24 septiembre 2022

¿Qué significa el apostolado?

El verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra

La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. "Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!». ¿A qué esperamos nosotros?"

Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros». Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1, 41). La samaritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Jn 4, 39). También san Pablo, a partir de su encuentro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era el Hijo de Dios» (Hch 9, 20). ¿A qué esperamos nosotros? (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 120).

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? (Camino, 790).

1. ¿Qué es el apostolado?

La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21); "embajadores de Cristo" (2Co 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1Co 4, 1).

Todos los cristianos, por la naturaleza de la vocación cristiana, están llamados a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra (Catecismo de la Iglesia Católica, 858-859; 863).

Contemplar el misterio

Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que –siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial– capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación.

Cada uno de nosotros ha de ser ipse Christus. El es el único mediador entre Dios y los hombres; y nosotros nos unimos a El para ofrecer, con El, todas las cosas al Padre. Nuestra vocación de hijos de Dios, en medio del mundo, nos exige que no busquemos solamente nuestra santidad personal, sino que vayamos por los senderos de la tierra, para convertirlos en trochas que, a través de los obstáculos, lleven las almas al Señor; que tomemos parte como ciudadanos corrientes en todas las actividades temporales, para ser levadura que ha de informar la masa entera.

Si te decides –sin rarezas, sin abandonar el mundo, en medio de tus ocupaciones habituales– a entrar por estos caminos de contemplación, enseguida te sentirás amigo del Maestro, con el divino encargo de abrir los senderos divinos de la tierra a la humanidad entera. Sí, con esa labor tuya contribuirás a que se extienda el reinado de Cristo en todos los continentes. Y se sucederán, una tras otra, las horas de trabajo ofrecidas por las lejanas naciones que nacen a la fe, por los pueblos de oriente impedidos bárbaramente de profesar con libertad sus creencias, por los países de antigua tradición cristiana donde parece que se ha oscurecido la luz del Evangelio y las almas se debaten en las sombras de la ignorancia... Entonces, ¡qué valor adquiere esa hora de trabajo!, ese continuar con el mismo empeño un rato más, unos minutos más, hasta rematar la tarea. Conviertes, de un modo práctico y sencillo, la contemplación en apostolado, como una necesidad imperiosa del corazón, que late al unísono con el dulcísimo y misericordioso Corazón de Jesús, Señor Nuestro (Amigos de Dios, 67).

El apostolado implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón.

2. ¿Por qué hacer apostolado?

Todos los fieles, pastores y laicos, están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra.

En los laicos la evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo: «Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes como a los fieles (Catecismo de la Iglesia Católica, 900; 905).

Contemplar el misterio

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen..., dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? (Camino, 790).

Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. –Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado! (Forja, 638).

Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico: me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación. ¿Qué fuego es ése sino el mismo del que habla Cristo: fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda?. Fuego de apostolado que se robustece en la oración: no hay medio mejor que éste para desarrollar, a lo largo y a lo ancho del mundo, esa batalla pacífica en la que cada cristiano está llamado a participar: cumplir lo que resta que padecer a Cristo.

No me cansaré de repetir, por tanto, que el mundo es santificable; que a los cristianos nos toca especialmente esa tarea, purificándolo de las ocasiones de pecado con que los hombres lo afeamos, y ofreciéndolo al Señor como hostia espiritual, presentada y dignificada con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo. En rigor, no se puede decir que haya nobles realidades exclusivamente profanas, una vez que el Verbo se ha dignado asumir una naturaleza humana íntegra y consagrar la tierra con su presencia y con el trabajo de sus manos. La gran misión que recibimos, en el Bautismo, es la corredención. Nos urge la caridad de Cristo, para tomar sobre nuestros hombros una parte de esa tarea divina de rescatar las almas (Es Cristo que pasa, 120).

El apostolado cristiano –y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales– es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.

Sed audaces. Contáis con la ayuda de María,Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios. Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor –tú y yo– con el Hijo primogénito del Padre (Es Cristo que pasa, 149).

3. ¿Por qué el apostolado es dar luz?

"Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra” (Mt 5, 11-16). La luz del Evangelio es “una luz que atrae”. Al ver las buenas obras del cristiano, el prójimo está llevado a dar gloria a Dios. a descubrir y alabar el inefable amor de Dios. El apostolado es dar testimonio de la luz.

Implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera. A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta. Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia.

El mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos para manifestar ante los hombres la fuerza de verdad y de irradiación del Evangelio. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios. (Evangelium Gaudium, 100;128).

Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado depende de su unión vital con Cristo. La caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, "siempre es como el alma de todo apostolado" (Catecismo de la Iglesia Católica, 864; 2044).

Contemplar el misterio

¡Sé alma de Eucaristía! Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! (Forja, 835)

¿Y qué otros consejos os sugiero? Pues los procedimientos que han utilizado siempre los cristianos que pretendían de verdad seguir a Cristo, los mismos que emplearon aquellos primeros que percibieron el alentar de Jesús: el trato asiduo con el Señor en la Eucaristía, la invocación filial a la Santísima Virgen, la humildad, la templanza, la mortificación de los sentidos –que no conviene mirar lo que no es lícito desear, advertía San Gregorio Magno- y la penitencia (Amigos de Dios, 186).

Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas, de una manera o de otra, todos los cristianos.

Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño: recordarles que la vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo (Es Cristo que pasa, 147).

Fuente: opusdei.org/es-es/

23 septiembre 2022

Perdón: la palabra más difícil

Celina Abud Fuente

El disco Blue Moves (1976) de Elton John nos supo regalar canciones que son obras maestras, no sólo en materia de melodías e interpretación, sino también por las letras de Bernie Taupin. Uno de sus temas inolvidables es “Sorry seems to be the hardest word”, que si bien Pedro Aznar popularizó en español con el nombre de “Ya no hay forma de pedir perdón”, la traducción literal es “Perdón parece ser la palabra más difícil”.

Así como hay discos que no envejecen –un ejemplo es Blue Moves– tampoco lo hacen algunas premisas. En tiempos de pandemia, en donde la diplomacia perdió por cansancio (como dice otra canción de The Smiths, ‘se necesita fuerza para ser gentil y amable’), los conflictos afloraron. Nos hemos comportado mal y se han comportado mal con nosotros. Pero cuando la ira se disipa, prima buscar soluciones. Ahí aparece la necesidad de la palabra más difícil.

Probemos recordar las veces en que se portaron mal con nosotros (solo porque nos será más fácil evocar esos momentos antes que asumir nuestras culpas). Y pensemos: ¿Cuántas veces nos dijeron ´perdón´ o un más personalizado ´perdoname´? ¿Cuántas otras nos dedicaron un ‘te pido mil disculpas’ o su versión digna de la neolengua de George Orwell ‘te pido mildis’? ¿Y cuántas otras escuchamos una palabra que ya no parece ser la más difícil cuando es intrusa en otro idioma: ‘sorry’?

Las opciones que se emplean para sustituir la palabra perdón llaman a recordar la noción de valor Ferdinand de Saussure, en la que el padre de la lingüística muestra cuán ilusorio es considerar que un término (signo lingüístico) es simplemente la unión entre un sonido (significante) con cierto concepto (significado). Ejemplifiquemos: si hablamos de nieve, hielo o glaciar, todas remiten a agua congelada. Lo mismo si decimos río, riacho o canal, que hablan de un curso de agua. Por ende el valor lingüístico, se define por oposición recíproca: un término es lo que otro término no es. O dicho de otra forma, el valor se define no positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los demás términos del sistema.

Los reemplazos de la palabra más difícil también parecerían evocar la teoría de la enunciación de Saussure, en la que se concluye que la pertinencia de lo que se dijo se basa no tanto en lo que fue dicho como en lo que no fue dicho. Así, vemos el principio del carácter diferencial del signo aplicado al análisis del discurso en tanto que el objeto de análisis se estudia no en su valor inherente, sino en su relación con otros objetos que podrían haber ocupado su lugar.

Dicho esto, ¿suenan igual el ´perdón’, el ‘te pido mil disculpas’, el ‘te pido mildis’ o el ‘sorry’? O si subimos la apuesta, ¿son lo mismo? Cada uno puede pensar en su caso particular. Por mi parte, voy a pedirles perdón por tomarme una licencia para apreciaciones personales derivadas de conflictos en pandemia. Cuando recibí del otro la palabra ‘perdón’ o ‘perdoname’, le asigné un valor: el del dolor de quien sin querer (o queriendo, en un rapto de ira) infligió dolor; incluso el ´perdoname’ se pareció más a un deseo, a una urgencia de recibir esa palabra necesaria para seguir con la rutina más o menos igual que antes, sin peso agregado. Distinto me sonó el ‘te pido mil disculpas’, con una distancia más marcada entre lo que se dice y quién lo dice, como si se buscara un una solución, pero sin el precio de la libra de carne en caso de no obtenerla. Cuando recibí un ‘sorry’ lo percibí ficcional, quizá con la misma distancia que el ‘te pido mil disculpas’, pero sin el afán de buscar soluciones. El término extranjero pareció ser emitido para la tranquilidad del emisor y no para un efecto en el receptor. Algo así como cumplir, pero sin comprometerse a decir la palabra en el idioma de origen. Por fortuna, nadie se atrevió al ‘te pido mildis’, salvo para hacer un chiste.

Pero por fuera de las teorías lingüísticas y las apreciaciones personales, el tema del perdón (con sus sesgos y sus dificultades) también fue abordado desde la psicología social y se analizaron sus efectos en el cerebro, su papel en la salud mental y hasta en la salud pública.

Uno de los que escribió (aunque indirectamente) sobre el tema fue el psicólogo social estadounidense David G. Myers, quien escribió sobre el sesgo egoísta, el fenómeno por el cual la mayoría de nosotros se atribuye una buena reputación, por la que aceptamos más la responsabilidad en el éxito que en el fracaso y nos sentimos “más autores de las buenas acciones que de las malas”. Myers, quien también es autor del libro A Friendly Letter to Skeptics and Atheists, detalló que en experimentos psicológicos, la gente se asigna de muy buena gana el mérito ante el éxito, pero suelen achacar el fracaso a factores externos, como “la mala suerte” o la “imposibilidad” de resolver el problema.

Postula que el orgullo precede a la caída: “El hecho de que nos percibamos favorablemente a nosotros mismos nos protege de la depresión, amortigua el estrés y mantiene nuestras esperanzas”. ¿Recuerdan cuando en el tercer párrafo de esta nota planteé el ejercicio de recordar cuando nos pidieron perdón de alguna forma u otra? Ahora, si nosotros fuimos los que nos equivocamos, ¿podemos recordar si variamos la palabra usada si realmente nos sentimos culpables o si quisimos salir de la situación? ¿Alguna vez, como dice Myers, nos excusamos ante la “imposibilidad” de resolver el problema?

Es cierto que cuesta esfuerzo, pero cobrar conciencia de nuestra falibilidad (o de nuestras ganas de ser falibles en momentos de enojo) brinda sus recompensas en el largo plazo. “El hecho de cobrar conciencia del sesgo egoísta no nos aboca a adoptar posturas próximas a la falsa modestia, sino a un tipo de humidad que constata tanto nuestros auténticos talentos y virtudes como los méritos de los demás”, cierra Myers.

Además de reconocer ese sesgo egoísta, desde la perspectiva evolutiva algo que también cuesta es perdonar, o al menos, cuesta más que castigar. Un estudio titulado “The Neural Systems of Forgiveness: An Evolutionary Psychological Perspective” (Los sistemas neuronales del perdón: una perspectiva psicológica evolutiva) parece sugerir que castigar es más “automático” que perdonar, acción que implica una conducta más reflexiva. Sus postulados radican en que el castigo parece estar asociado evolutivamente con los circuitos de recompensa o de refuerzo, mientras que el perdón es una capacidad inhibitoria con participación activa de la corteza cerebral (es un esfuerzo deliberado que debe inhibir circuitos automáticos para ejercer el castigo).

Por último, el Dr. Tyler J. VanderWeele, del departamento de Epidemiología y Bioestadísticas de la Escuela se Salud Pública T.H. Chan, de la Universidad de Harvard, se pregunta si el perdón es un asunto de salud pública. En una editorial, citó estudios sobre “intervenciones del perdón” orientado a víctimas de incesto, con el único fin de disminuir en quien perdona los niveles de depresión, ansiedad, hostilidad y otros de síntomas en materia de salud física. En estos casos, profesionales entrenados ayudaban a perdonar (por el tiempo que pudieran) a los agresores solo como herramienta para quien recibió el daño. Pero recordaban la clara diferencia entre perdón y reconciliación y contemplaban que este acto podía no durar indefinidamente. Lo que se buscó con este abordaje era alejar a las víctimas de las rumiaciones del pasado, cortar la dependencia con el agresor y ayudar a que pudiera mantener vínculos sanos con otras personas. Y así, mejorar su salud.

Estos casos, por supuesto, son extremos. No por nada existen frases como “lo que hizo no tiene perdón”. Más allá de la inmensa escala de gravedad de un hecho, el punto en común parece radicar en que perdonar (y no de la boca para afuera) cuesta. A algunos más y a otros menos, pero en todo caso, la acción dista de ser automática. Elegir la palabra correcta puede ayudar a alivianar la carga a quien perdona y al autoconocimiento de quien quiere ser perdonado. Aunque no siempre lo querramos, a veces vale la pena pronunciar la palabra más difícil.

Fuente: intramed.net


22 septiembre 2022

Intimidad

Pedro López

El ser humano es un ser excéntrico: el único animal que tiene capacidad de distanciarse tanto de sí mismo como de su entorno. (Helmuth Plessner)

Si la persona tiene identidad -es un quien y no un algo- entonces también posee intimidad. Los animales no la disfrutan. Lo puso de manifiesto Helmuth Plessner al considerar que el ser humano es un ser excéntrico: el único animal que tiene capacidad de distanciarse tanto de sí mismo como de su entorno. Puede verse a sí mismo desde fuera, lo que le permite objetivar su posición en el mundo. Contemplarse él mismo a sí mismo, como si fuera un espectador de sí, le dota con capacidad de reflexión, de interioridad, de mundo interior, de consciencia de sí mismo; y por eso se ríe, incluso de sí mismo, y tiene sentido del humor. El animal, en cambio, está sujeto a su entorno y no puede desligarse de él: el mundo se le aparece como posible presa o como posible depredador; como posible compañero sexual con quien aparearse o como contrincante en tal proceso; etc. Lo demás para el animal no existe.

Cuando somos niños desvelamos enseguida nuestra intimidad, incluso ante extraños, una vez superada la timidez inicial. En realidad, aún no disponemos de intimidad, pues la niñez es el ámbito de la inocencia.

Conforme crecemos, y vamos teniendo mayor posesión de nuestra razón, cobramos conciencia de nuestro propio yo en el mundo y vamos ganando en intimidad que se produce, en un primer momento, en la adolescencia para manifestarse con totalidad en la madurez, cuando se aprende a salir de sí mismo, a desplegar la dimensión protectora y amistosa con los demás.

El hombre que sale al mundo sale de la intimidad, pero a su vez la conserva en su interior: su intimidad es plena y se constituye en fuente inagotable de su riqueza espiritual cuando se proyecta en el compromiso social: darse a los demás es negarse a sí mismo, vaciarse, pero cada nuevo negarse y vaciarse es una nueva abundancia, un crecimiento de intimidad y un reforzamiento de la identidad. No me diluyo, sino que me fortalezco. S. Agustín lo manifestaba con unas famosas palabras: «superior summo meo et interior intimo meo». Dios, plenitud de mi interioridad, está por encima de lo más alto que hay en mí y en lo más hondo de mi intimidad (conf. 3, 6, 11).

A la intimidad le corresponde la esperanza escatológica: un horizonte más allá, un anhelo de plenitud feliz, que dota de consistencia y hace posible también la esperanza existencial: nuestra conciencia de ocupar nuestro lugar, que es insustituible e irremplazable, en la sociedad de todos los hombres. De importar. De servir.

La intimidad se corresponde con una proyección de compromiso con la sociedad: hacer el bien, decir la verdad, valorar la belleza… aspectos que confieren dignidad a cada persona con sus dimensiones propias e inalienables de intimidad, identidad y proyección. La intimidad es, por tanto, la apertura por dentro, dar y compartir, y no tanto guardar. La intimidad es la culminación de la identidad. Mediante el amor se abre y potencia la intimidad. Se tiene más vida y riqueza. Se es mejor persona.

Fuente: levante-emv.com


21 septiembre 2022

Viaje apostólico a Kazajistán


El Papa en la Audiencia General


¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La semana pasada, desde el martes hasta el jueves, estuve en Kazajistán, amplísimo país de Asia central, con ocasión del séptimo Congreso de los Líderes de las religiones mundiales y tradicionales. Renuevo al señor presidente de la República, y a las otras autoridades de Kazajistán mi gratitud por la cordial acogida que me ha sido reservada y por el generoso empeño profuso en la organización. Así también doy las gracias de corazón a los obispos y a todos los colaboradores por el gran trabajo que han hecho, y sobre todo por la alegría que me han dado por poder encontrarles y verles a todos juntos.

Como decía, el motivo principal del viaje fue participar en el Congreso de los Líderes de las religiones mundiales y tradicionales. Esta iniciativa se lleva adelante desde hace veinte años por las autoridades del país, que se presenta al mundo como lugar de encuentro y de diálogo, en este caso a nivel religioso, y por tanto como protagonista en la promoción de la paz y de la fraternidad humana. Ha sido la séptima edición de este congreso: un país que tiene 30 años de independencia, ha hecho ya 7 ediciones de estos congresos, uno cada tres años.  Esto significa poner las religiones en el centro del compromiso para la construcción de un mundo en el que nos escuchamos y nos respetamos en la diversidad. Y esto no es relativismo, no: es escuchar y respetar. Y esto hay que reconocérselo al gobierno kazajo que, tras haberse liberado del yugo del régimen ateo, propone ahora un camino de civilización que mantiene unidos política y religión, sin confundirlas ni separarlas, condenando claramente fundamentalismos y extremismos. Es una posición equilibrada y de unidad.

El Congreso discutió y aprobó la Declaración final, que va en continuidad con la que se firmó en Abu Dabi en febrero de 2019 sobre la fraternidad humana. Me gusta interpretar este paso adelante como fruto de un camino que parte de lejos: pienso naturalmente en el histórico Encuentro interreligioso por la paz convocado por san Juan Pablo II en Asís en 1986, tan criticado por la gente que no tenía clarividencia; pienso en la mirada clarividente de San Juan XXIII y San Pablo VI; y también a la de grandes almas de otras religiones – me limito a recordar a Mahatma Gandhi. ¿Pero cómo no recordar a tantos mártires, hombres y mujeres de todas las edad, lenguas y naciones, que han pagado con la vida la fidelidad al Dios de la paz y de la fraternidad? Lo sabemos: los momentos solemnes son importantes, pero después está el empeño cotidiano, es el testimonio concreto que construye un mundo mejor para todos.

Además del Congreso, este viaje me ha permitido encontrar a las autoridades de Kazajistán y a la Iglesia que viven en esa tierra.

Después de visitar al señor presidente de la República – a quien todavía agradezco su amabilidad -, nos dirigimos en la nueva Sala de Conciertos, donde pude hablar a los gobernantes, a los representantes de la sociedad civil y al cuerpo diplomático. Destaqué la vocación de Kazajistán de ser país del encuentro: en él, de hecho, conviven cerca de ciento cincuenta grupos étnicos y se hablan más de ochenta lenguas. Esta vocación, que se debe a sus características geográficas y a su historia, - esta vocación de ser país de encuentro, de cultura, de lenguas - fue acogida y abrazada como un camino que merece ser animado y sostenido. Como también deseé que pueda proseguir la construcción de una democracia cada vez más madura, capaz de responder efectivamente a las exigencias de toda la sociedad. Es una tarea ardua, que requiere tiempo, pero ya es necesario reconocer que Kazajistán ha hecho elecciones muy positivas, como la de decir “no” a las armas nucleares y la de buenas políticas energéticas y ambientales. Esto ha sido valiente. En un momento de esta trágica guerra, donde algunos piensan en las armas nucleares – una locura – este país ya desde el principio dice “no” a las armas nucleares.  

En lo que se refiere a la Iglesia, me ha alegrado mucho encontrar una comunidad de personas contentas, alegres, con entusiasmo. Los católicos son pocos en ese vasto país. Pero esta condición, si es vivida con fe, puede llevar frutos evangélicos: sobre todo la bienaventuranza de la pequeñez, del ser levadura, sal y luz contando únicamente con el Señor y no en alguna forma de relevancia humana. Además, la escasez numérica invita a desarrollar las relaciones con los cristianos de otras confesiones, y también la fraternidad con todos. Por tanto, pequeño rebaño, sí, pero abierto, no cerrado, no defensivo, abierto y confiado en la acción del Espíritu Santo, que sopla libremente donde y como quiere. Hemos recordado también esa parte gris, los mártires: los mártires de ese Pueblo santo de Dios – porque ha sufrido decenios de opresión atea, hasta la liberación hace 30 años - hombres y mujeres que han sufrido tanto por la fe a lo largo del periodo de la persecución. Asesinados, torturados, presos por la fe.

Con este pequeño pero alegre rebaño celebramos la Eucaristía, también en Nursultán, en la plaza de la Expo 2017, rodeada de arquitecturas muy modernas. Era la fiesta de la Santa Cruz. Y esto nos hace reflexionar. En un mundo en el cual progreso y regreso se cruzan, la Cruz de Cristo permanece el ancla de salvación: signo de la esperanza que no decepciona porque está fundada en el amor de Dios, misericordioso y fiel. A Él va nuestro agradecimiento por este viaje, y nuestra oración para que sea rico de frutos para el futuro de Kazajistán y para la vida de la Iglesia peregrina en esa tierra. Gracias.

 Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que están en la Plaza. El lema del Viaje apostólico a Kazajistán fue «Mensajeros de la paz y la unidad». Que Cristo resucitado nos conceda la gracia de ser portadores de su paz y constructores de unidad en cada uno de nuestros ambientes. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


 
LLAMAMIENTOS

 Hoy, se celebra la Jornada Mundial del Alzheimer, una enfermedad que afecta a muchas personas las cuales, a causa de esta patología, a menudo son colocadas en los márgenes de la sociedad. Recemos por los enfermos de Alzheimer, por sus familias y por aquellos que les cuidan amorosamente, para que cada vez sean más sostenidos y ayudados. También asocio en oración a los hombres y mujeres hemodializados diálisis y trasplante, aquí reunidos con una representación.

* * *

Y también quisiera señalar la terrible situación de la martirizada Ucrania. El cardenal Krajewski fue ahí por cuarta vez. Ayer me llamó por teléfono, él está pasando tiempo allí, ayudando en la zona de Odessa, mostrando mucha cercanía. Me ha hablado del dolor de este pueblo, las acciones salvajes, las monstruosidades, los cadáveres torturados que encuentran. Unámonos a este pueblo tan noble y mártir.


Resumen leído por el Santo Padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

La semana pasada, del 13 al 15 de septiembre, estuve en Kazajistán. El motivo principal de este viaje fue participar en el Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales. Allí se discutió y aprobó la Declaración final, como un paso más en la promoción de la paz y la fraternidad humana. Esos momentos de encuentro son importantes, pero no olvidemos que también el esfuerzo y el testimonio cotidiano de cada uno hacen posible construir un mundo mejor para todos.

Además de participar en el Congreso, pude encontrarme con las autoridades de Kazajistán —a quienes agradezco su acogida cordial— y con la Iglesia que vive en esas tierras. Allí los católicos son pocos, pero ese “pequeño rebaño” es una comunidad de personas alegres y entusiastas, abierta a las relaciones con los cristianos de otras confesiones y a la fraternidad con todos. Con ellos celebré la Misa el día de la Santa Cruz, la cual es signo de la esperanza que no defrauda porque está fundada en el amor de Dios, misericordioso y fiel.

Fuente: vatican.va

LA MISMA ANÉCDOTA

ENRIQUE Gª-MÁIQUEZ
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Lo malo es que repetimos las mismas anécdotas y lo bueno es que éstas ganan con el tiempo.

Este verano he contado mucho la anécdota que le había leído a George Mikes en su manual Humor inglés para principiantes. El humor será inglés, pero el autor húngaro y cuenta de un griego, amigo suyo, poeta, que repetía siempre, como hacemos todos, las mismas historias. Su joven y hermosa mujer iba diciendo a cada rato: "Eso ya me los has contado". Y con cara de aburrida: "Ya lo sé". En un momento dado, el poeta se vuelve y le dice: "Querida, cuando la mujer de un hombre está aburrida con sus anécdotas, sólo hay una cosa que ese hombre puede hacer: cambiar de mujer. Es imposible que cambie de anécdotas". "Sabias palabras", glosa entusiasmado Mikes, "las anécdotas son la riqueza acumulada a lo largo de una esforzada biografía y es tan imposible cambiarlas como de nariz o de pie izquierdo".
Yo lo contaba para ponderar el mérito de mi mujer, que lleva veintitantos años oyéndome contar lo mismo en sucesivas reuniones con una sonrisa heroica, incluso sincera. Sin embargo, hay una cosa que se le escapaba al poeta griego y otra a mí.

Al aedo y, sobre todo, a su mujer se les escapaba que lo bueno de las anécdotas es que van ganando con el tiempo. Dan lo mejor de sí tras muchos años de envejecimiento. A mí se me escapaba la guasa soterrada de Georges Mikes.

La he descubierto gracias a un amigo que me oyó (como era inevitable este verano) esta misma historia y me escribió el otro día preguntándome quién era el escritor que le dijo eso a su mujer. Le hacía falta saberlo. Entonces caí en que Mikes no da el nombre.

Es muy raro. Porque si fuese un poeta conocido, lo daría para darse pisto. Y si fuese un desconocido, lo tendría que dar para darle pisto y por respeto a la propiedad intelectual. De modo que es muy probable que la historia se la inventase Georges Mikes. ¿Cómo elegante súplica a su esposa para que no pusiese cara de aburrida cuando en una cena contaba otra vez ese chiste que tenía tanto éxito entre recién conocidos? Lo de inventarse historias para mandar mensajitos privados es un método que los escritores, ejem, usan mucho.

Pero también hay un inmenso guiño. ¿Por qué un poeta griego, eh? ¿No nos está queriendo decir que la gran tradición occidental repite las mismas historias y que, si alguien se aburre de ellas, él se lo pierde? Cada época es como una esposa, y vivirá feliz mientras sepa descubrir que las viejas historias esconden significados siempre nuevos y más hondos.

Fuente: diariodecadiz.es

20 septiembre 2022

No me digas que no tienes tiempo, dime que tus prioridades son otras

Cristina Medina Gómez

Si alguien quiere, tendrá tiempo. Si no tiene tiempo es porque no quiere o porque tiene otras prioridades que le interesan más. Así, no dejes que te mientan y tampoco te engañes. De hecho, siempre habrá un hueco reservado para una persona a quien se tiene ganas de ver, con quien se tiene intención de hablar o de quien preocuparse: es la base del cariño y del amor.

“Hay que moverse por prioridades, ese es el secreto del dominio del tiempo.” -Robin Sharma-

Conforme vamos creciendo la vida nos va poniendo más complicada la tarea de conseguir esos huecos para los demás o incluso para aquellas actividades que tanto nos gustan, principalmente porque nos invaden otras ocupaciones que nos roban casi la totalidad del tiempo libre del que disponemos. Sin embargo, no es verdad que no lo tengamos: dicen que “querer es poder” y, en el caso de las relaciones personales, resulta una premisa muy importante.

La atención no se ruega

Es una consecuencia natural del paso de los años que tengamos que ir aprendiendo a organizar los espacios libres que otras cosas como el trabajo, los niños o los estudios nos permiten; razón por la cual hay quien afirma que la vida es un cúmulo de prioridades y segundas opciones.

Cuando clasificamos mentalmente nuestras relaciones en prioridades u opciones lo que hacemos realmente es movernos en función del valor que le damos a unas u otras personas. Por lo tanto, abre los ojos todo lo que puedas y, si te das cuenta de que no te dan el valor que te mereces, no lo ruegues: mendigar atención es algo que sí que no se merece nadie.

Mover montañas por alguien que no mostraría por ti ni siquiera un signo de cariño cansa y mucho. Tampoco es saludable y produce falsas relaciones d...

Si te encuentras en esa situación en la que sientes que das el 100 por 100 de ti misma por algo que debe ser recíproco y no lo es, quizá es el momento de ver que detrás de la falta de tiempo hay excusas y poco interés. Suele ser doloroso y decepcionante, pero es más saludable a la larga solucionar ese desequilibrio que seguir manteniéndolo: al fin y al cabo la unión de dos personas es un contrato, en el cual dar es gratificante pero recibir también es necesario.

Aprendí que quien no te busca no te extraña y quien no te extraña, no te quiere. Que la vida decide quién entra en tu vida, pero tú decides quien se queda. Que la verdad duele una sola vez y la mentira duele para siempre. Por eso valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quien te trata como una opción.

¿Cómo sé si me trata como una prioridad?

Existen algunos comportamientos claves que nos ayudan a darnos cuenta de cuando no quieren compartir aunque sea una pequeña porción de tiempo con nosotros. La motivación de muchos de ellos se basa en que te vean como una posibilidad y no como una certeza. Piensa que te mereces ser un plan prioritario y no una opción segura cuando los planes iniciales fallen.

Por ejemplo, a todos nos ha pasado tener a un amigo, una pareja o un familiar al que incluiríamos sin dudarlo dentro de nuestras prioridades pero que, en un momento dado, ha comenzado a darnos un poco de lado. Puede que algo haya pasado y lo mejor es hablarlo, pero también puede que ya lo hayas hecho y la falta de interés por mantener el contacto o conservar la relación empeore progresivamente: recuerda que quererse no tiene calendario.

La libertad es saber elegir

Cuando alguien nos toma como una opción secundaria, como el plan B que a nadie le gusta ser, lo que está haciendo es elegir libremente qué compartir de sí mismo y con quién hacerlo y resulta que esa elección nos ha colocado en un segundo plano.

“Si alguien te quiere en su vida hará un espacio para ti sin necesidad de que luches por uno. Nunca te quedes con la persona que constantemente te ignora”

Aunque te duela, no se puede obligar a los demás a que te respondan como te gustaría, al igual que tampoco puedes sacrificar tu dignidad y tu amor propio a costa del egoísmo de esa persona. El afecto desigual solo te conducirá a una realidad falsa llena de esperanza por un futuro que es improbable que alguna vez llegue a ser presente.

Esa libertad de elección tú también la tienes. Elige bien a quién quieres en tu vida y, cuando lo hagas, es probable que sea el momento de pensar quién te ha elegido en la suya: valora a quien te demuestre que quiere estar a tu lado.

Se trata de cultivar relaciones honestas que permitan mantener una autoestima equilibrada y nos dejen retroalimentarnos de las pequeñas cosas de los dos. No es algo fácil, pero los retos con las mejores recompensas nunca lo fueron.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

19 septiembre 2022

De cuentos y relatos

Juan Luis Selma

Los cuentacuentos están siempre de moda. Encandilan al auditorio infantil, les hacen vivir escenas inverosímiles, activan la imaginación de los peques. Recuerdo los sábados en que el maestro nos contaba un cuento. Era el mejor colofón de las clases semanales y muy formativos. Una buena selección de historias bien contadas educa las mentes. En aquellos tiempos los cuentos eran moralizantes, se exaltaba la virtud y se condenaba el vicio.

Había un programa radiofónico a finales de los cincuenta que seguíamos en casa toda la familia: “El criminal nunca gana”. Era una serie policíaca en la que el malo siempre era pillado. La careta de entrada decía: “Por muy hábil que sea un criminal, por mucho que intente borrar sus huellas, tarde o temprano será descubierto y caerá sobre él todo el peso de la ley”. “El criminal nunca gana”. El serial ayudaba a distinguir los buenos de los malos y a tomar partido por aquellos.

Ahora hemos inventado el metarrelato, un discurso totalizante con pretensiones científicas, históricas, sociales o religiosas y, por supuesto, culturales. Relato absolutista e incuestionable que quiere dar respuesta y solución a todo. No hace falta que esté apoyado en hechos, que sea racional, que sea verdadero, basta con que sea bonito, moderno y que se repita muchas veces, para que se transforme en creíble, oportuno, bueno y, luego, necesario.

En el Evangelio se alaba al “administrador infiel”, esto es, corrupto, para hacernos entender “que los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz”. Dice el Papa Francisco que, con esta narración, Jesús “nos lleva a reflexionar sobre dos estilos de vida contrapuestos: el mundano y el del Evangelio. (…) Con esta enseñanza, Jesús hoy nos exhorta a elegir claramente entre Él y el espíritu del mundo, entre la lógica de la corrupción, del abuso y de la avidez, y la de la rectitud, de la humildad y del compartir”. Pero también nos alerta del modo de hacer del maligno: astucia, engaño, seducción, para que espabilemos.

No podemos dejar que cuentos, dibujos animados, historias diseccionadas y manipuladas perviertan las mentes de jóvenes e incluso de adultos, a veces más ingenuos que ellos. Se pretende deconstruir nuestra cultura cristiana y sus raíces clásicas utilizando relatos inventados, renunciando a la verdad y a los hechos. Un “buen relato” debidamente repetido y adornado puede ser demoledor.

Pongamos el ejemplo de cómo ha ido creciendo la mentalidad abortista. Hace un siglo la vida era siempre defendida por el Estado, que fomentaba la mentalidad demográfica, y por la Religión, que considera el aborto como un homicidio, un atentado a la vida. La mentalidad cultural era provida. Los médicos lo condenaban por unanimidad. Luego se intentó despenalizar el aborto para algunos casos, se oponía mucha gente de derechas y de izquierdas, pero el relato sentimental abrió las puertas a estos pocos casos. Más adelante se pidió la ley de plazos, era legal antes de x meses. Con el tiempo los meses fueron creciendo y de una excepción se pasó a un derecho de la madre. El feto deja de ser un nasciturus, con derechos reconocidos desde el Derecho Romano, a una secreción del cuerpo materno del que se puede prescindir alegremente. Actualmente el relato condena y sataniza a los provida, que han de ser perseguidos y acallados, encarcelados por perturbadores de la paz social.

También está en juego el derecho a la objeción de conciencia de médicos y sanitarios y eso que sigue vigente el juramento hipocrático en su versión de 2017: “prometo solemnemente… velar con el máximo respeto por la vida humana”. Ahora es un delito atentar contra las especies en peligro de extinción. Según el Código Penal español incurre en delito de seis meses a dos años de prisión quien “realice actividades que impidan o dificulten la reproducción” de especies protegidas de la fauna silvestre.

Con un buen relato lo que era natural y fundamento de la sociedad pasa a ser destructivo y retrógrado. Es cuestión de crear opinión favorable y lo malo y perverso llega a ser lo normal, lo bueno. Cuando no hay verdad, cuando todo depende de los sentimientos, de opiniones, de lo fácil no hay nada que esté a salvo.

“Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho”. Que sea el relato evangélico, la palabra de Dios lo que configure nuestra vida, la sociedad. Tenemos la ventaja de que por sí es un relato amable, atrayente, el más acorde con la condición humana. Quizá tenemos que ser buenos cuentacuentos que con palabras y sobre todo con los hechos, recordemos la grandeza de la vida cristiana. Los padres, los abuelos, los sacerdotes y catequistas, los cristianos tenemos la responsabilidad de hacer atrayente y luminosa la palabra de Dios con nuestras vidas y palabras

Fuente: eldiadecordoba.es

18 septiembre 2022

Una historia de corrupción

El Papa en el Ángelus


¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La parábola que el Evangelio de la Liturgia de hoy nos presenta (cf. Lc 16,1-13), parece un poco difícil de comprender. Jesús cuenta una historia de corrupción: un administrador deshonesto, que roba y después, cuando es descubierto por su amo, actúa con astucia para salir de esa situación. Nos preguntamos: ¿en qué consiste esta astucia —es un corrupto el que la usa—, y qué quiere decirnos Jesús?

En la historia vemos que este administrador corrupto termina con problemas porque se ha aprovechado de los bienes de su amo; ahora tendrá que rendir cuentas y perderá su trabajo. Pero él no se da por vencido, no se resigna a su destino y no se hace la víctima; al contrario, actúa en seguida con astucia, busca una solución, es ingenioso. Jesús se inspira en esta historia para lanzarnos una primera provocación: «Los hijos de este mundo —dice— son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz» (v. 8). Sucede que, quien se mueve en las tinieblas, según ciertos criterios mundanos, sabe salir adelante incluso en medio de los problemas, sabe ser más astuto que los otros; en cambio, los discípulos de Jesús, es decir, nosotros, a veces estamos dormidos, o somos ingenuos, no sabemos tomar la iniciativa para buscar salidas en las dificultades (cf. Evangelii gaudium, 24). Por ejemplo, pienso en los momentos de crisis personal, social, pero también eclesial: a veces nos dejamos vencer por el desánimo, o caemos en la queja y en el victimismo. En cambio —dice Jesús— se podría también ser astutos según el Evangelio, estar despiertos y atentos para discernir la realidad, ser creativos para buscar soluciones buenas, para nosotros y para los demás.

Pero también hay otra enseñanza que Jesús nos ofrece. De hecho, ¿en qué consiste la astucia del administrador? Él decide hacer un descuento a los que están en deuda, y así se hace amigo de ellos, esperando que puedan ayudarle cuando el amo lo despida. Antes acumulaba las riquezas para sí mismo, ahora las usa para hacerse amigos que puedan ayudarle en el futuro. Haciendo lo mismo, robar. Y Jesús, entonces, nos ofrece una enseñanza sobre el uso de los bienes: «Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas» (v. 9). Para heredar la vida eterna no es necesario acumular los bienes de este mundo, lo que cuenta es la caridad que habremos vivido en nuestras relaciones fraternas. Esta es la invitación de Jesús: no uséis los bienes de este mundo solo para vosotros mismos y para vuestro egoísmo, sino utilizadlos para generar amistades, para crear relaciones buenas, para actuar en la caridad, para promover la fraternidad y ejercer el cuidado hacia los más débiles.

Hermanos y hermanas, también en el mundo de hoy hay historias de corrupción como la del Evangelio; conductas deshonestas, políticas injustas, egoísmos que dominan las decisiones de los individuos y de las instituciones, y tantas otras situaciones oscuras. Pero a los cristianos no se nos permite desanimarnos o, peor aún, dejarlo pasar, permanecer indiferentes. Al contrario, estamos llamados a ser creativos en el hacer el bien, con la prudencia y la astucia del Evangelio, usando los bienes de este mundo —no solo los materiales, sino todos los dones que hemos recibido del Señor— no para enriquecernos a nosotros mismos, sino para generar amor fraterno y amistad social. Esto es muy importante: generar amistad social con nuestra actitud.

Pidamos a María Santísima que nos ayude a ser como ella, pobres en espíritu y ricos de caridad recíproca.


 

Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Doy gracias a Dios por el viaje que pude realizar los días pasados en Kazajistán, con ocasión del séptimo Congreso de los Líderes de las Religiones mundiales y tradicionales. Me propongo hablar de ello en la audiencia general del próximo miércoles.

Estoy afligido por los recientes combates entre Azerbaiyán y Armenia. Expreso mi cercanía espiritual a las familias de las víctimas, y exhorto a las partes a respetar el alto el fuego, en vista de un acuerdo de paz. No lo olvidemos: ¡la paz es posible cuando callan las armas e inicia el diálogo! Y sigamos rezando por el martirizado pueblo ucraniano y por la paz en cada tierra ensangrentada por la guerra.

Deseo asegurar mi oración por las poblaciones de Las Marcas, golpeadas por una violenta inundación. Rezo por los difuntos y por sus familiares, por los heridos y por quien ha sufrido graves daños. ¡El Señor dé fuerza a esas comunidades!

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de diferentes países. En particular, saludo a las Religiosas de María Inmaculada de varias comunidades en África, América Latina, Asia y Europa; como también a los fieles de Sevilla y el grupo Secular Nuestra Señora del Cenáculo.

Saludo al grupo de Caturano, diócesis de Capua; a los jóvenes de Confirmación de Gazzaniga (Bérgamo) y a los de Soliera (Módena); a los miembros de la comunidad “Hijos en Cielo”, a las Pro Loco del Lacio y al grupo de médicos veterinarios de la provincia de Verona, con sus familiares. Saludo también a los jóvenes de “Economy of Francesco”, que hoy están aquí en la plaza: ¡siempre adelante! Nos veremos pronto en Asís.

Un pensamiento especial dirijo a los pobres y a los voluntarios de la “Casa de Zaqueo”, de Mesagne: que el Señor os bendiga y la Virgen os custodie.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!