Entrevista al Prelado del Opus Dei, publicada por el periódico portugués "Jornal de Noticias"
He hablado con algunos de los
que han sido alumnos suyos. Me contaron que impartía sus clases de
Teología Fundamental de memoria, sin necesidad de abrir manuales, y
caminando por el aula. ¿Tiene tan buena memoria?
Han pasado ya algunos años desde
entonces y no recuerdo con mucho detalle. Desde luego, aunque la memoria
ayuda, en la enseñanza de la Teología influye especialmente el hecho de
que se trata de realidades que están en el centro de la propia vida y
no sólo de datos que se recuerdan.
Si le pregunto por los
cambios que podría haber en la Prelatura ¿es una paradoja? A veces se
les tilda de inmovilistas, conservadores, como si tuvieran miedo al
cambio…
Las instituciones de la Iglesia, como el
Opus Dei, tienen el reto de ser plenamente fieles a Jesucristo en cada
momento histórico, a través de la misión que han recibido. Con la ayuda
de Dios, procuran hacer visible a Jesucristo de un modo adecuado a las
circunstancias de lugar y tiempo. Por eso, en la Prelatura deben
convivir la fidelidad a lo esencial, es decir, al espíritu y a la misión
recibidos, con los cambios que requieran las nuevas circunstancias, los
que sean necesarios dentro del ámbito amplio de lo que no es esencial.
Como explicaba san Josemaría, con el tiempo cambian los modos de decir y
de hacer, pero debe permanecer inmutable el núcleo, el espíritu.
¿Cómo afronta su misión y qué piensa que se espera de ella?
En primer lugar, pienso en la necesidad
de la plena unión con el Papa y con los demás pastores, que resulta
esencial para una tarea que es de servicio a la Iglesia. Naturalmente,
he de vivir la paternidad y cercanía con las personas, sobre todo con
las del Opus Dei, pues son las que la Iglesia me ha encomendado. Soy
consciente de que la misión supera con mucho mi capacidad personal, pero
también sé que Dios asiste. Además cuento con la colaboración de mis
vicarios y consejos, y muy especialmente, con la oración de los fieles
del Opus Dei y de muchos amigos.
Es el tercer sucesor del
fundador del Opus Dei. ¿Ha habido cambios en la Obra desde su comienzo?
¿Cuál es la realidad del Opus Dei a día de hoy?
La misión general de la Iglesia se puede
resumir en llevar el Evangelio a todo el mundo, ayudando a las personas
a encontrar a Jesucristo en la Palabra y en los sacramentos. La
prelatura del Opus Dei participa en esta misión recordando la llamada
universal a la santidad y ofreciendo formación cristiana dirigida
especialmente a santificar la vida ordinaria: el trabajo, la familia,
las relaciones sociales, etc. Desde 1928, el Opus Dei se ha extendido a
todos los continentes; ha aumentado la variedad de fieles en edad,
condición social, nacionalidades; ha alentado la puesta en marcha de
numerosas iniciativas educativas y sociales, etc., pero el núcleo −el
espíritu y la misión a los que me acabo de referir− seguirá siendo el
mismo, aunque como mencioné antes, en cada tiempo hay que descubrir el
aporte de este mensaje ante los retos cambiantes de la sociedad, de las
personas, de las épocas.
¿Cómo está el Opus Dei en Portugal?
Los portugueses, con su fe confiada y
serena, y con su carácter abierto, han llevado el mensaje de san
Josemaría a muchas naciones. Portugal fue el primer país donde el
fundador llevó el Opus Dei fuera de España, y lo hizo personalmente en
1945, impulsado por sor Lucia. Hay unos mil quinientos fieles de la
Prelatura, la mayoría casados. Son católicos corrientes y sacerdotes
seculares, que se esfuerzan por vivir el Evangelio en el trabajo y en
los demás aspectos de su vida ordinaria. La prelatura del Opus Dei les
ofrece formación cristiana a través de retiros espirituales, clases de
teología, grupos de estudio y formación, etc., además de la atención
pastoral de los sacerdotes. Estas actividades están abiertas a todos y,
de hecho, participan muchas personas que no son del Opus Dei. Algunos
portugueses del Opus Dei se dedican a proyectos formativos en ámbito
educativo y familiar, a los que la prelatura presta una asistencia
pastoral que es pública y conocida.
¿Conoce los recientes cambios
legislativos en Portugal? Se quiere incorporar el tema del aborto −que
es legal desde hace años− en el plan curricular de las escuelas. También
se está discutiendo la descriminalización de la eutanasia. Portugal, un
país de larga tradición católica, parece cada vez menos cristiano,
tanto en las costumbres como en las leyes. ¿Cómo ve el futuro del país?
La rápida secularización de los modos de
vida, ese acostumbrarse a vivir como si Dios no existiera, y a veces
como si no tuviéramos que morir, es un movimiento cultural que afecta a
muchos países del llamado occidente cristiano. Portugal no escapa a esa
tendencia, a pesar de que es un país que ama tanto la vida, y donde se
quiere a las personas por lo que son, con independencia de su salud
física o espiritual. No conozco con profundidad los detalles de la
situación portuguesa, pero usted me habla de temas concretos que se
presentan en muchos sitios. Antes que nada, habrá que regresar a Dios,
que es verdaderamente un padre bueno y lleno de ternura: de Él puede
venir la luz para conocer la verdad y la fuerza para hacer el bien. De
eso depende el futuro, también de Portugal. Me parece que, en este
sentido, Fátima es como un gran imán para los portugueses, y una fuente
de seguridad y optimismo.
Europa está sumergida en una
crisis humanitaria, hay extremismos políticos latentes y elecciones muy
pronto. ¿Está de acuerdo el Opus Dei −etiquetado a veces de
conservadurismo− con determinadas posiciones más extremistas?
La Obra no tiene más posición que la de
la Iglesia Católica. Sus miembros gozan de la libertad de cualquier
católico en todas las cuestiones opinables. Pero, junto a ello, todos
los católicos participamos de algunos retos que son éticos antes que
políticos: Europa se encuentra, efectivamente, con el reto de acoger e
integrar a miles de refugiados que se han visto forzados a abandonar sus
países en busca de un futuro mejor. Para las personas del Opus Dei,
como para todos los cristianos, las necesidades y los sufrimientos de
estos hermanos son continuas invitaciones al servicio y a la oración,
pues reconocemos en ellos “la carne sufriente de Cristo”, como nos
recuerda con frecuencia el Papa Francisco.
El amor cristiano es un amor concreto
que sigue el modelo de Jesús: vivir continuamente para los demás,
revestirlos de dignidad a través de obras de servicio, acompañar en el
dolor más profundo y transmitirles el consuelo de Cristo. En el discurso
que el Papa pronunció a finales de 2014 en el parlamento europeo dio
ideas sugerentes para afrontar esta dramática situación. Ojalá quienes
gobiernan las tengan en cuenta.
¿Qué le parece, por ejemplo,
la decisión de Donald Trump de levantar muros y cerrar las puertas a los
inmigrantes? El Papa Francisco ha dicho, en reiteradas ocasiones, que
debemos acogerlos como hermanos en la Tierra, pero están en juego
cuestiones complejas desde el punto de vista de la seguridad: seguridad,
libertad, terrorismo conviven en nuestros días. ¿Cómo garantizar el
difícil equilibrio entre seguridad y libertad?
Los obispos norteamericanos acompañan
muy de cerca a los inmigrantes y comparten sus preocupaciones. Además se
han mostrado abiertos a colaborar con las autoridades, para
intercambiar reflexiones y puntos de vista. Luego, el equilibrio de las
soluciones concretas −en particular entre seguridad y libertad− no es
fácil y seguramente caben planteamientos diversos. Es una
responsabilidad importante de las autoridades políticas. Los políticos,
independientemente de sus planteamientos, cuentan con la oración de los
creyentes, también cuando no piensan como ellos. Rezo para que en todos
los países haya un clima de acogida a las personas más necesitadas, como
a las que usted se refiere; ahora, concretamente, a los inmigrantes y
refugiados, sin importar la raza, religión o condición social.
Hace poco tiempo consulté un
estudio donde Portugal aparecía entre los países de Europa con mayor
índice de divorcios y una cantidad significativa de matrimonios rotos.
La Obra insiste mucho en el carisma de la familia, y en la familia como
pilar de la sociedad y de la espiritualidad. ¿Por qué fracasan hoy
tantos matrimonios? ¿Cuáles son las amenazas más importantes a la
familia?
Que un hombre y una mujer se ofrezcan
uno al otro, para toda la vida, con compromiso de exclusividad y hasta
la muerte, para crecer conjuntamente y engendrar hijos que son
continuidad de ese amor, es una realidad admirable que interesa a todos,
no sólo a la Iglesia. Y que ese proyecto se hunda y fracase, además de
herir a los involucrados, repercute también en la sociedad. Jesucristo
dijo, además, que Dios recibe esa unión y la respeta como definitiva. Y
para los cristianos el matrimonio es un sacramento, a través del cual
Dios actúa con ayudas y bendiciones para los casados y sus hijos.
Hoy muchos se desaniman por el fracaso
de otras personas, por el ritmo extenuante de la vida, por la escasez de
medios, de espacio y de tiempo que afecta a las familias.
Pienso que el Papa Francisco nos ayuda a
quebrar todo pesimismo y recuerda que el matrimonio ha de fundarse en
la alegría del amor. No puedo dejar de sugerir la lectura atenta de lo
que el Papa llama el corazón de Amoris Laetitia: el capítulo
cuarto sobre el amor en el matrimonio, y el capítulo quinto sobre el
amor que se vuelve fecundo. Son ideas prácticas, sugerentes y muy
fácilmente comprensibles que pueden fortalecer las familias.
En su primer mensaje citó “Es
Cristo que pasa”, diciendo que “cada generación de cristianos ha de
redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita
comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales”.
¿Cómo es este tiempo que nos ha tocado vivir?
Son tiempos de inseguridad y, a la vez,
de deseo de cambio; de alejamiento de Dios y de “saudades” de Dios; de
tristeza y cansancio, pero también de nostalgia de bien; de temor a los
conflictos, junto con un gran deseo de paz. Son los tiempos que nos toca
vivir, y son tiempos para abrirnos a la acción de Dios.
Algunos, en la opinión
pública, se refieren al Opus Dei como algo cerrado, similar a un grupo
de presión. Al hablar del Opus Dei en la opinión pública también aparece
con frecuencia el dinero, la influencia o la riqueza. ¿De verdad es la
Obra tan influyente? ¿Tiene tanto dinero y tantos bienes? ¿Cuáles? ¿Por
qué hay tanta gente del Opus Dei importante y de clase alta (en
Portugal, por ejemplo, banqueros)? ¿Hay más ricos que pobres en la
Prelatura? ¿Es porque Jesús dijo que es más fácil para un camello pasar
por el hueco de una aguja que para un rico entrar en el reino de los
cielos?
La realidad es muy distinta y hay, a
veces, bastante ficción en el imaginario colectivo. Entre los cristianos
que pertenecen al Opus Dei se encuentran personas de todo tipo: sanos y
enfermos, jóvenes y ancianos, pobres y personas más acomodadas, gente
con trabajo estable, jubilados y muchas personas en el paro que, en los
países que más sienten la crisis, sufren con todos los que están en esa
misma circunstancia. Me parece importante acercarse a la realidad,
conocer a las personas. El Opus Dei presta un servicio de acompañamiento
cristiano a todos, más allá de la condición social o económica, y sin
interferencia alguna en el amplio campo de sus opciones profesionales,
artísticas, políticas y de ciudadanía. Al mismo tiempo, nuestros centros
y labores apostólicas tienen las puertas abiertas para quien quiera
conocer esta realidad de primera mano. Muchas personas del Opus Dei con
sus amigos impulsan proyectos sociales, asistenciales y educativos que
están al servicio de mucha gente y que no suelen ser noticia. Le pongo
un ejemplo que he conocido estos días: algunos fieles del Opus Dei en
Costa de Marfil han creado el centro médico Wale que da
asistencia médica y tratamiento gratuito a los enfermos de sida, tanto
en Yamoussoukro como en Toumbokro. Le pido a Dios que esas iniciativas,
personales o colectivas, no dejen de multiplicarse, también en tierras
portuguesas.
¿Está de acuerdo con san Pablo cuando afirma que el dinero es la raíz de todos los males?
San Pablo dice que el amor al
dinero es la raíz de todos los males. Es la misma alerta que hace el
Papa Francisco cuando habla del dios-dinero y de la idolatría del
dinero. El Papa, además de despertarnos ante las grandes injusticias
sociales, también nos ayuda a afinar hasta en el modo de dar limosna:
mirando a los ojos de quien nos pide, y dejando que la mano que da toque
a la mano que recibe.
En los últimos años, el Opus
Dei consiguió puestos de influencia en la Curia y en la Santa Sede.
También la Universidad de la Santa Cruz creció significativamente. ¿Cómo
explica este aumento del prestigio y de los cargos por parte del Opus
Dei?
Son muy pocas las personas de la Obra
que trabajan en la Curia vaticana: su nombramiento se hace público en el
boletín oficial de la prelatura, “Romana”, donde cualquiera puede
comprobarlo. Han respondido libremente a quienes les han propuesto esa
colaboración, e intentarán trabajar con actitud de servicio y de
obediencia a sus superiores en la Curia. Por otro lado, me parece clave
entender que el trabajo en los organismos administrativos de la Iglesia
se vive como un servicio a la Iglesia universal y no como un cargo de
prestigio. En cualquier caso, puedo asegurarle que lo único que nos
interesa es servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida. Así
nos lo enseñó san Josemaría y así hemos de procurar vivirlo.
¿Se puede comparar, en
términos de dimensión, el Opus Dei con los Jesuitas? ¿Diría que la Obra
es hoy igual o más importante que los Jesuitas?
En la Iglesia todos queremos responder
al mandato misionero de Jesucristo, todos colaboramos en la gran misión
evangelizadora. Cada uno lleva a cabo este anuncio según su carisma y,
aún todos juntos, somos pocos para ayudar a toda la gente. Por eso nos
sentimos unidos unos a otros, y no hay lugar para comparaciones. Es muy
notable el servicio a la humanidad que ha prestado y presta la Compañía
de Jesús, con la dedicación y entrega de tantos hombres que unen
oración, estudio y un servicio muy real a las situaciones humanas de
frontera. Yo mismo estudié el bachillerato en un colegio de los jesuitas
en Madrid, y estoy muy agradecido por lo que recibí tanto en el plano
académico como en el de la formación humana y espiritual.
¿Pudo ver la película “Silencio”? ¿Qué le pareció? Si todavía no la ha visto, ¿qué le han dicho sobre ella?
He leído algo sobre la película, que
retrata cómo puede llegar a ser muy alto el precio de ser leal a Dios.
No debemos desear ser probados, pero confiamos en que Dios nos ayude, en
cada momento, a no dejar de hacer lo justo y lo bueno.
¿Cómo es tener que tratar con
un Papa jesuita? Sé que me responderá que el Papa lo es para toda la
Iglesia. Obviamente no se pone en duda su infalibilidad. Sin embargo hay
Papas que pueden gustar más o menos, por unas razones u otras.
Francisco ha experimentado cierta oposición por algunas posiciones que
los conservadores consideran un poco laxas. ¿Preocupa en la Obra que
pueda haber cambios doctrinales?
En un buen hijo de la Iglesia no
deberían caber los recelos a los que se refiere. Además, con el Papa
actual es muy fácil llegar a un cariño, digamos, humano, de amistad.
Personalmente, me impresiona su vida de oración y su apertura a cada
persona, manifestando un amor de predilección hacia los enfermos.
Hablamos de un Papa con un gran sentido pastoral, y que desea una
Iglesia evangelizadora. El pasado 3 de marzo estuve en audiencia privada
con el Papa. Francisco estuvo muy cariñoso, agradecido e interesado por
la labor apostólica del Opus Dei en todo el mundo. Con frecuencia
recuerdo un lema que propuso san Josemaría: Omnes cum Petro, ad Iesum per Mariam: todos, con Pedro, a Jesús por María.
¿Qué me dice sobre lo que se
habló en el sínodo de la familia: el acceso a los sacramentos −en
algunos casos− a los divorciados que han contraído nuevo matrimonio, o
de determinadas afirmaciones −poco conservadoras− del Santo Padre sobre
que no se debe juzgar a los homosexuales sino acogerlos?
El Papa invita a toda la Iglesia a
acompañar, a discernir, a integrar a todas las personas, sea cual sea su
situación personal. Es un nuevo impulso pastoral, que requiere
respuestas concretas dentro de la continuidad con la doctrina del
Magisterio. En su documento sobre la familia, al mismo tiempo que
recuerda que no cambia la doctrina de la Iglesia, el Santo Padre nos
anima a buscar modos para ayudar a las personas que se quieren casar, a
quienes desean hacer crecer su amor conyugal o a quienes atraviesan
alguna dificultad. Para eso hacen falta más directores o consejeros
espirituales disponibles y preparados.
¿Qué piensa sobre el caso del
grupo de cardenales que escribieron a Francisco señalando cierta
discordancia con aspectos de la exhortación postsinodal? ¿Está de
acuerdo con que hubo, quizá, una interpretación equivocada o explicación
errónea de algunos puntos? ¿De cuáles?
Entenderá que no me compete entrar aquí
en detalles sobre este tema. En cualquier caso, es manifiesta la
existencia de diversidad de pareceres en cuestiones importantes, lo que
supone un motivo para rezar por la unidad.
¿Tiene sentido una Iglesia
con tantos movimientos diferentes? La diversidad de movimientos y
carismas ¿puede contribuir a la dividir la Iglesia?
La Iglesia es un Pueblo, el Pueblo de
Dios, formado por muchos pueblos. Es una casa grande y en expansión, que
Cristo edifica para acoger a todas las personas y donde todas las
personas pueden encontrar el lugar en el que se sientan en casa. Unidad y
diversidad no se oponen; el opuesto de unidad es división. Si hay unión
con Cristo, a través de Pedro, no hay riesgos de división sino todo lo
contrario. La unidad en la diversidad es precisamente comunión, que
supone un enriquecimiento notable para la Iglesia.
¿Cómo explicaría el Opus Dei al mundo de hoy?
El fundador, san Josemaría Escrivá,
solía decir que el Opus Dei es una gran catequesis. Es una imagen muy
gráfica: cada persona del Opus Dei, con la naturalidad de su vida
cristiana y con su amistad, a pesar de las propias limitaciones y
defectos, procura compartir la alegría del Evangelio entre sus
familiares, amigos, colegas de trabajo, vecinos... y hacer la Iglesia
precisamente en esas periferias profesionales, familiares y sociales.
Nuestro mundo está lleno de heridas y sediento de esperanza. El
testimonio de una vida cristiana en las realidades más cotidianas puede
ayudar a que muchas personas conozcan y encuentren a Jesucristo, y al
descubrir su amor, tengan una alegría más profunda en sus vidas.
¿Qué opinión y expectativas
tiene sobre la vista del Papa Francisco a Portugal? Ha preferido visitar
Fátima en lugar de ir al Santuario de Aparecida en Brasil. ¿Qué espera
el prelado de esta visita de Francisco a Portugal en el mes de mayo?
Es admirable la devoción, profunda y
viva, que tiene el Papa a la Virgen. Se ve que irá a Fátima atraído por
Dios a través de María. El tema del viaje es sugerente: “Con María,
peregrino en la esperanza y la paz”. En Fátima, los pastorcillos se han
apasionado por Dios, que les ha deslumbrado. Ojalá, junto al Papa, todos
puedan descubrir o redescubrir, con la ayuda maternal de María, el
inmenso amor de Dios por cada uno.