25 junio 2021

Carta a Alvarete, mi hijo con discapacidad

 

ÁLVARO VILLANUEVA


Estas son todas las cosas que he aprendido de mi pequeño que padece una enfermedad rara.

Querido Alvarete,

Vivimos en un mundo del culto al yo, donde prima ganar y tener éxito por encima de cualquier otra cosa. Las redes sociales no ayudan, nos venden un mundo irreal donde los ejemplos a seguir por los jóvenes son irreales.

No es extraño pensar que en este mundo una persona como tú pueda pasar desapercibida. Ni eres futbolista, ni modelo, ni tampoco un empresario exitoso, solo eres un niño con discapacidad intelectual. Cuando las personas se cruzan contigo te miran con pena o indiferencia y ninguna se para a pensar lo que les puedes aportar. Lo cual es natural, yo que soy tu padre y he tardado años en darme cuenta de tus enseñanzas; me quedaba con lo duro de la experiencia, los sueños rotos y el cansancio. Afortunadamente poco a poco empiezo a aprender de ti, me cuesta porque nunca he sido el más espabilado de la clase, pero como buen borrico que soy, una vez que aprendo el camino lo sigo a rajatabla.

A veces me pregunto si aprendes tú algo de mí, ya que siendo tu padre debería ser yo quien te guíe y enseñe, y no al revés. Solo me limito a cuidarte lo mejor que puedo, pero realmente me gustaría que aprendieras algo de mí. Mientras tanto, intentaré transmitir tus enseñanzas de la mejor manera que pueda.

Mucha gente me pregunta si sufres y durante mucho tiempo no he sabido responder a la pregunta. Siempre había pensado que sí, que sufrías muchísimo, como no podía ser de otra forma con todos tus tumores, operaciones, epilepsias… Empecé a leer sobre el sentido del sufrimiento y hasta escribí sobre la materia. Pero no todas las respuestas están en los libros y el otro día, mientras te perseguía tu hermana pequeña, te empezaste a reír y a reír hasta que la franja azul de tu pañal cambio de color, te habías hecho pis de tanto reírte. Ese mismo día te habían operado de la cara, te lo habías pasado fatal y apenas podías abrir los ojos.

Me di cuenta de que no es lo mismo sufrir que padecer. Las personas sufrimos porque anticipamos problemas de futuro, que en la mayoría de ocasiones no ocurrirán, y eso nos hace sufrir. El miedo al futuro, a una enfermedad, a una dolencia, a perder a un ser querido, a perder el trabajo…, todas esas cosas hacen que no disfrutemos del momento y suframos por un hipotético futuro. Tú, en cambio, no sabes sufrir, no anticipas ni lo bueno ni lo malo, te limitas a vivir el momento. Es cierto que no sufrirás, pero sí que padeces muchos dolores, aunque eso no te impide cuando tienes la oportunidad de disfrutar al máximo de la vida. Una comida, una siesta mañanera, unas cosquillas de tu hermana o un vaso de coca-cola te hacen disfrutar a un nivel que creo que yo nunca he sido capaz, ya que las dudas del futuro me nublan el sol del presente. Y esa es tu primera gran lección, nos enseñas a disfrutar de la vida a pesar de las contradicciones.

Tu segunda lección quizás es la que más me cuesta aprender, el perdón. Cuántas veces me habré enfadado, echado la bronca o tenido un mal gesto contigo porque, sin darte cuenta, has hecho cosas que me sacan de quicio. Nunca me has guardado rencor ni un minuto, rápidamente me has perdonado y olvidado. Me acuerdo cuando recién operado, que ibas con tus vendas en la cabeza y yo te llevaba a hombros, una señora nos apartó de malos modos porque íbamos lentos, te miró con desprecio y nos soltó algo en francés que no me parecía muy bonito. Al cabo de un rato nos la volvimos a encontrar, pero esta vez tú ibas andando muy cansado, y al pasar a su lado, la cogiste de la mano y la sonreíste como si nada hubiera pasado. La pilló tan de imprevisto que no le quedó más remedio que devolverte la sonrisa, roja de vergüenza. Muchos dirán que te comportas así porque no tienes la capacidad para recordar, y es verdad, pero eso no quita que tu capacidad de olvidar las cosas malas que te hace la gente no sea un superpoder que todos podemos conseguir con algo de esfuerzo.

Otra virtud que me gustaría aprender de ti es la de amar sin medida porque cuando amas al prójimo, todo es más sencillo, desaparecen las envidias, los celos, las comparaciones. Es una gozada, es el acto sinceramente más egoísta que existe, ya que cuando amas a todo el que te rodea, eres inmensamente feliz, por eso es incomprensible que cueste tanto. Es complicado explicar con palabras cómo sé que amas sin medidas, incluso puede resultar contradictorio conociendo tus problemas de comportamiento que tanto me desvelan, pero el que te conozca y te haya visto abrazar a tu abuela en sus últimos momentos, o “cuidar” de tu amigo con parálisis cerebral recogiendo su pelota una y mil veces y dándole besos de incisivo (como no sabes dar besos, acercas la cara y clavas los dientes incisivos, generalmente, en la azotea de la cabeza), o agarrarme del cuello mientras me lo giras y me sonríes como si todo te fuera bien, o cuando oyes a alguien llorar y vas corriendo a abrazarlo, comprendería que tu amor, además de limpio, no tiene medidas.

La última enseñanza que me gustaría resaltar hoy de ti es tu fortaleza. Cuando veo por todo lo que has pasado: operaciones, años sin apenas dormir, estados epilépticos crónicos… y nunca te he visto quejarte. Alguno dirá “pero si no habla, cómo va a quejarse”; pues muy sencillo, bastaría que estuvieras constantemente enfadado, pero todo lo contrario, en cuanto puedes, sueltas una sonrisa. Me acuerdo cómo sonreíste y te pusiste a hacer ruidos de alegría al ver la comida después de tu 5ª operación de cerebro; llevábamos un mes hospitalizados, aún tenías el drenaje en la cabeza, la sonda, la vía, seguías con chutes de morfina y aún así te “descojonaste” del mundo porque había pollo asado para comer. ¿Cómo podría quejarme de mis dolores considerando los tuyos y la fortaleza con los que los afrontas? Pues, sinceramente, no sé cómo lo hago, pero lo hago, pero descuida porque a tu lado acabaré aprendiendo.

Entiendo que nadie quiera pasar por tu tormento ni que ninguno de sus seres queridos tenga que hacerlo; yo mismo desearía que hubieras nacido sano, pero eso no quita que me cause un inmenso dolor el hecho de que no se valore todo lo que tienes que aportar a la sociedad y pasen desapercibidas tus enseñanzas. Entiendo que no todos los ojos están preparados para mirar directamente los tesoros que más brillan, es lo que tiene vivir entre sombras, pero estoy convencido de que entre todos podemos hacer que desaparezcan los nubarrones y, por tanto, abandonemos las sombras.

Fuente: elpais.com

«Tomás Moro y el buen humor»

Cardenal Juan José Omella

«La vida es una cosa demasiado seria para tomársela seriamente». G. K. Chesterton

 En uno de los libros-entrevista hecho al papa Francisco, concretamente el que lleva por título Dios es joven (Planeta Testimonio, 2018), que recoge las declaraciones hechas al periodista y escritor Thomas Leoncini, el Papa apunta dos de las cualidades que necesariamente tendríamos que pedir a Dios. Estas son el entusiasmo y la alegría.

«Para poder respirar –dice el papa Francisco- es fundamental el sentido del humor, que está conectado a la capacidad de disfrutar y entusiasmarse. Tener sentido del humor ayuda también a estar de buen humor y, cuando estamos de buen humor, es más fácil convivir con los otros y con nosotros mismos». Todo un programa de vida que podría transformar nuestra existencia y la de los que nos rodean.

El Santo Padre, ayudándose de un pensamiento del escritor inglés G. K. Chesterton, nos recuerda: «La vida es una cosa demasiado seria para tomársela seriamente». En este contexto, el Papa hace esta confesión al entrevistador y a cada uno de nosotros: «Cada día, desde hace casi cuarenta años, pido al Señor esta gracia y lo hago con una oración que escribió santo Tomás Moro». Se llama la Oración del buen humor:

«Concédeme, Señor, una buena digestión,

y también algo que digerir.

Concédeme la salud del cuerpo,

con el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar

lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante

el pecado, sino que encuentre el modo de poner

las cosas de nuevo en orden.

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,

las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no

permitas que sufra excesivamente por ese ser tan

dominante que se llama Yo.

Dame, Señor, el sentido del humor.

Concédeme la gracia de comprender las bromas,

para que conozca en la vida un poco de alegría y

pueda comunicársela a los demás.

Así sea.»

Santo Tomás Moro es el patrón de los políticos. Él, como canciller del rey Enrique VIII, vivió la gloria y también el peso de la responsabilidad de ejercer un alto cargo público. Es un mártir de la fe y un testigo de fidelidad a la propia conciencia, porque por desaprobar el nuevo matrimonio de su rey fue condenado a muerte acusado de alta traición. Este santo, a pesar de las dificultades y presiones que vivió, hizo todo lo posible por no perder nunca el buen humor. Es un testimonio precioso, que nos recuerda cómo el buen humor es un don que tenemos que pedir a Dios, pero que también necesita nuestra colaboración y esfuerzo.

Era tal su voluntad de no perder nunca el buen humor que, incluso en el momento dramático de subir al cadalso, pidió que lo ayudaran a subirse y añadió: «Bajarme ya lo haré yo solo». Y no solo eso, sino que ante su verdugo, mientras se retiraba la barba del cuello para que no se la estropearan con la decapitación, dijo: «Mi barba no ha ofendido al rey y, por lo tanto, no se debe cortar».

Queridos hermanos y hermanas, ¿por qué no vivir al estilo de santo Tomás Moro? ¿Os animáis a seguir al papa Francisco rezando cada día esta preciosa Oración del buen humor? Feliz domingo y feliz semana a todos.


Fuente:  esglesia.barcelona/es/


24 junio 2021

Viktor Frankl (1905-1997) “Papá, ¿por qué decimos ‘buen Dios’?”

Gabriela Jatib

Conforme pasan los años y queda atrás el horror del Holocausto, la lectura de ‘El hombre en busca de sentido’ resulta decisiva para muchos jóvenes que en nuestra sociedad buscan sentido a su vida


Puede decirse que es un libro que de día en día cobra más actualidad.

Viktor Frankl, el fundador de la logoterapia, es un gran referente de la psicología del siglo XX. Su vida está marcada por vivencias de incomprensibles designios, pero llena de una convicción y una fuerza estremecedoras. Quizá por esto nos deja huellas que inspiran y emocionan. En su obra El hombre en busca de sentido (Herder, Barcelona, 2018, 3ª ed.) nos relata un pintoresco diálogo con su pequeña hija −de apenas 6 años− que apunta a una problemática permanente tanto en filosofía como en la enseñanza de religión. La niña le pregunta: “Papá, ¿por qué decimos ‘buen Dios’?”. La respuesta parece contundente, pero no lo es: “Hace unas semanas tenías sarampión y el buen Dios te curó”, respondí. La niña no quedó satisfecha y replicó: “Sí, papá, pero no olvides que primero me lo envió” (p. 146). Este planteamiento ingenuo es un buen exponente de la cuestión que ha suscitado interrogantes a los seres humanos desde siempre: la presencia del mal en el mundo que parece antagónica con la idea de un Dios que ama a sus criaturas y las cuida. “Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”, dirá −quizá con sarcasmo ante la realidad de su ceguera− Jorge Luis Borges en su Poema de los dones.

Frankl reconoce un largo nihilismo existencial en su juventud y el haber sufrido desgarradores decaimientos a las pocas semanas de entrada en Auschwitz. También tuvo una fuerte angustia a los pocos meses de su liberación en abril de 1945: los campos de concentración le habían hecho perder la capacidad para la felicidad. 

Uno de sus pasajes más inspiradores es aquel en el que relata, poco después de su liberación, una caminata por un campo florido, un bellísimo paisaje natural y con la libertad tan añorada. Una libertad minada por el historial de indignidad y de pérdida al que fue sometido, la muerte de sus padres y de su esposa embarazada, la destrucción perversa de su obra en el Lager… Ahora, “no se veía a nadie en varias millas a la redonda, no había nada más que el cielo y la tierra y el júbilo de las alondras, la libertad del espacio. Me detuve, miré a mi alrededor, después al cielo, y caí de rodillas. En aquel momento yo sabía muy poco de mí y del mundo, no tenía sino una única frase en mi cabeza: ‘En la angustia clamé al Señor y Él me contestó desde el espacio en libertad’. No recuerdo” −concluye− “cuánto tiempo permanecí allí, repitiendo mi jaculatoria. Pero estoy seguro de que aquel día, en aquel instante, mi vida comenzó de nuevo. Fui avanzando, poco a poco, hasta volverme otra vez un ser humano” (p. 119).

La tarea de Frankl en este impresionante libro es mostrar un camino de salvación que es posible después de haber transitado el infierno de los campos y de haber padecido cansancio extremo, hambre, suciedad, enfermedad, maltratos de toda naturaleza; pese a todo, se puede resurgir desde la esperanza hacia una vida que nos reencuentra con un sentido profundo a descifrar; en oposición al existencialismo ateo de Sartre, para quien el hombre se inventa a sí mismo y crea su sentido, Frankl expresará: “Yo afirmo, en cambio, que el hombre no inventa el sentido de su vida, sino que lo descubre” (p. 128). Es quizá por esto que “el hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien la vida interroga” (p. 137). Porque el ser humano está animado por “una voluntad de sentido”, la misma que le permitió a Viktor Frankl peregrinar por los campos de concentración sin perder un atisbo de dignidad.

Leemos en el Evangelio de san Juan: “¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte lo mismo que para ponerte en libertad? Entonces Jesús le contestó: No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido” (Jn 19, 10-11). Estas benditas palabras abren interrogantes cruciales sobre la presencia del mal en la vida de las personas.

Hemos encontrado una huella del camino que conduce a la verdad en las palabras de Adolfo Pérez Esquivel, premio nobel de la paz (1980) y amigo del Papa Francisco, quien en su obra Resistir en la esperanza (2011) narra el hallazgo de una gran mancha de sangre en los muros de la prisión en la que fue sometido a agravios y torturas; con esa misma sangre el prisionero o prisionera había escrito “Dios no mata”. Esta expresión le llenó de congoja al comprender que alguien había tenido la capacidad de escribir esto con su propia sangre y en medio de la más pura desesperación. Esquivel lo considera como un grito de la humanidad: “Dios no mata”, en el contexto en que fue escrito, “es uno de los mayores actos de fe que conozco”.

La presencia estremecedora del mal ha mostrado su rostro más descarnado en momentos cruciales de la historia, como fueron las guerras o los totalitarismos que avasallaron la dignidad del ser humano, cercenando sus libertades individuales y colectivas. “La historia” −escribe Frankl− “nos brindó la posibilidad de conocer la naturaleza humana quizá como ninguna otra generación. ¿Qué es, en realidad, el hombre?” (p. 115), y concluirá el libro con esta impresionante respuesta: “El hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios” (p. 160). 

La lectura de El hombre en busca de sentido sigue dejando huella en todos aquellos que se acercan a este libro porque nos muestra con radicalidad la hondura de ser humano.


Fuente: omnesmag.com

Catequesis sobre la Carta a los Gálatas - 1.

El Papa ayer en la Audiencia General

Después del largo itinerario dedicado a la oración, hoy damos inicio a un nuevo ciclo de catequesis. Espero que con el recorrido de la oración hayamos logrado rezar un poco mejor, rezar un poco más. Hoy deseo reflexionar sobre algunos temas que el apóstol Pablo propone en su Carta a los Gálatas. Es una Carta muy importante, es más, diría que decisiva, no solo para conocer mejor al Apóstol, sino sobre todo para considerar algunas cuestiones que afronta en profundidad, mostrando la belleza del Evangelio. En esa Epístola, Pablo recoge bastantes referencias biográficas, que nos permiten conocer su conversión y la decisión de poner su vida al servicio de Jesucristo. Afronta, además, algunos temas muy importantes para la fe, como los de la libertad, la gracia y el modo de vivir cristiano, que son extraordinariamente actuales porque tocan tantos aspectos de la vida de la Iglesia de nuestros días. Es una Carta muy actual. Parece escrita para nuestros tiempos.

El primer rasgo que se desprende de esta Carta es la gran obra de evangelización realizada por el Apóstol, que visitó al menos dos veces las comunidades de Galacia durante sus viajes misioneros. Pablo se dirige a los cristianos de ese territorio. No sabemos exactamente a qué zona geográfica se refiere, ni podemos decir con certeza la fecha en la que escribió esta Carta. Sabemos que los Gálatas eran una antigua población celta que, tras muchas peripecias, se habían establecido en aquella extensa región de Anatolia que tenía la capital en la ciudad de Ancira, hoy Ankara, capital de Turquía. Pablo solo dice que, a causa de una enfermedad, se vio obligado a detenerse en aquella región (cfr. Gal 4,13). San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, encuentra en cambio un motivo más espiritual. Dice que «atravesaron Frigia y la región de Galacia porque el Espíritu Santo les había impedido proclamar la Palabra en la provincia de Asia» (16,6). Ambos hechos no son contradictorios: indican más bien que la vía de la evangelización no depende siempre de nuestra voluntad y de nuestros planes, sino que requiere la disponibilidad de dejarse formar y seguir otros caminos que no estaban previstos. Entre vosotros hay una familia que me ha saludado: dicen que deben aprender el letón, y no sé qué otra lengua, porque irán como misioneros a aquellas tierras. El Espíritu lleva también hoy a muchos misioneros que dejan su patria y van a otra tierra a hacer la misión. Lo que sí constatamos, en todo caso, es que en su incansable labor evangelizadora el Apóstol pudo fundar varias pequeñas comunidades, esparcidas por la región de Galacia. Cuando Pablo llegó a una ciudad, a una región, no hacía inmediatamente una gran catedral, no. Hacía las pequeñas comunidades que hoy son la levadura de nuestra cultura cristiana. Comenzó haciendo pequeñas comunidades. Y esas pequeñas comunidades crecieron, crecieron y siguieron adelante. También hoy, ese método pastoral se lleva a cabo en todas las regiones misioneras. Recibí una carta la semana pasada de un misionero de Papúa Nueva Guinea; me dice que está predicando el Evangelio en la selva a gente que ni siquiera sabe quién fue Jesucristo. ¡Es bonito! Empiezan a formarse pequeñas comunidades. Pues también hoy ese método es el método evangelizador de la primera evangelización.

Lo que queremos destacar es la preocupación pastoral de Pablo, que es todo fuego. Después de haber fundado esas Iglesias, se da cuenta de un gran peligro −el pastor es como el padre o la madre que inmediatamente se dan cuenta de los peligros de los hijos− que corren por su crecimiento en la fe. Crecen y vienen los peligros. Como decía uno: “Los buitres vienen a destruir la comunidad”. De hecho, algunos cristianos que venían del judaísmo se habían infiltrado y astutamente comenzaron a sembrar teorías contrarias a la enseñanza del Apóstol, llegando incluso a denigrar su persona. Comienzan con la doctrina de “esto no, esto sí”, y luego denigran al Apóstol. Es la forma habitual: quitarle la autoridad al Apóstol. Como vemos, se trata de una práctica antigua, presentarse en algunas ocasiones como los únicos poseedores de la verdad −los puros− y pretender menospreciar el trabajo realizado por otros, incluso con calumnias. Esos adversarios de Pablo sostenían que los paganos también debían someterse a la circuncisión y vivir según las reglas de la ley mosaica. Vuelven a las observancias de antes, a las cosas que han sido superadas por el Evangelio. Los gálatas, por tanto, habrían tenido que renunciar a su identidad cultural para someterse a reglas, prescripciones y costumbres propias de los judíos. No solo. Esos adversarios argumentaban que Pablo no era un verdadero apóstol y, por tanto, no tenía autoridad para predicar el Evangelio. Y muchas veces vemos esto. Pensemos en alguna comunidad cristiana o en alguna diócesis: comienzan las historias y luego acaban desacreditando al párroco, al obispo. Es precisamente el camino del maligno, de esa gente que divide, que no sabe construir. Y en esta Carta a los Gálatas vemos este procedimiento.

Los gálatas estaban en una situación de crisis. ¿Qué debían hacer? ¿Escuchar y seguir lo que Pablo les predicó, o escuchar a los nuevos predicadores que lo acusaban? Es fácil imaginar el estado de incertidumbre que embargaba sus corazones. Para ellos, haber conocido a Jesús y creído en la obra de salvación lograda con su muerte y resurrección fue verdaderamente el comienzo de una nueva vida, de una vida de libertad. Habían emprendido un camino que les permitía ser finalmente libres, a pesar de que su historia estaba entretejida de tantas formas de esclavitud violenta, entre ellas la que les sometía al emperador de Roma. Por eso, ante las críticas de los nuevos predicadores, se sentían desconcertados y no sabían cómo comportarse: “¿Pero quién tiene razón? ¿Este Pablo, o esta gente que viene ahora enseñando otras cosas? ¿A quién debo escuchar? En resumen, ¡había mucho en juego!

Esta condición no está lejos de la experiencia que otros cristianos viven en nuestros días. De hecho, tampoco faltan hoy predicadores que, sobre todo a través de los nuevos medios de comunicación, pueden turbar a las comunidades. No se presentan para anunciar el Evangelio de Dios, que ama al hombre en Jesús Crucificado y Resucitado, sino para repetir con insistencia, como verdaderos y auténticos “custodios de la verdad” −así se llaman ellos−, cuál es el mejor modo para ser cristianos. Y con fuerza afirman que el cristianismo auténtico es el de ellos, a menudo identificado con ciertas formas del pasado, y que la solución a las crisis actuales es volver atrás para no perder la genuinidad de la fe. Así pues, también hoy, como entonces, existe la tentación de encerrarse en algunas certezas adquiridas en tradiciones pasadas. Pero, ¿cómo podemos reconocer a esa gente? Por ejemplo, uno de los rasgos del modo de proceder es la rigidez. Ante la predicación del Evangelio que nos hace libres, nos hace alegres, ellos son rígidos. Siempre la rigidez: “hay que hacer esto, hay que hacer lo otro…”. La rigidez es propia de esa gente. Seguir la enseñanza del Apóstol Pablo en la Carta a los Gálatas nos vendrá bien para comprender qué senda seguir. La indicada por el Apóstol es la vía liberadora y siempre nueva de Jesús Crucificado y Resucitado; es la vía del anuncio, que se realiza a través de la humildad y la fraternidad: los nuevos predicadores no conocen qué es la humildad, qué es la fraternidad; es la vía de la confianza mansa y obediente: los nuevos predicadores no conocen la mansedumbre ni la obediencia. Y esa vía mansa y obediente va adelante con la certeza de que el Espíritu Santo actúa en cada época de la Iglesia. En última instancia, la fe en el Espíritu Santo presente en la Iglesia nos lleva adelante y nos salvará.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa. La senda liberadora que nos indica San Pablo es la, siempre nueva, de Jesús muerto y resucitado, la vía de la confianza mansa y obediente, con la certeza de que el Espíritu Santo actúa en cada época de la Iglesia. ¡Dios os bendiga!

Saludo cordialmente a los fieles de lengua inglesa. Mañana celebramos la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista. Imitemos el humilde ejemplo de aquel que señaló al Cordero de Dios. Sobre vosotros y vuestras familias invoco la alegría y la paz del Señor. ¡Dios os bendiga!

Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua alemana. Que el ejemplo de celo misionero de San Pablo os empuje a cada uno a anunciar y vivir con alegría la verdad del Evangelio. Que el Espíritu Santo nos mantenga siempre unidos como fieles servidores del Señor Jesús.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, que son tantos hoy. Pidamos al Señor, por intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo, que celebraremos la próxima semana, que nos ayude a abrirnos a su gracia, para poder ver, juzgar y actuar desde la verdad y la libertad que proceden del encuentro con Cristo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Queridos hermanos y hermanas de lengua portuguesa: acordaos siempre de que el anuncio del Evangelio se hace con humildad y fraternidad, no imponiendo, sino indicando la senda a seguir. ¡Que la bendición de Dios descienda sobre todos vosotros!

Saludo a los fieles de lengua árabe. La vía que debemos seguir para llegar al Señor es la liberadora y siempre nueva de Jesús Crucificado y Resucitado; es la del anuncio, que se realiza a través de la humildad y la fraternidad; es la de la confianza mansa y obediente, pero siempre con la ayuda del Espíritu Santo que actúa en cada época de la Iglesia. ¡Que el Señor os bendiga a todos y os proteja ‎siempre de todo mal‎‎‎‏!

Saludo cordialmente a todos los polacos. Queridos hermanos y hermanas, me uno en la oración a los que el pasado sábado, en Nowa Biala, sufrieron un gran incendio. Gracias a Dios no hubo muertos. Pidamos la gracia del consuelo, del apoyo y de la solidaridad humana para los que han perdido sus casas y propiedades. A vosotros aquí presentes y a vuestros seres queridos os deseo un verano sereno, vivido en presencia de Dios, en el Espíritu Santo. Os bendigo de corazón.

Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua italiana. Mañana se celebra la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, mandado por Dios para dar testimonio de la luz y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Por su intercesión pido para cada uno de vosotros abundantes gracias, para que se refuercen vuestros generosos propósitos de fidelidad a la llamada del Señor.

Mi pensamiento va finalmente, como de costumbre, a los ancianos, jóvenes, enfermos y recién casados. Al animaros a renovar propósitos de generoso ejemplo cristiano, invoco sobre cada uno de vosotros la continua asistencia del Señor. A todos mi Bendición.

¿Somos un experimento?

Pedro López


Hoy, ya no basta con transformar el mundo; ante todo, hay que preservarlo

 La filosofía moderna con su pretensión de que sea el sujeto, el observador, el que determine la verdad de las cosas, se enfrenta a un dilema: ¿la realidad que observo es real o es simplemente un montaje mental? ¿Un paisaje que contemplo es una invención de mi cerebro? Para no pocos, lo real viene a ser un constructo de la mente, lo que implica que poco importa que el mundo sea como lo veo, lo palpo y lo siento; sino más bien como se formula en una ecuación matemática que explica una realidad que no veo, y que sería lo objetivo. Con esto no quiero decir que la explicación física de la física no sea real, sino que no es toda la realidad. Es más, convendría incidir en que lo real es lo que veo, oigo, siento; y que la ecuación matemática es una abstracción que ni veo, ni oigo ni siento; aunque sirva para que la electricidad venga a casa y haga funcionar los electrodomésticos; y que si meto los dedos en el enchufe termine, como mínimo, chamuscado. Ciertamente los sentidos no nos dan toda la información; pero sin los sentidos, no podríamos imaginar lo que imaginamos y, por supuesto, lo inimaginable que podemos intuir.

Hay quienes piensan que el universo, y con él nuestra propia vida, no es más que una construcción. Algo así como un juego computacional; una especie de matrix –como la famosa película de los años 90- en el que el mundo real es una mera ficción, y solo algunos pocos elegidos saben lo que hay detrás. Es decir, quizá nuestra vida no sea más que un experimento informático de un ser de otro universo más avanzado que el nuestro, que nos ha inventado: los antiguos lo llamaban demiurgo; para unos, bueno; para otros, malo; o ambas cosas al mismo tiempo, o dos seres distintos, uno bueno y otro malo. Como se ve, esta cuestión viene de lejos. Frente a esto, hay que revelarse categóricamente, porque la ilusión de una ilusión no deja de ser ilusión.

Quizá por eso, al final de su vida Günther Anders dijo que «las cosas han llegado a tal punto que me gustaría declarar que soy «conservador» en materia de ontología, porque lo importante hoy, por primera vez, es conservar el mundo absolutamente como es. [...] Conocemos la célebre fórmula de Marx: «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras, lo que importa ahora es transformarlo. Pues bien, esta fórmula no da más de sí: está superada. Hoy, ya no basta con transformar el mundo; ante todo, hay que preservarlo». Anders reflexionó mucho sobre la situación del hombre moderno, en la que la miseria mental y moral es comparable con la falsa sensación de seguridad y de riqueza que poseemos; que nuestra vida está sometida a una pérdida de libertad que no es sentida como tal porque lo virtual nos hace considerar que no necesitamos ya el mundo real. Hemos de caer en la cuenta de que el mundo es bueno, poético: fue creado por el Logos, la palabra de Dios. No es un experimento lo que relata el Génesis: y dijo Dios, ¡hágase!; y la luz se hizo: y vio que era bueno; y nos permitió contemplar la belleza.


Fuente: levante-emv.com/

Primero Dios y después el rey

Antonio García-Prieto Segura

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios (Mt 22, 21)

El título de este artículo habría sido buen epitafio para la tumba de santo Tomás Moro, cuya fiesta celebra la Iglesia el 22 de junio. Sin embargo, en su monumento funerario de San Dunstan, en Canterbury, bajo el nombre y apellido se leen, en inglés, estas palabras: “Caballero – erudito – escritor – estadista”. Y debajo: “Decapitado en Tower Hill: sepultado en esta Capilla”. Finalmente, las fechas de su muerte: 1535 y de su canonización por el Papa Pío XI en 1935.

Sus dotes personales y extraordinaria preparación cultural le hicieron eminente hombre de Estado. Miembro del Parlamento y prestigioso abogado en Londres, en 1529 fue nombrado Lord Canciller por Enrique VIII. Como es sabido, el mismo rey años más tarde decretó su pena de muerte, acusado de alta traición. Surgió así el eterno dilema -objeto de este artículo- ante los imperativos de la conciencia personal y sus consiguientes decisiones, al tener que pronunciarse sobre difíciles cuestiones en las que están implicados valores esenciales de la persona y dignidad humanas.

Tomás se enfrentó a un gravísimo problema de carácter político religioso, y conviene recordar los hechos: Enrique VIII deseando tener un hijo varón para sucederle en el trono, buscó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. Con tal motivo, en 1530 dirigió al papa Clemente VII una carta firmada por nobles y prelados, pero no por Tomás Moro que ya era Canciller. La negativa de Roma marcó el inicio de lo que podría calificarse de “huida hacia adelante” del rey: los sucesivos hechos consumados por parte del monarca se anticiparon a las leyes que ‘a posteriori’ pretendieron legitimarlos. En 1532 buena parte del clero inglés se somete a las pretensiones de Enrique VIII de ir adelante y suplantar la jurisdicción del Papa.

Ante tal atropello, Moro no accede y guarda silencio, pero su sentido jurídico y su conciencia le llevan a renunciar al cargo de Lord Canciller. Celebrada la boda de Enrique con Ana Bolena en enero de 1533, el Parlamento la acepta poco después como reina. En marzo de 1534, se proclama el Acta de Sucesión reconociendo a los herederos de Ana sucesores de la Corona, y negando a Catalina su condición de Reina. Cuestiones esencialmente políticas, al fin y al cabo, aunque con un gravísimo “pero”: el Preámbulo del Acta de sucesión negaba la supremacía espiritual del Papa sobre la Iglesia católica en Inglaterra y reconocía la invalidez del matrimonio de Enrique con Catalina. Temas distintos, pero juntos en el mismo saco.

Hasta aquel momento, Tomás había hablado con hechos bien sonoros, como renunciar al cargo de Lord Canciller y retirarse de la vida pública, sin mostrar rechazo ni aprobación a las decisiones meramente políticas del Parlamento. Sin embargo, su actitud le distanciaba del monarca y de quienes se seguían acomodando a sus pretensiones; esto le colocó ya en el centro de la diana y más tarde en la picota.

Efectivamente: cuando en abril de 1534 le presentan el Acta de Sucesión para suscribirla, Tomás se niega a hacerlo porque su mente y su conciencia le impiden aceptar el Preámbulo del Acta, donde se repudiaba la supremacía papal en cuestiones religiosas; decía textualmente: el rey es la única cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra. Al rechazarlo, Tomás es encarcelado en la Torre de Londres, donde permanecerá hasta su muerte. El rey continuó su “huida hacia adelante”: al Acta de Sucesión le seguirá el Acta de Traiciones a finales de 1534, estableciendo que quien rechazara maliciosamente la primera, sería reo de alta traición. La suerte para Moro estaba echada y el cadalso se divisaba a lo lejos: el 6 de julio de 1535 fue decapitado. Tres meses antes, al defenderse en el juicio, dejará las cosas claras: su inteligencia y su conciencia le llevaban a no oponerse a las decisiones políticas sobre las que el Parlamento podía pronunciarse. Pero a la vez, la misma mente y conciencia le hacían rechazar el acto ilegítimo, no conforme a derecho, por el que el Parlamento usurpaba la autoridad religiosa del papa en favor del rey.

Tomás hilaba fino, sin contradecirse, como cabe esperar de toda persona que actúe con rectitud: capta primero, hasta donde sea posible, la verdad que ilumine el problema planteado, y actúa después conforme al juicio que se haya hecho, sin traicionar la conciencia. Ciertamente el cristianismo ha destacado la distinción entre política y religión, con las palabras de Cristo: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios (Mt 22, 21).

Este luminoso principio, además de afirmar que las dos esferas -civil y religiosa- conviven inseparables porque conforman nuestra existencia personal, también nos pide no incurrir en extremismos enfrentados como si fidelidad a Dios y lealtad al César fuesen irreductibles. Tan rechazables son un laicismo que se creyese dueño absoluto de las realidades terrenas, como un clericalismo igualmente erróneo, pero de signo contrario. Y esas palabras de Cristo, aunque dirigidas directamente a los judíos sirven para todo hombre porque -al margen de sus sensibilidades religiosas- ninguno está desprovisto de conciencia, que nos pide actuar conforme a justicia y verdad ¿Imaginamos que alguien nos dijera?: “Tú.., ¡es que no tienes conciencia!” Con razón nos sentiríamos gravemente ultrajados. Se podrá ser creyente o no serlo, pero jamás persona sin conciencia.

Entonces, ¿estamos introduciendo en este tema la dimensión moral o, si se quiere, ética? No; está ya presente por derecho propio, esperándonos. Cuando Benedicto XVI visitó Inglaterra, en su Discurso en Westminster Hall, se refirió de lleno al tema que nos ocupa. Recordó “la figura de Santo Tomás Moro (...), admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un ‘buen servidor’, pues eligió servir primero a Dios”.

Tomando pie de este hecho, el papa abordó el aspecto ético que toda actuación libre comporta, y que está presente también en los procesos políticos de la vida en democracia. Decía: “Cada generación, al tratar de progresar en el bien común, debe replantearse: ¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.” (Discurso a representantes de la sociedad Británica,17-IX-2010). El Primer Ministro inglés, J. Cameron, en su despedida al papa le dijo: «Usted realmente ha retado a todo el país a sentarse y pensar, y eso sólo puede ser algo bueno». ¿Cabe mayor elogio? ¿No es todo esto de ardiente actualidad?

Aspecto esencial, pues, de nuestra conciencia: ser luz, en su dimensión intelectual, y voz interior, en su dimensión ética. Estos dos componentes, reflejos al fin de la Verdad y del Bien divinos, son inseparables para acertar en las decisiones que tomemos: ya sea en acciones estrictamente individuales, o como miembros de una formación política, asociación médica, sindical, de comunidad de vecinos, o lo que fuere.

En éstas, después de estudiar el tema objeto de debate, la máxima de “al César lo del César y a Dios lo que es de Dios” -que Tomás Moro vivió como “Primero Dios y después el rey”-, la transformaríamos hoy en: primero lo que ve mi mente y dicta mi conciencia, y después el partido político; primero mi conciencia y después el sindicato; primero mi conciencia… Y esto, sin traicionar al partido, al sindicato o a la asociación que sea, como Tomás Moro que tampoco se vendió a sí mismo, porque no traicionó a su conciencia, ni al rey, ni a Dios.


Fuente: religion.elconfidencialdigital.com/

 

21 junio 2021

María, madre y hermana de los pobres

Álvaro Duarte

Prototipos marianos en el Antiguo Testamento

La persona de María, hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa del espíritu Santo, es el foco de nuestra atención desde el aspecto de madre y hermana de los pobres. En un vistazo a la Palabra de Dios se puede fijar la atención en el Antiguo Testamento. Si bien no se encuentra un dato mariológico propiamente dicho, existen ciertos elementos que pueden servir de indicio para un desarrollo en el Nuevo Testamento. ya el concilio Vaticano II legitima este proceder de acercamiento al texto bíblico:

La Sagrada escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento y la venerable Tradición muestran en forma cada vez más clara el oficio de la Madre del Salvador en la economía de la salvación y, por así decirlo, lo muestran ante los ojos. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación, en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo al mundo. estos primeros documentos, tal como son leídos en la Iglesia y son entendidos bajo la luz de una ulterior y plena revelación, cada vez con mayor claridad, iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor. ella misma, bajo esta luz, es insinuada proféticamente en la promesa (ipsal sub hac luce, prophetice adumbratur in promissione) dada a nuestros primeros padres, caídos en pecado, de la victoria sobre la serpiente (cf. Gn 3, 15). Así también, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, cuyo nombre será Emmanuel ( Is 7, 14; Mi 5, 2-3; Mt 1, 22-23). ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que esperan con confianza la salvación. En fin, con Ella, excelsa Hija de Sion, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura una nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana para, con los misterios de su carne, liberar al hombre del pecado (LG 55).

El pobre

en el Antiguo Testamento el tema del pobre (da/, ‘aní) ocupa un lugar particular y, en cierto sentido paradójico, puesto que, si bien delante de la sociedad en general no son muy tenidos en cuenta, ante los ojos de Dios ocupanun lugar importante. el término “pobre” (‘aní) tiene la connotación de humilde, fiel, y es muy frecuente en los salmos. Muy cercano a esta palabra está el término ‘anawah, anawim que, para algunos autores, puede ser entendido como el plural de ‘aní; ahora bien, el plural propio de este término es ‘anayim. en el Antiguo Testamento la pobreza no aparece como un ideal sino como fruto de la injusticia, y los pobres son vistos de manera especial por parte de Dios.

Los profetas se convierten en los grandes defensores de los pobres, víctimas del comercio fraudulento (Am 8, 5-6; Os 12, 8), de la ambición de tierras (Mi 2, 2; Is 5,8), del abuso del poder (Am 5, 7; Jr 22, 13-17). Con frecuencia la actitud del pobre frente a Dios es de humildad (So 2, 3), de temor de Dios (Pr 15, 33; Pr 22, 4), de fidelidad (Si 45, 4). Los que tienen estas disposiciones y oran confiadamente al Señor son llamados los “pobres del Señor” (‘anawim Yhvh, cfr. Sal 74, 19; Sal 149, 4-5), casi a manera de una congregación de fieles humildes. En algunos lugares se mencionan grupos de “pobres”: humillados, desposeídos, esclavizados, marginados (1S 22, 2; Jc 11,3; Sal 12). En algunos casos el grupo se identifica con todo Israel (Sal 72, 2; Sal 74, 19; Sal 147, 6; Sal 149, 4; cfr. Is 49, 13), o con una determinado estrato en Israel. La expresión ‘aniyé ‘em o ‘anawé ‘em se refiere con frecuencia al pueblo o a un grupo de explotados y perseguidos (Sal 9; Sal 10; Sal 25; Sal 34; Sal 37; Sal 69; Sal 72; Sal 109).

Desde aquí, a manera de prototipos de María pobre, se pueden considerar algunos textos veterotestamentarios:


Prototipos de María madre y hermana de los pobres

Saldrá una rama del tronco de Jesé [y] un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo [y] de fortaleza, espíritu de ciencia [y] de temor del Señor [-y] lo inspirará el temor del Señor. Él no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles [y] decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas (Is 11, 1-5).

La mención del “retoño de un tronco” de donde vendrá el ungido (Mesías) por el espíritu de Dios así como la presentación del ungido humilde y bondadoso, es una referencia al “tronco”, al árbol cortado, figura que trae ciertamente connotaciones de humildad y que, en alguna forma llevan a pensar en María.

El tema del oráculo de la “almah” (Is 7, 14) que será citado más adelante, habla igualmente de la virginidad, realidad que, en el contexto de una cultura que exalta la maternidad, resulta de una gran pobreza para la mujer.

La profecía de Miqueas resalta la pequeñez de Belén, lugar en donde María va a dar a luz a su hijo, ofrece igualmente un contexto humilde y pobre: “[y] tú, Belén efratá, la más pequeña entre las ciudades de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial” (Mi 5, 2).

Sara, la mujer de Abraham es avanzada en edad y sin hijos. Frente a la maternidad se siente desdichada y desamparada: “¿Tendré un hijo a esta edad avanzada y siendo viejo mi esposo?” (Gn 18, 12), palabra que recuerda la situación de María ante el anuncio del ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Lc 1, 34).

Es dramático también el caso de Ana, que como Sara, se siente desconsolada por no tener hijos:

Entonces Ana oró, diciendo: Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios. No multipliquéis discursos altivos, no echéis por la boca arrogancias, porque el Señor es un Dios que sabe; él es quien pesa las acciones. Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; 1os hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. el Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria; pues del Señor son los pilares de la tierra, y sobre ellos afianzó el orbe. Él guarda los pasos de sus amigos, mientras los malvados perecen en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza. eI Señor desbarata a sus contrarios, el Altísimo truena desde el cielo, el Señor juzga hasta el confín de la tierra. Él da fuerza a su Rey, exalta el poder de su Ungido (1S 2, 1-10).

San Lucas tiene en su mente la oración de Ana al escribir el Magnificat, puesto que la figura de Ana, mujer llena de fe, de humildad y de confianza en Dios, aparece como alguien muy pobre según su contexto cultural porque no tiene hijos. Es claro que el cántico de Ana sirvió de base a san Lucas para el cántico del Magnificat.

También se encuentra el caso de Judit, quien es una mujer viuda, y como tal, pobre e indefensa, pero toma conciencia de una misión muy importante frente al pueblo, la derrota del poderoso y el triunfo de los humildes y desvalidos:

Tú has hecho el pasado, el presente [y] el porvenir; Tú decides los acontecimientos presentes [y] futuros, [y] solo [se] realiza lo que Tú [has] dispuesto. Las [cosas] que Tú has ordenado se presentan [y] exclaman: “¡Aquí estamos!”. Porque Tú preparas todos tus caminos, [y] tus juicios están previstos de antemano. Mira que los asirios, colmados de poderío, se glorían de sus caballos [y] sus jinetes, [se] enorgullecen del vigor de sus soldados, confían en sus escudos [y] sus lanzas, en sus arcos [y] sus ondas, [y] no reconocen que Tú eres el Señor, el que pone fin [a] las guerras. ¡Tu Nombre es Señor! Quebranta [-] su fuerza con tu poder, aplasta su poderío con tu ira, porque [se] han propuesto profanar tu Santuario, manchar la Morada donde habita la Gloria de tu Nombre, [y] derribar tu altar [a] golpes de hierro. Mira su arrogancia, descarga tu indignación sobre [sus] cabezas: concédeme, aunque no soy más que una viuda, la fuerza para cumplir mi cometido. Por medio de mis palabras seductoras castiga al esclavo junto con su jefe [y] al jefe junto con [su] esclavo. ¡Abate [su] soberbia por la mano de una mujer! Porque tu fuerza no [está] en el número ni tu dominio en los fuertes, sino que Tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los desvalidos, el apoyo de los débiles, el refugio de los abandonados [y] el salvador de los desesperados. ¡Sí, Dios de mi padre [y] Dios de la herencia de Israel, Soberano del cielo y de la tierra, Creador de las aguas [y] rey de toda la creación: escucha mi plegaria! que mi palabra seductora se convierta en herida mortal para los que han maquinado un plan siniestro contra tu Alianza [y] tu Santa Morada, la cumbre de Sion [y] la Casa que es posesión de tus hijos. ¡Que toda tu nación [y] cada una de sus tribus reconozcan que Tú eres Dios, el Dios de toda fuerza [y] de lodo poder, [y] que no hay otro protector fuera de ti para la estirpe de Israel! (Jdt 9,5-14).

El caso de la reina ester es el de una mujer que representa a su pueblo humillado, abatido y amenazado de muerte. Con temor ella se aproxima al rey con el fin de hacer un acto de intercesión pero, por el mismo temor, cae desmayada. Una vez el rey la reanima ella insiste en su misión y, en su calidad de madre que se preocupa por el bien de sus hijos logra su cometido: el rey tendió hacia ester el cetro de oro. ella se levantó, permaneció de pie en presencia del rey y dijo: “Si al rey le parece bien y quiere hacerme un favor, si lo juzga conveniente y está contento conmigo, haga revocar por escrito los documentos que Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, concibió [y] escribió para eliminar [a] los judíos de todas las provincias del Rey. ¿Cómo podré resistir, al ver la desgracia que [se] abatirá sobre mi pueblo? ¿Cómo podré ser testigo de la desaparición de mi estirpe?” (Est 8, 4-6).


Hija de Sion

Los textos sobre la hija de Sion, si bien se refieren a Jerusalén, han recibido una impostación mariana. En el texto de Miqueas la hija de Sion se queja y gime porque le ha llegado el momento del parto, sería un prototipo de los dolores de María:

Quéjate [y] gime, hija de Sion, [como] mujer que está de parto, porque ahora saldrás de la ciudad [y] morarás en el campo […]. Levántate y trilla, hija de Sion, porque haré tu cuerno como de hierro [y] tus uñas de bronce: desmenuzarás a muchos pueblos, [y] consagrarás al Señor su botín, [ y] sus riquezas al Señor de la tierra (Mi, 4, 10-13).

El texto de Sofonías alude al hecho de la maternidad, pues el rey de Israel se encuentra en su seno:

¡Alégrate, hija de Sion; da gritos de alegría, Israel! ¡Alégrate, hija de Jerusalén! el Señor es el Rey de Israel en ti. ¡No temas […] Sion! en tu seno está el Señor, tu Dios, el héroe, el Salvador. Él se llamará “yahveh salva” (So 3, 14-17).        

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.. (Lc 1, 28-32)

En Zacarías, desde otra perspectiva, la humildad es del rey humilde, que hace humilde también a la hija de Sion: “¡Alégrate sobremanera, hija de Sion; grita de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey, justo [y] victorioso, humilde […]. Proclamará la paz a las naciones” (Za 2, 14; Za 9, 9-10).


San Marcos

Aunque la perspectiva de los evangelios se centra en Jesús, sin embargo, es posible rastrear aquello que se refiere a la persona de María. San Marcos presenta la figura más antigua de María que puede rastrearse en los Evangelios. Él no habla de la infancia de Jesús sino que inicia con la presentación del Mesías (ungido), el Hijo de Dios (Mc 1, 1). María aparece ya en la vida pública de Jesús. Uno de los pasajes centrales es el siguiente:

Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron llamar. Se había sentado gente a su alrededor y le dicen: “Mira, tu madre y tus hermanos te buscan allí fuera”. Él replicó: “¿quién es mi madre y mis hermanos?”. y mirando en torno, a los que se habían sentado a su alrededor, dijo: “Aquí tienen a mi madre y mis hermanos. el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,31-35).

Estas palabras, en alguna forma, pudieron causar cierto efecto negativo en el corazón de María; si bien representan un elogio por ser ella modelo de cumplimiento de la voluntad del Padre, a la larga es claro que hay una gran novedad con relación a la nueva familia de Jesús en la cual se superan los nexos de sangre para pasar al plano de la fe. Desde esta perspectiva, hay diversas “madres” para Jesús, aquellas que hacen la voluntad de Dios.

Hay otro texto en San Marcos que representa un puesto muy especial con relación a la persona de María:

[Se] marchó de allí [y] fue a su tierra, [y] le siguieron sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso [a] enseñar en la sinagoga, [y] los muchos que le oían se admiraban diciendo: « ¿De dónde le viene esto? ¿y qué sabiduría [es] esta que se le ha dado? ¿y tales milagros hechos por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María [y] hermano de Santiago [y] José [y] Judas [y] Simón? ¿[y] no están sus hermanos aquí con nosotros? y se escandalizaron de él (Mc 6, 1-3).

este pasaje es el inicio de una confabulación en contra de Jesús, lo cual, de igual manera es origen de preocupaciones y de dolor para la madre que sufre el rechazo que algunos dirigen a su Hijo. Este es un mérito especial del evangelio según san Marcos, pues se lleva la gloria de ser el único texto que llama a Jesús “el hijo de María”, algo muy extraño en el ámbito judío de la época, donde todo hombre era nombrado a partir del nombre de su padre.

El rechazo a Jesús es uno de los grandes motivos que causan dolor y sufrimiento a María: “[Se] enteraron sus parientes [y] fueron [a] hacerse cargo de él, pues decían: ‘está fuera de sí’” (Mc 3, 20-21). en este punto es claro que llaman loco a Jesús. San Marcos registra otra de las acusaciones que hacen sufrir mucho a María: “está poseído por un espíritu inmundo” (Mc 3,22).


San Mateo

San Mateo aporta otros elementos para considerar la figura de María, los cuales resultan interesantes desde la perspectiva que hemos tomado. San Mateo habla de la genealogía y de la infancia de Jesús.

En cuanto a la genealogía, inicia con una presentación clara: Jesús es el Mesías (ungido), hijo de David, hijo de Abraham. Cuando la genealogía menciona a una mujer se afirma que determinado varón engendró de una mujer a susodicho, de tal forma que “Judá engendró de Tamar a Fares; David engendró de la que fue mujer de Urías a Salomón” (Gn 38, 29). en el caso de María se dice solamente que “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1, 16). San Mateo aporta el nombre de José, el esposo de María, quien “era justo” (Mt 1,19). La filiación davídica viene a través de José.

estando reunidos los fariseos le propuso Jesús esta cuestión: “¿qué piensan ustedes acerca del Mesías? ¿De quién es Hijo?” Dícenle: “De David”. Replicó: “Pues ¿cómo David, movido por el espíritu le llama Señor, cuando dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies?’” (Sal 110, 1). Si, pues David le llama Señor, cómo puede ser Hijo suyo?” (Mt 22, 42-45).

María es madre del Hijo de David y del Hijo de Dios, gran misterio que le aporta tanto alegrías como sufrimientos.

Virginidad de María

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José [y], cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo [y] no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

“José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del espíritu Santo. ella dará [a] luz un hijo, [a] quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará [a] su Pueblo de [todos] sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el profeta: “La Virgen [(parthenós)] concebirá [y] dará a luz un hijo [a] quien pondrán el nombre de Emanuel”, [(que traducido significa)]: “Dios con nosotros”, “Al despertar, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado: llevó [a] María [a] su casa, [y] sin que hubieran hecho vida en común, ella dio [a] luz un hijo, [y] él le puso el nombre de Jesús (Mt 1, 18-25).

Tomando en cuenta el evangelio según san Mateo, se puede considerar esta realidad inserta en el contexto bíblico. La misión fundamental de la mujer en la Biblia es la maternidad. La mujer puede estar casada (por ejemplo Sara, Ana), puede llegar a tener siete maridos, como Sara, la mujer de Tobías (Tb 3, 7-10), pero si no tiene hijos su vida carece de sentido. En este sentido la virginidad constituye un factor contrario a la vocación original de la mujer, destinada a prolongar la vida (eva o Havah es la que engendra la vida): “Por eso el Señor mismo [os] dará un signo. Mirad, la virgen [(almah)] quedará encinta [y] dará [a] luz un hijo, [y] lo llamará con el nombre de emanuel” (Is 7, 14).

En el “oráculo de la Almah” se encuentra esta palabra que significa “doncella”, pero que en el contexto de la época tiene unas connotaciones especiales. Si una mujer queda embarazada fuera del matrimonio corre el riesgo de la lapidación, por lo que el ser “doncella” implica el ser virgen (betulah). La mujer que no puede tener hijos, consecuentemente la virgen, es considerada “pobre”, es menospreciada como alguien que carga con una maldición.

En el pasaje sobre la hija de Jefté también se puede ver la existencia de otra connotación negativa de la virginidad en dicho contexto cultural:

Ella dijo [a su] padre: “que [se me] conceda esta gracia: déjame dos meses para ir [a] vagar por las montañas [y] llorar mi virginidad con mis compañeras”. Él le dijo: “vete”. [Y] la dejó marchar dos meses. Ella se fue con sus compañeras [y] estuvo llorando su virginidad por los montes (Jc 11, 36-38).

En María la virginidad se convierte en un lugar teológico para reafirmar la iniciativa y el poder de Dios en la historia. en la genealogía de Jesús se manifiesta la debilidad de la carne: Tamar, cananea, se disfraza de meretriz para obtener de su suegro la descendencia de su marido difunto; Rahab, la meretriz de Jericó, engendra a Booz: Rut, la moabita, engendra a Obed, abuelo de David. Se trata de extranjeras ajenas al linaje de David, pero son ellas quiens perpetúan su linaje. La maternidad de María se realiza por la fe. Como otros nacimientos admirables en la Biblia, el nacimiento de Jesús es un milagro de Dios por la aceptación de la acción del espíritu Santo en esta creyente.


San Lucas

El inicio del evangelio según san Lucas presenta una introducción que aclara la composición de su texto:

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente los hechos que han tenido lugar entre nosotros, tal como nos los han transmitido los que presenciaron personalmente desde el comienzo mismo y que fueron hechos servidores del Mensaje, también a mí, que he investigado todo diligentemente desde sus comienzos, me pareció bien escribirlos ordenadamente para ti -ilustre Teófilo-, para que conocieras la certeza de las informaciones que has recibido (Lc 1, 1-4).

San Lucas se refiere a los “que presenciaron personalmente” y recoge estos testimonios en su evangelio. Se dice del evangelio según san Lucas que es el evangelio mariano. en efecto, en su evangelio encontramos datos distintos a los de los otros sinópticos. Dos veces afirma san Lucas que María es virgen (parthenos) (Lc 1, 27) y centra en ella la acción del Padre, del Hijo y del espíritu Santo: “envió Dios al ángel Gabriel [a] una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [a] una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-28).

La escena del nacimiento de Jesús concentra diversos elementos en la persona de María. Por especiales circunstancias, el censo ordenado por el emperador César Augusto, el niño nace en Belén, esto es, lejos de su hogar de Nazaret, lejos de su casa. San Lucas dice que “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre [(fatné)]”, (Lc 2, 7), esto es, en circunstancias de extrema pobreza: María pobre, madre del Hijo de Dios, hecho pobre. Vale la pena tener en cuenta que el término fatné tiene unas connotaciones especiales, de artesa.

San Juan

San Marcos registra el nombre de María una sola vez, que es memorable, al llamar a Jesús “el Hijo de María”. San Mateo menciona a María cinco veces. San Lucas lo hace trece veces: doce en su evangelio y una en los Hechos de los Apóstoles. Sin embargo, San Juan no menciona el nombre de María.

“Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: ‘yo soy el pan que ha bajado del cielo’. Y decían: ‘¿No [es] éste Jesús, hijo de José, cuyo padre [y] madre conocemos? ¿[Cómo] puede decir ahora: He bajado del cielo?’” (Jn 6, 42). Agrega san Juan en esa ocasión: “y ni siquiera sus parientes creían en él” (Jn 7, 5).

Solo en dos grandes ocasiones san Juan se refiere a María: en las bodas de Caná y en el Calvario. en las bodas de Caná María interviene ante una situación de necesidad. en esa ocasión los necesitados son los esposos que celebran sus bodas y María interviene con una palabra llena de contenido: “Hagan lo que él les diga” (Jn 2, 5). Desde su actitud de solidaridad con el pobre actúa como una madre en dos sentidos. Como madre de Jesús, a pesar de que él le había objetado: ¿qué [nos importa] a ti y a mí, mujer? Todavía no ha llegado mi hora (Jn 2, 4), pero también asume una actitud maternal frente a la pareja de recién casados que “no tienen vino” (Jn 2, 3). Por la solidaridad de María con los necesitados, Jesús “realizó este primer signo [y] manifestó su gloria, [y] sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 11).

El otro gran momento en que san Juan hace referencia a María es en el Calvario:

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de [su[ madre, María, mujer de Cleofás, [y] María Magdalena. Jesús, viendo [a su] madre [y] junto [a] ella al discípulo [a] quien amaba, dice [a su] madre: “Mujer, ahí tienes [a] tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Jn 19,25-27).

La hora de Jesús y la hora de María, que en Caná no había llegado (Jn 2, 4), ahora se hace presente: la mujer, cuando da [a] luz, está triste porque ha llegado su hora, la del alumbramiento, pero cuando le ha nacido el niño [ya] no se acuerda del aprieto, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo (Jn 16, 21). Es la hora dolorosa de la madre que contempla a su Hijo humillado en la cruz, y que en silencio, desde su corazón ora por su Hijo y por sus hijos adoptivos.

En el momento en que Jesús dice a su discípulo amado (cada uno de los creyentes) “Ahí tienes a tu madre”, María queda constituida como madre de todos aquellos que creen, que sufren, que tienen necesidades.


El Magníficat

Virtudes de María, son las virtudes del pobre (de los anawim Yhvh): Confianza, entrega, humildad, bondad, alegría, solidaridad, silencio, oración; que en alguna forma se encuentran reflejadas en la gran oración mariana: el Magníficat. La oración está inspirada en numerosos pasajes del Antiguo Testamento: 1S 2, 1-11; Ha 3, 18; Jb 12, 19-20; Jb 5, 11-12; Sal 34, 2-3; Sal 119, 9; Sal 103, 1; Sal 89, 11; Sal 107, 9; Sal 34, 10; Sal 98, 3; Sal 22, 9.

El Magníficat hace eco al cántico de Ana, madre de Samuel (1S 2, 1-10), en el cual Dios acaba con aquellos que se creen dioses y oprimen a los demás. En los Evangelios Jesús refleja la misericordia del Padre en su preocupación por los enfermos, los pobres, los endemoniados; como la personificación de Dios tiene preferencia por los pobres, los pequeños y los oprimidos.

el Magníficat inicia de modo muy semejante al cántico que recuerda Ana: “Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios ¡proclama mi alma la grandeza del señor se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador!” (Lc 1, 46-56). en el cántico del Magníficat María asume la perspectiva misericordiosa de Dios con relación a los pobres: “Él hace proezas con su brazo: dispersa [a] los soberbios de corazón, derriba del trono [a] los poderosos [y] enaltece [a] los humildes, [a] los hambrientos los colma de bienes [y a] los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 51-53). Curiosamente, los cantos más fuertes del Antiguo Testamento son atribuidos a mujeres: María (Ex 15, 20-21), Judit (Jdt 16), Débora (Jc 5), Ana (1S 2). el cántico recuerda las grandes acciones de Dios a su pueblo y el postulado de la misericordia: el amor de Dios a los pobres, a los pequeños, a los oprimidos. Así, María es esperanza para los pobres desde su amor de madre: “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1, 50).

María se presenta con mucha humildad, actitud propia del pobre desde el concepto bíblico. el Señor “ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1, 48), afirma, creando una atmósfera de humildad y de misericordia que acompaña todo el cántico, con lo cual se forma un tejido en el que caben los pobres de todos los tiempos. el Magníficat presenta también una visión crítica de la realidad que tiene la sociedad que se centra en sus propios intereses idolátricos, contrastada con la perspectiva de Dios, la cual es inversa a dichos intereses.

En el texto original los verbos del cántico están en pasado (hizo proezas, dispersó, derribó, enalteció, etc.), lo cual implica una conciencia histórica de la acción salvífica de Dios. Desde el pasado María mira el presente como el cumplimiento del plan salvífico de Dios. Es el anuncio de una palabra que ha sido cumplida, lo cual genera un dinamismo profético en María que tiene como efecto en las comunidades una visión esperanzadora y positiva de la realidad. Tiene igualmente este lenguaje una fuerza teologal, pues se percibe la acción histórico-salvífica de Dios, que anuncia la victoria final de su misericordia con los más necesitados.

Es el cántico que brota del corazón de María, aquilatado en la oración y en el silencio contemplativo, lo que mejor demuestra el amor inmenso hacia su Hijo. Es el canto de la madre de misericordia que toca los diversos planos de la historia. es el canto alegre de la esperanza para todos los pobres.

En el Magnificat María no se presenta como una mujer triste u oprimida, sino como una persona llena del espíritu Santo, conocedora de las realidades de los pobres, pero igualmente consciente de la urgencia de una mirada liberadora sobre la realidad. Las advertencias a los soberbios, a los poderosos y a los ricos son una invitación a que todos seamos más humanos, muy humanos; una invitación a la solidaridad de los ricos con los pobres, de los poderosos con los necesitados.

Un modelo acabado del discípulo del Señor: artífice de la ciudad celestial y eterna, pero peregrino que corre hacia la ciudad celestial y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero por encima de todo testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones (Pablo VI, Marialis cultus, n. 37).

Totalmente dependiente de Dios y orientada por completo hacia Él por el impulso de su fe, María es, al lado de su Hijo, la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. es a ella a quien la Iglesia, que la tiene como madre y como modelo, tiene que dirigir sus miradas para comprender en su totalidad el sentido de su misión (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n. 37).


Conclusión

La consideración bíblica sobre el Magníficat en el contexto actual lleva necesariamente a pensar en la situación de Colombia y de América Latina. en los países en vías de desarrollo, cerca de un ochenta por ciento de la población la constituyen los pobres, los subempleados, los que sobreviven en la calle con el llamado “rebusque”, aquellas personas cuyos ingresos son ínfimos y no pueden tener un nivel de vida decente.

La preocupación de los medios de comunicación se centra con frecuencia en sofismas de distracción: problemas de los políticos, deportes o farándula; a lo que dedican horas y horas de trasmisión, lo cual ni resuelve, ni analiza, ni se preocupa por el alto porcentaje de la población que vive en necesidad. Con frecuencia las ciencias humanas que se preocupan por las minorías se centran en análisis de pequeños grupos o subculturas con resultados que frecuentemente no desbordan los límites áulicos.

La mirada sobre minorías marginadas, sobre desplazados, sobre niños explotados o vejados ha de llevarnos a mirar a María, mujer que vivió la pobreza, que conoció el dolor pero que opta por una transformación a partir de una actitud de respeto y sencillez. Así, su presencia y su obra es una invitación a la solidaridad por parte de los poderosos hacia los pobres.

Los elementos espirituales de oración, de fe, de seguridad en el Señor son enseñanzas que aportan un valor significativo a las demás propuestas que buscan el mejoramiento de las condiciones de la mayor parte de la población. La figura de María no puede dejarnos indiferentes ante la situación del pobre. La palabra “no tienen vino” (o seguridad social, o vivienda, o trabajo, o familias bien constituidas), son ciertamente una invitación para encontrar una salida digna a la situación de la mayor parte de los habitantes de nuestros países.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, [Se] alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí: Su nombre es santo y su misericordia llega [a] sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa [a] los soberbios de corazón, derriba del trono [a] los poderosos y enaltece [a] los humildes, [a] los hambrientos los colma de bienes y [a] los ricos los despide vacíos. Auxilia [a] Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres, [a] favor de Abraham y su descendencia por siempre (Lc 1,46-55).


Fuente: dialnet.unirioja.es/