21 julio 2021

‘Agradar a Dios’

Libro electrónico gratuito


La gratuidad y la libertad del amor, entre los bastidores de lo cotidiano. 

«Que yo vea con tus ojos, Cristo mío». Así rezaba san Josemaría el 19 de marzo de 1975. Y así querríamos rezar también nosotros, a la vuelta de casi cincuenta años. Sí, nos ilusiona mirar el mundo, nuestra vida, nuestras cosas, con los ojos de Jesús. Con esa mirada todo cobra su verdadero sentido. Desaparecen los engaños, las confusiones, los escondites en los que buscamos refugios inciertos. Si miramos como él, si le dejamos mirar a través de nosotros, nos concentramos en lo único verdaderamente importante: la libertad y la gratuidad del amor de Dios; el amor que Dios nos da, para que también nosotros lo demos, con ese mismo espíritu, a nuestro alrededor (cfr. Mt 10,8).

Este libro recoge algunas de las perspectivas que se abren con esa mirada. Descubrimos, por ejemplo, la discreción con la que Dios actúa para proteger nuestra libertad. O la sencillez con la que se nos acerca en la vida de cada día, porque si algo puede chiflar a nuestro creador son cosas muy pequeñas: lo único que, a fin de cuentas, tenemos a nuestro alcance. Con los ojos de Jesús aprendemos también a distinguir la tendencia al perfeccionismo de la ilusión por darle alegrías. Descubrimos el regalo inmenso de su Padre en cada persona que nos rodea. Su mirada penetra hasta nuestra intimidad, nos hace capaces de amores auténticos. Y, poco a poco, nos vamos convenciendo de lo fácil que es robar el corazón de quien nos contempla así. Los ojos de Cristo, en fin, nos permiten mirar a nuestros amigos con una libertad llena de ilusión y de paciencia. La misma que él pone constantemente sobre nosotros.

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Capítulos que componen este libro electrónico gratuito

1. En donde se oculta Dios. En la discreción y en el silencio de los sacramentos nos espera Jesús para que le abramos libremente nuestra alma.

2. Lo normal, discreto y divino. Algunos paisanos de Jesús dudaron de que el poder de Dios pueda manifestarse en alguien "tan normal". El Señor quiere seguirnos encontrando en lo cotidiano, tejido por sencillas normas de piedad que procuramos vivir.

3. Robar el corazón a Cristo. El buen ladrón con una palabra robó el corazón a Cristo y abrió las puertas del Cielo. Así es la oración: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos permite vivir, desde ese momento, junto a Él.

4. Sé que te encantó, Jesús. San Josemaría nos enseñó a cuidar las cosas pequeñas porque comprendía la capacidad del hombre de agradar a Dios con pequeños y casi minúsculos detalles realizados por amor.

5. Agradar a Dios. La llamada del Señor a «ser perfectos como el Padre celestial» (Mt 5,48) consiste en vivir como hijos de Dios, conscientes del valor que tenemos a sus ojos, anclados en la esperanza y en la alegría que nace de sentirnos hijos de tan buen Padre.

6. Hermanos que miran al padre. El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de generar una mayor unidad entre las distintas generaciones. La parábola del hijo pródigo, su hermano mayor y su padre, relatada por Jesús, nos puede ayudar a profundizar en este tema.

7. La autenticidad del amor (el título original fue Una revolución en la intimidad). Jesús perdona a una mujer pecadora que unge sus pies y la lanza hacia la libertad que surge de un corazón limpio.

8. Apóstoles que disfrutan. En un mundo lleno de actividad, san Josemaría nos propone una "lógica" sorprendente: primero, oración y mortificación; solo después, acción. Así podremos sintonizar mejor con el apostolado que quiere Dios.

* * *

El autor del libro es Diego Zalbidea, sacerdote. Trabaja con jóvenes en Pamplona desde hace quince años. Es profesor de Derecho canónico en la Universidad de Navarra.

Fuente: opusdei.org


Un verano diferente

Juan Luis Selma

Los años anteriores a la pandemia dedicaba con los amigos, unos días, al descanso familiar. A estas jornadas las llamábamos "verano diferente", lo distinto era que buscábamos sitios tranquilos y agradables, no muy frecuentados, y que íbamos las familias enteras. El bullicio estaba asegurado por el racimo cuajado de niños, imposible aburrirse con ellos. Entre paseo y baño surgía la ocasión de las confidencias, se aprendía de los demás. Estas familias veían que las que pensaban perfectas, era igual de desastre que la suya, o incluso más. Todo un consuelo. Tratábamos de temas de actualidad y sobre todo de relaciones familiares y educación de los hijos. Realmente unas vacaciones diferentes.

Estoy convencido de la necesidad que tenemos de descansar, de airearnos. De parar y respirar. De reponer fuerzas, más con la presión del covid-19. Pero mi consigna para el estío perfecto es: no terminar más cansados que cuando comenzamos. Hay planes que son realmente agotadores: madrugar para poder extender la toalla en la arena, y ahora manteniendo la consabida distancia; hacer colas kilométricas en los aeropuertos cargados de maletas; empeñarse en ir a todas las fiestas y espectáculos posibles… Así, el "síndrome postvacacional", es estrés postvacacional.

Los que sufren este síntoma experimentan un estado de debilidad y astenia, mal humor, irritabilidad, insomnio, falta de atención e intolerancia al trabajo, angustia… todo un cuadro clínico que es mejor evitar ¡Fuera los descansos que cansan!

Quizás un exceso de expectativas sobre el verano puede ser negativo. Hace poco me comentaba un amigo que no está disfrutando estos días previos a la salida a la playa, pensar en que otros ya pueden darse un chapuzón le impide aprovechar los ratos para la lectura o el deporte que ahora tiene. Si nos dejamos encandilar por los anuncios de las agencias de viaje o, por las imágenes que cuelgan en Instagram los conocidos y famosos estamos perdidos.

Otro peligro puede ser obsesionarme en "darme el descanso que me merezco", de centrarme en mi ego, de compadecerme de mí mismo y ponerme en el centro: yo soy el que se merece estas vacaciones. Este camino sólo se puede recorrer desde la soledad y el aislamiento. Si tengo esposo/a, hijos, amigos, con este planteamiento, pensaré que se empeñan en fastidiar mis vacaciones. Serán mis enemigos potenciales y luego reales.

Conmueve ver en el Evangelio a Jesús, el Maestro, el que se da sin límites, que se preocupa de buscar el descanso de los suyos: "Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos". Su descanso es procurar el de los demás.

Una pauta para hacer diferentes estas vacaciones es intentar que las disfruten nuestros seres queridos, pensar en ellos y amoldarnos a sus gustos. Recuerdo que de niño íbamos la familia al campo y mi padre se unía los fines de semana. Cuando llegaba se ponía a nuestro servicio y se le veía feliz con nosotros. Copio esta idea: "Lo que necesitamos para descansar es parar para poder conmovernos y mirar al otro con gozo". No es el hacer muchas actividades o el poder gastar mucho, o el sitio de moda. Tampoco el satisfacer todos mis caprichos. El mejor descanso se logra con la familia y con los amigos. Encerrarme en lo mío puede ser fuente de frustraciones y de rarezas que estresan más que descansan.

Tener espacio para poder mirar al otro, dedicarle todas las horas necesarias, estar a su lado sin tener nada más que hacer. Disfrutar de su compañía y conversación. Poder escudriñar todo lo bueno que tiene, que las prisas cotidianas me suelen ocultar. Conmovernos sin más por su existencia. Esto llena mucho y descansa. Tenemos la oportunidad de mimar a los nuestros.

Una vez más hay que apartarse del rebaño, usar la cabeza y lograr una buena oxigenación, un relax necesario y reparador. Como somos un pack de alma y cuerpo, también el espíritu necesita rehacerse, tomar el sol y el aire, hay que sacarlo del largo encierro al que lo tenemos sometido. Darle la oportunidad de enriquecerse con la lectura de un buen libro, con la contemplación de un buen paisaje, con la visualización de una gran película o la escucha de buena música.

Benedicto XVI nos invitaba "a tratar de utilizar estos días para vivir de una manera nueva las relaciones con los demás y con Dios. Si se puede interrumpir el ritmo cotidiano frenético o afanoso, es bueno tomar un poco de tempo para los demás y para el Señor. Llevar en la propia maleta la Palabra de Dios, en particular el Evangelio". Este puede ser un verano diferente y muy enriquecedor.

Fuente: eldiadecordoba.es

19 julio 2021

Importancia del descanso

 El Papa ayer en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La actitud de Jesús que observamos en el Evangelio de la Liturgia de hoy (Mc 6,30-34) nos ayuda a comprender dos aspectos importantes de la vida. El primero es el descanso. A los Apóstoles que regresan de las fatigas de la misión y, con entusiasmo, se ponen a contar todo lo que han hecho, Jesús les dirige con ternura una invitación: «Venid vosotros solos a un lugar desierto, para descansar un poco» (v. 31). Les invita al descanso.

Haciendo esto, Jesús nos da una valiosa enseñanza. A pesar de que se alegra de ver a sus discípulos contentos por los prodigios de su predicación, no se alarga en felicitaciones y preguntas, sino que se preocupa de su cansancio físico e interior. ¿Y por qué hace esto? Porque quiere ponerles en guardia contra un peligro que está siempre al acecho, también para nosotros: el peligro de dejarse llevar por el frenesí del hacer, de caer en la trampa del activismo, en el que lo más importante son los resultados que obtenemos y el sentirnos protagonistas absolutos. Cuántas veces sucede también en la Iglesia: estamos atareados, vamos deprisa, pensamos que todo depende de nosotros y, al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús y ponernos siempre nosotros en el centro. Por eso Él invita a los suyos a reposar un poco en otro lugar, con Él. No se trata solo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta “desconectar”, es necesario descansar de verdad. ¿Y esto cómo se hace? Para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones. Jesús no se sustraía a las necesidades de la multitud, pero cada día, antes que nada, se retiraba en oración, en silencio, en la intimidad con el Padre. Su tierna invitación —descansad un poco— debería acompañarnos: guardémonos, hermanos y hermanas, del eficientismo, paremos la carrera frenética que dicta nuestras agendas. Aprendamos a detenernos, a apagar el teléfono móvil, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en el diálogo con Dios.

Sin embargo, el Evangelio narra que Jesús y los discípulos no pueden descansar como querían. La gente los encuentra y acude desde todas partes. Entonces el Señor se compadece. He aquí el segundo aspecto: la compasión, que es el estilo de Dios. El estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura. Cuántas veces, en el Evangelio, en la Biblia, encontramos esta frase: “Tuvo compasión”.

Conmovido, Jesús se dedica a la gente y comienza a enseñar (cfr. vv. 33-34). Parece una contradicción, pero en realidad no lo es. De hecho, solo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades. La compasión nace de la contemplación. Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo; si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos. Necesitamos —escuchad esto—, necesitamos una “ecología del corazón” compuesta de descanso, contemplación y compasión. ¡Aprovechemos el tiempo estivo para ello! Nos ayuda mucho.

Y ahora, recemos a la Virgen, que cultivó el silencio, la oración y la contemplación, y que se conmueve siempre con ternura por nosotros, sus hijos.

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Después del Ángelus

Expreso mi cercanía a las poblaciones de Alemania, Bélgica y Holanda, afectadas por catastróficos aluviones. Que el Señor acoja a los difuntos y conforte a sus familiares. Que sostenga el esfuerzo de todos para socorrer a quien ha sufrido daños graves.

En esta última semana han llegado, desgraciadamente, noticias de episodios de violencia que han agravado la situación de muchos de nuestros hermanos de Sudáfrica, ya afectados por  dificultades económicas y sanitarias a causa de la pandemia. Junto con los Obispos del país, hago un apremiante llamamiento a todos los responsables para que trabajen por la paz y colaboren con las Autoridades a fin de proporcionar asistencia a los necesitados. ¡Que no se olvide el deseo que ha guiado al pueblo de Sudáfrica para renacer en la concordia entre todos sus hijos!

Estoy también cerca del querido pueblo cubano en estos momentos difíciles, especialmente de las familias que más sufren. Rezo al Señor para que lo ayude a construir en paz, diálogo y solidaridad una sociedad cada vez más justa y fraterna. Exhorto a todos los cubanos a encomendarse a la protección materna de la Virgen María de la Caridad del Cobre. Ella los acompañará en este camino.

Saludo a los numerosos jóvenes presentes, especialmente a los grupos del Oratorio San Antonio de Nova Siri, de la parroquia María Reina de todos los Santos de Parma, de la parroquia del Sagrado Corazón de Brescia, y del Oratorio Don Bosco de San Severo. Queridos jóvenes, ¡buen camino por la vía del Evangelio!

Saludo a las novicias de las Hijas de María Auxiliadora, y a los fieles de la Unidad pastoral de Camisano y Campodoro en la Diócesis di Vicenza. Deseo saludar de corazón a los chicos del CVS de la Apulia, que están conectados con nosotros a través de la televisión.

Y deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

Mensaje del Prelado del Opus Dei (17 julio 2021)

Mons. Fernando Ocáriz

Queridísimos, ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Sigamos rezando por el impulso apostólico en todo el mundo, ahora concretamente por una nueva región que comprende Colombia y Ecuador. Acordaos también de acompañarme con vuestra oración en el viaje que comenzaré dentro de pocos días a diversos países.

En estas líneas, tomando ocasión de la fiesta de santa María Magdalena que celebraremos el próximo día 22, querría que aceptásemos con renovado entusiasmo la invitación de Jesús a convertirnos. Se trata de una tarea permanente, porque permanente ha de ser su motivación, su impulso: el amor a Dios y, por Él y en Él, a los demás.

Estamos convencidos −todos debemos estarlo− de que necesitamos convertirnos; esto no nos entristece, porque significa volver a ponernos en camino hacia la casa paterna (cfr. Lc 15,11-32). Como nos asegura san Josemaría: «La conciencia de nuestra filiación divina da alegría a nuestra conversión» (Es Cristo que pasa, n. 64).

La alegría de la conversión es la alegría del amor, de un amor que es correspondencia al Amor que Dios nos tiene; por esto, la conversión que necesitamos la pedimos ante todo al Señor: «Conviértenos a Ti, Señor, y nos convertiremos» (Lam 5, 21).

Os pido oraciones por las víctimas, sus familias y todas las personas afectadas a causa de las inundaciones de Europa, en particular de Alemania, Bélgica y Holanda. Pidamos a la Virgen por las tareas de búsqueda de desaparecidos que todavía se están llevando a cabo.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Fernando

Pamplona, 17 de julio de 2021

Fuente: opusdei.org

17 julio 2021

«TRADITIONIS CUSTODES»

CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU "PROPRIO DEL SUMO PONTÍFICE FRANCISCO SOBRE EL USO DE LA LITURGIA ROMANA ANTES DE LA REFORMA DE 1970

 

Custodios de la tradición, los obispos, en comunión con el Obispo de Roma, constituyen el principio visible y el fundamento de la unidad en sus Iglesias particulares [1]. Bajo la guía del Espíritu Santo, mediante el anuncio del Evangelio y la celebración de la Eucaristía, gobiernan las Iglesias particulares que les han sido confiadas [2].

Para promover la concordia y la unidad en la Iglesia, con paternal solicitud hacia aquellos que en algunas regiones se adhirieron a las formas litúrgicas anteriores a la reforma deseada por el Concilio Vaticano II, mis Venerables Predecesores, San Juan Pablo II y Benedicto XVI, concedieron y reglamentaron la facultad de utilizar el Misal Romano publicado por San Juan XXIII en 1962 [3]. De este modo, querían «facilitar la comunión eclesial a aquellos católicos que se sienten vinculados a unas formas litúrgicas anteriores» y no a otras [4].

A raíz de la iniciativa de mi venerado predecesor Benedicto XVI de invitar a los obispos a una evaluación de la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, tres años después de su publicación, la Congregación para la Doctrina de la Fe llevó a cabo una amplia consulta a los obispos en 2020, cuyos resultados fueron considerados a la luz de la experiencia adquirida en estos años.

Ahora, en vista de los deseos expresados por el episcopado y habiendo escuchado el parecer de la Congregación para la Doctrina de la Fe, deseo, con esta Carta Apostólica, proseguir aún más en la búsqueda constante de la comunión eclesial. Por ello, he considerado oportuno establecer lo siguiente:

Art. 1. Los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano.

Art. 2. Al obispo diocesano, como moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica en la Iglesia particular que le ha sido confiada [5] le corresponde la regulación de las celebraciones litúrgicas en su propia diócesis [6]. Por tanto, es de su exclusiva competencia autorizar el uso del Missale Romanum de 1962 en la diócesis, siguiendo las orientaciones de la Sede Apostólica.

Artículo 3. El obispo, en las diócesis en las que hasta ahora hay presencia de uno o más grupos que celebran según el misal anterior a la reforma de 1970 debe:

§ 1. Comprobar que estos grupos no excluyan la validez y la legitimidad de la reforma litúrgica, de los dictados del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Sumos Pontífices;

§ 2. indicar uno o varios lugares donde los fieles pertenecientes a estos grupos pueden reunirse para la celebración de la Eucaristía (no en las iglesias parroquiales y sin erigir nuevas parroquias personales);

§ 3. establecer en el lugar indicado los días en que se permiten las celebraciones eucarísticas, utilizando el Misal Romano promulgado por San Juan XXIII en 1962 [7]. En estas celebraciones las lecturas se proclamarán en lengua vernácula, utilizando las traducciones de la Sagrada Escritura para uso litúrgico, aprobadas por las respectivas Conferencias Episcopales;

§ 4. nombrar a un sacerdote que, como delegado del obispo, se encargue de las celebraciones y de la atención pastoral de dichos grupos de fieles. El sacerdote deberá ser idóneo para esta tarea, competente en el uso del Missale Romanum anterior a la reforma de 1970, tener un conocimiento del latín que le permita comprender plenamente las rúbricas y los textos litúrgicos, y deberá estar animado por una viva caridad pastoral y un sentido de comunión eclesial. En efecto, es necesario que el sacerdote responsable se preocupe no sólo de la celebración digna de la liturgia, sino también de la atención pastoral y espiritual de los fieles.

§ 5. Proceder en las parroquias personales erigidas canónicamente en beneficio de estos fieles, a una valoración adecuada de su utilidad real para el crecimiento espiritual, y evaluar si las mantiene o no.

§ 6. Cuidar de no autorizar la creación de nuevos grupos.

Artículo 4. Los presbíteros ordenados después de la publicación del presente Motu proprio, que quieran celebrar con el Missale Romanum de 1962, deberán presentar una solicitud formal al obispo diocesano, que consultará a la Sede Apostólica antes de conceder la autorización.

Artículo 5. Los presbíteros que ya celebran según el Missale Romanum de 1962, pedirán al obispo diocesano la autorización para seguir manteniendo esa facultad.

Artículo 6. Los institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica establecidos por la Comisión Pontificia Ecclesia Dei pasan a ser competencia de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Artículo 7. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, para los asuntos de su competencia, ejercerán la autoridad de la Santa Sede, vigilando la observancia de estas disposiciones.

Art. 8. Quedan abrogadas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores que no se ajusten a las disposiciones del presente Motu Proprio.

Todo lo que he dispuesto por medio de esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, ordeno que sea observado en todas sus partes, no obstante cualquier cosa en contrario, aunque sea digna de especial mención, y establezco que se promulgue mediante su publicación en el diario L'Osservatore Romano, entrando en vigor inmediatamente, y que posteriormente se publique en el Comentario oficial de la Santa Sede, Acta Apostolicae Sedis.

Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 16 de julio de 2021, Memoria Litúrgica de Nuestra Señora del Carmen, IX de Nuestro Pontificado.

Francisco


 

[1] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia “ Lumen Gentium”, 21 noviembre 1964, n. 23: AAS 57 (1965) 27.

[2] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia “ Lumen Gentium”, 21 noviembre 1964, n. 27: AAS 57 (1965) 32; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Sobre la misión pastoral de los obispos en la Iglesia “ Christus Dominus”, 28 octubre 1965, n. 11: AAS 58 (1966) 677-678; Catecismo de la Iglesia Católica n. 833.

[3] Cfr. Juan Pablo II, Litt. Ap. Motu proprio datae “ Ecclesia Dei”, 2 julio1988: AAS 80 (1998) 1495-1498; BENEDICTO XVI, Litt. Ap. Motu proprio datae “ Summorum Pontificum”, 7 julio 2007: AAS 99 (2007) 777-781; Litt. Ap. Motu proprio datae “ Ecclesiae unitatem”, 2 julio 2009: AAS 101 (2009) 710-711.

[4] Juan Pablo II, Litt. Ap. Motu proprio datae “ Ecclesia Dei”, 2 julio 1988, n. 5: AAS 80 (1988) 1498.

[5] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. sobre la sagrada liturgia “ Sacrosanctum Concilium”, 4 diciembre 1963, n. 41: AAS 56 (1964) 111; Caeremoniale Episcoporum, n. 9; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Istr. “ Redemptionis Sacramentum” sobre algunas cosas que hay que observar y evitar en relación con la Santísima Eucaristía, 25 marzo 2004, nn. 19-25: AAS 96 (2004) 555-557.

[6] Cfr. CIC, can. 375, § 1; can. 392.

[7] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decreto “ Quo magis” sobre la aprobación de siete nuevos textos de prefacio para la Forma Extraordinaria del Rito Romano, 22 de febrero de 2020. Y Decreto “ Cum sanctissima” sobre la celebración litúrgica en honor de los santos en la forma extraordinaria del rito romano, el 22 de febrero 2020: L’Osservatore Romano, 26 marzo 2020, p. 6.

14 julio 2021

Un descanso que nace del amor

Domingo 16° del tiempo ordinario


Evangelio (Mc 6, 30-34)

Reunidos los apóstoles con Jesús, le explicaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco.

Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos. 

Pero los vieron marchar, y muchos los reconocieron. Y desde todas las ciudades, salieron deprisa hacia allí por tierra y llegaron antes que ellos. Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Comentario:

Jesús busca un lugar solitario para poder descansar. Eran tantos los que venían a verle que no encontraban tiempo ni para comer. Se marchan en una barca a un lugar desierto, pero, en cuanto llegan, se encuentran con una multitud que le busca. Y Jesús mirándolos con compasión, se olvida de descansar y se queda con ellos enseñándoles muchas cosas.

Toda la vida de Jesús pasa por el amor. Trabaja desde el amor y descansa desde el amor. Jesús descansa mirando a la multitud, mirándolos con amor, conmoviéndose interiormente por todos y cada uno de ellos.

Y, así, nos enseña cómo el descanso verdadero nace del amor. Un descanso que regenera, que permite mirar al otro y gozar con él.

Por el contrario, cuando nos miramos a nosotros mismos, cuando buscamos descansar pensando únicamente en nosotros, entonces ningún descanso regenera, ningún descanso es suficiente. A veces creemos necesitar ciertos desahogos porque estamos a disgusto con nuestro trabajo y queremos huir de él. Y buscamos entretenimientos que nos evaden de la realidad, de la vida, de los demás. Y, al final, ese descanso deja una insatisfacción interior.

Jesucristo va a descansar, pero no para olvidarse de esa multitud, sino para poder darse a ella. Por eso, al verla se pone a su servicio, porque sabe que la única manera de descansar es abriéndose a ella.

Lo mismo nos sucede a nosotros. Cuántas veces nos ha pasado que después de un día de cansancio, al llegar a casa, nos hemos olvidado del cansancio porque había algo que nos interesaba y nos hemos puesto con ello sin pensar en otra cosa.

Lo que nos hace descansar no es no hacer nada, sino descubrir el amor que hay detrás de nuestra vida, descubrir al Amor-Dios que ha estado en nuestro día, descubrir nuestros amores. Lo que necesitamos para descansar es parar para poder conmovernos y mirar al otro con gozo.

Precisamente, Dios nos ofrece el domingo para descansar. Dios nos dice: “para, para un poco; date cuenta de quién eres; no vayas tan deprisa por la vida; si vas deprisa pierdes el horizonte”.

Necesitamos parar para contemplar este mundo y gozarlo, para vivir en la alabanza y gratitud, para mirar a nuestra familia, amigos, trabajo y decir: “¡Qué bonita es la vida!”. Para ver qué llevamos en el corazón, si durante esa semana lo hemos llenado de ceniza o de fuego enamorado.

En definitiva, para descubrir que somos hijos de Dios. Como nos aconseja san Josemaría: “Descansa en la filiación divina. Dios es un Padre –¡tu Padre!– lleno de ternura, de infinito amor. –Llámale Padre muchas veces, y dile –a solas– que le quieres, ¡que le quieres muchísimo!: que sientes el orgullo y la fuerza de ser hijo suyo” (Forja 331).

Jesús descansa conmoviéndose interiormente, mirando con gozo a aquellos hombres y mujeres. También nosotros descansaremos cuando sepamos reencontrar con Cristo el sentido de nuestros trabajos y quehaceres, cuando nos conmovamos interiormente ante nuestro marido, mujer, hijos, hermanos, amigos, y los miremos con gozo.

Fuente: opusdei.org

Aborto y comunión

Salvatore Cernuzio

Los Obispos USA votan sí a un documento para los políticos católicos


168 obispos de los Estados Unidos han votado a favor de la redacción de “una declaración formal sobre el significado de la eucaristía en la vida de la Iglesia”. Dicho documento debería incluir una sección sobre la “coherencia eucarística” para los políticos católicos, o sea, el acceso a la comunión para todos aquellos católicos, como el presidente Joe Biden, que ostentan cargos públicos y apoyan legislaciones favorables al aborto, la eutanasia, uniones entre personas del mismo sexo, etc. La decisión se anunció hace pocos minutos durante la Asamblea plenaria —que comenzó el 16 de junio de modo online a causa de las restricciones de la pandemia—, trasmitida en streaming desde la web de la Conferencia Episcopal Estadounidense.


Aprobación del documento en noviembre

55 han sido los votos en contra y 6 abstenciones. Una victoria, pues, de casi el 75% de los votos. El Comité episcopal sobre la doctrina, actualmente presidido por el obispo Kevin Rhoades de Fort Wayne-South Bend, Indiana, comenzará ahora a trabajar en el documento con vistas a la asamblea general de los obispos estadounidenses de noviembre, durante la cual el texto debería ser aprobado con una mayor-ía de al menos 2/3, quorum ampliamente superado con el voto de hoy.


Proyecto “Renacimiento Eucarístico”

Inmediatamente después del anuncio, intervino el obispo Andrew Cozzens de la Archidiócesis de St. Paul que presentí el proyecto “Eucaristhic Revival”, para un renacer eucarístico. La iniciativa ha sido programada para un año y se inspira en un estudio del Pew Research Center que demuestra la escasa comprensión de la Eucaristía por parte de muchos católicos, así como el impacto de la pandemia en la práctica religiosa. “Necesitamos una renovación espiritual de la fe eucarística en nuestros corazones como obispos”, dijo Cozzens. “Si queremos que nuestro pueblo y nuestros sacerdotes saboreen el don de la Eucaristía, debemos renovar el amor de ese don en nuestros corazones”.


Enfrentamiento entre obispos

Los dos días anteriores de la sesión plenaria vieron un acalorado enfrentamiento entre los obispos de la Conferencia Episcopal, con discusiones que se prolongaron más allá del horario previsto. Durante el examen preliminar de la agenda, el arzobispo Mitchell Rozanski de St. Louis presentó una moción solicitando que la votación sobre el tema relativo a la comunión fuera precedida por una discusión sin límites de tiempo, para que cada obispo pudiera hacer oír su voz. La moción también recibió pareceres contrarios por parte de varios obispos.


Advertencias y perplejidades

Algunos de los miembros de la Conferencia Episcopal, como el cardenal de Chica-go, Blase Cupich, se expresaron de modo contrario a la propuesta de redactar un documento sobre la comunión, afirmando que la insistencia de algunos obispos en hacerlo de inmediato podría convertirse en una “trampa”: “Quieren que hagamos declaraciones para hacer algo contra los políticos que ocupan posiciones contrarias a nuestra enseñanza”. También el cardenal Joseph Tobin de Newark, New Jersey, expresó su perplejidad, sosteniendo que: “La propuesta que tenemos delante nos presenta una decisión dura e histórica. Votar en sentido afirmativo producirá un documento, no la unidad. Votar en contra nos permitirá trabajar juntos en el diálogo para forjar un amplio acuerdo sobre los graves problemas inherentes a la cuestión de la dignidad eucarística”. Además, advirtió Tobin, cualquier esfuerzo para apoyar “la exclusión categórica de los líderes políticos católicos de la Eucaristía por sus posiciones de orden público” podría llevar a la Conferencia Episcopal “al corazón de la tóxica lucha partidista, que ha distorsionado nuestra misma cultura política”.


Sin movimientos políticos

Por su parte, el obispo Kevin Rhoades, presidente del Comité Doctrinal de la Con-ferencia Episcopal de los Estados Unidos, insistió repetidamente en los días previos que la propuesta del documento no era un movimiento político, ni su intención era apuntar a políticos católicos favorables al aborto. En una conferencia de prensa posterior al debate, Rhoades también dijo que la discusión iba más allá de la cuestión de si el presidente Biden estaría autorizado a recibir la Comunión: esos juicios no son el propósito del documento, dijo.


La intervención del nuncio Pierre: trabajar por la unidad

El Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, Monseñor Christophe Pierre, inauguró el encuentro el 16 de junio, y dirigió un largo discurso a los prelados —a los que llevó el saludo y el “apoyo fraterno del Papa Francisco”— con una palabra clave: “Unidad”, término repetido más de veinte veces durante su intervención. El prelado dio a la Conferencia Episcopal una orientación precisa para orientar los trabajos: “Recomenzar desde Jesucristo”. “En vez de empantanarnos en conceptos teológicos complicados, debemos ser valientes y proclamar a Jesucristo”. La Iglesia estadounidense, añadió, no necesita “inventar un nuevo programa porque ya existe y es el del Evangelio”. Y “cuando el cristianismo se reduce a hábito, normas morales, rituales sociales, entonces pierde su vitalidad y su interés existencial para los hombres y mujeres de nuestro tiempo”, en particular para “los que buscan la esperanza después de la pandemia; para los que buscan una justicia auténtica después de las luchas raciales y para quienes han venido a los Estados Unidos en busca de un futuro más brillante y seguro”.


Diálogo para acompañar a las persona

Monseñor Pierre recordó también que el cristianismo “no es una mera tradición cultural” y debe distinguirse de “otras propuestas políticas e ideológicas”, porque “ofrece más que una ONG o una organización de servicios sociales: ofrece la salvación en la persona de Jesucristo”, especialmente a través de “los Sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía”. Precisamente la Eucaristía, recordó el prelado, “no es simplemente una ‘cosa’ que se recibe, sino Cristo mismo, una Persona a la que se encuentra”, y ese encuentro se pone en práctica según el diálogo “respetuoso” y “ponderado” que “acompañe” a las personas, sobre todo a las que tienen dificultades “económicas, emotivas y espirituales”, son la “esperanza de una conversión más profunda”. El objetivo “como Iglesia y como obispos” debe ser “la unidad”, ha repetido Pierre, tanto a nivel local como en “comunión con la Sede de Pedro”. Porque solo “la unidad de acción puede llevar a la unidad de fe”.


La carta del cardenal Ladaria

Palabras que recordaban las escritas por el cardenal Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, en la carta del pasado 11 de mayo en res-puesta a una misiva del presidente del episcopado estadounidense, José Horacio Gómez. En mayo, el arzobispo de Los Ángeles, había escrito a la Congregación para informarla de la intención de escribir un documento sobre el tema de la comunión a los políticos católicos favorables a la libertad de elección. Ladaria respondió advirtiendo que organizar una discusión sobre tales temas controvertidos podría acabar en “una fuente de discordia más que de unidad dentro del episcopado y de la Iglesia más grande de los Estados Unidos”.


Fuente: vaticannews.va/es

La lealtad

Marta Arrechea Harriet de Olivero


Nada hay comparable a un amigo fiel. Su precio es incalculable” (Si, 6, 15)

La lealtad es una virtud que “acepta los vínculos implícitos en su adhesión a otros (amigos, jefes, familiares, patria, instituciones, etc.) de tal modo que refuerza y protege a lo largo del tiempo, el conjunto de valores que representan”.


Dicho en otras palabras, la lealtad es la virtud que nos lleva a mantener los vínculos y compromisos que hemos contraído con los demás (Dios, Patria, principios, doctrina, superiores, jefes, patrones, afectos, familiares y amigos) y reforzando los valores que hay en ellos.

“Nada hay comparable a un amigo fiel. Su precio es incalculable” Si, 6, 15) nos dice Dios en el Eclesiastés. (Ec 5, 1). Porque la lealtad es la virtud propia de los hombres de bien, y nos habla de estabilidad emocional, de constancia en los afectos, de responsabilidad en los lazos y compromisos contraídos, de seriedad en nuestra palabra empeñada. La lealtad tiene que ver con los procederes. Es racional protegiendo se elige libremente ser leal y se paga el precio por ello. No hay términos medios, o se es leal o se es traidor porque lo opuesto a la lealtad es la traición.

La lealtad es diferente al compromiso. Podemos decir que la lealtad es la causa que nos lleva a tomar los compromisos. Una persona es leal cuando protege, apoya y defiende valores que promueve la institución a la que se haya vinculado. La Iglesia, la Armada, el Ejército, una institución, un colegio, un club o una familia. De ahí que, cuando el buen nombre o el honor de una institución a la que se pertenecen y que uno ama es atacado, la obligación moral de quienes la amamos es defenderla. Por supuesto que no es lo mismo referirse a la Iglesia, a la Patria, a un movimiento de parroquia, a un club de deporte o a una agrupación de trabajo. Como en todo hay escalas de respuestas a cada caso. Nadie me pide que de la vida por el club de golf. Pero en el caso de que se tratase de la Iglesia, quienes la integran deben defenderla hasta el martirio físico o espiritual. En el caso de las Fuerzas Armadas (que defienden el patrimonio físico y cultural de la Nación) quienes la integran han jurado ante la bandera defender a la Patria hasta entregar su vida por ella y, si ésta es amenazada, entonces será necesario ofrendarla.

La lealtad es una virtud relacionada con la veracidad. Si lo que defendemos no es ni bueno ni verdadero ya no será lealtad, sino complicidad que, además de ser un arma de doble filo, no es virtud sino error e injusticia. En el caso de que surgiere un conflicto con un amigo y nuestro club de siempre, la lealtad nos llevará a decidir con objetividad (según la importancia de los valores en juego) no caprichosamente, a favor de nuestro amigo o en defensa de nuestro club. La lealtad no implica que un amigo apañe o sea cómplice de otro en su falta de responsabilidad en el estudio o en el trabajo, en la droga o en la homosexualidad, para que el padre no se entere. Eso no es lealtad sino grave complicidad, que además implica una grave responsabilidad ante Dios y el prójimo. La corrección fraterna es el primer deber de la caridad.

Las palaras vincularse o pertenencia son muy importantes para la lealtad. Hay vínculos explícitos y evidentes como pertenecer a la misma institución, otros serán implícitos como la familia y no será necesario aclararlos. Una persona es leal cuando mantiene un compromiso y se siente que pertenece o está vinculada a una determinada familia, colegio o club, enfrentando las consecuencias de sus actos para mantenerse fiel a ellos y sin cambiarlos por mejoras superficiales o traicionar lo que se ha propuesto. La verdadera lealtad aflora cuando hay contratiempos, ataques, traiciones, equivocaciones o malas decisiones. Será lealtad no irse a jugar al fútbol caprichosamente por otro club que no sea el nuestro aunque nos convenga más porque es un club mejor. No irnos a trabajar con la competencia por una mínima diferencia que no nos cambiará la vida. Si me independizo de una empresa y me voy por cuenta propia no será lealtad aprovecharme valiéndome de toda la información aprendida confidencialmente. La lealtad exige cierta renuncia a una mejora en aras de la fidelidad, de la gratitud, de otros valores que no se miden con el dinero.

Nos vendrán momentos de dudas y de angustias, de olvidos y traiciones, tal vez hasta de persecuciones y castigos, pero la regla del bien obrar, que es la de la verdad y de la lealtad, tarde o temprano tendrá su recompensa cuando blanqueamos nuestras intenciones. Nuestro Señor nos lo avala en el Evangelio cuando dice: “Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber”. (Mt 24, 45-46).

La máxima: “El que avisa no es traidor” tiene cierta rectitud, pero... le falta hidalguía Si aviso y comunico que me voy a trabajar a otra empresa porque me han mejorado las condiciones laborales, a jugar en otro equipo que no sea el de mi club por un determinado motivo, no falto a la lealtad, pero el despreciar lo que otros me han enseñado durante años por una poca mejora simplemente material que no me cambiará la vida es una actitud de poco vuelo. Cuando expongo las razones y los motivos que me hacen inclinarme en una determinada actitud no traiciono. No actuó con engaño, sino que pongo las cartas sobre la mesa. Pero hay una instancia superior, que es la lealtad, que me lleva a sacrificar algo que me puede beneficiar y me inclina a quedarme (mis compañeros de trabajo, mi socio en los momentos difíciles, la empresa que me enseñó y pagó por mis errores y aprendizajes durante años, la institución que me dio posibilidades de crecimiento o mis compañeros de equipo que tanto me apoyaron al comenzar mi carrera deportiva) aún a costa de la pérdida de mejoras La lealtad no se limita al “toma y daca”. La lealtad surge de una obligatoriedad moral interior y se asume libremente.

Digamos, el ir como veletas, sin arraigo, y al salto continuo de lo que nos brindará solamente mayores beneficios económicos no es la actitud superior de una persona leal y será mezquino de nuestra parte el no devolver en la medida en que hemos recibido. Un ejemplo conocido (aunque muy imperfecto para un humano) de la lealtad es un perro o un caballo. Si bien los animales actúan por instinto, si le aseguramos a un perro la comida y cierto bienestar sabemos que no nos traicionará por otro amo que lo alimente mejor y no nos morderá. Es antinatural que un perro muerda a su dueño, quien le brinda afecto, lo alimenta y lo protege. El hombre es capaz de traicionar pero, como hijo de Dios que es, también es capaz de actuar de manera muy superior a los animales que, si bien son fieles por instinto, no saben ni lo que arriesgan ni lo que ponen en juego, y el hombre sí. El dolor de experimentar la traición humana lo expresa bien el corazón de Dios cuando dice en boca del profeta Isaías en el Antiguo Testamento, pre anunciando a Cristo: “Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra Mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su Señor”. (Is 1, 2-3). El ansia de superación personal es lícita y no es incompatible con la lealtad. La necesidad de superarse o aún de ser el primero, no implica necesariamente arrogancia o soberbia; puede responder a una profunda necesidad espiritual de lograrlo través de una entrega absoluta y en competencia leal con los demás compañeros de clase, de deporte o de cualquier otra actividad. Escuchar atentamente a los maestros, estudiar en los libros para ahondar conocimientos y tomar conciencia del placer que se siente al compartir lo que se sabe con los demás, puede desarrollarse en un ámbito de sincera lealtad. En el caso de un soldado o militar, donde la lealtad juega un papel fundamental y donde la ausencia de esta virtud tiene consecuencias desastrosas, ellos obedecen por disciplina. No debiera ni ponerse en duda una orden recibida por el superior, pero la rectitud moral de los superiores debería ordenar todas las ordenes de un militar. Esto generará una relación de lealtad recíproca. Porque ambas partes compartirán los principios de honor. Esto hace que la obediencia sea la primera virtud de un soldado. Por medio de la obediencia se consolida la confianza y la lealtad entre los jefes y los subalternos, modela el espíritu de cuerpo de la unidad militar alrededor de una sola voluntad que no debiera traicionar y debiera cubrir las espaldas de sus subalternos. Cuenta la historia que dos amigos combatían en Francia en un campo de batalla en la misma compañía. Al encontrarse uno de ellos con riesgo de muerte bajo el fuego enemigo, el otro pidió permiso a su superior para ir a rescatarlo, aún sabiendo que tendría pocas probabilidades de sobrevivir. Al llegar hasta él, lo encontró muriéndose y lo arrastró hasta un lugar más seguro. No pudo salvarle la vida, pero sí pudo oír de boca del soldado amigo moribundo las palabras que lo justificaron todo: “Sabía que vendrías, presentía que vendrías…”

El pecado contrario a la lealtad es la traición, el quebrantar la lealtad o fidelidad que debemos tener a nuestro Dios, a nuestros principios, a nuestros afectos y a las personas que confían en nosotros No hay términos medios, o se es leal, o se es traidor, aunque las traiciones muchas veces aparentemente no sean de gran envergadura. A partir de Judas con su traición a Cristo esta miseria humana es considerada naturalmente como una de las más bajas. Tanto es así que no se pone ese nombre a un hijo.