Benigno Blanco
¿Quién tiene tanto miedo al no nacido como para escandalizarse de que se diga que existe y que ese hecho tiene consecuencias jurídicas? Los que han convertido la ceguera absoluta ante el hecho de la vida del no nacido como justificación del aborto legalizado: para considerar el aborto como algo normal e inocente hay que cerrar los ojos ante el nasciturus, no mirarle, simular que no existe, que el niño no es un niño ni la madre es una madre. Por eso, las críticas a esta nueva ley madrileña vienen de quienes están empeñados en la normalización social del aborto y sus razones son que esta ley esconde un ataque al aborto legal: ¡qué tontería! Esta ley no modifica en nada la legislación estatal permisiva del aborto, porque una Comunidad Autónoma no puede hacerlo; se limita a decir que, mientras esté vivo, el no nacido es un miembro más de la familia.
Pero hay algo en lo que tienen razón esos críticos de la “ley Ayuso”: si miramos a los ojos al niño no nacido … ¡qué difícil resulta decirle: no existes, eres una mera cosa sin valor alguno, te podemos destruir, acabar con tu vida, sin necesidad de mayores consideraciones!
Estoy convencido hace mucho tiempo de que el camino para recuperar la cultura de la vida va a ser lento -siempre es lento el camino hacia el bien, tanto en la vida personal como en la social- y que va a discurrir por dos carriles: la visibilización del nasciturus y el apoyo solidario a la libertad de la mujer para que opte por la vida y la maternidad. La “ley Ayuso” avanza por los dos carriles a la vez. ¡Bienvenida sea!
Benigno BlancoQuién tiene tanto miedo al no nacido como para escandalizarse de que se diga que existe y que ese hecho tiene consecuencias jurídicas?
Una reciente ley aprobada en la Comunidad de Madrid por empeño muy personal de Isabel Diaz Ayuso afirma algo evidente, aunque revolucionario en términos políticos: el concebido aún no nacido existe y -por tanto- es un miembro de la familia, su madre es su madre, su padre es su padre y es uno más -en su caso- entre los hermanos. La novedad de esta ley es que computa como miembro de la familia al aún no nacido a efectos de todas las políticas públicas que tienen en cuenta la existencia de hijos y su número (apoyo a la maternidad y la familia, becas, vivienda, etc.).
Objetivamente esta ley hace algo tan elemental como reconocer la realidad de las cosas: un no nacido es un hijo de su madre tanto antes como después de nacer, la embarazada es madre desde que está encinta, el padre lo es desde que contribuyó al embarazo de la mujer y, si existen otros hermanos, tienen un nuevo hermano desde que su madre está embarazada. Lo sorprendente -y expresivo de la locura que el aborto legal ha introducido en nuestra legislación y mentalidad- es que reconocer legalmente esas obviedades resulte revolucionario y generador de gran polémica política.
¿Quién tiene tanto miedo al no nacido como para escandalizarse de que se diga que existe y que ese hecho tiene consecuencias jurídicas? Los que han convertido la ceguera absoluta ante el hecho de la vida del no nacido como justificación del aborto legalizado: para considerar el aborto como algo normal e inocente hay que cerrar los ojos ante el nasciturus, no mirarle, simular que no existe, que el niño no es un niño ni la madre es una madre. Por eso, las críticas a esta nueva ley madrileña vienen de quienes están empeñados en la normalización social del aborto y sus razones son que esta ley esconde un ataque al aborto legal: ¡qué tontería! Esta ley no modifica en nada la legislación estatal permisiva del aborto, porque una Comunidad Autónoma no puede hacerlo; se limita a decir que, mientras esté vivo, el no nacido es un miembro más de la familia.
Pero hay algo en lo que tienen razón esos críticos de la “ley Ayuso”: si miramos a los ojos al niño no nacido … ¡qué difícil resulta decirle: no existes, eres una mera cosa sin valor alguno, te podemos destruir, acabar con tu vida, sin necesidad de mayores consideraciones!
Estoy convencido hace mucho tiempo de que el camino para recuperar la cultura de la vida va a ser lento -siempre es lento el camino hacia el bien, tanto en la vida personal como en la social- y que va a discurrir por dos carriles: la visibilización del nasciturus y el apoyo solidario a la libertad de la mujer para que opte por la vida y la maternidad. La “ley Ayuso” avanza por los dos carriles a la vez. ¡Bienvenida sea!
Benigno Blanco