04 diciembre 2017

Terminado el viaje apostólico del Papa a Myanmar y Bangladés


Domingo 26 de noviembre de 2017
21.40 - Salida en avión desde el aeropuerto de Roma/Fiumicino hacia Rangún
Lunes 27 de noviembre de 2017
13.30 - Llegada al aeropuerto internacional de Rangún
Recibimiento oficial
Martes 28 de noviembre de 2017
10.30 - Encuentro con los líderes religiosos de Myanmar en el arzobispado de Rangún. Saludo del Santo Padre.
14.00 - Salida en avión hacia Naipyidó
15.10 - Llegada al aeropuerto de Naipyidó
Recibimiento oficial
15.50 - Ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial
16.00 - Visita de cortesía al Presidente
16.30 - Encuentro con la Consejera de Estado y Ministra de Asuntos Exteriores
17.15 - Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en el International Convention Centre. Discurso del Santo Padre.
18.20 - Salida en avión hacia Rangún
19.25 - Llegada al aeropuerto de Rangún y traslado al Arzobispado.
Miércoles 29 de noviembre de 2017
08.30 - Santa Misa en la Kyaikkasan Ground. Homilía del Santo Padre.
16.15 - Encuentro con el Consejo Supremo de la Sangha de los monjes budistas en el Kaba Aye Centre. Discurso del Santo Padre.
17.15 - Encuentro con los obispos de Myanmar en un salón de la Catedral de Santa María. Discurso del Santo Padre.
Jueves 30 de noviembre de 2017
10.15 - Santa Misa con los jóvenes en la Catedral de Santa María. Homilía del Santo Padre.
12.45 - Despedida oficial en el aeropuerto internacional de Rangún
13.05 - Salida en avión hacia Daca, Bangladés
15.00 - Llegada al aeropuerto internacional de Daca
Ceremonia de bienvenida
16.00 - Visita al monumento de los Mártires Nacionales de Savar
16.45 - Homenaje al Padre de la Patria en el Bangabandhu Memorial Museum y firma del Libro de honor
17.30 - Visita de cortesía al Presidente en el Palacio Presidencial
18.00 - Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en el Palacio Presidencial. Discurso del Santo Padre.
Viernes 1 de diciembre de 2017
10.00 - Santa Misa y ordenación sacerdotal en el Suhrawardy Udyan Park. Homilía del Santo Padre.
15.20 - Visita del Primer Ministro en la Nunciatura Apostólica
16.00 - Visita a la Catedral
17.00 - Encuentro interreligioso y ecuménico por la paz en el jardín del arzobispado. Discurso del San Padre.
Sábado 2 de diciembre de 2017
10.00 - Visita privada a la Casa Madre Teresa de Tejgaon
10.45 - Encuentro con los sacerdotes, religiosos, consagrados, seminaristas y novicias en la iglesia del Santo Rosario. Palabras y Discurso del Santo Padre.
11.45 - Visita al cementerio parroquial y a la antigua iglesia del Santo Rosario
15.20 - Encuentro con los jóvenes en el Notre Dame College de Daca. Discurso del Santo Padre.
16.45 - Despedida oficial en el aeropuerto internacional de Daca
17.05 - Salida en avión hacia Roma/Fiumicino
23.00 - Llegada a Roma/Fiumicino

Gracias, Santo Padre, sobre todo gracias. Usted ha elegido dos Países interesante de visitar, dos Países muy diversos pero con algo en común, que es una Iglesia pequeña, en cada uno de estos Países, pero activa, llena de alegría, llena de jóvenes y llena de un espíritu de servicio a toda la sociedad. Ciertamente hemos visto mucho, hemos aprendido mucho, pero nos interesa también lo que Usted ha visto y aprendido.
Buenas noches, si pensamos aquí, o buenas tardes si pensamos en Roma. Muchas gracias por su trabajo y, como ha dicho Greg, dos países muy interesantes, con culturas muy tradicionales, profundas, ricas. Por eso pienso que su trabajo ha sido muy intenso: ¡muchas gracias!
Sagrario Ruiz de Apodaca (Radio Nacional de España)
Buenas noches, Santo Padre. Gracias. Yo hago la pregunta en español, con el permiso de mis colegas italianos, porque no me fío todavía de mi italiano, pero si Usted quiere responder en italiano sería perfecto para todos. La crisis de los rohingya ha centrado gran parte de este viaje a Asia, ayer les nombró por su nombre finalmente en Bangladesh, ¿se ha quedado con las ganas de haber hecho lo mismo en Myanmar?, ¿de haberles nombrado con esta palabra rohingya? ¿Y qué sintió ayer cuando les pidió perdón?
No fue la primera vez ayer, varias veces en público, desde la Plaza de San Pedro, en Ángelus o en Audiencia los he nombrado (la periodista interrumpe y precisa: pero en este viaje). Sí, pero quiero subrayar que ya se sabía lo que yo pensaba y lo que decía; pero su pregunta es muy interesante porque me lleva… (Francisco deja de hablar en español y continúa su respuesta en italiano). Su pregunta es interesante porque me lleva a reflexionar sobre cómo busco comunicarme: para mí lo más importante es que el mensaje llegue y, por eso, procurar decir las cosas, paso a paso, y escuchar las respuestas para que llegue el mensaje. Un ejemplo de la vida ordinaria: un joven o una joven en crisis de adolescencia puede decir lo que piensa, pero si da con la puerta en las narices del otro… el mensaje no llega, se cierra. Y a mí me interesa que ese mensaje llegase. Por eso, vi que si en el discurso oficial hubiese dicho esa palabra daba con la puerta en las narices, pero he descrito las situaciones, los derechos, ninguno excluido, la ciudadanía, para permitirme en las conversaciones privadas ir más allá.
He quedado muy satisfecho con las conversaciones que pude tener, aunque es verdad que no he tenido el placer de dar con la puerta en las narices, hacer públicamente una denuncia, pero he tenido la satisfacción de dialogar y hacer hablar al otro, y decir lo mío; y así el mensaje ha llegado, y hasta tal punto ha llegado que continué, y terminó ayer… con eso. Esto es muy importante en la comunicación: la preocupación de que el mensaje llegue. Muchas veces denuncias, también en los medios, pero no quiero ofender, pues con cualquier agresividad se cierra la puerta y el mensaje no llega, y ustedes, que son especialistas en hacer llegar el mensaje, comprenden bien esto.
Después, ¿qué sentí ayer? Pues no estaba programado así. Sabía que encontraría a los rohingya, pero no sabía ni dónde ni cómo, pero esa era mi condición para el viaje, y se preparó el modo. Después de tantas gestiones con el gobierno, con Cáritas, el gobierno permitió el viaje de los que vinieron ayer. Porque el problema es del gobierno que les protege y les da hospitalidad, y eso es grande. Lo que hace Bangladesh por ellos es grande, un ejemplo de acogida, un país pequeño, pobre que ha recibido a 700 mil. Yo pienso en los países que cierran las puertas; debemos estar agradecidos por el ejemplo que nos han dado. El gobierno debe moverse, con las relaciones internacionales con Myanmar, con permisos, diálogo, porque están en un campo de refugiados, están en un estado especial de refugiados, pero al final vinieron, espantados, porque no sabían. Alguien les había dicho: “ustedes saluden al Papa, pero no digan nada”, así, alguien que no era del gobierno de Bangladesh, gente que se ocupaba de los trámites.
En un cierto punto, después del diálogo interreligioso, la oración interreligiosa preparó el corazón de todos. Estábamos religiosamente muy abiertos. Yo al menos así lo sentía. Y llegó el momento de que ellos llegasen a saludarme, en fila india, y eso no me gustó. Uno, otro, pero de pronto querían sacarlos del escenario y ahí me molesté y grité un poco: ¡soy pecador! Les dije muchas veces la palabra “respeto, respeto, deténganse” y ellos se quedaron ahí.
Después de haberles escuchado uno a uno con el intérprete que hablaba en su lengua, comencé a sentir cosas dentro, pero no podía dejarles ir sin decirles algo. Pedí el micrófono y comencé a hablar. No recuerdo qué dije. Sé que en cierto momento pedí perdón, dos veces. No recuerdo.
Su pregunta es qué sentí. En aquel momento lloraba; procuré que no se viese. Ellos lloraban. Y después pensé que estábamos en un encuentro interreligioso y los líderes de las otras tradiciones religiosas estaban allá. “¿No vienen también ustedes? Estos eran los rohingya de todos nosotros”.
Ellos saludaron a los rohingya y yo no sabía qué más decir: los miraba, los saludaba, y pensé que todos hemos hablado, los líderes religiosos, “que uno de ustedes que haga una oración”, y aquel que creo era un imán o digamos un “clérigo” entre comillas de su religión, hizo la oración. También ellos rezaron. He visto todo el transcurrir y todo el camino, y pienso que el mensaje ha llegado.
No sé si he satisfecho su pregunta. Parte estaba programado, pero la mayor parte salió espontáneamente.
Después hoy se hizo un programa de uno de ustedes, no sé quién o del TG1 (telediario italiano). Un programa largo, largo, ¿quién lo ha hecho?
Porque fue repetido por el TG4 y no sé yo, no lo he visto, pero algunos que están aquí lo han visto. Es una reflexión de que el mensaje ha llegado no solo aquí. Ustedes han visto hoy las portadas de los diarios: todos han recibido el mensaje, y no he escuchado ninguna crítica. Quizá haya, pero no la he escuchado.
George Abraham Kallivayalil (Deepika Daily)
Santo Padre, espero que su viaje a Asia, que ha tocado dos Países, hay sido un gran éxito. Sabemos que también quería ir a la India en este viaje. ¿Cuál fue exactamente la razón para no visitar India en este viaje? Indios en India, millones de fieles esperan que el Santo Padre visite la India el próximo año. ¿Podemos esperar que vaya a la India en 2018?
El primer plan era ir a la India y Bangladesh, pero después los trámites para ir a la India se retrasaron y el tiempo apremiaba. Elegí estos dos países: Bangladesh y Myanmar. Y fue providencial porque para visitar la India se necesita un solo viaje. Porque se debe ir al sur, al centro, al este, al noreste, al norte, por las diversas culturas de la India. Espero poder hacerlo el 2018, ¡si vivo! Pero la idea era India y Bangladesh; después el tiempo nos ha obligado a hacer esta elección. Gracias.
Etienne Loraillère (Kto, televisión católica francesa)
Santidad, hay una pregunta del grupo de periodistas de Francia. Cuando oponen el diálogo interreligioso y la evangelización, durante este viaje usted habló del diálogo para construir la paz. ¿Cuál es la prioridad: evangelizar o dialogar por la paz? Porque evangelizar significa suscitar conversiones que provocan tensiones y a veces crean conflictos entre los creyentes. Por tanto, ¿cuál es su prioridad: evangelizar o dialogar?
Primera distinción: evangelizar no es hacer proselitismo. La Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción, es decir por testimonio. Esto lo dijo el Papa Benedicto XVI. ¿Cómo es la evangelización? Vivir el Evangelio y dar testimonio de cómo se vive el Evangelio, dar ejemplo de santidad, de Mateo 25, mostrar al buen samaritano, el perdón 70 veces 7 y, con ese ejemplo, el Espíritu Santo trabaja y se dan las conversiones, pero no somos muy entusiastas en hacer rápido las conversiones: si vienen, esperan, se habla…, procurar que una conversión sea la respuesta a algo que el Espíritu Santo ha movido en mi corazón por el testimonio de los cristianos.
En el almuerzo que tuve con los jóvenes de la JMJ de Cracovia −una decena de jóvenes de todo el mundo−, uno me hizo esta pregunta: ¿qué debo decir a un compañero de universidad, amigo, que es ateo, para cambiarlo, para convertirlo? La respuesta fue: “Lo último que debes hacer es decirle algo. Tú vive el Evangelio y si él te pregunta por qué haces esto, le puedes explicar por qué lo haces. Y deja que el Espíritu lo active”. Esa es la fuerza y la mansedumbre del Espíritu Santo: no es convencer mentalmente, apologética, con razones, sino el Espíritu quien da la vocación. Nosotros somos testimonios, testimonios del Evangelio, “testimonio” es una palabra griega que se dice mártir, el martirio de todos los días, martirio también de sangre, cuando llega. Y su pregunta es prioritaria: ¿la paz o la conversión? Pues cuando se vive con el testimonio y el respeto, se hace la paz. La paz empieza a romperse en ese campo cuando comienza el proselitismo, y hay muchos modos de proselitismo, y eso no es Evangelio. No sé si he respondido.
Joshua McElwee (National Catholic Reporter)
Muchas gracias, Santidad, y un cambio de tema total. Durante la Guerra Fría, el Papa San Juan Pablo II dijo que la política mundial de disuasión nuclear estaba justificada como moralmente aceptable. El mes pasado usted dijo en una conferencia sobre el desarme que la misma posesión de armas nucleares es condenable. ¿Qué ha cambiado en el mundo que le ha llevado a hacer ese cambio? ¿Qué papel tuvieron los episodios y las amenazas entre el Presidente Trump y Kim Jong Un en su decisión? ¿Qué dice usted a los políticos que no quieren renunciar a los arsenales nucleares o ni siquiera disminuirlos?
Preferiría que se hiciesen primero las preguntas sobre el viaje. Lo digo a todos. Pero hago una excepción porque él hizo la pregunta. Ahora terminamos con todas las del viaje, después quisiera decir algo sobre el viaje y luego vienen las otras preguntas.
¿Qué ha cambiado? Cambió la irracionalidad. Me viene a la mente la encíclica Laudato si’: el cuidado de lo creado, de la creación. Desde el tiempo del Papa San Juan Pablo II hasta hoy, han pasado muchos años, ¿cuántos?, ¿tienes los datos? ‘82, ‘92, 2002, 2012… 34 años. En lo nuclear, en 34 años se ha ido más allá, más allá… Hoy estamos al límite. Esto se puede discutir, pero es mi opinión, mi opinión convencida: estamos al límite de la legalidad de tener y usar armas nucleares. ¿Por qué? Porque hoy, con el arsenal nuclear tan sofisticado, estamos en riesgo de destruir la humanidad, o al menos gran parte de la humanidad. Y lo conecto con la Laudato si’.
¿Qué ha cambiado? Eso: el aumento del armamento nuclear. Ha cambiado así, son sofisticadas, y también crueles, y son capaces de destruir personas dejando sin tocar las estructuras. Estamos al límite, y me hago esta pregunta −esto no como magisterio pontificio, sino la pregunta que se hace un Papa−: ¿Hoy es lícito mantener los arsenales nucleares como están, o para salvar lo creado, salvar la humanidad, no será necesario retroceder?
Vuelvo a algo que dijo Guardini, no es mía: hay dos formas de incultura. Primero la incultura que Dios nos dio para hacer avanzar la cultura con el trabajo, con la investigación. Pensemos a las ciencias médicas, tanto progreso, tanta cultura, la mecánica, tantas cosas; y el hombre tiene la misión de hacer cultura de la incultura recibida.
Pero llegamos a un punto donde el hombre tiene a la mano, con esa cultura, la capacidad de hacer otra “incultura”. Pensemos en Hiroshima y Nagasaki. De eso hace 60-70 años: la destrucción. Y también esto sucede cuando no se llega a tener todo el control de la energía atómica. Piensen en los accidentes de Ucrania. Por eso, regresando a las armas, que son para vencer destruyendo, digo que estamos al límite de la legalidad.
Greg Burke
Gracias, Santidad. Ahora me han dicho que las preguntas cambian del viaje a otras, así que si Usted quiere decir algo sobre el viaje…
Me gustarían alguna más sobre el viaje, porque pareciera que el viaje no ha sido interesante, ¿no?
Delia Gallagher (CNN)
Santidad, no sé cuánto nos puede responder, pero tengo curiosidad de su encuentro con el General Hlaing, porque he aprendido mucho sobre esta situación estando aquí y he entendido que, aparte de Aung San Suu Kyi, está ese militar que es muy importante en la crisis y que usted encontró personalmente. ¿Qué tipo de encuentro fue y cómo fue hablar con él?
Muy lista y buena pregunta. Yo distinguiría entre dos encuentros, dos tipos de encuentro. El que he hecho para ir al encuentro de la gente, y el encuentro donde he recibido gente. Este general me pidió hablar y lo recibí, yo nunca cierro la puerta. Usted pide hablar, y viene. Hablando no se pierde nada, siempre ganas. Fue una buena conversación, que no puedo contarla porque era privada, pero no he negociado la verdad. Pero lo hice de tal manera que él entendió un poco que un camino, como fue en los malos tiempos, renovado hoy, no es viable. Fue un buen encuentro, civilizado e incluso allí llegó el mensaje.
Gerry O’Connell (America Magazine)
La mía es un poco un desarrollo de la pregunta de Delia. Usted encontró a Aung San Suu Kyi, al presidente, a los militares, a los monjes, lo que crea algunas dificultades, y luego fue a Bangladesh y se reunió con el primer ministro, el presidente, los líderes islámicos. ¿Qué destacaría de esos encuentros?, ¿Cuál es su análisis de estos encuentros y su perspectiva para el futuro y el desarrollo de estos países?
No será fácil avanzar en un desarrollo constructivo, y no será fácil para alguien que quisiera retroceder. Estamos en un punto donde se deben estudiar las cosas. Alguien, no sé si es verdad, me dijo que el estado de Rachine, es un estado muy rico en piedras preciosas y que tal vez había intereses, siendo un poco una tierra sin gente para trabajar, pero no sé si es verdad; son cosas que se dicen; también sobre África se dice tanto. Pero creo que estamos en un punto en el que no será fácil seguir adelante de manera positiva y no será fácil volver. Porque la conciencia de la humanidad de hoy; el hecho sobre los rohingya, que las Naciones Unidas ha dicho que los rohingyas son ahora la minoría religiosa y étnica más perseguida en el mundo, este es un punto que, el que debe regresar, debe hacerlo pronto. Estamos en un punto donde con el diálogo comienza el paso, otro paso, tal vez medio paso atrás y dos adelante, pero como lo hacen las personas, con benevolencia y diálogo, nunca con violación, nunca con la guerra. No es fácil. Pero es un punto de inflexión. ¿Se hace este punto de inflexión para el bien? ¿O se hace este punto de inflexión para retroceder? Eso sí, la esperanza yo no la pierdo. ¿Por qué? Sinceramente, si el Señor ha permitido esto que vivimos ayer, y que hemos vivido de una manera más reservada, entre dos discursos; el Señor permite una cosa para prometer otra. Tengo esperanza cristiana, nunca se sabe.
Valentina Alazraki (Televisa)
Sobre el viaje, era una pregunta que queríamos hacerle antes, pero no ha salido. Nos gustaría saber de un Papa que todos los días habla de prófugos, refugiados, inmigrantes: ¿le hubiera gustado ir a un campo de prófugos de los rohingya? ¿Por qué no ha ido?
Me hubiera gustado ir, me hubiera gustado, pero no fue posible. Se estudiaron las cosas, pero no fue posible por varios factores: el tiempo, la distancia y otros factores; pero el campo de refugiados vino con una representación. Pero me hubiera gustado, eso es verdad, pero no fue posible.
Enzo Romeo (Rai)
Gracias, Santidad. Quería preguntar rápidamente dos cosas, una sobre la globalización que hemos visto sobre todo en Bangladesh. El motivo de mi pregunta que se refiere al viaje, que es un país que está tratando de salir de la pobreza, pero con sistemas que parecen para nosotros realmente pesados. Hemos visto en una gran plaza ese lugar donde se cayó el edificio que era usado por la industria textil, y mil cien personas muertas, cinco mil heridos que trabajaban por 60 euros al día. En nuestro restaurante, por comer un plato de pasta o de pizza se pagaban 50 euros, y esto es increíble. Para usted, por lo que ha visto o escuchado, ¿es posible salir de este mecanismo? Y la otra pregunta es algo que pensamos todos: sobre los rohingya parecía que había la intención de intervenir de grupos yihadistas, Al Qaeda, ISIS, buscaban hacerse tutores, de este pueblo, de la libertad de este pueblo. Interesante que el jefe de la cristiandad se haya mostrado amigo, de alguna manera de este grupo extremista ¿Es justa esta sensación?
Voy por la segunda. Hubo grupos terroristas allí que intentaban aprovecharse de la situación rohingya, que son personas de paz. Son como todas las etnias, todas las religiones. Siempre hay un grupo fundamentalista, también los católicos los tenemos. Los militares justifican su intervención por esos grupos. Yo no busco hablar con esas personas, busco hablar con las víctimas, porque las víctimas son los rohingya, quienes de una parte sufrieron esa discriminación y por otra fue defendida de los terroristas. El gobierno de Bangladesh tiene una campaña muy fuerte, según me dijeron los ministros, de tolerancia cero al terrorismo, no solo por eso, también para evitar otros puntos, pero los que se alistaron en el ISIS no son rohingya, sino un grupo fundamentalista y extremista, pequeño. Pero esto hacen los extremistas, justifican la intervención que destruyó lo bueno y lo malo.
Greg Burke
Y la globalización, la primera pregunta…
Enzo Romeo (Rai)
… que está buscando la globalización, pero a precio altísimo, con esa gente explotada por poco dinero.
Es uno de los problemas más graves; hablé sobre esto en reuniones personales. Ellos son conscientes de esto, son conscientes de que la libertad hasta cierto punto está condicionada no sólo por los militares, sino también por los grandes fideicomisos internacionales y se han centrado en la educación, y creo que fue una sabia elección. Hay planes para la educación, me mostraron los porcentajes de los últimos años y cómo ha disminuido el analfabetismo. Bastante. Y eso es lo que han elegido, y tal vez vaya bien. afirman que con la educación, el país va.
Jean-Marie Guénois (Le Figaro)
Hoy viene de Birmania. Antes ha estado en Corea, Filipinas, Sri Lanka… La impresión es que está rodeando China. Por tanto, dos preguntas sobre China: ¿Se está preparando a un viaje a China? Y segundo: ¿qué cosas ha aprendido de este viaje sobre la mentalidad asiática en vista a ese proyecto de China?
Hoy, la señora consejera de Estado de Myanmar fue a Beijing. Vemos que hay diálogos. Beijing tiene una gran influencia en la región, es natural: Myanmar no sé cuántos kilómetros de frontera tiene. Incluso en la Misa había chinos que vinieron. Creo que estos países que rodean China, Laos, Camboya, necesitan buenas relaciones, están cerca y eso me parece es sabio: si es políticamente constructivo, puede continuar. Es cierto que China hoy es una potencia mundial, si vemos que este lado puede cambiar el panorama, pero serán los politólogos quienes lo expliquen, yo no puedo explicarlo; me parece natural que tengan una buena relación.
El viaje a China no está en preparación, pueden estar tranquilos, por el momento no está en preparación. Pero hablando de Corea, cuando me dijeron que estábamos cruzando tierras chinas, sí quería decir algo: me gustaría visitar China, me gustaría, no es algo oculto. Las negociaciones con China son de alto nivel, culturales, hoy, por ejemplo, en estos días hay una exposición de los museos del Vaticano allí, luego habrá uno o hubo uno, no sé, de los museos chinos en el Vaticano, las relaciones culturales, científicos, profesores, sacerdotes que enseñan en universidades estatales chinas, están allí. Luego está el diálogo político, especialmente para la Iglesia china, con esa historia de la Iglesia Patriótica, la Iglesia clandestina que debe ir paso a paso con delicadeza, como lo están haciendo, lentamente. Creo que en estos días comenzará una sesión en Beijing de la comisión mixta. Se necesita paciencia. Pero las puertas del corazón están abiertas. Y creo que será bueno para todos viajar a China: me gustaría hacerlo.
James Longman (Abc News)
Pido perdón, pero no hablo italiano. Gracias por la posibilidad de estar en su vuelo: para mí es la primera vez. Quisiera preguntar si ha escuchado las críticas que ha recibido en estos días San Suu Kyi por haber hablado de los rohingya.
He escuchado todo eso, escuché las críticas, también escuché la crítica de no haber ido a la provincia de Rachine. Hoy ella ha ido medio día, más o menos. Pero en Myanmar es difícil evaluar una crítica sin preguntar: ¿ha sido posible hacer esto?, o ¿cómo será posible hacer esto? No quiero decir que no fue un error ir o no ir. Pero en Myanmar la situación política, es una nación en crecimiento, políticamente en crecimiento, es una nación en transición, tiene tantos valores culturales en la historia, pero políticamente está en transición. Por eso las posibilidades deben también evaluarse desde esta óptica. En este momento de transición, ¿sería posible o no hacer esto o aquello?, y ver si fue un error o no fue posible. No solo para la señora consejera de estado, también para el presidente, los diputados, el parlamento. En Myanmar, siempre debemos hacer avanzar la construcción del país y ahí se hará, como dije al principio, dos pasos adelante, uno atrás, dos adelante, dos atrás. La historia nos enseña esto. No puedo responder de otro modo por el poco conocimiento que tengo. Yo no quisiera caer en lo que hacía un filósofo argentino que fue invitado a dar conferencias a países de Asia una semana, y cuando regresaba, escribía un libro sobre la realidad de ese país. Y esto es presuntuoso.
Phil Pullella (Reuters)
El encuentro con el general estaba originalmente previsto para el jueves en la mañana, pero usted quería ver primero a San Suu Kyi. Cuando el general pidió verlo primero el día de la llegada, para usted fue como un “aquí mando yo, debe verme a mí primero”. ¿En ese momento sintió que querían manipularlo?
La solicitud fue hecha porque él, porque debía viajar a China. En cualquier caso, sucedan estas cosas, si yo puedo cambiar la cita lo hago. Las intenciones no lo sé, pero a mí me interesaba el diálogo, un diálogo que ellos pidieron y vinieron a mí. Mi visita no estaba prevista. Y creo que es más importante el diálogo que el supuesto de “aquí mandamos nosotros y somos los primeros”.
Phil Pullella
Ha dicho que no puede decir lo que se habló durante el encuentro privado, pero ¿puedo preguntarle si durante ese encuentro se usó la palabra rohingya con el general?
Usé las palabras para llegar al mensaje y cuando vi que el mensaje era aceptado dije lo que quería decir. “Intelligenti pauca” (a buen entendedor, pocas palabras…).
Periodista
Por mi parte tengo una pregunta, porque ayer cuando estuvimos con los sacerdotes que profesaron sus votos, pensé si no tienen miedo de ser sacerdotes católicos en este momento de la vida católica en ese país, y si le preguntaron a usted qué hacer cuando llega el miedo y no saben qué hacer.
Yo siempre tengo la costumbre que, cinco minutos antes de la ordenación, hablo con ellos en privado, y me han parecido serenos, tranquilos, con conciencia de la misión. Normal, normal. La pregunta que les hice: ¿Juegan futbol? “Sí”, todos, es una pregunta importante, una pregunta teológica, pero eso del miedo no lo he percibido. Ellos saben que deben ser cercanos, cercanos a su pueblo, eso sí, se sienten cercanos al pueblo, y eso me ha gustado. Luego hablé con los formadores, con algún obispo y me han dicho que antes de entrar en el seminario se hace un preseminario, y aprenden muchas cosas, incluso aprenden perfectamente inglés, por decir algo práctico, aprenden inglés y empiezan el seminario, así que la ordenación no es a los 23, 24; es a los 28, 29 años. Parecen niños, porque todos se ven muy jóvenes, todos, incluso el mayor de ellos, pero los veo seguros. Son cercanos a su pueblo, es así, y se cuidan porque cada uno de ellos pertenece a una etnia y por eso se cuidan.
Les doy las gracias, por las preguntas, les agradezco todo lo que han hecho. ¿Qué piensa el Papa de su viaje? A mí el viaje me hace bien cuando consigo encontrar al pueblo del país, al pueblo de Dios, cuando logro hablar, encontrarlos, saludarlos, el encuentro con las personas. Hemos hablado del encuentro con los políticos. Sí, es cierto, se debe hacer, con los sacerdotes y obispos, pero con la gente, esto, el pueblo, el pueblo que es precisamente lo profundo de un país. Cuando encuentro esto, cuando llego a encontrarlo, ahí soy feliz.
Les agradezco mucho su ayuda, muchas gracias por sus preguntas y también por las cosas que aprendo con sus preguntas. Gracias, buena cena.
Greg Burke
Gracias, Santidad. Que descanse.

03 diciembre 2017

“El sendero justo es la sabiduría que nace de la fe”

El Papa Francisco a los jóvenes en Bangladesh


Queridos jóvenes, queridos amigos, ¡buenas tardes!
Aquí estamos, ¡finalmente juntos! Os doy las gracias por vuestra cálida acogida. Agradezco a Mons. Gervas [Rozario] sus gentiles palabras, así como los testimonios de Upasana y Anthony. Los jóvenes tenéis algo único: estáis siempre llenos de entusiasmo, y me siento rejuvenecer cada vez que os encuentro. Upasana, has hablado de esto en tu testimonio, has dicho que eres «muy entusiasta» y yo puedo verlo y sentirlo. Este entusiasmo juvenil está relacionado con el espíritu aventurero. Uno de vuestros poetas nacionales, Kazi Nazrul Islam, lo ha expresado definiendo la juventud del país como «valiente», «acostumbrada a arrebatar la luz del vientre de la oscuridad». Los jóvenes están siempre listos para ir hacia adelante, hacer que todo suceda y arriesgar. Os animo a continuar con ese entusiasmo en las circunstancias buenas y malas. Ir hacia adelante, especialmente en aquellos momentos en los que os sentís oprimidos por los problemas y la tristeza y, mirando alrededor, parece que Dios no aparece en el horizonte.
Pero, avanzando, aseguraos de elegir el sendero justo. ¿Qué significa esto? Esto significa saber «viajar» en la vida, y no «vagar» sin rumbo. Nuestra vida tiene una dirección; tiene un fin que nos ha dado Dios. Él nos guía, orientándonos con su gracia. Es como si hubiese colocado dentro de nosotros un software, que nos ayuda a discernir su programa divino y a responderle con libertad. Pero, como todo software, necesita también ser actualizado constantemente. Tened actualizado vuestro programa, escuchando al Señor y aceptando el desafío de hacer su voluntad.
Anthony, te has referido a este desafío en tu testimonio cuando has dicho que sois hombres y mujeres que estáis «creciendo en un mundo frágil que exige sabiduría». Has usado la palabra «sabiduría» y, haciéndolo, nos has proporcionado la clave. Cuando se pasa de «viajar» a «vagar sin rumbo», toda la sabiduría se pierde. Lo único que nos orienta y nos hace ir hacia adelante en el sendero justo es la sabiduría, la sabiduría que nace de la fe. No es la falsa sabiduría de este mundo. Es la sabiduría que se vislumbra en los ojos de los padres y de los abuelos que han puesto su confianza en Dios. Como cristianos, podemos ver en sus ojos la luz de la presencia de Dios, la luz que han descubierto en Jesús, que es la misma sabiduría de Dios (cf. 1 Co 1,24). Para recibir esta sabiduría debemos mirar el mundo, nuestra situación, nuestros problemas, todo, con los ojos de Dios. Nosotros recibimos esta sabiduría cuando comenzamos a ver las cosas con los ojos de Dios, a escuchar a los demás con los oídos de Dios, a amar con el corazón de Dios y a valorar las cosas con los valores de Dios.
Esta sabiduría nos ayuda a reconocer y a rechazar las falsas promesas de felicidad. Una cultura que hace falsas promesas no puede liberar, sólo conduce a un egoísmo que nos llena el corazón de oscuridad y amargura. La sabiduría de Dios, en cambio, nos ayuda a saber cómo acoger y aceptar a aquellos que actúan y piensan de manera diferente a la nuestra. Es triste cuando comenzamos a cerrarnos en nuestro pequeño mundo y nos replegamos sobre nosotros mismos. Entonces hacemos nuestro el principio de «o como digo yo o adiós» y quedamos atrapados, encerrados en nosotros mismos. Cuando un pueblo, una religión o una sociedad se convierten en un «pequeño mundo», pierden lo mejor que tienen y caen en una mentalidad presuntuosa, la del «yo soy bueno, tú eres malo». Upasana, tú has evidenciado las consecuencias de este modo de pensar, cuando has dicho: «Perdemos la dirección y nos perdemos a nosotros mismos» y «la vida se nos vuelve absurda». La sabiduría de Dios nos abre a los demás. Nos ayuda a mirar más allá de nuestras comodidades personales y de las falsas seguridades que nos convierten en ciegos frente a los grandes ideales que hacen la vida más bella y digna de ser vivida.
Me alegra que junto a nosotros los católicos, estén muchos jóvenes amigos musulmanes y de otras religiones. Al encontraros juntos hoy aquí mostráis vuestra determinación de promover un clima de armonía, donde se tiende la mano a los otros, a pesar de vuestras diferencias religiosas. Esto me recuerda una experiencia que tuve en Buenos Aires, en una parroquia nueva situada en una zona sumamente pobre. Un grupo de estudiantes estaba construyendo algunos locales para la parroquia y el sacerdote me había invitado a ir a encontrarme con ellos. Entonces fui y cuando llegué a la parroquia el sacerdote me los presentó uno a uno, diciendo: «Este es el arquitecto –es judío–, este es comunista, este es católico practicante» (Saludo a los jóvenes del Centro cultural P. F. Varela, La Habana, 20 septiembre 2015). Esos estudiantes eran todos distintos, pero todos estaban trabajando por el bien común. Estaban abiertos a la amistad social y determinados a decir «no» a todo lo que hubiera podido desviarlos del propósito de estar juntos y de ayudarse los unos a los otros.
La sabiduría de Dios nos ayuda también a mirar más allá de nosotros mismos para contemplar la bondad de nuestro patrimonio cultural. Vuestra cultura os enseña a respetar a los ancianos. Como he dicho antes, los ancianos nos ayudan a apreciar la continuidad de las generaciones. Llevan consigo la memoria y la sabiduría experiencial, que nos ayuda a evitar repetir los errores del pasado. Los ancianos tienen «el carisma de colmar las distancias», en cuanto aseguran que los valores más importantes se transmitan a los hijos y a los nietos. A través de sus palabras, su amor, su afecto, su presencia, comprendemos que la historia no ha iniciado con nosotros, sino que somos parte de un antiguo «viajar» y que la realidad es más grande que nosotros mismos. Hablad con vuestros padres y abuelos, ¡no os paséis todo el día con el teléfono, ignorando el mundo que os rodea!
Upasana y Anthony, habéis terminado vuestros testimonios con palabras de esperanza. La sabiduría de Dios refuerza en nosotros la esperanza y nos ayuda a afrontar el futuro con valentía. Nosotros, cristianos, hallamos esta esperanza en el encuentro personal con Jesús en la oración y en los sacramentos, y en el encuentro concreto con él en los pobres, los enfermos, los que sufren y los abandonados. En Jesús descubrimos la solidaridad de Dios, que camina constantemente a nuestro lado.
Queridos jóvenes, queridos amigos, mirando vuestros rostros me lleno de alegría y de esperanza; alegría y esperanza por vosotros, por vuestro país, por la Iglesia y por vuestras comunidades. Que la sabiduría de Dios siga inspirando vuestro esfuerzo por crecer en el amor, en la fraternidad y en la bondad. Al dejar hoy vuestro país, os aseguro mi oración para que todos podáis continuar creciendo en el amor a Dios y al prójimo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí.
¡Dios bendiga a Bangladesh! [Isshór Bangladeshké ashirbád korún!]

02 diciembre 2017

“Pastoral Vocacional y la Vida Consagrada. Horizontes y esperanzas”

Mensaje del Papa a los participantes en el Congreso 


Queridos hermanos y hermanas:
Saludo a los participantes en este Congreso Internacional promovido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica sobre «Pastoral Vocacional y la Vida Consagrada. Horizontes y esperanzas». Agradezco a dicha Congregación la iniciativa de este evento que quiere ser la aportación de dicho Dicasterio al próximo Sínodo de los Obispos que se ocupará del tema: «Los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Y mientras, a través de este mensaje, saludo a todos los que habéis llegado a Roma para participar en este encuentro, os aseguro también mi oración al Dueño de la mies para que este Congreso ayude a todos los consagrados a dar una respuesta generosa a su propia vocación y, al mismo tiempo, ayude a todos ellos a intensificar la pastoral vocacional entre las familias y jóvenes para que, quienes son llamados al seguimiento de Cristo en la vida consagrada o en otras vocaciones dentro del Pueblo de Dios, puedan encontrar lo cauces adecuados para acoger esa llamada y responder con generosidad a ella.
Ante todo quiero manifestaros algunas convicciones sobre la pastoral vocacional. Y la primera es ésta: Hablar de pastoral vocacional es afirmar que toda acción pastoral de la Iglesia está orientada, por su propia naturaleza, al discernimiento vocacional, en cuanto su objetivo último es ayudar al creyente a descubrir el camino concreto para realizar el proyecto de vida al que Dios lo llama.
El servicio vocacional ha de ser visto como el alma de toda la evangelización y de toda la pastoral de la Iglesia. Fiel a este principio no dudo en afirmar que la pastoral vocacional no se puede reducir a actividades cerradas en sí mismas. Esto podría convertirse en proselitismo, y podría llevar también a caer en «la tentación de un fácil y precipitado reclutamiento» (Juan Pablo II, Exhort. ap. Vita consecrata, 64). La pastoral vocacional, en cambio, ha de colocarse en estrecha relación con la evangelización, la educación en la fe, de forma que la pastoral vocacional sea un verdadero itinerario de fe y lleve al encuentro personal con Cristo, y con la pastoral ordinaria, en especial con la pastoral de la familia, de tal modo que los padres asuman, con gozo y responsabilidad, su misión de ser los primeros animadores vocacionales de sus hijos, liberándose ellos mismos y liberando a sus hijos del bloqueo dentro de perspectivas egoístas, de cálculo o de poder, que muchas veces se dan en el seno de las familias, aun aquellas que son practicantes.
Esto comporta cimentar la propuesta vocacional, también la propuesta vocacional a la vida consagrada, en una sólida eclesiología y en una adecuada teología de la vida consagrada, que proponga y valorice convenientemente todas las vocaciones dentro del Pueblo de Dios.
Una segunda convicción es que la pastoral vocacional tiene su «humus» más adecuado en la pastoral juvenil. Pastoral juvenil y pastoral vocacional han de ir de la mano. La pastoral vocacional se apoya, surge y se desarrolla en la pastoral juvenil. Por su parte, la pastoral juvenil, para ser dinámica, completa, eficaz y verdaderamente formativa ha de estar abierta a la dimensión vocacional. Esto significa que la dimensión vocacional de la pastoral juvenil no es algo que se debe plantear solamente al final de todo el proceso o a un grupo particularmente sensible a una llamada vocacional específica, sino que ha de plantearse constantemente a lo largo de todo el proceso de evangelización y de educación en la fe de los adolescentes y de los jóvenes.
Una tercera convicción es que la oración ha de ocupar un lugar muy importante en la pastoral vocacional. Lo dice claramente el Señor: «Orad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38). La oración constituye el primer e insustituible servicio que podemos ofrecer a la causa de las vocaciones. Puesto que la vocación es siempre un don de Dios, la llamada vocacional y la respuesta a dicha vocación solo puede resonar y hacerse sentir en la oración, sin que ello sea entendido como un fácil recurso para desentendernos de trabajar en la evangelización de los jóvenes para que se abran a la llamada del Señor. Orar por las vocaciones supone, en primer lugar, orar y trabajar por la fidelidad a la propia vocación; crear ambientes donde sea posible escuchar la llamada del Señor; ponernos en camino para anunciar el «evangelio de la vocación», promoverlas y provocarlas. Quien ora de verdad por las vocaciones, trabaja incansablemente por crear una cultura vocacional.
Estas convicciones me llevan a plantearos ahora algunos desafíos que considero importantes. Un primer desafío es el de la confianza. Confianza en los jóvenes y confianza en el Señor. Confianza en los jóvenes, pues hay muchos jóvenes que, aun perteneciendo a la generación «selfie» o a esta cultura que más que «fluida» parece ya «gaseada», buscan pleno sentido a sus vidas, aun cuando no siempre lo busquen en donde lo pueden encontrar. Es aquí donde los consagrados tenemos un papel importante: permanecer despiertos para despertar a los jóvenes, estar centrados en el Señor para poder ayudar al joven a que se centre en él. Muchas veces los jóvenes esperan de nosotros un anuncio explícito del «evangelio de la vocación», una propuesta valiente, evangélicamente exigente y a la vez profundamente humana, sin rebajas y sin rigideces. Por otra parte, confianza en el Señor, seguros que él sigue suscitando en el Pueblo de Dios diversas vocaciones para el servicio del Reino. Hay que vencer la fácil tentación que nos lleve a pensar que en algunos ambientes ya no es posible suscitar vocaciones. Para Dios «nada hay imposible» (Lc 1,37). Cada tramo de la historia es tiempo de Dios, también el nuestro, pues su Espíritu sopla donde quiere, como quiere y cuando quiere (cf. Jn 3, 8). Cualquier estación puede ser un «kairós» para recoger la cosecha (cf. Jn 4, 35-38).
Otro desafío importante es la lucidez. Es necesario tener una mirada aguda y, al mismo tiempo, una mirada de fe sobre el mundo y en particular sobre el mundo de los jóvenes. Es esencial conocer bien nuestra sociedad y la actual generación de los jóvenes de tal modo que, buscando los medios oportunos para anunciarles la Buena Nueva, podamos anunciarles también el «evangelio de la vocación». De lo contrario estaríamos dando respuestas a preguntas que nadie se hace.
Un último desafío que quisiera señalar es la convicción. Para proponer hoy a un joven el «ven y sígueme» (Jn 1, 39) se requiere audacia evangélica; la convicción de que el seguimiento de Cristo, también en la vida consagrada, merece la pena, y que la entrega total de uno mismo a la causa del Evangelio es algo hermoso y bello que puede dar sentido a toda una vida. Solo así la pastoral vocacional será narración de lo que uno vive y de lo que llena de sentido la propia vida. Y solo así la pastoral vocacional será una propuesta convincente. El joven, como todos nuestros contemporáneos, ya no cree tanto a los maestros, sino que quiere ver testigos de Cristo (cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 41).
Si deseamos que una propuesta vocacional al seguimiento de Cristo toque el corazón de los jóvenes y se sientan atraídos por Cristo y por la sequela Christi propia de la vida consagrada, la pastoral vocacional ha de ser:
Diferenciada, de tal modo que responda a las preguntas que cada joven se plantea, y que ofrezca a cada uno de ellos lo necesario para colmar con abundancia sus deseos de búsqueda (cf. Jn 10, 10). No se puede olvidar que el Señor llama a cada uno por su nombre, con su historia y a cada uno le ofrece y le pide un camino personal e intransferible en su respuesta vocacional.
Narrativa. El joven quiere ver «narrado» en la vida concreta de un consagrado el modelo a seguir: Jesucristo. La pastoral de «contagio», del «ven y verás» es la única pastoral vocacional verdaderamente evangélica, sin sabor a proselitismo. «Los jóvenes sienten la necesidad de figuras de referencia cercanas, creíbles, coherentes y honestas, así como de lugares y ocasiones en los que poner a prueba la capacidad de relación con los demás» (Sínodo de los Obispos, XV Asamblea general ordinaria, Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Documento preparatorio, 2017, 2). Solo una propuesta de fe y vocacional encarnadas, tiene posibilidad de entrar en la vida de un joven que lo contrario.
Eclesial. Una propuesta de fe o vocacional a los jóvenes tiene que hacerse dentro del marco eclesial del Vaticano II. Este es la «brújula para la Iglesia del siglo XXI» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 43) y para la vida consagrada de nuestros días. Este marco eclesial pide a los jóvenes un compromiso y una participación en la vida de la Iglesia, como actores y no como simples espectadores. También deben sentirse partícipes de la vida consagrada: sus actividades, su espiritualidad, su carisma su vida fraterna, su forma de vivir el seguimiento de Cristo.
Evangélica y como tal comprometida y responsable. La propuesta de fe, como la propuesta vocacional a la vida consagrada, han de partir del centro de toda pastoral: Jesucristo, tal como nos viene presentado en el Evangelio. No vale evadirse, ni valen huidas intimistas o compromisos meramente sociales. Lejos de la pastoral vocacional la «pastoral show» o la «pastoral pasatiempos». Al joven hay que ponerlo ante las exigencias del Evangelio. «El Evangelio es exigente y requiere ser vivido con radicalidad y sinceridad» (Carta a todos los consagrados, 21 noviembre 2014, I,2). Al joven hay que ponerle en una situación en la que acepte responsablemente las consecuencias de la propia fe y del seguimiento de Cristo. En este tipo de pastoral no se trata de reclutar agentes sociales, sino verdaderos discípulos de Jesús con el mandamiento nuevo del Señor como consigna y con el código de las bienaventuranzas como estilo de vida.
Acompañada. Una cosa es clara en la pastoral juvenil: Es necesario acompañar a los jóvenes, caminar con ellos, escucharles, provocarles, moverles para que vayan más allá de las comodidades en las que descansan, despertar el deseo, interpretarles lo que están viviendo, llevarles a Jesús y siempre favoreciendo la libertad para que respondan a la llamada del Señor libre y responsablemente (cf. Sínodo de los Obispos, XV Asamblea general ordinaria, Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Documento preparatorio, 2017, III, 1). Es necesario crear ambiente de confianza, hacer sentir a los jóvenes que son amados como son y por lo que son. El texto de los discípulos de Emaús puede ser un buen ejemplo de acompañamiento (cf. Lc 24,13-35). La relación personal con los jóvenes de parte de los consagrados es insustituible.
Perseverante. Con los jóvenes hay que ser perseverantes, sembrar y esperar pacientemente que la semilla crezca y un día pueda dar su fruto. La misión del agente de pastoral juvenil tiene que ser bien consciente que su labor es la de sembrar, otro hará crecer y otros recogerán los frutos.
Juvenil. No podemos tratar a los jóvenes como si no fueran tales. Nuestra pastoral juvenil debe estar marcada por las siguientes notas: dinámica, participativa, alegre, esperanzada, arriesgada, confiada. Y siempre llena de Dios, que es lo que más necesita un joven para llenar sus justos anhelos de plenitud; llena de Jesús que es el único camino que ellos han de recorrer, la única verdad a la que ellos son llamados a adherirse, la única vida por la que merece la pena entregarlo todo (cf. Jn 1,35ss).
Queridos participantes en este Congreso: Dos cosas me parecen ciertas en el tema de la pastoral vocacional y vida consagrada. La primera es que no hay respuestas mágicas y la segunda es que a la vida consagrada, como del resto a toda la Iglesia, se le está pidiendo una verdadera «conversión pastoral», no solo de lenguaje, sino también de estilo de vida, si quiere conectar con los jóvenes y proponerles un camino de fe y hacerles una propuesta vocacional.
Qué nadie os robe la alegría de seguir a Jesucristo y la valentía de proponerlo a los demás como camino, verdad y vida (Jn 14,6) ¡Rompamos nuestros miedos! Es el momento para que los jóvenes sueñen y los ancianos profeticen (Jl 2,28). ¡Levantémonos ya! «Manos a la obra» (Esd 10,4). Los jóvenes nos esperan. ¡Es hora de caminar!
Vaticano, 25 de noviembre de 2017
FRANCISCO

“La vocación se cuida con ternura humana”

El Papa a los religiosos, seminaristas y sacerdotes

01 diciembre 2017

Apertura de corazón: “camino hacia la bondad, la justicia y la solidaridad”

Discurso del Papa a los líderes religiosos 


Distinguidos invitados, queridos amigos:
Este encuentro, que reúne a los representantes de las diversas comunidades religiosas de este país, constituye un momento muy significativo de mi visita a Bangladesh. Nos hemos reunido para profundizar nuestra amistad y para expresar el deseo unánime del don de una paz genuina y duradera.
Mi agradecimiento al Cardenal D’Rozario por sus gentiles palabras de bienvenida y a cuantos me han acogido con afecto en nombre de las comunidades musulmanas, hindúes y budistas, y también de las autoridades civiles. Agradezco la presencia del Obispo anglicano de Dhaka, de las diversas comunidades cristianas y de todos los que han contribuido para hacer posible esta reunión.
Las palabras que hemos escuchado, y también los cantos y las danzas que han animado nuestra asamblea, nos han hablado de modo elocuente del deseo de armonía, fraternidad y paz encarnado en las enseñanzas de las religiones del mundo. Que nuestro encuentro de esta tarde pueda ser un signo claro del esfuerzo de los líderes y de los seguidores de las religiones presentes en este país por vivir juntos con respeto recíproco y buena voluntad. Que este compromiso, aquí en Bangladesh, donde el derecho a la libertad religiosa es un principio fundamental, sea una llamada de atención respetuosa pero firme hacia quien busque fomentar la división, el odio y la violencia en nombre de la religión.
Es un signo particularmente reconfortante de nuestros tiempos que los creyentes y las personas de buena voluntad se sientan cada vez más llamados a cooperar en la formación de una cultura del encuentro, del diálogo y de la colaboración al servicio de la familia humana. Esto requiere más que una simple tolerancia. Nos estimula a tender la mano al otro en actitud de comprensión y confianza recíproca, para construir una unidad que considere la diversidad no como amenaza, sino como fuente de enriquecimiento y crecimiento. Nos exhorta a tener apertura de corazón, para ver en los otros un camino, no un obstáculo.
Permitidme explorar brevemente algunas características esenciales de esta «apertura del corazón», que es la condición para una cultura del encuentro.
En primer lugar, es una puerta. No es una teoría abstracta, sino una experiencia vivida. Nos permite entablar un diálogo de vida, no un simple intercambio de ideas. Requiere buena voluntad y capacidad de acogida, pero no debe ser confundida con la indiferencia o la reticencia al expresar nuestras convicciones más profundas. Implicarse fructuosamente con el otro significa compartir nuestra identidad religiosa y cultural, pero siempre con humildad, honestidad y respeto.
La apertura del corazón es también similar a una escalera que se eleva hacia el Absoluto. Recordando esta dimensión trascendente de nuestra actividad, nos damos cuenta de la necesidad de purificar nuestros corazones, para poder ver las cosas en su justa perspectiva. A cada paso nuestra visión se hará más clara y recibiremos la fuerza para perseverar en el compromiso de comprender y valorizar a los demás, con sus puntos de vista. De este modo, encontraremos la sabiduría y la fuerza necesarias para tender a todos una mano amiga.
La apertura del corazón es además un camino que conduce a la búsqueda de la bondad, la justicia y la solidaridad. Nos impulsa a buscar el bien de nuestros vecinos. En su carta a los cristianos de Roma, san Pablo exhorta: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12,21). Este es un sentimiento que todos nosotros podemos imitar. La solicitud religiosa por el bien de nuestro prójimo, que emana de un corazón abierto, corre como un gran río, irrigando las tierras áridas y desiertas del odio, la corrupción, la pobreza y la violencia, que dañan las vidas humanas, dividen a las familias y desfiguran el don de la creación.
Las diversas comunidades religiosas de Bangladesh han abrazado este camino mediante el compromiso por el cuidado de la tierra, nuestra casa común, y la respuesta a los desastres naturales que han asolado la nación en los últimos años. Pienso también en la manifestación común de dolor, oración y solidaridad que ha acompañado el trágico derrumbe del Rana Plaza, que sigue impreso en la mente de todos. En estas diversas expresiones vemos cómo el camino de la bondad conduce a la cooperación para servir a los demás.
Un espíritu de apertura, aceptación y cooperación entre los creyentes no contribuye simplemente a una cultura de armonía y paz, sino que es su corazón palpitante. ¡Cuánto necesita el mundo de este corazón que late con fuerza, para combatir el virus de la corrupción política, las ideologías religiosas destructivas, la tentación de cerrar los ojos a las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías perseguidas y de los más vulnerables! ¡Cuánta capacidad de apertura se necesita para acoger a las personas de nuestro mundo, especialmente a los jóvenes, que a veces se sienten solos y desconcertados en la búsqueda del sentido de la vida!
Queridos amigos, os agradezco los esfuerzos que realizáis para promover la cultura del encuentro, y os ruego que, demostrando el compromiso común de los seguidores de las religiones por discernir el bien y ponerlo en práctica, ayudemos a todos los creyentes a crecer en la sabiduría y en la santidad, y a cooperar para construir un mundo cada vez más humano, unido y pacífico.
Abro mi corazón a todos vosotros y os reitero mi agradecimiento por vuestra acogida. Recordémonos unos a otros en nuestras oraciones.

“Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor”

El Papa en la ordenación de 16 presbíteros bangladesíes

Queridos hermanos:
Ahora que estos hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia.
Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres.
Él mismo, enviado por el Padre, envió, a su vez, a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio están llamados al servicio del pueblo de Dios.
Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados al sacerdocio en el Orden de los presbíteros, para hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo.
Al configurarse con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirse al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación os convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor.
A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios.
Os corresponderá también la función de santificar en Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.
Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva.
Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios.
Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo.
Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, podáis conducirlos al Padre. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido.