23 enero 2014

'Los celos y murmuraciones destruyen a las comunidades cristianas'

El Papa en la homilí­a de este jueves


Las reflexiones del Papa han tomado como referencia la primera lectura del día que habla de la victoria de los israelitas sobre los filisteos gracias al valor de joven David. La alegría de la victoria se transforma pronto en tristeza y envidia en el rey Saúl al ver que las mujeres alababan a David por haber matado a Goliat. Entonces, afirma Francisco "esa gran victoria comienza a convertirse en derrota en el corazón del rey" en el que se insinúa, como sucede en Caín, "la semilla de los celos y de la envidia".
Y como Caín con Abel, entonces el rey decide matar a David. "Así hacen los celos en nuestro corazón -observa el Papa- es un inquietud mala, que no tolera que otro hermano o hermana tenga algo que yo no tengo". Saúl, "en vez de alabar a Dios, como hacían las mujeres de Israel, por esta victoria, prefiere cerrarse en sí mismo, lamentarse" y "cocinar sus sentimientos en el caldo de la amargura".
Así lo ha explicado el Santo Padre: "Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Ha sido precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo ha entrado en el mundo. La Biblia dice: 'Por la envidia el diablo ha entrado a hacer mal en el mundo'. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. También divide a una comunidad. Una comunidad cristiana, cuando algunos de sus miembros sufren de envidia, de celos, termina dividida: uno contra el otro. Y ésto es un veneno fuerte. Es un veneno que encontramos en la primera página de la Biblia con Caín".
En el corazón de una persona tocada por los celos y la envidia -ha subrayado el Papa- suceden "dos cosas clarísimas". Primero la amargura: "La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amarga: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué es la alegría, siempre mira 'que tiene áquel y yo no tengo'. Y esto lleva a la amargura, una amargura que se difunde en toda la comunidad. Son estos sembradores de amargura. Y la segunda actitud, que llevan los celos y la envidia, son a murmurar. Porque este no tolera que el otro tenga algo, la solución es rebajar al otro, para que yo esté más alto. Y el instrumento son las murmuraciones. Mira siempre y verás que detrás de una murmuración están los celos y la envidia. Y las murmuraciones dividen la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo".
El Santo Padre ha mencionado cuántas bellas comunidades cristianas iban bien, pero después en uno de los miembros ha entrado la semilla de los celos y la envidia y, con esto la tristeza, el resentimiento de los corazones y las murmuraciones.
 Ha continuado señalando que "una persona que está bajo la influencia de la envidia y de los celos, mata", como dice el apóstol Juan: "Quien odia a su hermano es un homicida". Así como "el envidioso, el celoso, comienza a odiar al hermano". Por tanto, Francisco ha concluido pidiendo: "Hoy, en esta misa, recemos por nuestras comunidades cristianas, para que esta semilla de los celos no sea sembrada entre nosotros, para que la envidia no tome lugar en nuestro corazón, en el corazón de nuestras comunidades, y así podamos ir hacia adelante con la alabanza al Señor, alabando al Señor, con la alegría. Y es una gracia grande, la gracia de no caer en la tristeza, en el estar resentido, en los celos y en la envidia".

El Papa invita a reconocer con alegría los dones de Dios presentes en otras comunidades cristianas

En la audiencia de ayer miércoles 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!; 
El Sábado pasado ha comenzado la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que finalizará el próximo sábado, fiesta de la Conversión de san Pablo apóstol. Esta iniciativa espiritual, sumamente valiosa, involucra a las comunidades cristianas desde hace más de cien años. Se trata de un tiempo dedicado a la oración por la unidad de todos los bautizados, según la voluntad de Cristo: "Que todos sean uno" (Jn 17, 21). Cada año, un grupo ecuménico de una región del mundo, bajo la guía del Consejo Mundial de las Iglesias y del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, sugiere el tema y preparar los subsidios para la Semana de oración. Este año, tales subsidios provienen de las Iglesias y Comunidades eclesiales de Canadá, y se refieren a la pregunta dirigida por san Pablo a los cristianos de Corinto: "¿Acaso está dividido Cristo?" (1 Corintios 1, 13) . Ciertamente Cristo no ha sido dividido. Pero debemos reconocer sinceramente, y con dolor, que nuestras comunidades siguen viviendo divisiones que son de escándalo. Las divisiones entre nosotros cristianos son un escándalo, no hay otra palabra, ¡un escándalo! “Cada uno de vosotros – escribía el Apóstol – dice: “Yo soy de Pablo”, “Yo en cambio soy de Apolo”, “Yo soy de Cefas”, “Yo soy de Cristo” (1, 12). También aquellos que profesaban a Cristo como su cabeza no son aplaudidos por Pablo, porque usaban el nombre de Cristo para separarse de los demás dentro de la comunidad cristiana. ¡Pero el nombre de Cristo crea comunión y unidad, no división! Él ha venido a hacer comunión entre nosotros, no para dividirnos. El Bautismo y la Cruz son elementos centrales del discipulado cristiano que tenemos en común. Las divisiones en cambio debilitan la credibilidad y la eficacia de nuestro compromiso de evangelización y corren el riesgo de vaciar a la Cruz de su potencia (cfr. 1, 17). Pablo reprende a los corintios por sus disputas, pero también da gracias al Señor “con motivo de la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús, porque en él habéis sido enriquecidos con todos los dones, los de la palabra y los del conocimiento” (1, 4-5). Estas palabras de Pablo no son una simple formalidad, sino el signo que él ve ante todo – y por esto se alegra sinceramente – los dones hechos por Dios a la comunidad. Esta actitud del Apóstol es un estímulo para nosotros y para cada comunidad cristiana a reconocer con alegría los dones de Dios presentes en otras comunidades. A pesar del sufrimiento de las divisiones, que por desgracia aún permanecen, acojamos las palabras de Pablo como una invitación a alegrarnos sinceramente por las gracias concedidas por Dios a otros cristianos. Tenemos el mismo bautismo, el mismo Espíritu Santo que nos concede las gracias. Reconozcámoslo y alegrémonos. Es hermoso reconocer la gracia con la que Dios nos bendice y, aún más, encontrar en otros cristianos algo que necesitamos, algo que podríamos recibir como un don de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. El grupo canadiense que ha preparado los subsidios de esta Semana de oración no ha invitado a las comunidades a pensar en lo que podrían dar a sus vecinos cristianos, sino que las ha exhortado a encontrarse para comprender lo que todas pueden recibir cada vez de las demás. Esto requiere algo más. Requiere mucha oración, requiere humildad, requiere reflexión y continua conversión. Vayamos adelante en este camino rezando por la unidad de los cristianos, para que este escándalo disminuya y no se de más entre nosotros. ¡Gracias

22 enero 2014

Las divisiones entre los cristianos son un escándalo

El Papa reflexiona sobre la unidad de los cristianos


Hoy se abre en Montreux, en Suiza, una Conferencia internacional de apoyo a la paz en Siria, a la cual seguirán inmediatamente las negociaciones en Ginebra a partir de 24 de enero. Por ello, el Santo Padre en la audiencia de esta mañana ha pedido "al Señor que toque los corazones de todos para que, buscando únicamente el mayor bien del pueblo sirio, tan intentado, no ahorren ningún esfuerzo para alcanzar con urgencia el cese de la violencia y el final del  conflicto, que ha causado ya demasiados sufrimientos. Deseo a la querida nación siria un camino decidido de reconciliación, de concordia y de reconstrucción con la participación de todos los ciudadanos, donde cada uno puede encontrar en el otro no un enemigo, no un competidor, sino un hermano al que acoger y abrazar", han sido las palabras del llamamiento de Francisco al finalizar la audiencia general.
En su tradicional paseo en el jeep por los pasillos de la plaza, la octava hija de un matrimonio de Santiago de Compostela ha sido el primer bebé que el Papa ha bendecido esta mañana. El Santo Padre le preguntó "¿cuánto tiempo tiene?" El padre respondió que un mes y con entusiasmo le dijo "¡Es la octava!" El Papa les ha bendecido y el hombre le ha dicho "¡le esperamos en Santiago!"
Durante el recorrido, el Santo Padre ha saludado y bendecido a los fieles, 13.000 según los datos de la Prefectura de la Casa Pontificia. Con un grupo de argentinos bebió mate e intercambio el solideo. Unos metros más adelante, lo intercambió de nuevo con otro grupo de peregrinos. Y volvió a beber mate. Más de una decena de bebés han sido alzados para que Francisco les diera su bendición. Algunos lloraban y otros le entregaban un regalo, un libro, un dibujo... También han sido varias las camisetas que le han entregado esta mañana algunos peregrinos.
En la catequesis  el Santo Padre se ha centrado en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que estamos celebrando esta semana bajo el lema "Cristo no puede estar dividido".
En el resumen en lengua española, el Papa ha dicho: "Estamos celebrando la semana de oración por la unidad de los cristianos, que concluirá el próximo sábado, fiesta de la Conversión de san Pablo. Se trata de un tiempo dedicado a la oración para que, como quiere el Señor, todos los bautizados seamos una sola familia. El tema propuesto para este año se refiere a la pregunta que san Pablo dirigió a los cristianos de Corinto, que se encontraban divididos en distintas facciones: «¿Acaso está dividido Cristo? Así decía san Pablo. No, Cristo no está dividido. Sin embargo, debemos reconocer con dolor que en nuestras comunidades se dan divisiones que son un escándalo y que afectan a la credibilidad y eficacia de nuestro compromiso evangelizador. Ahora bien, Pablo no sólo les reprende por sus disputas, sino que también da gracias a Dios por los dones que ha derramado en ellos. También nosotros, a pesar del sufrimiento causado por las divisiones, debemos aprender a reconocer con gozo los dones que Dios ha concedido a otros cristianos, y a recibirlos con un corazón grande y generoso. Y para esto se requiere mucha oración, humildad, reflexión y una continua conversión"
A continuación ha saludado con afecto "a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que llenos de gozo por el don de la filiación que hemos recibido en el bautismo, sepamos reconocer con alegría y humildad los dones que Dios concede a otros cristianos. Que Dios les bendiga".
Al finalizar los saludos en todas las lenguas, ha dedicado unas palabras especiales a los jóvenes, enfermos y recién casados: "El próximo sábado celebramos la Fiesta de la Conversión de san Pablo. Queridos jóvenes, la figura de Pablo sea para todos vosotros modelo del discipulado misionero. Queridos enfermos, ofreced vuestro sufrimiento por la casa de la unidad de la Iglesia de Cristo. Y vosotros, queridos recién casados, inspiráos en el ejemplo del Apóstol de las gentes, reconociendo el priamdo a Dios y a su amor en nuestra vida familia".
A mitad de audiencia ha comenzado la lluvia y todos los peregrinos han abierto sus paraguas y puesto sus chubasqueros, inundando de color la plaza de san Pedro.  El agua no ha impedido que el Santo Padre, dedicara el tiempo de rigor para saludar a los enfermos y fieles, ubicados en las primeras filas.

Usar la riqueza y no ser gobernado por ella

El Papa al Forum de Davos: 


El Santo Padre Francesco ha enviado un mensaje al profesor Klaus Schwab, fundador y presidente del ejecutivo del World Economic Forum, en ocasión de la apertura del 44º encuentro anual, que tendrá inicia este miércoles 22 y concluye el 25 de enero en Davos-Klosters (Suiza). El portador del mensaje es el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz.
En el 44 forum participan más de 2.500 líderes de unos cien países, de los cualeslos directores ejecutivos de las 1000 empresas miembros del Forum, además de 30 jefes de estado o de gobierno.
Francisco ha señalado que "la nuestra, es una época de grandes cambios y avances significativos en diversas áreas, y esto tiene consecuencias importantes para la vida humana". Citando la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Santo Padre recuerda que "son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación” así como en muchos otros sectores de la actividad humana, y "hay que reconocer el papel fundamental desempeñado por la economía moderna en estos cambios, a la hora de fomentar y desarrollar los recursos inmensos de la inteligencia humana.
"Sin embargo, los objetivos logrados -aunque hayan reducido la pobreza de un gran número de personas- a menudo han llevado aparejada una amplia exclusión social". De hecho, insiste el Santo Padre, "la mayor parte de los hombres y mujeres de nuestro tiempo siguen experimentando la inseguridad cotidiana, y no raramente con consecuencias trágicas".
Con respecto esta reunión que se celebra en Suiza, Francisco hace hincapié en la importancia que tienen los distintos sectores políticos y económicos "en la promoción de un enfoque inclusivo que tenga en cuenta la dignidad de toda persona humana y el bien común".
El Santo Padre afirma que los que trabajan en estos sectores tienen una responsabilidad precisa para con los demás, especialmente con los mas frágiles, débiles y vulnerables. "Es intolerable que todavía miles de personas mueran cada día de hambre, a pesar de las grandes cantidades de alimentos disponibles y, a menudo, simplemente desperdiciados", advierte el Papa. Del mismo modo, se detiene en la idea de que "no pueden dejar de impresionarnos los innumerables refugiados que buscando condiciones de vida con un mínimo de dignidad, no solo no consiguen encontrar hospitalidad, sino que a menudo mueren trágicamente mientras se desplazan de un lugar a otro".
Y aunque reconoce que estas son palabras fuerte y dramáticas, al mismo tiempo "quieren reafirmar y desafiar la capacidad de este Foro para marcar la diferencia", exhorta en su mensaje el Pontífice.
Francisco apunta que los que han demostrado la capacidad para innovar y mejorar la vida de muchas personas a través de su creatividad y experiencia profesional, "pueden ofrecer una contribución adicional poniendo sus capacidades al servicio de los que aún viven en medio de una terrible pobreza". Por ello, insiste, hace falta "un renovado, profundo y amplio sentido de responsabilidad por parte de todos".
Francisco subraya que el crecimiento de la igualdad requiere algo más que el crecimiento económico, aunque si lo presupone. Se requiere, en primer lugar, "una visión trascendente de la persona" porque "sin la perspectiva de una vida eterna, el progreso humano en este mundo se queda sin aliento”, ha dicho tomando las palabras de su predecesor, Benedicto XVI, en la Caritas in Veritate.
Además, "necesita decisiones, mecanismos y procesos encaminados a una mejor distribución de la riqueza, la creación de fuentes de empleo y la promoción integral del pobre, que va más allá de una simple mentalidad de asistencia", explica.
Finalmente, el Papa exhorta a aprovechar estos grandes recursos humanos y morales para haceros cargo de este "desafío con determinación y visión de futuro".
Asimismo, les ha pedido que se esfuercen para que la humanidad se sirva de la riqueza y no sea gobernada por ella.


20 enero 2014

'Jesús nunca decepciona'

Homilía del Papa ayer (En la parroquia del Sagrado Corazón)


Es hermoso, este pasaje del Evangelio: Juan que bautizaba. Y Jesús, que había sido bautizado antes - unos días antes – que venía: y ha pasado delante de Juan. Y Juan ha sentido dentro de sí la fuerza del Espíritu Santo para dar testimonio de Jesús. Y mirándolo, y mirando a la gente que estaba a su alrededor, dice: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo". Y da testimonio de Jesús: este es Jesús, este es el que viene a salvarnos; este es el que nos dará la fuerza de la esperanza. Jesús es llamado el Cordero: es el Cordero que quita el pecado del mundo. Uno puede pensar , pero cómo un cordero, tan débil, un corderito débil, ¿cómo puede eliminar tantos pecados, tantas maldades? Con el Amor. Con su mansedumbre. Jesús nunca ha dejado de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Estaba allí, entre la gente, curaba a todos, enseñaba, rezaba. Pero, tan débil Jesús: como un cordero. Pero ha tenido la fuerza para cargar sobre sí todos nuestros pecados: todos. "Pero, padre, usted no sabe mi vida: tengo uno que... pero, ni siquiera puedo llevarlo con un camión..." . Muchas veces, cuando miramos en nuestra conciencia, nos encontramos con algunos que son grandes, ¿eh ? Pero Él los lleva. Él ha venido para eso: para perdonar, para traer la paz en el mundo, pero primero en el corazón. Quizá cada uno de nosotros tiene una tormenta en el corazón, quizá tiene una oscuridad en el corazón, quizá se siente un poco triste por una culpa... Él ha venido a quitar todo eso. Él nos da la paz, Él lo perdona todo. "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado", ¡pero quita el pecado con la raíz y todo! Esta es la salvación de Jesús, con su amor y su mansedumbre. Al oír esto que dice Juan el Bautista , que da testimonio de Jesús como Salvador, debemos crecer en la confianza en Jesús.
Muchas veces tenemos confianza en un médico: es bueno, porque el médico está para sanarnos; tenemos confianza en una persona: los hermanos, y las hermanas están para ayudarnos. Es bueno tener esta confianza humana entre nosotros. Pero nos olvidamos de la confianza en el Señor: esta es la clave del éxito en la vida. La confianza en el Señor: encomendémonos al Señor. " Pero, Señor, mira mi vida: estoy en la oscuridad, tengo esta dificultad, tengo este pecado...", todo lo que tenemos: "Mira esto: ¡yo confío en ti!" Y esta es una apuesta que tenemos que hacer: confiar en Él y nunca decepciona. Nunca, ¿eh ? ¡Nunca! Escuchad bien, chicos y chicas, que comenzáis la vida ahora: Jesús nunca decepciona. Nunca. Este es el testimonio de Juan: Jesús, el bueno, el manso, que terminará como un cordero: asesinado. Sin gritar. Él ha venido a salvarnos, para quitar el pecado. El mía, el tuyo y el del mundo: todo, todo.
Y ahora os invito a hacer una cosa: cerramos los ojos; imaginamos esa escena allí, en la orilla del río, Juan mientras bautiza y Jesús que pasa. Y escuchamos la voz de Juan: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Miramos a Jesús y en silencio, cada uno de nosotros, le dice algo a Jesús desde su corazón. En silencio.
El Señor Jesús, que es manso, es bueno - es un cordero - que ha venido a quitar los pecados, nos acompañe en el camino de nuestra vida. Y que así sea.

Jornada del Emigrante y el Refugiado

El Papa en el Ángelus de ayer


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con la fiesta del Bautismo del Señor, celebrada el pasado domingo, hemos entrado en el tiempo litúrgico llamado “ordinario”. En este segundo domingo, el Evangelio nos presenta la escena del encuentro entre Jesús y Juan el Bautista, cerca del rio Jordán. Quien la describe es el testigo ocular, Juan Evangelista, que antes de ser discípulo de Jesús era discípulo del Bautista, junto con el hermano Santiago, con Simón y Andrés, todos de Galilea, todos pescadores. El Bautista ve a Jesús que avanza entre la multitud e, inspirado del alto, reconoce en Èl al enviado de Dios, por esto lo indica con estas palabras: «¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Jn 1,29).
El verbo que viene traducido con “quitar”, significa literalmente “levantar”, “tomar sobre sí”. Jesús ha venido al mundo con una misión precisa: liberarlo de la esclavitud del pecado, cargándose las culpas de la humanidad. ¿De qué manera? Amando. No hay otro modo de vencer el mal y el pecado que con el amor que empuja al don de la propia vida por los demás. En el testimonio de Juan el Bautista, Jesús tiene las características del Siervo del Señor, que «soportó nuestros sufrimientos, y aguantó nuestros dolores» (Is 53,4), hasta morir sobre la cruz. Él es el verdadero cordero pascual, que se sumerge en el rio de nuestro pecado, para purificarnos.
El Bautista ve ante sí a un hombre que se pone en fila con los pecadores para hacerse bautizar, si bien no teniendo necesidad. Un hombre que Dios ha enviado al mundo como cordero inmolado. En el Nuevo Testamento la palabra “cordero” se repite varias veces y siempre en referencia a Jesús. Esta imagen del cordero podría sorprender; de hecho, es un animal que no se caracteriza ciertamente por su fuerza y robustez y se carga un peso tan oprimente. La enorme masa del mal viene quitada y llevada por una creatura débil y frágil, símbolo de obediencia, docilidad y de amor indefenso, que llega hasta el sacrificio de sí misma. El cordero no es dominador, sino dócil; no es agresivo, sino pacifico; no muestra las garras o los dientes frente a cualquier ataque, sino soporta y es remisivo. ¡Y así es Jesús! Así es Jesús: como un cordero.
¿Qué cosa significa para la Iglesia, para nosotros, hoy, ser discípulos de Jesús Cordero de Dios? Significa poner en el lugar de la malicia la inocencia, en el lugar de la fuerza el amor, en el lugar de la soberbia la humildad, en el lugar del prestigio el servicio. Es un buen trabajo, ¿eh? Nosotros, los cristianos, debemos hacer esto: poner en lugar de la malicia la inocencia, en el lugar de la fuerza el amor, en el lugar de la soberbia la humildad, en el lugar del prestigio el servicio.
Ser discípulos del Cordero significa no vivir como una “ciudadela asediada”, sino como una ciudad colocada sobre el monte, abierta, acogedora y solidaria. Quiere decir no asumir actitudes de cerrazón, sino proponer el Evangelio a todos, testimoniando con nuestra vida que seguir a Jesús nos hace más libres y más alegres.
Al término de estas palabras, el santo padre rezó la oración del ángelus. Y al concluir la plegaria prosiguió:
Queridos hermanos y hermanas,
hoy celebramos la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, con el tema "Los migrantes y los refugiados: hacia un mundo mejor", que he desarrollado en el Mensaje publicado hace tiempo. Dirijo un saludo especial a los representantes de diferentes comunidades étnicas que se encuentran aquí reunidas, en particular a las comunidades católicas de Roma.
Queridos amigos, estáis cerca del corazón de la Iglesia, porque la Iglesia es un pueblo en camino hacia el Reino de Dios, que Cristo Jesús ha traído en medio nuestro. ¡No perdáis la esperanza de un mundo mejor! Os deseo que viváis  en paz en los países que os acogen, custodiando los valores de vuestras culturas de origen.
Quisiera agradecer a aquellos que trabajan con los migrantes para acogerles y acompañarles en sus momentos difíciles, para defenderles de aquellos que el beato Scalabrini definía como 'los mercaderes de carne humana', que quieren esclavizar a los migrantes. De manera particular deseo agradecer a la Congregación de los Misioneros de San Carlos, los padres y las monjas Scalabrinianos, que tanto bien hacen a la Iglesia y se hacen  migrantes con los migrantes.
En este momento pensemos en tantos migrantes... tantos… y en los refugiados, en sus sufrimientos, en su vida, tantas veces sin trabajo, sin documentos, con tanto dolor. Y podemos, todos juntos, dirigir una oración por los migrantes y los refugiados que viven en las situaciones más graves y más difíciles: Dios te salve María...
Después de rezar un Avemaría, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el pontífice:
Saludo con afecto a todos vosotros, queridos fieles provenientes de diferentes parroquias de Italia y de otros países, así como a las asociaciones y grupos diversos. En particular, saludo a los peregrinos españoles de Pontevedra, La Coruña, Murcia y a los estudiantes de Badajoz. Saludo a los ex alumnos de la Obra Don Orione, la Asociación de Laicos Amor Misericordioso y la Coral "San Francisco" de Montelupone. 
"A tutti auguro una buona domenica e buon pranzo. Arrivederci!" (Deseo a todos un buen domingo y una buena comida. ¡Hasta pronto!)

15 enero 2014

Comentario a la Liturgia dominical - Segundo domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 P. Antonio Rivero, L.C.

 (Textos: Isaías 49, 3.5-6; 1 Co 1, 1-3; Juan 1, 29-34.)

Idea principal: Ese Dios que vino al mundo es Siervo.
Resumen del mensaje: Ese Hijo de Dios, Jesús, después de su vida oculta en Belén y Nazaret, sale feliz a su vida pública a los treinta años con su carnet de identidad: es Siervo. Su huella dactilar está bien clara y legible: “Vine para servir, no para ser servido”.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, Jesús es siervo para servir primero a su Padre celestial, glorificándole y cumpliendo incansablemente la misión de ser luz y poder reunir a su pueblo y traer de vuelta a Dios a los supervivientes (primera lectura). Este siervo experimentará cansancio, es verdad, pero nunca será en vano. Y aunque los resultados de su servicio no corresponden a las expectativas y esfuerzos, él se encuentra en paz, porque trabajó para dar gloria a su Padre y la recompensa le vendrá de Él.
En segundo lugar, Jesús es siervo para servir también a la humanidad, a cada hombre y mujer. Para cumplir su misión de siervo se reviste de entrañas de Cordero que se dejará inmolar y sacrificar para quitarnos el pecado (evangelio) y darnos el Espíritu de santidad. Este título de Cordero incluye los siguientes rasgos: Cordero vencedor, Cordero expiatorio, Cordero pascual liberador. A Jesús en la cruz, igual que al cordero pascual, no le quebrarán ningún hueso. ¿Cómo quita Jesús el pecado de la humanidad? Asumiendo la condición humana de siervo y ofreciéndose desde la cruz, en ofrenda voluntad y servicio de amor. Desde la cruz nos da el Espíritu Santo que purifica y perdona todos nuestros pecados.
Finalmente, todo seguidor de Cristo tiene que vivir esta dimensión de siervo en todas partes y con todos: con Dios, en la familia, en el trabajo, en las comunidades. Servir a Dios con una vida santa (segunda lectura). Servir a la familia con una vida de entrega, sacrificio y ejemplo para los hijos. Servir en el trabajo con una vida honesta. Servir en las comunidades mediante la disponibilidad desinteresada en los diversos apostolados que surjan.
Para reflexionar: ¿Tengo manos, corazón y pies de servidor o de mandador? ¿Domino o sirvo? ¿Sirvo con amor o a regañadientes?

Todos estamos llamados a ser discí­pulos y misioneros

El Papa hoy en la Audiencia general

Un miércoles más, los fieles reunidos en la plaza de San Pedro esperaban con cánticos, música y agitando sus banderas para recibir al Santo Padre. Francisco, ha llegado pasadas las 9.30 montado en el jeep blanco descubierto y ha dedicado media hora para saludar a los peregrinos venidos de todos el mundo. Como es ya costumbre, los protagonistas durante este recorrido son los niños, que en brazos de los hombres de seguridad, son acercados y reciben la bendición del Papa. Algunos lloran y otros permanecen casi inmóviles, pero todos se llevan la caricia del Pontífice argentino. 
El frío invernal sigue también acompañando las audiencias de los miércoles, que debido a la multitud que se reúne cada semana, se siguen celebrando en la plaza en vez de en el Aula Pablo VI, como era habitual otros años en estas fechas. Los fieles, protegidos con bufandas, guantes y gorros, han escuchado con atención la catequesis del Papa de esta semana, que ha continuado la comenzada la semana pasada sobre el sacramento del Bautismo.
Con estas palabras en español, ha resumido la catequesis semanal:
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, continúo la reflexión sobre el bautismo. Me detengo en este aspecto: el bautismo nos hace miembros de Cristo y de la comunidad. El Concilio Vaticano II expresaba esta verdad insistiendo en que este sacramento nos incorpora al Pueblo de Dios; nos hace miembros de un Pueblo que camina a lo largo de la historia.
A través de la fuente bautismal, la gracia se transmite y el Pueblo de Dios camina en el tiempo, difundiendo la bendición de Dios. Cada uno de nosotros se convierte en un discípulo misionero. Por un lado, nunca dejamos de ser discípulos, de aprender, de recibir; por otro, estamos llamados a la misión, a compartir lo que hemos recibido, lo que vivimos: la experiencia de amor, la fe en la Trinidad. Estamos llamados a transmitir la fe. Nadie se salva por sí solo, y todos estamos llamados, a pesar de nuestras limitaciones, nuestros defectos y nuestros pecados, a anunciar a los demás la gracia que recibimos en el bautismo. Somos una comunidad, y vivir juntos nuestra fe no es un adorno, sino algo esencial de la vida cristiana, algo esencial de nuestro ser pueblo que camina en la historia y de que da testimonio de que Jesús está vivo".
Al finalizar estas palabras, el Papa ha saludado a los peregrinos de lengua española "en particular a los Padres Agustinos Recoletos y a las Religiosas de María Inmaculada, así como a los demás grupos venidos de España, Argentina, Uruguay, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a tomar en serio su bautismo, siendo discípulos y misioneros del Evangelio, de palabra y con el propio ejemplo. Que Jesús os bendiga y la Virgen Santa os cuide. Muchas gracias."
En el saludo a los peregrinos de lengua árabe, Francisco les ha pedido que "aprendan de la Iglesia japonesa que a causa de las persecuciones del siglo XVII se retiró a la ocultación por unos dos siglos y medio, pasando de una generación a otra la llama de la fe siempre encendida. Las dificultades y las persecuciones, cuando son vividas con confianza, fe y esperanza, purifican la fe y la fortifican. Sois verdaderos testimonios de Cristo y de su Evangelio, auténticos hijos de la Iglesia, preparados siempre a dar razones de vuestra esperanza, con amor y respeto. ¡El Señor custodie vuestra vida y os bendiga!
Para finalizar, en el saludo en italiano, Francisco le ha pedido a los jóvenes que redescubran cotidianamente "la gracia que proviene del Sacramento recibido". A los enfermos, el Santo Padre les ha exhortado a "sacar del Bautismo la fuerza para afrontar momentos de dolor y desaliento". Asimismo, a las parejas de recién casados les ha animado a saber traducir "los compromisos del Bautismo en vuestro camino de vida familiar".
A las 11.00 de la mañana, ha finalizado la catequesis y ha comenzado con los saludos. En primer lugar ha podido saludar e intercambiar unas palabras con varios obispos. A continuación, el Papa ha bajado de nuevo hacia la plaza para detenerse a saludar y charlar con enfermos y ancianos. Hoy, un joven en silla de ruedas, ha intercambiado el solieo blanco con el Santo Padre.