25 julio 2013

¡Qué alegría venir a la casa de la Madre de todo brasileño!


Homilí­a del Papa en el Santuario de Aparecida

Queridos hermanos y hermanas

¡Qué alegría venir a la casa de la Madre de todo brasileño, el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida! Al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma fui a la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con el fin de encomendar a la Virgen mi ministerio como Sucesor de Pedro. Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra Madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud, y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano.
Quisiera ante todo decirles una cosa. En este santuario, donde hace seis años se celebró la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, ha ocurrido algo muy hermoso, que he podido constatar personalmente: ver cómo los obispos —que trabajaban sobre el tema del encuentro con Cristo, el discipulado y la misión— se sentían alentados, acompañados y en cierto sentido inspirados por los miles de peregrinos que acudían cada día a confiar su vida a la Virgen: aquella Conferencia ha sido un gran momento de Iglesia. Y, en efecto, puede decirse que el Documento de Aparecida nació precisamente de esta urdimbre entre el trabajo de los Pastores y la fe sencilla de los peregrinos, bajo la protección materna de María. La Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le pide: «Muéstranos a Jesús». De ella se aprende el verdadero discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre la estela de María.
Hoy, en vista de la Jornada Mundial de la Juventud que me ha traído a Brasil, también yo vengo a llamar a la puerta de la casa de María —que amó a Jesús y lo educó— para que nos ayude a todos nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, padres y educadores, a transmitir a nuestros jóvenes los valores que los hagan artífices de una nación y de un mundo más justo, solidario y fraterno. Para ello, quisiera señalar tres sencillas actitudes, tres sencillas actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.
1. Mantener la esperanza. La Segunda Lectura de la Misa presenta una escena dramática: una mujer —figura de María y de la Iglesia— es perseguida por un dragón —el diablo— que quiere devorar a su hijo. Pero la escena no es de muerte sino de vida, porque Dios interviene y pone a salvo al niño (cf. Ap 12,13a-16.15-16a). Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades. Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El «dragón», el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo. Casi los podemos leer en este santuario, que es parte de la memoria de Brasil: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría; son valores que encuentran sus raíces más profundas en la fe cristiana.
2. La segunda actitud: dejarse sorprender por Dios. Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades. Y la historia de este santuario es un ejemplo: tres pescadores, tras una jornada baldía, sin lograr pesca en las aguas del Río Parnaíba, encuentran algo inesperado: una imagen de Nuestra Señora de la Concepción. ¿Quién podría haber imaginado que el lugar de una pesca infructuosa se convertiría en el lugar donde todos los brasileños pueden sentirse hijos de la misma Madre? Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio que acabamos de escuchar. Dios guarda lo mejor para nosotros. Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota. Si nos acercamos a él, si permanecemos con él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con él.
3. La tercera actitud: vivir con alegría. Queridos amigos, si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría. El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede siempre por la vida de sus hijos, por nosotros, como la reina Esther en la Primera Lectura (cf. Est 5,3). Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos. El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se «inflamará» de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. Como decía Benedicto XVI, aquí en este Santuario: «El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro» (Discurso Inaugural de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 de mayo 2007: Insegnamenti III/1 [2007], p. 861).
Queridos amigos, hemos venido a llamar a la puerta de la casa de María. Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y nos muestra a su Hijo. Ahora ella nos pide: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,5). Sí, Madre nuestra, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y llenos de alegría. Que así sea.

24 julio 2013

El papa en la residencia de Sumaré prepara todo para Aparecida

Irá en helicóptero hacia el santuario

"Gracias. Gracias. Gracias a ustedes y a las autoridades por haberme dispensado una acogida tan cálida en tierra carioca". Con estas palabras el papa Francisco agradeció en twitter su llegada a Río de Janeiro para vivir la XVIII Jornda Mundial de la Juventud. Hoy en la residencia arzobispal de Sumaré, en donde se ecuentra alojado, prepara todo para mañana miércoles cuando irá al santuario de Nuestra Señora Aparecida.
El papa que partió ayer lunes por la mañana desde el aeropuerto de Fiumicino en Roma, sorprendió a todos al cargar un maletín negro en la mano, con algunas cosas de primera necesidad y para tener a mano el material necesario que le permitiera trabajar durante el viaje hacia su primera Jornada Mundial de la Juventud.
Durante el vuelo de 12 horas en el airbus A330 Alitalia “Giovanni Battista Tiepolo” que no tuvo ninguna modificación particular para acoger al santo padre, pues Francisco indicó que le bastaba una poltrona para descansar, el santo padre saludó personalmente a los 70 periodistas que le acompañaban rumbo a Río de Janeiro.  Y les comentó que "este primer viaje es precisamente para encontrar a los jóvenes, pero para encontrarlos no aislados de su vida, yo quisiera encontrarlos precisamente en su tejido social, en sociedad. Porque cuando aislamos a los jóvenes, hacemos una injusticia; les quitamos su pertenencia".
El papa Francisco además se mostró preocupado por el desempleo juvenil ya que "del trabajo viene la dignidad de la persona, de ganarse el pan".  También recordó que los jóvenes, junto con los ancianos, son el futuro del mundo,  "un pueblo tiene futuro si va adelante con los dos puntos: con los jóvenes, con la fuerza, porque lo llevan adelante; y con los ancianos porque ellos son los que dan la sabiduría de la vida". Incluso durante las conversaciones con los periodistas hubo ocasión de bromear.
La periodista mexicana Valentina Alazraki, saludó al papa en nombre de todos los periodistas, y le comentó al santo padre que quizá pensaba que el padre Lombardi le había llevado al recinto de los leones: "sabemos por sus amigos y colaboradore en Argentina que los periodistas no somos 'santos de su devoción'", dijo. Después de saludarles a todos, el santo padre afirmó: "¡Me quedo un poco como el profeta Daniel: un tanto triste, porque he visto que los leones no eran tan feroces!"
La emoción, la alegría y la acogida marcaron desde el primer momento la llegada del papa a Río de Janeiro. Tras los saludos oficiales el papa se subió no en la mercedes oficial, sino en un Fiat Idea gris, modelo fuera de producción, con la ventanilla bajada, saludando y bendiciendo a los peregrinos que se habían reunido en la calle. 
No faltaron algunso momentos de tensión, ya que el cortejo se equivocó de camino y pasó por calles en las que al no había vallas y la gente se agolpó en torno al coche del papa; él no dejó de sonreir y mostrarse feliz tal y como ha confirmado su secretario al padre Federico Lombardi.
Momentos difíciles para el personal de seguridad, que se vio obligado a rodear el coche e interrumpir la marcha en algunas ocasiones, para poder controlar a las cientos de personas que querían tocar y saludar al papa.
También ayer saltó la noticia de que el domingo la Policía Militarizada del estado de Sao Paolo detonó una bomba de fabricación casera que encontraron en un baño del Santuario de Aparecida, que el papa visitará este miércoles 24, por un deseo personal del mismo Francisco. En un comunicado distribuido por la PM afirmaron que "se trataba de un artefacto casero y de bajo potencial lesivo.
Al respecto el portavoz del Vaticano, señaló que "más que una bomba era un pequeño artefacto casero encontrado en un baño, que ciertamente no estaba unido a la persona del papa y por lo tanto no ha provocado ninguna preocupación" en las autoridades competentes que trabajan por la seguridad de Francisco.
La intensa jornada finalizó con el acto de bienvenida en el Palacio de Guanabara, presidido por la presidenta Dilma Rousseff. En el discurso en portugués, el papa dio una clave de su visita: "No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo", y recordó de esta manera que su principar labor es comunicar el Evangelio. Destacó también que  "Cristo tiene confianza en los jóvenes y les confía el futuro de su propia misión: «Vayan y hagan discípulos»" y añadió que "la juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo".
Hoy en el palacio situado en el monte Sumaré, está previsto un día sin visitas oficiales. Mañana por la mañana en helicóptero se dirigirá al santuario de Nuestra Señora Aparecida, después en el seminario "Bom Jesús" comerá con los obispos de la provincia y los seminaristas. Por la tarde, de regreso a Río, visitará el hospital San Francisco de Asís que se ocupa de personas con problemas de dependencia.

22 julio 2013

El papa ya está rumbo a Brasil

La llegada a Río está prevista a las 16.00 h. locales


"Llego a Río en unas horas y mi corazón está lleno de gozo porque dentro de poco estaré con ustedes para celebrar la XXVIII JMJ". Estas son las palabras en twitter del santo padre al comenzar su primer viaje apostólico internacional.
A las 8.53 de esta mañana, ha despegado el avión A330 de Alitalia, que llevará al santo padre de  regreso a su continente por primera vez desde que fue elegido pontífice. En Brasil, ya le esperan miles de jóvenes entusiasmados por vivir la primera Jornada Mundial de la Juventud del papa Francisco.
El santo padre ha llegado en helicóptero al aeropuerto romano de Fiumicino. Hasta el allí se ha dirigido esta mañana Enrico Letta, primer ministro italiano, para despedir al papa antes de comenzar el viaje a Río de Janeiro.
Con un pequeño maletín negro en mano, el obispo de Roma ha subido al avión, donde viajará acompañado de unos 70 periodistas. Tal y como confirmó el padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, el santo padre no ofrecerá declaraciones durante el vuelo. Sin embargo, saludará a los peridistas uno por uno y se detendrá a hablar con cada uno de ellos.
Tras 12 horas de vuelo, la llegada al aeropuerto internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río está prevista a las 16.00 horas locales, que en Italia serán las 21.00.
En el aeropuerto el papa será recibido por la presidenta Dilma Rousseff. Aunque la ceremonia de bienvenida no tendrá lugar en la base aérea, sino en los jardines del Palacio Guanabara, donde se encontrarán autoridades civiles y religiosas.
Tras el recibimiento formal y el primer discurso del papa en Brasil, está prevista una audiencia privada con la presidenta. A continuación ser reunirá también con el gobernador del Estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral Filho y con el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes. Con estos encuentros el papa finaliza la jornada y se trasladará a la Residencia Sumaré, donde se alojará durante toda la semana.

La oración debe llevar a la acción concreta con el hermano necesitado

El Papa ayer durante el Ángelus

18 julio 2013

Oración y trabajo

    Jesús Álvarez SSP (Evangelio del Domingo 16º del T.O./C)


"Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta nadaba afanosa con el servicio, hasta que se detuvo y dijo a Jesús: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola en los quehaceres domésticos? Dile que me ayude un poco. Pero el Señor le contestó: - Marta, Marta, tú te inquietas y andas nerviosa con muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará" (Lc. 10, 38-42).

Marta y María son símbolo de las dos expresiones inseparables de la vida cristiana: la oración y la acción. Si se las separa, muere la vida cristiana y las obras no alcanzan valor salvífico. Por eso es necesario ser “contemplativos en la acción y activos en la contemplación".
Jesús no reprocha a Marta su actividad ni sugiere a María que basta la sola contemplación. A Marta le reprocha que ande más preocupada por la mesa para el Huésped que por el Huésped mismo. Y a María le asegura que está viviendo lo esencial, lo mejor, lo más necesario en la vida, lo que no pasará y nadie le quitará.
Contemplación y acción son las dos realidades que integran la vida cristiana, apostólica, misionera, consagrada, catequística, pastoral. Y se cae en la llamada “herejía de las obras” cuando se olvida lo fundamental: la unión real, amorosa con Cristo mediante la oración y la contemplación, pues sólo Él puede dar fuerza de salvación a nuestra vida y a nuestras obras.
Esta herejía la ilustró Jesús con la parábola de aquellos que, al final de la vida, pretendían entrar el reino de los cielos porque habían predicado, echado demonios y hecho milagros en su nombre; pero recibieron la fatal respuesta: “No los conozco; aléjense, obradores de iniquidad” (Mt. 25, 41).
¡Obras buenas degradadas en iniquidad por el egoísmo y el orgullo! “Quien no está conmigo, está contra mí” (Lc. 11, 23).
La “herejía de las obras” se da en la vida sin Cristo, por más que tenga apariencias de vida cristiana. Dios realiza las obras de salva-ción sólo mediante quienes oran, obran y viven conscientes de que la eficacia salvadora de su vida y de sus obras viene de Dios, gracias a la unión con Cristo, mediante la oración y la contemplación.

17 julio 2013

El Papa en Rio de Janeiro



Durante la estancia del Papa Francisco en Rio de Janeiro, para la celebración de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, independientemente de la inclusión de nuevos artículos, noticias, etc., relacionados con la JMJ, iremos actualizando esta agenda con los discursos, homilías, etc., que el Papa dirija durante su permanencia en Brasil






Lunes 22 de julio de 2013

08.45 - Salida en avión desde el Aeropuerto de Roma Ciampino hacia Río de Janeiro.

Río de Janeiro

16.00 - Acogida oficial en el Aeropuerto internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro.  
17.00 - Ceremonia de bienvenida en los jardines del Palacio Guanabara de Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
17.40 - Visita de cortesía al Presidente de la República en el Palacio Guanabara de Río de Janeiro.  
Permanencia en la Residencia de Sumaré de Río de Janeiro.  

Miércoles 24 de julio de 2013

08.15 - Salida en helicóptero desde el helipuerto de Sumaré hacia el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.  
09.30 - Llegada al helipuerto del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.  
10.00 - Veneración de la imagen de la Virgen en la Sala de los 12 Apóstoles del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.  
10.30 - Santa Misa en la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida. Homilía del Santo Padre.
13.00 - Almuerzo con el séquito papal, los obispos de la provincia y los seminaristas en el Seminario Bon Jesús de Aparecida.  
16.10 - Salida en helicóptero desde helipuerto del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida hacia Río de Janeiro.  
17.25 - Llegada al Aeropuerto Santos Dumont (III Comar) de Río de Janeiro.  
18.30 - Visita al Hospital San Francisco de Asís de la Providencia - V.O.T. de Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.

Jueves 25 de julio de 2013
07.30 - Santa Misa en privado en la Residencia de Sumaré, Río de Janeiro.  
09.45 - Entrega de las llaves de la ciudad al Santo Padre y Bendición de las banderas olímpicas en el Palacio de la Ciudad, Río de Janeiro.  
11.00 - Visita a la comunidad de Varginha (Manguinhos), Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
18.00 - Fiesta de acogida de los jóvenes en el paseo marítimo de Copacabana, Río de Janeiro. Saludo y Discurso del Santo Padre.

Viernes 26 de julio de 2013
07.30 - Santa Misa en privado en la Residencia de Sumaré, Río de Janeiro.  
10.00 - Confesión de algunos jóvenes de la XXVIII JMJ en el Parco de la Quinta da Boa Vista, Río de Janeiro.  
11.30 - Breve encuentro en el palacio arzobispal San Joaquín con algunos jóvenes reclusos, Río de Janeiro.  
12.00 - Rezo del Angelus Domini desde el balcón central del palacio arzobispal San Joaquín, Río de Janeiro. Alocución del Santo Padre.
12.15 - Saludo al Comité organizador de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud y a los benefactores en el palacio arzobispal San Joaquín, Río de Janeiro.  
13.00 - Almuerzo con los jóvenes en el Salón del palacio arzobispal San Joaquín, Río de Janeiro.  
18.00 - Vía Crucis con los jóvenes en el paseo marítimo de Copacabana a Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.

Sábado 27 de julio de 2013
09.00 - Santa Misa con los obispos de la XXVIII JMJ y con los sacerdotes, religiosos y seminaristas en la Catedral de San Sebastián de Río de Janeiro. Homilía del Santo Padre.
11.30 - Encuentro con la clase dirigente de Brasil en el Teatro Municipal de Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
13.30 - Almuerzo con los cardenales de Brasil, la presidencia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, los obispos de la región y el séquito papal en el refectorio del Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro.  
19.30 - Vigilia de oración con los jóvenes en el Campus Fidei de Guaratiba. Discurso del Santo Padre.
Domingo 28 de julio de 2013
10.00 - Santa Misa para la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en el Campus Fidei de Guaratiba. Homilía del Santo Padre.
Rezo del Angelus Domini en el Campus Fidei de Guaratiba. Alocución del Santo Padre.
14.00 - Almuerzo con el séquito papal en el refectorio del Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro-  
16.00 - Encuentro con el Comité de coordinación del Celam en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
16.40 - Despedida de la Residencia de Sumaré, Río de Janeiro.  
17.30 - Encuentro con los voluntarios de la XXVIII JMJ en el Pabellón 5 de Río Centro, Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
18.30 - Ceremonia de despedida en el Aeropuerto internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.
19.00 - Salida en avión desde el Aeropuerto internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro hacia Roma.  

Lunes 29 de julio de 2013
11.30 - Llegada al Aeropuerto de Roma Ciampino

La humildad de Francisco



El Papa no solo aclara que la tarea del sucesor de Pedro es “confirmar a los hermanos” en ese inconmensurable tesoro que es la fe que Dios nos dona como luz para el camino de cada hombre; demuestra también la sintonía entre ambas miradas, la de Ratzinger y la de Bergoglio, sobre la fe y la Iglesia

      «Estas consideraciones sobre la fe, en línea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal, pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a "confirmar a sus hermanos" en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre».
      En estas pocas líneas, a caballo entre las páginas 8 y 9 de Lumen Fidei, la primera Carta encíclica del nuevo Papa, está la mejor respuesta a todos los que en estos primeros meses de Pontificado se han dedicado a enumerar los gestos de “ruptura” o de “discontinuidad”. Desde el color de los zapatos hasta el metal de la cruz, desde la férula hasta las mitras menos ricas, desde los acentos más “sociales” y menos intervencionistas sobre remas éticos en las homilías…
      La Encíclica que fue publicada hoy es la confirmación del afecto y la veneración que Bergoglio nutre por su predecesor. Es cierto que también Benedicto XVI, para la segunda parte de su primera encíclica, retomó y reelaboró significativamente algunos materiales que había preparado su antecesor (quien, por lo demás, no tenía la intención de publicarlos como estaban), pero esta comparación no se “cuaja” con el caso de Bergoglio.
      Francisco, efectivamente, hizo suyo, integrándolo con algunos anejos, un texto completado y preparado por su antecesor. Una encíclica “a cuatro manos”, la definió el mismo Bergoglio, alejando, como suele, formalismos y desmentidos de palacio.
      Una encíclica muy ratzingeriana (en cuanto al lenguaje, la estructura, las citas…) que lleva la firma del primer Papa latinoamericano.
      Asumiendo con humildad todo el trabajo que habían preparado Benedicto XVI y sus colaboradores, Francisco no solo aclara que la tarea del sucesor de Pedro (ayer, hoy y mañana) es “confirmar a los hermanos” en ese inconmensurable tesoro que es la fe que Dios nos dona como luz para el camino de cada hombre. Demuestra también la sintonía entre ambas miradas, la de Ratzinger y la de Bergoglio, sobre la fe y la Iglesia. Una mirada que a menudo ha sido olvidada o reducida por ciertos llamados “ratzingerianos”, que han pretendido transformar el estupor y la hermosura de la iniciativa de Dios en una “ley” eclesiástica. Es justamente en la humildad, en el hecho de considerar a la Iglesia como dependiente del protagonismo de Roma, en la consciencia de que la fe es dar espacio a la presencia y a la iniciativa de Otro, la característica que une intrínsecamente a Benedicto XVI, el Papa emérito, y a Francisco, el Papa.

La fe, luz que hace vivir



¿Es la fe una luz “ilusoria”, es decir, irreal, engañosa e inútil, un sentimiento meramente subjetivo y oscuro, que no tiene valor de conocimiento ni proporciona certezas? ¿Es la fe cristiana algo que arrebata la novedad y la aventura a la vida? ¿Es un espejismo que nos impide avanzar con libertad hacia el futuro?
      
He aquí algunas de las preguntas a las que responde, desde su introducción, la encíclica Lumen fidei (29-VI-2013), primera del PapaFrancisco.
      En ella se plantea la fe como un don que ilumina toda la realidad humana, dándole pleno sentido, y que atraviesa incluso las sombras de la muerte. «Deseo –escribe el Papa– hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz» (n. 4).
Alimentar y robustecer la fe, proponerla a todos
      El objetivo primero de la encíclica es alimentar y robustecer la fe en los cristianos. A la vez quiere proponer la fe a todos las personas de buena voluntad en la perspectiva del Concilio: «El Concilio Vaticano II ha hecho que la fe brille dentro de la experiencia humana, recorriendo así los caminos del hombre contemporáneo. De este modo, se ha visto cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones»(n. 6).
      Como se ha puesto de relieve (A. Tornielli), el hecho de que gran parte del texto proceda de Benedicto XVI y a la vez toda ella está firmada por el Papa reinante, Francisco, subraya que lo más importante no es éste o aquél Papa, sino el ministerio del Sucesor de Pedro en cada momento, cuyo papel es confirmar la fe. Así lo dice el texto mismo: «El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a “confirmar a sus hermanos” en el inconmensurable tesoro de la fe» (n. 7).
      La encíclica expresa que en la fe cristiana esencialmente «se nos ha dado un gran Amor» (ibid.), el de Dios Padre por medio de su Palabra encarnada, Jesucristo; y que si acogemos esa Palabra, el Espíritu Santo «nos transforma, ilumina el camino y hace crecer en nosotros las alas de la esperanza para poder recorrerlo con alegría» (Ibid.). En conjunto, «fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios» (Ibid.). Por ello, la encíclica, que desarrolla lo esencial de la fe, explica también en qué consiste la vida cristiana, caracterizada por las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.
La fe se nos ha dado en una historia
      A la introducción le siguen cuatro capítulos. En el primero se explica que la fe se nos dado en una historia, que arranca de Abrahán, pasa por la historia de Israel y se cumple plenamente en Jesucristo, en quien se encuentra la salvación que se nos ofrece actualmente por medio de la Iglesia. «Si queremos entender lo que es la fe, tenemos que narrar su recorrido» (n. 8); pues la fe «es un conocimiento que se aprende sólo en un camino de seguimiento» (n. 29). Y esto sirve desde luego para la fe personal, pero, ante todo, para penetrar la fe cristiana en su conjunto.
Fe, verdad y amor
      El capítulo segundo muestra las relaciones entre la fe, la verdad y el amor. Al hacerlo, se detiene en las dimensiones principales de la fe. Pone de relieve que la fe tiene que ver centralmente con el conocimiento de la verdad. La fe se abre al amor y así puede ayudar a ensanchar la razón. La fe no es algo meramente subjetivo o sentimental, pues «el amor tiene necesidad de verdad», y el amor mismo es fuente de conocimiento. La fe es tanto «escucha» como «visión». Y, por su conexión con la verdad y el amor, puede entrar fructuosamente en diálogo con la razón. Un diálogo beneficioso, tanto para la razón (por la luz del amor que le aporta la fe) como para la fe (que se inserta en la experiencia humana para comprender y participar el amor de Dios por nosotros). La fe cristiana ilumina el camino de todos los que buscan sinceramente a Dios, e impulsa a acogerlo y buscarlo cada vez mejor y con más consecuencias para la vida.
      Se manifiestan así aspectos fundamentales de la fe, como son sus dimensiones histórica y personal (contra una visión de la fe que fuera intelectualista o, por otra parte, voluntarista o moralista), así como su dimensión eclesial (frente a una visión individualista), pues «quien cree nunca está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros» (n. 39).
La transmisión de la fe
      El capítulo tercero se dedica a la transmisión de la fe como «tradición (entrega) viva». Esto acontece en la Iglesia principalmente por medio de una vida, la de los cristianos, que se testimonia con autenticidad. Los cuatro pilares de esa transmisión de la vida cristiana sonla confesión de la fe (el Credo), los sacramentos, el decálogo (los Mandamientos) y la oración. Así aparecen en el Catecismo de la Iglesia Católica, «instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, “todo lo que ella es, todo lo que cree”», usando palabras del Concilio Vaticano II. Por la relación entre fe y amor cabe vivir una misma e íntegra fe, que es católica porque como un organismo vivo posee «capacidad de asimilar todo lo que encuentra (Newman), purificándolo y llevándolo a su mejor expresión», gracias al servicio del Magisterio de la Iglesia.
La capacidad transformadora de la fe
      Finalmente, el capítulo cuarto desarrolla el dinamismo de la fe en la sociedad. «La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo». La fe posee capacidad transformadora para la vida social (las relaciones humanas, la búsqueda del bien común), la familia y la relación con la naturaleza, y ayuda a superar y dar sentido al sufrimiento propio y ajeno. La fe es luz que los creyentes proponen, con su testimonio y diálogo, para edificar la ciudad terrena, en apertura a la libertad y a la justicia, al derecho y la paz. Juntas, la fe, la esperanza y la caridad permiten integrar las preocupaciones de todos en el camino hacia Dios, impulsando, al mismo tiempo y con fuerza nueva, el vivir de cada día.
      Esta relación entre fe y vida se expresa con clara cercanía en la siguiente frase: «La fe no es un refugio para gente pusilánime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocación al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque está fundado en la fidelidad de Dios, más fuerte que todas nuestras debilidades» (n. 53). Ciertamente, «la luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar» (n. 57).
      La encíclica propone a María, que «conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida» (n. 58), como icono perfecto de la fe cristiana en sus dimensiones totales.
      El mensaje central de la encíclica puede verse concentrado en expresiones como esta: «La fe en el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret no nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto ama Dios a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra» (n. 18)
      De esta manera la encíclica Lumen fidei se ofrece a los cristianos como profundización en la fe, en la línea de la solidaridad que Cristo ha manifestado con cada hombre, y del consuelo y del compromiso que de ahí se derivan para vivir con más intensidad su camino. Y se ofrece también a todas las personas de buena voluntad, como invitación y propuesta de sentido pleno de la vida.