en el Calvario, donde Dios Padre ofreció a su Hijo en sacrificio, aceptado voluntariamente para la redención del género humano.

Además, el añadido “en quien me he complacido” (v.17) rememora el inicio de los Cantos del Siervo del Señor en el libro de Isaías: “Mira a mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma” (Is 42,1). Precisamente en el cuarto de estos cantos es donde se dibuja con claridad todo lo que ese Siervo del Señor habrá de padecer para redimir al género humano: “él tomó sobre sí nuestras enfermedades, cargó con nuestros dolores, y nosotros lo tuvimos por castigado, herido de Dios y humillado. Pero él fue traspasado por nuestras iniquidades, molido por nuestros pecados. El castigo, precio de nuestra paz, cayó sobre él, y por sus llagas hemos sido curados” (Is 53,4-5).

Ahora, enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “el Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a ‘posarse’ sobre él. De él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, ‘se abrieron los cielos’ (v. 16) que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación”. Desde este momento la acción creadora, redentora y santificadora de la santísima Trinidad será cada vez más manifiesta en la vida de Jesús, en su enseñanza, en sus milagros, en su pasión, muerte y resurrección.

Fuente: opusdei.org