08 marzo 2021

Una visión

Enrique García-Máiquez


Visualizo cosas mucho mejores sobre las que pasar una apisonadora que unas armas viejas

A Ignacio Jáuregui le agradezco, sobre todo, sus espléndidos libros de viajes, con una prosa tan transparente y visual que te ahorra tener que pegarte un viaje de aeropuertos y hoteles. Se puede recorrer el mundo muy bien de la mano de sus títulos desde casa. Y le agradezco otra cosa. Hace años discutía con dos partidarios del aborto y Jáuregui, que no compartía mi postura, hizo un alto en el fragor del debate para explicarle al otro interlocutor que yo consideraba que los fetos eran seres humanos talmente como él y yo. Y que entendiese, en consecuencia, el horror que me causaba la legalización del aborto, su promoción y la indiferencia casi general.

Aquello me conmovió por la empatía con quien defiende una tesis contraria, y porque ponía la cuestión en su sitio: ¿qué dice la genética que es el feto? De hecho, abortistas de postín como Peter Singer defienden que, puesto que, en efecto, no hay ningún salto ontológico, se pueda abortar después del nacimiento, que, para el caso, es lo mismo. No digo que Jáuregui me siguiese en eso, sino que entendía mi angustia y también la honda deslegitimación que yo considero que tiene cualquier sistema político que proclama el aborto un derecho. A mí aquella comprensión suya de entonces, que quizá él ha olvidado, me ha servido mucho, además, para examinarme y exigirme. ¿En mis posicionamientos pro-vida, estoy a la altura del convencimiento que él supo verme? ¿No pasan meses que no grito contra el aborto?

Para que no parezca que se enfría mi espanto, contaré una visión. Observando el ridículo acto de aplastamiento de las armas de Mari Castaña para escenificar una derrota de ETA que la asociación con Bildu niega, imaginé un Gobierno que organizase un acto similar con todos los bisturís, las tenazas, las jeringuillas de ácido y de soluciones salinas que se utilizan para abortar. Que causan (como sabe Jáuregui que yo sé) casi cien mil muertes al año, todos los años, sólo en España, sin que casi nadie mueva un dedo. Lo que ahora ha sido propaganda con las escopetillas de balines sería un acto mucho más significativo.

Además, lo que más repugna de este acto propagandístico del Gobierno, ese burdo trasladar la responsabilidad de los terroristas a unas armas viejas como chamanes supersticiosos, en el caso del aborto, tendría otro sentido. Ahí no interesa perseguir culpables, sino acabar ya con la sangría y aplastar sus instrumentos.


Enrique García-Máiquez, en diariodecadiz.es


Santa Misa en el Estadio Franso Hariri de Erbil

Homilía del Papa ayer en Irak


San Pablo nos ha recordado que «Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1 Co 1,24). Jesús reveló esta fuerza y esta sabiduría sobre todo con la misericordia y el perdón. No quiso hacerlo con demostraciones de fuerza o imponiendo su voz desde lo alto, ni con largos discursos o exhibiciones de una ciencia incomparable. Lo hizo dando su vida en la cruz. Reveló la sabiduría y la fuerza divina mostrándonos, hasta el final, la fidelidad del amor del Padre; la fidelidad del Dios de la Alianza, que hizo salir a su pueblo de la esclavitud y lo guio por el camino de la libertad (cf. Ex 20,1-2).

Qué fácil es caer en la trampa de pensar que debemos demostrar a los demás que somos fuertes, que somos sabios… En la trampa de fabricarnos falsas imágenes de Dios que nos den seguridad… (cf. Ex 20,4-5). En realidad, es lo contrario, todos necesitamos la fuerza y la sabiduría de Dios revelada por Jesús en la cruz. En el Calvario, Él ofreció al Padre las heridas por las cuales nosotros hemos sido curados (cf. 1 P 2,24). Aquí en Irak, cuántos de vuestros hermanos y hermanas, amigos y conciudadanos llevan las heridas de la guerra y de la violencia, heridas visibles e invisibles. La tentación es responder a estos y a otros hechos dolorosos con una fuerza humana, con una sabiduría humana. En cambio, Jesús nos muestra el camino de Dios, el que Él recorrió y en el que nos llama a seguirlo.

En el Evangelio que acabamos de escuchar (Jn 2,13-25), vemos que Jesús echó del Templo de Jerusalén a los cambistas y a todos aquellos que compraban y vendían. ¿Por qué Jesús hizo ese gesto tan fuerte, tan provocador? Lo hizo porque el Padre lo mandó a purificar el templo, no sólo el templo de piedra, sino sobre todo el de nuestro corazón. Como Jesús no toleró que la casa de su Padre se convirtiera en un mercado (cf. Jn 2,16), del mismo modo desea que nuestro corazón no sea un lugar de agitación, desorden y confusión. El corazón se limpia, se ordena, se purifica. ¿De qué? De las falsedades que lo ensucian, de la doblez de la hipocresía; todos las tenemos. Son enfermedades que lastiman el corazón, que enturbian la vida, la hacen doble. Necesitamos ser limpiados de nuestras falsas seguridades, que regatean la fe en Dios con cosas que pasan, con las conveniencias del momento. Necesitamos eliminar de nuestro corazón y de la Iglesia las nefastas sugestiones del poder y del dinero. Para limpiar el corazón necesitamos ensuciarnos las manos, sentirnos responsables y no quedarnos de brazos cruzados mientras el hermano y la hermana sufren. Pero, ¿cómo purificar el corazón? Solos no somos capaces, necesitamos a Jesús. Él tiene el poder de vencer nuestros males, de curar nuestras enfermedades, de restaurar el templo de nuestro corazón.

Para confirmar esto, como signo de su autoridad dice: «Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo» (v. 19). Jesucristo, sólo Él, puede purificarnos de las obras del mal, Él que murió y resucitó, Él que es el Señor. Queridos hermanos y hermanas: Dios no nos deja morir en nuestro pecado. Incluso cuando le damos la espalda, no nos abandona a nuestra propia suerte. Nos busca, nos sigue, para llamarnos al arrepentimiento y para purificarnos. «Juro por mi vida —oráculo del Señor Dios— que no me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su mala conducta y viva» (33,11). El Señor quiere que nos salvemos y que seamos templos vivos de su amor, en la fraternidad, en el servicio y en la misericordia.

Jesús no sólo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace partícipes de su misma fuerza y sabiduría. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y solícitas hacia nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentación de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin. Con la fuerza del Espíritu Santo nos envía, no a hacer proselitismo, sino como sus discípulos misioneros, hombres y mujeres llamados a testimoniar que el Evangelio tiene el poder de cambiar la vida. El Resucitado nos hace instrumentos de la paz de Dios y de su misericordia, artesanos pacientes y valientes de un nuevo orden social. Así, por la potencia de Cristo y de su Espíritu, sucede lo que profetizó el apóstol Pablo a los Corintios: «Lo que parece locura en Dios es más sabio que todo lo humano, y lo que parece debilidad en Dios es más fuerte que todo lo humano» (1 Co 1,25). Comunidades cristianas formadas por gente humilde y sencilla se convierten en signo del Reino que llega, Reino de amor, de justicia y de paz.

«Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo» (Jn 2,19). Hablaba del templo de su cuerpo y, por tanto, también de su Iglesia. El Señor nos promete que, con la fuerza de su Resurrección, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la división y el odio. Es la promesa que celebramos en esta Eucaristía. Con los ojos de la fe, reconocemos la presencia del Señor crucificado y resucitado en medio de nosotros, aprendemos a acoger su sabiduría liberadora, a descansar en sus llagas y a encontrar sanación y fuerza para servir a su Reino que viene a nuestro mundo. Por sus llagas hemos sido curados (cf. 1 P 2,24); en sus heridas, queridos hermanos y hermanas, encontramos el bálsamo de su amor misericordioso; porque Él, Buen Samaritano de la humanidad, desea ungir cada herida, curar cada recuerdo doloroso e inspirar un futuro de paz y de fraternidad en esta tierra.

La Iglesia en Irak, con la gracia de Dios, hizo y está haciendo mucho por anunciar esta maravillosa sabiduría de la cruz propagando la misericordia y el perdón de Cristo, especialmente a los más necesitados. También en medio de una gran pobreza y dificultad, muchos de ustedes han ofrecido generosamente una ayuda concreta y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Este es uno de los motivos que me han impulsado a venir como peregrino entre ustedes, a agradecerles y confirmarlos en la fe y en el testimonio. Hoy, puedo ver y sentir que la Iglesia de Irak está viva, que Cristo vive y actúa en este pueblo suyo, santo y fiel.

Queridos hermanos y hermanas: Los encomiendo a ustedes, a sus familias y a sus comunidades, a la materna protección de la Virgen María, que fue asociada a la pasión y a la muerte de su Hijo y participó en la alegría de su resurrección. Que Ella interceda por nosotros y nos lleve a Él, fuerza y sabiduría de Dios.


Saludo al final de la Santa Misa

Saludo con afecto a Su Santidad Mar Gewargis III, Catholicós-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, que reside en esta ciudad y que nos honra con su presencia. Gracias, gracias, querido hermano. Junto a él abrazo a los cristianos de las distintas confesiones, muchos de los cuales aquí han derramado su sangre sobre el mismo suelo. Pero nuestros mártires resplandecen juntos, estrellas en el mismo cielo. Desde allí arriba nos piden caminar juntos, sin vacilar, hacia la plenitud de la unidad.

Al final de esta Celebración, agradezco al arzobispo Mons. Bashar Matti Warda, como también a Mons. Nizar Semaan y mis otros hermanos obispos, que han trabajado tanto por este viaje. Les agradezco a todos ustedes que lo han preparado y acompañado con la oración y me han acogido con afecto. Saludo en particular al querido pueblo kurdo. Expreso mi profunda gratitud al Gobierno y a las autoridades civiles por su indispensable contribución; agradezco a todos los que, de diversas maneras, han colaborado en la organización de todo el viaje, las autoridades iraquíes —todas— y a los numerosos voluntarios. Gracias a todos.

En estos días vividos junto a ustedes, he escuchado voces de dolor y de angustia, pero también voces de esperanza y de consuelo. Y esto es mérito, en gran medida, de esa incansable obra de bien que ha sido posible gracias a las instituciones de cada confesión religiosa, gracias a sus Iglesias locales y a las distintas organizaciones caritativas, que asisten a la gente de este país en la obra de reconstrucción y recuperación social. De modo particular, agradezco a los miembros de la ROACO y a los organismos que ellos representan.

Ahora, se acerca el momento de regresar a Roma. Pero Irak permanecerá siempre conmigo, en mi corazón. Les pido a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, que trabajen juntos en unidad por un futuro de paz y prosperidad que no discrimine ni deje atrás a nadie. Les aseguro mi oración por este amado país. Rezo, de manera especial, para que los miembros de las distintas comunidades religiosas, junto con todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, cooperen para estrechar lazos de fraternidad y solidaridad al servicio del bien y de la paz. Salam, salam, salam. Shukrán! [Gracias] Que Dios bendiga a todos. Que Dios bendiga a Irak. Allah ma’akum! [Que Dios esté con ustedes].


Viaje apostólico a Irak: Ángelus

El Papa ayer en Qaraqosh


Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Agradezco al Señor la oportunidad de estar con ustedes esta mañana. He esperado con impaciencia este momento. Agradezco a Su Beatitud el Patriarca Ignace Youssif Younan su saludo, como también a la señora Doha Sabah Abdallah y al padre Ammar Yako por sus testimonios. Mirándolos, veo la diversidad cultural y religiosa de la gente de Qaraqosh, y esto muestra parte de la belleza que vuestra región ofrece al futuro. Vuestra presencia aquí recuerda que la belleza no es monocromática, sino que resplandece por la variedad y las diferencias.

Al mismo tiempo, con mucha tristeza, miramos a nuestro alrededor y percibimos otros signos, los signos del poder destructivo de la violencia, del odio y de la guerra. Cuántas cosas han sido destruidas. Y cuánto debe ser reconstruido. Nuestro encuentro demuestra que el terrorismo y la


07 marzo 2021

¿La ira puede ser buena?

 Juan Luis Selma


Se equivocan los que piensan que Jesús es blandengue, bonachón, capaz solo de aguantar

En una sociedad donde reina el sentimentalismo, lo dulzón, en la que uno de los principales valores es quedar bien, tener muchos like, no parece aconsejable airarse por nada. Si además partimos de que todo es relativo, no hay verdad y lo importante es obtener beneficios parece aconsejable la sonrisa tonta. Tener convicciones está mal visto, huele a intolerancia, a fundamentalismo.

Es cierto que debemos cuidar las formas, muchas veces he defendido la buena educación, la sonrisa, la paciencia y la misericordia. Pero la indignación es también muy humana. Sería triste mostrarse indiferentes o, incluso sonreír ante las injusticias: maltrato o abuso de menores, robo, discriminación… es natural que nos rebelemos ante el mal. San Pablo aconseja: “Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el sol no se ponga sobre vuestra ira”. Pero hay una ira o indignación buena: el enfado es natural y positivo siempre que sea moderado y proporcionado.

“Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y les dijo a los que vendían palomas: −Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado−. Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume”. Sorprende ver al más dulce de los hombres airado: al que ante las acusaciones injustas calla; al que perdona y justifica a sus verdugos que le clavan en la cruz. Jesús cede en todo lo suyo, pero no puede ser indiferente ante el mal y la mentira. Tampoco soporta la hipocresía. 

El Greco, en su cuadro de la Expulsión de los mercaderes del Templo, pinta al Señor con rostro sereno y lleno de mansedumbre, a los mercaderes paralizados, asombrados ante tanta majestad. No le importa el qué dirán, defiende con fortaleza la dignidad del Templo.  

No es bueno tener una conciencia anestesiada, ciega o indiferente. El día que todo nos dé lo mismo, que nos sea indiferente que mientan los hijos o que se maltrate a los débiles, ese día habremos dado un paso atrás como personas. No es solo cuestión de religión, es humanidad. Ante el mal el cuerpo reacciona sintiéndose incómodo, se pone en estado de alerta, espontáneamente quiere evitarlo.

Se equivocan los que piensan que Jesús es blandengue, bonachón, capaz solamente de aguantar. Pero también los que ven en el gesto de la expulsión de los mercaderes una actitud violenta. El látigo que trenza no lo usa contra ninguna persona, es un vaticinio, una profecía del que usarán contra Él. Ni siquiera tiró las jaulas de las palomas, mandó que se retiraran de allí. Como dice Martín Descalzo: “Era su rostro, era su fuerza interior y no un modesto látigo de cuerdas lo que imponía”. No podemos justificar la violencia para defender el bien partiendo de este suceso de la vida de Cristo. 

También los cristianos debemos oponer resistencia cuando se conculcan los derechos de Dios, de los hombres, de los débiles. Nos debe doler el ataque a la familia, a la dignidad de la persona humana, todo tipo de injusticia. De un modo muy especial los padres deben ser fuertes para velar por la educación de sus hijos, no pueden abdicar del derecho primario y natural que tienen sobre su buena educación, sobre su formación moral y religiosa. Y mucho menos podemos mirar hacia otro lado cuando se atenta contra la vida.

Estamos llamados a ser testigos, a ser protagonistas de una revolución pacífica −nunca violenta−, pero contundente a favor del bien y de la verdad. Siempre ha habido mártires, testigos de un mundo mejor. Dice el autor citado: “Hay, evidentemente, una −violencia del mártir− y es la única cristiana. El mártir grita con su sangre, protesta con su muerte, lucha con su dolor. El mártir usa la violencia de no doblegarse. Y, misteriosamente, es la única violencia que asusta a los violentos. Porque es una violencia que no tiene otra respuesta que la del torturador y la del asesino”.

Soy consciente de que son duras estas palabras. Pero no es menos duro contemplar a tantos infelices que, engañados, superficiales y anestesiados se cruzan a diario en nuestro camino. Un poco de sentimiento, de pasión no vendrían mal para despertar de nuestro dulce sueño. A mí me ayuda tener en la habitación una buena estampa del Santo Cristo de la Universidad con las marcas de los azotes y el Corazón traspasado, lo miro y despierto de la tentadora modorra.


Juan Luis Selma, en eldiadecordoba.es

06 marzo 2021

La purificación del Templo

Domingo de la 3° semana de Cuaresma (Ciclo B).


 

“¿Qué signo nos das para hacer esto? Destruid este Templo y en tres días lo levantaré”

En la purificación del Templo Jesús anticipa su cruz y su resurrección, inaugurando un nuevo culto que se realiza en la comunión con Él.


Evangelio (Jn 2,13-25)

Pronto iba a ser la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y les dijo a los que vendían palomas:

− Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado.

Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

Entonces los judíos replicaron:

− ¿Qué signo nos das para hacer esto?

Jesús respondió:

− Destruid este Templo y en tres días lo levantaré.

Los judíos contestaron:

− ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él se refería al Templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos, y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, porque conocía el interior de cada hombre.


Comentario

En el camino de la Cuaresma la liturgia de este III domingo nos propone contemplar la escena conocida como la purificación del Templo. Los otros evangelistas sitúan este acontecimiento en la última semana de Jesús en Jerusalén, cuando llevará a cabo la misión que había recibido del Padre, mientras que Juan lo sitúa al comienzo del ministerio público de Jesús probablemente con la idea de considerarlo un gesto programático.

Al echar del Templo a los vendedores y cambistas, Jesús recuerda las palabras proféticas de Zacarías: “Aquel día no habrá más traficantes en el Templo del Señor” (Zc 14,21). Los judíos, entendiendo que se trataba de un gesto simbólico, le piden un signo para comprobar que está actuando en nombre y con el poder de Dios, como un verdadero profeta.

Jesús ofrece un signo que ningún otro profeta podría haber dado: la cruz y la resurrección, “Destruid este Templo y en tres días lo levantaré”. El sentido de estas palabras, malinterpretadas por los judíos, será revelado solo en la resurrección de Jesús, cuando los discípulos “recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús”.

La cruz y la resurrección de Jesús abren a una nueva forma de adorar a Dios. El lugar del encuentro entre Dios y los hombres ya no será el Templo sino el cuerpo de Jesús resucitado y glorificado que reúne a todos en el Sacramento de su cuerpo y sangre.

Poco después, en el mismo evangelio de Juan, al samaritano Jesús lo explicará más claramente: “llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre (…). Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca” (Jn 4,21-23).

A este nuevo culto hace referencia san Pablo cuando llama a los cristianos “templo de Dios” (1Cor 3,16) y sobre todo cuando exhorta a ofrecer nuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios. Se trata del “culto espiritual” (Rm 12,1), un culto en el cual el hombre unido a Cristo llega a ser adoración, glorificación del Dios vivo.

Después de la purificación del Templo, el evangelista señala que muchos al ver los signos que realizaba creyeron en su nombre y, sin embargo, Jesús “no se fiaba de ellos, porque conocía el interior de cada hombre”.

A veces nuestra fe, como la de aquellos adversarios de Jesús, se funda más sobre los milagros que sobre el mismo Dios, se apoya más en nuestras seguridades que en la comunión con Cristo realizada en los sacramentos.

La purificación del Templo realizada por Jesús nos recuerda hoy la necesidad de purificar nuestra fe, de volver a fundar nuestra vida sobre este Dios que ha manifestado su potencia y su amor infinito en la cruz, fuente de nuestra salvación. Solo pasando por la cruz llegaremos a la gloria y la alegría de la resurrección.


 Fuente: opusdei.org


‘El trabajo de sonreír’

 Jaime Nubiola


Sonreír es reconocer al otro como persona: sonrío al bedel al entrar en el edificio en el que trabajo, pero no a la fotocopiadora que está en el pasillo

¡Cuánto apreciamos todos, la sonrisa amable de las personas y cuántas veces nos resistimos a sonreír! Resulta un tanto enigmático que gustándonos tanto a todos el que nos atiendan con una sonrisa seamos tan roñosos a veces para sonreír a quienes solicitan nuestra atención. Los medios de comunicación presentan de ordinario rostros violentos, airados o doloridos que nos conmueven, y cuando ponen ante nuestros ojos caras sonrientes tendemos a menudo a considerarlas falsas y forzadas −”de circunstancias”, decimos− porque pensamos que con su talante amable buscan el propio interés o simplemente la eficacia. De modo semejante, nos parece increíble que alguien pueda acogernos con una sonrisa afectuosa aun sin conocernos y, sin embargo, todos tenemos la maravillosa experiencia de aquella sonrisa a primera hora de la mañana que logró cambiar nuestro día.

Es una pena minusvalorar la sonrisa, pues es uno de los rasgos más típicos del ser humano. Ludwig Wittgenstein −para muchos el filósofo más profundo del siglo XX− anotaba incidentalmente en un oscuro pasaje de las Philosophical Investigations que “una boca sonriente sonríe sólo en un rostro humano”. Con estas palabras Wittgenstein afirma que para sonreír hace falta un rostro humano que otorgue significado a la sonrisa, pero quizá sugiere también que un rostro es plenamente humano cuando sonríe. Ya los escolásticos medievales advirtieron que la capacidad de sonreír era un accidente propio de los seres humanos, era una propiedad derivada necesariamente de su esencia. Omnis homo risibilis est, decían; todo hombre es capaz de reír. Tomarse el trabajo de sonreír es un modo aparentemente sencillo en el que cada uno puede hacer un poco más humano este mundo nuestro y hacer así también más humana su propia vida.

Para entender esto un poco mejor viene bien recordar la ontogenia de la sonrisa, su manera originaria de desarrollarse en el niño. Según dicen los expertos en desarrollo infantil, el reflejo espontáneo en el arco bucal del bebé satisfecho induce a la madre a pensar que su hijo le está sonriendo. La madre, emocionada al descubrir aquella aparente sonrisa de su bebé, le premia con achuchones afectuosos. El niño, entusiasmado a su vez ante esas oleadas de ternura efusiva, le corresponde imitando la expresión del rostro materno con una sonrisa cada vez más franca y abierta. Este singular proceso educativo muestra que la sonrisa no es un mero reflejo espontáneo del placer, sino que, sobre todo, es una valiosa conducta comunicativa.

Esta semana pasó a visitarme una doctoranda con su hija Carmen de poco más de un año. Le dimos a la niña un juguete sencillo para que se entretuviera mientras su madre y yo hablábamos de filosofía. En un momento de la conversación en el que nos reíamos abiertamente de una broma filosófica, Carmen se unió entusiasmada a nuestra risa como si hubiera entendido algo. Con aquella risa espontánea nos dio una verdadera lección de filosofía: reír juntos, sonreírnos unos a otros, crea unos formidables espacios de comunicación.

Sonreír es reconocer al otro como persona: sonrío al bedel al entrar en el edificio en el que trabajo, pero no a la fotocopiadora que está en el pasillo. Hay personas a las que la sonrisa parece serles natural. Me viene a la memoria aquella sonrisa maravillosa de Juan Pablo I que en los breves días de su pontificado llenó de esperanza al mundo. Pero puede leerse en el libro suyo Ilustrísimos Señores, escrito unos pocos años antes: “Desgraciadamente sólo puedo vivir y repartir amor en la calderilla de la vida cotidiana. Jamás he tenido que salir huyendo de alguien que quisiera matarme. Pero sí existe quien pone el televisor demasiado alto, quien hace ruido o simplemente es un maleducado. En cualquiera de esos casos es preciso comprenderlo, mantener la calma y sonreír. En ello consistirá el verdadero amor sin retórica”. Todo hace pensar que aquella sonrisa que tan natural parecía era fruto de un prolongado esfuerzo de muchos años.

Algo parecido me contaba un colega de su experiencia: “Hay temporadas, días, en que es una heroicidad sonreír por lo menos para mí: días en los que no has dormido, en los que no te encuentras física o psicológicamente bien, que tienes preocupaciones u otras ocupaciones en la cabeza que te impiden ponerla en las personas que tienes a tu lado. Si te lo propones consigues dar el pego: “tú siempre tan sonriente, qué bien te va la vida” te dicen. ¡Y cada sonrisa te cuesta un mundo!”.

La sonrisa es siempre muy agradecida. Como la madre con el bebé lactante, quien sonríe cosecha muchas veces la sonrisa y el afecto de los demás. Es muy conocida aquella afirmación de William James, uno de los fundadores de la psicología contemporánea, de que no lloramos porque estamos tristes, sino que estamos tristes porque lloramos. Me parece que algo semejante puede decirse de la sonrisa. De hecho, cuando me encuentro con personas que sufren por su aislamiento, por sus dificultades de comunicación con los demás, suelo invitarles a que se empeñen en sonreír a quienes tienen a su alrededor porque −les digo− no sonreímos porque estamos contentos, sino que más bien estamos contentos porque sonreímos. No importa que en un primer momento la sonrisa sea forzada o parezca artificiosa, pues con su repetida práctica va calando por dentro hasta que alegra el corazón.

Hay quienes piensan que la guerra es el motor de la historia humana, que el conflicto y la confrontación son el motor del progreso social y científico. Lo que Benedicto XVI viene a recordarnos con su encíclica es precisamente que el motor de la historia −si es que la historia tiene motor− es el amor, el diálogo y la comunicación entre las personas y los pueblos. Lo que nos enseña es que cambiaremos el mundo a base de cariño. En este sentido, ponerse a sonreír es comenzar a cambiar el mundo, porque significa poner el amor −y no el egoísmo o el propio interés− en el centro de la vida humana. Por eso para comenzar a cambiar el mundo merece la pena tomarse en serio el trabajo de sonreír.


Jaime Nubiola, en interrogantes.net


05 marzo 2021

Valiente y peligroso viaje del Papa a Irak

 Fuente: elmundo.es


Francisco comienza hoy el que probablemente sea el viaje de mayor peligro que ha realizado nunca un pontífice

Su visita a Irak es un gesto de extraordinaria valentía con el que pretende, sobre todo, insuflar algo de esperanza y trasladar su apoyo a la población cristiana en la región del mundo donde mayor persecución sufre en las últimas décadas.

Cuenta este país árabe con algunas de las comunidades seguidoras de ritos cristianos más antiguas del planeta. A principios de este milenio, sumaban un millón y medio de fieles el 6% de la población total iraquí-. Pero el asedio sufrido primero por Al Qaeda y después por el Estado Islámico, incluidas atroces matanzas, ha hecho que hoy apenas permanezcan en esta nación, cuna de la humanidad, una quinta parte de esos cristianos.

El Papa trata de frenar este éxodo cristiano que, de forma dramática, se ha acelerado en todo Oriente Próximo, tanto por la devastación que está causando el terrorismo de naturaleza islamista como porque en algunos países son sus propios regímenes los que impulsan o toleran una verdadera limpieza étnica y religiosa.

Ha dejado claro el Vaticano, eso sí, que este viaje persigue también profundizar en el diálogo interreligioso, instrumento defendido por el Papa justamente para tratar de acabar con el fanatismo islamista que alimenta la barbarie del terror. Se han programado varios actos en este sentido a lo largo del viaje de tres días que habrá de llevar a Francisco a Bagdad y a diferentes lugares en el norte y el sur del país, aunque el programa podría sufrir modificaciones tanto por las restricciones de la pandemia como por las alertas que tienen en vilo a los servicios de seguridad.

Las protestas en Irak no han cesado desde que se anunció el viaje apostólico. Y los choques entre milicias chiíes y las tropas locales e internacionales que tratan de mantener la estabilidad en un país que se libró del yugo del Estado Islámico en 2017 se han incrementado, lo que confirma lo sumamente arriesgada que es esta visita.



Viaje apostólico del Papa a Irak

 Fuente: vatican.va / romereports.com


El Santo Padre inicia un nuevo Viaje Apostólico Internacional a Irak (5-8 marzo 2021)

Durante la estancia del Papa en Irak, iremos actualizando esta agenda con los discursos, homilías, etc., que el Santo Padre dirija, así como vídeos de los actos más significativos.

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El viaje apostólico a Irak, tierra de fe milenaria ligada a la memoria de Abraham, profeta de cristianos, musulmanes y judíos, bañada mil veces en sangre y dolor, ha sido deseado fervientemente por el Papa.

Artículo relacionado: El Papa a Irak: “Vengo a tu tierra como peregrino de la esperanza”
El Papa prepara su inminente viaje a Irak llamando a dejarse contagiar por la esperanza y a fortalecer la fraternidad “para construir juntos un futuro de paz”.

Video: Una tierra con valor

Video: Ayudar a los cristianos a reconciliarse

Video: Cómo será el día a día del Papa en Irak

Texto en español del videomensaje del Santo Padre

Video: Por qué es importante el encuentro entre Francisco y gran ayatolá Al Sistani

Video: El Papa visitará catedral en la que al Qaeda provocó la muerte de más de 50 personas

Video: Las 5 claves para seguir el viaje de Francisco a Irak

Transmisiones en directo del Centro Televisivo Vaticano

Galería fotográfica


Agenda

Viernes, 5 de marzo de 2021

Roma - Bagdad

07,30 - Salida en avión desde del aeropuerto de Roma/Fiumicino con destino a Bagdad

Video: Francisco sale de Roma rumbo a Irak

14,00 - Llegada al aeropuerto internacional de Bagdad

14,00 - Recibimiento oficial en el aeropuerto internacional de Bagdad

14,10 - Encuentro con el Primer Ministro en la Sala VIP del aeropuerto internacional de Bagdad

15,00 - Ceremonia oficial de bienvenida en el Palacio presidencial de Bagdad

15,15 - Visita de cortesía al Presidente de la República en el estudio privado del Palacio presidencial de Bagdad

15,45 - Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en el salón del Palacio presidencial de Bagdad. Discurso del Santo Padre

16,40 - Encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosios/as, seminaristas y catequistas en la Catedral siro-católica de “Nuestra Señora de la Liberación” de Bagdad. Discurso del Santo Padre

Sábado, 6 de marzo de 2021

Bagdad - Nayaf - Ur – Bagdad

07,45 - Salida en avión hacia Nayaf

08,30 - Llegada al aeropuerto de Nayaf

09,00 - Visita de cortesía al Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husein Al-Sistani, en Nayaf

10,00 - Salida en avión hacia Nasiriya

10,50 - Llegada al aeropuerto de Nasiriya

11,10 - Encuentro interreligioso en la llanura de Ur. Discurso del Santo Padre

12,30 - Salida en avión hacia Bagdad

13,20 - Llegada al aeropuerto internacional de Bagdad

18,00 - Santa Misa en la Catedral caldea de “San José”, Bagdad. Homilía del Santo Padre

Domingo, 7 de marzo de 2021

Bagdad - Erbil - Mosul - Qaraqosh - Erbil - Bagdad

07,15 - Salida en avión hacia Erbil

08,20 - Llegada al aeropuerto de Erbil

08,20 - Bienvenida del Presidente de la Región Autónoma del Kurdistán y de las autoridades religiosas y civiles de la Región en el aeropuerto de Erbil

08,30 - Encuentro con el Presidente y el Primer Ministro de la Región Autónoma en el Salón presidencial VIP del aeropuerto de Erbil

09,00 - Salida en helicóptero hacia Mosul

09,35 - Llegada al campo de aterrizaje de Mosul

10,00 - Oración de sufragio por las víctimas de la guerra en Hosh al-Bieaa (Plaza de la Iglesia) de Mosul. Oración del Santo Padre

10,55 - Salida en helicóptero hacia Qaraqosh

11,10 - Llegada al campo de aterrizaje de Qaraqosh

11,30 - Visita a la comunidad de Qaraqosh en la iglesia de “La Inmaculada Concepción” de Qaraqosh. Discurso del Santo Padre / Ángelus

12,15 - Traslado a Erbil

16,00 - Santa Misa en el estadio “Franso Hariri” de Erbil. Homilía del Santo Padre

18,10 - Salida en avión hacia Bagdad

19,15 - Llegada al aeropuerto internacional de Bagdad

Lunes, 8 de marzo de 2021

Bagdad - Roma

09,20 - Ceremonia de despedida en el aeropuerto Internacional de Bagdad

09,40 - Salida en avión hacia Roma    

12,55 - Llegada al aeropuerto internacional de Roma/Ciampino


Huso horario

Roma +1h UTC
Bagdad +3h UTC
Nayaf +3h UTC
Nasiriya +3h UTC
Erbil +3h UTC
Mosul +3h UTC
Qaraqosh +3h UTC