05 junio 2010

Discurso del Papa en el encuentro ecuménico en Chipre


Iglesia de la Columna de San Pablo, en Pafos



Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

"A vosotros gracia y paz en abundancia" ( 1 Pedro 1,2). Con gran alegría os saludo a vosotros que representáis a las comunidades cristianas presentes en Chipre.
Doy las gracias a Su Beatitud Crisóstomos II por las amables palabras de bienvenida, a su eminencia Jorge, metropolita de Pafos, que nos acoge, y a quienes se han comprometido para hacer posible este encuentro. Con gusto saludo cordialmente a los cristianos de otras confesiones aquí presentes, incluidos quienes pertenecen a las comunidades armenia, luterana y anglicana.
En verdad, es una gracia extraordinaria para nosotros estar reunidos en oración en esta iglesia de Agia Kiriaki Chrysopolitissa (Iglesia de la Santísima Señora recubierta de Oro). Acabamos de escuchar la lectura de los Hechos de los Apóstoles, que nos ha recordado cómo Chipre fue la primera etapa de los viajes misioneros del apóstol Pablo (Cf.Hechos 13, 1-4). Separados por el Espíritu Santo, Pablo, junto a Bernabé, originario de Chipre, y a Marcos, el futuro evangelista, primero llegaron a Salamina, donde comenzaron a proclamar la Palabra de Dios en las sinagogas. Atravesando la isla, llegaron a Pafos, donde cerca de ese lugar predicaron en presencia del procónsul romano Sergio Paulo. Por tanto, desde este lugar, el mensaje del Evangelio comenzó a difundirse en todo el imperio y la Iglesia, fundada sobre la predicación apostólica, fue capaz de echar raíces en todo el mundo entonces conocido.
Con razón, la Iglesia en Chipre puede sentirse orgullosa de sus lazos directos con la predicación de Pablo, Bernabé y Marcos y de la comunión en la fe apostólica, que la une a todas las iglesias que tienen la misma regla de fe. Esta es la comunión real, aunque imperfecta, que ya nos une y nos impulsa a superar nuestras divisiones y luchar para restaurar la plena unidad visible que el Señor desea para todos sus seguidores. Porque, en palabras de Pablo, hay "un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo" (Efesios 4, 4-5).
La comunión eclesial en la fe apostólica es tanto un don y a la vez un llamamiento a la misión. En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar, nos presenta una imagen de la unidad de la Iglesia en la oración, en la apertura a los impulsos del Espíritu a la misión. Como Pablo y Bernabé, cada cristiano, a través del bautismo, es "separado" para que testimonie proféticamente al Señor resucitado y a su evangelio de reconciliación, de misericordia y de paz. En este contexto, la asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que se reunirá en Roma en el mes de octubre, reflexionará sobre el papel vital de los cristianos en la región, les alentará en su testimonio del Evangelio y les ayudará a promover un mayor diálogo y cooperación entre entre los cristianos de toda la zona. De manera significativa, las sesiones del Sínodo serán enriquecidas por la presencia de delegados fraternos de otras Iglesias y comunidades cristianas de la zona, como signo de compromiso común al servicio de la Palabra de Dios y de nuestra apertura a la potencia de su Gracia que reconcilia.
La unidad de todos los discípulos de Cristo es un don que hay que implorar del Padre, con la esperanza de que refuerce el testimonio del Evangelio en el mundo de hoy. El Señor rezó por la santidad y la unidad de sus discípulos precisamente para que el mundo crea (Cf. Juan17, 21). Hace exactamente cien años, en la Conferencia Misionera de Edimburgo, la aguda conciencia de que las divisiones entre los cristianos eran un obstáculo a la difusión del Evangelio dio origen al movimiento ecuménico moderno. Hoy tenemos que dar gracias al Señor, quien a través de su Espíritu, nos ha llevado --especialmente en las últimas décadas-- a redescubrir la rica herencia apostólica compartida por Oriente y Occidente y, a través de un diálogo paciente y sincero, a encontrar los caminos para volver a acercarnos el uno al otro, superando las controversias del pasado y mirando hacia un futuro mejor.
La Iglesia en Chipre, que hace de puente entre Oriente y Occidente, ha contribuido mucho a este proceso de reconciliación. El camino hacia la plena comunión no estará libre de dificultades, pero la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa de Chipre están decididas a avanzar en el diálogo y la colaboración fraterna. ¡Que el Espíritu Santo ilumine nuestras mentes y robustezca nuestra determinación para que juntos podamos llevar el mensaje de la salvación a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, que tienen sed de esa verdad que ofrece libertad auténtica y salvación (Cf. Juan 8, 32), la verdad cuyo nombre es Jesucristo!
Queridos hermanos y hermanas: no puedo concluir sin evocar la memoria de los santos que han embellecido a la Iglesia en Chipre, en particular, san Epifanio, obispo de Salamina. La santidad es el signo de la plenitud de la vida cristiana, de una profunda docilidad interior al Espíritu Santo que nos llama a una conversión y a una renovación constantes, mientras nos esforzamos por conformarnos cada vez más con Cristo, nuestro Salvador. Conversión y santidad son también los medios privilegiados para abrir la mente y el corazón a la voluntad del Señor que quiere la unidad de su Iglesia. Al dar gracias por este encuentro y por el fraterno afecto que nos une, pidamos a los santos Bernabé y Epifanio, a los santos Pedro y Pablo, y a todos los santos de Dios, que bendigan nuestras comunidades, que nos conserven en la fe de los apóstoles, y que guíen nuestros pasos por el camino de la unidad, de la caridad y de la paz.
Chipre, tierra bendecida por el cristianismo


Discurso del Papa a su llegada al aeropuerto de Paphos



Señor Presidente, Vuestra Beatitud Crisóstomo, Vuestras Beatitudes, Excelencias, Distinguidas Autoridades, Señores y Señoras:

[¡Saludos! ¡La Paz sea con vosotros! Es un gran placer para mí estar con vosotros hoy].
Señor Presidente, Le estoy vivamente agradecido por la cortés invitación a visitar la República de Chipre. Le dirijo mis cordiales saludos a usted, al Gobierno y al pueblo de esta nación, y le agradezco por las amables palabras de bienvenida. Recuerdo aún con gratitud su reciente visita al Vaticano y espero con alegría nuestro encuentro de mañana en Nicosia.
Chipre se encuentra en la encrucijada de culturas y religiones, junto con historias gloriosas y antiguas, pero que aún mantienen un impacto fuerte y visible en la vida de vuestro país. Habiendo entrado recientemente en la Unión Europea, la República de Chipre ha comenzado a notar el beneficio de intercambios económicos y políticos con los demás países europeos. Esta pertenencia ha dado a vuestro país también acceso a los mercados, a la tecnología y a conocimientos prácticos. Es mayormente auspiciable que esta pertenencia traiga prosperidad a vuestro país y que los demás países europeos, a su vez, se enriquezcan con vuestra herencia espiritual y cultural, que refleja vuestro papel histórico, al encontraros entre Europa, Asia y África. Que el amor por vuestra patria y vuestras familias y el deseo de vivir en armonía con vuestros vecinos bajo la protección misericordiosa de Dios omnipotente, os inspire para resolver pacientemente los problemas que aún compartís con la comunidad internacional para el futuro de vuestra isla.
Siguiendo las huellas de nuestros comunes en la fe, los santos Pablo y Bernabé, he venido entre vosotros como peregrino y siervo de los siervos de Dios. Desde cuando los Apóstoles trajeron el mensaje cristiano a estas orillas, Chipre ha sido bendecida por una fuerte herencia cristiana. Saludo como un hermano en la fe a Su Beatitud Crisóstomo II, arzobispo de Nueva Justiniana y de toda Chipre, y espero intensamente poder encontrar pronto a muchos otros miembros de la Iglesia ortodoxa de Chipre.
Espero también con alegría poder saludar a los demás responsables religiosos chipriotas. Espero reforzar nuestros vínculos comunes y reafirmar la necesidad de consolidar la confianza recíproca y la amistad duradera con todos aquellos que adoran al único Dios.
Como sucesor de Pedro vengo de forma especial a saludar a los católicos de Chipre para confirmarles en la fe (cfr Lc 22,32) y animarles a ser ejemplares tanto como cristianos que como ciudadanos, y a vivir plenamente su papel en la sociedad en beneficio sea de la Iglesia, sea del Estado. Durante mi permanencia entre vosotros entregaré también el Instrumentum Laboris, un documento de trabajo de cara a la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, que se celebrará pronto, en Roma, este año. Esta Asamblea examinará muchos aspectos de la presencia de la Iglesia en la región y los desafíos que los católicos deben afrontar, a veces en circunstancias difíciles, viviendo la comunión con la Iglesia católica y ofreciendo su testimonio al servicio de la sociedad y del mundo. Chipre es por ello un lugar apropiado desde el que lanzar la reflexión de nuestra Iglesia sobre el lugar de la comunidad seglar católica en Oriente Medio, nuestra solidaridad con todos los cristianos de la región y nuestra convicción de que éstos tienen un papel insustituible que mantener en la paz y en la reconciliación entre sus pueblos.
Señor Presidente, queridos amigos, con estos pensamientos confío mi peregrinación a María, la Madre de Dios, y a la intercesión de los santos Pablo y Bernabé.
[Que Dios bendiga al pueblo de Chipre. ¡Que la Toda Santa os proteja siempre!]
Entrevista del Papa y los periodistas

(Durante el vuelo a Chipre)



Padre Lombardi: Santidad, nosotros le damos las gracias por estar con nosotros, como en cada viaje, y de darnos su palabra para orientar nuestra atención en estos días, que serán tan intensos. Naturalmente, por desgracia, la primera pregunta está obligada por la circunstancia que ayer nos ha afectado tan dolorosamente, el asesinato de monseñor Padovese, que para usted ha sido ocasión de un profundísimo dolor. Por tanto, en nombre todos los colegas, quisiera pedirle que nos dijese algo sobre cómo usted ha percibido esta noticia y cómo vive el comienzo del viaje a Chipre en esta atmósfera.

Papa: Naturalmente, estoy profundamente dolorido por la muerte de monseñor Padovese, que había contribuido mucho a la preparación del Sínodo; colaboró, y habría sido un elemento precioso en este Sínodo. Encomendamos a la bondad de Dios su alma. Esta sombra, con todo, no tiene nada que ver con los temas mismos y con la realidad del viaje, porque no debemos atribuir a Turquía o a los turcos este hecho. Es una cosa sobre la que tenemos pocas informaciones. Es seguro que no se trata de un asesinato político o religioso; se trata de un asunto personal. Esperamos aún todas las explicaciones, pero no queremos mezclar ahora esta trágica situación con el diálogo con el Islam y con todos los problemas de nuestro viaje. Es un caso aparte, que entristece, pero que no debería oscurecer de ninguna forma el diálogo, en todos los sentidos, que será tema e intención de este viaje.

Padre Lombardi: Chipre es una tierra dividida. Santidad, usted no se dirigirá a la parte septentrional ocupada por los turcos. ¿Tiene usted un mensaje para los habitantes de esa región? ¿Y cómo cree que su visita puede contribuir a resolver la distancia entre la parte griega y la turca, a proceder hacia una solución de convivencia pacífica, en el respeto de la libertad religiosa, del patrimonio espiritual y cultural de las diversas comunidades?
Papa: Este viaje a Chipre es, en muchos sentidos, una continuación del viaje del año pasado a Tierra Santa y también del viaje a Malta de este año. El viaje a Tierra Santa tenía tres partes: Jordania, Israel y los territorios palestinos. Para todos los tres se trataba de un viaje pastoral, religioso; no era un viaje político o turístico. El tema fundamental era la paz de Cristo, que debe ser paz universal en el mundo. El tema era por tanto: por una parte, el anuncio de nuestra fe, el testimonio de la fe, la peregrinación a estos lugares que dan testimonio de la vida de Cristo y de toda la historia santa; por otra parte, la responsabilidad común de todos cuantos creen en un Dios creador del cielo y de la tierra, en un Dios a cuya imagen hemos sido creados. Malta y Chipre añaden con más fuerza el tema de san Pablo, gran creyente, evangelizador, y también de san Bernabé, que es chipriota y que abrió la puerta para la misión de san Pablo. Por tanto, testimonio de nuestra fe en un único Dios, diálogo y paz son los temas. Paz en un sentido muy profundo: no es una añadido político a nuestra actividad religiosa, sino que la paz es una palabra del corazón de la fe, está en el centro de la enseñanza paulina; pensemos en la carta a los Efesios, donde dice que Cristo ha traído la paz, ha destruido los muros de la enemistad. Esto sigue siendo un mandato permanente, por tanto no vengo con un mensaje político, sino con un mensaje religioso, que debería preparar más a las almas para encontrar la apertura por la paz. Estas no son cosas que vienen de hoy a mañana, pero es muy importante no sólo dar los necesarios pasos políticos, sino sobre todo preparar las almas para ser capaces de dar los pasos políticos necesarios, crear esa apertura interior para la paz, que, al final, viene de la fe en Dios y de la convicción de que todos somos hijos de Dios y hermanos y hermanas entre nosotros.
Padre Lombardi: Gracias, Santidad. Esta nueva pregunta está muy en continuidad con la primera, pero yo la hago igualmente, de forma que si usted quiere añadir alguna otra cosa podrá hacerlo. Usted se dirige a Oriente Medio pocos días después de que el ataque israelí a la flotilla delante de Gaza haya añadido ulteriores tensiones al ya difícil proceso de paz. ¿Cómo cree que la Santa Sede, el Vaticano puede contribuir a superar este momento difícil para Oriente Medio?
Papa: Diría que nosotros contribuimos sobre todo de forma religiosa. Podemos también ser de ayuda con consejos políticos y estratégicos, pero el trabajo esencial del Vaticano es siempre el religioso, que toca el corazón. Con todos estos episodios que vivimos, existe siempre el peligro de perder la paciencia, que se diga “ahora basta”, que ya no se quiera buscar la paz. Y aquí me viene a la mente, en este Año Sacerdotal, una bella historia del Párroco de Ars. A las personas que le decían: no tiene sentido que yo ahora vaya a la confesión y a la absolución, porque pasado mañana estoy seguro de volver a caer en los mismos pecados, el Cura de Ars respondía: no pasa nada, el Señor voluntariamente olvida que tu pasado mañana harás los mismos pecados, te perdona ahora completamente, será longánime, y seguirá ayudándote, viniendo hacia ti. Así debemos casi imitar a Dios, su paciencia. Después de todos los casos de violencia, no perder la paciencia, no perder el valor, no perder la longanimidad de volver a empezar; crear estas disposiciones del corazón para empezar siempre de nuevo, en la certeza de que podemos ir adelante, que podemos llegar a la paz, que la violencia no es la solución, sino la paciencia del bien. Crear esta disposición me parece el principal trabajo que el Vaticano y sus órganos y el Papa pueden hacer.

Padre Lombardi: ¡Gracias! Pasemos a otro tema, el del ecumenismo. Santidad, el diálogo con los ortodoxos ha dado muchos pasos adelante desde el punto de vista cultural, espiritual y de la vida. Con ocasión del reciente Concierto que le ofreció el Patriarca de Moscú de ha notado una profunda sintonía entre ortodoxos y católicos frente a los desafíos planteados al cristianismo en Europa por la secularización. Pero ¿cuál es su valoración sobre el diálogo, también desde el punto de vista más propiamente teológico?

Papa: Quisiera ante todo subrayar estos grandes progresos que hemos hecho en el testimonio común de los valores cristianos en el mundo secularizado. Esta no es sólo una coalición – digamos – moral, política, sino verdaderamente algo profundamente de fe, porque los valores fundamentales por los que vivimos en este mundo secularizado no son moralismos, sino que son la fisionomía fundamental de la fe cristiana. Cuando somos capaces de testimoniar juntos estos valores, de comprometernos en el diálogo, en la discusión de este mundo, en el testimonio para vivir estos valores, hemos dado ya un testimonio fundamental de una unidad muy profunda en la fe. Naturalmente, hay muchos problemas teológicos, pero también aquí los elementos de unidad son fuertes. Quisiera indicar tres elementos que nos unen, que nos ven cada vez más cercanos, que nos hacen cada vez más cercanos. Primero: la Escritura, la Biblia no es un libro caído del cielo, que está ahora y que cada uno lo coge, sino que es un libro crecido en el pueblo de Dios y vive es este sujeto común del pueblo de Dios y sólo aquí permanece siempre presente y real, es decir, la Biblia no es aislable, sino que la Biblia está en el nexo entre tradición e Iglesia. Esta conciencia es fundamental y pertenece al fundamento de la Ortodoxia y del Catolicismo, y nos fa un camino común. Como segundo elemento, digamos: la tradición, que nos interpreta, que nos abre la puerta de la Escritura, tiene también una forma institucional, sagrada, sacramental querida por el Señor, es decir, el episcopado; tiene una forma personal, es decir, el colegio de los obispos juntos es testigo y presencia de esta tradición. Y tercer punto: la llamada regula fidei, es decir, la confesión de la fe elaborada en los antiguos Concilios es la suma de cuanto está en la Escritura y abre la “puerta” de interpretación. Después otros elementos: la liturgia, el amor común por la Virgen nos unen profundamente y nos parece cada vez más claro que son los fundamentos de la vida cristiana. Debemos ser cada vez más conscientes y profundizar también en los detalles, pero me parece que aunque las culturas diversas, las situaciones diversas hayan creado malentendidos y dificultades, crecemos en la conciencia de lo esencial y de la unidad de lo esencial. Quisiera añadir que, naturalmente, no es la discusión teológica la que crea de por sí la unidad; es una dimensión importante, pero toda la vida cristiana, el conocerse, la experiencia de la fraternidad, aprender, a pesar de la experiencia del pasado, esta fraternidad común, son procesos que exigen también gran paciencia. Pero me parece que estamos precisamente aprendiendo la paciencia, así como el amor, y con todas las dimensiones del diálogo teológico seguimos adelante, dejando al Señor cuándo nos dará la unidad perfecta.
Padre Lombardi: Y ahora una última pregunta. Uno de los objetivos de este viaje es la entrega del documento de trabajo del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio. Cuáles son sus principales expectativas para este Sínodo, para las comunidades cristianas y también para los creyentes de otras religiones en esta región?

Papa: El primer punto importante es que los diversos Obispos, los Cabezas de las Iglesias se vean aquí, porque tenemos muchas Iglesias – varios ritos están dispersos en diversos países, en situaciones diversas – y parecen a menudo aislados, a menudo tienen también pocas informaciones del otro; verse juntos, encontrarse, y tomar así conocimiento uno del otro, de los problemas, de las diversidades y de las situaciones comunes, formar juntos un juicio sobre la situación, sobre el camino a tomar. Esta comunión concreta de diálogo y de vida es un primer punto. El segundo es también la visibilidad de estas Iglesias, es decir, que se vea en el mundo que hay una gran y antigua cristiandad en Oriente Medio, que a menudo no está ante nuestros ojos, y que esta visibilidad nos ayuda también a estar cerca de ellos, a profundizar nuestro conocimiento recíproco, a aprender unos de otros, a ayudarnos, y ayudar así también a los cristianos de Oriente Medio a no perder la esperanza, a quedarse, aunque las situaciones puedan ser difíciles. Así – tercer punto – en el diálogo entre ellos se abren también al diálogo con los demás cristianos ortodoxos, armenios, etc. y crece una conciencia común de la responsabilidad cristiana y también una capacidad común de diálogo con los hermanos musulmanes, que son hermanos, a pesar de las diversidades; y me parece que vendría también el aliento, a pesar de todos los problemas, a continuar, con una visión común, el diálogo con ellos. Todos los tentativos para una convivencia cada vez más fructífera y fraterna son muy importantes. Este por tanto es un encuentro de la cristiandad católica del Oriente Medio en sus diversos ritos, pero es un encuentro también de apertura, de capacidad renovada de diálogo, de valor y de esperanza para el futuro.

Padre Lombardi: Gracias, Santidad, por esta amplia panorámica y gracias en particular por la visión tan positiva y alentadora que nos ha dado también los objetivos de este viaje; y por tanto nosotros de auguramos verdaderamente para que este viaje se desarrolle en esta atmósfera y con estos resultados, e intentamos colaborar también a este objetivo con una buena información. Gracias, Santidad, y buen viaje!

03 junio 2010

Respecto al burka y al niquab

Rafael Navarro-Valls

“El sentido original de la laicidad no fue el de hacernos libres de la religión, sino más bien el de hacernos oficialmente libres para su práctica”.
La polémica suscitada por el uso del velo en Lleída nos mueve a la reflexión acerca de los límites establecidos por el Derecho.
Después de que el Gobierno francés abandere la campaña “la República a cara descubierta” con el propósito de prohibir el uso del burka en los lugares públicos, ¿qué considera que ha de hacer el Gobierno español ante el uso del velo, del niqab y del burka, teniendo en cuenta la gran diferencia existente entre el uso del velo y el uso del burka?
Existe una tendencia en Occidente a confundir “garantía de la libertad religiosa” con tutela del “Islam político”. Quiero decir, que en Occidente suele entenderse que esas muestras externas de religiosidad de la mujer son más bien fruto de la dictadura política del Islam. Así ha pasado en Turquía y en Francia, y también —de algún modo con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, si aislamos lo que es religión de política, probablemente planteamientos negativos anti-símbolos cederían ante necesidades garantistas de la libertad religiosa. En Francia, como usted dice, en el debate sobre el burka y el niquab, se ha apostado por “una Republica a cara descubierta”. Es un criterio respetable, pero siempre que no olvide que sobre la mesa existen otros factores en juego: libertad religiosa, dignidad de la mujer e igualdad de sexos.
Coincido con el Tribunal Superior de Justicia de Baleares cuando en una sentencia del 9 de septiembre de 2002 hacía notar que los conflictos en materia de simbología religiosa “no admiten una solución única, y habrán de ser decididos teniendo a la vista las circunstancias singulares del caso”, aunque con prioridad del “cumplimiento efectivo de los valores constitucionales”. Dudo de que la prohibición del velo islámico sea oportuna, y menos en un momento en que la Comisión para la Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos (USCIRF) acaba de alertar acerca del deterioro que la libertad religiosa está sufriendo en muchas partes del mundo. Respecto al burka y al niquab, habrá que estar a la altura de las circunstancias de cada caso. Una regulación por vía legislativa de los símbolos suele implicar restricción —no siempre razonable— de la libertad religiosa. Desde luego, cuando hay razones serias de seguridad jugar al “guerrero del antifaz” no es de recibo. Pero no siempre es ese el caso.
Parece que el Gobierno de Zapatero respalda en gran medida la defensa de símbolos religiosos extranjeros y, por el contrario, se encarga de suprimir la presencia de crucifijos en las aulas. ¿No le resulta paradójico?
La impresión que me da es que en esta materia el gobierno Zapatero se mueve en un mar de contradicciones. Le sucede algo así como con las medidas sobre el déficit presupuestario. Unas veces apuesta por medidas sociales y, al día siguiente, rebaja a todos las pensiones. Un día habla de prohibir los símbolos religiosos, y al siguiente distingue entre unos y otros, y al final matiza entre los centros educativos de Melilla y de Madrid.
En todo caso, en materia de crucifijos, me parece sensato el criterio sentado por un magistrado de lo contencioso administrativo de Zaragoza (sentencia 30 abril 2010), en el que confirma la decisión del alcalde socialista Belloch de mantener el crucifijo en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Zaragoza. La sentencia afirma que "el hecho de que exista una neutralidad del Estado en materia de libertad religiosa no significa que los poderes públicos hayan de desarrollar una especie de persecución del fenómeno religioso o de cualquier manifestación de tipo religioso". Es el mismo criterio seguido por el TS de EEUU al denegar que se demoliera una cruz instalada en territorio público por razones de una supuesta neutralidad. Uno de los firmantes de la sentencia hace notar que la Constitución no obliga al gobierno a retirar del ámbito público todo lo que tenga carácter religioso: eso sería un “absolutismo” incompatible con las tradiciones históricas norteamericanas.
Laicismo y laicidad, dos conceptos que parecen asemejarse y que guardan una gran distancia entre ellos. ¿Cómo debería regirse una auténtica laicidad que respetara la convivencia entre religiones dentro de un mismo país?
Ante todo, con sentido común, que es el primer paso para un criterio seriamente jurídico. Parafraseando a William McLoughlin, suelo decir que el sentido original de la laicidad no fue el de hacernos libres de la religión, sino más bien el de hacernos oficialmente libres para su práctica. Posteriormente, se degradó el concepto, y hoy ha sido necesario un cambio de rumbo, enfilado hacia la llamada laicidad “positiva”. Aquella que garantiza un espacio de neutralidad en el que germina el principio de libertad religiosa y de libertad de conciencia, abandonando esa visión sesgada de instrumento, primordialmente diseñado para imponer una “filosofía” beligerante por la vía legislativa.
Esta última, tiende a sustituir la antigua teocracia por una nueva ideocracia. Una religión tal vez incompleta, sin Dios y sin vida después de la muerte, pero que quiere ocupar en las almas de los ciudadanos el lugar de las convicciones morales. Más en concreto, el problema hoy en España estriba en que algunos sectores políticos entienden que el Estado debe resumir en sí todas las verdades posibles. Sería algo así como el custodio de un determinado patrimonio moral (que suele coincidir con los llamados “nuevos valores emergentes”) y que le confiere poderes ilimitados.
Por contraste, la nueva laicidad abandona sus resabios arqueológicos para reconocer en la dimensión religiosa de la persona humana puntos de encuentro en un contexto cada vez más multiétnico y pluricultural
¿A qué se debe el empeño del Gobierno en reformar la Ley de Libertad Religiosa viviendo una coyuntura de crisis económica que debería convertirse en su prioridad absoluta? ¿Cuál cree que es el objetivo del Gobierno actual en este sentido?
No puedo hacer un proceso a las intenciones del Gobierno sin conocer el texto de la Ley. Sí le diré que tengo la impresión de que una nueva ley de libertad religiosa no solamente no es necesaria sino contraproducente para ese derecho fundamental. Ocurre como con la libertad de expresión, las leyes de prensa acaban estrangulándola. Con la libertad religiosa sucede otro tanto. Si nos fijamos en España y en su entorno, se coincidirá en que las leyes de libertad religiosa han sido fruto de sistemas autoritarios o mecanismos para salir definitivamente de ellos. Este es el caso de España y Portugal.
En nuestro caso, la primera ley de libertad religiosa —la de 1967, promulgada en pleno franquismo— concedió a las confesiones minoritarias un cierto régimen de libertad, al menos con garantías jurídicas. Este mínimum requería —después de promulgada la Constitución de 1978— un desarrollo más extenso, que definitivamente potenciara la libertad religiosa en un sistema de libre mercado ideológico. Surgió así la ley de 5 de julio de 1980, que en definitiva desarrollaba el artículo 16 de la Constitución (referido a la libertad religiosa) en relación con el art.14 (que contempla el de igualdad). Ley que está todavía sin desarrollar en algunos extremos. Las leyes de libertad religiosa suelen tener como objetivo potenciar la libertad en aquellas situaciones en que la misma está comprimida. Así ocurrió también con las leyes de libertad religiosa promulgadas en el Asia postcomunista (Kazajstán) o en países del Este de Europa (Rumania). Incluso una ley promulgada en un país sin antecedentes autoritarios, Estados Unidos, buscaba ampliar la libertad religiosa, ante una interpretación restrictiva de la misma realizada por el Tribunal Supremo. Fue el caso de la Religious Freedom Restoration Act, firmada por Clinton el 16 de noviembre de 1993. Su propia denominación (Restoration) evocaba su objetivo: evitar que el Gobierno gravara con una carga sustancial el ejercicio de la religión.

02 junio 2010

Santo Tomás, el “Doctor angélico”


El Papa, hoy durante la audiencia general



Queridos hermanos y hermanas:
Tras algunas catequesis sobre el sacerdocio y mis últimos viajes, volvemos hoy a nuestro tema principal, es decir, a la meditación sobre algunos grandes pensadores de la Edad Media. Habíamos visto últimamente la gran figura de san Buenaventura, franciscano, y hoy quisiera hablar de aquel que la Iglesia llama el Doctor communis: es decir santo Tomás de Aquino. Mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica Fides et ratio recordó que santo Tomás “ha sido siempre propuesto por la Iglesia como maestro de pensamiento y modelo del modo recto de hacer teología” (n. 43). No sorprende que, después de san Agustín, entre los escritores eclesiásticos mencionados en el Catecismo de la Iglesia Católica, santo Tomás sea citado más que ningún otro, ¡hasta sesenta y una veces! Fue llamado también Doctor Angelicus, quizás por sus virtudes, en particular la sublimidad de su pensamiento y la pureza de su vida.
Tomás nació entre 1224 y 1225 en el castillo que su familia, noble y rica, poseía en Roccasecca, en las cercanías de Aquino, cerca de la célebre abadía de Montecassino, adonde fue enviado por sus padres para recibir los primeros elementos de su instrucción. Algún año después se trasladó a la capital del Reino de Sicilia, Nápoles, donde Federico II había fundado una prestigiosa Universidad. En ella se enseñaba, sin las limitaciones vigentes en otros lugares, el pensamiento del filósofo griego Aristóteles, al cual el joven Tomás fue introducido, y cuyo gran valor intuyó en seguida. Pero sobre todo, en aquellos años transcurridos en Nápoles, nació su vocación dominica. Tomás fue de hecho atraído por el ideal de la orden fundada no muchos años antes por santo Domingo. Con todo, cuando se revistió el hábito dominico, su familia se opuso a esta elección, y fue obligado a dejar en convento y a transcurrir algún tiempo en familia.
En 1245, ya mayor de edad, pudo retomar su camino de respuesta a la llamada de Dios. Fue enviado a París para estudiar teología bajo la guía de otro santo, Alberto Magno, sobre el que hablé recientemente. Alberto y Tomás estrecharon una verdadera y profunda amistad y aprendieron a estimarse y a apreciarse, hasta el punto que Alberto quiso que su discípulo le siguiera también a Colonia, donde él había sido enviado por los superiores de la orden a fundar un estudio teológico. Tomás mantuvo entonces contacto con todas las obras de Aristóteles y de sus comentaristas árabes, que Alberto ilustraba y explicaba.
En aquel periodo, la cultura del mundo latino estaba profundamente estimulada por el encuentro con las obras de Aristóteles, que habían estado ignoradas por mucho tiempo. Se trataba de escritos sobre la naturaleza del conocimiento, sobre ciencias naturales, sobre metafísica, sobre el alma y sobre la ética, ricas de informaciones y de intuiciones que parecían válidas y convincentes. Era toda una visión completa del mundo llevada a cabo sin y antes de Cristo, con la pura razón, y parecía imponerse a la razón como "la" visión misma; era, por tanto, una fascinación increíble para los jóvenes ver y conocer esta filosofía. Muchos acogieron con entusiasmo, incluso con entusiasmo acrítico, este enorme bagaje del saber antiguo, que parecía poder renovar ventajosamente la cultura, abrir totalmente nuevos horizontes. Otros, sin embargo, temían que el pensamiento pagano de Aristóteles estuviese en oposición a la fe cristiana, y rechazaban estudiarlo. Se encontraron dos culturas: la cultura pre-cristiana de Aristóteles, con su racionalidad radical, y la cultura clásica cristiana. Ciertos ambientes eran llevados al rechazo de Aristóteles también por la presentación que de este filósofo hacían los comentaristas árabes Avicena y Averroes. De hecho, fueron éstos los que transmitieron al mundo latino la filosofía aristotélica. Por ejemplo, estos comentaristas habían enseñado que los hombres no disponen de una inteligencia personal, sino que hay un único intelecto universal, una sustancia espiritual común a todos, que opera en todos como "única": por tanto, una despersonalización del hombre. Otro punto discutible transmitido por los comentaristas árabes era aquel según el cual el mundo es eterno como Dios. Se desencadenaron comprensiblemente disputas sin fin en el mundo universitario y en el eclesiástico. La filosofía aristotélica se iba difundiendo incluso entre la gente sencilla.
Tomás de Aquino, en la escuela de Alberto Magno, llevó a cabo una operación de fundamental importancia para la historia de la filosofía y de la teología, diría que para la historia de la cultura: estudió a fondo a Aristóteles y a sus intérpretes, procurándose nuevas traducciones latinas de los textos originales en griego. Así no se apoyaba ya solo en los comentaristas árabes, sino que podía leer personalmente los textos originales, y comentó gran parte de las obras aristotélicas, distinguiendo en ellas lo que era válido de lo que era dudoso o rechazable del todo, mostrando la concordancia con los datos de la Revelación cristiana y utilizando amplia y agudamente el pensamiento aristotélico en la exposición de los escritos teológicos que compuso. En definitiva, Tomás de Aquino mostró que entre la fe cristiana y la razón subsiste una armonía natural. Y esta es la gran obra de Tomás, que en aquel momento de enfrentamiento entre dos culturas – ese momento en que parecía que la fe tuviese que rendirse ante la razón – mostró que ambas van juntas, que cuando aparecía la razón incompatible con la fe, no era razón, y cuanto parecía fe no era fe, si se oponía a la verdadera racionalidad; así él creó una nueva síntesis, que formó la cultura de los siglos sucesivos.
Por sus excelentes dotes intelectuales, Tomás fue llamado a París como profesor de teología en la cátedra dominica. Aquí comenzó también su producción literaria, que prosiguió hasta su muerte, y que tiene algo de prodigioso: comentarios a la Sagrada Escritura, porque el profesor de teología era sobre todo intérprete de la Escritura, comentarios a los escritos de Aristóteles, obras sistemáticas poderosas, entre las que sobresale la Summa Theologiae, tratados y discursos sobre diversos argumentos. Para la composición de sus escritos, era ayudado por algunos secretarios, entre ellos su hermano Reginaldo de Piperno, que le siguió fielmente y al que estuvo ligado por una amistad sincera y fraterna, caracterizada por una gran confianza. Esta es una característica de los santos: cultivaban la amistad, porque ésta es una de las manifestaciones más nobles del corazón humano y tiene en sí algo de divino, como Tomás mismo explicó en algunas quaestiones de la Summa Theologiae, en la que escribe: “La caridad es la amistad del hombre con Dios principalmente, y con los seres que Le pertenecen" (II, q. 23, a.1).
No permaneció durante mucho tiempo y de forma estable en París. En 1259 participó en el Capítulo General de los Dominicos a Valenciennes, donde fue miembro de una comisión que estableció el programa de estudios en la orden. De 1261 a 1265, después, Tomás estuvo en Orvieto. El Pontífice Urbano IV, que sentía por él una gran estima, le encargó la composición de los textos litúrgicos para la fiesta del Corpus Domini, que celebramos mañana, instituida después del milagro eucarístico de Bolsena. Tomás tuvo un alma exquisitamente eucarística. Los bellísimos himnos que la liturgia de la Iglesia canta para celebrar el misterio de la presencia real del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la Eucaristía se atribuyen a su fe y a su sabiduría teológica. Entre 1265 y 1268 Tomás residió en Roma, donde, probablemente, dirigía un Studium, es decir, una Casa de Estudios de la Orden, y donde comenzó a escribir su Summa Theologiae (cfr Jean-Pierre Torrell, Tommaso d’Aquino. L’uomo e il teologo, Casale Monf., 1994, pp. 118-184).
En 1269 fue llamado de nuevo a París para un segundo ciclo de enseñanzas. Los estudiantes – se comprende – estaban entusiasmados con sus lecciones. Un ex-alumno suyo declaró que una grandísima multitud de estudiantes seguía los cursos de Tomás, tanto que las aulas no conseguían contenerles, y añadía, con una anotación personal, que "escucharle era para él una felicidad profunda". La interpretación de Aristóteles dada por Tomás no era aceptada por todos, pero incluso sus adversarios en el campo académico, como Godofredo de Fontaines, por ejemplo, admitían que la doctrina de fray Tomás era superior a otras por su utilidad y valor y servía de corrección a las de todos los demás doctores. Quizás también para sustraerle de las vivaces discusiones en curso, los superiores lo enviaron una vez más a Nápoles, para ponerse a disposición del rey Carlos I, que quería organizar los estudios universitarios.
Además del estudio y la enseñanza, Tomás se dedicó también a la predicación al pueblo. Y también el pueblo iba de buen grado a escucharle. Diría que es verdaderamente una gracia grande cuando los teólogos saben hablar con sencillez y fervor a los fieles. El ministerio de la predicación, por otra parte, ayuda a los mismos expertos en teología a un sano realismo pastoral, y enriquece de estímulos vivaces su investigación.
Los últimos meses de la vida terrena de Tomás permanecen rodeados de una atmósfera particular, diría misteriosa. En diciembre de 1273 llamó a su amigo y secretario Reginaldo para comunicarle su decisión de interrumpir todo trabajo, porque durante la celebración de la Misa había comprendido, a raíz de una revelación sobrenatural, que cuanto había escrito hasta entonces era solo “un montón de paja". Es un episodio misterioso, que nos ayuda a comprender no sólo la humildad personal de Tomás, sino también el hecho de que todo aquello que llegamos a pensar y a decir sobre la fe, por elevado y puro que sea, es infinitamente superado por la grandeza y por la belleza de Dios, que nos será revelada en plenitud en el Paraíso. Algún mes después, cada vez más absorto en una meditación pensativa, Tomás murió mientras estaba de viaje hacia Lyon, donde se dirigía para tomar parte en el Concilio Ecuménico proclamado por el Papa Gregorio X. Se apagó en la Abadía cisterciense de Fossanova, tras haber recibido el Viático con sentimientos de gran piedad.
La vida y la enseñanza de santo Tomás de Aquino se podría resumir en un episodio recogido por los antiguos biógrafos. Mientras el santo, como era su costumbre, estaba en oración ante el crucifijo, por la mañana temprano en la Capilla de san Nicolás en Nápoles, Domingo de Caserta, el sacristán de la iglesia, sintió desarrollarse un diálogo. Tomás preguntaba, preocupado, si cuanto había escrito sobre los misterios de la fe cristiana era correcto. Y el Crucifijo respondió: “Tu has hablado bien de mí, Tomás. ¿Cuál será tu recompensa?". Y la respuesta que Tomás dio es la que también nosotros, amigos y discípulos de Jesús, quisieramos decir siempre: “¡Nada más que a Ti, Señor!" (Ibid., p. 320).

Pontificado de Pío XII

El cardenal Kasper informa de las investigaciones



La apertura de los archivos del Vaticano sobre el pontificado de Pío XII anunciada por la Santa Sede se producirá dentro de seis años, indicó el cardenal Walter Kasper en una conferencia en la universidad Hope de Liverpool.
También afirmó que las declaraciones del Vaticano II sobre el judaísmo son “irrevocables”.

El presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los cristianos, que también preside la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, recordó que la Iglesia no tiene “nada que ocultar” ni “nada que temer”.

Quiso referirse “brevemente” al presunto “silencio” de Pío XII, destacando que “muchas cuestiones todavía están abiertas y requieren más investigación”.

Traducimos íntegramente este fragmento del discurso sobre el pontificado de Pío XII.

“Pío XII fue papa (1938-58) en una de las épocas más difíciles del papado, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Roma estaba bajo la dominación de Mussolini y más tarde ocupada por Alemania. La evaluación que sus contemporáneos han realizado de su pontificado durante la Segunda Guerra Mundial ha sido bastante positiva. En su mensaje de radio de la Navidad de 1942, el papa fue muy claro y los nazis comprendieron muy bien lo que quería decir. El New York Times, que no es conocido como un diario favorable a la Iglesia, publicó ya en 1941 un editorial que hablaba del papa como la única voz [escuchada] en el silencio y en las tinieblas, y de su valentía al alzar la voz. Tras la deportación de más de mil judíos de Roma (sólo sobrevivieron 15), en octubre de 1943, ordenó a la Iglesia ofrecer un asilo general en todos los conventos y casas eclesiásticas, incluyendo los del Vaticano y Castel Gandolfo. Estimaciones autorizadas indican que fueron ocultados 4.500 judíos”.

“Tras la muerte del papa, la entonces ministra de Asuntos Exteriores y primera ministra de Israel, Golda Meir, agradeció al papa con cálidas palabras todo lo que había hecho en una época de sombra para el pueblo judío. Al mismo tiempo, el entonces gran rabino Herzog de Jerusalén, elogió al papa por su actuación. Éstos son sólo algunos testimonios de personas de alto rango y bien informadas, que eran muy conscientes de lo que había pasado y que pueden apelarse como testimonios de la época”.

“Con la imaginativa obra de teatro de Hochhut El Vicario (1963), la percepción cambió radicalmente. Desde entonces, el reproche por el silencio sobre el exterminio de los judíos se ha extendido largamente. Hochhut no era historiador y actualmente está comprobado que dependía de fuentes comunistas. Uno de los primeros que defendieron a Pío XII fue un judío polaco, Joseph Lichten, un diplomático que, después, como director del departamento de Asuntos internacionales de la Liga anti-difamación de la B'nai B'rith, desempeñó una función eminente en el diálogo interreligioso. La reciente investigación histórica seria es mixta. Todavía hay judíos que defienden hoy a Pío XII y, por otra parte, hay autores católicos que critican su actitud. No hay, entonces, una frontera clara entre judíos y católicos, aunque la mayoría de judíos, especialmente en Israel, sean siempre críticos. ¿Se trata de una falta de información sobre el trabajo de investigación histórica más reciente? Dejo la cuestión abierta”.

“El problema principal es el acceso a las fuentes. La petición de apertura de archivos del Vaticano es una petición legítima. Desde el 2003, el acceso es posible hasta el final del pontificado de Pío XI, en 1939, un periodo durante el cual el futuro Pío XII era secretario de Estado. El material ya accesible actualmente prueba que Pío XII nunca fue el papa de Hitler (como lo ha pretendido John Cornwell, 1999); al contrario, fue el colaborador más próximo del papa Pío XI en la publicación de la encíclica Mit brennender Sorge (Con ardiente inquietud, n.d.t.) (1937), que hace una ardiente condena de la ideología racial nazi. Los archiveros trabajan actualmente bajo una intensa presión sobre el proyecto de preparar el acceso al pontificado de Pío XII, pero el registro y la preparación de millones de documentos de manera profesional, como debe hacerse, requiere tiempo y se archivarán en unos 5 o 6 años, tras los cuales, se permitirá el acceso a los investigadores. Porque creemos que no tenemos nada que esconder ni ningún motivo para tener miedo a la verdad”.

“Once volúmenes con los documentos de la Santa Sede han sido ya publicados y recientemente a través de otras muchas fuentes se han hecho disponibles. Pero conocer los hechos no es más que un aspecto, ya que la historia no es sólo una cuestión de hechos, sino también de la interpretación histórica de los hechos: en este caso, de hechos que se produjeron hace más de medio siglo en un contexto no sólo políticamente sino también mentalmente radicalmente diferente al nuestro, y difícil de comprender para una generación que ha tenido la suerte de no haber tenido una experiencia como esa”.

“La cuestión fundamental es el debate entre los que habrían preferido una declaración más profética y los que están de acuerdo con la actitud del papa de juicio prudencial. Pío XII no era un hombre de gestos proféticos; era un diplomático y decidió no guardar silencio pero ser moderado en sus declaraciones públicas porque sabía que palabras más fuertes no harían mejorar absolutamente nada; al contrario, habrían provocado una venganza brutal y empeorado la situación. Decidió por consiguiente no actuar con palabras, sino ayudar prácticamente a cuantos más pudo. De esta manera, sólo en Roma, salvó miles de vidas judías”.

“Fue un juicio de conciencia en una situación histórica extrema, que debe ser evaluado considerando la situación de entonces, la información entonces disponible y las posibilidades que había entonces, y no sólo a partir de las perspectivas y las posibilidades de hoy. Este punto es importante para la cuestión de una posible beatificación. Si avanzara, no sería un juicio histórico sino un discernimiento espiritual sobre la cuestión de saber si el papa, en su situación, siguió su propia conciencia, y realizó la voluntad de Dios así como la entendió, en esa situación. Por lo tanto, la eventualidad de una beatificación no excluiría nuevas investigaciones e interpretaciones históricas, ni excluiría ya la idea de que otras personas, con un carácter diferente, hubieran podido llegar a conclusiones diferentes y hubieran podido actuar de manera diferente”.

“Repito: no soy historiador; supongo que la controversia sobre la interpretación va a continuar y que la cuestión histórica continuará estando abierta, con diferentes interpretaciones, incluso tras la apertura de los archivos y podría ser que la discusión continuara abierta hasta el fin de los tiempos. Ya que, ¿quién osaría decir la última palabra sobre un acontecimiento tan monstruoso como el Holocausto? La única respuesta adecuada podría ser la vergüenza y el arrepentimiento, por el hecho de que los católicos no reaccionaran con más fuerza, y la metanoia, es decir, una nueva manera de pensar, y un nuevo comportamiento, hoy, para construir nuevas relaciones con el pueblo judío”.

01 junio 2010

La misión de María y de la Iglesia




Discurso del Papa con motivo de la conclusión del mes de mayo en el Vaticano






Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría me uno a vosotros, al término de este tradicional encuentro de oración, que concluye el mes de mayo en el Vaticano. En referencia a la liturgia de hoy, queremos contemplar a María Santísima en el misterio de su Visitación. En la Virgen María que va a visitar a su pariente Isabel reconocemos el ejemplo más límpido y el significado más verdadero de nuestro camino de creyentes y del camino de la Iglesia misma. La Iglesia es por naturaleza misionera, está llamada a anunciar el Evangelio por todas partes y siempre, a transmitir la fe a cada hombre y mujer, y a cada cultura.

“En aquellos días – escribe el evangelista san Lucas – se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá” (Lc 1,39). El de María es un auténtico viaje misionero. Es un viaje que la lleva lejos de casa, la empuja al mundo, a lugares extraños a sus costumbres cotidianas, la hace llegar, en un cierto sentido, hasta los límites de lo que ella podía llegar. Está precisamente aquí, también para todos nosotros, el secreto de nuestra vida de hombres y de cristianos. La nuestra, como individuos y como Iglesia, es una existencia proyectada fuera de nosotros. Como ya había sucedido a Abraham, se nos pide que salgamos de nosotros mismos, de los lugares de nuestras seguridades, para ir hacia los demás, a lugares y ámbitos distintos. Es el Señor el que nos lo pide: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra (Hch 1,8). Y es siempre el Señor el que, en este camino, nos pone junto a María como compañera de viaje y madre solícita. Ella nos da seguridad, porque nos recuerda que con nosotros está siempre su Hijo Jesús, según lo que prometió: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).

El evangelista relata que “María permaneció con ella (con su pariente Isabel) unos tres meses” (Lc 1,56). Estas sencillas palabras explican el objetivo más inmediato del viaje de María. Había sabido por el Ángel que Isabel esperaba un hijo y que estaba ya en el sexto mes (cfr Lc 1,36). Pero Isabel era anciana y la cercanía de María, aún muy joven, podía serle útil. Por esto María llega hasta ella y permanece a su lado durante casi tres meses, para ofrecerle esa cercanía afectuosa, esa ayuda concreta y todos esos servicios cotidianos de los que tenía necesidad. Isabel se convierte así en el símbolo de tantas personas ancianas y enfermas, más aún, de todas las personas necesitadas de ayuda y de amor. ¡Y cuántas son también hoy, en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestras ciudades! Y María – que se había definido como “la sierva del Señor” (Lc 1,38) – se hace sierva de los hombres. Más precisamente, sirve al Señor a quien encuentra en los hermanos.

La caridad de María, sin embargo, no se detiene en la ayuda concreta, sino que alcanza su culmen en el dar al mismo Jesús, en “hacerle encontrar”. Es una vez más san Lucas quien lo subraya: “en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno” (Lc 1,41). Estamos así en el corazón y en el culmen de la misión evangelizadora. Estamos en el significado más verdadero y en el objetivo más genuino de todo camino misionero: dar a los hombres el Evangelio vivo y personal, que es el mismo Señor Jesús. Y la de Jesús es una comunicación y una donación que – como atestigua Isabel – llena el corazón de alegría: “apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno” (Lc 1,44). Jesús es el verdadero y único tesoro que nosotros tenemos que dar a la humanidad. Es de Él de quien los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen profunda nostalgia, aun cuando parecen ignorarlo o rechazarlo. Es de Él de quien tiene gran necesidad la sociedad en que vivimos, Europa, el mundo entero.

A nosotros se nos ha confiado esta extraordinaria responsabilidad. Vivámosla con alegría y con compromiso, para que la nuestra sea verdaderamente una civilización en la que reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares fundamentales e insustituibles de una verdadera convivencia ordenada y pacífica. Vivamos esta responsabilidad permaneciendo asiduos en la escucha de la Palabra de Dios, en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones (cfr Hch 2,42). Que esta sea la gracia que pedimos juntos a la Virgen Santísima esta noche. A todos vosotros mi bendición.

“Humanismo, transhumanismo y transexualismo”


Seminario permanente en la Universidad Anáhuac de México


La Universidad Anáhuac México Norte fue la sede de la segunda sesión del “Seminario Permanente sobre el Diálogo entre Ciencia y Fe”. En esta ocasión, se trató el tema “Humanismo, transhumanismo y transexualismo”.
El “Seminario Permanente sobre el Diálogo entre Ciencia y Fe” se lleva a cabo de manera itinerante en los campus de varias universidades mexicanas, además de la citada: Universidad Pontificia de México; Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla; Universidad Panamericana; Universidad Iberoamericana; la Intercontinental y Colegio de Posgraduados de la Universidad de Chapingo.
El Seminario, celebrado el 22 de mayo, fue inaugurado por Carlos Lepe Pineda, vicerrector académico de la Universidad Anáhuac, y contó con la presencia en el presídium de monseñor Felipe Arizmendi, presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Cultura, de Oscar J. Martínez, director de la Facultad de Bioética, de Juan Carlos Casas, profesor de la Universidad Pontificia de México y coordinador general del Seminario Permanente y de Nora Ricalde Alarcón, directora de la Escuela de Humanidades, informa a ZENIT Lourdes Velázquez, de la Universidad Anáhuac.
El profesor Martínez comentó que, en las actividades que continuamente lleva a cabo la Facultad de Bioética, “hemos podido comprobar que no es posible separar los temas de la fe de los temas de la ciencia, en especial cuando la ciencia tiene una incidencia directa en la vida de la persona humana”.
Por su parte, monseñor Arizmendi felicitó a los participantes y “les alentó a no condenar el desarrollo científico, a valorar la ciencia, pero al mismo tiempo a llevar la luz de la fe a todos los ámbitos. Hay que ser humildes para escuchar, pero también audaces para proponer”. “Si tenemos mucho que dar, no nos encerremos en nosotros mismos, necesitamos compartir la luz de la fe. Porque tenemos la misión de compartir lo que hemos recibido y de seguir adelante con este gran esfuerzo evangelizador que es el dialogo entre ciencia y fe”.
El profesor Lepe invitó a los presentes a ver el tema del transhumanismo como, por un lado, un concepto y, por otro, un movimiento casi ideológico.
“Como concepto está definido de manera un poco vaga y podría caracterizarse como la concepción de una humanidad que se encamina hacia su propio desarrollo, realizado mediante la aplicación de las conquistas científicas y tecnológicas que deberían de permitir eliminar defectos y limitaciones que todavía se encuentran en el ser humano que la simple evolución biológica y cultural ha producido a lo largo de los milenios y de los siglos”, afirmó.
La profesora Lourdes Velázquez, en la presentación de la primera sesión, explicó por qué el tema humanismo y trashumanismo interesa al debate entre ciencia y fe, mencionando que: “La religión cristiana implica una concepción bien determinada de la naturaleza humana con sus aspectos materiales y espirituales y, por lo tanto, no puede adherir a la concepción evolucionista que reduce al hombre a su simple estructura biológica y menos a una visión como la trashumanista que lo reduce a ser una ‘cosa entre las muchas cosas’ y por lo tanto manipulable según cualquier capricho”.
En su conferencia “Transhumanismo: biotecnología y naturaleza humana”, el profesor Héctor Velázquez, de la Universidad Panamericana, comentó que “para los transhumanistas, el hombre es parte de un fenómeno evolutivo generado por la naturaleza y la libertad no es un distintivo sino un rasgo del proceso evolutivo universal, por lo que su superioridad no es cualitativa sino competitiva”.
El profesor Javier Marcó Bach, de las Universidades Panamericana (México) y Santiago de Compostela (España), habló en su exposición de las novedades sobre el embrión humano, “afirmando que la vida comienza con la fecundación y que el embrión es unidad funcional: individuo, que coordina completamente su desarrollo y que sobrevive en comunicación con la madre. Y no un tejido homogéneo indiferenciado”.
La profesor Martha Tarasco, de la Universidad Anáhuac, impartió la conferencia: “Cambios de la Identidad Humana: El caso de La Transexualidad”. Afirmó que “cada persona humana presenta una nueva realidad ontológica única e irrepetible y esto se contrapone a la nueva idea de la biotecnología que considera que la identidad humana surge de sus características físicas exclusivamente, y estas son mutables (natural o artificialmente)”.
La sesión concluyó con una interesante discusión y la invitación a la siguiente sesión del seminario: “Origen, estructura y evolución del universo y su relación con la física, la filosofía y la teología”, que se llevará a cabo el próximo 25 de septiembre en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.