23 abril 2018

« Agradar a Dios y no a vosotros mismos o a los hombres »

Homilía del Papa en las Ordenaciones sacerdotales


Queridos hermanos,
Estos nuestros hijos han sido llamados al orden sacerdotal. Pensemos cuidadosamente sobre el ministerio al que han sido llamados en la Iglesia. Como bien saben, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en él todo el pueblo de Dios también se estableció como un pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir a algunos en particular, para que ejerzan públicamente en la Iglesia, en su nombre, la función sacerdotal para todos los hombres, que continúen su misión personal de maestro, sacerdote y pastor
De hecho, así como para esto fue enviado por el Padre, envió por turnos al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a quienes se les dio como colaboradores a los sacerdotes, quienes, unidos a ellos en el ministerio sacerdotal, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.
Después de una cuidadosa reflexión, nuestros hermanos vienen  ahora a recibir la orden sacerdotal, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote, Pastor, cooperen para construir el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia un Pueblo de Dios y el Templo del Espíritu Santo
De hecho, serán  configurados a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir, serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento y, como tales, los une en el sacerdocio a su obispo, serán los predicadores de la Iglesia, los pastores del Pueblo de Dios, y ellos presidirán los actos de las celebraciones litúrgicas, especialmente durante la celebración del sacrificio del Señor.
En cuanto a vosotros, queridos hermanos e hijos, que seréis elevados a la orden del sacerdocio, considerad que en el ejercicio del ministerio de la doctrina sagrada, participáis en la misión de Cristo, el único Maestro. Dispensad a todos esta Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Leed y meditad con asiduidad la Palabra de Dios  para creer lo que habéis leído, para enseñar lo que habeis aprendido en la fe, para vivir lo que habeis enseñado.
Que vuestra doctrina sea el alimento del Pueblo de Dios y que el perfume de vuestra vida sea la alegría y el apoyo de los fieles de Cristo. Y que por la palabra y  por el ejemplo, podáis construir la Casa de Dios que es la Iglesia. Continuad la obra santificadora de Cristo. A través de vuestro ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se perfecciona porque está asociado con el sacrificio de Cristo que, a través de vuestras manos, en nombre de toda la Iglesia, se ofrece de manera incruenta en el altar durante la celebración de los Santos Misterios.
Reconoced lo que estáis haciendo. Imitad lo que estáis celebrando para que al participar en el misterio de la muerte y resurrección del Señor traigan la muerte de Cristo a sus miembros y caminen con Él en una nueva vida.
Con el bautismo, unirán nuevos fieles al Pueblo de Dios. Por el sacramento de la penitencia, perdonarás los pecados en el nombre de Cristo y de la Iglesia. Y  cuando un enfermo venga a pediros, por favor, no te canses de ser misericordioso. Piensa en tus propios pecados, tus propias miserias que Jesús perdona. ¡Sed misericordiosos! Con el óleo sagrado, traerás alivio a los enfermos. Al celebrar los santos ritos y elevar la oración de alabanza y súplica en diferentes momentos del día, se convertirá en la voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad.
Conscientes de haber sido escogidos de entre los hombres y constituidos a su favor para ocuparse de las cosas de Dios, ejercitad con alegría y sincera caridad la obra sacerdotal de Cristo, buscando solo agradar a Dios y no a vosotros mismos o a los hombres, o a otros intereses.
Solo al servicio de Dios, por el bien del pueblo santo y fiel de Dios. Finalmente, al participar en la misión de Cristo, Jefe y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprometéos a unir a los fieles en una sola familia, para guiarlos a Dios el Padre a través de Cristo en el Espíritu Santo. Y siempre tengas ante ti el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido sino para servir y buscar y salvar lo que se perdió.

22 abril 2018

¿Planificación familiar? ¡Construir familias!

Lo que ya tenemos encima es un suicidio demográfico que nos traerá graves consecuencias; no por mirar hacia otro lado dejarán de ser reales en algún tiempo. Es cuestión de números
Nacen muy pocos niños en Occidente… y en medio mundo… Toys “R” Us quiebra y dice que es a causa del invierno demográfico! ¿O ya es suicidio? ¿Qué hay de verdad en ello?
Nacen muy pocos niños en Occidente… y en medio mundo… Toys “R” Us quiebra y dice que es a causa del invierno demográfico! ¿O ya es suicidio? ¿Qué hay de verdad en ello?
¿Son los bebés la consecuencia no deseada e inesperada del encuentro sexual? ¿Por qué, cuando hablamos de educación sexual en los colegios, presuponemos que hablamos de evitar el embarazo? En un interesante artículo, publicado en The Sunday Telegraph, el político británico Daniel Hannan, parlamentario europeo, periodista y escritor, pone el dedo en la llaga: la educación que estamos dando a nuestros hijos es 180º incorrecta, nos equivocamos de medio a medio, porque es un tema de valores fundamentalmente humanos.
Pero no hay apoyos: el Estado no apoya la natalidad, más bien parece penalizarla, porque en España se dedica la mitad de lo que está dedicando la media europea en ayudas a las familias, si tomamos como referencia el PIB nacional. Las empresas buscan evitar el coste que supone ser padres. Pero, ¿qué empresa merece ser llamada así si no es capaz de integrar la paternidad y la maternidad? Y muchas personas dan preferencia a otros aspectos de su trayectoria, querrían tener más hijos de los que tienen, pero priorizan otras metas: terminar una carrera, hacer un máster, comprar vivienda… Al final podéis ver un vídeo ruso sobre el tema, lo cual nos demuestra que el reto es el mismo en todo el mundo.
Hemos llegado al otro extremo del péndulo y ha llegado el momento de enseñar en las escuelas cómo tener hijos, no cómo evitarlos. Aunque parezca un grandísimo contrasentido, por el elevado número de embarazos adolescentes y un planeta considerado por muchos “superpoblado”, en realidad es justo lo contrario: una vez más, nuestros miedos no se corresponden con los hechos. Y los hechos son que la tasa de natalidad desciende en todos los continentes −y no solo en Occidente−.
Hace unos días, asistí a la presentación del libro Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo. ¿A la catástrofe por la baja natalidad?, que Alejandro Macarrón, fundador y director de la Fundación Renacimiento Demográfico, acaba de publicar. Alejandro y yo compartimos trabajo en la comisión de estudio sobre invierno demográfico del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
El libro “aborda uno de los fenómenos más peligrosos de nuestro tiempo: la insuficiente natalidad de los países occidentales y de muchas naciones de otras raíces culturales, las consecuencias de que nazcan tan pocos niños, sus causas y posibles soluciones. Afirmar que tiende a la extinción una sociedad en la que cada año nacen menos niños no es una profecía alarmista e infundada. Es matemática elemental, al alcance de un niño de diez años. Y hasta desaparecer por completo: una nación infecunda está abocada a perder población, a envejecer más y más, a empobrecerse en los planos económico y afectivo, a que su democracia degenere en gerontocracia, y a perder relevancia internacional”.
Y no pretende asustar, como señala Joaquín Leguina en el prólogo: “Es un aviso pertinente y conviene conocerlo”. Es obvio que, en según qué materias, nuestra sociedad prefiere mirar hacia otro lado, fingiendo que no sabe, no ve, no oye.
Veamos por ejemplo lo que ocurre en algunas comunidades españolas, según el autor:
Nuevo desplome de la natalidad vasca: de enero a septiembre de 2017, 7,5% menos nacimientos, y 8,8% menos en el caso de bebés de madre española. Son menos que en 1941 (año muy duro), primer año de la serie histórica completa del INE, cuando en el País Vasco no se llegaba al millón de habitantes (ahora, más del doble). Y eso pese a que la Comunidad Autónoma vasca da las mayores ayudas a la natalidad de España, tiene una tasa de paro del 6% al 7%, inferior a la media española, y cayendo.
En Navarra, la otra Comunidad Foral y asimismo con mucho menos paro que la media española, los datos de nacimientos del primer semestre de 2017 -los últimos publicados- también son de desplome: 8% menos nacimientos que en el primer semestre de 2016, y 10% menos en el caso de las navarras españolas, porque crece el porcentaje de hijos de madres inmigrantes.
En Cataluña señala que:
  • Alrededor del 20% de la población catalana son inmigrantes extranjeros (16% según el INE enero 2017) o nacidos en Cataluña con padres extranjeros (4-5% según estimación elaborada con INE y Eurostat).
  • Un 25% de los menores de 65 años es inmigrante extranjero o hijo de los mismos.
  • Más del 40% de los habitantes en Cataluña menores de 15 años tiene al menos un padre nacido en el extranjero. En provincias como Gerona ya sería el 50%.
Hay también algunas iniciativas positivas. El Gobierno Vasco de Íñigo Urkullu ha propuesto el 21 de octubre de 2017 un gran pacto demográfico con el fin de incrementar las tasas de natalidad. Beatriz Artolazábal −Consejera de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco− afirma que “una sociedad avanzada, abierta y sostenible” necesita tasas de natalidad más altas. “El concepto familia es sinónimo de amparo, apoyo incondicional, proximidad, proyecto de vida y organización social… La familia sigue emergiendo como un elemento fundamental” y es necesario “consolidar la familia como una estructura de desarrollo personal”. Por eso “es imprescindible que sea decididamente protegida… La sensibilidad para apoyar a la familia y a sus entornos constituye ya una prioridad social y pública” (El Mundo, 21 de octubre de 2017). 
La Conferencia de Presidentes Autonómicos de 2017 −celebrada el 17 de enero− abordó el reto demográfico entre otros acuerdos. Destaca una propuesta del gobierno socialista del Principado de Asturias sobre la necesidad de una activación demográfica y otra del gobierno popular de Castilla-León contra la despoblación. La Conferencia alcanzó un acuerdo publicado en el que se afirma que “en España se aprecian cada vez más claramente los efectos de una baja natalidad, la disminución del número de jóvenes y un acusado proceso de envejecimiento”. Efectivamente, hay 10 Comunidades Autónomas “con saldo vegetativo negativo y, por primera vez en muchos años, en 2015 ha sido mayor el número de defunciones que el de nacimientos en España”. Las proyecciones anuncian 5,3 millones de habitantes menos en 2066, el 11,6% de la población.
¿Qué se puede hacer? Macarrón propone algunas estrategias o actitudes, que agrupa siguiendo los tres colores del semáforo:
  • Roja: No hacer nada. Afortunadamente, crece la conciencia de que hay que hacer algo.
  • Amarilla: Capear el temporal e irse adaptando a las consecuencias del proceso de suicidio demográfico, por ejemplo, ahorrando; acometiendo reformas estructurales, inversiones e innovaciones; alargando la vida laboral; exportando e invirtiendo en mercados aún no afectados negativamente por la demografía; explotando productos y servicios necesarios para personas mayores; mudándose a países con mejor perfil demográfico-económico (algunos países europeos, EEUU e Iberoamérica).
  • Verde: Tratar de solucionar el problema demográfico, con las siguientes soluciones: que tengamos más hijos, la única solución verdadera, y una gestión seria de la inmigración extranjera.
Un gran sí a la vida se impone, con líneas estratégicas como las siguientes:
  • Concienciación masiva del problema, junto con un profundo conocimiento basado en datos rigurosos y objetividad.
  • Dar prioridad al asunto y compensar gran parte del dinero que los padres invierten.
  • Fomentar un cambio en los valores y las leyes contrarias a las políticas pro-natalidad.
  • No dejar todo esto en manos solo del Estado. Toda la sociedad debe implicarse.
Como asegura Vincenzina Santoro, de la American Family Association of New York y representante de la ONU en la CPO (Comisión de Población y Desarrollo) −también en la línea de trabajar los valores− estamos ante un “éxito” desorbitado de las políticas de planificación familiar, un éxito “inverso”, porque aunque desde la ONU hablan de que “el final de la alta natalidad está cerca”, lo que ya tenemos encima es ese suicidio demográfico que nos traerá graves consecuencias. No por mirar hacia otro lado dejarán de ser reales en algún tiempo. Es cuestión de números.
El nuevo embajador de Noruega ante la citada comisión de la ONU dijo: “No podemos aceptar, bajo ningún concepto, que el uso de la religión o los llamados valores tradicionales sean una excusa para desproveer a la mujer de sus derechos”. Pero parece olvidar que no hay nada más tradicional, en la tradición de la historia de la humanidad, que procrear. Innumerables estudios avalan y demuestran que este deseo de tener hijos está inscrito en lo más profundo, básico e inamovible del corazón humano, masculino y femenino. Durante décadas, el objetivo de organismos como la ONU ha sido evitar hijoscon la llamada planificación familiar, ampliando así la brecha entre los 2’5 hijos que desea la mujer y los 1’3 que en realidad tiene. Aquí podéis leer el estudio Maternidad y Trayectoria Profesional, que hemos realizado con Ordesa sobre el tema.
En un post en el blog del IFS norteamericano (Instituto para estudios de la Familia), Lyman Stone, investigador en dicho instituto y economista internacional del Departamento de Agricultura del Gobierno de EEUU, relaciona las corrientes en temas de matrimonio con la tasa de la fertilidad. Simplificando mucho, en el título de su artículo, “No ring, no baby” (“Sin anillo no hay bebé”), viene a resumir que se ve un mantenimiento, o hasta un incremento, en los índices de fertilidad por parte de parejas casadas. Concluye que las actuaciones gubernamentales e institucionales deberían, en parte al menos, ir dirigidas a promover el matrimonio para estimular la natalidad.
Hoy y mañana desde Chile, en el II Encuentro Regional IFREI, con más de 170 participantes de empresas latinoamericanas, seguimos trabajando en maneras de hacer factible natalidad, familia, trabajo, vida. El I Encuentro tuvo lugar hace dos años, en este post recogimos las buenas prácticas de empresas comprometidas.
Os dejo con el vídeo que os anunciaba antes, donde se ve cómo priorizamos aspectos de nuestra trayectoria en detrimento de la maternidad/paternidad… hasta que quizá es demasiado tarde. La causa de fondo es un problema de valores.

21 abril 2018

Empresa y bien común

La empresa debe desarrollarse no sólo con criterios económicos sino en función de las personas y el bien de toda la sociedad
«La empresa debe caracterizarse por la capacidad de servir al bien común de la sociedad mediante la producción de bienes y servicios útiles. En esta producción de bienes y servicios con una lógica de eficiencia y de satisfacción de los intereses de los diversos sujetos implicados, la empresa crea riqueza para toda la sociedad: no sólo para los propietarios, sino también para los demás sujetos interesados en su actividad. Además de esta función típicamente económica, la empresa desempeña también una función social, creando oportunidades de encuentro, de colaboración, de valoración de las capacidades de las personas implicadas. En la empresa, por tanto, la dimensión económica es condición para el logro de objetivos no sólo económicos, sino también sociales y morales, que deben perseguirse conjuntamente» (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, n. 338).
En efecto, la empresa debe desarrollarse no sólo con criterios económicos sino en función de las personas y el bien de toda la sociedad. Así «la empresa no puede considerarse únicamente como una “sociedad de capitales”; es, al mismo tiempo, una “sociedad de personas”, en la que entran a formar parte de manera diversa y con responsabilidades específicas los que aportan el capital necesario para su actividad y los que colaboran con su trabajo» (San Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, n. 43).
Esta comunidad de trabajo representa un bien para todos y no una estructura que permite satisfacer exclusivamente los intereses particulares de algunos. Sólo esta conciencia permite llegar a construir una economía al servicio de las personas y de su cooperación. Un ejemplo muy significativo es la actividad de las empresas cooperativas, de la pequeña y mediana empresa, de las empresas artesanales y de las agrícolas de dimensiones familiares (Cf. San Juan XXIII, Carta enc. Mater et magistra, nn. 422-423).
Ciertamente hay que reconocer la justa función del beneficio, como primer indicador del buen funcionamiento de la empresa: «Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente» (San Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, n. 35). Aunque no siempre el beneficio indica que la empresa esté sirviendo adecuadamente a la sociedad (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2424). Es posible «que los balances económicos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres, que constituyen el patrimonio más valioso de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad» (San Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, n. 35).
La legítima búsqueda del beneficio ha de armonizarse con la tutela de la dignidad de las personas que trabajan con la misma. «Estas dos exigencias no se oponen en absoluto, ya que, por una parte, no sería realista pensar que el futuro de la empresa esté asegurado sin la producción de bienes y servicios y sin conseguir beneficios que sean el fruto de la actividad económica desarrollada; por otra parte, permitiendo el crecimiento de la persona que trabaja, se favorece una mayor productividad y eficacia del trabajo mismo. La empresa debe ser una comunidad solidaria» (Pontificio Consejo Justicia y Paz. Compendio de la doctrina social de la iglesia, n. 340); Cf. San Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, n. 43).
Si en la actividad económica y financiera la búsqueda de un justo beneficio es aceptable, debe rechazarse por completo el recurso a la usura: «Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2269).
Todo lo dicho vale hoy en el marco de escenarios económicos de dimensiones cada vez más amplias, donde los Estados nacionales tienen una capacidad limitada de gobernar los rápidos procesos de cambio que afectan a las relaciones económico–financieras internacionales. Las empresas deben asumir responsabilidades nuevas y mayores con respecto al pasado: «el desarrollo o se convierte en un hecho común a todas las partes del mundo o sufre un proceso de retroceso aun en las zonas marcadas por un constante progreso. Fenómeno este particularmente indicador de la naturaleza del auténtico desarrollo: o participan de él todas las Naciones del mundo, o no será tal, ciertamente» (San Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, n. 17).

A vueltas con el transhumanismo

Enrique Burguete

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia
La idea de «emancipación», que cancela toda confianza en lo establecido por la tradición, las costumbres y la propia naturaleza, apela a la subversión contra «lo dado». El epílogo de este impulso emancipador es, sin duda, el transhumanismo, cuyo objetivo radica en la superación de las limitaciones humanas «mediante el desarrollo de una tecnología que mejore las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual[i]».
Este objetivo, sin embargo, deviene distópico cuando el futuro que evoca empeora el presente que descarta, recayendo en una suerte de totalitarismo que privilegia a los emancipadores y margina a quienes, en atención a sus convicciones y al propio sentido común, se resisten a abandonar la comprensión teleológica de «lo natural»; cuando somete tiránicamente a sus imposiciones colectivas a quienes, por razones económicas, sociales o culturales, han avanzado menos en la senda del progreso tecnológico[ii].
Amparándose en las tesis ilustradas de los últimos siglos, la emancipación transhumanista se ha identificado con la idea de una libertad que se vertebra sobre los siguientes ejes: a) el abandono progresivo de la dependencia de «lo natural»; b) la racionalización de la vida orgánica en torno al conocimiento científico[iii]; y c) el mito de un progreso indefinido, cuyo timón debería transitar desde la imprecisa evolución y la impredecible providencia, hasta la fiable tecnología y la firme determinación de una voluntad humana que aspira a superar su vulnerabilidad.
Cabe preguntarse, sin embargo, si la radical emancipación del ser humano frente a su naturaleza constituye un verdadero progreso o representa, por el contrario, la regresión a nuestro primitivo estado de naturaleza. Un estado en el que la praxis se ordenaba al sometimiento de la naturaleza y al imperativo de la conservación.
Porque, en efecto, algunos progresos se explican por los cambios acaecidos en un ámbito que se define por la indicación de un fin, en relación con el cual dichos cambios se interpretan como mejoras. Se trata, por ejemplo, de los progresos que se producen en la construcción de un artefacto. Ciertamente, ninguna mejora se entendería como tal si el artefacto no llegara nunca a terminarse. Pero también hay progresos que no aspiran al logro de un estado final, sino que sirven a un fin último que existe previamente[iv]. Se trata de los progresos que acaecen en la vida de los seres personales, cuyo telos existe de antemano.
La cuestión de emancipación
No es baladí, por tanto, que nos preguntemos por el sujeto al que se refiere la emancipación transhumanista ¿quién es aquel que se emancipa? ¿Se trata de un sujeto de libertad abstracto, esto es, del colectivo que engloba a la totalidad de las personas? ¿O de un cogito puro, de un haz de sensaciones que aspira a emanciparse de todas las condiciones naturales no elegidas por él? ¿O, sencillamente, se trata de «alguien» que constituye un fin en sí mismo y cuyo despliegue en el espacio de su esencia no es independiente de sus condiciones naturales ni de las normas morales que se siguen del hecho de ser, amén de un ser natural, también una persona?[v] .
Si se tratara de un «sujeto de libertad abstracto», el emancipado sería eso a lo que llamamos: «La humanidad». Pero, como es fácil observar, ésta no es un grupo, ni una institución, ni sujeto alguno de un querer común al que se le puedan atribuir progresos o retrocesos, emancipación o servidumbre. Suele ocurrir, además, que en los progresos atribuidos a los sujetos colectivos aparece siempre un momento de relatividad, pues un grupo mejora siempre en comparación con otros grupos o incluso a su costa[vi]. La humanidad, en definitiva, se concreta en las personas particulares.
Si el sujeto emancipado fuera un «haz de sensaciones», esto es, un cogitopuro, la emancipación consistiría en la liberación de las ataduras físicas que le engendran dolor. Y bien podría concretarse en el uso de las técnicas desarrolladas por las neurociencias y la nanorobótica, insertando sus recuerdos y experiencias en organismos artificiales inmunes al dolor (cyborgs); o en la manipulación de sus disposiciones biológicas mediante la ingeniería genética o el uso de drogas estimulantes y alucinógenas[vii], cuya administración debería confiarse a entidades externas al individuo, humanas o artificiales, al objeto de controlar la adicción y evitar la sobredosis. Esto, evidentemente, anularía el principio de autonomía que sustenta la propia idea de emancipación.
En cualquier caso, cuando lo natural se presenta como aquello de lo que hay que emanciparse, tiene sentido que sea «lo artificial» quien lleve a cabo la transformación de lo natural en artefactual. Y una emancipación conducente a la transformación del ser humano en biorrobot -o en un drogodependiente controlado por un algoritmo-  cancelaría todo vínculo con la esencia del hombre e implicaría el socavamiento de la ética de la especie humana, que tiene su fundamento –como sugiere Jürgen Habermas –en la autonomía moral del hombre y en su «no-dependencia» de decisiones unilaterales externas[viii]
Mito del progreso y transhumanismo
Como hemos señalado, la idea de progreso, referida al hombre, se corresponde con la maduración de un individuo que es ya, en sí mismo y por sí mismo, un fin dado de antemano. De «alguien» -y no «algo» que se mantiene substancialmente idéntico en sus movimientos accidentales. Resulta impropio, por tanto, equiparar la emancipación transhumanista con el progreso cuando, bajo la tutela de lo artefactual, aspira a dejar atrás al propio ser humano. No sólo porque el concepto «progreso», referido al ser humano, se convierte en una afirmación vacía cuando no son los hombres quienes progresan, sino porque los factores cuya mejora o retroceso contribuyen al despliegue de las potencialidades humanas, exceden al periclitar de su vulnerabilidad biológica y tienen que ver, en su lugar, con la conquista de la libertad y con el logro de su vida. La emancipación que propone el transhumanismo no es sino un instrumento de autoalienación, una peligrosa superstición que abre un abismo con el pensamiento universal que se ha caracterizado, desde los comienzos de su existencia, por el reconocimiento de la dignidad del hombre, de todos-y-cada-uno de los hombres.
Pero si el epílogo del impulso emancipador moderno es el transhumanismo –cuyas consecuencias radicales todavía están por venir- su prólogo hay que buscarlo en la llamada «perspectiva de género»[ix], cuya génesis resulta del largo proceso de «desteologización» de la naturaleza que, probablemente, se inició con la escolástica medieval y su exégesis del argumento tomista que interpretaba el hallazgo de estructuras finales en las cosas del mundo como una prueba racional de la existencia de Dios. El nominalismo, en efecto, abrió una nueva perspectiva en la comprensión de la naturaleza que, a la postre, resultaría determinante para la fundamentación del postfeminismo de género: si la flecha no alberga intención alguna es, sencillamente, porque la finalidad existe sólo en el obrar consciente, esto es: en el arquero. La flecha no muestra el rostro del arquero, sino sólo las leyes mecánicas de las que éste se sirve. Por analogía, tampoco la naturaleza muestra otra cosa que leyes mecánicas que rigen a unos seres naturales que actúan sin conocer su fin, esto es: que se comportan como máquinas[x]. Es así como, desde el siglo XVI, la naturaleza devino un reino sin trascendencia, exterioridad que no es por sí misma[xi]. Y también como, la consideración independiente de naturaleza y conciencia, tornó a ambas contradictorias e inconmensurables, haciendo impensable la idea de persona[xii].
La ciencia moderna sucumbió, también, al veredicto cartesiano que escinde el concepto de vida humana en cuerpo y conciencia, abriendo así la puerta que condujo a la destrucción del concepto de persona y de la idea de una teleología natural[xiii]. Esta escisión tuvo su primera formulación formal con John Locke[xiv], para quien la identidad de la conciencia no descansa en la identidad de su poseedor, sino que sucede al revés: la propia «persona» es conciencia de la identidad[xv]. También Hume, tras preguntarse por cuánto tiempo se mantiene idéntico a sí mismo un ente cualquiera, desdeñó la idea de una «identidad» personal[xvi]. Finalmente, Derek Parfit[xvii], sobre la base de dos supuestos imaginarios[xviii], concluyó que sólo existen los estados de conciencia y los recuerdos que de ellos quedan. Cada hombre sería nuevo al despertar a la conciencia tras el sueño y los recuerdos que guarda del pasado, sólo sería la «herencia» de un hombre anterior. De este modo, el concepto de «persona» se convirtió, utilizando la terminología nietzschiana, en una «metáfora gastada», en una moneda que ha perdido su troquelado. Bastaría con crear nuevos nombres, valores y verosimilitudes, para crear, a largo plazo, nuevas realidades[xix].
La teoría de género como antesala del transhumanismo
Ésta es, precisamente, la orientación que la perspectiva de género ha querido dar al radical epistemológico de su teoría «performativa»: el término queer.Sobre la base del deconstruccionismo post-estructuralista,  queer expresaría que la configuración de la identidad sexual se abandona a la continua y libre determinación del individuo en el transcurso de su vida[xx]. La clasificación de los individuos en categorías universales como “hombre” o “mujer”, “heterosexual” y “homosexual”, ocultaría muchas variaciones culturales, ninguna de las cuales es más “natural” que las otras. De hecho, lo natural no existiría. Y si lo hiciera, carecería de valor normativo. De este modo, la perspectiva de género ha convertido las categorías de sexo y género en irrelevantes para la determinación de una identidad sexual susceptible de ser deconstruida y reconstruida permanentemente. La perspectiva de género, en definitiva, se erige como un nuevo paradigma antropológico que postula la emancipación del “yo” frente a toda determinación natural, biológica o cultural.
La implementación de esta perspectiva en el ámbito educativo, a instancias de las autoridades políticas regionales, nacionales y transnacionales, tiene el potencial de configurar la conciencia moral de las generaciones venideras, abriéndolas a la aceptación acrítica de la distopía emancipadora transhumanista. De ahí que, desde el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia y el Instituto de Ciencias de la Vida, alertemos sobre la urgencia de divulgar los saberes aportados por la Ciencia Médica, la Filosofía, la Teología y el propio Derecho Natural, al objeto de proteger a nuestros hijos frente a la imposición de una ideología que aboga por la desnaturalización de la especie humana. O lo que es lo mismo, al objeto de preservar la dignidad de aquel cuya belleza deja en sombra los tesoros de la tierra: el ser humano.

20 abril 2018

“La paz se construye a partir de las casas, de las calles, de las tiendas…”

El Papa en Alessano, pueblo natal de Don Tonino Bello


Queridos hermanos y hermanas:
He venido como peregrino a esta tierra donde nació el Siervo de Dios Tonino Bello. Acabo de rezar en su tumba, que no asciende monumentalmente hacia arriba, sino que  está plantada en la tierra: Don Tonino, sembrado en su tierra, como una semilla sembrada en su tierra, parece querer decirnos cuánto amaba este territorio.. Me gustaría reflexionar sobre ello evocando, ante todo,  algunas palabras suyas de gratitud: “«Grazie, terra mia, piccola e povera, che mi hai fatto nascere povero come te ma che, proprio per questo, mi hai dato la ricchezza incomparabile di capire i poveri e di potermi oggi disporre a servirli»[1] (Gracias, tierra mía, pequeña y pobre, que me has hecho nacer  tan pobre como tú, pero por eso me has dado la riqueza incomparable de entender a los pobres y de poder hoy disponerme para servirlos”.
Entender a los pobres era para él una verdadera riqueza, era entender también a su mamá, entender a los pobres era su riqueza.  Tenía razón, porque los pobres son realmente la riqueza de la Iglesia. Recuérdanoslo de nuevo, Don Tonino, frente a la tentación recurrente de ponernos en fila detrás de los poderosos del momento, de buscar privilegios, de apoltronarnos  en una vida cómoda. El Evangelio –  él solía recordarlo en Navidad y en Pascua- llama a una vida a menudo incómoda, porque los que siguen a Jesús aman a los pobres y a los humildes. Así lo hizo el Maestro, así lo proclamó su Madre, alabando a Dios porque “derribó a los poderosos  de sus tronos, exaltó a los humildes” (Lc 1, 52). Una Iglesia que se preocupa por los pobres permanece siempre sintonizada con el canal de Dios, nunca pierde la frecuencia del Evangelio y siente que debe regresar a lo esencial para profesar con coherencia que el Señor es el único bien verdadero.
Don Tonino nos recuerda que no debemos teorizar acerca de la cercanía a los pobres, sino estar cerca de ellos, como  hizo Jesús, que por nosotros, de rico que era, se hizo pobre (2 Cor 8,9). Don Tonino sentía la necesidad de imitarlo, involucrándose en  primera persona, hasta despojarse de sí mismo. No le molestaban las peticiones, le hería la indiferencia. No le tenía miedo a la falta de dinero, pero le preocupaba la incertidumbre del trabajo, un problema, todavía hoy, tan actual. No perdía oportunidad para decir que en primer lugar está el trabajador con su dignidad, no el beneficio con su avaricia. No estaba de brazos cruzados: actuaba en ámbito local para sembrar la paz en ámbito mundial, convencido de que la mejor manera de prevenir la violencia y todo tipo de guerras es cuidar a los necesitados y promover la justicia. En efecto, si la guerra genera pobreza, también la pobreza genera guerra [2]. La paz, por lo tanto, se construye a partir de las casas, de las calles, de las tiendas, allí donde la comunión se plasma de forma artesanal. Don Tonino decía, con optimismo: «Dall’officina, come un giorno dalla bottega di Nazareth, uscirà il verbo di pace che instraderà l’umanità, assetata di giustizia, per nuovi destini» (Desde la fábrica, como un día desde el taller de Nazaret, saldrá la palabra de paz que encaminará a la humanidad, sedienta de justicia, por nuevos destinos) [3]
Queridos hermanos y hermanas, esta vocación de paz pertenece a vuestra tierra, a esta maravillosa tierra de frontera, -finis-terrae, que Don Tonino llamaba “tierra-ventana”, porque desde el sur de Italia se abre a los muchos sur del mundo, donde “i più poveri sono sempre più numerosi mentre i ricchi diventano sempre più ricchi e sempre di meno” (Los más pobres son cada vez más numerosos, mientras los ricos son cada vez más ricos y siempre menos) [4]. Sois  una «finestra aperta, da cui osservare tutte le povertà che incombono sulla storia» (una ventana abierta, desde la que se puede observar toda la pobreza que se cierne sobre la historia), [5] pero sobre todo sois una ventana de esperanza para que el Mediterráneo, cuenca histórica de civilización, no sea nunca  un arco de guerra tendido, sino un arca acogedora de paz [6].
Don Tonino es un hombre de su tierra, porque su sacerdocio maduró en esta tierra. Aquí brotó su vocación a la que le gustaba llamar evocación: evocación de la manera en que Dios elige perdidamente, una a una, nuestras frágiles vidas; eco de su voz de amor que nos habla cada día; llamada a seguir siempre adelante, a soñar con audacia, a descentralizar la propia existencia para ponerla al servicio; invitación a fiarse siempre de Dios, el único capaz de transformar la vida en una fiesta. Esta es, pues, la vocación según Don Tonino: una llamada a convertirse no solo en fieles devotos, sino en verdaderos y propios enamorados del Señor, con el ardor del sueño, el impulso del don, la audacia de no detenerse a medias. Porque cuando el Señor inflama el corazón, la esperanza no se puede extinguir. Cuando el Señor pide un “sí”, no podemos responder con un “tal vez”. Hará bien, no solo a los jóvenes, sino a todos nosotros, a todos aquellos que buscan el sentido de la vida, escuchar y volver a escuchar las palabras de Don Tonino.
En esta tierra, Antonio nació Tonino y se convirtió en don Tonino. Este nombre simple y familiar, que leemos en su tumba, todavía nos habla. Habla de su deseo de hacerse pequeño para estar cerca, de acortar distancias, de ofrecer una mano tendida. Invita a la apertura simple y genuina del Evangelio. Don Tonino lo recomendaba mucho, dejándolo en herencia a sus sacerdotes. Decía: “Amiamo il mondo. Vogliamogli bene. Prendiamolo sotto braccio. Usiamogli misericordia. Non opponiamogli sempre di fronte i rigori della legge se non li abbiamo temperati prima con dosi di tenerezza”.(Amemos el mundo. Querámoslo. Tomémoslo bajo el brazo. Usémosle misericordia. No le contrapongamos siempre  los rigores de la ley si no los hemos atemperado antes con dosis de ternura)[7]. Son palabras que revelan el deseo de una Iglesia para el mundo: no mundana, sino para el mundo.  ¡Qué el Señor nos conceda esta gracia: una gracia no mundana, al servicio del mundo!.Una Iglesia mondada de auto-referencias  y «estroversa, protesa, non avviluppata dentro di sé» (extrovertida, tendida, no envuelta en sí misma)[8], no en espera de recibir, sino de prestar los primeros auxilios; nunca adormecida en la nostalgia del pasado, sino encendida de amor por el día de hoy, siguiendo el ejemplo de Dios, que “amó tanto al mundo” (Jn 3,16).
El nombre de “don Tonino” también nos habla de su saludable alergia a títulos y honores, de su deseo de privarse de algo por Jesús que se despojó de todo, de su coraje para liberarse de lo que puede recordar los signos del poder para dar espacio al poder de los signos.[9] Don Tonino, ciertamente, no lo hacía por conveniencia o para buscar consensos, sino  movido por el ejemplo del Señor. En el amor por  Él, encontramos la fuerza para despojarnos de las vestiduras que obstaculizan el paso para revestirnos de servicio, para ser «Chiesa del grembiule, unico paramento sacerdotale registrato dal Vangelo»(Iglesia del delantal,  única vestimenta sacerdotal recogida en el Evangelio”[10].
De esta amada tierra suya, ¿qué podría decirnos todavía don Tonino? Este creyente con los pies en el suelo y los ojos en el cielo, y sobre todo con un corazón que conectaba el cielo y la tierra, acuñó, entre muchas otras, una palabra original, con la que pasa a cada uno de nosotros una gran misión. Le gustaba decir que los cristianos «dobbiamo essere dei contempl-attivi, con due t, cioè della gente che parte dalla contemplazione e poi lascia sfociare il suo dinamismo, il suo impegno nell’azione», (debemos ser contempl-activos, con una c, es decir, personas que parten de la contemplación y luego dejan que su dinamismo, su compromiso desemboquen en la acción”)[11], gente que nunca separa oración y acción. Querido don Tonino, nos pusiste en guardia para que no nos sumergiéramos en el torbellino de las tareas sin plantarnos frente al tabernáculo, para no engañarnos con trabajar en vano por el Reino[12]. Y nosotros podríamos preguntarnos si comenzamos desde el tabernáculo o desde nosotros mismos. También podrías preguntarnos si, una vez que partimos, caminamos; si, como María, mujer del camino, nos levantamos para alcanzar y servir al hombre, a cada hombre. Si nos lo preguntases, deberíamos sentirnos avergonzados por  nuestro inmovilismo y nuestras constantes justificaciones. Devuélvenos entonces a nuestra alta vocación; ayúdanos a ser cada vez más una Iglesia contemplactiva, enamorada de Dios y apasionada por el hombre.
Queridos hermanos y hermanas, en cada época el Señor pone en el camino de la Iglesia testigos que encarnan el buen anuncio de Pascua, profetas de la esperanza para el futuro de todos. Dios hizo surgir uno de vuestra tierra, como don y  profecía para nuestros tiempos. Y Dios desea que su don sea aceptado, que su profecía se cumpla. No nos contentemos con anotar buenos recuerdos, no nos dejemos atrapar por la nostalgia del pasado ni tampoco por las charlas ociosas del presente o por los temores del futuro. Imitemos a don Tonino, dejémonos llevar por su joven ardor cristiano, sintamos su invitación acuciante a vivir sin descuentos el Evangelio. Es una fuerte invitación para cada uno de nosotros y para nosotros como Iglesia. Nos ayudará verdaderamente a difundir hoy la fragante alegría del Evangelio.
Ahora, todos juntos, recemos a la Virgen y después os daré la bendición ¿de acuerdo?
(Ave María y bendición).

[1] «Grazie, Chiesa di Alessano», La terra dei miei sogni. Bagliori di luce dagli scritti ugentini, 2014, 477.
[2] San Juan Pablo II “Si quieres la paz, sal al encuentro del pobre”, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1° enero 1993
[3] La terra dei miei sogni, 32.
[4] «Il pentalogo della speranza», Scritti vari, interviste aggiunte, 2007, 252.
[5] «La speranza a caro prezzo», Scritti di pace, 1997, 348.
[6] Cfr «La profezia oltre la mafia», ivi, 280.
[7] “Torchio e spirito. Omelia per la Messa crismale 1993», Omelie e scritti quaresimali, 2015, 97.
[8] «Sacerdoti per il mondo», Cirenei della gioia, 2004, 26
[9] «Dai poveri verso tutti», ivi, 122 ss.
[10] «Configurati a Cristo capo e sacerdote», ivi, 61.
[11] Idem, 55.
[12] Cfr «Contempl-attivi nella ferialità quotidiana», Non c’è fedeltà senza rischio, 2000, 124; «Soffrire le cose di Dio e soffrire le cose dell’uomo», Cirenei della gioia, 81-82.

La evangelización

El Papa ayer en Santa Marta


Acabamos de leer en los Hechos de los Apóstoles (8,26-40) que «un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
Después del martirio de Esteban, estalló una gran persecución para los cristianos, y los discípulos se dispersaron un poco por todas partes, en Judea, en Samaría. Pero precisamente aquel viento de la persecución empujó a los discípulos a ir más allá. Como hace el viento con las semillas de las plantas, las lleva lejos y siembre, pues así sucedió aquí: se fueron lejos, con la semilla de la Palabra, y sembraron la Palabra de Dios. Y así podemos decir, un poco de broma, que nació “propaganda fide”. Así. De una persecución, de un viento, llevaron la evangelización los discípulos. Y este pasaje que hoy hemos leído es de una belleza grande… Y es un auténtico tratado de evangelización. Así evangeliza el Señor. Así anuncia el Señor. Así quiere el Señor que evangelicemos.
Es el Espíritu el que empuja a Felipe —y a todos los cristianos— a la evangelización. Esta se estructura en tres palabras clave: levántate, acércate y parte de esa situación. La evangelización no es un plan bien hecho de proselitismo: “Vamos y hagamos tantos prosélitos de acá y tantos de allá…”. No… Es el Espíritu quien te dice cómo debes ir a llevar la Palabra de Dios, a llevar el nombre de Jesús. Y comienza diciendo: “Levántate y ve”. Levántate y ve a aquel sitio. No existe una evangelización “de sillón”. Levántate y ve. En salida, siempre. Ve. En movimiento. Ve al lugar donde debes decir la Palabra.
Cuántos hombres y mujeres han dejado patria y familia para ir a tierras lejanas a llevar la Palabra de Dios. Y muchas veces, no preparados físicamente, porque no tenían anticuerpos para resistir las enfermedades de aquellas tierras, morían jóvenes o martirizados: se trata —como me decía un cardenal— de los “mártires de la evangelización”.
No hay ningún vademécum de la evangelización, sino que hace falta cercanía, aproximarse a ver qué pasa y partir de esa situación, no de una teoría. No se puede evangelizar en teoría. La evangelización es cuerpo a cuerpo, persona a persona. Se parte de una situación, no de teorías. Felipe anuncia a Jesucristo, y el valor del Espíritu lo empuja a bautizarlo. Va más allá, va, va, hasta que siente que su labor se acabó. Así se hace la evangelización. Estas tres palabras son claves para todos los cristianos, que debemos evangelizar con nuestra vida, con nuestro ejemplo, y también con nuestra palabra. Levántate, álzate; acércate: cercanía; y parte de la situación, la concreta. Un método sencillo, pero es el método de Jesús. Jesús evangelizaba así. Siempre en camino, siempre en la calle, siempre cerca de la gente, y siempre partía de las situaciones concretas, de lo concreto. Solo se puede evangelizar con esas tres actitudes, pero con la fuerza del Espíritu. Sin el Espíritu, ni siquiera esas tres actitudes sirven. Es el Espíritu el que nos empuja a levantarnos, a acercarnos y a partir de las situaciones.

19 abril 2018

Domingo del Buen Pastor

Antonio Rivero, L.C.


DOMINGO 4 DE PASCUA Ciclo B
Textos: Hech 4, 8-12; 1 Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18

Idea principal: Jesús es nuestro Pastor.
 Síntesis del mensaje: Resumo el mensaje de este domingo con las palabras del beato Monseñor Óscar Romero, próximamente santo, a unos meses de ser asesinado celebrando la santa misa: “Como pastor de esta comunidad, estoy obligado a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas de muerte, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador”.
 Puntos de la idea principal:
 En primer lugar, cuando Jesús se define como el buen Pastor está diciendo lo que Homero decía de Agamenón y Jenofonte de Ciro: “Yo soy el conductor de los hombres, el dirigente de las naciones, el salvador del mundo”. Y cuando Jesús añade que todos los demás pastores son unos “asalariados” está diciendo que muchos por ahí que se dicen pastores, guía de pueblos y naciones, dirigentes de comunidades, tanto políticos como religiosos, son unos arribistas, trepadores y galgueadores del dinero, de la vanidad y del poder. Ahora entendemos mejor algunas duras expresiones del papa Francisco cuando recuerda con harta frecuencia al clero para que no seamos mundanos, no busquemos honores ni prestigios ni carrerismo. Y cuando termina Jesús con que, los tales asalariados, en cuanto ven las orejas al lobo, dejan las ovejas y huyen, está dando una descarga durísima contra los jefes políticos y religiosos de su tierra, de su tiempo, de todas las tierras y tiempos de la historia. Basta ver el panorama mundial: ¡quién se enfrenta al lobo del relativismo y consumismo, a la hiena de la malversación de fondos y corrupción, al zorrillo de la ideología del género y manipulación genética! ¡Quién enfrenta a esos gobernantes sin escrúpulos que prometen el oro y el moro, y después nos salen con sus enjuagues y se quedan con la poltrona, el oro y el moro! También es verdad que hay pastores sacerdotes humildes, que se desviven por sus ovejas, y que tal vez nadie les ve, sólo Dios. Pastores que visibilizan a Cristo buen Pastor, con diez o veinte comunidades a atender, que apenas comen y descansan. Pastores entregados las veinticuatro horas a su rebaño. Nunca buscan el brillo ni las alabanzas ni el dinero. Sólo la gloria de Dios y el desgastarse por sus ovejas, que son de Cristo, y no de él. Pero que ese sacerdote las cuida, las alimenta, las defiende, las conoce, las alma y está dispuesto a dar mil veces la vida por ellas. ¡Felicidades, sacerdotes pastores según el corazón de Cristo buen Pastor!
 En segundo lugar, Cristo sí es el buen Pastor, el único Pastor auténtico, el único dirigente honesto y cabal, ejemplo para todos los que tienen una misión de pastorear en la Iglesia, en la sociedad y en las comunidades. A todos los dirigentes de ayer, de hoy y de mañana Cristo Pastor les está diciendo varias cosas: que vivan para su rebaño y no de su rebaño; que cuiden su rebaño y no su sola parcela familiar y sus fans de amigos; que defiendan su rebaño de todo tipo de lobos ideológicos; que esté dispuesto a dar la vida por su rebaño, si fuera necesario, dando a todos trabajo, salud, educación, y evitando en sus vidas la opulencia y el despilfarro, las ganancias desorbitadas, los sueldos escandalosos de funcionarios y parlamentarios centrales o autonómicos, los chalets de lujo, las vidas de sultanes, lo aviones privados…Cristo, único Pastor les grita que tienen que servir y no querer siempre ser servidos. ¡Cuántos sacerdotes viven en clave de servicio su misión de pastores! Vayamos a sus parroquias y veremos las maravillas que Dios hace a través de esos humildes y sacrificados pastores, como lo era san Juan María Vianney, san Rafael Guízar y Valencia, san Felipe Neri y tantos otros. ¡Felicidades, fieles sacerdotes pastores según el corazón de Cristo buen Pastor!
 Finalmente, Cristo Pastor también tiene palabras serias para quienes tenemos una misión en la Iglesia como sacerdotes. Que no seamos funcionarios, ventanilla y “vuelva usted mañana”. Que no seamos burócratas de las cuentas y el papeleo, administrador mecánico de la palabra de Dios y sacramentos rutinarios o postineros, arribista y ansioso de medros y prebendas, que hizo la carrera eclesiástica y a veces hasta el carrerón. Que conozcamos, amemos, alimentemos, defendamos y demos la vida por nuestras ovejas, que no son nuestras, que son de Cristo. Que seamos auténticos sacerdotes pastores, y no sacerdotes secularizados que entienden más de cine y deportes que de Dios, que encabezan reuniones y huelgas, pero no se arrodillan ni estudian ni enseñan a rezar a sus ovejas. Que seamos pastores cuya autoridad nos viene de Cristo para hacer crecer a las ovejas y llevarlas a Él, y no que fustigamos las ovejas con el látigo del autoritarismo. Nuestra autoridad es de servicio y no de mando. Cristo también tendrá palabras de alabanza a esos sacerdotes pastores fieles a su misión, que murieron en el anonimato, pero gastándose día a Dios por su rebaño: “Ven, siervo y pastor fiel…entra al gozo de tu Señor”.
 Para reflexionar: Reflexionemos en este poema-soneto de Lope de Vega:
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?


Para rezar: Señor Jesús, Pastor, reviste mi corazón de las virtudes que adornaron tu vida de pastor: mansedumbre, bondad, ternura, desprendimiento, sacrificio, fortaleza, firmeza para poder llevar tu rebaño hasta el cielo. Te pido por todos los sacerdotes, pastores según tu Corazón, para que te sepan imitar en la entrega a su rebaño. Amén.