27 abril 2026

¿Cuál es el lado correcto de la historia?

Juan Luis Selma

Leo en un titular: Xi dice a Sánchez estar ambos ‘del lado correcto de la historia’ ante la ‘ley de la selva’. Hoy todos reivindican estar en el lado correcto: unos desde la derecha, otros desde la izquierda, y entre ellos se lanzan acusaciones sin descanso. Da la impresión de que la “posición correcta” depende del ángulo desde el que se mire… es decir, que no existe tal cosa.

Unos apelan al pueblo para justificar su postura; otros lo hacen en nombre de Dios, incluso pasando por encima de quienes deberían representarlo. Todos afirman poseer la verdad. Al final, el más honrado parece ser Pilato, que al menos se atreve a preguntarle a Jesús: “¿Qué es la verdad?” No es fácil situarse en el lado correcto si no se tiene un Norte.

Este domingo celebramos al Buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas. Escucharemos en el Evangelio: “En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les escucharon”. Por mucho que se proclame, se declare o se haga propaganda, las ovejas tienen un instinto innato para reconocer al buen pastor: saben quién las ama y quién busca realmente su bien.

El lado correcto es, por supuesto, el de la verdad y el del bien. Y, respecto a los demás, el de quien sabe y quiere servirles. Recuerdo un lema que leí hace años en una institución educativa: “Vale quien sirve”. La buena dirección no la marca el interés propio, ni la ideología, ni la popularidad: la define el bien, y en concreto el bien común. Algo hoy bastante olvidado o confundido con la simple buena marcha económica, el éxito o el triunfo de una ideología.

Escribía san Josemaría: “La legítima libertad de los hombres, si son verdaderamente honestos, con la ayuda divina, les lleva al deseo de servir a Dios y a sus criaturas… Queremos servir, nos sentimos honrados de hacerlo y estamos convencidos de que no podríamos imitar a Cristo, como es nuestro único deseo, si prescindiéramos de ese afán. No penséis, sin embargo, que sea fácil hacer de la vida un servicio. Es necesario traducir en realidades ese buen deseo, porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en la virtud, y la práctica de una ayuda constante a los demás no es posible sin sacrificio”.

La puerta del lado correcto la marca Dios, el Hacedor, el único que sabe quiénes somos y qué necesitamos. Los que no entran por esa puerta son salteadores: “El que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”.

Podría decirse que esto es solo una opinión. Y lo es, pero una opinión cualificada y respaldada por la historia. Los grandes gurús que sedujeron a los pobres y sencillos no hicieron otra cosa que utilizarlos para sus propios intereses o los de su partido. Con la excusa de servir al pueblo, lo aniquilan. Hay un solo Salvador y Liberador: el que dio su vida por nosotros y resucitó. Al margen de Dios, lo que quedan son ídolos, diosecillos que buscan su gloria y su poder.

Si todo vale lo mismo; si no hay Norte ni referencias fuera del yo, del sentimiento o del interés; si tiene el mismo peso una opinión fundada que una frívola; si manipulamos la historia para ponerla a nuestro servicio; si la persona concreta deja de importar; si no hay Dios…; entonces cualquiera puede asegurarse a sí mismo que está en el lado correcto.

Hace unos días asistí a la ordenación de un joven sacerdote. El obispo le recordó que su misión era la de Cristo: darse a sus ovejas, servirlas, conducirlas a Dios. Le preguntó: “¿Quieres unirte cada día más a Cristo, Sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con Él consagrarte a Dios para la salvación de los hombres?”.

Fuente: eldiadecordoba.es