24 diciembre 2013

La alegría del Evangelio, cómo aprender a comunicarla

Rocío Lancho García


Fue el 12 del 12 del 2012 cuando Benedicto XVI publicó el primer tuit en la cuenta pontifex en Twitter. El primer mensaje del papa emérito se convirtió en el quinto más retuiteado de la historia de esta red social, con 80 mil retuits de los usuarios. "Queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos de corazón". 
La cuenta estuvo también en sede vacante desde el 28 de febrero, hasta que el 17 de marzo, el papa Francisco, escribió: "Queridos amigos, les doy las gracias de corazón y les ruego que sigan rezando por mí. Papa Francisco".
A un año de distancia, el santo padre cuenta con más de 10 millones de seguidores en twitter. Con las frases de 140 caracteres el papa se ha convertido en uno de los líderes mundiales con más influencia en esta red social.
Adaptar el mensaje del Evangelio a los tiempos, a los medios y al público. “La presencia del papa en Twitter es una expresión concreta de su convicción de que la Iglesia debe estar presente en el mundo digital”, decía el mensaje de la Oficina de Prensa del Vaticano para explicar la creación de pontifex.
El santo padre Francisco habla en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium sobre cómo la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias e invita a comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible.
 La Iglesia, que es discípula misionera, necesita crecer en su interpretación de la Palabra revelada y en su comprensión de la verdad. La tarea de los exégetas y de los teólogos, recuerda el santo padre en la Evangelii Gaudium, ayuda a «madurar el juicio de la Iglesia».
De otro modo también lo hacen las demás ciencias. Francisco recuerda que “en el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad”. Por eso, afirma el pontífice, “las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra”. Al respecto, advierte Francisco “a quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio”.
Francisco recuerda en su primera la exhortación apostólica que “al mismo tiempo, los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad”. A veces, indica el pontífice “escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que reciben los fieles, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo”. Por ello, advierte que “con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano”. De ese modo, afirma “somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia” y recuerda que ése es el riesgo más grave.
Esto que el santo padre explica, tiene “una gran incidencia en el anuncio del Evangelio si de verdad tenemos el propósito de que su belleza pueda ser mejor percibida y acogida por todos”. De cualquier modo, señala el papa Francisco “nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos”. La fe – matiza el papa - siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden desde esa adhesión que Francisco define como la “hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos”. Por ello, cabe recordar “que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio”.
Por otro lado, Francisco explica que la Iglesia también puede llegar a “reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente”. Pueden ser bellas, afirma el papa,  “pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio”. Y por ello, Francisco invita a no tener miedo de revisarlas. También reconoce el santo padre que hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que hoy en día no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida.
El santo padre cita a  santo Tomás de Aquino que “destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios son poquísimos” y  citando a san Agustín, advertía que los preceptos añadidos posteriormente deben exigirse con moderación “para no hacer pesada la vida a los fieles”. El papa reconoce la actualidad de esta advertencia e invita a que sea uno de los criterios a considerar a la hora de pensar una reforma de la Iglesia y de su predicación.
Por otra parte, subraya que no se puede olvidar la enseñanza del Catecismo que indica como “la imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales”.
Por lo tanto, “hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día”, indica el santo padre. Y se dirige en concreto a los sacerdotes para recordarles que “el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible”.
Tras leer estas indicaciones del santo padre se puede entender mejor los que mencionábamos al inicio del artículo sobre que “la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias”. Y la invitación de Francisco es a “siempre comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible”.
Un corazón misionero, indica el santo padre “nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva”. Y además “sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino”.

23 diciembre 2013

Como Maria, abrir el alma a Jesús que nace

El Papa hoy en Santa Marta


En Navidad, como María, hagamos sitio a Jesús que viene.  El papa ha subrayado que el Señor visita cada día su Iglesia y ha advertido sobre la actitud de cerrar nuestra alma. El cristiano, ha indicado, debe siempre estar en espera vigilante del Señor. 
Además, el santo padre ha subrayado  que la Iglesia, como María, está en espera de un parto. También ella, ha explicado, “sentía lo que sienten todas las mujeres de aquel tiempo”. Siente estas “percepciones interiores en su cuerpo, en su alma” que el hijo está llegando. María, ha dicho el papa, siente en su corazón que quiere ver el rostro de su Niño. El santo padre ha recordado que “nosotros como Iglesia, acompañamos a la Virgen en este camino de espera” y casi “queremos apresurar este nacimiento del Señor”. Así, Francisco ha explicado que el Señor viene dos veces, “el que conmemoramos ahora, el nacimiento físico” y el que “sucederá al final de los tiempo”. Pero, como afirma san Bernardo, hay también un tercer nacimiento.
“Hay una tercera vendida del Señor: la de cada día. ¡El Señor cada día visita a su Iglesia! Visita a cada uno de nosotros y también nuestra alma entra en esta semejanza: nuestra alma se parece a la iglesia, nuestra alma se parece a María. Los padres del desierto dicen que María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas y que lo que se dice de una, análogamente se puede decir de la otra. Nuestra alma está en espera, en esta espera por la venida del Señor; un alma abierta que llama: ‘¡Ven, Señor!'
Y en estos días, también a cada uno de nosotros, ha proseguido el santo padre, “el Espíritu Santo nos mueve a hacer esta oración: ¡Ven! ¡Ven!”. Todos los días del Adviento, ha recordado Francisco “hemos dicho en el prefacio que nosotros, la Iglesia, como María, estamos vigilantes en la espera”. Y la vigilancia, ha señalado, “es la virtud” del peregrino y nosotros todos “somos peregrinos”.
El santo padre se ha preguntado “¿estamos en espera o estamos cerrados? ¿Estamos vigilantes o estamos seguros en un hotel, a lo largo del camino y no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes?” Por esto, ha explicado Francisco, “la Iglesia nos invita a rezar esto ‘¡Ven!’, a abrir nuestra alma y que nuestra alma sea, en estos días, vigilante en la espera. ¡Vigilar!” Y nuevamente ha preguntado el pontífice “¿qué sucede en nosotros si viene el Señor o si no viene? ¿Hay sitio para el Señor o hay sitio para las fiestas, para hacer compras, hacer ruidos… ¿Nuestra alma está abierta, como está abierta la Santa Madre Iglesia y como estaba abierta la Virgen? ¿O nuestra alma está cerrada y hemos colocado en la puerta un cartel, muy educado, que dice: ‘Se ruega no molestar’?
Francisco ha indicado que “el mundo no termina con nosotros, nosotros no somos los más importantes del mundo: es el Señor, con la Virgen y con la Madre Iglesia!” Por esta razón, ha invitado el papa, nos hará bien repetir la invocación: “¡Oh sabiduría, oh llave de David, o Rey de las gentes, ven!
Al finalizar, el santo padre ha propuesto que "repetir muchas veces ¡Ven!, y buscar que nuestra alma no sea un alma que diga: ‘no molestar’. ¡No! Que sea un alma abierta, que sea un alma grande, para recibir al Señor en estos días y que comience a escuchar lo que mañana en la antífona nos dirá la Iglesia: ‘¡Sabed que hoy viene el Señor y que mañana veréis su gloria!”.

22 diciembre 2013

Prepararse a la Navidad con el ejemplo de María y José

El Papa en el Ángelus de hoy

"Queridos hermanos y hermanas:
En este cuarto domingo de Adviento el evangelio nos narra los hechos precedentes al nacimiento de Jesús, y el evangelista Mateo los presenta desde el punto de vista de san José, el prometido esposo de María.
José y María vivían en Nazaret; no habitaban todavía juntos porque el matrimonio no se había realizado. En ese tiempo intermedio, María después de haber recibido el anuncio del ángel quedó en cinta por obra del Espíritu Santo. Cuando José se da cuenta de este hecho queda desconcertado. El evangelio no explica cuáles eran sus pensamientos pero nos dice lo esencial: él quiere hacer la voluntad de Dios y está listo a la renuncia más radical.
En cambio de defenderse para hacer valer sus derechos, José elige una solución que para él representa un sacrificio enorme: 'Porque era un hombre justo y no quería acusarla publicamente, pensó de repudiarla en secreto'.
De manera breve esta frase reasume un verdadero y propio drama interior, si pensamos al amor que José tenía por María. Pero también en tal circunstancia, José quiere hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, despedir a María en secreto.
Es necesario meditar sobre estas palabras para entender la prueba que José debió superar en los días anteriores al nacimiento de Jesús. Una prueba similar al sacrificio de Abram cuando Dios le pidió a su hijo Isaac: renunciar a la cosa más preciosa, a la persona más amada. Pero como en el caso de Abram, el Señor interviene: ha encontrado la fe que buscaba y abre un camino diverso, un camino de amor y felicidad: 'José -le dice- no temas de tomar contigo a María, tu esposa. De hecho el niño que ha sido generado en ella proviene del Espíritu Santo'.
Este evangelio nos muestra toda la grandeza de animo de José. Él estaba siguiendo un buen proyecto de vida pero Dios reservaba para él otro plan, una misión más grande.
José era un hombre que siempre sabía escuchar la voz de Dios, era profundamente sensible a su secreta voluntad, un hombre atento a los mensajes que le llegaban desde lo más profundo del corazón y desde lo alto.
No se había obstinado a seguir su proyecto de vida, no permitió que el rencor le envenenara el ánimo, sino que estuvo listo a ponerse a disposición de la novedad que, de manera desconcertante le era propuesta.
Es así un hombre bueno que no odiaba, no permitió que el rencor que le avenenara el alma. Cuantas veces nos ha sucedido a nostros que el odio y la antipatía incluida, el rencor nos envenenan el alma. Y esto nos hace mal. No permitirlo nunca: él es un ejemplo de esto. Y así José se volvió aún más grande. 
Aceptándose de acuerdo al designio del Señor, José se encuentra plenamente consigo mismo, más allá de sí mismo. Esta libertad de renunciar a lo que es suyo, a la posesión de su propia existencia y esta plena disponibilidad interior a la voluntad de Dios, nos interrogan y nos muestran el camino.
Nos disponemos por ello a celebrar la Navidad, contemplando a María y a José: María la mujer llena de gracia y que tuvo el coraje de confiar totalmente en la palabra de Dios. José, el hombre fiel y justo que prefirió creer en el Señor, en cambio de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano. Con ellos caminamos hacia Belén”.
Después de rezar el ángelus el papa se dirige nuevamente a los presentes.
"Leo escrito grande: 'Los pobres no pueden esperar'. Es bello y esto me hace pensar que Jesús ha nacido en un establo y no en una casa. Después tuvo que escapar hacia Egipto para salvar su vida. Después retornó a Nazaret.
Hoy pienso, también leyendo este cartel, a tantas familias sin casa, sea porque nunca la tuvieron o porque la perdieron por motivos diversos. Familia y casa van juntas. Es muy difícil llevar adelante una familia, ser una familia si no se vive en una casa. En estos días de Navidad invito a todos, personas, entes sociales y autoridades, para que hagan todo lo posible para  que cada familia pueda tener una casa.
Saludo con afecto a todos ustedes, queridos peregrinos provenientes de varios países para participar a este encuentro de oración. Mi pensamiento va a los grupos parroquiales, a las asociaciones y a los fieles individualmente. En particular saludo la comunidad de Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras, a la banda musical de San Giovanni Valdano, a los jóvenes de la parroquia de San Francesco Nuovo en Rieti, y a los participantes a la estafeta que partió desde Alessandria (en el norte de Italia) y que llegó a Roma para dar testimonio del empeño en favor de la paz en Somalia. Le deseo siempre a todos un buen domingo y una Navidad de esperanza y fraternidad.
Y a todos los que de Italia se han reunido hoy para manifestar sobre las dificultades sociales, les deseo que puedan dar una contribución constructiva, rechazando las tentaciones del enfrentamiento y de la violencia, y siguiendo siempre la vía del diálogo y defendiendo sus derechos.  Les deseo a todos un feliz domingo y una Navidad de esperanza, de justicia y de fraternidad".
“Buon pranzo e arrivederci”.

21 diciembre 2013

Sin Jesús no hay Navidad

Mons. Diaz Diaz, de San Cristobal de las Casas


Isaías 7, 10-14: “He aquí que la virgen concebirá” 
Salmo 23: “Ya llega el Señor, el rey de la gloria”
Romanos 1, 1-7: “Jesucristo, nuestro Señor, nació del linaje de David”
San Mateo 1, 18-22: “Jesús nació de María, desposada con José, hijo de David”

Este nuestro México, tan apresurado para algunas cosas y tan descuidado y negligente para otras. Ya desde antes de la celebración de los Fieles Difuntos, sobre todo en casas comerciales y eventos sociales, empezaban a sonar las campanitas de Navidad y aparecer los signos navideños: el árbol y ese señor gordo que con su carcajada quisiera esconder nuestra difícil realidad, las esferas y, todavía en muchos sitios, los diferentes nacimientos en los más diversos estilos y con las más inculturadas formas: el niño futbolista, el ambiente indígena, el niño pescador… Cierto, Cristo asume todas las realidades. Me sorprende un nacimiento ya casi terminado con una multitud de figuritas, con toda la historia desde Adán hasta los Reyes Magos, con profetas, reyes y pastores… “Ya casi está listo, me dice su dueño con mucho orgullo, sólo falta el Recién Nacido… pero a Él lo coloco hasta el mero día”. Y me quedo pensando: “sin Jesús no hay Navidad, porque Navidad es ‘Dios con nosotros’, presencia de Jesús”.
También las lecturas de este cuarto domingo de Adviento nos llevan por el mismo camino: contemplar que ya todo está listo para que nazca el Salvador. San Mateo con sus narraciones sobre la infancia pretende meternos en el misterio más que narrarnos la historia, busca que experimentemos la grandeza del amor, más que quedarnos en el detalle. Nos invita a la contemplación de todo lo que está listo y cómo fue el nacimiento de Jesús en la carne. Los protagonistas que parecen perdidos en el silencio, son descubiertos por la mirada aguda del Evangelista, o más bien por la acción fecunda del Espíritu Santo que todo lo transforma y todo lo hace resplandecer. Iniciemos contemplando a San José. Es cierto que es descendiente de la estirpe de David, pero no encontramos en él los rasgos de la realeza ni la cuna de la aristocracia, sino la fe del hombre sencillo, trabajador y muy comprometido. En sueños, descubre el plan de salvación y dejando sus proyectos se entrega confiado a escuchar y a realizar el querer de Dios; busca caminar, aun en medio del desconcierto, según sus designios y acepta el misterio aunque supere su comprensión. Vive en pareja, ama a María, no quiere lastimarla… ¡Cuánto podemos aprender de José en este momento tan cercano de la Navidad! Necesitamos también nosotros descubrir la voluntad de Dios para nuestros caminos, arriesgarnos a vivir en su presencia y aventurarnos en el amor sin límites que perdona, que acompaña, que comparte.
María, la pequeñita, porta en su seno la Palabra hecha carne suya, hecha sangre suya, hecha vida participada y compartida. María ha asumido todos los riesgos para convertirse en hueco, tierra virgen donde la Semilla se enraíza para brotar como el Renuevo. En el silencio y en el dolor María aprende a gestar y a dar a luz a Jesús, se pone a su servicio y ofrece lo mejor que tiene: “He aquí la esclava del Señor”. Esta muchachita es la que sabe transformar una cueva de animales en el trono de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Con María quiero aprender a acoger, a germinar, a servir. Sobre todo en estos tiempos de cansancio y pesimismo, con María, despierto mi esperanza y me comprometo con el Dios que transforma, que nos visita y que nos salva.
Jesús, en el vientre de María, inicia la salvación y la liberación porque ya ha tomado carne, porque ya ha asumido, porque ya tiene nombre. San Mateo se encarga de presentarnos a este Niño y nos anuncia todo su significado: “la presencia de Dios que salva”, expresada en dos nombres: Jesús, Dios-Salva; y Emmanuel, Dios-con-nosotros. Dios para manifestarse se confía a la carne, se sirve de nuestra carne. La Encarnación no es sólo un discurso, ni una apariencia, el Hijo de Dios se hace hombre realmente: Jesús de Nazaret, con un rostro, con una historia familiar, con relaciones, con límites y sufrimientos. Dios con nosotros, y si Dios está con nosotros todo cambia: todos somos hermanos, tiene sentido la vida, renace la esperanza. Si Dios se hace carne, transforma la humanidad, le da dignidad, la enaltece. Nosotros nos inclinamos en silencio ante esta presencia, la contemplamos y quedamos mudos de estremecimiento: Dios con nosotros.
San Mateo se encarga de resaltar este vínculo tan grande con el pueblo de Israel, da una larga lista de sus raíces con nombres de todos colores y sabores: los hay santos y perversos, los hay judíos y extranjeros, hay hombres y mujeres. Todos contribuyen a “formar” al Emmanuel, para que el Emmanuel sea de todos. Pero ¿estamos dispuestos a aceptar esta presencia? El Dios-con-nosotros, es decir, participante de nuestras acciones, metido en todos nuestros momentos, envuelto en los momentos profanos de nuestra existencia, gozando y sufriendo nuestras alegrías y dolores, puede resultar una presencia incómoda. Nosotros queremos a Dios presente en nuestras vidas pero sólo en determinados momentos y puede resultar embarazoso sentirlo siempre junto a nosotros. ¿Cómo sentir al Emmanuel cercano al corazón y continuar odiando al hermano? ¿Cómo saber que Dios se hace carne nuestra y alentar guerras, desprecios e injusticias?
Ya estamos a unos cuantos días del nacimiento de Jesús. Acerquémonos, contemplemos, no atropellemos el tiempo de Dios, demos espacio al silencio, a la oración y a la experiencia del amor. No destruyamos con nuestras prisas, la vida inocente que se acerca. De todo corazón deseo a todos ustedes que esta Navidad, el “Dios que salva”, “El Dios con nosotros”, llene su corazón, su hogar y su comunidad. ¡Feliz Navidad!
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su Pasión y su Cruz, a la Gloria de la Resurrección. Amén

20 diciembre 2013

La humildad nos hace fecundos y la soberbia estériles

El Papa ayer en Santa Marta


Ha afirmado que la intervención de Dios vence la esterilidad de nuestra vida y la hace fecunda. Por tanto, ha advertido sobre la actitud de la soberbia que nos hace estériles. 
Para comenzar la homilía Francisco ha recordado que "muchas veces, en la Biblia, encontramos mujeres estériles a las cuáles el Señor da el don de la vida", comentando la lectura del día que habla de Isabel que de estéril tuvo un hijo, Juan. "De la imposibilidad de dar vida viene la vida", ha señalado el santo padre. Y esto, ha continuado, también "ha sucedido a mujeres no estériles", sino que "no tenían esperanza de vida", como Noemí que al final tuvo un nieto: "El Señor interviene en la vida de estas mujeres para decirnos: ' Yo soy capaz de dar vida'. También en los profetas está la imagen del desierto, la tierra desierta incapaz de hacer crecer un árbol, un fruto, de hacer germinar algo. 'Pero el desierto será como un bosque - dicen los profetas - será grande, florecerá' ¿Pero el desierto puede florecer? Sí. ¿La mujer estéril puede dar vida? Sí. Esa promesa del Señor: ¡Yo puedo! ¡Yo puedo de la sequía, de vuestra sequía, hacer crecer la vida, la salvación! Yo puedo de la aridez hacer crecer los frutos!"
Así, el papa ha afirmado que la salvación es esto: "La intervención de Dios que hace fecundo, que nos da la capacidad de dar vida". Nosotros, ha prevenido, no podemos hacerlo solos. Además, ha continuado el santo padre, "muchos han hecho la prueba de pensar en nuestra capacidad de salvarnos": "¡También los cristianos eh! Pensemos en los pelagianos, por ejemplo". Todo es gracia. Es la intervención de Dios que nos trae la salvación. Es la intervención de Dios que nos ayuda en el camino de la santidad. Solamente puede Él. ¿Pero por nuestra parte qué hacemos? Primero: reconocer nuestra sequía, nuestra incapacidad de dar vida. Reconocer esto. Segundo, pedir: 'Señor, yo quiero ser fecundo. Yo quiero que mi vida dé vida, que mi fe sea fecunda y vaya adelante y pueda darla a los otros'. 'Señor, yo soy estéril, yo no puedo. Tú puedes. Yo soy un desierto: yo no puedo, Tú puedes'".
Esta puede ser la oración de estos días, antes de la Navidad, ha propuesto el santo padre. A continuación ha afirmado que "pensemos en cómo los soberbios, los que creen que pueden hacer todo por sí mismos, se ven afectados".
Para finalizar, el santo padre ha dirigido su pensamiento a Micol, hija de Saúl. Una mujer, "que no era estéril, pero era soberbia y no entendía qué era alabar a Dios", es más, "reía de la alabanza". Y fue "castigada con la esterilidad". "La humildad es necesaria para la fecundidad", ha recordado. "La humildad de decir al Señor: 'Señor, soy estéril, soy un desierto' y repetir en estos días esas bonitas antífonas que la Iglesia nos hace rezar: 'Oh hijo de David, oh Adonai, oh Sabiduría - hoy - oh raíz de Jesse, oh Emmanuel, ven a darnos vida, ven a salvarnos, porque solo Tú puedes, ¡yo solo no puedo!' Y con esta humildad - ha precisado Francisco - "la humildad del desierto, la humildad de alma estéril, recibir la gracia, la gracia de florecer, de dar fruto y de dar vida".

19 diciembre 2013

'La gente ha reconocido en el papa Francisco un sacerdote auténtico'

Entrevista al Prelado del Opus Dei en el ‘Corriere della Sera’ el 15-12-2013

¿Qué piensa el Opus Dei del Papa Francisco? ¿Cómo se ha acogido, en una de las más potentes y extendidas instituciones de la Iglesia católica, la elección de un jesuita y sus sorprendentes maniobras?
La acogimos con profunda alegría −responde sonriendo el prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría− y en mi oración pedí para el papa Francisco la intercesión de san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, cuyos frutos apostólicos son un tesoro para la Iglesia. Fue un santo muy apreciado por el fundador del Opus Dei, que en uno de sus libros, Camino, se refiere a él seis veces, en ocasiones utilizando su nombre familiar: Íñigo.
Invirtamos la pregunta: ¿qué piensa el Papa del Opus Dei? A usted le ha recibido dos veces. Se dice que es devoto del fundador, san Josemaría, ¿es verdad?
El Santo Padre me transmitió su alegría y me dijo que bendecía el trabajo apostólico de la Prelatura, que conoce bien. Entre otras cosas, porque, cuando era arzobispo de Buenos Aires, mantuvo relación con varios fieles del Opus Dei. También conoce bien la figura de san Josemaría. Hace algunos años vino aquí a Roma a visitar su tumba y permaneció en oración durante 45 minutos. Es una demostración práctica de la intensidad y de la generosidad con que reza quien ahora es el sucesor de Pedro.
Desde el primer momento, el Papa Francisco ha demostrado ser un Pontífice “revolucionario”, con decisiones sorprendentes…
Y enseguida la gente ha reconocido en el Papa Francisco un sacerdote auténtico, que reza mucho y que sabe escuchar a quien se encuentra frente a él. Al mismo tiempo, es austero consigo mismo. Desea profundizar en aquella hermosa imagen de Benedicto XVI, que anhelaba una Iglesia cada vez más parecida a la casa de Nazaret. Para que esto sea realidad, no basta renunciar a los bienes materiales (algunos son necesarios para el trabajo y para la vida familiar y social), es necesario, como el Papa Francisco nos enseña, amar la pobreza por amor.
Y desde el inicio, efectivamente, el papa ha hablado de una Iglesia “pobre entre los pobres”, capaz de ir a las periferias, y él mismo ha elegido un estilo sobrio. ¿Cómo ve todo esto el Opus Dei que, justificada o injustificadamente, es considerado por muchos una organización que no se dirige a cristianos pobres?
En realidad, puede decirse que el Opus Dei nació precisamente en las periferias, en los años 30, en los barrios pobres de Madrid. Desde entonces, muchas personas en todo el mundo siguen comprometidas con ese tipo de labor, ayudando a pobres y enfermos, hombres, mujeres y niños en dificultad, desde Nueva Delhi hasta Manila, en Manchester y en Kinshasa. Permítame también aclarar que el Opus Dei no se dirige solo a los ricos: muchos fieles de la prelatura, en distintas partes de mundo, no consiguen llegar a fin de mes, y tienen que afrontar esta dificultad con heroísmo y con fe, sin hacer ruido.
Aún no ha transcurrido el primer año de su pontificado y el papa ya ha tomado decisiones importantes respecto a sus colaboradores, con la evidente intención de reformar la Curia, no sin encontrar resistencias. También está mostrando determinación en lo relativo a la transparencia financiera y a la reforma del IOR. ¿Cómo juzga esta estrategia?
No me compete a mí juzgar qué es prioritario, sino al Santo Padre. Por experiencia personal puedo decir que en los distintos dicasterios y, en general, en la Santa Sede, hay muchas personas que trabajan con gran generosidad. Pero, sin duda, la reforma es siempre necesaria: por más organizadas que puedan presentarse, las estructuras humanas nunca estarán a la altura de la misión de llevar el Evangelio a todo el mundo. Por eso, como bien dice el Papa, no cabe confundir a la Iglesia con una ONG: la Iglesia debe tener su fundamento en la fe en Cristo, como esposa fiel.
En la línea de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, el Papa Francisco insiste en el tema de la Nueva Evangelización: ¿cómo responde el Opus Dei a esta llamada?
El Papa Francisco está ayudando a todo el mundo a dar prioridad a la cultura del ser, de la vida, en contraste con esa cultura del tener que a veces ahoga a las sociedades más desarrolladas económicamente. Y habla de la santidad en la vida corriente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar el pan a su casa, los enfermos. El mundo occidental debe redescubrir este tipo de santidad. No es un camino para unos poco iniciados: es una invitación que el Señor dirige a todos. En los países de tradición cristiana, el Opus Dei −a través de actividades de formación espiritual− ofrece un camino para redescubrir la fe en medio de las ocupaciones ordinarias. En esto consiste la nueva Evangelización: en reavivar en los cristianos, que a veces se consideran tales solo por su contexto cultural, la llama de una relación viva y personal con Dios.
El Papa Francisco ha hablado de la Iglesia como un “hospital de campaña” que se debe ocupar también de quienes han abortado o se han divorciado. En 2014 está previsto un sínodo sobre la familia, y el papa ha enviado un cuestionario en el que pide a los obispos su opinión sobre estos temas. ¿Cuál es la posición del Opus Dei?
El hombre contemporáneo experimenta profundos sufrimientos en la vida profesional, en las relaciones sociales e incluso en el entorno de la propia familia. Como cristianos, estamos llamados a actuar, a ver a los demás con la mirada de Cristo, llena de amor y de misericordia. Cuando un cristiano ayuda a un amigo, es como Cristo que mira sin repugnancia a quien tiene necesidad de ser curado. El sínodo sobre la familia nos estimulará a redescubrir la belleza del amor, de la fidelidad, del ambiente familiar, que se construye también con palabras y actitudes de servicio a favor de aquellos que han sufrido heridas precisamente en este aspecto de la vida.
En una entrevista al ‘Corriere’, la presidenta del Movimiento de los Focolares, Maria Voce, ha pedido que se dé más peso a las mujeres dentro de la Iglesia. ¿Está de acuerdo?
Ciertamente. Porque, como ha recordado el Santo Padre, la Iglesia es mujer: basta pensar en el papel de la Virgen. El tema de la mujer no es nuevo, y de hecho el desarrollo mismo de la Iglesia ha sido sostenido significativamente por las mujeres. Por lo demás, el Opus Dei siempre ha visto a la mujer en un lugar central de la vida de la Iglesia.
¿Qué piensa del papel y de las responsabilidades de las clases dirigentes en la crisis que desde hace años aqueja al mundo occidental, en especial a países como Italia?
Pienso que no podemos echar toda la culpa a las clases dirigentes sin interrogarnos antes sobre lo que cada uno personalmente hacemos cada día, independientemente de cuál sea nuestro lugar en la sociedad. No podemos responsabilizar únicamente a los otros, a una clase dirigente que elegimos y a la que siempre podemos condicionar. Por lo tanto, preguntémonos primero cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo es nuestra relación con los demás, con nuestra familia. En la crisis se entra y de la crisis se sale, pero para lograrlo es necesario el compromiso de todos, de cada uno, no sólo de quien gobierna.

18 diciembre 2013

La Navidad es la fiesta de la confianza y de la esperanza, que supera el pesimismo.

El Papa en la Audiencia General


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Este encuentro nuestro se desarrolla en el clima espiritual del Adviento, manifestado más intensamente por la Novena de la Santa Navidad, que estamos viviendo en estos días y que nos lleva a las fiestas navideñas. Por este motivo hoy quisiera reflexionar con vosotros sobre la Navidad de Jesús, fiesta de la confianza y de la esperanza, que supera las inseguridades y el pesimismo. Y la razón de nuestra esperanza es esta: ¡Dios está con nosotros y Dios se fía todavía de nosotros! Pensad bien en esto: ¡Dios está con nosotros y se fía todavía de nosotros! Es generoso este Padre Dios, ¿verdad? 

Dios viene a habitar con los hombres, elige la tierra como su morada para estar junto al hombre y dejarse encontrar allí donde el hombre vive sus días en la alegría y el dolor. Por tanto, la tierra no es solo “un valle de lágrimas”, sino el lugar donde Dios mismo ha puesto su tienda, es el lugar del encuentro de Dios con el hombre, de la solidaridad de Dios con los hombres.
Dios ha querido compartir nuestra condición humana hasta el punto de hacerse una sola cosa con nosotros en la persona de Jesús, que es verdadero hombre y verdadero Dios. Pero hay algo todavía más sorprendente. La presencia de Dios en medio de la humanidad no se ha dado en un mundo ideal, idílico, sino en este mundo real, marcado por cosas buenas y malas, por divisiones, maldad, pobreza, prepotencias y guerras. Él ha elegido habitar en nuestra historia así como es, con todo el peso de sus límites y de sus dramas. Haciendo así se ha demostrado de forma insuperable su inclinación misericordiosa y llena de amor hacia las criaturas humanas. Él es el Dios-con-nosotros, Jesús es Dios-con-nosotros, ¿creéis esto? Hagamos juntos esta confesión. ¡Todos! ¡Jesús es Dios-con-nosotros. ¡Otra vez! ¡Jesús es Dios-con-nosotros!. Muy bien, gracias.

Jesús es Dios-con-nosotros, desde siempre y por siempre está con nosotros en los sufrimientos y en los dolores de la historia. La Navidad de Jesús es la manifestación de que Dios se ha puesto del lado del hombre “de una vez y para siempre”, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades, de nuestros pecados.
De aquí viene el gran “regalo” del Niño de Belén: una energía espiritual que nos ayuda a no hundirnos en nuestras fatigas, en nuestras desesperaciones, en nuestras tristezas, porque es una energía que nos conforta y transforma el corazón. El nacimiento de Jesús, de hecho, nos lleva a la bella noticia de que somos amados inmensamente y individualmente por Dios, y este amor no solo nos lo hace conocer, ¡sino que nos los da, nos lo comunica!
De la contemplación gozosa del misterio del Hijo de Dios nacido por nosotros, podemos extraer dos consideraciones.
La primera es que si en la Navidad Dios se revela no como uno que está en las alturas y que domina el universo, sino como El que se abaja. Dios se abaja, desciende a la tierra, pequeño y pobre, esto significa que para ser como Él nosotros no podemos ponernos por encima de los demás, sino abajarnos, ponernos al servicio, hacernos pequeños con los pequeños y pobres con los pobres. Es una cosa fea cuando se ve a un cristiano que no quiere abajarse, que no quiere servir, que se pavonea por todas partes. ¡Es feo! ¡Ese no es un cristiano, es un pagano! ¡El cristiano sirve y se abaja! ¡Hagamos esto de forma que nuestros hermanos y hermanas no se sientan nunca solos!
La segunda: si Dios, por medio de Jesús, se ha implicado con el hombre hasta el punto de convertirse en uno de nosotros, quiere decir que cualquier cosa que le hagamos a un hermano y a una hermana se la habremos hecho a Él. Nos lo ha recordado el mismo Jesús: quien haya nutrido, acogido, visitado, amado a uno de los más pequeños y de los más pobres entre los hombres, se lo habrá hecho al Hijo de Dios.
Confiémonos a la materna intercesión de María, Madre de Jesús y nuestra, para que nos ayude en esta Santa Navidad, ya muy cercana, a reconocer en el rostro de nuestro prójimo, especialmente de las personas más débiles y marginadas, la imagen del Hijo de Dios hecho hombre. ¡Gracias!

17 diciembre 2013

'Si falta la profecí­a se cae en el clericalismo'

El Papa en la homilí­a de ayer en Santa Marta


El profeta -- ha señalado el santo padre comentando las lecturas del día -- es el que escucha las palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.
“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro. El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú nos hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.
Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen -- ha explicado el pontífice -- cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y el profeta no siempre es recibido, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía -- ha observado de nuevo el papa Francisco -- algo falta: ¡falta la vida del Señor!”. “Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”:
“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven educidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.
Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”:

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.