24 mayo 2021

Bendiciones a uniones homosexuales en Alemania: ¿a quién interesaba?

José M. García Pelegrín

La unión con el Papa es “garantía de la fe y de continuidad de la Iglesia católica”.

 Como habían anunciado, un centenar de párrocos católicos alemanes han bendecido el 10 de mayo a las parejas que así lo pidieron, con independencia de su “orientación sexual”; la acción coordinada en Twitter con el hashtag #liebegewinnt (el amor vence) se ha convertido en una protesta expresa y abierta contra la nota (Responsum) de la Congregación para la Doctrina de la Fe del pasado mes de marzo, en la que se decía: “Dios no bendice ni puede bendecir el pecado”.


“No son una señal útil”

Si bien el Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Georg Bätzing, declaró el 28 de abril que consideraba que tales acciones públicas “no son una señal útil ni marcan el camino a seguir”, pues las bendiciones litúrgicas tienen “su propio significado y su propia dignidad”, algunos obispos alemanes afirmaron que no actuarían contra los sacerdotes que quisieran celebrar tales ceremonias.

En la página web oficiosa de la Conferencia Episcopal Alemana, katholisch.de, la profesora de Dogmática en la Facultad de Teología Católica de Erfurt, Julia Knop, contestaba a Mons. Bätzing: “Por supuesto que el hecho de que se celebren a la luz del día en una fecha común y que esas acciones estén coordinadas es una señal. Una señal que no se dirige en primer lugar contra la Congregación para la Doctrina de la Fe; su negativa a bendecir uniones homosexuales proporciona, sí, la ocasión; pero la señal de hoy se dirige en primer lugar a aquellos que, por su orientación sexual, hasta ahora podían esperar de la Iglesia, como mucho, compasión y que según el Responsum no debían considerarlo como «discriminación injusta». Con su bendición y su oración, pastores y comunidades católicos dan una señal de solidaridad eclesial”. Dando la vuelta a la afirmación de la Congregación, afirmaba que dichos pastores “están convencidos de que no pueden negar la bendición de Dios”.


La unión con el Papa: garantía de fe

Si bien los principales medios de comunicación -incluyendo la primera cadena de la TV pública- se congratulan por ese acto de “desobediencia contra Roma” como si se tratara de ganarle un pulso a la Congregación, no faltan las voces críticas; por ejemplo, la Iniciativa Pontifex -un grupo de católicos jóvenes que defiende que “no se trata de cambiar la doctrina, sino de predicar la fe”- ha publicado un comunicado en el que afirma: “con estas acciones, los que la llevan a cabo ofenden al Pueblo de Dios; no olvidemos que nuestra fe es católica romana” y que eso no es algo meramente decorativo, sino que “constituye el núcleo de nuestra identidad”. Rechazar las afirmaciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe “pone en peligro la unidad y la catolicidad”, pues la unión con el Papa es “garantía de la fe y de continuidad de la Iglesia católica” y la desobediencia activa, o el consentimiento de esa desobediencia divide a la Iglesia.

La unión con el Papa es “garantía de la fe y de continuidad de la Iglesia católica”.

El autor y editor Bernhard Meuser -a cuya iniciativa se debe, por ejemplo, el catecismo juvenil YouCat- escribe al respecto: “El amor es un momento esencial en la revelación divina. Desde el Génesis y en todas las Sagradas Escrituras se describe exactamente como una unidad formada por varios elementos: que sea un asunto entre hombre y mujer, que sea exclusivo, que sea para siempre y que en ese amor (y no en otros) se produzca una unión carnal de la que procede una nueva vida. Ese amor es ‘imagen y semejanza’ del amor que es Dios mismo.

El fenómeno del amor homosexual no se menciona en ningún lugar de la Escritura. La Iglesia contempla esa realidad como expresión de una ‘amistad’ que supera un límite determinado”. La acción no trata —continúa— de “superar simbólicamente la discriminación y de demostrar litúrgicamente la bondad infinita de Dios para todas las personas.” De lo que se trata es de que se reconozcan esas uniones como matrimonio: “Desean que el ‘matrimonio para todos’ aparezca como Apartado B en el Rituale Romanum”.


La Iglesia bendice las personas

Según la conocida periodista Birgit Kelle, “por supuesto que la Iglesia bendice también a los homosexuales… a cada uno individualmente; pero no bendice todo lo que hacemos. ¿Quién necesita a una Iglesia que bendiga todo, que diga ‘amén’ a todo, independientemente de que esté en consonancia o en contraposición a sus propias reglas?” Para esta periodista, la bendición de uniones homosexuales ha de verse en un contexto más amplio: “El LGBT y el feminismo interseccional se han introducido en la Iglesia”.

¿Quién necesita a una Iglesia que bendiga todo, que diga ‘amén’ a todo, independientemente de que esté en consonancia o en contraposición a sus propias reglas?

El denominado Comité Central de los Católicos Alemanes que pretende representar a los más de 22 millones de católicos alemanes acaba de decir que a partir de ahora empleará el ‘lenguaje inclusivo’ porque quiere respetar a todos los géneros e identidades sexuales, aunque Dios solo haya creado dos. Junto al matrimonio para todos (bendición de uniones homosexuales) se busca el ministerio para todos (sacerdocio también para mujeres) y el sexo para todos (abolición del celibato): Sex Meets Church.”


Una acción clerical a un sector minoritario

Y Regina Einig, redactora de Die Tagespost, establece un paralelismo con los divorciados que han vuelto a casarse por lo civil, “que supuestamente tenían hambre de recibir la comunión”. Como entonces, “el deseo de un ritual de pertenencia a una comunidad no puede responder la pregunta de hasta qué punto la nostalgia de Cristo es el motivo para participar en dicho ritual”. Además llama la atención sobre el hecho de que en la opinión pública predominen, en este contexto, las “voces de clérigos que argumentan de modo sesgado.

De ellos se trata principalmente: de lo que piensan sobre las decisiones en conciencia, sobre el magisterio, la obediencia, la pastoral, etc. A algunos párrocos ni siquiera la baja demanda de parejas homosexuales deseosas de recibir la bendición les impidió exhibirse en los medios. En este sentido, la iniciativa «el amor vence» ha sido una acción clerical y al mismo tiempo imagen de una Iglesia autorreferencial contra la que el Papa Francisco advierte con insistencia”.


José M. García Pelegrín, en omnesmag.com/

23 mayo 2021

«Señor y dador de vida»

El Papa en el Regina Caeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 2, 1-11) narra lo que sucedió en Jerusalén cincuenta días después de la Pascua de Jesús. Los discípulos estaban reunidos en el cenáculo y con ellos estaba la Virgen María. El Señor resucitado les había dicho que se quedaran en la ciudad hasta que recibieran de lo alto el don del Espíritu. Y este se manifestó con un «ruido» que vino repentinamente del cielo, como un «viento impetuoso» que llenó la casa en la que se encontraban (cf. v. 2). Se trata, pues, de una experiencia real, pero también simbólica. Algo que sucedió pero que también nos da un mensaje simbólico para toda la vida por vida.

Esta experiencia revela que el Espíritu Santo es como un viento fuerte y libre, es decir, nos trae fuerza y nos trae libertad: viento fuerte y libre. No se puede controlar, detener ni medir; y ni siquiera predecir su dirección. No se deja enmarcar en nuestras exigencias humanas — nosotros tratamos siempre de enmarcarlo todo—, no se deja enmarcar en nuestros esquemas y en nuestros prejuicios. El Espíritu procede de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo e irrumpe en la Iglesia, irrumpe en cada uno de nosotros, dando vida a nuestras mentes y a nuestros corazones. Como dice el Credo: «Señor y dador de vida». Tiene el poder porque es Dios, y da vida.

El día de Pentecostés, los discípulos de Jesús todavía estaban desconcertados y asustados. Aún no tenían el valor de salir a la luz. Y nosotros también, a veces sucede, preferimos permanecer dentro de las paredes protectoras de nuestro entorno. Pero el Señor sabe cómo llegar hasta nosotros y abrir las puertas de nuestro corazón. Él envía al Espíritu Santo sobre nosotros que nos envuelve y derrota todas nuestras vacilaciones, derriba nuestras defensas, desmantela nuestras falsas certezas. El Espíritu nos hace nuevas criaturas, como lo hizo ese día con los Apóstoles: nos renueva, nuevas criaturas.

Después de recibir el Espíritu Santo ya no volvieron a ser como antes —los ha cambiado —, sino que salieron, salieron sin temor y comenzaron a predicar Jesús, a predicar que Jesús ha resucitado, que el Señor está con nosotros, de tal manera que cada uno los entendía en su propia lengua. Porque el Espíritu es universal, no nos quita las diferencias culturales, las diferencias de pensamiento, no, es para todos, pero cada uno lo entiende en su propia cultura, en su propia lengua. El Espíritu cambia el corazón, ensancha la mirada de los discípulos. Los hace capaces de comunicar a todos las grandes obras de Dios, sin límites, superando los confines culturales y los confines religiosos en los que estaban acostumbrados a pensar y vivir los Apóstoles. Los capacita para llegar a los demás respetando sus posibilidades de escucha y comprensión, en la cultura y el idioma de cada uno (vv. 5-11). En otras palabras, el Espíritu Santo pone en comunicación personas diferentes, realizando la unidad y universalidad de la Iglesia.

Y hoy nos dice mucho esta verdad, esta realidad del Espíritu Santo, donde en la Iglesia hay pequeños grupos que siempre buscan la división, separarse de los demás. Este no es el Espíritu de Dios, el Espíritu de Dios es armonía, es unidad, une diferencias. Un buen cardenal, que fue arzobispo de Génova, decía que la Iglesia es como un río: lo importante es estar dentro; si estás un poco de ese lado y un poco del otro lado, no importa, el Espíritu Santo crea unidad. Usaba la figura del río. Lo importante es estar dentro de la unidad del Espíritu y no mirar esas pequeñeces de que tú estés un poquito de este lado y un poquito de ese otro lado, que reces de esta manera o de esa otra... Esto no es de Dios La Iglesia es para todos, para todos, como mostró el Espíritu Santo el día de Pentecostés.

Pidamos hoy a la Virgen María, Madre de la Iglesia, que interceda para que el Espíritu Santo descienda en abundancia y llene los corazones de los fieles y encienda en todos el fuego de su amor.

 


Después del Regina Caeli

¡Queridos hermanos y hermanas!

Encomiendo a la oración de todos vosotros la situación de Colombia, que sigue siendo preocupante. En esta solemnidad de Pentecostés rezo para que el amado pueblo colombiano sepa acoger los dones del Espíritu Santo para que, a través de un diálogo serio, se encuentren soluciones justas a los muchos problemas que sufren especialmente los más pobres, debido a la pandemia. Exhorto a todas las personas a evitar, por razones humanitarias, conductas perjudiciales para la población en el ejercicio del derecho a la protesta pacífica.

Recemos también por la población de la ciudad de Goma, en la República Democrática del Congo, que se vio obligada a huir debido a la erupción del gran volcán Nyiragongo.

Los fieles católicos en China celebrarán mañana la fiesta de la Santísima Virgen María, Auxilio de los cristianos y Patrona celestial de su gran país. La Madre del Señor y de la Iglesia es venerada con particular devoción en el Santuario de Sheshan, en Shanghái, y es invocada asiduamente por las familias cristianas, en las pruebas y en las esperanzas de la vida diaria. ¡Qué bueno y qué necesario es que los miembros de una familia y de una comunidad cristiana estén cada vez más unidos en el amor y en la fe! De esta manera padres e hijos, abuelos y niños, pastores y fieles pueden seguir el ejemplo de los primeros discípulos que, en la solemnidad de Pentecostés, eran unánimes en oración con María en espera del Espíritu Santo. Por eso, os invito a acompañar con ferviente oración a los fieles cristianos en China, nuestros queridos hermanos y hermanas, a quienes llevo en lo más profundo de mi corazón. Que el Espíritu Santo, protagonista de la misión de la Iglesia en el mundo, los guíe y ayude a ser portadores de la buena nueva, testigos de bondad y caridad, constructores de justicia y paz en su patria.

Y hablando de la festividad de mañana, María Auxilio de los cristianos, un pensamiento para los salesianos y las salesianas, que trabajan tanto, tanto, en la Iglesia por los más lejanos, por los más marginados, por la juventud. ¡Que el Señor los bendiga y los lleve adelante con tantas santas vocaciones!

Mañana se clausura el Año Laudato si’. Doy las gracias a todos los que han participado con numerosas iniciativas en todo el mundo. Es un camino que debemos continuar juntos, escuchando el grito de la Tierra y de los pobres. Por ello, se pondrá en marcha de inmediato la “Plataforma Laudato si’”, un camino operativo de siete años que guiará a familias, comunidades parroquiales y diocesanas, escuelas y universidades, hospitales, empresas, agrupaciones, movimientos, organizaciones, institutos religiosos a asumir una estilo de vida sostenible. Mis mejores deseos para los muchos animadores que hoy reciben el mandato de difundir el Evangelio de la Creación y cuidar nuestra casa común.

Os saludo cordialmente a todos vosotros, procedentes de Roma, de Italia y de otros países. Veo ahí Polonia, México, Chile, Panamá y muchos otros… Veo banderas allá: Colombia. ¡Gracias por estar presentes! En particular, saludo a los jóvenes del Movimiento de los Focolares… ¡Meten ruido estos Focolares! Y a los participantes en el “Paseo de la amistad con las fuerzas del orden”.

Os deseo a todos un feliz domingo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto. ¡Muchos saludos para todos!

 

Pentecostés

Comentario de la solemnidad de Pentecostés. “Estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros»”

Jesús no espera que sus apóstoles se conviertan en hombres valientes para enviarlos: los envía cuando están asustados, porque su paz y su fuerza no vendrán de las cualidades humanas o de las circunstancias favorables. Vendrán del Espíritu Santo.


Evangelio (Jn 20, 19-23)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


Comentario

Ha llegado Pentecostés: la fiesta por excelencia del Espíritu Santo. Hoy, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, la Persona Divina que lleva a cabo su tarea santificadora de manera silenciosa y discreta, irrumpe con toda la fuerza de su poder para recordarnos que es Él el que hace la Iglesia.

La escena que nos presenta el evangelio de san Juan no deja de ser paradójica. Nos encontramos en el anochecer del Domingo de Resurrección. Por las narraciones de los cuatro evangelistas, sabemos que aquel día fue frenético: idas y venidas desde el sepulcro, personas que aseguran haber visto al Señor, los de Emaús que van desolados y vuelven jubilosos, llantos, abrazos, estupor. Y, sobre todo, alegría, mucha alegría. Los testimonios −La Magdalena, Pedro, Cleofás− son suficientes para que los discípulos incrédulos al menos duden de su incredulidad.

Y, sin embargo, a esas personas las encontramos ahora encerradas por miedo.

La historia de la humanidad ha cambiado para siempre: Cristo ha resucitado. No obstante, el cambio que se había de operar en los apóstoles estaba por hacerse: todavía conservaban los rezagos de ese temor que los hizo abandonarlo en el Calvario. Tiemblan ante la idea de correr la misma suerte.

Así, mientras en los corazones de los que ama se entremezclan esos sentimientos, Jesús Resucitado se aparece en medio de ellos.

Para nuestra vida cristiana, es muy importante que nos fijemos con atención en los gestos del Señor. En particular, esta escena es clave para comprender cómo responde Dios frente a nuestros miedos, que muchas veces son el obstáculo que nos impide corresponder a su gracia.

Jesús hace cuatro cosas: les da la paz, les pide que levanten la mirada para que contemplen sus llagas, les da la misión, y con ella, la posibilidad de perdonar los pecados.

Es maravilloso ver cómo el Señor responde frente al temor: con una vocación. La llamada de Dios, que incluye siempre el sentido de misión, es en sí misma la respuesta a nuestras propias debilidades y cobardías.

Jesús no espera que sus apóstoles se conviertan en hombres valientes para después enviarlos. Los envía justamente cuando están asustados: porque su paz y su fuerza no vendrán de las cualidades humanas o de las circunstancias favorables. Vendrán del Espíritu Santo que reciben en ese momento.

La Iglesia se hizo, se hace y se hará por la acción del Paráclito. Nuestra tarea no es otra que dejarnos guiar por Él. Por eso no caben ni las inhibiciones ni la vanagloria.

A partir de entonces, la vida de los apóstoles se resumirá en proclamar por todos los sitios que Jesús es el Señor. Pero como dice san Pablo en la segunda lectura, para poder afirmar eso necesitamos al Espíritu Santo (1 Corintios 12, 3). No podemos dar un solo paso en la vida espiritual, ni siquiera el más sencillo, sin la asistencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Por eso decimos en la secuencia previa a la proclamación del Evangelio en la Misa de hoy: Mira el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro.

Esta Solemnidad es una ocasión estupenda para pedir con fe una renovación de nuestra vida espiritual y para interceder por los cristianos del mundo entero. Al convocar el Concilio Vaticano II, Juan XXIII pedía oraciones para lo que él llamó “un nuevo Pentecostés” en la Iglesia. Esa expresión, nuevo Pentecostés, podría servirnos como un anhelo que diariamente marque el paso de nuestro trato con el Espíritu Santo.

Para eso, podemos acudir a María, protagonista indispensable de lo que celebramos hoy, para que de Ella aprendamos a decir hágase a cada moción del Espíritu Santo. La Virgen también se turbó frente a la presencia y el anuncio del Ángel (cfr. Lucas 1, 29). Sin embargo, no fundamentó su respuesta en la inquietud que sentía: la fundamentó en la seguridad de que era Dios quien la llamaba.

Así se hace la Iglesia, así se han portado los santos, y así espera el Espíritu Santo que vivamos nosotros. Solos no podemos, pero con Él sí.


 Fuente: opusdei.org


21 mayo 2021

Dios saca bueno de lo malo

Redacción de pan natural y saludable


Porque nada podemos contra la verdad, sino a favor de la verdad. Flp 1, 12-18

 “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han contribuido más bien al progreso del evangelio, de tal manera que en todo el pretorio y entre todos los demás se ha hecho evidente que estoy preso por causa de Cristo. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.  Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y rivalidad; pero otros lo hacen de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por rivalidad, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre.”

El Señor tiene muchas maneras de hablar con los hombres. Usó de un asna para hablar al codicioso Balaam. Usó de una mano que escribía sobre lo enlucido de la pared de un palacio para hablarle a un rey blasfemo. Usó de grandes nubarrones y voz de trompeta para hablar a los hijos de Israel en el Sinaí. Y por cierto, siempre usa al mismo Satanás para adelantar su causa: toda vez que el enemigo se empecina en ocultar la verdad, termina haciéndola más visible.

El Diablo persiguió a Cristo toda su vida. Trató de destruirlo al nacer. Puso trampas en su camino cada día y a cada paso que daba. Su odio se acrecentó durante su ministerio de tres años y medio, hasta que al fin de ese tiempo, su corazón malvado enloquecía de ira.

Trabajó con los hombres que voluntariamente se pusieron bajo su dominio a fin de reunir fuerzas para acabar con la vida del Señor. Convenció a los líderes religiosos del culto a Jehová. Envolvió a los dirigentes políticos de la nación y aún a los romanos. Se valió de su servidor Judas, el traidor, para que apresaran a Jesús en Getsemaní. A fin de no llamar la atención de pueblo hizo que lo juzgaran de noche. Aprovechándose de la debilidad de Pilato apresuró su crucifixión al día siguiente.

Pero no se dio cuenta de que al obrar así estaba dando la mayor publicidad posible al hecho. Era la pascua. Miles y miles de peregrinos habían venido a Jerusalén desde todos los ángulos del imperio romano. La ciudad santa bullía de gente. Por las noches, las calles de la ciudad y los alrededores estaban cubiertos con las tiendas de los viajeros. La pascua era la fiesta judía que atraía mayor número de adoradores entre las fiestas anuales.

Y algo más: cuando Jesús oraba en el Getsemaní, y sudaba gotas de sangre, los pecados del mundo estaban siendo puestos sobre él. Tres horas pasó allí en terrible agonía. Y quizá hubiera muerto allí mismo bajo el peso de nuestras culpas. Pero Dios usó la insensatez del diablo para que aquel infinito sacrificio no sucediera en las tinieblas del huerto, sino sobre un monte, a la luz del mediodía y ante la vista de los miles que estaban ese día en Jerusalén. El odio del pecado se encontró frente a frente con el amor inmensurable de la virtud. La maldad de los hombres movidos por Satanás resaltó en vivo contraste con la longanimidad amante de Dios.

Así ocurrió con Pablo en Roma. El enemigo trató de destruirlo así como trató de destruir a Jesús. Pero sólo logró llamar la atención de los habitantes de Roma a aquel humilde prisionero y a su fe. Los hermanos aprovecharon esta circunstancia para hablar a todos y sin temor de la fe de Pablo. Otros fueron movidos por el gran acusador a hablar de Pablo con menosprecio y denuestos. Pero aún a estos usó el Señor para divulgar entre la gente el nombre de Jesús. Y aún acerca de esto el apóstol daba gracias al Señor y se gozaba. “Porque nada podemos contra la verdad, sino a favor de la verdad;” había escrito Pablo en su carta a los Corintios tiempo atrás. (2Co 7, 8.)

Si nuestra vida está en las manos de Dios, en fe sencilla y obediencia fiel, no debemos preocuparnos por lo que el enemigo hará. Dios tiene un plan para nuestra vida. El lo sabe todo. Nuestra salvación está segura en sus manos. Nadie puede arrebatarnos del amor del Señor. Suceda lo que suceda todo resultará para la gloria de Dios. Aunque el enemigo parezca prevalecer sobre nosotros, la victoria será siempre del Señor. Cuanto mayor sea el odio contra nosotros, tanto mayor será la luz que brillará en nuestro semblante. Cuando más haga el enemigo por ocultar la luz de Cristo en nosotros, tanto más fuertemente brillará al fin, y más almas serán atraídas al Salvador.


Fuente: pannaturalysaludable.com/


20 mayo 2021

“Poner a Cristo en el centro”

 Gabriel Sales 


El jueves 20 de mayo de 2021, los jesuitas comienzan el Año Ignaciano, un año de renovación para una Compañía de Jesús que celebra un acontecimiento “muy extraño”: La herida de su fundador, san Ignacio de Loyola, en una batalla en Pamplona en 1521, un suceso que le llevó a fundar la orden y así provocar “cambios drásticos en la Iglesia y en la historia del catolicismo”.

A través de un comunicado de prensa, los jesuitas explican que celebran el 500 aniversario de la conversión del su fundador, un “tipo diferente de conversión”, pues “pasó de ser un nombre vanidoso en el éxito mundano a ser el fundador de la mayor orden religiosa católica”. Dios, continúa la nota, “dio al mundo y a la Iglesia un precioso regalo a través de Ignacio: una espiritualidad que ayuda a seguir al Espíritu en todas las circunstancias de la vida”.

Motivación

Tal y como expresa el padre general Arturo Sosa, “es bueno recordar que la herida que sufrió Ignacio en Pamplona no fue tanto un final feliz, como un comienzo feliz. La conversión consiste a veces en grandes momentos de cambio, pero también es un proceso interminable. Hay que poner a Cristo en el centro cada vez, una y otra vez. Este proceso es una peregrinación por caminos sinuosos, con subidas y bajadas, a veces teniendo que volver sobre nuestros pasos, a veces sintiéndonos perdidos. Pero encontrando en el camino personas que nos indican el camino y nos tienen la mano”.

En esta línea, el Papa Francisco, en su libro Soñemos juntos, señala que el peregrino es alguien que “se descentra y así puede trascender. Sale de sí mismo, se abre a un nuevo horizonte, y cuando vuelve a casa ya no es el mismo, y por eso su casa no será la misma. Este es un tiempo de peregrinación”. Y, a propósito de la conversión de san Ignacio, manifestó a la orden que “a lo largo de su vida se convirtió (…) puso a Cristo en el centro. Y lo hizo a través del discernimiento”, que no “consiste en acertar siempre desde el principio, sino en navegar, en tener una brújula para poder emprender el camino que tiene muchas curvas y vueltas, pero dejarse guiar siempre por el Espíritu Santo que nos va conduciendo al encuentro con el Señor”.

Principales eventos internacionales

El primer acto tendrá lugar el 20 de mayo de 2021, con la apertura oficial del Año Ignaciano en Pamplona, España. Se celebrará la Eucaristía en la catedral con el arzobispo Francisco Pérez González y el padre general Sosa a las 18 horas. Se retransmitirá en directo a través del siguiente enlace: https://youtu.be/YqE1hFOGC9Q.

El segundo evento será el 23 de mayo: Peregrinos con Ignacio. Una oración online con el general de la orden y el Santo Padre para iniciar el Año. Será transmitida tres veces en los idiomas inglés, español y francés a través de este enlace: https://ignatius500.global/live/.

El 12 de marzo de 2022 habrá una Misa solemne en el Gesù de Roma con motivo del 400 aniversario de la canonización de san Ignacio, san Francisco Javier, santa Teresa de Jesús, san Isidro Labrador y san Felipe Neri. Por último, el 31 de julio del mismo año, se clausurará el Año Ignaciano en la fiesta del santo fundador.

Fuente: Exaudi.org

19 mayo 2021

Distracciones, sequedad, acedia

El Papa en la Audiencia General


Catequesis 34.  

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Siguiendo las líneas del Catecismo, en esta catequesis nos referimos a la experiencia vivida de la oración, tratando de mostrar algunas dificultades muy comunes, que deben ser identificadas y superadas.  Rezar no es fácil: hay muchas dificultades que vienen en la oración. Es necesario conocerlas, identificarlas y superarlas.

El primer problema que se presenta a quien reza es la distracción (cfr. CIC, 2729). Tú empiezas a rezar y después la mente da vueltas, da vueltas por todo el mundo; tu corazón está ahí, la mente está ahí… la distracción de la oración. La oración convive a menudo con la distracción. De hecho, a la mente humana le cuesta detenerse durante mucho tiempo en un solo pensamiento. Todos experimentamos este continuo remolino de imágenes y de ilusiones en perenne movimiento, que nos acompaña incluso durante el sueño. Y todos sabemos que no es bueno dar seguimiento a esta inclinación desordenada.

La lucha por conquistar y mantener la concentración no se refiere solo a la oración. Si no se alcanza un grado de concentración suficiente no se puede estudiar con provecho y tampoco se puede trabajar bien. Los atletas saben que las competiciones no se ganan solo con el entrenamiento físico sino también con la disciplina mental: sobre todo con la capacidad de estar concentrados y de mantener despierta la atención.

Las distracciones no son culpables, pero deben ser combatidas. En el patrimonio de nuestra fe hay una virtud que a menudo se olvida, pero que está muy presente en el Evangelio. Se llama “vigilancia”. Y Jesús lo dice mucho: “Vigilad. Rezad”. El Catecismo la cita explícitamente en su instrucción sobre la oración (cfr. n. 2730). A menudo Jesús recuerda a los discípulos el deber de una vida sobria, guiada por el pensamiento de que antes o después Él volverá, como un novio de la boda o un amo de un viaje. Pero no conociendo el día y ni la hora de su regreso, todos los minutos de nuestra vida son preciosos y no se deben perder con distracciones. En un instante que no conocemos resonará la voz de nuestro Señor: en ese día, bienaventurados los siervos que Él encuentre laboriosos, aún concentrados en lo que realmente importa. No se han dispersado siguiendo todas las atracciones que les venían a la mente, sino que han tratado de caminar por el camino correcto, haciendo el bien y haciendo el proprio trabajo. Esta es la distracción: que la imaginación da vueltas, vueltas, vueltas… Santa Teresa llamaba a esta imaginación que da vueltas, vueltas en la oración, “la loca de la casa”: es una como una loca que te hace dar vueltas, vueltas… Tenemos que pararla y enjaularla, con la atención

Un discurso diferente se merece el tiempo de la aridez. El Catecismo lo describe de esta manera: «El corazón está desprendido, sin gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es el momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro» (n. 2731). La aridez nos hace pensar en el Viernes Santo, en la noche y el Sábado Santo, todo el día: Jesús no está, está en la tumba; Jesús está muerto: estamos solos. Y este es el pensamiento-madre de la aridez.  A menudo no sabemos cuáles son las razones de la aridez: puede depender de nosotros mismos, pero también de Dios, que permite ciertas situaciones de la vida exterior o interior. O, a veces, puede ser un dolor de cabeza o un dolor de hígado que te impide entrar en la oración. A menudo no sabemos bien la razón. Los maestros espirituales describen la experiencia de la fe como un continuo alternarse de tiempos de consolación y de desolación; momentos en los que todo es fácil, mientras que otros están marcados por una gran pesadez. Muchas veces, cuando encontramos un amigo, decimos. “¿Cómo estás?” – “Hoy estoy decaído”. Muchas veces estamos “decaídos”, es decir no tenemos sentimientos, no tenemos consolaciones, no podemos más. Son esos días grises... ¡y los hay, muchos, en la vida! Pero el peligro está en tener el corazón gris: cuando este “estar decaído” llega al corazón y lo enferma… y hay gente que vive con el corazón gris. Esto es terrible: ¡no se puede rezar, no se puede sentir la consolación con el corazón gris! O no se puede llevar adelante una aridez espiritual con el corazón gris. El corazón debe estar abierto y luminoso, para que entre la luz del Señor. Y si no entra, es necesario esperarla con esperanza. Pero no cerrarla en el gris.

Después, algo diferente es la acedia, otro defecto, otro vicio, que es una auténtica tentación contra la oración y, más en general, contra la vida cristiana. La acedia es «una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón» (CIC, 2733). Es uno de los siete “pecados capitales” porque, alimentado por la presunción, puede conducir a la muerte del alma.

¿Qué hacer entonces en esta sucesión de entusiasmos y abatimientos? Se debe aprender a caminar siempre. El verdadero progreso de la vida espiritual no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en el ser capaces de perseverar en tiempos difíciles: camina, camina, camina… Y si estás cansado, detente un poco y vuelve a caminar. Pero con perseverancia. Recordemos la parábola de san Francisco sobre la perfecta leticia: no es en las infinitas fortunas llovidas del Cielo donde se mide la habilidad de un fraile, sino en caminar con constancia, incluso cuando no se es reconocido, incluso cuando se es maltratado, incluso cuando todo ha perdido el sabor de los comienzos. Todos los santos han pasado por este “valle oscuro” y no nos escandalicemos si, leyendo sus diarios, escuchamos el relato de noches de oración apática, vivida sin gusto. Es necesario aprender a decir: “También si Tú, Dios mío, parece que haces de todo para que yo deje de creer en Ti, yo sin embargo sigo rezándote”. ¡Los creyentes no apagan nunca la oración! Esta a veces puede parecerse a la de Job, el cual no acepta que Dios lo trate injustamente, protesta y lo llama a juicio. Pero, muchas veces, también protestar delante de Dios es una forma de rezar o, como decía esa viejecita, “enfadarse con Dios es una forma de rezar, también”, porque muchas veces el hijo se enfada con el padre: es una forma de relación con el padre; porque lo reconoce “padre”, se enfada…

Y también nosotros, que somos mucho menos santos y pacientes que Job, sabemos que finalmente, al concluir este tiempo de desolación, en el que hemos elevado al Cielo gritos mudos y muchos “¿por qué?”, Dios nos responderá. No olvidar la oración del “¿por qué?”: es la oración que hacen los niños cuando empiezan a no entender las cosas y los psicólogos la llaman “la edad del por qué”, porque el niño pregunta al padre: “Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…?” Pero estemos atentos: el niño no escucha la respuesta del padre. El padre empieza a responder y el niño llega con otro por qué. Solamente quiere atraer sobre sí la mirada del padre; y cuando nosotros nos enfadamos un poco con Dios y empezamos a decir por qué, estamos atrayendo el corazón de nuestro Padre hacia nuestra miseria, hacia nuestra dificultad, hacia nuestra vida. Pero sí, tened la valentía de decir a Dios: “Pero ¿por qué…?” Porque a veces, enfadarse un poco hace bien, porque nos hace despertar esta relación de hijo a Padre, de hija a Padre, que nosotros debemos tener con Dios. Y también nuestras expresiones más duras y más amargas, Él las recogerá con el amor de un padre, y las considerará como un acto de fe, como una oración.


Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. En estos días de preparación a la Solemnidad de Pentecostés, pidamos al Señor que nos envíe los dones del Espíritu Santo para poder perseverar en nuestra vida de oración con humildad y alegría, superando las dificultades con sabiduría y constancia. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 

Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

Reflexionamos hoy sobre algunas de las dificultades más comunes que pueden surgir en la vida de oración. La persona que reza experimenta con frecuencia la presencia de ciertos obstáculos y ciertas tentaciones que impiden el encuentro con el Señor, y que tiene que identificar y combatir con humildad y perseverancia. El Catecismo de la Iglesia Católica menciona, por ejemplo, la distracción, la sequedad y la acedia. Hay otros más, pero menciona estos tres.  

El primer problema que se presenta en la oración son las distracciones. En efecto, todos experimentamos —no sólo en la oración, sino en cualquier actividad que realicemos—, que no es fácil concentrarse y estar atentos. Pero en el patrimonio de nuestra fe hay una virtud que puede ayudarnos: la vigilancia. En la oración, cuando caemos en la cuenta de nuestras distracciones, lo que nos ayuda a combatirlas es ofrecer con humildad el corazón al Señor para que lo purifique y lo vuelva a centrar en Él.

Otra dificultad es la sequedad, que puede depender de nosotros mismos o también de Dios, que permite ciertas situaciones exteriores o interiores. Es el tiempo de la desolación y de la fe más pura, porque se mantiene firme junto a Jesús. Por último, otra de las dificultades de la oración es la acedia, que está provocada por la pereza, el relajamiento de la ascesis, la falta de vigilancia y la negligencia del corazón. Ante todas estas dificultades no tenemos que desanimarnos, sino seguir rezando con humildad y confianza.

 

Crisis migratoria y diplomática

Larissa I. López

Los obispos de España difundieron ayer, 18 de mayo de 2021, un comunicado sobre la situación en Ceuta, tras la llegada irregular de miles de migrantes a la ciudad autónoma española desde Marruecos, y en Melilla.

De este modo, el departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) “acoge con preocupación la situación que se está produciendo en Ceuta y Melilla”, se lee en el texto. Asimismo, “apelando al valor supremo de la vida y la dignidad humana”, recuerda que “la desesperación y el empobrecimiento de muchas familias y menores no puede ni debe ser utilizado por ningún Estado para instrumentalizar con fines políticos, las legítimas aspiraciones de estas personas”.

La CEE muestra también, su solidaridad con las diócesis de Cádiz y Ceuta y Málaga y Melilla, “de reconocida trayectoria en la atención y acogida a migrantes, así como con las necesarias iniciativas en ambas ciudades autónomas, para acoger integralmente y custodiar los derechos de las personas migrantes, especialmente de los menores”. Finalmente, la nota invita a mantener actitudes de convivencia pacífica y reclama a todos los niveles, ‘la mejor política puesta al servicio del bien común’ (Fratelli tutti, 154).

Crisis migratoria y diplomática

Según informa la agencia de noticias Europa Press, unos 8.000 migrantes han cruzado desde Marruecos hacia Ceuta desde el lunes, entre ellos se encuentran unos 1.500 menores, El ministro del Interior de España, Fernando Grande-Marlaska informó que 2.700 migrantes ya han sido devueltos al país vecino. Además, otros 86 migrantes consiguieron entrar a primera hora de este martes en Melilla.

Esta crisis migratoria se produce en plena crisis diplomática entre el Gobierno y el reino alauí a cuenta de la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, hospitalizado en Logroño para recibir tratamiento contra la COVID-19.

El Gobierno español ha indicado que esto se debe a razones estrictamente humanitarias, pero las explicaciones no convencieron a Marruecos. El pasado 8 de mayo, Rabat avisó de que se producirían “consecuencias” y deslució que no se le hubiera avisado previamente sobre este gesto que considera “premeditado” y que no corresponde a una relación entre buenos vecinos. Por el momento, las autoridades marroquíes han guardado silencio respecto a los últimos acontecimientos.

“Calmar la situación”

El portavoz de la Secretaría General de Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, calificó ayer martes como “angustiosas” las imágenes de lo ocurrido en Ceuta y ha pedido tanto a España como a Marruecos colaboración para “calmar la situación”, indica la misma fuente.

“Creo que es muy importante que tanto Marruecos como España lleguen a un acuerdo para tratar de calmar la situación”,  la cual, sostiene, es “otra ilustración de los desafíos” a los que se enfrenta la comunidad internacional para gestionar la migración “de una forma humana y que respete la dignidad de las personas”.

Fuente: Exaudi.org

17 mayo 2021

La ascensión completa la misión de Jesús en medio de nosotros

 El Papa ayer en el Regina Caeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, en Italia y en otros países, se celebra la solemnidad de la Ascensión del Señor. La página evangélica (Mc 16,15-20) —la conclusión del Evangelio de Marcos— nos presenta el último encuentro del Resucitado con los discípulos antes de subir a la derecha del Padre. Normalmente, lo sabemos, las escenas de despedidas son tristes, causan en quien se queda un sentimiento de pérdida, de abandono; sin embargo esto no les sucede a los discípulos. No obstante la separación del Señor, no se muestran desconsolados, es más, están alegres y preparados para partir como misioneros en el mundo.

¿Por qué los discípulos no están tristes? ¿Por qué nosotros también debemos alegrarnos al ver a Jesús que asciende al cielo?

La ascensión completa la misión de Jesús en medio de nosotros. De hecho, si es por nosotros que Jesús bajó del cielo, también es por nosotros que asciende. Después de haber descendido en nuestra humanidad y haberla redimido —Dios, el Hijo de Dios, desciende y se hace hombre, toma nuestra humanidad y la redime— ahora asciende al cielo llevando consigo nuestra carne. Es el primer hombre que entra en el cielo, porque Jesús es hombre, verdadero hombre, es Dios, verdadero Dios; nuestra carne está en el cielo y esto nos da alegría. A la derecha del Padre se sienta ya un cuerpo humano, por primera vez, el cuerpo de Jesús, y en este misterio cada uno de nosotros contempla el propio destino futuro. No se trata de un abandono, Jesús permanece para siempre con los discípulos, con nosotros.

Permanece en la oración, porque Él, como hombre, reza al Padre, y como Dios, hombre y Dios, le hace ver las llagas, las llagas con las cuales nos ha redimido. La oración de Jesús está ahí, con nuestra carne: es uno de nosotros, Dios hombre, y reza por nosotros. Y esto nos debe dar una seguridad, es más, una alegría, ¡una gran alegría! Y el segundo motivo de alegría es la promesa de Jesús. Él nos ha dicho: “Os enviaré el Espíritu Santo”. Y ahí, con el Espíritu Santo, se hace ese mandamiento que Él da precisamente en la despedida: “Id por el mundo, anunciad el Evangelio”. Y será la fuerza del Espíritu Santo que nos lleva allá en el mundo, a llevar el Evangelio. Es el Espíritu Santo de ese día, que Jesús ha prometido, y entonces nueve días después vendrá en la fiesta de Pentecostés. Precisamente es el Espíritu Santo que ha hecho posible que todos nosotros seamos hoy así. ¡Una gran alegría! Jesús se ha ido al cielo: el primer hombre ante el Padre. Se fue con sus llagas, que han sido el precio de nuestra salvación, y reza por nosotros. Y después nos envía el Espíritu Santo, nos promete el Espíritu Santo, para ir a evangelizar. Por esto la alegría de hoy, por esto la alegría de este día de la Ascensión.

Hermanos y hermanas, en esta fiesta de la Ascensión, mientras contemplamos el Cielo, donde Cristo ha ascendido y se sienta a la derecha del Padre, pidamos a María, Reina del Cielo, que nos ayude a ser en el mundo testigos valientes del Resucitado en las situaciones concretas de la vida.

 


Después del Regina Caeli

¡Queridos hermanos y hermanas!

Sigo con gran preocupación lo que está sucediendo en Tierra Santa. En estos días, violentos enfrentamientos armados entre la Franja de Gaza e Israel han prevalecido y se corre el riesgo de que degeneren en una espiral de muerte y destrucción. Numerosas personas han resultado heridas, y muchos inocentes han muerto. Entre ellos también hay niños, y esto es terrible e inaceptable. Su muerte es signo de que no se quiere construir el futuro, sino que se quiere destruir.

Además, el creciente odio y violencia que está afectando a varias ciudades de Israel es una herida grave a la fraternidad y a la convivencia pacífica entre los ciudadanos, que será difícil de curar sino se abre de inmediato al diálogo. Me pregunto: ¿dónde llevarán el odio y la venganza? ¿Pensamos construir realmente la paz destruyendo al otro? “En el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos” (cfr. Documento Fraternidad Humana) hago un llamamiento a la calma y, a quien tenga la responsabilidad, de hacer que cese el estruendo de las armas y de recorrer los caminos de la paz, también con la ayuda de la Comunidad Internacional.

Rezamos incesantemente para que israelíes y palestinos puedan encontrar el camino del diálogo y del perdón, para ser pacientes constructores de paz y de justicia, abriéndose, paso a paso, a una esperanza común, a una convivencia entre hermanos.

Rezamos por las víctimas, en particular por los niños; rezamos por la paz a la Reina de la paz. Dios te salve María…

Hoy empieza la “Semana Laudato si’”, para educarnos cada vez más a escuchar el grito de la Tierra y el grito de los pobres. Doy las gracias al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el Movimiento Católico Mundial por el Clima, Caritas Internationalis y las numerosas organizaciones adheridas, e invito a todos a participar.

Saludo a los peregrinos de diferentes países que ayer, aquí en Roma en San Juan de Letrán, participaron en la beatificación del sacerdote Francisco María de la Cruz, fundador de los religiosos Salvatorianos y de las religiosas Salvatorianas. Él fue incansable anunciador del Evangelio, utilizando cualquier medio que la caridad de Cristo le inspiraba. Su celo apostólico sea de ejemplo y de guía a los que en la Iglesia son llamados a llevar la palabra y el amor de Jesús a cada ambiente. ¡Un aplauso al nuevo beato! Está el icono aquí delante…

Os saludo cordialmente a todos vosotros, procedentes de Roma, de Italia y de otros países, en particular, al Grupo AGESCI-Lupetti de la parroquia San Gregorio Magno en Roma; y al Seminario Redemptoris Mater de la diócesis de Florencia

Os deseo a todos un feliz domingo, también a los chicos de la Inmaculada, que son buenos. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!